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miércoles, 28 de diciembre de 2016

La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.

La Traslación de Santa Juana de Lestonnac, viuda fundadora. 28 de diciembre.

Muerte y funerales. 
Juana de Lestonnac murió en Burdeos el 2 de febrero de 1640, a los 84 años y luego de una ardua vida desarrollada en el matrimonio, la fundación de la Compañía de María, dedicada a la contemplación y a la educación de las niñas. Así, el día de la Purificación de Nuestra Señora, día santo para las religiosas de la Compañía, puesto que renuevan sus votos religiosos, la Madre Juana voló al cielo. Su muerte y funerales estuvieron rodeados de varios acontecimientos prodigiosos, como la constante flexibilidad del cuerpo y la hermosura que este mostraba. Desaparecieron las arrugas y los ojos, que no le cerraron nunca, aparecían brillantes, como vivos. Los funerales duraron cuatro días, durante los cuales no hubo señal de incorrupción, y las religiosas, alumnas y pueblo pudieron venerar a la santa Madre. La Madre de Franc, superiora de la Casa de Burdeos, dirigió una circular a las comunidades de la Orden, en la que les dice: 
"El viernes, a las tres de la tarde, la pusimos en el féretro, y nuestra iglesia se llenó de tanta gente que, habiendo llamado músicos para cantar con nosotros los responsorios del Oficio de difuntos, no pudieron penetrar hasta el lugar destinado, y se vieron obligados a volverse. El siguiente día el P. Champeils, de la Compañía de Jesús, hizo la oración fúnebre, y concluyó exhortándonos que solicitáramos la beatificación de la Sierva del Señor. La iglesia y coro se adornaron con colgaduras blancas y orla negra, y en medio de éstas el escudo de la Orden, es a saber, el Nombre de María sobre fondo azul. Todo el mundo la aclama como santa. Para no faltar en cosa que pudiéramos hacer, hemos colocado su cuerpo en un sepulcro de piedra, levantado sobre dos pilares, en medio de la sepultura en que enterramos a nuestras religiosas difuntas, y por espacio de cuarenta días se ha dejado en nuestra iglesia una capilla decorada de negro". 

Es decir, que la Madre fue sepultada entre sus hijas, solamente se elevó un poco su sepultura, y se hizo de noche, cuando había menos público, estando presentes los vicarios episcopales Carón y Niat. En 1644 la Madre Rives, superiora del convento de Béziers, se abrió el sepulcro, pudiéndose contemplar una magnífica incorrupción del cuerpo, según el Acta Notarial levantada. En 1680 volvió a abrirse el sepulcro de la Madre Lestonnac y se le halló igualmente incorrupta. 

Profanación. 
En 1793, llegada la Revolución Francesa, terrible por sus excesos para con la libertad religiosa, la Asamblea Constitucional confiscó los bienes de las comunidades monásticas y religiosas. Las Hijas de Nuestra Señora, temiendo verse arrojadas de su convento-colegio de Burdeos, ya en septiembre de 1792 habían sacado a la Madre Lestonnac de su sepulcro y la habían colocado en la caja de un clavicordio, confiándolo al señor de Galathau, pariente de Juana de Lestonnac. Expulsadas las religiosas, confiaban en la protección de su preciada reliquia, pero defortunadamente la profanación no le fue ajena. El custodio de las reliquias fue detenido y al revisar la casa hallaron la caja de clavicordio en la que una nota lateral ponía: "Depósito de las Religiosas de Nuestra Señora". Así, pensando los revolucionarios, que serían cosas "peligrosas para la libertad" y se llevaron la caja a la Casa Consistorial. Allí la abrieron y vieron sorprendidos su contenido.

Los revolucionarios no saben que hacer con aquel cuerpo desenterrado que luego de 173 años se mantiene incorrupto y flexible. Algunos temen, otros se desentienden. Así, inexplicablemente queda expuesto el cuerpo de Juana de Lestonnac en la Casa Consistorial, y se da lo que fue un auténtico peregrinaje de devotos. Algunos se llevan trozos del hábito y las carnes. Debió ser un espectáculo medio devoto medio esperpéntico, que muestra precisamente lo surrealista de la Revolución Francesa: A la par que las iglesias eran saqueadas y el culto prohibido, el salón de una Casa Consistorial se convierte en santuario donde acuden a venerar a Juana de Lestonnac de la cual el pueblo tenía grata memoria.
Tuvo que intervenir un tribunal "revolucionario" para parar aquello, y ordenó que el santo cuerpo fuera echado a cualquier sitio. En la oscuridad de la noche se abrió una fosa en los terrenos del arsenal y allí arrojaron las reliquias de la Madre. Pretendían tirar también el cuerpo semiputrefacto de un caballo muerto, para ultrajar a la santa religiosa, pero al parecer a última hora cambiaron de idea y el caballo quedó semienterrado a unos dos metros.

