martes, 6 de diciembre de 2016

Mártires de la Caridad.

Beatas Henrika Fassbender, religiosa, y compañeras mártires de la caridad. 6 de diciembre.

Henrika (de nombre seglar Catalina), nació en Aquisgrán, y muy joven entró religiosa en las Hermanas Franciscanas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, llamadas Franciscanas de Salzkotten, fundadas en 1860 por María Clara Pfaender, para la educación, la atención a los enfermos y el servicio social. En 1875 las leyes antireligiosas de Alemania prohibieron a las religiosas de vida activa ejercer su apostolado. Algunas religiosas entonces decidieron ir a las misiones en Norteamérica, específicamente a Missouri, donde ya tenían casa fundada. Eran Henrika, Brígida, Norberta, Áurea y Bárbara.

Embarcaron en el buque “Alemania”, el cual al pasar por Inglaterra, junto a la desmbocadura del Támesis, a la medianoche del 5 de diciembre del mismo año fue sorprendido por una tormenta muy violenta. Treinta horas duró el sufrimiento de los pasajeros y la tripulación, hasta que el barco se hundió finalmente. se perdieron 157 vidas, entre ellas las de las cinco religiosas, de las cuales los testimonios de sobrevivientes narran que se quedaron en el barco para socorrer a los demás. asimismo, se negaron a subir a ningún bote salvavidas en pro de que subieran otras mujeres y sus niños.

Los cuerpos de las Hermanas pudieron ser rescatados, menos uno de ellos. Fueron sepultadas en Stratford, luego de unos sentidos funerales presididos por el cardenal Manning. Gerard Manley Hopkins les dedicó un sentido poema.


A 6 de diciembre además se celebra a Santa Asela, virgen.

lunes, 5 de diciembre de 2016

San Sabas, el Grandísimo.

San Sabas, Abad. 5 de diciembre.

Nació el santo en 439, en Mutalasca, Cesarea de Capadocia. Sus padres, Juan y Sofía eran nobles y virtuosos. Cuando Sabas tenía 5 años su padre, que era oficial del emperador Valentiniano III, hubo de ir a Alejandría a sofocar una revuelta, y su mujer le siguió. Dejaron al pequeño Sabas con Hezmias, su tío materno, el cual tenía una mujer insoportable y que hizo sufrir mucho al niño. Así pasaron tres años, hasta que Sabas escapó de casa de su tío y se fue a Escandes, donde vivía Gregorio, su tío paterno. Esto provocó una pelea entre las dos familias, no por cuidar del niño, sino por administrar sus bienes. Viéndose Sabas en medio de todo aquello, con solo 10 años comprendió la vanidad del mundo, sus lazos y ambiciones y se escapó al monasterio de Flaviano, cerca de su aldea natal. Aunque era pequeño, los monjes vieron en él un porte inocente y una sencillez que les hizo admitirle al monasterio y sin darle el hábito aún, accedieron a educarle. Pasó el tiempo y sus tíos se reconciliaron, y quisieron que saliera del monasterio. Pero Sabas quiso completar su educación, y además, cuando llegó a la juventud manifestó que quería dedicarse a la oración y la penitencia como monje.

A los 18 años Sabas pidió permiso a su abad para visitar los Santos Lugares. El abad, que sabía que aquello no venía de la vana curiosidad y confiaba en la integridad de Sabas, le permitió hacer el viaje. En 457 llegó a Jerusalén, donde vivió en el monasterio de San Pasarion, donde mucho le quisieron e intentaron que se quedara con ellos. Visitó a San Eutimio el Grande (20 de enero), donde este santo abad le tomó mucho cariño y le recomendó que visitara a San Teoctisto (4 de enero) en su monasterio y allá se fue Sabas. A Sabas le gustaba el recinto, pues era un monasterio donde cada monje vivía separado por completo, y solo se compartía la oración. Este era un monasterio donde se vivía la Regla con total observancia, el trabajo en silencio, la oración en común y en privado, la comida era frugalísima. Así que Sabas quiso vivir allí un tiempo, y todos encantados. Pronto fue el primero de todos en la observancia y en la caridad con los hermanos, sobre todo con los ancianos.

Allí vivió el santo durante casi 5 años, en esa paz que da el servicio divino cuando sucedió que le nombraron compañero de un monje en un viaje a Alejandría. En la ciudad encontró a sus padres, que le reconocieron a pesar de los años y lo macilento de su rostro, por la austeridad y penitencias. Su madre hizo todo lo posible para volverle al mundo, prometiéndole amor, bienes, honor y algún ventajoso matrimonio. Ruegos, lágrimas y amenazas… nada pudo doblegarle. Y aún dijo el santo a su padre: "Si las leyes de la guerra castigan con tanto rigor a los desertores, ¿qué castigo no ha de esperar de Dios el que abandonaba su servicio?". Con esta respuesta sus padres quedaron muy edificados y conscientes de que su hijo era un santo, se encomendaron a sus oraciones y le dejaron servir a Dios.

