Páginas

martes, 17 de septiembre de 2013

Dos Santos y dieciséis cuerpos!!!

20100217021756-pizzoli.jpgPregunta: Y estos dos, quienes son? (la pregunta se refiere a estas dos bellas estatuas, veneradas en Pizzoli, Italia)

Respuesta: Son Proto y Jacinto (11 de septiembre), el martirologio romano los recoge, así como un Calendario escrito por San Frontón en el siglo VIII. La primera referencia a estos santos es bastante antigua, ya en el siglo IV se celebraba su memoria en Roma, aunque lo que se sabe de ellos es bastante dudoso y los bolandistas lo han declarado como leyenda sin fundamento. Estos santos aparecen en la leyenda de Santa Eugenia (25 de diciembre) y dice que eran los eunucos de Felipe y Claudia, padres de Eugenia. Los cinco se trasladaron a Alejandría, pues Felipe fue nombrado prefecto de esta ciudad, donde la persecución contra los cristianos arreciaba. Eugenia huyó de casa con los dos esclavos, puesto que ya eran cristianos, aunque aún no estaban bautizados. De camino encuentran a Heleno, el obispo de Heliópolis, que junto a 10.000 cristianos habían sido desterrados, Eugenia, Proto y Jacinto fueron bautizados y se retiraron al desierto como eremitas, carmelitas dirá la leyenda del Carmelo, haciéndose pasar Eugenia por hombre. La leyenda del Carmelo añade que San Dionisio Papa y carmelita (19 de enero) le dio el velo a Eugenia y a Santa Cirila (18 de octubre).


Mientras tanto, Felipe estaba en la desesperación, buscó de alta y baja, pero no pudo encontrar a su hija. Luego se levantó a su honor a una estatua de oro, y ordenó a todas las naciones y lenguas a inclinarse y adorar la imagen de oro que había creado. Después de tres años, Eugenia fue elegida abad del monasterio. Aquí se nos dice que sanó a una mujer de cuartanas, que esta se enamoró de ella, pensando que era un hombre y como Eugenia la rechazó, esta mujer, llamada Melania la denunció ante el prefecto (sí, Felipe) diciendo que el tal abad había manchado su honor.

Eugenia fue llamada a Alejandría, y ante el tribunal declara su sexo (mostrando sus pechos, que duda quedaba), Claudia reconoce a su hija, agarrándose a ella; un rayo cae del cielo, y consume a Melania, mientras que Felipe y Claudia se convierten y bautizan. Al mismo tiempo Felipe es elegido obispo, sin renunciar a la prefectura de la ciudad (se le verera como santo mártir el 13 de septiembre). Entre los convertidos públicamente está la joven Basilisa, de estirpe real en Roma, que ya era cristiana por la por las instrucciones de Proto y Jacinto (que vuelven a aparecer en la historia). Una versión dicen que Basilisa sería bautizada por el papa San Cornelio (16 de septiembre) y otra por el papa San Sotero (11 de agosto). Cuando se descubre en Roma, que Basilisa se había hecho cristiana, es ejecutada junto a Proto y Jacinto. Eugenia también es martirizada. 

En realidad todo esto no es más que una historia de carácter piadoso, hecha para aleccionar sobre la vida religiosa, la castidad, la fe de los mártires. Pero más probable es que Proto y Jacinto, dos mártires reales pero inciertos hayan sido incorporados a la “historia” de Eugenia, para darles más credibilidad y dotarles de unas actas. Porque sí es cierto que su culto es antiguo, como puse al principio. Y no deja de ser curioso, pues mientras de ellos no hay dudas y no necesitaban "historia" alguna, de Eugenia sí que no hay reliquias veraces.


Y como no podía ser menos, la confusión con sus reliquias es enorme:
En el siglo IX, unos huesos atribuidos a ellos fueron trasladados con gran solemnidad al monasterio de Seligenstad (cerca de Frankfurt). En la guerra de los 30 años, los suecos invadieron el monasterio, los huesos fueron profanados y se perdieron. 


Otros dos cuerpos de los santos, sin embargo, fueron hallados en las catacumbas de la Vía Salaria en el siglo X, y fueron trasladados a Metz. Otros dos cuerpos, enteros, se conservan en San Félix de Pavía. Otros dos más, enteros también, en la abadía de Santa María de Castilione, en Parma. Dos más en Mantua, con fecha desconocida de puesta al culto, y dos más (se trasladaron con autoridad papal incluida) en Florencia desde 1428, que fueron puestos en un bello sarcófago de bronce. Otros dos cuerpos fueron trasladados por el Papa Clemente VIII de la iglesia de San Salvador de Roma a la de San Juan ¡también en Florencia!, en 1592. Y aún hay dos cuerpos más en Como, puestos al culto en 724, trasladados en 1096, luego en 1317, y finalmente en 1618.

