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domingo, 31 de enero de 2016

Santa Ulpia y el croac croac

Santa Ulpia de Amiens, eremita. 31 de enero y 16 de mayo (traslación de las reliquias).

La Virgen aparece a Ulpia.
La leyenda de esta santa no nos dice nada sobre sus orígenes, sus padres o su infancia. Parte de su juventud, cuando Ulpia era una jovencita piadosa y caritativa. Fue pretendida por un joven, y sus padres accedieron a casarla, pero Ulpia manifestó que fuera de Jesucristo no quería otro esposo Y, dice la leyenda, dio gran alegría a sus padres con aquella resolución. El pretendiente no cejaba en sus propósitos, ora agasajándola, ora amenazándola. Tanto miedo tuvo Ulpia, que pasaba largos ratos en la iglesia, confiando en que el hombre no se atrevería a profanar la iglesia. Hasta un día en que tomó la resolución de “volverse loca” por Cristo, para que la dejasen en paz. Empezó un severo ayuno, vistió ropas miserables, vagaba por las calles gritando y peleándose con los perros. Así, cada vez más sucia y delgada, el pretendiente la dejó en paz.

Este tiempo de “locura”, Ulpia redobló sus oraciones y penitencias, lo que hizo tomara la resolución de servir enteramente a Cristo en la soledad. Tomó una capa abandonada, se cubrió y de esta guisa abandonó la su lugar de nacimiento, familia y riquezas. Llegó a un lugar solitario, a una fuente a las orillas del Noye y afueras de Amiens, donde descansó, quedando profundamente dormida. Soñó que la Santísima Virgen María se le aparecía resplandeciente, con el Niño Jesús y le decía: "Ulpia, hija mía, ya que elegiste a este niño por Esposo en la tierra, tus desposorios con Él durarán toda la eternidad, pero has de sufrir luchas terribles, como si el infierno fuera”. Y añadió la Madre de Dios: “En este lugar santificarás tus días. Aquí has de esperar la guía de un santo religioso". La visión se desvaneció, Ulpia despertó y rogó a la Virgen que la ayudara, y su oración fue contestada. A dos leguas y media de Amiens estaba establecido San Domicio (23 de octubre), un antiguo canónigo de la iglesia de Nuestra Señora, que había renunciado a sus riquezas y beneficios para disfrutar de la vida solitaria. Cada noche iba a la iglesia a rezar los maitines con los demás canónigos. Esa misma noche, estando Ulpia orando, una voz le dijo: "Levántate y ve presto a conocer a tu padre espiritual, que ya se acerca. Y al instante la santa levantó la vista y vio al religioso, vestido como ermitaño, descendiendo una pequeña montaña. Salió a su encuentro, se postró a sus pies y le suplicó en nombre de Dios, que asumiera la responsabilidad de su dirección espiritual. San Domicio se extrañó de hallar una joven en aquel sitio apartado, y temiendo fuera una tentación del diablo, le respondió a Ulpia que lo consultaría con el Señor, y ya Él diría.

Domicio se fue a su ermita y durmió pronto, por lo que olvidó a la joven, pero entonces, el ángel de la guarda de esta le despertó y le aseguró de parte de Dios que Jesucristo quería velase por su esposa. Al otro día en la mañana Domicio fue a ver a Ulpia, y la halló orando junto a la fuente. La chica le recibió diciéndole: "Bienvenido, padre mío y amigo mío. Me alegra vengas a cumplir tu obligación, ya que Dios me ha confiado a ti”. Allí pasó Domicio todo el día y llegada la noche, le dijo a Ulpia le acompañara a la iglesia a cantar los maitines con él. Llegaron a la catedral y al momento de entrar, que el obispo entonó el Oficio de vírgenes. Es que el obispo había tenido una revelación sobre ella. Terminó de cantar el obispo y se acercó a Ulpia, diciéndole: "Bienvenida, querida hija, tú que desde tu juventud estás consagrada a Jesucristo. Gracias a ti, bendeciré y consagraré una virgen cuyo ejemplo probablemente será seguido por muchas otras". Ulpia le respondió con lágrimas: "Reverendo Padre, no puedes cambiar la voluntad de Dios que me ha confiado a padre Domicio. Pero he aquí que primero tengo que obedecerte como mi obispo. Te ruego humildemente hagas aquello que más convenga a mi alma". Entonces, el obispo determinó darle la consagración de vírgenes, ordenándola de diaconisa y permitiendo viviera en soledad bajo la autoridad de Domicio. Además, le construyó una ermita con su celda, junto a la fuente donde se había establecido.

Santa Ulpia y la rana.
Allí adelantó en la virtud, alcanzando gracias del cielo y siendo muy estimada por los habitantes de la ciudad, que se encomendaban a sus oraciones, escuchaban sus consejos y se curaban con sus portentos y remedios. Y allí murió, siendo enterrada en su misma ermita. Su culto comenzó muy pronto junto a sus reliquias, una parte de las cuales están en el altar mayor de la actual iglesia del Espíritu Santo, levantada en el sitio de la ermita. Otras fueron trasladadas a la catedral.

Las ranas.
Cada noche Domicio pasaba a buscar a Ulpia para rezar los maitines en la catedral, pero una noche muy calurosa, las ranas de la fuente habían croado tanto, que Ulpia no había podido dormir nada hasta la medianoche. Domicio golpeó la puerta de la ermita, pero no halló respuesta. Pensó que Ulpia se le había adelantado, pero al llegar a la catedral no la oyó. Terminado el rezo, regresó y Ulpia estaba despierta y llorando. Le dijo “¿Cómo, mi padre, no me has despertado?”. Domicio le respondió que había golpeado la puerta y no había hallado respuesta. Ulpia le contó que las ranas no la habían dejado dormir. Ambos rezaron juntos y las ranas jamás volvieron a croar. En la iconografía de Santa Ulpia suele acompañarle una o varias ranas.


Fuente:
-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo II. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1864.
-“Nouvelle vie de Sainte Ulphe: vierge, patronne de l'église d'Amiens”. LOUIS SELLIER. Amiens, 1841.
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 31 de enero además se celebra a  
Santa Ulpia Cándida, virgen. 
Santa Marcela, viuda y religiosa

domingo, 24 de enero de 2016

El embrollo de San Babilás.

San Babilás, obispo y mártir. 24 de enero y 4 de septiembre (Iglesias Orientales).