En 469 murió Teoctisto y Eutimio aconsejó a Sabas que se retirase a una soledad más estricta aún. Así que Sabas se alejó de los monjes y vivía en una cueva durante cinco días tejiendo cestos y orando. Solo dormía tres horas, para volver a la oración. El sábado llevaba sus cestos a los monjes, estaba con ellos por la tarde y el domingo oraban todos juntos. Cada año San Eutimio lo llevaba consigo al desierto de Ruban, donde se creía que Cristo había pasado sus cuarenta días de desierto. Partían el 14 de enero y allí estaban hasta el Domingo de Ramos, cuando volvían luego de pasar una austerísima cuaresma en ayuno casi total y penitencia extrema.
En unos años la relajación hizo presencia en el monasterio de San Teoctisto y Sabas, que ya tenía 35 años, se alejó de allí enseguida, yéndose al desierto, cerca del monasterio de San Gerásimo (4 y 20 de marzo, Iglesias Griegas), donde se retiró a una cueva. Allí le atacó el demonio sin piedad, tentándole, golpeándole, apareciéndose en formas horribles, haciendo ruidos para que no durmiese lo poco que lo hacía. Pero Sabas le vencía una y otra vez a fuerza de oración y penitencia. En 478 Sabas buscó aún una soledad mayor, y la halló entre las rocas del monte donde antes había vivido San Teodosio el Cenobiarca (11 de enero). Solo se elimentaba de las raíces que hallaba entre los riscos y bebía agua de una fuente que estaba a dos leguas. Se descolgaba diariamente por una cuerda que había trenzado iba a la fuente, bebía y volvía a su retiro. Un día unos transeúntes vieron la cuerda, subieron por ella y le hallaron en oración, y admirados de su penitencia, comenzaron a visitarle frecuentemente. Al poco tiempo ya eran cientos los que le pedían consejo, oraciones y escuchaban sus palabras santificantes.

Lauras de San Sabas.
Y comenzó a tener discípulos, a pesar de sus deseos de soledad, y cuando comprendió era voluntad divina fundase monasterio, consintió en levantar una capilla en medio de las cuevas, con un altar en ella para que los domingos un sacerdote subiera a cantarles misa. Porque entre ellos no había sacerdote alguno. Es que Sabas tenía un alto concepto del sacerdocio y por eso no se consideraba digno de serlo, y además, tampoco quería lo fuesen sus monjes, a los que quería como simples siervos de Cristo y no como presbíteros con cargos y dignidades. Algunos discípulos se quejaron ante San Salustio de Jerusalén (3 de marzo), el obispo, el cual les citó a todos para tomar cartas en el asunto. Los monjes díscolos pensaban que el obispo iba a destituir a Sabas como superior, pero el obispo lo que hizo fue ¡ordenar presbítero al santo!, juzgando, con razón, que en aquellas soledades, al menos un sacerdote debían tener. Y dijo a los monjes: "este es vuestro Superior: no han sido los hombres, sino Dios quien lo ha puesto en este oficio. Yo no he hecho otra cosa, que pres tar mis manos al Espíritu Santo para conferirle el Sacerdocio. Honradlo como a vuestro padre, y obedecedle como a vuestro Superior". Esto fue en 491.

Entre los que fueron sus discípulos más fieles estuvo San Juan Silenciario (13 de mayo), el cual fue guiado a las lauras de Sabas por una misteriosa luz. Sabas le recibió, pero antes de armitirle en el monasterio, le encomendó los trabajos más penosos, como tirar las inmundicias, servir a los enfermos y besarles las llagas, acarrear piedras y cubas de agua, lo que hacía Juan siempre sin quejarse. Fue Juan mayordomo o provisor del monasterio, y a los cuatro años de su llegada quiso Sabas ordenarle presbítero también. Pero el santo se negó rotundamente, pues él era nada menos que obispo de Culoaia, de donde había escapado. Dios reveló a Sabas el por qué no podía ser ordenado presbítero, pues ya lo era, y Sabas se postró a los pies de Juan llamándole padre y prometiéndole no revelar su secreto.

Tuvo el santo la dicha de ver a su madre unos años después, cuando esta, ya viuda y anciana, fue a visitarle a su monasterio. Murió en sus brazos la santa mujer y Sabas, con el dinero que su madre le había dejado, edificó una hospedería para los monjes de paso y un hospital a los pies del monte, para los peregrinos. Además, fundó otra laura para educar a los jóvenes que se preparaban para ser religiosos, la cual podría decirse fue la primera Casa Noviciado conocida. Como la fama de Sabas crecía entre los monjes, muchos querían aprender de él y muchos monasterios querían seguir su modo de vida, el obispo Elías de Jerusalén le nombró Exarca, o superior de todos anacoretas que habitaban los desiertos. Algunos no aceptaron aquella tutela, que no entraba en el gobierno interno de los monasterios, y promovieron litigios. Sabas entonces se retiró a un alejado desierto, donde tenía por techo únicamente una palmera. Allí esperaba no lo hallasen y no le volviesen a hablar de mandatos y prioratos, pero le hallaron y le devolvieron a su monasterio. Una segunda huida, y de nuevo al monasterio. Entonces, para acabar con los problemas, aceptó que los monjes y anacoretas rebeldes fundasen su propio monasterio, fuera de su exarquía, para lo cual él les proveyó de lugar y algunos bienes. Y todos en paz.

En estos años se desató la herejía nestoriana, por lo que Sabas estaba alerta permanentemente, no fuera que la herejía inficionase alguno de sus monasterios. Por esta razón visitaba frecuentemente los recintos bajo su exarquía. Y efectivamente, en algunos de esos viajes convirtió a algunos nestorianos o eutiquianos que hallaba por el camino. Y aunque amaba el retiro y detestaba los asuntos del mundo, hasta dos veces viajó a Constantinopla para enfrentarse al emperador Anastasio, que favorecía a los herejes y llegó a desterrar al obispo Elías de Jerusalén. Con solo su presencia redujo la necedad imperial, contuvo a los eutiquianos y animó a los católicos a permanecer firmes en la verdadera fe. 

