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sábado, 31 de diciembre de 2016

De Zamora a Córdoba, y luego al cielo.

Santo Domingo Jáñez, mártir. 31 de diciembre.

Sobre este santo, aunque se tienen noticias, algunas son legendarias, siendo lo más probable que en lugar de un mártir por la fe, se trate de algún soldado, del que desconocemos su fe o falta de ella, que fue asesinado por los musulmanes, y cuyo sepulcro con el tiempo se confundió con el de un mártir de la fe, comenzando así su culto.

Según su leyenda, fue natural de la ciudad de Zamora, donde comenzó la carrera militar. se destacó en su defensa de la fe frente al Islam, liberando a muchos cautivos cristianos de los musulmanes. Se hallaba Domingo en la ciudad de Simancas cuando los mahometanos invadieron dicha ciudad. Asesinaron a muchos, saquearon la ciudad e hicieron varios cautivos, entre ellos a nuestro santo. Volvieron los moros a Córdoba, adonde llevaron los esclavos. Allí reinaba Isen, el cual mandó encerrar a Domingo en una cárcel lóbrega. Dos años y medio padeció Domingo los maltratos, castigos e inducciones para que abandonara a Cristo. Su mujer, llamada Violante, le siguió a Córdoba, donde intentó rescatarle, pero no pudo. Tampoco podía pagarlo, pues el rey Ramiro III de León se había hecho con sus bienes para sufragar la campaña contra los moros.

Resignación era lo que quedaba a ambos esposos y a los demás cristianos, esperando de la misericordia de Dios, y esta les llegó en forma de martirio: el 31 de diciembre de 985, viendo los moros que no lograban rescate por los prisioneros, los degollaron a todos. Luego de la muerte del rey Ramiro, subió al trono el rey Bermudo, quien sí se interesó por los cautivos cristianos en Córdoba. Pero era tarde, ya habían sido muertos. Bermudo entonces, no queriendo poseer los bienes de Domingo, con los que habría podido salvarse, de no ser por la usurpación de su predecesor, donó las posesiones del “mártir” a la iglesia de Compostela, para que sirviese para el culto del Santo Apóstol Santiago. Violante, luego de la muerte de su marido, quedó en Córdoba, donde se dedicó a las obras de piedad. Al fallecer un año más tarde, fue sepultada en la iglesia de Santos Acisclo y Victoria.

En 1236, reconquistada la ciudad por San Fernando III (30 de mayo), las reliquias de Domingo, ya tenido como mártir de la fe, fueron trasladadas a Zamora, donde se depositaron en una ermita.


Fuente:
-"Biografía eclesiástica completa". Volumen 5. Madrid, 1853.


A 31 de diciembre además se celebra a  
San Silvestre, papa
Santa Melania "la Joven", religiosa.

viernes, 30 de diciembre de 2016

La Traslación de Santiago.

La Traslación del Apóstol Santiago. 30 de diciembre.


Desembarco de las reliquias.
Sobre las reliquias de Santiago Apóstol y que tradicionalmente se creen en Compostela, mucho se ha escrito, y tal vez sea poco aún. Todos, detractores e incondicionales confluyen en una cosa: El sepulcro y las reliquias de Santiago han conformado el arte, la historia, la piedad, la asistencia y la caridad, etc., de toda Europa. Muchos más ilustres han escrito o a favor de la permanencia del cuerpo del santo apóstol y ellos remito. Por mi parte, solo me interesa contar la leyenda de la Traslación, cuya festividad la autorizó el papa Gregorio XIII, y Sixto V la extendió a todos los territorios hispánicos:

Después que el santo alcanzó el martirio en Jerusalén a manos de Herodes, ocurrió que los judíos para que los cristianos no sepultaran piadosamente al santo, arrojaron el cuerpo y la cabeza cortada por las murallas de la ciudad, para que los perros y las aves carroñeras lo devorasen. Tenía Santiago siete discípulos, conocidos como los Siete Varones Apostólicos, que son: San Torcuato (1 y 21 de mayo, y 14 de junio), San Tesifonte (1 y 27 de abril, y 3 de mayo), San Indalecio (15 de mayo), San Segundo (2 de mayo), San Eufrasio (13 de marzo), San Cecilio (1 de febrero) y San Hesiquio (15 de mayo). Estos siete, que habían predicado en España con Santiago, y con él habían vuelto a Jerusalén, tomaron de noche el santo cuerpo y se fueron al puerto de Joppe, adonde les guió un ángel. Allí se dieron cuenta que ni tenían barco, ni dineros, ni contaban con algo para trasladar el cuerpo lejos de sus enemigos. Pero el ángel les mostró un barco silencioso, que aparecía ante ellos preparado para zarpar, aunque sin capitán, ni remeros, ni gente alguna. Los santos, confiando en la Providencia, subieron al barco, que se puso en movimiento enseguida, movido por los ángeles.

Hallaron tiempo apacible todo el tiempo, como Dios lo había dispuesto. Atravesaron el Mediterráneo y salieron al océano por Gibraltar, tomando al norte bordearon la península ibérica para llegar a lo que hoy se conoce como Finisterre, al puerto de Iría Flavia, donde el barco se detuvo tan misteriosamente como había comenzado a navegar. Allí desembarcaron los siete discípulos de Santiago con sus reliquias, conociendo por revelación divina, que debían adentrarse en el continente, pues allí no estarían seguras las reliquias. Y se encaminaron a un sitio llamado Liberum Domum y que, con el tiempo, se llamaría Compostela. Hallaron una cueva en la que había un ídolo, que derribaron, hallando luego algunos instrumentos con los que labraron algunas piedras para edificar un sepulcro y una capilla en la caverna. Y con la columna sobre la que el apóstol había sido decapitado y el ara que Santiago había usado en Jerusalén, que las habían trasladado también, edificaron un altar para celebrar el Santo Sacrificio.


