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jueves, 1 de diciembre de 2016

Eloy, orfebre y testigo de Dios.

San Eloy de Noyon, obispo. 1 de diciembre y último domingo de junio (traslación de las reliquias). 


San Eloy y el caballo.
Introducción.
San Eloy es uno de los santos más importantes de la Galia medieval, y por ende, de toda la Iglesia occidental. Su labor evangelizadora y diplomática trascendió su reino, para convertirse en un referente para muchos prelados, siendo amado de príncipes y papas.

Familia, niñez y oficio.
Su familia era de origen galo romana, de noble abolengo pasado y venida a menos, pues su padre fue un artesano. Nació cerca de Limoges en 588. Cuando tenía 8 años su padre le puso de aprendiz de un herrero y orfebre prestigioso, llamado Abon. Su “vita”, como buena leyenda hagiográfica que se precie, tiene algunas leyendas inverosímiles que han configurado el culto al santo: una de ellas cuenta que a un caballo muy nervioso que no se dejaba herrar, Eloy le tomó la pata, la separó del animal, le herró con paciencia y luego la colocó en su sitio, sin que el caballo sufriera lo más mínimo. 

Orfebre y consejero real.
En aquel taller Eloy se hizo un hábil herrero y orfebre, y hay que decir que ni aún siendo religioso y obispo, abandonó el arte de la orfebrería, pues era su arte y pasión. Su talento llegó al tesorero de Clotario II, Bobbo, que llamó al joven Eloy a París y le encargó que fabricara para el monarca un trono laminado en oro y cuajado de piedras preciosas, para lo cual, le entregaron numerosas joyas y una buena cantidad de oro. Eloy, que era un joven cristiano a carta cabal, entendió que con todo el material podía fabricar no uno, sino dos bellos tronos, y eso hizo. No se quedó para si ni la más pequeña joya, ni un gramo de oro. Al saber Clotario esta anécdota que probaba la honradez del orfebre, le llamó a su presencia, le entrevistó y quedado prendado de sus cualidades, arte, inocencia de vida, le nombró Jefe de la Casa de la Moneda. De su época de orfebre se conservan, o se le atribuyen, algunas obras valiosísimas en historia, devoción y costo, como los relicarios de Santos Crispín y Crispiniano (25 de octubre), San Quintín (31 de octubre) o San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones). Por tanto, son doblemente relicarios, al estar hechos por la mano de otro santo. 


Trono de Dagoberto I,
atribuido a San Eloy
Biblioteca Nacional de Francia.
Su papel en la corte y su amistad con el rey hicieron de Eloy un personaje importante en la corte, al que muchos pretendían adular, pero el santo no pasaba por esas. Era íntegro y no soportaba la alabanza vana, la fatuidad ni las falsas amistades. Ni el mismo rey se libró de su sinceridad cuando le propuso un juramento de fidelidad, pero Eloy se negó a hacerlo, pareciéndole que jurar no era correcto. Aunque no le juró, el rey comprendió que la amistad y fidelidad de Eloy eran más seguras que las de algunos ministros que habían jurado prestos y con la sonrisa en la boca.

Eloy era muy piadoso, asistía a los oficios religiosos frecuentemente, rezaba diariamente y su caridad era proverbial en París, pues los pobres nunca se iban de vacío de su casa. Fue padre providencial de muchos esclavos, a los que rescataba con sus dineros y les daba la libertad, haciendo de algunos sus sirvientes con salario. Entre ellos estuvo San Tilo (7 de enero), quien luego abandonaría el mundo y sería monje. De otros santos eremitas, monjes u obispos de la época igualmente fueron compañeros suyos en la corte, como San Arnulfo de Metz (18 de julio), San Didier de Cahors (15 de noviembre) o San Ouen de Rouen (24 de agosto), quien escribió la “Vita S. Eligii”, aunque según Butler, ha de ser considerada posterior y de la mano de un monje anónimo de Noyon.

En 629 subió al trono Dagoberto I, el cual desde niño profesaba gran estima a Eloy, aunque su vida piadosa y moral dio dejó bastante que desear, pues si bien se dejaba aconsejar de Eloy, Ouen y Didier en asuntos administrativos, no se reducía a una vida y moral cristianas por nada del mundo, siendo así que tuvo concubinas y esposas de todo tipo, y unos cuantos hijos ilegítimos. Fue Eloy embajador de Dagoberto ante San Judicaël de Bretaña (17 de diciembre), el príncipe rebelde que pretendía arrancar el trono a su hermano San Salomón II (4 de octubre). Puso la paz entre ambos Eloy, logrando que Salomón reinase y que Judicaël tomase mejor estado: la vida monástica (aunque regresaría al trono después). En 632 Eloy consiguió que el rey le regalase unos terrenos en Solignac, Limoges, siendo el fundador y benefactor de un monasterio junto a San Remaclio (3 de septiembre y 15 de mayo, Todos los Santos Obispos de Maastricht) construido en dichas tierras. Otro monasterio, este femenino, fundó el santo en París, poniendo al frente a Santa Áurea (4 de octubre), siguiendo la Regla de Santa Cesárea de Arlés (11 y 12 de enero). La leyenda dice que el santo se tomó unas pulgadas más de las previstas en la construcción del monasterio y por ello fue a pedir perdón al rey, quedando este admirado de tal honradez.