Una tercera vez viajaría, esta vez a Cesarea de Palestina, para poner por obra en los monasterios y las iglesias los edictos del Concilio de Constantinopla, y eso a pesar de que tenía 80 años y estaba muy debilitado por las penitencias. Y aún en 529, con 90 años, viajó por tercera vez a Constantinopla a defender a los católicos de Palestina, que habían sido calumniados ante el emperador Justiniano. Este quedó satisfecho y se prendó de la santidad de Sabas, accediendo a su ruegos de edificar un hospital en Jerusalén, que reparase algunas iglesias y edificar una muralla alrededor de su laura, para que los eremitas estuvieran a salvo de forajidos. Una anécdota dice que, estando en una reunión con el emperador, tocaron a Tercia y Sabas se levantó sin más para ir a la oración. El monje que le acompañaba le preguntó discretamente si pensaba dejar al emperador plantado en medio de la audiencia. Y Sabas le respondió en voz alta: "lo que pienso es que es hora de Tercia, y que Dios me quiere más en otra parte que aquí". Y salió tranquilamente rumbo a la iglesia.

Reliquias de San Sabas en su monasterio.
De su vida monástica se cuentan muchas anécdotas que resaltan su amor a la Regla, a la caridad, su extrema obediencia, penitencia y ascetismo. Una narra que, habiendo un día tomado una manzana del huerto común, le dio tanta vergüenza haberlo hecho, que no solo no la comió, sino que jamás volvió a probar fruta alguna. Era sobrio en todo. Comer, dormir, hablar… todo su día era una oración constante, incluso cuando trabajaba, como enseñan las costumbres monásticas. Otra anécdota, con ese sabor de la sabiduría de los Padres, cuenta que yendo con un monje de camino, al pasar junto al río Jordán, vio venir a dos mujeres. Desde su Juventud Sabas jamás había mirado a mujer alguna al rostro, imponiéndose siempre la mortificación de mirar al suelo. Queriendo saber si su compañero igualmente cuidaba su pureza, le dijo: "Que pena de señorita esa. Tan joven y le falta un ojo". El monje replicó: "la he mirado al pasar y está perfecta, no le falta ojo alguno". Y Sabas le reprendió acerca de lo importante de cuidar la modestia para preservar la inocencia, y para que la ejercitase, le envió a un desierto solitario, para que se acostumbrara a ello. Sabido es que Dios le concedió al santo el don de milagros, pues más de una vez multiplicó el pan para los pobres y para los monjes. En una ocasión en que no tenían ni para celebrar misa, San Juan Silenciario, a la sazón ecónomo suyo, le advirtió que no podían celebrarla, y Sabas levantó los ojos al cielo y clamó al cielo. En ese instante una recua de treinta mulas llegaron al monasterio cargadas de pan.

Finalmente, en 531, con 92 años, Sabas supo por revelación que su fin estaba cercano. El patriarca de Jerusalén le llevó consigo, para cuidarle bien, pero una vez que obedeció, Sabas quiso regresar a su celdita, donde no tenía nada de distracción, y se dispuso a morir, o mejor dicho, a vivir para siempre. Subió al cielo el 5 de diciembre del mismo año, y se le sepultó en medio del monasterio, luego de sentidos funerales al que asistieron muchos obispos, presbíteros y fieles. Su cuerpo se venera en la iglesia principal de su laura. En el siglo XII los cruzados se trajeron algunas reliquias a Venecia, donde aún se veneran, y otras reliquias se veneran en la iglesia que el santo tiene dedicada en Roma.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 5 de diciembre además se celebra a San Gerbold de Bayeux, obispo.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Anno, obispo y regente.

San Anno II de Colonia, obispo. 4 de diciembre.

Catedral de Goslar.
Anno nació en el año 1000, y era hijo un caballero suavo venido a menos, y pariente de los Condes de Suavia. Gracias a esta parentela, pudo estudiar en la prestigiosa escuela catedralicia de Bamberg, donde fue ejemplar alumno, teniendo siempre excelentes resultados y premios. Aunque no era especialmente piadoso, el rey Enrique III le "recomendó" para una canonjía en la catedral de Goslar. No consta con certeza si ya era presbítero o fue ordenado a partir de este cargo, que conllevaba pingües beneficios. En 1040 el mismo rey le eligió como consejero y canciller del Imperio, y al mismo tiempo ejercía como confesor de la familia.

En 1056 fue elegido para arzobispo de Colonia, y ese mismo año murió el rey, dejando al pequeño Enrique IV como heredero, mientras su viuda, Inés de Aquitania, ocupaba el cargo de regente. La reina era inestable, débil ante algunos consejeros y ponía en peligro la estabilidad del reino y la sucesión. Por ello Anno encabezó un golpe de estado junto a Otón, duque de Baviera y Ecbert, conde de Brunswick. Comenzó una guerra civil, que terminó en 1062, cuando Anno capturó al pequeño Enrique IV en Kaiserwerth y le llevó triunfalmente a Colonia, donde le coronó, y al mismo tiempo se proclamó regente, asumiendo el gobierno del Imperio. Ese mismo año elevó las reliquias de San Agilulfo de Colonia (31 de marzo), trasladándolas a la iglesia de Santa Maria "ad Gradus". Fue preceptor del joven Enrique, y bajo su gobierno (ambos, terrenal y espiritual), su diócesis se hizo una de las más fuertes y ricas de Alemania. Fue gran defensor del papa Alejandro II frente al obispo Cadalo, que se autoproclamó papa, e hizo que todos los obispos alemanes le secundaran en el Sínodo de Augsburgo, en 1062. Y en 1064 repitió su adhesión al legítimo papa en el Sínodo de Parma. 