Santiago Apóstol.
Guido Reni.
Una vez sepultado el apóstol, los santos designaron a dos discípulos, llamados Teodoro y Atanasio, para que quedaran custodiando y venerando las reliquias de Santiago. Además, predicaban a Cristo a los habitantes de la zona. Los siete varones, por su parte, se dispersaron por toda la península para evangelizarla. Pasó el tiempo y murieron los dos custodios, que fueron sepultados junto a Santiago, como habían pedido a los discípulos que habían hecho mediante sus predicaciones.

Y pasaron los siglos, los hombres, las guerras y las enfermedades… y del sitio del sepulcro de Santiago se perdió memoria. Una espesa selva cubrió la cueva y pasaron 8 siglos, hasta que ocurrió la Invención de las reliquias del apóstol, pero eso ya lo podéis leer en su día, la séptima kalenda de junio, es decir, a 26 de mayo:
La Invención de Santiago Apóstol.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Diciembre. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.

A 30 de diciembre además se celebra a
San Eugenio de Milán, obispo.
San Anisio de Tesalónica, obispo.

Y además

De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de San Phantalo
La Traslación de los Reyes Magos.
La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.
La Traslación de Santo Tomás de Aquino.
La Traslación de San Mateo Evangelista.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.
La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.
La Traslación de San Juan de la Cruz.

jueves, 29 de diciembre de 2016

De Santos Reyes (XIII): San David de Jerusalén.

San David de Jerusalén, rey. 29 de diciembre. 

Infancia y elección.
Nació David en Belen, y fue el hijo menor de San Jessé (4 de noviembre), en la tribu de Judá. Era aún pequeño cuando el profeta San Samuel (20 de agosto) tuvo la revelación divina sobre que debía elegir por rey a uno de los hijos de Jessé. Les fueron presentados, pero Dios fue revelando a Samuel que ninguno de ellos era el elegido. Como era David el pequeño, no le tenían en consideración y ni le habían llamado. Al preguntar Samuel por él y decirle que estaba con las ovejas, mandó buscarle. Llegó David, de 15 años, rubio y hermoso. Y Dios dijo a Samuel que era ese el elegido. Y el santo profeta, en presencia de su padre y hermanos, le ungió. No nos dice la Biblia si Samuel reveló a todos el carácter de aquella unción, o si al menos lo reveló en secreto a Jessé o al mismo David, que continuó su vida ordinaria de pastor, aunque ya había sido marcado como rey para los israelitas.

Tenía ya rey Israel, llamado Saúl, del cual la Escritura dice estaba poseído por un mal espíritu que le hacía padecer. Sus pecados y vilezas le atormentaban y le causaban males de ira, tristeza y melancolía. Le dijeron sus cortesanos sobre un joven, hijo de Jessé, que tocaba el arpa como nadie, y que su música podía calmarle sus nervios. Saúl le llamó junto a sí y apenas David tocó el arpa, Saúl quedó en paz, y cada vez que el demonio le desesperaba, mandaba llamar a David, que le serenaba con su música celestial. Y Saúl tomó gran cariño a David, le hizo su escudero y no se separaba nunca de él.

David y Goliat.
Cuando Saúl se fue a la guerra con los filisteos, David volvió a su ocupación de pastorcillo. Tres de sus hermanos se habían ido a la guerra y, pasado un tiempo, Jessé mandó al niño a que llevara algunas provisiones a sus hermanos. Allí supo David de la causa de la resistencia filistea: un gigante llamado Goliat, que era invencible. Además, desafiaba a los israelitas a que lucharan solo con él, y quien venciera dominaría a ambos pueblos. Pero ni aunque el rey había ofrecido a su hija y numerosos bienes en recompensa, ningún hijo de Israel había dado el paso al frente. Y lo hizo David, el cual, aunque niño, ya había enfrentado al peligro y la muerte luchando con osos y leones por defender sus rebaños. Sin embargo, David rechazó las armas, por no saber usarlas y solo con su cayado y una honda se plantó ante el gigante filisteo. Este le gritó: "Acaso soy un perro para que vengas contra mí con un palo? Ven aquí, y yo daré tus carnes a las aves del cielo, y a las bestias de la tierra". "Vengo" – respondió inspirado David – "en el nombre del Señor de los ejércitos, del Dios de los escuadrones de Israel, a los que has insultado hoy, y con su favor te mataré y cortaré la cabeza. Y con tu cuerpo sucederá lo que has dicho del mío, pues será alimento de aves y bestias". 

El gigante respondió lanzándose contra David, pero este solamente tomó una piedra de su zurrón, y con su honda la lanzó certeramente a la frente descubierta de Goliat, que cayó herido a tierra. Luego David corrió hacia él, le quitó su espada y le degolló. Los filisteos huyeron despavoridos y Saúl aprovechó esta ventaja para perseguirles. David por su parte, ofreció la espada de Goliat frente al Arca de la Alianza y llevó a Jerusalén la cabeza. Saúl le recompensó con grandes bienes, le encomendó ejércitos, mas no le dio a su hija mayor, como había prometido. Pero la mayor recompensa fue la amistad de San Jonatán (10 de agosto), el hijo de Saúl. Este le tomó gran cariño a David desde el primer momento, pues le entregó su capa y vestido de príncipe, y sus preciosas armas. No tuvo David amigo tan fiel y cariñoso con él como Jonatán. 

David y Jonatán.
Saúl contra David.
Sin embargo, poco le duró a Saúl el agradecimiento y el cariño. Pronto los celos y el temor a ser destronado le invadieron. Cada vez que el pueblo cantaba: "Saul hirió a mil, y David a diez mil" era como si una espina le atravesara. Y por ello el espíritu inmundo le poseyó de nuevo. Y ya no eran los tiempos en los que el arpa de David le calmaba, sino al contrario, aquella música le enervaba más, pues veía frente a él no a un siervo fiel, sino a un enemigo. Y eso que no sabía de lo de la unción de Samuel. 