Sobre este santo las tradiciones son confusas. Algunos le ponen antioqueno, que será lo más probable. Tanto se confunden que en un tiempo se le dividió en dos personajes. Uno habría sido obispo de Antioquía, y mártir junto a tres niños, bajo Numeriano. El otro sería un maestro de Nicomedia, martirizado con un gran número de niños, alumnos suyos, imperando Maximiano. Incluso en el primer caso, unas leyendas dicen que murió en la cárcel, otras que decapitado, coincidiendo en todo menos en que fue en el gobierno del emperador Decio. El mismo San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) le confunde, con el obispo llamado Babilás del que se lee en la “Historia Eclesiástica” de Eusebio, que habría excomulgado al emperador Filipo el Árabe por asesinar a Gordiano III. Otra tradición le pone padeciendo bajo Decio con Urbano, Prilidiano, Epolonio, a los que había catequizado. Como esta es la versión más conocida, la resumo aquí:

Vivía Babilás en Antioquía en tiempos de Decio, y tenía por discípulos a los niños Urbano, Prilidiano, Epolonio, de 12, 10 y 9 años respectivamente. Se celebraban unos festejos en honor a los dioses, cuando Decio, curioso de los misterios de la fe cristiana, quiso presenciar la celebración de la Eucaristía. Sabiéndolo el santo obispo, fue al encuentro del emperador y le prohibió entrar a la asamblea, por idólatra y blasfemo. El emperador, irritado, le hizo caso, pues temía una revuelta de los numerosos cristianos que acompañaban a Babilás. Así que esperó al otro día y mandó a los soldados que apresaran al obispo y lo llevaran a su presencia. Entonces le preguntó: “¿Por qué has insultado mi dignidad imperial al no permitir entrar en tu iglesia?”. Babilás respondió: “Cualquiera que se opone a Dios y quiere profanar el santuario, no es digno de respeto, sino que se ha convertido en enemigo del Señor”. Decio le mandó adorase a los dioses, pero, claro, Babilás se negó. Entonces Decio mandó le cargasen de cadenas y así fuera paseado por la ciudad, como escarnio. El santo respondió: “Estas cadenas son más venerables para mí que tu corona imperial lo es para ti. Para mí el sufrimiento de Cristo es más deseable que el poder imperial lo es para ti. Mi muerte por el rey inmortal es más preciosa para mí, que tu vida es para ti”.

Entonces trajeron a los tres discípulos del santo. Preguntó Decio: “¿Quiénes son estos niños?”. “Son mis hijos espirituales”- respondió el santo, y añadió - “yo les eduqué en la piedad, y aquí frente a ti, aunque en pequeño cuerpo, son grandes hombres y cristianos perfecto. Pruébales y verás”. Entonces Decio comenzó a tentar a los chicos y a Cristódula, la madre de estos, para que apostatasen de Jesucristo, pero era en vano. Mandó fueran azotados según su edad. Luego mandó decir a Babilás, que los niños habían renegado de Cristo, pero el obispo no creyó aquello. Ordenó Decio que fueran atados a un árbol y quemados, pero al ver que no perjuraban de la fe cristiana, mandó fueran decapitados.

Como dije antes, si bien sobre el martirio no se sabe mucho, sí que consta la veneración a sus reliquias y la traslación de estas, una de las primeras de las que se tiene noticia en la Iglesia. Cuando fue martirizado, los cristianos recogieron su cuerpo y lo enterraron a las afueras de la ciudad, pero en 350, llegada la paz para la Iglesia, fueron trasladadas adonde aún perduraba un oráculo del dios Apolo. Al renegar de la fe cristiana, Juliano el Apóstata se convenció que las calamidades y poca eficacia del oráculo se debían a la presencia de las reliquias del santo en el lugar, por lo que mandó fueran arrojadas de allí. Pero la iglesia antioquena, las trasladó solemnemente a la primera sepultura. Los cristianos entonaron el salmo 135, que menciona la necedad de los ídolos y de los que los adoran, y al instante un rayo fulminó el templo de Apolo. Luego de la muerte de Juliano, San Melecio (12 de febrero) edificó en Antioquía una iglesia dedicada a la memoria de Babilás, que se convirtió en un santo muy venerado, y su santuario muy popular. Con motivo de una festividad de Babilás, predicó San Juan Crisóstomo, pero como vimos, lo confundió con otro obispo santo.

El culto a tan preciadas reliquias pasó de Oriente a Constantinopla, y a Occidente llegó en el medievo, pues en el siglo VII San Aldhelm de Sherborne (25 de mayo) escribió unas “vitae” en prosa y en verso. Al parecer, Matilde de Canossa poseía reliquias insignes de él, que donó a una iglesia de Cremona donde había culto al santo y era especial abogado contra los males de huesos, artritis, etc. Una iglesia del siglo XI existe aún en Milán. En España se le venera en Bobadilla del Monte como San Babilés”. Tamayo le hizo español y nacido en Pamplona, donde se le venera. En Francia se le conoce como Saint Babel. Los bolandistas, que recogen las variantes de las versiones, no les dan crédito alguno y reconocen fueron creadas para satisfacer la devoción popular.


Fuentes:
-”Los santos del nuevo misal hispano-mozárabe”. JUAN MIGUEL FERRER GRENESCHE. Toledo, 1995.
- "Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 24 de enero además se celebra a Nuestra Señora de la Paz.

jueves, 21 de enero de 2016

De la Inocente Cordera del cielo.

Pregunta: Estimado, agradecería información  histórica  de  Santa Inés mártir. ¿Cómo se hizo  Santa?  Hay versiones, ¿cuál creer?

Respuesta: Hola. Como dices, varias versiones hay, y curiosamente, las más modernas son más estrafalarias, y aunque las discrepancias son antiguas, a la mayoría le llegaba una “passio” legendaria del siglo V, que resumo aquí:

Santa Inés, virgen y mártir. 14, 21 y 28 de enero; 5 de julio (Iglesias griegas).