En 1066 abandonó la regencia, luego que designase a su sobrino Conrad como obispo de Tréveris. Resultó que el conde Teodorico reclamó su derecho a investir al obispo, como conde legítimo que era. Anno se enzarzó en un litigio (de nuevo el problema de las investiduras) que terminó cuando su joven sobrino fue asesinado. Aunque nunca se pudo probar, todos sospecharon del obispo elegido por Teodorico. Afectado por esta muerte, Anno se volcó en el gobierno espiritual de su sede, aunque en 1072 hubo de mediar para hacer la paz entre el emperador Enrique IV y los príncipes sajones.

En su sede comenzó a reformar la vida del clero mediante sínodos, catequizó al pueblo, reorganizó la caridad y fundó los monasterios de Siegburg, Saalfeld y Grafschaft. Fue un gran aliado de los papas Gregorio VII y Esteban IX en la reforma de la Iglesia, principalmente en la lucha contra el amancebamiento de los presbíteros, imponiendo la estricta observancia del celibato. Persiguió la simonía, denunció la vida inmoral del pueblo y de muchos clérigos y reformó monasterios masculinos y femeninos. Toda su ansia de reforma y vida cristiana le valió el rencor de los renuentes a reformarse y de los nobles impenitentes por lo que le echaron de la ciudad en 1074, calumniado y vejado. En este contexto, algunas sedes sufragáneas buscaron su independencia de Colonia, promoviendo una nueva organización eclesiástica, pero no les duró mucho, pues en 1075 una revuelta de campesinos colocó a Anno de nuevo en su sede.

Pero el viejo obispo ya estaba harto del mundo y de sus intrigas, incluso las eclesiásticas, por ello renunció a la sede y se retiró en su amado monasterio de Siegburg, dedicado a la oración y la penitencia. Allí falleció el 4 de diciembre del mismo año y allí se veneran sus reliquias. El papa Lucio III le canonizó en 1183.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 4 de diciembre además se celebra a Santa Bárbara de Nicomedia, virgen y mártir.

sábado, 3 de diciembre de 2016

La injusticia, ni permitirla ni escribirla.

San Casiano de Tánger, mártir. 3 de diciembre.

Santos Marcelo y Casiano.
Son las "Actas de los Mártires" obras de interés para los hagiógrafos y cualquiera que se apasione por las vidas y leyendas de los santos. Sabido es que no son obras de rigurosa veracidad, históricamente hablando, pero sí que aportan luces sobre cultos y patronatos, martirios y leyendas. Como leímos de Santos Bonoso y Maximiano (21 de agosto), el hagiógrafo Ruinart se dedicó (loado sea por ello) a rescatarlas del olvido, purgándolas y contrastando las versiones para entregarnos lo que él creía eran las “Sinceras Actas de los Mártires”. Por una ocasión, transcribiré una tal cual él nos la entrega, solo haciendo alguna actualización de la ortografía:

"MARTIRIO DE SAN CASIANO DE LA CIUDAD DE TÁNGER.
Sacado de un Manuscrito de la Biblioteca de M. Colbert.

Año de Jesucristo 298, en el imperio de Diocleciano, y de sus colegas.

El bienaventurado Casiano ejercía el empleo de Grefier, o Notario, bajo de Aurelio Agricolano, Teniente del Prefecto del Pretorio en África. Él era quien estaba con la pluma en la mano, y escribía la respuesta de Marcelo, en el interrogatorio a que este generoso soldado satisfizo delante de este Magistrado el día 30 de octubre. Agricolano le instaba vivamente; y sirviéndose para intimidarle de amenazas con palabras terribles, parecía que iba a conseguir de él una cobarde, y vergonzosa negacion de su fe. Pero el Santo Mártir mostró en esta ocasión una firmeza inalterable: protestó siempre, que siendo soldado de Jesucristo, no podía ya llevar las armas por otro amo; y subsistió en esta declaración con una constancia tan heroica, que mostró en aquel instante ser él mismo el Juez del que le juzgaba. Ya comenzaba Agricolano a entrar en furor; y entregando su cólera a la pluma , dictaba a su Notario, todo cuanto esta le inspiraba. 

Escribió Casiano por algún tiempo; pero en fin, viendo que el Gobernador, aunque vencido por las sabias y acertadas réplicas de Marcelo, no dejaba de pronunciar contra él la sentencia de muerte, se le apuró la paciencia. No pudo reprimir más su indignación: levantóse con enfado del bufete sobre que escribía; y quejándose fuertemente contra una tan horrible injusticia le arrojó a la cara del Tirano pluma, tinta, y papel. Una acción de este atrevimiento puso en turbación y confusión a toda la asamblea, y la dividió en diversos pareceres. Unos estaban admirados, otros llenos de temor, y todos sorprendidos, y aguardando la resolución. Sonreíase Marcelo, pero Agricolano bramaba de rabia: baja furioso de su tribunal; y no pudiéndose contener más, preguntó a Casiano, por qué había arrojado de aquel modo los registros a tierra. El Notario le respondió: Porque acabáis de dar una injusta sentencia. Agricolano, por no verse expuesto más a nuevas reprehensiones de su injusta crueldad, lo envió a la cárcel. 

La alegría que S. Marcelo había mostrado con su sonrisa, provenía de un secreto presentimiento que el Espíritu Santo le había dado, de que Casiano sería el compañero de su martirio. En efecto, S. Marcelo, habiendo recibido en aquel mismo día [30 de octubre] la corona por la cual suspiraba ya largo tiempo, pocos días después, esto es el tres de diciembre la recibió también el bienaventurado Casiano en el mismo lugar, y casi con las mismas circunstancias".

Es este uno de los ejemplos de Actas de las que ciertamente podemos creer su verosimilitud. Es escueta, no abunda en portentos ni tormentos forzados y da abundantes datos de lugares y personas, perfectamente constrastables. Incluso aunque a San Marcelo la leyenda la haya puesto algunos hijos mártires, con fabulosas narraciones de martirios y milagros, sus Actas son fiables, lo mismo que la de nuestro San Casiano, un mártir por Cristo y por la justicia.


