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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Marchand, de París a Cochin.

San José Marchand, presbítero y mártir. 24 (Todos los Mártires de Viet-Nam) y 30 de noviembre.

Nació José en Passavant, el 17 de agosto de 1803, terminada apenas la Revolución Francesa y comenzando la Iglesia a resurgir de las cenizas adonde la había querido confinar la misma. Fueron sus padres Agustín Marchand y Juana Moine. 

De niño estudió en las escuelas de Orsans, y siendo aún infante descubrió su vocación religiosa, por lo que comenzó sus estudios sacerdotales. Afianzada su vocación como misionera, entró al Seminario de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París, fundada por la Iglesia para la evangelización de los pueblos, principalmente de Asia. Fue la estrategia misionera de la Iglesia para no depender de las órdenes religiosas tradicionales, a menudo demasiado implicadas en los asuntos de sus propios países. Así, la Iglesia evangelizaba sin contar con los reinos de Portugal o España, aunque no estuvo exenta de las intromisiones de los gobiernos franceses del siglo XIX, ni mucho menos ajena a los problemas internos de los países asiáticos. 

El 25 de diciembre de 1828, José fue ordenado diácono, y el 4 de abril de 1829 subió al altar para ser ordenado presbítero. Las ansias misioneras de José y la necesidad de misioneros por parte de la Iglesia eran tantas, que el 24 de abril, a los 20 días de ordenado partió a misiones. Desde Nantes partió el 12 de mayo a bordo del barco "Voltaire", en una travesía que no estuvo exenta de sufrimientos. Los marinos, hechos zafios durante la Revolución, eran hostiles a la Iglesia y a los religiosos, a los que ofendían y ante los cuales blasfemaban cuanto querían. Pero José Marchand no mostraba enfado, sino que solo rezaba por ellos en su fuero interno. Un día que un marinero se unió a los sacerdotes en sus oraciones, fue azotado con una cuerda. De tal calibre era la situación. En octubre llegaron a Manila, donde José subió a un barco español que le llevó a Macao, donde le dieron su misión: Cochín, al sur del imperio de Vietnam, donde se uniría a los misioneros Gagelin y Cuenot. El 27 de febrero de 1830 se embarcó en el barco de unos traficantes chinos, que le llevaron a su destino.

En la Universidad-Seminario de Lai Thieu, cerca de Saigón, aprendió, en tiempo record, la lengua de los anamitas, y se lanzó a evangelizar y a animar a las iglesias establecidas por Chau-Doc, Vinh Long, llegando a Phnom Penh, capital de Camboya. En 1830 regresó a la Universidad, donde dio clases a un grupo de estudiantes, a la par que era párroco de las iglesias locales vecinas. En 1832 volvió a emprender un viaje misioneros por la provincia de Binh Thuan, donde le sorprendió la persecución, a inicios de 1833. La persecución de los cristianos en Asia tiene muchos componentes políticos en los cuales los países occidentales no dejan de tener su parte de razón, aunque siempre sufrieran los mismos: los inocentes.

Nuestro santo estuvo un tiempo escondido en la Baja Cochinchina, hasta que uno de los rebeldes al poder imperial le capturó y le encerró en Saigón. Los rebeldes al emperador eran vietnamitas que odiaban su carácter inestable y sus acciones irrespetuosas, y lo que les enervó más fue la profanación que el emperador llevó a cabo al azotar la tumba del primer Mandarín, muerto en 1832 y al que el pueblo estimaba sobremanera. La idea del líder rebelde que capturó al P. Marchand era que el misionero aprovechara su ascendencia sobre los católicos y los animara a levantarse en armas contra el emperador Minh Mang, perseguidor de los cristianos. Pero José se negó a aquello, diciendo que solo era un misionero y solo quería salvar almas. Pero a pesar de su negativa, al cabo de 18 meses, cuando las tropas imperiales tomaron Saigón, el 8 de septiembre de 1835, el santo fue acusado de formar parte de la rebelión y de hacer precisamente aquello a lo que se había negado: rebelar a los católicos bajo la bandera del Evangelio contra el emperador. Le llevaron a Hue, donde llegó el 18 de octubre del mismo año. Allí le atormentaron con tenazas al rojo vivo para que confesara algo que no había hecho. Como los jueces vieron que no había pruebas para acusarle, le pidieron entonces que renegara de Cristo y pisara una cruz. Pero José Marchand se negó, por supuesto y fue condenado a morir de cien heridas. Este tormento consistía en aplicar ciertos cortes pequeños, pero letales, mediante los cuales el condenado se desangraba y sufría atroces dolores de nervios y huesos. Luego de morir por Cristo, el 30 de noviembre de 1835, su cuerpo fue despedazado y arrojado al mar, mientras que la cabeza fue expuesta durante días como escarmiento. Finalmente la trituraron a golpes y la arrojaron al mar.