Como dije, Saúl no le entregó a su hija Merob, sino que la casó con Hadriel, hijo de Berzelay. David no protestó por ello, e incluso prefirió a Mical, la segunda hija. Pero Saúl antes de dársela, urdió un plan para deshacerse de él. Pidió a David le trajera 100 cabezas de filisteos, para tomar más venganza de sus enemigos, y luego le casaría con Mical. Quería Saúl que David muriera a manos de sus enemigos y no de las suyas propias, lo que sería un escándalo. Y David no le trajo 100, sino 200 cabezas cortadas, con lo cual Saúl tuvo que cumplir y entregarle a Mical. Tanto llegó el odio de Saúl a David, que mandó llamarle para matarle él mismo sin más, pero Jonatán avisó a David, el cual se alejó de la corte. También recriminó Jonatán a Saúl su conducta, pues debía agradecer a David su victoria sobre los filisteos, y su fidelidad, diciéndole que sería gran pecado contra Dios procurar la muerte de tan fiel siervo. Y Saúl se calmó, con lo que David regresó junto al rey, sin rencores.

Pero nada, que el demonio no daba tregua a Saúl, el cual, después de otra victoria de David contra los filisteos y vendo el clamor popular por el otrora pastorcillo, volvió a odiar a David. Un día que este tocaba el arpa, le arrojó el rey una lanza, que David pudo esquivar y salvarse. Mandó Saúl que matasen a David sin más, pero Mical le ayudó a escapar descolgándolo por una ventana y simulando con una estatua de David que puso en la cama, dijo que estaba enfermo y en cama. Saúl mandó lo sacasen del lecho y lo llevasen a su presencia. Fueron los soldados, pero vieron el engaño. Saúl reprendió a Mical y ella dijo que David la había amenazado de muerte, y Saúl se calmó. En tanto, David se ponía a salvo.

David desterrado.
Se reunió David con Samuel y otros profetas en Ramata, adonde envio soldados Saúl a perseguirle, pero estos, oyendo a los profetas alabar a Dios, se llenaron de Dios e igualmente le alabaron. Tres veces pasó esto, hasta que fue el mismo Saúl en persona a matar a David, pero con solo llegar, le invadió el espíritu de Dios y, desnudándose, cantó y alabó a Dios con los demás. Entretanto David pudo escapar se reunió con y Jonatán, este le consoló e intercedió ante Saúl por su amigo, pero Saúl en respuesta amenazó a su propio hijo. Entonces huyó David a Nobe, donde le recibió el sacerdote Aquimelec, el cual, cual presagio, le dio de comer de los panes sagrados, de los cuales solo podían comer los sacerdotes. Igualmente el sacerdote le entregó la espada de Goliat, que David antes había ofrecido al santuario. Así, alimentado y armado, David se fue adonde el rey de Get, pero allí hubo de fingir ser un loco, porque le reconocieron como quien había ajusticiado a Goliat. 

Y se fue David a Judá, a unas cuevas solitarias, donde se le unió su familia y amigos, igualmente perseguidos por Saúl. Hasta 400 hombres llegó a juntar, que le aclamaron como caudillo. Allí se le unió Abiatar, hijo de Aquimelec, a quien Saúl hizo matar por socorrer a David con panes sagrados, como si de un ungido se tratara. Pero es que lo era.

David ante Saúl.
Saúl se reduce y David se fortalece.
Con esta oposición a David, Saúl solo fue ganando más enemigos y haciéndose más débil ante los filisteos. David iba ganando batallas y ciudades, mientras Saúl las perdía. En el desierto de Maon, Saúl cercó a David, pero los filisteos, al acecho siempre, aprovecharon y se metieron en Israel, con lo que Saúl tuvo que levantar el cerco e ir a defender sus tierras. 

Y aún más débil moralmente se volvía cuando en dos ocasiones David mostró la magnanimidad que Saúl no tenía, mostrándose así superior al rey ante el pueblo: en la primera ocasión entró Saúl a una cueva donde estaban David y sus seguidores. Tuvo la oportunidad de matarle mientras Saúl hacía de vientre, pero solo cortó un trozo de su manto, diciendo a sus fieles: "No quiera Dios que yo ponga la mano en el ungido del Señor". Apenas salió de la cueva Saúl, David hizo lo mismo y le dijo: "Mi rey y señor ¿Por qué das oidos a los que dicen de mí que busco tu daño? Ahora puedes ver si es así, pues Dios permitió hoy que vinieses a mis manos, y te pudiera matar, y no lo hice, porque no permita el Señor que yo levante mi espada contra ti, que eres mi rey, y el ungido del Señor. Echa de ver en tu ropa, que quien te cortó de ella este pedazo, te pudiera cortar la cabeza. Sea Dios juez entre los dos, y él me haga justicia. Mira, oh rey de Israel, a quien persigues, que no soy para contigo sino como un perro muerto". Saúl, conmovido, dijo: "Más justo eres tú que yo, porque tú no me has hecho sino bienes, y yo te he pagado con males: tú has mostrado hoy el bien que me has hecho, puesto que el Señor me ha entregado en tus manos, y no me has quitado la vida. Porque ¿quién es el que hallando a su enemigo desprevenido le deja ir sin hacerle daño? El Señor te de la recompensa por lo que hoy has hecho conmigo. Y ahora, sabiendo como sé que tú has de reinar y poseer el reino de Israel, júrame por el Señor que no extinguirás mi descendencia después de mi muerte, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre". Y se lo juró David, demostrando su esplendidez. 

Igualmente la demostró cuando fue despreciado por el rico Nabal, y escuchó las súplicas de Abigaíl, mujer de este, aplacándose y deponiendo su enojo. Esta acción valiente de la mujer, que salvó su hacienda, provocó que David la tomase como esposa cuando enviudó, que fue a los 10 días. Al mismo tiempo David se unió a Achinoam, con lo cual eran tres sus mujeres.

Pero no quedaba en paz Saúl, el cual, sabiendo que David estaba en el desierto de Zif, se fue con 3000 hombres a prenderle. Pero de nuevo David supo mostrarse dignamente: entró a la tienda del rey mientras dormía y en lugar de matarle, David se contentó con llevarse la copa y la lanza de Saúl. Cuando este supo lo ocurrido y viendo que David podía haberlo matado y no lo había hecho, dijo al santo: "He pecado: vuelve, hijo mío, que de hoy en adelante me guardaré de hacerte mal alguno, pues me has mirado con ojos de compasión". Pero David se fue con sus seguidores a Get, donde el rey le dio la ciudad de Siceleg. Desde allí asolaba a las tierras filisteas y amalecitas, una y otra vez, cada vez con más aciertos, cubriéndose de gloria. 