Fuente:
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo II. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776.


A 3 de diciembre además se celebra a Santos Lucio y Emérita, mártires.

viernes, 2 de diciembre de 2016

San Tadec, el de la muerte fructífera.

San Tadec de Bretaña, abad y mártir. 2 de diciembre.

Martirio de San Tadec.
Floreció en Bretaña a finales del siglo V y durante algunos años fue ermitaño en la Baja Bretaña. Sobre los 40 años pasó a un monasterio de Cornualles, de donde fue elegido abad al poco tiempo. En estos tiempo el paganismo aún campeaba por sus anchas entre los fieros bretones, y muchos se resistían a convertirse a Cristo. Los monasterios eran focos de fe, cultura y caridad que poco a poco iban sembrando el Evangelio entre los fieles. Su lejanía de las ciudades les acercaba a las gentes rudas del campo, que a cuenta gotas se convertía. 

Un día, Faou, señor de las tierras cercanas al monasterio de Tadec, sabiendo que había una catequesis para el pueblo, se lanzó en tromba con una escuadra de caballería contra la iglesia donde estaba reunido el santo y muchos fieles que le escuchaban. Y no se detuvo ante nadie, hasta que llegó al altar, donde el santo abad recién comenzaba la misa y decía las primeras palabras del “Confiteor”. Faoud se lanzó contra él y le enterró su sable en la cabeza, y el santo cayó desangrándose. Antes de morir pudo expresar palabras de perdón para su asesino. El pueblo huyó, pero los monjes que estaban en el coro fueron todos masacrados, y el abad San Judol de Landevennec (18 de diciembre), que se hallaba de visita, logró salir corriendo pero Faou le persiguió e igualmente le dio muerte.

La leyenda cuenta que al poco tiempo de este crimen, un monstruo terrible hizo presencia en la región, asolando los campos y matando a las personas. Todos, incluso Faoud lo vieron como un castigo del verdadero Dios por asesinar a sus siervos. Entonces llamaron a San Pol de Léon (12 de marzo, 13 de marzo, Todos sus Santos Compañeros, y tercer domingo de julio, en Léon) el cual ahuyentó a la bestia (no hay que confundir esta leyenda con la del dragón que dominó en la isla de Batz). Cuando el pueblo vio esto, todos se convirtieron a Cristo, incluido Faou, que donó tierras para la fundación de la abadía de Daoulas. Una vez más se demostró que "sanguinis martyrum, semen christianorum".

Algunas reliquias y vestigios de la devoción a San Tadec quedan aún en la antigua y campestre Bretaña. 


Fuente: 
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.


A 2 de diciembre además se celebra a Santa Bibiana de Roma, virgen y mártir.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Eloy, orfebre y testigo de Dios.

San Eloy de Noyon, obispo. 1 de diciembre y último domingo de junio (traslación de las reliquias). 


San Eloy y el caballo.
Introducción.
San Eloy es uno de los santos más importantes de la Galia medieval, y por ende, de toda la Iglesia occidental. Su labor evangelizadora y diplomática trascendió su reino, para convertirse en un referente para muchos prelados, siendo amado de príncipes y papas.

Familia, niñez y oficio.
Su familia era de origen galo romana, de noble abolengo pasado y venida a menos, pues su padre fue un artesano. Nació cerca de Limoges en 588. Cuando tenía 8 años su padre le puso de aprendiz de un herrero y orfebre prestigioso, llamado Abon. Su “vita”, como buena leyenda hagiográfica que se precie, tiene algunas leyendas inverosímiles que han configurado el culto al santo: una de ellas cuenta que a un caballo muy nervioso que no se dejaba herrar, Eloy le tomó la pata, la separó del animal, le herró con paciencia y luego la colocó en su sitio, sin que el caballo sufriera lo más mínimo. 

Orfebre y consejero real.
En aquel taller Eloy se hizo un hábil herrero y orfebre, y hay que decir que ni aún siendo religioso y obispo, abandonó el arte de la orfebrería, pues era su arte y pasión. Su talento llegó al tesorero de Clotario II, Bobbo, que llamó al joven Eloy a París y le encargó que fabricara para el monarca un trono laminado en oro y cuajado de piedras preciosas, para lo cual, le entregaron numerosas joyas y una buena cantidad de oro. Eloy, que era un joven cristiano a carta cabal, entendió que con todo el material podía fabricar no uno, sino dos bellos tronos, y eso hizo. No se quedó para si ni la más pequeña joya, ni un gramo de oro. Al saber Clotario esta anécdota que probaba la honradez del orfebre, le llamó a su presencia, le entrevistó y quedado prendado de sus cualidades, arte, inocencia de vida, le nombró Jefe de la Casa de la Moneda. De su época de orfebre se conservan, o se le atribuyen, algunas obras valiosísimas en historia, devoción y costo, como los relicarios de Santos Crispín y Crispiniano (25 de octubre), San Quintín (31 de octubre) o San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones). Por tanto, son doblemente relicarios, al estar hechos por la mano de otro santo. 


Trono de Dagoberto I,
atribuido a San Eloy
Biblioteca Nacional de Francia.
Su papel en la corte y su amistad con el rey hicieron de Eloy un personaje importante en la corte, al que muchos pretendían adular, pero el santo no pasaba por esas. Era íntegro y no soportaba la alabanza vana, la fatuidad ni las falsas amistades. Ni el mismo rey se libró de su sinceridad cuando le propuso un juramento de fidelidad, pero Eloy se negó a hacerlo, pareciéndole que jurar no era correcto. Aunque no le juró, el rey comprendió que la amistad y fidelidad de Eloy eran más seguras que las de algunos ministros que habían jurado prestos y con la sonrisa en la boca.