Su martirio y supuesta “traición” animó al emperador a acentuar su persecución contra el cristianismo, pues nada extranjero era bueno para el imperio. Acusó a los cristianos, vietnamitas o no, de ser los verdaderos causantes de la rebelión, y de estar al servicio de potencias extranjeras. Y muchísimos sacerdotes y laicos fueron perseguidos y cruelmente martirizados. Y no solo siguió esta política el imperio, sino que fue y es medular en el Viet-Nam comunista, acérrimo enemigo de la Iglesia.

Gregorio XVI declaró Venerable a José Marchand en 1840, apenas pasaron cinco años de su martirio. Y León XIII le beatificó el 7 de mayo de 1900. Su canonización fue 19 de junio de 1988, junto a 117 mártires de Viet-Nam, por el Papa Juan Pablo II.


Fuente:
-"La vie de Abbe Marchand, missionnaire apostolique et martyr". J.-B.-S. JACQUENET. París, 1851.


A 30 de noviembre además se celebra a
San Andrés, Apóstol.
San Tugdual de Bretaña, abad.

martes, 29 de noviembre de 2016

Ante Dios, caen los ídolos.

San Saturnino de Roma, presbítero y compañeros mártires. 29 de noviembre.

Según su leyenda, era Saturnino un sacerdote cartaginés que a finales del siglo III se trasladó a Roma. Junto a otros cristianos fue apresado y condenado a trabajar en las obras públicas, como caminos o baños. Allí se relacionaron con San Ciriaco (8 de agosto). Los cristianos eran tratados con más dureza que otros esclavos o condenados, pues además, frecuentemente eran invitados a apostatar para librarse del castigo. Esto según las tradiciones piadosas, pues oficialmente no consta.

Para los cristianos, sabido es, padecer por Cristo no era un tormento, sino que lo vivían con paciencia y aún con alegría, alentándose unos a otros con oraciones, cantos y palabras. Se atendían caritativamente y se socorrían en sus penas. De los más activos eran Saturnino y su diácono Sisinio, que no descansaban por socorrer a los demás, y darles el aliento de la fe. El comandante Espurio lo comunicó al emperador Maximiano, en cual mandó traerlos a su presencia y una vez hecho, les intentó obligar a sacrificar a los dioses, pero los dos clérigos se negaron. Entonces Maximiano los mandó a la cárcel bajo la vigilancia del cruel Landicio. Treinta días padecieron castigos y vejaciones, pero los tres santos solo alababan a Cristo y confortaban a los allí encerrados. Al cabo del mes de prisión, fueron presentados ante Maximiano, el cual había puesto un ídolo en medio del tribunal, para que Saturnino y Sisinio sacrificaran. Pero estos, apenas entraron a la sala y lo vieron, dijeron: "Que el Señor de las naciones, avergüence a tus dioses", y el dios cayó y se rompió en pedazos. 

Fueron castigados en el potro, donde les estiraron los músculos y les rompieron los costados flagelándoles con escorpiones, pero Saturnino y su diácono cantaban: "Gloria a ti, Jesucristo, porque nos has permitido compartir la gloria de tus siervos". En ese momento, dos soldados que había allí, llamados Papías y Mauro, adoraron a Cristo y se convirtieron a la fe cristiana y clamaron a Landicio: "¿Cómo es posible que el diablo tenga tanto poder sobre ti, para que seas tan cruel con estos dos hombres santos?". Entonces Landicio mandó que con piedras les rompieran las bocas a ambos soldados. Luego todos fueron arrojados a la cárcel, y allí siguieron atormentándoles. Finalmente, como veían que nada reducía a los santos, les llevaron a las afueras, y en el primer miliario de la Vía Nomentana les decapitaron. 

