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sábado, 30 de junio de 2012

La Preciosísima Sangre


Los Santos beben
de la Sangre de Cristo
En el Calendario Litúrgico anterior a la reforma conciliar, el 1 de julio se celebraba la Festividad de la Preciosísima Sangre de Cristo.

Es interesante ver cómo mientras la sangre es algo que repugna, prácticamente la totalidad de las religiones primitivas hacían uso del derramamiento de sangre como símbolo expiatorio. Ya fuera sangre de animales o de personas, este caudal de vida era un “aplacador de deidades”. Aún en las religiones de origen africano se sacrifican animales para atraer el bien o alejar el mal. El judaísmo no fue ajeno a estas prácticas, aunque, en una evolución de la conciencia religiosa, comprendió que la vida humana era demasiado importante como para derramar su sangre (haciendo la vista gorda en el caso de las guerras, tanto como los cristianos), por lo que comienza a utilizar animales, y haciendo gratos estos sacrificios a Dios, a la par que sacraliza la sangre humana en sentido negativo (tocarla es incurrir en una gran impureza). Pero esto es el judaísmo primitivo, según evoluciona, y se acerca en el tiempo, los profetas anunciarán el cambio de los sacrificios por la misericordia; de la sangre de los corderos, por la Definitiva Sangre del Definitivo Cordero.

La consideración y devoción católica por la sangre de Cristo nace en las mismas palabras bíblicas “por su Sangre nos ha redimido”. Como dije, en el contexto judío, el derramamiento de sangre era algo de mal signo, y quien moría de muerte violenta y desangrado, al ser enterrado, los deudos que habían tocado el cadáver debían purificarse. Y he aquí que el cristianismo rompe drásticamente con esto, aún en el ambiente judío: la sangre ya no es signo y sustento de la vida, sino que hay una vida superior, un alma, comprada a precio de Sangre, de la única Sangre Justa, que clama al cielo más aún que la de Abel. Y una sangre que, ¡escándalo!, se bebe y degusta como prenda salvífica. No en balde, la inspiración bíblica de la Sangre Salvadora nos viene del Profeta Isaías:
"¿Quién es ése que viene de Edom, de Bosrá, con ropaje teñido de rojo? ¿Ese del vestido esplendoroso, y de andar tan esforzado? - Soy yo que hablo con justicia, un gran libertador. - Y ¿por qué está de rojo tu vestido, y tu ropaje como el de un lagarero? - El lagar he pisado yo solo; de mi pueblo no hubo nadie conmigo. Los pisé con ira, los pateé con furia, y salpicó su sangre mis vestidos, y toda mi vestimenta he manchado." (Isaías 63, 1-3)

Cristo, Fons Salutis.
El arte ha sido generoso con la Sangre de Cristo: El barroco se explayó en crucifijos ensangrentados, imágenes de la flagelación que dejan ver hasta los tendones. Bellísimos lienzos de Cristo, Varón de Dolores, en que el Señor aparece en un lagar y pisando uvas, que destilan su propia sangre, de la que, cual fuente de salud, beben las almas. A la vista y la sensibilidad modernas todo esto parece a los hombres de hoy un baño de sangre y morbo innecesarios, pero no es la vista de la sangre y el dolor lo que les horroriza (el mundo se deleita en películas o escenas más sangrientas aún), sino que es la vista de ESA sangre y ESE dolor, los que los interpela. Es ese fue por ti lo que aún hoy escuece.

El siglo XIX, tiempo de gran expansión de la devoción, centró la iconografía en torno al cáliz, recordando el Sacrificio Redentor y su renovación en la misa de cada día. Se populariza la imagen de Jesús portando un cáliz, o la conocida Nuestra Señora de la Preciosa Sangre (sábado anterior al 1 de julio), en la que el Niño ofrece el cáliz con su sangre. Es la invitación a participar del misterio redentor, en suma, a “beber su cáliz”.