Leyenda.
Era Inés una niña de la familia Clodia. Al llegar a los trece años, edad apropiada para contraer matrimonio, fue pretendida por un hijo del prefecto Sofronio. Era Inés cristiana, y más aún, había hecho un voto de virginidad para ser solamente esposa de Cristo, por lo que respondió al joven: "Ya estoy comprometida a uno, y a él solo mantengo mi fidelidad. Él ya me ha desposado con un anillo y me ha adornado con joyas. Él ha puesto una señal en mi frente. Él me ha mostrado tesoros incomparables, que ha prometido darme si persevero en su amor. La miel y la leche de sus labios me atraen, y he comido de su cuerpo, y con su sangre tiñe mis mejillas. Su madre es una virgen, y su Padre no conoció mujer. A Él los ángeles le sirven, su belleza sol y la luna admiran; por su fragancia resucitan los muertos, por su toque a los enfermos cura. Su riqueza nunca falta, y su abundancia nunca decrece. Sólo en él me sostengo, sólo en él confío. Para quien yo amo soy casta, para quien me toca estoy limpia, para quien me recibe soy virgen". El joven comunicó aquellas raras palabras a los padres de Inés, los cuales le preguntaron a quien había dado su corazón, y ella les respondió que era cristiana y Cristo era su amor. Sofronio la reclamó a sus padres y estos, por miedo, le instaron a que se casara con el hijo de este, pero Inés prefirió comparecer ante el prefecto y confesar su fe cristiana. Ante este defendió su deseo de virginidad por Cristo, a lo cual Sofronio respondió que la llevaría al templo de las vestales, para que consagrara su castidad a la diosa Vesta. "¿Crees" – replicó Inés – "que si me he negado a tu hijo, de carne y hueso, ¿voy a dedicarme a dioses de piedra que no sienten?"

Entonces Sofronio la envió a una casa de prostitución para que allí le arrancaran su virginidad, y por ello acudieron muchos hombres lujuriosos. Al ser desnudada, su cabellera creció milagrosamente y la cubrió por completo. Y además, bajó un ángel del cielo que le puso una vestidura blanca. El hijo del gobernador irrumpió en el burdel y el ángel le cegó, pero Inés le sanó milagrosamente. Viendo aquello, Inés fue acusada de brujería. Aspasio Paterno, diputado, ordenó que debía ser ejecutada inmediatamente, y la multitud "¡Fuera con la bruja, lejos con ella!". La condenaron a morir a fuego, pero al ponerla en la pira, Inés exclamó: "Oh, Padre Todopoderoso, que solo Tú has de ser temido y adorado, te doy gracias porque por  de tu santo Hijo, he escapado de las amenazas del tirano profano, y con Él he pasado sin mancha por encima del pantano abominable de la lujuria. Ahora yo acudo a Ti, a quien he amado, he buscado, y siempre he anhelado. Tu nombre bendigo y glorifico sin fin. Ahora con el Espíritu te digo: Enfría este fuego que hay bajo de mí, corta la llama y deshaz benignamente su calor. ¡Oh, Padre de mi Señor Jesucristo, te confieso con mis labios, y con mi corazón, todo lo espero de ti. Clamo a ti, único y verdadero Dios, que con nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén." Apenas terminó de orar, el fuego se apagó milagrosamente. 

Aspasio tomó una espada para atravesarla en su garganta, pero antes ordenó fuera esposada. Le pusieron unas esposas pequeñas, pero al ser tan niña, estas también caían de sus muñecas. Pero Inés no las necesitaba. Dando ejemplo de entereza cristiana, se arrodilló, apartó su cabello para exponer limpiamente el cuello, cruzó sus brazos sobre el pecho e inclinó la cabeza. El verdugo, temblando de emoción, la decapitó. Sus padres tomaron el cuerpo y lo enterraron en las catacumbas de la Vía Nomentana, donde los cristianos lo veneraron durante días. Los paganos y los soldados intentaban impedir la veneración, tomando a algunos presos. A la hermana de leche de Inés, Santa Emerenciana (23 de enero), le apedrearon hasta la muerte, por permanecer inmóvil junto a la sepultura, para defenderla.

Cráneo de Santa Inés.
Culto y testimonios.
Las reliquias de Santa Inés, las auténticas, se veneran en la misma Roma. El cuerpo en su iglesia extramuros y gran parte de la cabeza en Santa Inés “In Agone”. Este cráneo se halló en la tesorería de la Basílica de Letrán en 1903, cuando León XIII mandó quitar los sellos que la habían tenido intacta durante siglos. Ciertamente en la basílica de Santa Inés conservaba el cuerpo, pero no la cabeza. Los estudios sobre los dientes del cráneo demostraron que se trataba de una niña entre 12 y 15 años. Añadir que esta basílica de Santa Inés habría sido levantada por Santa Constanza (19 de febrero), la hija de San Constantino (21 de mayo), sanada milagrosamente por Santa Inés. Allí, según la leyenda, vivió Constanza como virgen consagrada a Dios.

El testimonio más antiguo sobre el culto a Santa Inés es la “Depositio Martyrum”, obra del siglo IV, que la menciona enterrada en la Vía Nomentana (que luego sería llamada precisamente, de Santa Inés). El papa San Dámaso (11 de diciembre) dedicó versos a su memoria, y además, escribió el epitafio de su tumba, lo que evidencia una sólida devoción. Este epitafio dice:
Fama refert sanctos dudum retulisse parentes Agnen cum lugubres cantus tuba concrepuisset nutricis gremium subito liquisse puellam sponte trucis calcasse minas rabiemque tyranni urere cum flammis voluisset nobile corpus viribus inmensum parvis superasse timorem nudaque profusum crinem per membra dedisse ne domini templum facies peritura videret o veneranda mihi sanctum decus alma pudoris ut Damasi precibus faveas precor inclyta martyr”.

según cuenta la tradición que sus devotos padres narraron de cuando las trompetas con su triste melodía llamaron a su hija Inés ella de pronto dejó el regazo de su nodriza [y] voluntariamente despreció la furia y amenazas del cruel tirano cuando él decidió consumir su cuerpo en las llamas [.] Aunque ella siendo débil él fracasó en inspirarle un fuerte temor ella por su parte dejó caer su larga cabellera para cubrir su desnudo cuerpo para que ninguna mirada mortal mirase aquel templo del Señor [.] A ti a quien venero, gentil y santo ornamento de virginidad vuelve tu mirada oh ilustre mártir a las plegarias de Dámaso. Te lo ruego.

Es de notar que Dámaso no menciona la proposición de matrimonio, ni el final de la vida terrenal de Inés mediante la decapitación ni arma alguna, pero sí menciona el tormento del fuego y hace hincapié en la virginidad. Tampoco habla de que su cabellera creciera milagrosamente, sino que ella misma se soltó el pelo para cubrirse, en el momento del fuego, parece.

Prudencio, el poeta cristiano, la llama “fortis puellae, martyris inclytae”, en el poema XIV de su “Liber Peristephanon”, que versa sobre la “Passio Agnetis”. Es él quien añade que fue expuesta a la vergüenza pública y llevada a un lupanar, en el que se veneraba a Minerva: “hanc in lupanar trudere publicum certum est, ad aram ni caput applicat ac de Minerva iam veniam rogat, quam virgo pergit temnere virginem". La leyenda recrea esto, ya vimos, con una primera intención de Sofronio de encerrarla con las vestales. El himno “Agnes beatae virginis”, que tal vez sí que sea de San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal), no habla de decapitación, sino de “golpe de espada”, y que luego de este, la joven se cubrió la herida con modestia y se cubrió el rostro con las manos, por lo que parece se refiere a una herida de garganta o pecho, mortal, pero no instantánea.