Eloy era muy piadoso, asistía a los oficios religiosos frecuentemente, rezaba diariamente y su caridad era proverbial en París, pues los pobres nunca se iban de vacío de su casa. Fue padre providencial de muchos esclavos, a los que rescataba con sus dineros y les daba la libertad, haciendo de algunos sus sirvientes con salario. Entre ellos estuvo San Tilo (7 de enero), quien luego abandonaría el mundo y sería monje. De otros santos eremitas, monjes u obispos de la época igualmente fueron compañeros suyos en la corte, como San Arnulfo de Metz (18 de julio), San Didier de Cahors (15 de noviembre) o San Ouen de Rouen (24 de agosto), quien escribió la “Vita S. Eligii”, aunque según Butler, ha de ser considerada posterior y de la mano de un monje anónimo de Noyon.

En 629 subió al trono Dagoberto I, el cual desde niño profesaba gran estima a Eloy, aunque su vida piadosa y moral dio dejó bastante que desear, pues si bien se dejaba aconsejar de Eloy, Ouen y Didier en asuntos administrativos, no se reducía a una vida y moral cristianas por nada del mundo, siendo así que tuvo concubinas y esposas de todo tipo, y unos cuantos hijos ilegítimos. Fue Eloy embajador de Dagoberto ante San Judicael de Bretaña (17 de diciembre), el príncipe rebelde que pretendía arrancar el trono a su hermano San Salomón II (4 de octubre). Puso la paz entre ambos Eloy, logrando que Salomón reinase y que Judicael tomase mejor estado: la vida monástica. En 632 Eloy consiguió que el rey le regalase unos terrenos en Solignac, Limoges, siendo el fundador y benefactor de un monasterio junto a San Remaclio (3 de septiembre y 15 de mayo, Todos los Santos Obispos de Maastricht) construido en dichas tierras. Otro monasterio, este femenino, fundó el santo en París, poniendo al frente a Santa Áurea (4 de octubre), siguiendo la Regla de Santa Cesárea de Arlés (11 y 12 de enero). La leyenda dice que el santo se tomó unas pulgadas más de las previstas en la construcción del monasterio y por ello fue a pedir perdón al rey, quedando este admirado de tal honradez.


Obispo y evangelizador.
En 639 Eloy, cansado de la vida del mundo, decidió renunciar a su cargo de consejero real, dejando todas sus propiedades (salvo sus amadas herramientas). A su abandono del mundo le acompañó como dije antes San Tilo y San Ouen. Junto a este último, Eloy fue consagrado obispo tan solo a los dos años de su vida monástica, en 641, por gracia del papa Juan IV. Si bien como cortesano Eloy había sido íntegro a toda prueba, como obispo no lo fue menos. Fue un gran evangelizador de la región de Tournai y Noyon, la grey que le fue encomendada, luego de la muerte de San Acario (27 de noviembre). En Tournai aún campeaba el paganismo por los campos y bosques, pues la evangelización había sido abandonada tiempo atrás y conservada en las ciudades. El santo se lanzó a una obra de fundación de monasterios e iglesias, conversión de santuarios paganos en cristianos, y la organización de la enseñanza y la caridad. Predicó por si mismo y también envió misioneros a los actuales Países Bajos, principalmente a Gante y Amberes, de cuya región bien puede considerársele apóstol. Llevó la justicia a donde imperaba la venganza tribal, y la fe a donde mandaba la superstición y la idolatría. Cada domingo celebraba la liturgia de manera solemne y los demás días de la semana los ocupaba en catequizar. Así, cada año bautizaba en la Pascua a cientos de cientos de nuevos cristianos, y reconciliaba a muchos bautizados devolviéndolos a la Iglesia luego de la penitencia cuaresmal.

Ya siendo obispo fundó un monasterio femenino en su ciudad episcopal: Noyon, en el cual quedó como abadesa Santa Godebertis (11 de abril y 3 de junio, traslación de las reliquias). También le hace la leyenda fundador del monasterio de Ourscamp (campo de osos), cerca de Noyon, que tiene su sabrosa leyenda: llevaba el santo las piedras en un carro tirado por un buey cuando salió del bosque un gran oso que hizo mató al buey de un zarpazo. Entonces el santo regañó al oso y le hizo ponerse frente al carro, lo unció y el animal hizo las funciones del buey acarreando piedras hasta que el monasterio estuvo listo. Una vez que terminó, el santo le dio la libertad, como se lee de otros santos. Fue consejero de la reina regente, Santa Bathildis (30 de enero), con la que logró uno de los grandes anhelos de ambos: la prohibición del comercio de esclavos y la obligatoriedad del descanso dominical para los que aún eran esclavos, en las tierras de los francos en el Concilio de Chalon en 647.

Muerte y reliquias.
Luego del verano de 660 Eloy tuvo la premonición de que su muerte estaba cercana y lo comunicó a su clero. A finales de noviembre cayó enfermo de fiebres, y subió al cielo el 1 de diciembre del mismo año, luego de 19 años como obispo. La reina Bathildis se encargó de sus funerales y dispuso el traslado de su santo cuerpo al monasterio de Celles, donde la misma reina se recogía y terminaría siendo religiosa. Pero el pueblo y el clero de Noyon se opusieron a sus planes y por nada del mundo consintieron en deshacerse de las reliquias de su santo obispo. Así que la reina, al ver el amor que le tenían, desistió y el santo fue sepultado en la iglesia de Santa María, de donde fueron trasladadas a la catedral el 24 de junio de 1739. Su martillo, o su supuesto martillo de orfebre, se venera en Vosselare, Flandes. En la sede fue sucedido por San Mumolin (16 de octubre).