La contemplación de la sangre de Cristo alentó a santos, teólogos, poetas y místicos en su comprensión del misterio de la Redención. Algún ejemplo: la contemplación de un Cristo “muy llagado, que bien mostraba lo que por nosotros padeció”, convierte a Santa Teresa, sacándola de su vida triste y gris:
"¿Por qué hemos de querer tantos bienes y deleites y gloria para sin fin, todos a costa del buen Jesús? ¿No lloraremos siquiera con las hijas de Jerusalén, ya que no le ayudemos a llevar la cruz con el Cirineo? ¿Que con placeres y pasatiempos hemos de gozar lo que El nos ganó a costa de tanta sangre? -Es imposible. ¿Y con honras vanas pensamos remedar un desprecio como El sufrió para que nosotros reinemos para siempre?-No lleva camino, errado, errado va el camino. Nunca llegaremos allá." (Vida 27, 13)
San Juan de la Cruz (14 de diciembre) entrando un día al monasterio de las carmelitas de Segovia vio un lienzo representando a Cristo, Varón de Dolores, según Isaías: Racimo divino, que se desangra en el lagar, bajo el pero de la Cruz, con aspecto de lagar. contemplándolo, se echa a llorar, e inspiradísimo, compone unas coplillas devotas. (Vida de San Juan de la Cruz. P. Crisógono de Jesús)

"¡Sangre y fuego, inestimable amor!", escribió Santa Catalina de Siena (1, Impresión de las llagas, y 29 de abril). Y San Buenaventura: "La flor preciosa del cielo, al llegar la plenitud de los tiempos, se abrió del todo y en todo el cuerpo, bañada por rayos de un amor ardentísimo. La llamarada roja del amor refulgió en el rojo vivo de la Sangre".

Las Almas se sumergen
en la Sangre de Cristo
Es por ello que, en la liturgia de la Iglesia, la referencia a la Sangre Redentora es constante, incluso junto a los acaramelamientos navideños, en que un recordatorio de la sangre de Cristo parece (solo parece) fuera de lugar, la Iglesia canta: “Nosotros los redimidos por tu sangre, en el día de tu nacimiento te cantamos un himno nuevo”. Así también, el Viernes Santo, día en que la Sangre redentora cobra especial vigencia, la liturgia de la Adoración de la Cruz clama: “Traspasado el cuerpo manso, de donde brotó la sangre que lavaron la tierra, el mar y los astros”.

Es por eso, y por mucho más que no cabría explicar en un artículo, que se comprende la necesidad de la festividad de la Sangre de Cristo. Esta festividad litúrgica fue instituida en 1849 por Pío IX, y confiada a los Misioneros de la Preciosa Sangre, congregación misionera fundada a principios del siglo XIX por San Gaspar de Buffalo (28 de diciembre), gran devoto de la Preciosa Sangre. Benedicto XIV mandó componer la misa y el oficio propios definitivos. Pío XI la elevó a Solemnidad y la extendió a toda la Iglesia en 1933, con motivo del  jubileo por el XIX centenario de la Redención.

La Sangre de Cristo,
remedio de todos los males.
El 30 de junio de 1959 Juan XXIII publicó la carta apostólica “Inde a primis” donde recalcaba la importancia de dicha festividad, insertada en el marco litúrgico de las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y la fiesta del Corpus Christi (1). Pero, finalmente, la reforma del Vaticano II la suprimió (2), entendiendo que ya en el Corpus estaban intrínsecamente expuestos la adoración, importancia y significado de la Sangre de Cristo. Sí, pero no, la experiencia demuestra que ni en la piedad, las representaciones, ni en las homilías queda clara la importancia de la Sangre Redentora de Cristo. 