Epitafio de San Dámaso papa.

Testimonio antiguo de su veneración por parte de todo el mundo cristiano de entonces lo da también San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental), que es el primero en darle significado al nombre, uniendo su sacrificio al Sacrificio de Cristo, Cordero Inmaculado. El 21 de enero de 396 en un sermón dice: 
Dichosa Santa Inés, que sufrió su pasión en el día de hoy. Esta virgen era lo que indicaba su nombre. Inés, Agnes, en latín significa 'cordera', y en griego, 'casta'. Era lo expresado por el nombre. Con razón pues, fue coronada”. 

San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) en una carta a Demetríade dice que la "vita" de Santa Inés es un ejemplo de constancia en la virginidad:
la vida de Santa Inés, virgen, ha sido loada con las letras y lenguas de todas las gentes, especialmente en las iglesias

San Máximo (25 de junio) dirá: 
"Oh, Virgen Gloriosa, ¡qué ejemplo de vuestro amor habéis dejado a las vírgenes para que te imiten! (...) Allegaos, doncellas, y en los tiernos años de su niñez aprended a amar a Cristo con vivas llamas de amor (...) Aprended, vírgenes, de Inés, que así está abrasada del amor divino y tiene por basura todos los tesoros y delicias de la tierra".

San Ambrosio en su obra “De Virginibus”, (libro I, capítulo 2) escribe:
 “mi tarea comienza favorablemente, y pues hoy es el aniversario de una virgen, tengo que hablar a las vírgenes (…) Es el aniversario de Santa Inés: que los hombres la admiren, que los niños tomen coraje, que los casados se asombren, que los solteros tomen ejemplo. Pero ¿qué puedo decir que sea digno de ella, cuyo a cuyo nombre no faltan las alabanzas brillante? En la devoción excedió a su edad, en la virtud estuvo por encima de la naturaleza, que me parece que no le han dado un nombre humano, sino un símbolo del martirio, por el que mostró lo que sería. (…) El nombre de esta virgen es un título de modestia. Voy nombrarla mártir, la proclamaré virgen. (…) ¿Qué amenazas utilizaría el verdugo para hacerla temer, qué tentaciones para persuadirla, cuántos deseos de atraerla al matrimonio? Pero ella respondió: 'Sería una afrenta a mi Esposo buscar cualquier posibilidad de complacerme. El que me eligió primero para Sí, me recibirá. ¿Por qué te retrasas, verdugo? Que perezca este cuerpo que puede ser amado por los ojos que no quiero'. Se levantó, oró, e inclinó su cuello. Se podía ver temblar el verdugo, como si él mismo hubiera sido el condenado, y su mano derecha se estremecía, su rostro palideció, temiendo el peligro de otro, mientras que la doncella no temía por ella misma. He aquí una víctima de un doble martirio: de modestia y de la fe. En ellas permaneció virgen y en ellas obtuvo el martirio”.

Contradicciones.
A las diferencias entre las versiones, de Dámaso, Prudencio y Ambrosio antes leídas, se suma que el diputado Aspasio Paterno fue prefecto en 264 y 265, por lo que si era diputado, el martirio habría tenido que ocurrir antes de esta fecha, y bastante, pues aún le hallamos como procónsul de África en 260. Lo más probable es que el sobrenombre Paterno haya confundido al escritor de la passio a hacer padecer a Inés bajo este Aspasio, y no bajo Ovidio Paterno, que era prefecto de Roma sobre 281, existiendo un senador de nombre Sofronio en esta misma época. Por esta razón, los hagiógrafos han datado el martirio imperando Valeriano, entre 258 y 260, o bajo Diocleciano, en 304.

"Desposorios" de Santa Inés.
La “passio” se atribuyó, durante siglos, a San Ambrosio, el cual, ciertamente en la obra antes mencionada, da detalles como el nerviosismo del verdugo, hecho romántico que también recogerá la “passio”. Está claro que en tiempos de San Ambrosio, mediados del siglo IV, existía una, o varias, redacción del martirio de Santa Inés, y San Jerónimo lo confirma cuando dice que su “vita” se lee en las iglesias. De aquí se nutriría la passio. Y mucho que se leyó, aunque más la versión de la "Leyenda Aurea" del Beato Santiago La Vorágine (13 de julio), que se recreó ampliamente, y tomando por literales las palabras "me ha desposado con un anillo y me ha adornado con joyas"e inventándose un episodio del matrimonio entre Inés y Jesús en forma de Niño, como se lee de otras santas.

Afirman algunos (yo mismo lo creía) que el nombre de Inés es solamente un símbolo, pues significa “cordero” en latín, que evoca a la inocencia, la víctima y en último caso a Cristo. Este símbolo lo habrían recreado Agustín y la “passio”, pasando al culto popular. Pero hay que recordar que antes que esta se escribiera, en 337 Inés aparece mencionada así en la Depositio, y también en el epitafio de Dámaso y lo mismo en el sermón de Agustín, todo esto antes que la “passio” fuese escrita. En todo caso, la leyenda toma el nombre de la historia, y no es ella quien recrea un nombre simbólico. 

Iconografía y devociones.
Sin embargo, esta asimilación con el cordero ha configurado su iconografía, a base de símiles entre el nombre y el animal. El medievo consagra su imagen con el cordero hasta hoy, lo que daría pie a leyendas estrafalarias sobre que poseía un cordero que la siguió hasta el martirio y otras que ni vale la pena mencionar. Y tanto se asimiló el corderito con el nombre, que otras santas del mismo nombre, Santa Inés de Montepulciani (20 de abril) y Santa Inés de Praga (2 de septiembre), igualmente portan el cordero en brazos. Y más allá, el día de su fiesta se bendicen dos corderitos cuya lana se usa para tejer los palios que usarán los obispos.

Santa Inés de trinitaria.
Monasterio de las M.M
Trinitarias. Madrid
Otra devoción a Santa Inés, hoy casi olvidada la “commemoratione S. Agnetis secundo” o sea, su octava, que duró hasta la reforma litúrgica de 1969. Solamente la conserva la Orden Trinitaria, que en Santa Inés tiene su patrona y en su octava su conmemoración solemne. El origen de esta particularidad está en que según la tradición, la primera misa de San Juan de Mata (17 de diciembre y 8 de febrero, traslación de las reliquias) fue el día de la octava de Santa Inés de 1193. Durante esta misa tuvo la revelación en la que Cristo se presentaba con dos cautivos, llamándole a la redención de estos. Según la tradición trinitaria, el 28 de enero de 1198, el papa Inocencio III tendría otra revelación igualmente relacionada con la redención de los cautivos y la Orden Trinitaria. Esta relación de los orígenes fundacionales con la octava de Santa Inés la llevaron, como dije, a ser nombrada patrona de la Orden y a ser incluso representada en ocasiones con el hábito trinitario, sobre todo en ambientes monjiles.