Un cristiano piadoso llamado Tasso les sepultó el 29 de noviembre, sobre 303, en su propia casa, en la Vía Salaria. Esta “depositio” la recogen los martirologios antiguos, aunque los datos sobre la vida y martirio son posteriores y legendarios. En el siglo V se levantó una iglesia en su honor, que subsistió hasta el terremoto de Roma en el siglo XII.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 29 de noviembre además se celebra a los Beatos Dionisio y Redento, carmelitas mártires.

lunes, 28 de noviembre de 2016

San Gregorio III, el papa iconódulo.

San Gregorio III, papa. 28 de noviembre.

Fue Gregorio natural de Siria, pero fue educado en Roma por su padre, el presbítero Juan. Era muy dado a las letras y el estudio, junto a la piedad. Por ello a los 18 años fue ordenado diácono y a los 21 lo fue de presbítero. Conocía varias lenguas, era retórico, podía citar las Escrituras y a los Santos Padres con soltura. 

En enero de 731 falleció San Gregorio II (2 y 13 de febrero), y mientras este era enterrado, el pueblo aclamó al presbítero Gregorio por nuevo papa. Fue entronizado el 22 de febrero, día de la Cátedra de San Pedro, del mismo año. Siguiendo la línea de su predecesor, Gregorio fue un entusiasta de la evangelización de las tierras bárbaras, la reforma de la Iglesia, la santidad del clero y la dignidad del culto. Personalmente instruía y catequizaba al pueblo, alertaba contra la herejía y denunciaba los vicios. Se preocupó por la caridad, el sostenimiento de los pobres y la redención de los cautivos. En 738 nombró arzobispo a San Bonifacio (5 de junio), el cual había sido enviado a evangelizar a Alemania por Gregorio II, que también le había ordenado obispo. Le recibió en una visita que le hizo el santo apóstol y Gregorio, admirado de toda su obra le concedió plenos poderes para organizar la Iglesia, confirmando lo que ya Gregorio II había hecho. Gregorio nombró nuevos obispos, envió más misioneros, entre ellos a San Willibald (7 de julio) y proveyó a San Bonifacio de libros, imágenes y reliquias para que llevase a Alemania.

Fue muy solícito con las iglesias orientales, y firme en defender la unidad católica y la defensa del culto a las imágenes. Desde tiempos de Gregorio II, León el Isáurico retenía el imperio oriental y se había empeñado en la herejía iconoclasta, que tomaba por idolatría el culto a las imágenes del Señor y de los santos. A tanto llegó su furor que llegó a perseguir a prelados y vírgenes, a quemar su preciosa biblioteca, reteniendo dentro a seguidores de la fe católica. Biblioteca que, además, estaba llena de iconos y libros antiguos. San Gregorio, al conocer semejante impiedad, le escribió airado: "¿Quién os obliga, serenisímo Emperador, a volver atrás después de haber marchado con tan justos pasos en los primeros años de vuestro reinado? Decís ahora que es una idolatría honrar a las imágenes: habéis mandado arruinar su culto sin temor del juicio de Dios, que castigará algun dia a los autores de tal escándalo. ¿Por qué no habéis consultado con hombres instruidos, piadosos y sabios? Debemos miraros como a un hombre sin literatura, grosero a ignorante; y por esta razón nos creemos en la precisión de hablaros con fuerza, pero con verdad. Dejad vuestra obstinada presunción, y escuchadnos con humildad. Las decisiones de la Iglesia no pertenecen a los emperadores, sino a los obispos; los que así como establecidos para ello no se mezclan en los negocios temporales, tampoco los emperadores deberán mezclarse en los eclesiásticos, sino contentarse en disponer de aquellos que les están confiados. Nos habéis escrito sobre juntar un Concilio Ecuménico; pero no lo juzgamos a propósito. Vos mismo, que sois el autor de la alteración y de la inquietud, conteneos, y todo el mundo estará en paz. Tranquilizadas estaban las iglesias cuando encendisteis el fuego de la división".