Y termino con una frase de la anterior citada Carta Encíclica:
"Así, pues, al acercarse la fiesta y el mes
consagrado al culto de la Sangre de Cristo, precio de nuestro rescate, prenda de salvación y de vida eterna, que los fieles la hagan objeto de sus más devotas meditaciones y más frecuentes comuniones sacramentales. Que reflexionen, iluminados por las saludables enseñanzas que dimanan de los Libros Sagrados y de la doctrina de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia en el valor sobreabundante, infinito, de esta Sangre verdaderamente preciosísima, cuius una stilla salvum facere totum mundum quit ab omni scelere (de la cual una sola gota puede salvar al mundo de todo pecado)".
 (1) También ordenó que a las alabanzas al Santísimo, en el momento de la Reserva se añadiera la exclamación “Bendita sea su Preciosísima Sangre”, para que así como se alababa su Cuerpo y su Corazón, se alabase su Sangre.
(2) Los Misioneros de la Preciosa Sangre y las Adoratrices de la Preciosísima Sangre la celebran aún a 1 de julio. Y también, como me anotan en los comentarios, la Archidiócesis de Valencia, España, y los Pasionistas.




A 1 de julio además se celebra a
San Cybar, abad.
San Lunaire de Bretaña, abad.
San Simeón el Salo, loco por Cristo.


MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

jueves, 28 de junio de 2012

De San Manuel y sus hermanos, y otros Manueles.



Pregunta: Hola yo soy de Barcelona y en casa siempre hemos celebrado el santoral de Manuel el dia 1 de enero, pero cuando consulto los santorales que tengo es que el santoral de Manuel es el 17 de junio, les pido consulta y aprovecho para enviarles un saludo desde Sant Joan Despi.

Respuesta:
Efectivamente, el calendario franciscano, por iniciativa de San Bernardino de Siena, celebraba esta fiesta del Santísimo Nombre de Jesús (que recordamos es Emmanuel) como Solemnidad, y luego se extendió a toda la Iglesia. Muchos celebran su santo, Manuel, basándose en la fecha del 1 de enero. Esta fiesta fue suprimida, aunque siguió celebrándose en algunos sitios, para ser repuesta posteriormente. Desde la edición del Misal Romano del año 2000 está colocada a 3 de enero, aunque con el grado mínimo de memoria libre. 

San Manuel.
Santos Manuel, Sabel e Ismael, hermanos mártires. 17 de junio .
Es común dar por supuesto que con la paz concedida a la Iglesia por el emperador Constantino en 313 por el Edicto de Milán terminaron las persecuciones del Imperio Romano contra los cristianos, pero esto supondría olvidarse de Juliano el Apóstata, que si ha pasado a la historia con ese apodo es porque a pesar de haber sido educado en la fe cristiana, optó por volver al culto de los antiguos dioses del Imperio, lo que implicó nuevas víctimas, entre las que se encuentran San Manuel, al que no podemos separar de sus hermanos y compañeros San Sabel y San Ismael. 

La actual edición del Martirologio Romano no recoge a estos santos, pero ello no implica necesariamente que se dude de su historicidad. El Martirologio es ante todo un libro litúrgico y su catalogación no tiene un carácter exhaustivo [1]; de ahí que anteriormente se terminara cada día su lectura pública añadiendo: “Y en otros lugares, otros muchos santos mártires, confesores y santas vírgenes”. Sin embargo, las antiguas ediciones sí recogen su elogio en estos términos:

Los Santos Mártires Manuel, Sabel e Ismael, en Calcedonia; los cuales yendo por embajadores del rey de Persia para tratar de paces con Juliano Apóstata, quiso éste obligarlos a que adorasen los ídolos; pero rehusando ellos obedecer, y manteniéndose constantes en confesar a Jesucristo, fueron degollados[2].
Los autores del “Acta Sanctorum”, conocidos como los Bolandistas, por haber sido el jesuita P. Juan Boland (+ 1665) el iniciador de la ingente obra de recopilar con espíritu crítico toda la documentación auténtica relativa a los santos, dedican siete páginas, en el tomo III de Junio [3], a recoger el texto griego y la versión latina de unas Actas de estos mártires según un manuscrito conservado en la Biblioteca Vaticana. Aunque parece ser que estas Actas son tardías, son sin embargo la fuente más importante de que disponemos sobre estos mártires y por ello la que sigue el clásico Año Cristiano del jesuita Juan Croisset [4]. Manuel, Sabel e Ismael eran tres hermanos persas; aunque su padre era pagano, su madre, cristiana, los educó en la fe de Jesucristo con la ayuda de un presbítero. Aparte de sus virtudes cristianas y su sólida formación, poco más sabemos de su vida; únicamente, los suponemos cercanos a la corte de su soberano, al que las Actas dan el nombre de Baltano.