Es Santa Inés patrona de las vírgenes, los niños y niñas, las adolescentes, las novias y solteras en general. Es patrona de diversas asociaciones juveniles, como las "Hijas de María", por ser especial abogada para la salvaguarda de la castidad, y esto ya vimos que desde los testimonios de los más preclaros Padres de la Iglesia. Además, es protectora de horticultores y jardineros.


Fuentes:
-“Epístolas del glorioso doctor de la Iglesia, San Jerónimo”. R. P. FRANCISCO LOPEZ CUESTA. Madrid, 1613.
-“A comparison of the treatment of the figure of Saint Agnes in two medieval poems”. MARCIA MAE HINCKLEY. Universidad de Wisconsin, 1972.
-“Los santos del nuevo misal hispano-mozárabe”. Toledo, 1995.
-“Iconografía de los santos”. JUAN CARMONA MUELA. Madrid, 2003.
-“Prudentius”. Volume II. HARVARD UNIVERSITY, 1953.
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914
-http://www.documentacatholicaomnia.eu/03d/0339-0397,_Ambrosius_De_Virginibus_Ad_Marcellinam_Sororem_Sua_Libri_Tres_%5BSchaff%5D,_EN.pdf
-“Sancta Agnese, nella tradizione e nella legenda. P. FRANCHI DE CAVALIERI. Roma, 1899.
- http://meditacionestrinitarias.blogspot.com.es/2013/01/santa-ines-segundo-dia-de-la.html


A 21 de enero además se celebra a San Patroclo de Troyes, mártir.

miércoles, 20 de enero de 2016

San Fechin, abad.

San Fechin de Fore, abad. 20 de enero.

San Fechin predicando.
Parroquia Santa María.
Ballinrobe
Su leyenda fue escrita en el siglo XII, a partir de tradiciones locales, y esto, tratándose de santos, ya se sabe… Y más de santos irlandeses. Esta leyenda nos cuenta que Fechin vivió en el siglo VII, y nació en Billa, parroquia de Ballysodare. Era hijo de Coelcharna, descendiente de Eochad Fionn, hermano del rey Conn “de las Cien Batallas”, y su madre, Lassair, era de sangre real, aunque venidos a menos. Cuando creció fue puesto bajo la tutela de San Nathy de Achonry (7 de septiembre) para que le formase en las letras, ciencias y piedad. Cuando tenía siete años su madre le encomendó cuidase sus siete vacas y un ternero, pero como el niño estaba absorto en las cosas de Dios, un lobo se comió el ternero. Fechin le amonestó y haciendo la señal de la cruz, le ató como si un perrillo fuera, y desde entonces le acompañaba y protegía a las reses de los otros lobos.

Muy joven aún fue ordenado sacerdote, y luego de esto se retiró a un lugar solitario en Fore, Westmeath, para vivir como ermitaño. En un principio quería vivir solo, pero llegó a tener muchos discípulos, por lo que fundó un monasterio en los que juntó hasta trescientos monjes. También fundó otro monasterio en la isla de Immagh, en la costa de Galway. Allí sus monjes se volcaron en la evangelización de los habitantes de la isla, sumidos en el paganismo. No fue tan fácil, pues incluso llegaron los paganos a tirar al mar las herramientas con las que construía el monasterio, pero milagrosamente el mar las devolvía. No les daban alimentos, ni les dejaban sembrar, o si sembraban, les destruían lo sembrado, para que desistieran. Pero el celo apostólico podía más que todo y los monjes perseveraron. Incluso algún monjes murió de hambre, pero Fechin lo resucitó. Finalmente, Guaire, rey de Connaught, les envió provisiones y mandó no fueran molestados. Poco a poco, predicando, dando ejemplos y realizando milagros, los convirtió y los llevó a Cristo.

Era penitente y entregado a la oración. Imitaba a San Patricio (17 de marzo), que solo ingería pan y agua, y oraba 100 veces al día. Las noches de lluvia o heladas salía al exterior para penitenciarse más aún. Además, ponía un cántaro de agua sobre una piedra y sostenía esta a la altura del pecho mientras se arrodillaba al sol, obligándose a no derramar ni una gota de agua, mientras salmodiaba. Su influencia fue muy grande con los reyes y príncipes de su tiempo, imponiendo paz, aconsejando, amonestando. Su palabra era obedecida y varios reyes y nobles enmendaron sus vidas por sus consejos. Varios milagros realizó el santo. Uno de estos portentos fue horadar milagrosamente una roca, de la cual brotó un manantial para hacer funcionar el molino del monasterio. Un día, halló un leproso y venciendo su repugnancia, lo besó y llevó a la reina, para que ella lo atendiera como si fuera el mismo Cristo. Esta le lavó las llagas y al tomar el lienzo usado, vio había dos piedras de oro, desapareciendo el leproso en ese momento, pues el mismo Cristo era.

Murió Fechin el 20 de enero de 665, en una peste terrible que arrasó Irlanda, teniendo sobre los ochenta años. En Billa se conserva una piedra con impresiones en forma de mano, y que la leyenda quiere sea la huella de la mano de Lassair, que se sujetó a la piedra cuando le dieron los dolores de parto. Era devoción recostar la espalda contra la piedra para sanarse de los dolores de lumbago.



Fuentes:
-“History, antiquities, and present state of the parishes of Ballysadare and Kilvarnet”. Rvdo. TERENCE O'RORKE. Dublín, 1878.


A 20 de enero además se celebra a 

Beato Ángelo Paoli, presbítero carmelita.
 San Sebastián, mártir.

sábado, 16 de enero de 2016

San Cosme el Meloda

San Cosme el Meloda, obispo.  16 de enero y 14 de octubre (Iglesias Orientales).