Pero sin embargo, el legado que llevaba esta carta, la leyó antes y conociendo el furor de León y reconociendo la firmeza del papa en dichas letras, no creyó prudente entregarla y volvió a Roma. Un Concilio que se reunía en Roma examinó el asunto y determinó castigar al legado con penitencias. Además, en 732 le volvieron a enviar a Constantinopla con la carta y con las resoluciones del Concilio Romano contra la herejía iconoclasta y los actos del emperador contra la Iglesia. León, como temía el legado, tomó aquello como afrenta, encerró al mensajero y persiguió con más saña a los defensores de las santas imágenes. Y para demostrar su poder mandó un ejército a Sicilia para destruir todas las iglesias, apoderarse de sus bienes, y aún más: capturar al papa. Pero le salió mal la jugada, pues la expedición naufragó en el mar Adriático.
San Gregorio, por su parte, estimuló el arte cristiano, llenando de frescos las iglesias romanas y enseñando a los fieles el valor de las imágenes para el aprendizaje y el culto. Para ello convocó un Concilio en el que se determinó la excomunión contra todos los iconoclastas, mandando a León como legado a Constantino, un eminente prelado encargado de la economía de la Iglesia de Roma. A pesar de la dignidad de este hombre, León igualmente le apresó y le hizo vejar durante un año en la cárcel.

No se intimidó Gregorio con la dureza del emperador, sino que mandó se celebrase en toda la Iglesia una festividad general del Divino Salvador, la Madre de Dios y Todos los Santos, construyendo además una hermosa capilla donde juntó todos los iconos que sobrevivieron en Oriente, y a los que les rendía culto diariamente. Además, construyó una columnata frente a la Basílica de San Pedro, en la que colocó numerosas esculturas del Señor y de los Santos, siendo la predecesora de la hermosa y actual columnata de Bernini. Y, además, una segunda vez envió el decreto de excomunión al emperador y sus seguidores.

Esta tozudez de León el Isáurico en la herejía le hizo perder la ascendencia que aún tenía sobre Roma y alejar la posibilidad de reunir de nuevo al imperio, pues cuando en 741 los longobardos saquearon Roma, el papa Gregorio no quiso ni oír de pedir ayuda al herético emperador de Oriente, como hasta entonces había ocurrido. El papa recurrió a Carlos Martel, que tampoco es que fuera un santo, pero al menos no se oponía abiertamente a la Iglesia. Era Carlos regente de Francia y por su ayuda a la Iglesia, Gregorio le otorgó el título de "Cristianísimo", enviándole la insignia de las "Llaves de San Pedro", un símbolo de defensa de la Iglesia al que los príncipes cristianos debían responder corriendo a proteger al papa y a la Santa Iglesia. Por ello, Carlos, aunque aliado de los longobardos contra los musulmanes, fue a Roma y la liberó.

Ese mismo año de 741 subió al trono imperial el hijo de León III, Constantino V (llamado "Coprónimo" porque la tradición dice que se defecó cuando le bautizaron). Este nuevo emperador fue tan iconoclasta como su padre, y bajo su mandato fueron martirizados cientos de católicos por defender a las santas imágenes, entre ellos el famoso abad San Esteban de Constantinopla (28 de noviembre), e igualmente fue excomulgado por San Gregorio. Este, por su parte, proveyó al culto de los santos mártires con nuevas o renovadas disposiciones, como que se celebrase la misa sobre sus sepulcros el día de sus natalicios, como se hacía en tiempos de San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal) y había sido abolido posteriormente.

Falleció San Gregorio III el 28 de noviembre de 741. Fue sepultado en la Basílica de San Pedro y su sepulcro, como no, fue adornado con numerosas imágenes del Señor, la Virgen Santísima y los santos. Lamentablemente durante la demolición de la Basílica por los sarracenos en 846 se perdieron sus reliquias.


Fuentes:
-"La leyenda de oro para cada día del año". Volumen XI. PEDRO DE RIBADENEIRA. Barcelona, 1865.
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 28 de noviembre además se celebra a San Hortolano, bisabuelo de Cristo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

San Gulstan, otro con pez.

San Gulstan de Rhuys, pirata y ermitaño. 27 de noviembre y 27 de enero.