El texto del Martirologio que hemos citado anteriormente ya nos describe su misión: tratar de mediar ante el emperador Juliano para lograr la paz en la guerra que sostenía con los persas. Sin embargo, su misión se vio truncada por la negativa de ellos a participar en los sacrificios paganos que les exigía el emperador. Los tres hermanos trataron de hacer ver la distinción entre su misión diplomática y sus convicciones personales, pero el soberano, olvidándose de las inmunidades debidas a los embajadores, mandó ponerlos en prisión [5]

Manuel, Sabel e Ismael
Continúan las Actas (y de ello se hace eco Croisset) refiriéndonos los reproches del Emperador a los santos, tildándolos de necios, y la respuesta de éstos que no dudan en despreciar a Juliano por poner su confianza en unos mudos ídolos de piedra. Tras ello, vienen los azotes por parte de los verdugos y que, colgados de un leño les rasgasen los costados y les clavasen clavos en los talones, que son acompañados por las súplicas confiadas de los mártires a Aquél que padeció en la Cruz para salvar al género humano. A las amenazas siguieron las lisonjas, hechas por separado a los dos hermanos menores y al mayor, que todos rechazaron categóricamente, por lo que fueron objeto nuevamente del suplicio del fuego en los costados. Seguidamente, el tirano mandó clavar a Manuel un clavo en la cabeza y otros dos en los hombros y que fuera llevado, amarrado junto a sus hermanos, al lugar donde finalmente serían decapitados. Era el lunes 17 de junio de 362 [6].

Terminan las Actas señalando que la intención del perseguidor era quemar los cuerpos sagrados de los mártires para privar a los cristianos de sus reliquias, pero que se produjo un hecho prodigioso que provocó la conversión de muchos paganos: Se abrió la tierra acogiendo en su seno los restos venerados, siendo así preservados de su destrucción y posibilitando que después la comunidad cristiana los recogiera y sepultara reverentemente. Posteriormente, en tiempos del Emperador Teodosio, se edificaría una Iglesia en su honor en dicho lugar. Juliano el Apóstata murió en la guerra contra los persas y es tradición que sus últimas palabras, en referencia a Jesucristo, fueron: “Venciste, Galileo”.
 
San Manuel.
Bélgica.
Aunque sea común representar juntos a los tres hermanos mártires, en ocasiones encontramos sólo a Manuel; en estos casos lo identificamos por aparecer con los tres clavos a los que antes nos hemos referido, en la cabeza y los hombros (o más bien el pecho); algo se ha difundido su figura especialmente en Portugal por haber llevado su nombre el rey Manuel I (1469-1521) [7].

Otros Santos y Beatos llamados Manuel:
El principal es el que sigue apareciendo en el Martirologio Romano el 26 de Marzo: “En Anatolia, actual Turquía, santos Manuel, Sabino, Codrato y Teodosio, mártires. (Siglo incierto) [8]. La antigua edición no citaba a Sabino pero sí añadía genéricamente a otros cuarenta mártires.

"Pasión de los mártires beatos Ignacio de Acevedo, presbítero y 38 compañeros religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús [entre ellos Manuel Álvares, Manuel Rodrigues, Manuel Fernandes y Manuel Pacheco, religiosos], que cuando se dirigían a las misiones del Brasil en una nave llamada “San Jacobo”, fueron asaltados por piratas y, en odio de la religión católica, traspasados todos ellos con espadas y lanzas. (1570)”. 15 de julio.
 
"Junto al río Uruaçu, cerca de Natal, en Brasil, beatos Ambrosio Francisco Ferro, presbítero, y compañeros, mártires [entre ellos, Manuel Rodrigues Moura y su esposa], que dieron la vida víctimas de la opresión que se desencadenó contra la fe católica. (1645)”. 3 de octubre.