David, rey de Israel.
Entretanto, los filisteos invadieron Israel y Saúl les presentó batalla. En el campo cayó muerto el casto Jonatán y sus hermanos Aminadab y Melchisua. Y Saúl, viéndose á punto de caer en manos de sus enemigos, se arrojó sobre su espada y se suicidó. Un soldado tomó la corona y el brazalete del rey y los llevó ante David, al tiempo que se postraba ante él, diciéndole que él mismo había matado a Saúl, pues pensaba que alegraría a David. Pero este, espantado, mandó le mataran, por asesinar al verdadero rey. Y David, que tenía noble corazón, lloró la muerte de Saúl, componiendo un salmo que mandó entonar a todo Israel. Luego se dirigió a Hebron, donde los ancianos de la tribu de Judá, le ungieron públicamente, y le proclamaron rey. Pero las otras once tribus preferían a Isboset, hijo de Saúl, un príncipe pusilánime dominado por Abner, capitán de Saúl. Cinco años duró la guerra hasta que Abner le traicionó y los traidores Recab y Baana, mataron a Isboset, quedando David como único pretendiente al trono y sin faltar a la promesa hecha a Saúl de no exterminar a su descendencia.

30 años tenía David cuando comenzó a reinar. Derrotó a los moabitas, a los filisteos, a los sirios. Expulsó a los jebuseos de Jerusalén, la embelleció y amplió, y aunque quiso hacer un bello templo al Señor, el profeta Natán le dijo que ya lo haría un hijo suyo, como efectivamente lo hizo San Salomón (17 de junio). Trasladó allí triunfalmente el Arca de la Alianza, haciendo una hermosa procesión en la que él mismo bailó desnudo delante del Señor. Esta muestra de fervor le valió una burla de Mical, su primera mujer, a la cual Dios castigó con la esterilidad por dicha reprimenda.

David peca gravemente.
Estando David en Jerusalén, un día mientras se paseaba, vio bañarse a una hermosa mujer. Preguntó quien era y fue informado: Era Betsabé, mujer de Urías, uno de los principales oficiales de su ejército ye le había sido fiel mientras anduvo desterrado de Israel. David llamó a la mujer y ambos se hicieron amantes. Para poseerla plenamente, David cometió la bajeza de enviarle a lo más peligroso del cerco de Rabbac (Israel estaba en guerra con los amonitas) y que allí le dejasen solo para que lo matasen. Así pasó y David tomó por esposa a Betsabé, siendo la cuarta.

El profeta Natán, sabiendo aquello por revelación divina amonestó duramente a David diciéndole: "tenías muchas mujeres, Urías una sola, y se la quitaste, y encima le has dado muerte con la espada de los amonitas. En castigo de este delito dentro de tu casa habrá cuchillo que hiera y mate largo tiempo; y porque le deshonraste la mujer, aunque haya sido en secreto, no faltará quien en público y a vista del sol, deshonre las tuyas". Y David, compungido totalmente, reconoció su pecado e hizo penitencia por ello. Aún rezamos con sus palabras de arrepentimiento cada vez que rezamos el salmo 50. Natán, luego de constatar su arrepentimiento sincero, le dijo: "El Señor, que ve tu dolor, te ha perdonado tu culpa. No morirás, pero como has sido causa de que los enemigos del Señor blasfemasen contra él, morirá el hijo que te ha nacido de tu adulterio". Y aunque David oró e hizo ayunos y más penitencias, su hijo y de Betsabé murió a los 7 días de nacer. Su segundo hijo con Betsabé fue el gran rey Salomón, que reinaría tras David. 

David es afrentado y nuevamente reina.
Pero como había profetizado Natán, aún tenía David que sufrir la humillación pública: Su hijo Absalon mató a su otro hijo Ammon (ambos eran medio hermanos), que había violentado a la hermana carnal de aquel. Además, formó un ejército para destronarle cuando David tenía ya 60 años. Hubo de salir David de Jerusalén y Absalon entró a la ciudad y en medio de una plaza tomó a una por una a las diez concubinas de David. Así se cumplió como había dicho Natán: si David había deshonrado en secreto a la mujer ajena, otro deshonraría las suyas en público. Tuvo que padecer David destierro y humillaciones. Incluso fue apedreado por parientes de Saúl. Abisaí, su fiel capitán, quiso matarles, pero David le dijo, pacientemente: "Déjalo que me maldiga y afrente, que no se atreviera a hacerlo si el Señor no se lo mandara; el cual puede ser que me perdone y libre de este trabajo si sufriere yo pacientemente esta afrenta que tengo muy bien merecida". 

Al poco tiempo presentó batalla Absalón a su padre, atravesando el Jordán. David quería presentar batalla en persona, pero sus generales le guardaron para no exponerlo. Los ejércitos de Absalón fueron vencidos y él mismo halló la muerte cuando su mulo pasó bajo una encina y entre las ramas de esta quedaron sus cabellos entrelazados. Allí colgado le halló Joab y le mató, arrojándole luego a una sima. David, al saber de la muerte de su hijo clamó: "¡Hijo mio Absalon! ¡Absalon hijo mio! ¡¿Quién mediera morir en lugar luyo?!", pues le amaba tiernísimamente. Perdonó, además, a los que le habían injuriado en su desgracia y a las 10 concubinas las separó de su casa.