Nació Cosme en Jerusalén, y quedó huérfano a edad temprana y los padres de San Juan Damasceno (4 de diciembre y 7 de mayo) le adoptaron. Ambos crecieron juntos, y tuvieron la misma educación esmerada, por parte de un maestro llamado Cosme al que el padre del Damasceno había liberado de la esclavitud sarracena. Fueron versados en filosofía, gramática, música y astronomía. Juntos entraron en las lauras de San Sabas (5 de diciembre), donde crecieron en la virtud y la vida interior. Además, compartieron el gusto por la música, la poesía y la liturgia, para la cual compusieron varios himnos. Ambos compusieron himnos, canciones y cantos litúrgicos. Los dos fueron defensores de la enseñanza de la Iglesia frente a los iconoclastas. En definitiva, ambos se alentaban y corregían uno al otro en el servicio del Señor.

En 743 Cosme fue consagrado obispo de Maiumas, Gaza, en contra de su voluntad. Como obispo cuidó, mimó la liturgia de su catedral y territorios, e investido de esta autoridad, continuó sus composiciones para la Iglesia. En origen estaban dirigidas a la iglesia jerosolimitana, pero su profundidad teológica y su belleza los llevaron a Constantinopla, y por la influencia de la Iglesia bizantina, se hicieron de uso común en la Iglesia Ortodoxa Griega. Aunque hay que decir que no todos los himnos que se le atribuyen son de su autoría. Catorce canon litúrgicos al menos sí que son suyos. Los canon son un tipo de himno introducido en la liturgia por San Andrés de Creta (4 de julio). Además, escribió comentarios a las Escrituras y a las obras de San Gregorio Nacianceno (2 de enero). Sobrevivió a Juan Damasceno muchos años y murió siendo muy anciano, alrededor de 790. La Iglesia Ortodoxa le llama "depósito de la gracia divina", "gloria de la Iglesia", "arpa del Espíritu Santo".

Y les dejo con uno de sus himnos más célebres, el “Axion Estin”, en honor de la Madre de Dios:



Fuentes:
http://www.granadafestival.org/fileadmin/2012/Notas_al_programa/23_Junio_-_Coro_Bizantino.pdf
http://www.antiochianarch.org.au/stCosmas.aspx


A 16 de enero además se celebra a  
San Pablo y 36 compañeros mártires.
San Jacobo de Tarantasia, obispo

viernes, 15 de enero de 2016

Si dormía, no le dejaban dormir.

San Alejandro el Acemeta, abad. 15 de enero.

La "vita" de Alejandro la escribió un discípulo suyo, así que nos llega de primera mano. Un tanto adornada y en estilo hagiográfico, pero válida. Según esta, Alejandro era asiático y se educó en Constantinopla y aunque parecía que se inclinaría hacia el estado clerical, entró al ejército, alcanzando grados militares. Nunca abandonó la lectura de las Escrituras y precisamente, cuando se preguntaba qué hacer con su vida espiritual, leyendo el Nuevo Testamento vino en su ayuda con la frase de Jesús al joven rico: "si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme" (Mateo 19, 21). Y fue lo que hizo nuestro Alejandro, vendió sus bienes, socorrió a los más necesitados y se internó en las soledades de Siria, donde vivió siete años en el desierto. Allí estuvo hasta que el celo apostólico le llevó al mundo. Entró en Edesa y habiendo una fiesta en honor de los dioses locales, incendió el templo. Por supuesto que fue capturado y llevado ante Rábulo, el gobernador, el cual le libró de las turbas airadas, metiéndole en la cárcel para juzgarle con calma y sin el calor del momento.

Todos los días Rábulo hacía ir a su presencia a Alejandro, para oír su doctrina. Alejandro le enseñaba la verdad que enseñan las Escrituras. Un día que leía el ciclo de San Elías (20 de julio; 12 de enero, la Ascensión al Paraíso, y 20 de junio, traslación de las reliquias a Constantinopla), leyó como el santo profeta hizo caer fuego del cielo para consumir su sacrificio (1 Reyes, 18). Al oír este pasaje Rábulo le dijo "Esos son cuentos. Si el Dios del que hablas ha hecho esas maravillas entonces Él podría obrar ahora. Clama a Él para que envíe fuego la tierra para que yo pueda ver y creer". Al instante, lleno de confianza, Alejandro, se volvió hacia Oriente, extendió sus brazos y oró a Dios. Entonces cayó fuego del cielo y consumió las esteras que habían sobre el suelo, sin dañar nada más. Y el gobernador dijo: "El Señor es Dios, el Señor es Dios!" Fue bautizado con toda su familia y esclavos. Además, renegó públicamente de la idolatría rompiendo todos los ídolos que había en sus casas. Posteriormente consagrado obispo de Edesa, y sería un gran apologeta de la fe cristiana.

Luego de esto Alejandro se fue al desierto, pues se había enterado de una banda de ladrones, y quiso salvar sus almas, como Jesús en la cruz había salvado al ladrón. Merodeó por el desierto hasta que los mismos ladrones le atraparon. Y no perdió el tiempo, pues les predicaba a tiempo y destiempo, logrando se arrepintiesen de sus pecados y quisieran cambiar de vida. Para empezar, Alejandro les bautizó. Cuando bautizaba al jefe de los ladrones, Alejandro vio que este musitaba unas palabras, y le preguntó que era aquello que rezaba. El ex ladrón le dijo: "He sido un gran pecador, y temo que mis viejos hábitos regresen. Pedí a Dios que, si era su voluntad, me dejara en paz, ahora que mis ojos han visto su salvación" (Cf. Lc. 2, 22-32). Y Dios, para salvarle del todo, lo llevó consigo a los ocho días del bautismo, vestido aún con la vestidura blanca que conservaba puesta. Alejandro quedó, de alguna manera, como jefe de aquellos cincuenta antiguos ladrones y neófitos, por lo que, para cuidar de su nueva fe y su vida espiritual, convirtió en improvisado monasterio la guarida de los ladrones. y allí, donde antes sólo había paganismo, peleas y delitos, ahora había una comunidad unida en el amor a Dios y entre ellos. Se iniciaron en el ayuno, la oración y la predicación en las aldeas y ciudades cercanas.