Una leyenda cuenta que nació en Cornualles, en 974. Con 18 años unos piratas le secuestraron y, para no ser asesinado o esclavizado, decidió unirse a los forajidos del mar. En una ocasión se lesionó un pie y la llaga fue a más, por lo que los piratas le abandonaron en la isla de Ouessant, en lo más occidental de Francia. Allí le cuidó Dios, proveyéndole con un pez del que comía diariamente sin que el pez muriera, sino que se regeneraba de nuevo. Tal y como se lee de San Corentin de Quimper (12 de diciembre). Allí le halló el ermitaño San Félix (9 de marzo), que oyó su historia y le acogió junto a sí. Cuando Félix fue elegido abad por los monjes de la abadía de San Gil de Rhuys, en el continente, Gulstan se trasladó para seguir siendo ermitaño en la isla de Hoëdic. Unos años más tarde también se fue a San Gil, donde trabajaba como hortelano y jardinero

Gulstan oraba incesantemente con los salmos, repitiéndolos una y otra vez. Apenas dormía tres horas, y jamás usó ropa que no fuera una túnica de estameña, fuera verano o invierno. Muchos se le acercaban para pedirle oraciones, consejo y realizó muchos milagros. La llaga de su pierna jamás curó, y con las vendas que le aplicaban también se realizaron prodigios, como se lee de San Pablo (Hch 19, 11-12). Gulstan falleció el 27 de noviembre de 1040, cuando estaba en el monasterio de las monjas de St. Filibert de Beauvoir, estando de paso por unos asuntos de su propia abadía.
Cuando se supo de su fallecimiento, muchos acudieron al monasterio de las religiosas a venerar el santo cuerpo. Los monjes de Maillezais tomaron el cuerpo y lo llevaron a su iglesia, pero las religiosas lo reclamaron para sí, ya que había muerto con ellas. Así que no se enterró el cuerpo durante tres días, mientras el pueblo le rendia culto y se sucedían los prodigios. El abad de San Gil, Vital, que había sucedido a Félix en 1037, reclamó el cuerpo a las monjas de St. Filibert, y ellas igualmente se negaron a entregarlo. Tuvo que ser el obispo Isambert de Poitiers quien llamara la atención a las monjas, las cuales luego de una compensación económica “por los gastos en cirios y flores” aceptaron dar el cuerpo del santo. Lo tomaron los monjes de Rhuys y se lo llevaron consigo, enterrándole en su iglesia abacial, donde aún se le venera.

Es abogado de marinos y pescadores, se le invoca contra las tormentas, para tener vientos favorables en la mar, por las llagas incurables, los eczemas, úlceras y cualquier mal de la piel. En Croisic tuvo una capilla dedicada luego que salvara a unos marinos de encallar: vieron estos unas luces misteriosas que les guiaron hasta tierra segura, luego de invocar al santo. Allí también le invocaban las parturientas, y era tradición, hasta el siglo pasado, que cuando un niño nacía enredado en el cordón umbilical, la madre debía dar vueltas a la capilla del santo, tantas como vueltas tuviera el cordón alrededor del niño.


Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.


A 27 de noviembre además se celebra a Santos Facundo y Primitivo de Cea, mártires.

sábado, 26 de noviembre de 2016

San Pedro Alejandrino, el mártir.

San Pedro I de Alejandría, obispo y mártir. 26 de noviembre y 9 de diciembre (Iglesias Orientales).

En el año 300, luego de la muerte del Patriarca San Teonás (23 de agosto), fue elegido Pedro en su lugar, siendo que desde niño había sido discípulo suyo. Su elección ocurrió en medio de la persecución de Maximiano y Galerio, entre 284 y 305, por lo que tuvo que huir de Alejandría. Dedicó su destierro a la consolación de los confesores, la asistencia a las viudas y huérfanos, las visitas a las cárceles y el sostenimiento de los pobres. Animaba a los mártires y confortaba a los que habían caído en aparentar idolatría por salvar la vida.

Una vez terminada la persecución, fue implacable con los "lapsi", aquellos que habían aparentado ser idólatras por temor al martirio. Entre ellos estaba Melecio, obispo de Licópolis de Egipto, que había sacrificado a los dioses por conservar la vida. Pedro le depuso de su sede y Melecio, en lugar de reconocer su culpa y aceptar la pena, creó un cisma junto a sus seguidores. Pedro intentó reducir a los cismáticos, dispuso penas canónicas y misericordia para los que se arrepintiesen, exhortó, escribió, oró… pero nada. Aún en época de San Atanasio (2 de mayo), el problema de estos "melecianos" continuaba. No hay que confundirles con los "melecianos" seguidores de San Melecio de Antioquía (12 de febrero).