Últimos años, sucesión y muerte.
Pecó David nuevamente cuando movido por vanidad y soberbia forzó al pueblo a censarse, así que una vez hubo terminado, le remordió la conciencia y pidió perdón a Dios de su pecado. El profeta Gad le advirtió que si bien Dios le perdonaba, debía pagar por su culpa. Podía elegir entre la hambruna, la guerra o la peste. Pensó David para sí: "Si pido el hambre, a mí poco o nada me alcanzará; si pido la guerra, sucederán muchas crueldades y desafueros, de las cuales seré yo siempre quien más se libre". Así que dijo al profeta: "Prefiero la peste, porque mejor es caer en manos de Dios, cuya misericordia no tiene fin, que en las manos de hombres". Y la peste asoló Israel. David dejó las vestiduras reales y se puso un hábito de penitencia y oró por su pueblo para que Dios le castigara solo a él y no al pueblo. Levantó la vista y vio a un ángel con una espada sobre Jerusalén. Entonces Dios inspiró a Gad y este mandó levantar un altar donde se ofrecieron sacrificios de bueyes con los cuales Dios se aplacó, y cesó la peste inmediatamente en Israel.

David y Salomón.
Era viejo David cuando se casó con una quinta mujer: Abisag, que era muy joven y bella. En esa vejez le llegó el momento de nombrar sucesor. Él pensaba en Salomón, pero he aquí que Adonías se proclamó él mismo sucesor, haciendo para ello grandes festejos y sacrificios. El profeta Natán advirtió a Betsabé de aquel peligro y esta se quejó a David, pidiéndole que cumpliese su palabra: que Salomón, su hijo, seria rey. David llamó a los sacerdotes y profetas, a los que mandó arreglaran la coronación de Salomón cuanto antes. El profeta Sadoc ungió a Salomón y este entró triunfante en Jerusalén. Los que hacían fiesta con Adonías huyeron por piernas y este tuvo que prometer fidelidad a Salomón, el cual le prometió que le perdonaría si le juraba fidelidad. Después de esto, David se despidió de Salomón, ordenándole ser fiel al Señor de Israel. Así, a los 70 años y 40 de reinado falleció David, en el año 1011 antes de su descendiente Cristo, el Mesías. Fue sepultado en la ciudad de Jerusalen dentro del alcázar de Sion.

Culto.
La historia del rey David la podemos leer en las Escrituras en 1 Samuel, 2 Reyes y en 1 Crónicas. Los exégetas, Padres de la Iglesia y teólogos a lo largo de los tiempos le han hecho autor de los 150 salmos de la Biblia, pero la crítica moderna le concede la autoría de unos pocos. Algunos son muy posteriores a su tiempo. Desde muy antiguo se le han dedicado numerosas reflexiones y su figura siempre ha sido ejemplo de gracia y pecado, de esfuerzo propio frente a la voluntad divina. Desde el medievo su imagen es frecuente en las iglesias, en los coros catedralicios o monásticos, por su doble vertiente de músico y profeta. La memoria litúrgica del rey David es de las pocas que entró a la liturgia católica, de entre los santos del Antiguo Testamento, y se mantuvo durante siglos. 

El breviario carmelitano del siglo XVII le pone como santo propio. Santa Teresa de Jesús le tenía como santo de su devoción, y en ocasiones le dedica algunas palabras: 
"Esto (enorme gozo en la presencia de Dios) me parece debía sentir el admirable espíritu del real profeta David, cuando tañía y cantaba con el arpa en alabanzas de Dios. De este glorioso Rey soy yo muy devota y querría todos lo fuesen, en especial los que somos pecadores". (Vida 16, 4)

"Yo gusté mucho se fundase aquel día, por ser el rezado del rey David, de quien yo soy devota". (Fundaciones 29, 11). Se refiere a la fundación del monasterio de Palencia, a 29 de diciembre de 1580.


Fuentes:
-Biblia de Jerrusalén.
-Obras Completas Santa Teresa de Jesús. Ed. Monte Carmelo.


A 29 de diciembre además se celebra a  
San Maccuil, penitente y obispo
San Trófimo, obispo.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.

La Traslación de Santa Juana de Lestonnac, viuda fundadora. 28 de diciembre.

Muerte y funerales. 
Santa Juana de Lestonnac murió en Burdeos el 2 de febrero de 1640, a los 84 años y luego de una ardua vida desarrollada en el matrimonio, la fundación de la Compañía de María, dedicada a la contemplación y a la educación de las niñas. Así, el día de la Purificación de Nuestra Señora, día santo para las religiosas de la Compañía, puesto que renuevan sus votos religiosos, la Madre Juana voló al cielo. Su muerte y funerales estuvieron rodeados de varios acontecimientos prodigiosos, como la constante flexibilidad del cuerpo y la hermosura que este mostraba. Desaparecieron las arrugas y los ojos, que no le cerraron nunca, aparecían brillantes, como vivos. Los funerales duraron cuatro días, durante los cuales no hubo señal de incorrupción, y las religiosas, alumnas y pueblo pudieron venerar a la santa Madre. La Madre de Franc, superiora de la Casa de Burdeos, dirigió una circular a las comunidades de la Orden, en la que les dice: 
"El viernes, a las tres de la tarde, la pusimos en el féretro, y nuestra iglesia se llenó de tanta gente que, habiendo llamado músicos para cantar con nosotros los responsorios del Oficio de difuntos, no pudieron penetrar hasta el lugar destinado, y se vieron obligados a volverse. El siguiente día el P. Champeils, de la Compañía de Jesús, hizo la oración fúnebre, y concluyó exhortándonos que solicitáramos la beatificación de la Sierva del Señor. La iglesia y coro se adornaron con colgaduras blancas y orla negra, y en medio de éstas el escudo de la Orden, es a saber, el Nombre de María sobre fondo azul. Todo el mundo la aclama como santa. Para no faltar en cosa que pudiéramos hacer, hemos colocado su cuerpo en un sepulcro de piedra, levantado sobre dos pilares, en medio de la sepultura en que enterramos a nuestras religiosas difuntas, y por espacio de cuarenta días se ha dejado en nuestra iglesia una capilla decorada de negro". 

Es decir, que la Madre fue sepultada entre sus hijas, solamente se elevó un poco su sepultura, y se hizo de noche, cuando había menos público, estando presentes los vicarios episcopales Carón y Niat. En 1644 la Madre Rives, superiora del convento de Béziers, se abrió el sepulcro, pudiéndose contemplar una magnífica incorrupción del cuerpo, según el Acta Notarial levantada. En 1680 volvió a abrirse el sepulcro de la Madre Lestonnac y se le halló igualmente incorrupta. 