En Palmira, ciudad cristiana, les ocurrió que los habitantes cerraron las puertas de la ciudad, diciendo que esa gran cantidad de monjes devoraría todos los productos del mercado, y cómo vivían de limosnas, les arruinaría. Entonces Alejandro y sus monjes se detuvieron fuera de la ciudad durante tres días, y la gente pagana de alrededor les traía comida, que los monjes aceptaron y pagaron con el alimento de la Palabra de Dios, convirtiendo a muchos. Después de que Alejandro constatase que no les dejarían fundar su monasterio allí, tomó los Evangelios y gritó: "¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad". Y partieron todos hacia Antioquía, donde Pedro, hermano de Alejandro, era abad de un gran monasterio. Al llegar, el portero vio tantos monjes y dijo a Alejandro que esperasen fuera, que preguntaría al abad para que este les diese permiso de entrar, o no. Pero Alejandro se metió en el monasterio y fue tras él a la habitación de su hermano, que se echó a sus brazos. Pero Alejandro dijo: "Nuestro padre Abraham salió él mismo a recibir los extranjeros y los invitó a entrar, y nuestro Señor Jesucristo exhortó a sus seguidores a mostrar hospitalidad, pero tú echas fuera a los caminantes, ¡y crees que haces un favor al admitirlos!" Y se volvió, negándose a comer en el monasterio de su hermano. Además, tuvo problemas con el obispo Teodoto, que tampoco quiso permitirle la fundación en la ciudad de Antioquía, así que Alejandro y los monjes acamparon a las afueras de la ciudad y comenzaron a orar y cantar, atrayendo a los antioquenos, que les condujeron a una antigua casa de baños, donde les establecieron. Allí Alejandro fundó un hospital para atender a los enfermos y pobres. Pero poco le duró la paz, pues un diácono de la iglesia de Antioquía, llamado Malco, hizo barullo con otros clérigos, que protestaron ante el obispo y el gobernador por permitir que aquellos ladrones se establecieran en la ciudad. Y se fue el diácono y sus adeptos al recién fundado monasterio y Malco gritó a Alejandro: "¡Sal fuera, tú bribón!" Alejandro solamente citó el Evangelio diciendo: "El nombre del criado era Malco" (Juan 18, 10). Y entre todos les sacaron de la ciudad a pesar del pueblo. Y sin embargo, salieron más de los que entraron, pues muchos hombres de la ciudad se les unieron para profesar la vida monástica.

Todos se dirigieron a Crithene, donde veinticuatro monjes de Alejandro se unieron al monasterio que allí había, donde se vivía observantemente. De allí se fue a Constantinopla, seguido de trescientos monjes. Fundó un monasterio con la regla de San Basilio en Gomon, Bósforo, cerca Constantinopla. Alejandro estableció seis turnos de coro, divididos en monjes griegos romanos, y sirios que se sucedían uno a otro. Cada coro cantaba la salmodia dos veces al día durante dos horas. Así completaban las veinticuatro horas del día y a toda hora se alababa a Cristo, permaneciendo vigilantes los monjes, como las vírgenes que esperan al Esposo. Este modo de orar incesante, hizo correr la creencia que aquellos monjes eran acemetas, o sea, que no dormían nunca, pues siempre estaban en el coro. En Constantinopla estuvieron un tiempo, pero su modo de vida y su pasado agradaba a pocos. Así que los poderes civil y eclesiástico intervinieron y se disolvió el monasterio. Alejandro y los monjes fueron encarcelados y golpeados y maltratados en diversas formas. Al ser liberados, volvieron a reunirse y formaron una comunidad monástica, retomando su vida “insomne”. Se desconoce cuando murió Alejandro, que fue sepultado en el monasterio y su tumba se veneró durante siglos, hasta la caída de Constantinopla, cuando el monasterio fue saqueado y destruido. Ni siquiera la historia fue leal con Alejandro, pues muchos tuvieron a San Marcelo Studita (29 de diciembre) como el fundador de los acemetas, los cuales desaparecieron en el siglo VI.


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 


A 15 de enero además se celebra a 
San Bonet de Clermont, obispo. 
San Erembert de Arras, obispo

miércoles, 13 de enero de 2016

De una conversión y dos martirios.

Santos Hermilo y Estratónico de Sigidon, mártires. 13 de enero.

Martirio de Santos Hermilo y Estratónico.


Sus Actas, que San Simeón Metafrastes (27 de septiembre) amplió y embelleció, son tardías (del siglo VI según Delahaye), aunque su culto es muy anterior. Son estos de los mártires que alcanzaron la palma del martirio luego de la paz de Constantino, que por supuesto no se impuso de un día para otro, ni al mismo tiempo en todo el Imperio, ni todos los gobernadores locales la aplicaron al unísono. El cuñado de Constantino,  emperador Licinio, presidente en Sigidunum (Belgrado), a orillas del Danubio, era uno de los que no veía bien la tolerancia con el cristianismo, luego del Edicto de Milán de 315. Ese mismo año de 315 vivía en la ciudad el diácono Hermilo, el cual fue llevado a la presencia de Licinio. Este le preguntó si era cristiano, a lo que Hermilo respondió: "No sólo me reconozco como cristiano, sino he sido consagrado diácono al servicio de Dios". Licinio insistió, e hiriéndole las mejillas, le dijo: "No seas tan suelto de lengua, Hermilo. Honra el Emperador, sacrifica a los dioses, y salva tu vida". Y Hermilo respondió clamando: "Tú sí que soportarás tormentos sin fin de la mano de Dios, porque adoras ídolos vanos, y procuras destruir los que sirven al Dios vivo, envidioso de su superioridad".

Luego de estas palabras fue llevado de vuelta a la cárcel y después de tres días fue llevado de nuevo al tribunal. Licinio le volvió a reconvenir y asustar con los tormentos, y Hermilo le replicó: "Estoy dispuesto a soportarlos. Hay un Dios en el cielo por el que yo vivo, y por el cual estoy dispuesto a morir. Él me socorrerá". "Pronto veremos cómo te auxilia en tu tormento", dijo Licinio, y ordenó que fuera azotado. Entonces seis hombres le echaron en el suelo, le desnudaron, y le azotaron. Pero Hermilo exclamaba: "¡Oh Señor, Dios mío, que ante Pilato soportaste el flagelo, fortalece mi sufrimiento por ti, para que yo acabe mi carrera, y que, haciéndome partícipe de tus sufrimientos, m también pueda participar en tu gloria". Entonces le habló un ángel desde el cielo, que le dijo: "¡De cierto, de cierto, Hermilo, en tres días has de recibir una recompensa gloriosa!" Y, espantados por aquello, los soldados le regresaron a la prisión. Allí le tocó ser custodiado por el carcelero Estratónico, que era cristiano aún en lo oculto. Se conocían de las celebraciones y eran amigos. Ambos se consolaron y oraron juntos.