"En Hué, en Annám, hoy Vietnam, pasión de San Manuel Nguyen Van Triêu, presbítero, mártir bajo el régimen del emperador Canh Thinh. (1798)”. El “dies natalis” es el 17 de septiembre, pero su fiesta se celebra el 24 de noviembre, junto con los demás mártires vietnamitas.
 
"En la ciudad de Châu Dôc, en Cochinchina, actual Vietnam, San Manuel Lê Van Phung, mártir, padre de familia, que, pese a estar detenido en la cárcel, no cesó de exhortar a sus hijos y familiares para que fueran caritativos con sus enemigos, y finalmente fue decapitado por orden del emperador Tu Duc. (1859)”. 13 de Julio, “dies natalis”; fiesta, 24 de noviembre.

“En Cây Mét, lugar cercano a la ciudad de Saigón, en Cochinchina, hoy Vietnam, Santos Pedro Doàn Con Quý, presbítero, y Manuel Phung, mártires, que tras pasar cerca de siete meses en la cárcel, fueron decapitados por ser cristianos. (1859)”. 31 de julio, “dies natalis; fiesta, 24 de noviembre.
 
“En Damasco, en Siria, muerte de los mártires beatos Manuel Ruiz y López, presbítero, y diez compañeros, siete de la Orden de los Hermanos Menores y tres hermanos fieles de la Iglesia maronita, que, entregados fraudulentamente por un traidor, sufrieron toda clase de vejaciones a causa de su fe y consiguieron la palma del martirio con una muerte gloriosa. (1860)”. 10 de julio.
 
“En Tortosa, en España, beato Manuel Domingo y Sol, presbítero, que instituyó la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús, para fomentar las vocaciones sacerdotales. (1909)”. 25 de enero.

-No recogido en el actual Martirologio, por haber sido beatificado con posterioridad a su edición (2007), es el Beato Manuel Gómez González, sacerdote español (natural de un pueblo cercano a Tuy, Pontevedra) que ejercía su ministerio en la diócesis de Santa María del Río Grande del Sur, en Brasil, donde fue martirizado en 1925 junto a un acólito de 16 años. 24 de mayo.
 
“En la localidad de Chalchihuites, en el territorio de Durango, en México, santos mártires (…) Manuel Morales, padre de familia (…) que por odio al cristianismo, sufrieron la muerte durante la persecución mexicana. (1926)”. 15 de Agosto el “dies natalis”; fiesta el 21 de julio

-“En Madrid, ciudad de España, Beato Manuel González García, obispo sucesivamente de Málaga y de Palencia, que fue un pastor eximio según el corazón del Señor. Promovió el culto a la Sagrada Eucaristía y fundó la Congregación de Hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret. (1940)”. 4 de enero.


Diversos beatos mártires de la persecución religiosa en España de 1936 (Según el citado Martirologio Romano):

Manuel Martín Sierra, presbítero muerto junto a un Agustino Recoleto en Motril (Granada). 26 de Julio.
Manuel Segura López, sacerdote asesinado junto con un Escolapio en Gabasa (Zaragoza). 28 de julio.
Manuel Albert Ginés, presbítero, junto a un grupo de dominicos, en Calanda (Teruel). 29 de julio.
Manuel López Orbara y Manuel Jiménez Salado, novicios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Calafell (Tarragona). 30 de julio.
Manuel Buil Lalueza y Manuel Torras Sais, claretianos mártires en Barbastro (Huesca). 13 de agosto.
Manuel Martínez Jarauta, claretiano como los anteriores, pero muerto el 15 de agosto.
Manuel Medina Olmos, Obispo de Guadix, muerto en Almería junto al Obispo de dicha diócesis. 30 de agosto.
Manuel Torró García, seglar, casado, en Benisoda (Valencia). 21 de septiembre.