Invención de las reliquias.
Pasó la revolución (todas pasan para bien o para mal), trayendo la tribulación y el martirio a las religiosas de la Compañía. Hasta 1822 no pudieron las religiosas de Burdeos volver a unirse para reconstruir su convento y volver a la enseñanza. Uno de los primeros deseos fue recuperar el cuerpo de la Madre Juana, del que no sabían nada, salvo el hecho de la profanación. La Madre Duterrail, superiora de Burdeos Escribe a otra religiosa: "¡Cuán consolador sería para nosotras si pudiéramos hallar este precioso tesoro! No hay cosa mejor seguramente para reanimar en nosotras el espíritu de nuestra santa vocación. Ante el espectáculo de los restos de una persona tan venerable por tantos y tan justos títulos, se renovarían en nosotras sus avisos saludables, sus santos consejos; recordaríamos el menosprecio que tuvo de sí misma y de todas las cosas del mundo; su grande celo por la observancia de las Reglas, medio por el cual progresan santamente las Comunidades religiosas, y único para conservar el fervor primitivo; su amor a la obediencia, la que debe ser por excelencia nuestra virtud favorita; en fin, su recogimiento interior, que es el alma de la vida religiosa. (…) En cuanto a nosotras, hemos empezado un mes de ayunos y comuniones, y daremos limosna proporcionada a nuestros recursos".Otros conventos se comprometieron a orar y sacrificarse por la misma intención.

Esta Madre además investigó, hizo diligencias, buscó testimonios. Las autoridades colaboraron y el pueblo mismo se lanzó a preguntar, a hallar testigos que quisieran contar lo que sabían. Así hasta que en julio del mismo año supieron del sitio donde habían ido a parar las reliquias. Y dejo que la misma Madre lo cuente: "El pueblo se presentó en tropel para asistir a las pesquisas y averiguaciones que se hicieron; unos como testigos de vista, manifestando quién fue el que enterró el sagrado depósito, y que para tener una reliquia le había arrebatado el velo, única cosa que a la sazón le quedaba del vestuario religioso; otros publicaban a voces las virtudes y milagros de la Sierva del Señor".  

Así, en el lugar señalado se encontró el caballo medio consumido, y a pocos pasos, como dijo un testigo, hallaron los restos de la Madre Lestonnac. El cuerpo aún conservaba algo de incorruptibilidad, aunque se deshizo al levantarlo, pudiendo solo conservarse los huesos y algunas partículas de carnes. El cráneo estaba destrozado por golpes al momento del entierro, pero pudo recomponerse. Las autoridades ordenaron el reconocimiento de los restos, hecho que llevó a cabo el obispado, que investigó y escuchó a testigos de primer orden que salieron de su anonimato. Mientras, el cuerpo era resguardado por las autoridades civiles con máximo respeto.

Actual altar relicario de Santa Juana de Lestonnac. Burdeos.


Traslación solemne.
Después de ello, el 26 de diciembre de 1822 las religiosas colocaron las reliquias de su santa fundadora en un ataúd que habían mandado a hacer y habían adornado. Se le pusieron los sellos del municipio y del obispado, y se planeó la desagraviante traslación de las reliquias. Esta Traslación solemne se hizo el 28 de diciembre siguiente, con gran pompa y devoción desde la Casa Consistorial hasta la casa de las religiosas, en la calle Palais Gallien. Todo el clero, las cofradías y religiosas de Burdeos, ex-alumnas y pueblo en general estuvo presente. Las reliquias fueron llevadas a hombros por ocho religiosas de la Compañía. La traslación hizo una estación en la catedral, donde el arzobispo bendijo las reliquias y se cantó un responsorio solemne.
La procesión, continuó bajo el rumor de las gentes, que se decían unos a otros: "Llevan una santa", porque lo era. Al llegar al convento, bellamente engalanado, las religiosas entraron con las reliquias y quedaron unos ratos a solas con su Madre, para luego abrir las puertas de la iglesia, dejando que la multitud de fieles honrasen a la Madre Lestonnac. Cinco días duró la veneración pública de las reliquias, donde la devoción popular arrancó algunos prodigios a la Madre. No se había visto fervor tal desde la Revolución. 

El santo cuerpo fue colocado por las religiosas de Nuestra Señora en la sacristía del monasterio, luego de separar un hueso que se envió al convento de Tolosa. Actualmente las reliquias se veneran en el mismo convento de Burdeos, en el interior de un altar relicario de mármol de 1900. Según las normas de la Iglesia, fueron expuestas de nuevo al público luego de la beatificación de Juana de Lestonnac, el 23 de septiembre de 1900. Pío XII la canonizó el 15 de mayo de 1949 y su memoria es igualmente a 15 de mayo.


Fuente:
-“La Beata Madre Juana de Lestonnac”. Barcelona, 1900.


A 28 de diciembre además se celebra a San Convoyon, abad

Y además
De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Juan de Mata.
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