Profanación. 
En 1793, llegada la Revolución Francesa, terrible por sus excesos para con la libertad religiosa, la Asamblea Constitucional confiscó los bienes de las comunidades monásticas y religiosas. Las Hijas de Nuestra Señora, temiendo verse arrojadas de su convento-colegio de Burdeos, ya en septiembre de 1792 habían sacado a la Madre Lestonnac de su sepulcro y la habían colocado en la caja de un clavicordio, confiándolo al señor de Galathau, pariente de Juana de Lestonnac. Expulsadas las religiosas, confiaban en la protección de su preciada reliquia, pero defortunadamente la profanación no le fue ajena. El custodio de las reliquias fue detenido y al revisar la casa hallaron la caja de clavicordio en la que una nota lateral ponía: "Depósito de las Religiosas de Nuestra Señora". Así, pensando los revolucionarios, que serían cosas "peligrosas para la libertad" y se llevaron la caja a la Casa Consistorial. Allí la abrieron y vieron sorprendidos su contenido.

Los revolucionarios no saben que hacer con aquel cuerpo desenterrado que luego de 173 años se mantiene incorrupto y flexible. Algunos temen, otros se desentienden. Así, inexplicablemente queda expuesto el cuerpo de Juana de Lestonnac en la Casa Consistorial, y se da lo que fue un auténtico peregrinaje de devotos. Algunos se llevan trozos del hábito y las carnes. Debió ser un espectáculo medio devoto medio esperpéntico, que muestra precisamente lo surrealista de la Revolución Francesa: A la par que las iglesias eran saqueadas y el culto prohibido, el salón de una Casa Consistorial se convierte en santuario donde acuden a venerar a Juana de Lestonnac de la cual el pueblo tenía grata memoria.
Tuvo que intervenir un tribunal "revolucionario" para parar aquello, y ordenó que el santo cuerpo fuera echado a cualquier sitio. En la oscuridad de la noche se abrió una fosa en los terrenos del arsenal y allí arrojaron las reliquias de la Madre. Pretendían tirar también el cuerpo semiputrefacto de un caballo muerto, para ultrajar a la santa religiosa, pero al parecer a última hora cambiaron de idea y el caballo quedó semienterrado a unos dos metros.

Invención de las reliquias.
Pasó la revolución (todas pasan para bien o para mal), trayendo la tribulación y el martirio a las religiosas de la Compañía. Hasta 1822 no pudieron las religiosas de Burdeos volver a unirse para reconstruir su convento y volver a la enseñanza. Uno de los primeros deseos fue recuperar el cuerpo de la Madre Juana, del que no sabían nada, salvo el hecho de la profanación. La Madre Duterrail, superiora de Burdeos Escribe a otra religiosa: "¡Cuán consolador sería para nosotras si pudiéramos hallar este precioso tesoro! No hay cosa mejor seguramente para reanimar en nosotras el espíritu de nuestra santa vocación. Ante el espectáculo de los restos de una persona tan venerable por tantos y tan justos títulos, se renovarían en nosotras sus avisos saludables, sus santos consejos; recordaríamos el menosprecio que tuvo de sí misma y de todas las cosas del mundo; su grande celo por la observancia de las Reglas, medio por el cual progresan santamente las Comunidades religiosas, y único para conservar el fervor primitivo; su amor a la obediencia, la que debe ser por excelencia nuestra virtud favorita; en fin, su recogimiento interior, que es el alma de la vida religiosa. (…) En cuanto a nosotras, hemos empezado un mes de ayunos y comuniones, y daremos limosna proporcionada a nuestros recursos".Otros conventos se comprometieron a orar y sacrificarse por la misma intención.

Esta Madre además investigó, hizo diligencias, buscó testimonios. Las autoridades colaboraron y el pueblo mismo se lanzó a preguntar, a hallar testigos que quisieran contar lo que sabían. Así hasta que en julio del mismo año supieron del sitio donde habían ido a parar las reliquias. Y dejo que la misma Madre lo cuente: "El pueblo se presentó en tropel para asistir a las pesquisas y averiguaciones que se hicieron; unos como testigos de vista, manifestando quién fue el que enterró el sagrado depósito, y que para tener una reliquia le había arrebatado el velo, única cosa que a la sazón le quedaba del vestuario religioso; otros publicaban a voces las virtudes y milagros de la Sierva del Señor".  

Así, en el lugar señalado se encontró el caballo medio consumido, y a pocos pasos, como dijo un testigo, hallaron los restos de la Madre Lestonnac. El cuerpo aún conservaba algo de incorruptibilidad, aunque se deshizo al levantarlo, pudiendo solo conservarse los huesos y algunas partículas de carnes. El cráneo estaba destrozado por golpes al momento del entierro, pero pudo recomponerse. Las autoridades ordenaron el reconocimiento de los restos, hecho que llevó a cabo el obispado, que investigó y escuchó a testigos de primer orden que salieron de su anonimato. Mientras, el cuerpo era resguardado por las autoridades civiles con máximo respeto.

Actual altar relicario de Santa Juana de Lestonnac. Burdeos.


Traslación solemne.
Después de ello, el 26 de diciembre de 1822 las religiosas colocaron las reliquias de su santa fundadora en un ataúd que habían mandado a hacer y habían adornado. Se le pusieron los sellos del municipio y del obispado, y se planeó la desagraviante traslación de las reliquias. Esta Traslación solemne se hizo el 28 de diciembre siguiente, con gran pompa y devoción desde la Casa Consistorial hasta la casa de las religiosas, en la calle Palais Gallien. Todo el clero, las cofradías y religiosas de Burdeos, ex-alumnas y pueblo en general estuvo presente. Las reliquias fueron llevadas a hombros por ocho religiosas de la Compañía. La traslación hizo una estación en la catedral, donde el arzobispo bendijo las reliquias y se cantó un responsorio solemne.
La procesión, continuó bajo el rumor de las gentes, que se decían unos a otros: "Llevan una santa", porque lo era. Al llegar al convento, bellamente engalanado, las religiosas entraron con las reliquias y quedaron unos ratos a solas con su Madre, para luego abrir las puertas de la iglesia, dejando que la multitud de fieles honrasen a la Madre Lestonnac. Cinco días duró la veneración pública de las reliquias, donde la devoción popular arrancó algunos prodigios a la Madre. No se había visto fervor tal desde la Revolución. 