Al día siguiente Licinio mandó le llevasen a Hermilo de nuevo, y mandó le golpeasen el estómago, los costados y la espalda con una vara con nudos. Pero el mártir permanecía inquebrantable, por lo que le sometieron al tormento de los garfios de hierro, que desgarraban su piel y carnes. Entonces, Estratónico, incapaz de soportar la visión de los sufrimientos de su amigo, se cubrió el rostro con las manos y se echó a llorar. Al ver esto, los soldados que estaban junto a él se burlaron, y llamaron la atención de Licinio, que le preguntó que lágrimas eran aquellas. "¡Señor!" – respondió Estratónico – "Yo soy cristiano, creo en Dios, Creador del cielo y de la tierra". Entonces Licinio ordenó que lo azotaran. Y Estratónico, mirando a su amigo, le dijo: "¡Hermilo, ruega por mí a Cristo, para que sea capaz de soportar los tormentos!" Cuando vio Licinio que Estratónico estaba cubierto de heridas, ordenó a los verdugos que se detuvieran y mandó a ambos a la cárcel. A la mañana siguiente, al ver que ambos atletas de la fe permanecían fieles a Cristo, ordenó que los ahogaran en el Danubio. Fueron envueltos en redes y arrojados al río. Tres días después sus cuerpos fueron hallados, y enterrados piadosamente por los cristianos. En fecha incierta, las cabezas fueron trasladadas a la iglesia de Santa Sofía en la misma ciudad de Belgrado. Los martirologios griegos recogen su memoria a 13 de enero, y a pesar de padecer en Occidente, no entraron al martirologio romano sino por el de Usuardo, que los tomó de Oriente, en el siglo IX.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 13 de enero además se celebra a la  
Beata Ivette o Jutta de Huy, reclusa.
San Kentigern de Glasgow, obispo.

martes, 12 de enero de 2016

El Apologeta de León.

San Martín de León, presbítero. 12 de enero.

Aparición de San Isidoro
a San Martín.
Nació Martín en León, España, hacia el año 1130. Su padre, Juan, y su madre, Eugenia, eran cristianos piadosos y muy caritativos con los pobres, con los que compartían todo lo que tenían. Su madre falleció cuando Martín apenas era un niño y tomó el hábito regular en el monasterio de San Marcelo, de clérigos que profesaban la Regla de San Agustín, renunciando a todo bien particular y teniendo oración en común. Juan llevó consigo a su hijo, que se educó como un clérigo más. Aprendió la liturgia, latín, las Escrituras, etc. No se sabe en que año Martín recibió el subdiaconado, pero ya siendo clérigo le hallamos visitando los lugares devotos y santuarios de Asturias y Galicia. Luego peregrinó a Roma, San Miguel in Monte Gargano y Bari, los tres sitios más venerados de la península itálica de aquella época. De Bari se embarcó hacia Tierra Santa, donde sirvió en un hospital de Jerusalén. Visitó y compartió con los monjes orientales y de allí se fue a Constantinopla, capital del Imperio bizantino. 

Antes de volver a España, visitó París e Inglaterra. En la primera, cursó estudios de filosofía y teología. En Beziérs fue acusado de ladrón a causa de llevar una bellísima casulla bizantina que había comprado en Constantinopla y que pensaba regalar a su monasterio. Una hereje cátara le ofreció salvarle de la prisión si destrozaba la pieza y renegaba de la verdad católica, acogiendo la herejía de los cátaros. El santo le respondió: "Apártate de mí, mala mujer, que prefiero morir mil veces, que ser ensuciado en el barro de tu herejía", con lo que la mujer le pegó una bofetada y al momento se manifestó el demonio que en ella moraba, comenzando a golpearse ella misma, gritando y contorsionándose, con lo que la santidad de Martín quedaba atestiguada. Además, en ese momento un caballero se presentó en la ciudad, aportando documentos que demostraban quien era aquel prisionero. Una vez liberado, ambos salieron de la ciudad y cuando nadie les veía, el caballero le reveló que era su ángel de la guarda, le mandó volver a León y desapareció. 

En 1185 regresó al monasterio de San Marcelo y, como los canónigos habían pasado de regulares a seculares, pidió su entrada en el de San Isidoro, donde recibió el diaconado y presbiterado. Eligió una celda apartada de todos para dedicarse al estudio y la oración. Una leyenda algo estrafalaria dice que al santo se le resistían las Escrituras, por lo que un día se le apareció San Isidoro (4, 26 de abril y 20 de diciembre, traslación de las reliquias) y le dio un libro para que comiera. Como era día de ayuno, Martín puso reparos, pero el santo obispo le obligó a comerlo, con lo cual Martín fue ilustrado inmediatamente de todos los misterios de la fe y la Biblia. En fin… Era un canónigo ejemplar, siempre humilde y obediente, el primero en cumplir la regla. Su amor por los estudios le llevó a ser un fructífero escritor de sermones y tratados espirituales, generalmente situados alrededor del año litúrgico. También comentó las Escrituras e hizo alguna apologética de la fe católica contra los judíos. Para toda su labor se valió de siete amanuenses cuyo sueldo pagaba la misma reina Berenguela, apasionada seguidora del santo y su obra. "Hay que mantener en el corazón limpieza, verdad en los labios, y discreción en las obras". "Si amáis a Cristo de todo corazón, medite vuestra mente en la Sagrada Escritura, y se ejerciten vuestras manos en las buenas obras". "Procurad, hermanos, que el veneno de la discordia no engendre odio entre nosotros, no sea que corrompa y aniquile la dulzura de la caridad". Estas son algunas de sus enseñanzas. 

Relicario de la mano del Santo.
También realizó varios milagros, como sanaciones de dolor de muelas, abscesos, partos difíciles, etc. A finales de 1202, sintiéndose morir, pidió la comunión, que recibió de rodillas a pesar de su enfermedad. Apenas fallecido, el 12 de enero de 1203, la noticia se extendió por todo León, atrayendo a muchos a sus funerales, que fueron muy sentidos. Fue sepultado en la iglesia de San Isidoro. El 12 de enero de 1513 se hizo una elevación y traslación de las reliquias, hallándose el cuerpo momificado y las vestiduras sacerdotales en muy buen estado. Lamentablemente, al tocarle, el cuerpo se deshizo del todo, salvo su prolífica mano derecha. El 12 de enero de 1576, se extrajo esta mano y fue colocada en un relicario aparte, que se venera públicamente el día de su fiesta. Otra tradición le hace dueño de la barrica de vino más antigua del mundo y que aún se guarda celosamente en San Isidoro de León, y de la que solo se extrae vino el Jueves Santo.


Fuentes:
-"Nuevo Año Cristiano". Tomo 1. Editorial Edibesa, 2001.
-"Historica et Philologica". JUANA TORRES. Universidad de Cantabria, 2002.
-"Semblanza de Santo Martino: Peregrino de la Vida y del saber". P. DEL CASTILLO. Alicante, 2008.


A 12 de enero además se celebra a  
Santos Tigrio y Eutropio, mártires.
San Arcadio, mártir