Sin embargo, todos parecen ser falsos, porque en 1845, la tumba fue hallada cerrada, y dentro había cenizas y un puñado de huesos de Jacinto, envueltos en una rica tela. Era un lóculo pequeño con inscripción  "D la P III idus septebr Yacinthus martyr" (Sepultado el 11 septiembre. Mártir Jacinto) y se tiene la certeza de que son ellos porque dentro había también una inscripción que decía "sepulcrum proti m(martyris)" (sepulcro de Proto, mártir). Estas reliquias, autentificadas, fueron puestas en la capilla de Propaganda Fide. Sean quienes fueran, Proto y Jacinto son mártires reales. 


A 11 de septiembre además se celebra a  
San Pafnucio, abad.
Santa Teodora-Teodoro, penitente

lunes, 16 de septiembre de 2013

San Roberto Bellarmino y sus controversias

Pregunta: ¿Que son las Controversias de San Roberto Bellarmino? ¿Donde puedo encotrarlas?

Respuesta:
 

San Roberto Belarmino, jesuita, cardenal y Doctor de la Iglesia. 17 de septiembre.
Fue un excelente jesuita, cardenal de la Iglesia, un defensor de la fe, en los momentos de la contrareforma, y un reformador de la Iglesia. Ya a los 17 años, su superior, en Montepulciani, escribió de él: "Es el mejor de todos los alumnos y no está lejos del Reino de los Cielos". Fue formador de estudiantes jesuitas y jamás usó del castigo físico, frecuente en su época, por considerarlo antipedagógicoA pesar de su grandeza espiritual e intelectual era un hombre muy humilde (luego de profundizar en las Escrituras cambió el tono de sus sermones, haciéndolos más cercanos que elegantes), pobre y penitente, con una exquisita caridad. Su éxito en el púlpito se basó en su cercanía y sencillez, no por su presencia arrogante, puesto que era tan bajo que necesitaba un banquillo para que pudieran verle. Nunca hacía como otros polemistas católicos o protestantes que se valían de ataques personales, desprecio, exageraciones, e insultos para afianzar su verdad.

Es Doctor de la Iglesia, por su palabra clara y su apología ardiente de la fe. Escribió, al menos, dos catecismos muy usados y es famoso su "7 palabras" utilizado aún como base de muchas predicaciones de Semana Santa. Su obra más conocida es "Discusiones sobre los puntos controvertidos", popularmente conocidos como "Las Controversias", obra importantísima en la apologética ante el protestantismo, con cuestiones aun hoy no superadas en claridad, profundidad y veracidad.


En 1576 ocupó la Cátedra de controversia, en la Universidad Gregoriana de Roma, cátedra dedicada precisamente a la polémica y la defensa de la fe. De estas discusiones y encuentros, puestos en papel, nacieron sus Controversias, que explican la respuesta católica a las desviaciones protestantes (luteranos, evangélicos, anglicanos, y otros), que habían impreso obras el catolicismo. San Roberto respondía de manera certera, con argumentos imposibles de rebatir y tanto fue el éxito de estas "Controversias" que se editaron todos los años, por 30 años seguidos. Fueron un manantial donde todos los católicos podían encontrar la enseñanza fiel de la Iglesia, y para los sacerdotes fue de una ayuda importantísima. Son las mejores obras apologéticas escritas jamás, aún hoy no han sido superadas (menos hoy, en que el mal entendido ecumenismo ve la apologética como "imposición no respetuosa"). Fue personaje central en el caso, juicio y condena de Galileo, con el que mantuvo una interesante relación de admiración, que por amor a la verdad, no dejó sobreponer esta.

En Londres, centro del anglicanismo, la obra fue prohibida, pero sin embargo, fue muy leída. Uno de los más famosos teólogos y polemistas protestantes exclamó al leer uno de sus libros: "Con escritores como éste, estamos perdidos. No hay como responderle". De hecho muchos pensaban que era toda una obra de varios autores jesuitas, pues las exposiciones de la Escritura, la teología, la Tradición, la liturgia, eran tan profundas y vastas, que no parecían caber en una sola mente.

Ayúdenos San Roberto a defender la fe. Lamentablemente no hay ediciones de estas obras, pero en alguna biblioteca jesuítica estará sin duda.