Reliquias de San Eloy.
Catedral de Noyon.
Culto y devoción.
La devoción a San Eloy, más por sus habilidades de orfebre, que por su acción apostólica, se ha extendido por todo el mundo conocido. Las asociaciones y gremios de forjadores y orfebres le tienen por su patrón y aún celebran su fiesta, sobre todo en Francia, España y algunos sitios de América. Es abogado de artesanos, numismáticos, coleccionistas de monedas, herreros, obreros metalúrgicos, relojeros, mineros, caldereros, cerrajeros, en general todos los oficios relacionados con el metal, la precisión y la delicadeza. Además, por la asociación con la herrería y los caballos, se le invoca ante las enfermedades de los equinos, habiendo sido costumbre durante siglos bendecir caballos el último domingo de junio, coincidiendo con la conmemoración de la traslación de las reliquias.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916. 


A 1 de diciembre además se celebra a San Ansano de Siena, mártir.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Marchand, de París a Cochin.

San José Marchand, presbítero y mártir. 24 (Todos los Mártires de Viet-Nam) y 30 de noviembre.

Nació José en Passavant, el 17 de agosto de 1803, terminada apenas la Revolución Francesa y comenzando la Iglesia a resurgir de las cenizas adonde la había querido confinar la misma. Fueron sus padres Agustín Marchand y Juana Moine. 

De niño estudió en las escuelas de Orsans, y siendo aún infante descubrió su vocación religiosa, por lo que comenzó sus estudios sacerdotales. Afianzada su vocación como misionera, entró al Seminario de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París, fundada por la Iglesia para la evangelización de los pueblos, principalmente de Asia. Fue la estrategia misionera de la Iglesia para no depender de las órdenes religiosas tradicionales, a menudo demasiado implicadas en los asuntos de sus propios países. Así, la Iglesia evangelizaba sin contar con los reinos de Portugal o España, aunque no estuvo exenta de las intromisiones de los gobiernos franceses del siglo XIX, ni mucho menos ajena a los problemas internos de los países asiáticos. 

El 25 de diciembre de 1828, José fue ordenado diácono, y el 4 de abril de 1829 subió al altar para ser ordenado presbítero. Las ansias misioneras de José y la necesidad de misioneros por parte de la Iglesia eran tantas, que el 24 de abril, a los 20 días de ordenado partió a misiones. Desde Nantes partió el 12 de mayo a bordo del barco "Voltaire", en una travesía que no estuvo exenta de sufrimientos. Los marinos, hechos zafios durante la Revolución, eran hostiles a la Iglesia y a los religiosos, a los que ofendían y ante los cuales blasfemaban cuanto querían. Pero José Marchand no mostraba enfado, sino que solo rezaba por ellos en su fuero interno. Un día que un marinero se unió a los sacerdotes en sus oraciones, fue azotado con una cuerda. De tal calibre era la situación. En octubre llegaron a Manila, donde José subió a un barco español que le llevó a Macao, donde le dieron su misión: Cochín, al sur del imperio de Vietnam, donde se uniría a los misioneros Gagelin y Cuenot. El 27 de febrero de 1830 se embarcó en el barco de unos traficantes chinos, que le llevaron a su destino.

En la Universidad-Seminario de Lai Thieu, cerca de Saigón, aprendió, en tiempo record, la lengua de los anamitas, y se lanzó a evangelizar y a animar a las iglesias establecidas por Chau-Doc, Vinh Long, llegando a Phnom Penh, capital de Camboya. En 1830 regresó a la Universidad, donde dio clases a un grupo de estudiantes, a la par que era párroco de las iglesias locales vecinas. En 1832 volvió a emprender un viaje misioneros por la provincia de Binh Thuan, donde le sorprendió la persecución, a inicios de 1833. La persecución de los cristianos en Asia tiene muchos componentes políticos en los cuales los países occidentales no dejan de tener su parte de razón, aunque siempre sufrieran los mismos: los inocentes.

Nuestro santo estuvo un tiempo escondido en la Baja Cochinchina, hasta que uno de los rebeldes al poder imperial le capturó y le encerró en Saigón. Los rebeldes al emperador eran vietnamitas que odiaban su carácter inestable y sus acciones irrespetuosas, y lo que les enervó más fue la profanación que el emperador llevó a cabo al azotar la tumba del primer Mandarín, muerto en 1832 y al que el pueblo estimaba sobremanera. La idea del líder rebelde que capturó al P. Marchand era que el misionero aprovechara su ascendencia sobre los católicos y los animara a levantarse en armas contra el emperador Minh Mang, perseguidor de los cristianos. Pero José se negó a aquello, diciendo que solo era un misionero y solo quería salvar almas. Pero a pesar de su negativa, al cabo de 18 meses, cuando las tropas imperiales tomaron Saigón, el 8 de septiembre de 1835, el santo fue acusado de formar parte de la rebelión y de hacer precisamente aquello a lo que se había negado: rebelar a los católicos bajo la bandera del Evangelio contra el emperador. Le llevaron a Hue, donde llegó el 18 de octubre del mismo año. Allí le atormentaron con tenazas al rojo vivo para que confesara algo que no había hecho. Como los jueces vieron que no había pruebas para acusarle, le pidieron entonces que renegara de Cristo y pisara una cruz. Pero José Marchand se negó, por supuesto y fue condenado a morir de cien heridas. Este tormento consistía en aplicar ciertos cortes pequeños, pero letales, mediante los cuales el condenado se desangraba y sufría atroces dolores de nervios y huesos. Luego de morir por Cristo, el 30 de noviembre de 1835, su cuerpo fue despedazado y arrojado al mar, mientras que la cabeza fue expuesta durante días como escarmiento. Finalmente la trituraron a golpes y la arrojaron al mar.