Aunque su martirio fue cierto, está mezclado con narraciones legendarias tardías: En 308 reanudó la persecución de Maximiano y Daya, y Pedro fue preso. Y los cristianos respondieron con entereza a aquello: acudieron en masa a la cárcel a presentarse como cristianos. Presbíteros, mujeres, aún niños se presentaron. El tribuno quedó admirado de aquella comitiva que apareció a morir con su obispo, y que le cuidaban y protegían. Temía el hombre un motín, cuando aquellos solo querían padecer martirio con su pastor y entrar de su mano al cielo. 

La leyenda del siglo X, no confirmada por la historia, dice que el célebre hereje Arrio era diácono suyo, al que Pedro había amonestado y excomulgado por sus ideas peligrosas contra la fe. Apareció Arrio allí entre los cristianos, aparentando ánimo de reconciliarse con Pedro, pero en lo que realidad quería era aparecer como católico, para que antes del martirio del santo obispo, este le eligiera como sucesor suyo en la sede de Alejandría. Pero Dios ya había "tomado cartas en el asunto". Cuando Pedro vio a Arrio, llamó aparte a los presbíteros Aquilas y Alejandro y les dijo: "Soy un gran pecador, pero aun así sé que la piedad de Dios me dará la corona del martirio. Después de mi muerte, vosotros seréis dos columnas en la Iglesia de Jesucristo. Los dos me sucederéis, uno después de otro, en la silla patriarcal de Alejandría: Aquilas será el primero, y Alejandro el segundo. Así me lo ha prometido el Señor; y para que no creáis que duro mi corazón al no reconciliar a Arrio con la Iglesia, os diré lo que me ha ocurrido: se me apareció Cristo en figura de un niño de doce años extremadamente hermoso: estaba vestido de una túnica larga, rasgada de arriba abajo, por lo que le pregunté: Señor, ¿quién fue el impío que despedazó vuestra túnica? Y me respondió: Arrio fue el que la rasgó, al tiempo que me ordenó que no le admitiese a la Iglesia nuevamente. Yo he cumplido ya con mi misión, y solo me queda dar cuenta a Dios. Si vosotros faltaseis a la vuestra, vosotros solos seréis responsables de vuestra cobardía o de vuestra desobediencia". Aunque este hecho sea legendario, efectivamente, obispos y sucesores de Pedro I en la sede fueron los obispos San Aquilas (13 de junio) y San Alejandro (26 de febrero). Para más duda de semejante leyenda, fue Aquilas el obispo que ordenó presbítero a Arrio, cosa impensable de haber sido cierto la narración previa.

Visión de Cristo.
Una vez que Pedro húbose entregado totalmente en manos de Cristo, por caridad con su grey, pidió al tribuno que no le sacase al martirio delante de todos sus fieles, sino que hiciese un boquete en la pared trasera de la cárcel y por allí, en silencio, le llevase al martirio. Así lo hicieron, le sacaron por la pared y le llevaron a las afueras de la ciudad, al mismo sitio, según la leyenda, donde había sido martirizado el evangelista San Marcos (11, Iglesia griega, y 31 de enero, traslación de las reliquias a Venecia; 9, 25, y 30 de abril, Iglesia Copta; 25 de junio, invención de las reliquias, 23 de septiembre, 3 Octubre, 8, y 30 de octubre, Iglesias Orientales) y donde Pedro pudo orar un rato. al cabo, inclinó la cabeza ante los soldados, pero ninguno se atrevió a dar el golpe, hasta que por cinco monedas de oro (ofrecidas por el santo, según la leyenda) uno le decapitó. Era el 26 de noviembre de 311. Una vez se supo del martirio, el clero y los fieles recogieron su cuerpo, le revistieron con sus ornamentos episcopales y le sentaron en la silla de San Marcos, en la cual, siempre según la leyenda, Pedro jamás había querido sentarse por hallarse indigno. Allí recibió el homenaje de todos sus fieles durante días. Finalmente fue sepultado y su tumba fue meta de peregrinos durante siglos. El aniversario de su martirio lo solemnizó su sucesor Alejandro, de quien ya hablamos. 