El santo cuerpo fue colocado por las religiosas de Nuestra Señora en la sacristía del monasterio, luego de separar un hueso que se envió al convento de Tolosa. Actualmente las reliquias se veneran en el mismo convento de Burdeos, en el interior de un altar relicario de mármol de 1900. Según las normas de la Iglesia, fueron expuestas de nuevo al público luego de la beatificación de Juana de Lestonnac, el 23 de septiembre de 1900. Pío XII la canonizó el 15 de mayo de 1949 y su memoria es igualmente a 15 de mayo.


Fuente:
-"La Beata Madre Juana de Lestonnac". Barcelona, 1900.


A 28 de diciembre además se celebra a  
San Convoyon, abad

Y además  podéis leer sobre
De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de Santiago Apóstol. 
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de San Phantalo
La Traslación de los Reyes Magos
La Traslación de Santo Tomás de Aquino.
La Traslación de San Mateo Evangelista.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.
La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.
La Traslación de San Juan de la Cruz.

martes, 27 de diciembre de 2016

Los Santos Grabados.

Santos Teodoro y Teófanes “los grabados”, monjes y hermanos mártires. 27 de diciembre y 11 de octubre.

San Teófanes junto
a San Esteban Mártir.
Ambos hermanos eran monjes en las lauras de San Sabas (5 de diciembre) en Jerusalén, en el siglo IX. Siendo conocedores de la herejía iconoclasta, del martirio de tantos cristianos y de la destrucción de los iconos, se fueron a Constantinopla a enfrentarse a León V, para hacerle ver su error y crímenes. El emperador les desterró a Bitinia, donde fueron sometidos a trabajos forzados y castigos. 

Al subir al trono el emperador Miguel, los santos hermanos escribieron composiciones poéticas y apologéticas sobre el culto a los iconos y su tradición venerable en la Iglesia. El emperador montó en cólera y mandó que les grabaran a cuchillo en su frente y rostro frases vejatorias. Los santos soportaron esta tortura con entereza, sin dar un paso atrás. Por eso se les llama “los grabados”. En 842 la emperatriz Santa Teodora (11 de febrero) nombró a Teófanes obispo de Nicea, pero este nunca llegó a ser consagrado ni ocupar su sede. Ambos hermanos fallecieron a causa de los trabajos y castigos en el exilio en Amapea, Teodoro entre los años 841 y 844, y Teófanes el 11 de octubre de 845, día en que consta su memoria litúrgica por separado, aunque suelen celebrarse juntos como mártires.


A 27 de diciembre además se celebra a  
San Alan de Quimper, obispo.


lunes, 26 de diciembre de 2016

San Mawnan, el del carnero.

San Mawnan (Mawnoun) de Cornwall, eremita. 26 de diciembre.

Aunque vivió en el siglo V y su culto ha caído en el olvido, aún su nombre permanece en la ciudad llamada Mawnan, al sur de Inglaterra, cuya parroquia está dedicada a su nombre.
Se cree fue un eremita local, y los más aventurados le han identificado con uno de los compañeros de San Breaca (4 de junio) llamado Mavuan. También le identifican con San Magnenn (18 de diciembre). Lo que sí se ha mantenido en el tiempo es su iconografía peculiar, que le presenta acompañado de un carnero que lleva atado al cuello, o sujeta con la boca unos libros. El origen es la leyenda que narra que siendo Mawnan ya viejo, no podía ni cargar con su libro de oraciones, por lo que un carnero que le acompañaba siempre, lo transportaba y le servía de atril.


A 26 de diciembre además se celebra a  
San Esteban, Protomártir.
Beata Cristina de Markyate, reclusa

domingo, 25 de diciembre de 2016

El peregrino de Atocha y de Plateros.

El Santo Niño de Atocha. 25 de diciembre.


El Niño de Atocha de Plateros.
En Madrid, en Atocha, donde es venerada una imagen de la Virgen María con el niño en brazos, en la época de la invasión musulmana a la península surgió una leyenda acerca de un hecho prodigioso: los cristianos cautivos, a quienes les eran prohibidas las visitas y que pasando hambre y carencias, ellos y sus familiares se encomendaron a la Virgen de Atocha. Se cuenta que el Niño Jesús se desprendió en brazos de su madre, y vestido de peregrino, con la concha de Santiago y esclavina, con una canasta llena de pan y un calabazo con agua se coló entre las rejas de la prisión para darle de comer a los cautivos. Mientras más alimento y bebida daba a todos, incluyendo los moros, quedaban sorprendidos al ver que su canasta y su calabazo no se vaciaban. Y lo que más sorprendía era que el niño, después de alimentarlos, con su manito los bendecía y en los presos quedaba una gran paz interior.

Mucho tiempo después, entre los siglos XVII y XVIII, pues no se tiene la certeza, los frailes dominicos llegaron al pueblo minero de Plateros, en Fresnillo, Zacatecas, México. Llevaban consigo una imagen de Nuestra Señora de Atocha, a quien la misma Orden custodia en España. Tal parece que el niño Jesús era desprendido de brazos de su madre para ser venerado en Nochebuena y Navidad y en algunas otras festividades. Esta costumbre, sumada seguramente a la leyenda del Niño Jesús que había auxiliado a los cautivos en España, propició la devoción de los indios ya no hacia la Virgen de Atocha, sino al Niño Jesús por sí solo, al grado que para finales del XVIII o principios del XIX se separa al niño de su madre para ser venerado aparte. Fue entonces cuando se le sentó en un sillón para sustituir los brazos de su madre. Algunos investigadores hacen referencia de que el Niño Jesús original de la Virgen de Atocha de Plateros se extravió y entonces los indios hicieron otro con rasgos más americanos, lo que quizá propició aumentar la devoción más por el Niño Jesús con rasgos indígenas que por la Virgen española. En cualquier de los dos casos, el hecho es que se separaron ambas imágenes y su culto aumentó a tal manera que el Santo Niño desplazó el culto del crucificado Señor de Plateros que aún es venerado en el mismo templo.