Obispo y evangelizador.
En 639 Eloy, cansado de la vida del mundo, decidió renunciar a su cargo de consejero real, dejando todas sus propiedades (salvo sus amadas herramientas). A su abandono del mundo le acompañó como dije antes San Tilo y San Ouen. Junto a este último, Eloy fue consagrado obispo tan solo a los dos años de su vida monástica, en 641, por gracia del papa Juan IV. Si bien como cortesano Eloy había sido íntegro a toda prueba, como obispo no lo fue menos. Fue un gran evangelizador de la región de Tournai y Noyon, la grey que le fue encomendada, luego de la muerte de San Acario (27 de noviembre). En Tournai aún campeaba el paganismo por los campos y bosques, pues la evangelización había sido abandonada tiempo atrás y conservada en las ciudades. El santo se lanzó a una obra de fundación de monasterios e iglesias, conversión de santuarios paganos en cristianos, y la organización de la enseñanza y la caridad. Predicó por si mismo y también envió misioneros a los actuales Países Bajos, principalmente a Gante y Amberes, de cuya región bien puede considerársele apóstol. Llevó la justicia a donde imperaba la venganza tribal, y la fe a donde mandaba la superstición y la idolatría. Cada domingo celebraba la liturgia de manera solemne y los demás días de la semana los ocupaba en catequizar. Así, cada año bautizaba en la Pascua a cientos de cientos de nuevos cristianos, y reconciliaba a muchos bautizados devolviéndolos a la Iglesia luego de la penitencia cuaresmal.

Ya siendo obispo fundó un monasterio femenino en su ciudad episcopal: Noyon, en el cual quedó como abadesa Santa Godebertis (11 de abril y 3 de junio, traslación de las reliquias). También le hace la leyenda fundador del monasterio de Ourscamp (campo de osos), cerca de Noyon, que tiene su sabrosa leyenda: llevaba el santo las piedras en un carro tirado por un buey cuando salió del bosque un gran oso que hizo mató al buey de un zarpazo. Entonces el santo regañó al oso y le hizo ponerse frente al carro, lo unció y el animal hizo las funciones del buey acarreando piedras hasta que el monasterio estuvo listo. Una vez que terminó, el santo le dio la libertad, como se lee de otros santos. Fue consejero de la reina regente, Santa Bathildis (30 de enero), con la que logró uno de los grandes anhelos de ambos: la prohibición del comercio de esclavos y la obligatoriedad del descanso dominical para los que aún eran esclavos, en las tierras de los francos en el Concilio de Chalon en 647.

Muerte y reliquias.
Luego del verano de 660 Eloy tuvo la premonición de que su muerte estaba cercana y lo comunicó a su clero. A finales de noviembre cayó enfermo de fiebres, y subió al cielo el 1 de diciembre del mismo año, luego de 19 años como obispo. La reina Bathildis se encargó de sus funerales y dispuso el traslado de su santo cuerpo al monasterio de Celles, donde la misma reina se recogía y terminaría siendo religiosa. Pero el pueblo y el clero de Noyon se opusieron a sus planes y por nada del mundo consintieron en deshacerse de las reliquias de su santo obispo. Así que la reina, al ver el amor que le tenían, desistió y el santo fue sepultado en la iglesia de Santa María, de donde fueron trasladadas a la catedral el 24 de junio de 1739. Su martillo, o su supuesto martillo de orfebre, se venera en Vosselare, Flandes. En la sede fue sucedido por San Mumolin (16 de octubre).


Reliquias de San Eloy.
Catedral de Noyon.
Culto y devoción.
La devoción a San Eloy, más por sus habilidades de orfebre, que por su acción apostólica, se ha extendido por todo el mundo conocido. Las asociaciones y gremios de forjadores y orfebres le tienen por su patrón y aún celebran su fiesta, sobre todo en Francia, España y algunos sitios de América. Es abogado de artesanos, numismáticos, coleccionistas de monedas, herreros, obreros metalúrgicos, relojeros, mineros, caldereros, cerrajeros, en general todos los oficios relacionados con el metal, la precisión y la delicadeza. Además, por la asociación con la herrería y los caballos, se le invoca ante las enfermedades de los equinos, habiendo sido costumbre durante siglos bendecir caballos el último domingo de junio, coincidiendo con la conmemoración de la traslación de las reliquias.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916. 


A 1 de diciembre además se celebra a San Ansano de Siena, mártir.

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