Se le atribuyen algunas obras sobre la penitencia, o la condena de la creencia herética sobre la preexistencia del alma. Pero probablemente sean posteriores y apócrifas. Algunas fuentes mencionan a tres obispos llamados Hesiquio, Pacomio y Teodoro, como compañeros suyos en el martirio, pero algunos menologios griegos, los ponen como compañeros de San Fausto, igualmente a 26 de noviembre.


Fuentes:
-"La leyenda de oro para cada día del año". Volumen XI. PEDRO DE RIBADENEIRA. Barcelona, 1865.
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 26 de noviembre además se celebra a San Conrado de Constanza, obispo.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Beata Isabel Achler.

Beata Isabel Achler, terciaria franciscana. 25 de noviembre y 9 de diciembre (Orden Franciscana).

Nació Isabel el 25 de noviembre 1386 en Baden-Württemberg, en una familia de tejedores. Desde muy niña se dio a la oración y la penitencia, y a los 14 años ya tenía director espiritual, el agustino Conrad Kügelin. Este a los 14 años la dirigió a la Orden Tercera de San Francisco, establecida en su ciudad natal.

Como terciaria, comenzó a tener frecuentes lecturas espirituales, confesión y comunión. Acrecentó su devoción por la Pasión de Cristo y se entregó a una intensa vida de caridad, visitando pobres y enfermos. Sobre los 18 años dejó su casa para recluirse en una pequeña celda anexa al exterior del monasterio de Reute. Allí pasó largos períodos alimentándose solo de la Eucaristía, trabajando con sus manos, orando y disciplinándose. Muchos se encomendaban a sus oraciones y a su consejo, por lo que la llamaban "la Buena Bet". Tuvo algunas jóvenes a las que encaminó por los senderos de la vida espiritual, entre ellas la Beata Úrsula Haider (20 de enero). Sobre 1410 recibió los estigmas de la Pasión de Cristo, y aumentaron los éxtasis y consuelos divinos. Falleció el 25 de noviembre de 1420, a los 34 años, y fue sepultada en la parroquia de Reute, donde aún reciben veneración sus reliquias. 

En 1421 su director espiritual escribió su biografía, texto que fue fundamental para su beatificación en 1776 por el papa Pío VI.


A 25 de noviembre además se celebra a Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir.

jueves, 24 de noviembre de 2016

San Romano, para los marinos y pescadores

San Romano de Garona, presbítero ermitaño. 24 de noviembre.

Es San Gregorio de Tours (17 de noviembre), quien da noticias de Romano en su "La Gloria de los Confesores". Más que de su vida, lo hace sobre su culto: 

Fue Romano discípulo de San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), el cual le ordenó presbítero y le envió junto al río Garona a predicar. Allí el santo construyó una ermita y se dedicó a la oración y penitencia, a la par que evangelizaba a los lugareños. Posteriormente se trasladó a Blaye, Burdeos, donde igualmente vivió como eremita y fue evangelizador de la zona, como igualmente hizo con San Florencio de Angers (22 de septiembre) y otros. La cercanía de la ermita con la desembocadura del río Garona hizo que muchos se encomendaran a sus oraciones en el momento de remontar río o salir al Cantábrico, y cuando estaban en peligro clamban: "Romano, siervo de Dios, sálvanos", aún en vida. En 385 falleció asistido por su querido padre Martín, que le enterró allí mismo en su ermita.

Como era de esperar, San Romano se convirtió en protector contra los naufragios, las tormentas, y por extensión, abogado de pescadores y marinos. Gregorio de Tours cuenta que él mismo puso experimentar la protección del santo cuando viajaba por el Garona y las inacabables lluvias desbordaron el río. Olas impresionantes estuvieron a punto de volcar su barca y hacerla encallar, cuando todos invocaron al santo, las lluvias cesaron y pudieron cruzar al otro lado.

En el siglo VIII, San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) mandó construir un monasterio junto a la ermita, que convirtió en bella iglesia. Durante las Guerras de Religión, los herejes destruyeron la iglesia y el monasterio, pero las reliquias se salvaron y fueron trasladadas a la iglesia de San Dionisio, cerca de París.


A 24 de noviembre además se celebra a 
San Francisco Gil de Federich, dominico mártir.
Santas Flora y María, vírgenes mártires.