 
-Otros mártires de la misma persecución, que no aparecen en el Martirologio Romano, al menos en la edición española de 2007, por haber sido beatificados el 28 de octubre de dicho año. Beatos:

Manuel es el nombre de pila de Eduardo María Serrano Buj, carmelita, muerto en Cervera (Lleida) 29 de julio.
Manuel Moreno Martínez, dominico, en Madrid. 5 de agosto.
Manuel Formigo Giráldez, agustino, en Málaga. 15 de agosto.
Manuel Fernández Ferro, salesiano, en Málaga. 24 de agosto.
Manuel Álvarez Álvarez, dominico, en Madrid. 14 de septiembre.
Manuel Gómez Contioso, salesiano, en Málaga. 24 de septiembre.
Manuel Borrajo Míguez, salesiano, en Madrid. 2 de octubre.
Manuel Martín Pérez, salesiano, en Paracuellos de Jarama (Madrid). 7 de noviembre.
Manuel Álvarez Rego de Seves, agustino, inmolado en Paracuellos de Jarama (Madrid). 28 de noviembre.
Manuel Santiago Santiago, dominico, muerto en Paracuellos de Jarama (Madrid). 3 de diciembre.
Manuel Gutiérrez Ceballos, dominico, muerto en Santander. 23 de diciembre.

Y también: Manuela del Sagrado Corazón Arriola Uranga, adoratriz, en Madrid. 10 de noviembre.

-Otro mártir español de 1936 beatificado posteriormente a dicha edición del Martirologio (en concreto, el 17 de diciembre de 2011) es el Beato Manuel Gutiérrez Martín, oblato de María Inmaculada, de la Comunidad de Pozuelo de Alarcón (hermano escolástico de 23 años, subdiácono), martirizado en Madrid el 24 de julio.

Y como sin duda habremos omitido a muchos otros, permítasenos terminar evocando, retocada, con todo respeto la antigua fórmula del Martirologio: “Y en otros lugares otros muchos santos y beatos Manueles y Manuelas. Deo Gratias”. 

Pbro. Ángel Luis Estecha González 


A 17 de junio además se celebra a San Adolfo de Torney, obispo.

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[1] “El Martirologio, que se ha considerado como un libro litúrgico, no se propuso ofrecer una exhaustiva enumeración de todos los santos y beatos, ni extensos elogios de los mismos. (…) No ofrece un catálogo completo de todos cuantos gozan de la eterna visión beatífica de Dios. Por esta razón el Martirologio Romano incluye a los santos inscritos en el Calendario Romano cuando tienen una importancia universal en toda la Iglesia del Rito Romano, y también a otros muchos, pero no a todos de entre aquellos que han sido más estimados en cada Iglesia particular o familia religiosa y se conmemoran en cualquiera de las categorías litúrgicas”. (“Martirologio Romano”. Coeditores Litúrgicos; Madrid, 2007. Prenotanda, Introducción General, nn. 27-29).
[2] Transcribimos la traducción castellana que incluyen algunas ediciones del “Año Cristiano” de Juan Croisset, como la de la Librería Religiosa de Barcelona, 1853. Algunas ediciones latinas antiguas, como la de París de 1613, incluyen las notas críticas del Cardenal Baronio, en las que recoge las principales fuentes; así, por ejemplo, de los mártires que nos ocupan cita entre otros datos que los griegos los recogen en su Menologio en el mismo día.
[3] Editado en Amberes en 1701. Páginas 289 a 296.
[4] Seguimos la edición de la Librería Religiosa (Imprenta de Pablo Riera); Barcelona, 1853. Tomo 6º, pp. 284-286. Otros Años Cristianos, más modernos, omiten la referencia a estos santos.
[5] Así se expresa Croisset, o.c., p. 284.
[6] Ignoramos porqué Croisset señala el 22 del mismo mes, cuando las “Acta Sanctorum”, que en general sigue dicho autor, indican claramente el 17.
[7] Suponemos que es el co-titular de la Iglesia madrileña de San Manuel y San Benito, hermoso templo agustiniano de estilo neo-bizantino, terminado en 1911, junto al parque del Retiro. Recibió esta titularidad por ser la onomástica del matrimonio que sufragó su construcción.
[8] Todos los textos entrecomillados están tomados del “Martirologio Romano”. Coeditores Litúrgicos; Madrid, 2007.


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