Muchos son los milagros que se narran sobre el Santo Niño de Atocha, como personas que por su intercesión fueron rescatadas en el siglo XIX de indios rebeldes que los habían capturado. Pero entre las narraciones de sus milagros una de las más famosas nos habla de que en 1829 una mujer de nombre Maximina Esparza cayó en la cárcel debido a sus malas costumbres. Estuvo presa en varios estados de la República y estando en Durango, donde permaneció alrededor de un año, movida por la desesperación invoco al Santo Niño de Nuestra Señora de Atocha para que le sacara del cautiverio. En algunas versiones de la leyenda se nos dice el Niño Jesús se le apareció, y en otras versiones se dice que se le apareció en forma de un apuesto joven. El Santo Niño le dice que le trae una pieza de pan "a nombre de su madre" y diciéndole que pronto estaría en libertad, lo que sucedió.

Al ser liberada  encontró al joven a las afueras de la ciudad, y Maximina, movida por el agradecimiento, le pidió que la llevara con su madre pues le quería dar las gracias por todas las atenciones. además, le preguntó al niño cuales eran los nombres suyo y de su madre. El infante le respondió que el suyo era "Manuel de Atocha" y su madre "María de Atocha", y que su casa estaba en Fresnillo, Zacatecas, y se separó de ella. Maximina, después de tener estos datos, decidió ir en busca del niño y su madre a Fresnillo para darles las gracias. Al llegar allí nadie sabía decirle con exactitud donde era la casa de esa señora, pero al describirle a cada uno como era el niño (o joven) le dijeron que se dirigiera a la iglesia y hablara con el cura. El sacerdote, al escuchar la historia de inmediato la llevo dentro del Santuario y Maximina quedó sorprendida al ver que el niño que la había socorrido era idéntico al Santo Niño de Atocha venerado en Plateros. Esta gracia divina llevó al arrepentimiento por sus culpas a la mujer, que dejó constancia del milagro mediante un ex-voto en el santuario.

Al ser un pueblo minero Plateros, hay constancia de varios milagros ocurridos a este gremio entre ellos destacan los de mineros que tras quedar atrapados en las minas a causa de derrumbes en la oscuridad aparecía un niño que les llevaba pan y agua y les daba esperanza y al poco tiempo podía salir de esa peligrosa situación. Otro milagro que es de destacar es el ocurrido al minero Mariano García en 1837, que fue golpeado por una piedra en la cabeza disparada por un barreno y lo tiró al suelo, comenzando a sangrar por la cabeza, nariz y boca. Invocó al Santo Niño de Atocha y al poco tiempo estuvo sano y sin quedar rastros del accidente.

Óleo de Nuestra Señora
de Atocha, Madrid.
Debido a los milagros que he narrado, al Santo Niño de Atocha se le considera patrón de los mineros, de los encarcelados y cautivos, y de los niños. Su devoción en el gremio de los mineros es tanta que en las minas no faltan los altares dedicados a él en cada una de los niveles de la misma, para que al bajar los mineros puedan encomendarse al Santo Niño. Su festividad, que es celebrada el 25 de diciembre, comienza con un novenario el 16 del mismo mes, con las famosas posadas mexicanas. Una peculiaridad de los rezos del novenario al Santo Niño de Atocha es que sus devotos tratan de invitar a muchos niños para que le recen y acompañen sonando panderos y sonajas y a los cualea al final se les reparten juguetes y dulces. Cabe decir que debido a la fecha en que cae su festividad, la Natividad del Señor en otras partes el Santo Niño de Atocha es celebrado en otros días: en Tabasco, por ejemplo, su fiesta es a 25 de enero, y en Izúcar, Puebla es celebrado en julio.

La devoción al Santo Niño de Atocha se fue acrecentando desde el siglo XIX especialmente gracias a una novena escrita por Calixto Aguirre quien, después de ser sanado de una enfermedad incurable, prometió al Santo Niño hacerle una novena en acción de gracias y en la misma recolectó varios de los milagros más importantes que se encontraban en los retablos del Santuario de Plateros. 

Durante el siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX, la devoción al Santo Niño de Atocha fue comparable a la de la Virgen de Guadalupe, y hasta la actualidad es la advocación de Cristo infante más popular y conocida de México, el éxito de esta advocación se deba quizá a que esta imagen al presentar algunos rasgos indígenas como dicen algunos investigadores trajo la devoción de los naturales y al ser el Niño de la Virgen de Atocha española también atrajo la devoción de los peninsulares, lo que logró la trascendencia de su culto.

Pero la advocación ha trascendido México. Desde el siglo XIX una imagen suya fue llevada a Chimayo, Nuevo México, donde existe otro santuario construido en su honor. Lo mismo sucede en Filipinas, donde tiene muchos devotos. En Cuba ha llegado a ser una de las representaciones del orisha Eleggua y su culto ha trascendido el ámbito católico. En el Santuario de la Virgen de Atocha, en Madrid, tiene dedicado un altar, pues reconocen la trascendencia del culto al Divino Infante en América, a pesar de no haber sido en España, sino en América donde se separó definitivamente al niño de su madre para ser venerado aparte. Del mismo modo, en España el Niño de Atocha no tiene la devoción que tiene su madre, y al contrario en América, Nuestra Señora de Atocha es prácticamente desconocida, a diferencia del Santo Niño que tiene innumerables templos, parroquias y capillas.
"El preso, el enfermo 
Niñito de Atocha a mi ver, 
Lo amparas y asistes 
Con tu gran poder; 
Y a ninguno dejas 
Niño, perecer 
Tú al preso le das libertad y ser; 
También al enfermo 
¿Quién lo podrá hacer?"



Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.


A 25 de diciembre además se celebra a  
Santa Eugenia, virgen y mártir.