Su martirio y supuesta “traición” animó al emperador a acentuar su persecución contra el cristianismo, pues nada extranjero era bueno para el imperio. Acusó a los cristianos, vietnamitas o no, de ser los verdaderos causantes de la rebelión, y de estar al servicio de potencias extranjeras. Y muchísimos sacerdotes y laicos fueron perseguidos y cruelmente martirizados. Y no solo siguió esta política el imperio, sino que fue y es medular en el Viet-Nam comunista, acérrimo enemigo de la Iglesia.

Gregorio XVI declaró Venerable a José Marchand en 1840, apenas pasaron cinco años de su martirio. Y León XIII le beatificó el 7 de mayo de 1900. Su canonización fue 19 de junio de 1988, junto a 117 mártires de Viet-Nam, por el Papa Juan Pablo II.


Fuente:
-"La vie de Abbe Marchand, missionnaire apostolique et martyr". J.-B.-S. JACQUENET. París, 1851.


A 30 de noviembre además se celebra a
San Andrés, Apóstol.
San Tugdual de Bretaña, abad.

martes, 29 de noviembre de 2016

Ante Dios, caen los ídolos.

San Saturnino de Roma, presbítero y compañeros mártires. 29 de noviembre.

Según su leyenda, era Saturnino un sacerdote cartaginés que a finales del siglo III se trasladó a Roma. Junto a otros cristianos fue apresado y condenado a trabajar en las obras públicas, como caminos o baños. Allí se relacionaron con San Ciriaco (8 de agosto). Los cristianos eran tratados con más dureza que otros esclavos o condenados, pues además, frecuentemente eran invitados a apostatar para librarse del castigo. Esto según las tradiciones piadosas, pues oficialmente no consta.

Para los cristianos, sabido es, padecer por Cristo no era un tormento, sino que lo vivían con paciencia y aún con alegría, alentándose unos a otros con oraciones, cantos y palabras. Se atendían caritativamente y se socorrían en sus penas. De los más activos eran Saturnino y su diácono Sisinio, que no descansaban por socorrer a los demás, y darles el aliento de la fe. El comandante Espurio lo comunicó al emperador Maximiano, en cual mandó traerlos a su presencia y una vez hecho, les intentó obligar a sacrificar a los dioses, pero los dos clérigos se negaron. Entonces Maximiano los mandó a la cárcel bajo la vigilancia del cruel Landicio. Treinta días padecieron castigos y vejaciones, pero los tres santos solo alababan a Cristo y confortaban a los allí encerrados. Al cabo del mes de prisión, fueron presentados ante Maximiano, el cual había puesto un ídolo en medio del tribunal, para que Saturnino y Sisinio sacrificaran. Pero estos, apenas entraron a la sala y lo vieron, dijeron: "Que el Señor de las naciones, avergüence a tus dioses", y el dios cayó y se rompió en pedazos. 

Fueron castigados en el potro, donde les estiraron los músculos y les rompieron los costados flagelándoles con escorpiones, pero Saturnino y su diácono cantaban: "Gloria a ti, Jesucristo, porque nos has permitido compartir la gloria de tus siervos". En ese momento, dos soldados que había allí, llamados Papías y Mauro, adoraron a Cristo y se convirtieron a la fe cristiana y clamaron a Landicio: "¿Cómo es posible que el diablo tenga tanto poder sobre ti, para que seas tan cruel con estos dos hombres santos?". Entonces Landicio mandó que con piedras les rompieran las bocas a ambos soldados. Luego todos fueron arrojados a la cárcel, y allí siguieron atormentándoles. Finalmente, como veían que nada reducía a los santos, les llevaron a las afueras, y en el primer miliario de la Vía Nomentana les decapitaron. 

Un cristiano piadoso llamado Tasso les sepultó el 29 de noviembre, sobre 303, en su propia casa, en la Vía Salaria. Esta “depositio” la recogen los martirologios antiguos, aunque los datos sobre la vida y martirio son posteriores y legendarios. En el siglo V se levantó una iglesia en su honor, que subsistió hasta el terremoto de Roma en el siglo XII.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 29 de noviembre además se celebra a los Beatos Dionisio y Redento, carmelitas mártires.

lunes, 28 de noviembre de 2016

San Gregorio III, el papa iconódulo.

San Gregorio III, papa. 28 de noviembre.

Fue Gregorio natural de Siria, pero fue educado en Roma por su padre, el presbítero Juan. Era muy dado a las letras y el estudio, junto a la piedad. Por ello a los 18 años fue ordenado diácono y a los 21 lo fue de presbítero. Conocía varias lenguas, era retórico, podía citar las Escrituras y a los Santos Padres con soltura. 

En enero de 731 falleció San Gregorio II (2 y 13 de febrero), y mientras este era enterrado, el pueblo aclamó al presbítero Gregorio por nuevo papa. Fue entronizado el 22 de febrero, día de la Cátedra de San Pedro, del mismo año. Siguiendo la línea de su predecesor, Gregorio fue un entusiasta de la evangelización de las tierras bárbaras, la reforma de la Iglesia, la santidad del clero y la dignidad del culto. Personalmente instruía y catequizaba al pueblo, alertaba contra la herejía y denunciaba los vicios. Se preocupó por la caridad, el sostenimiento de los pobres y la redención de los cautivos. En 738 nombró arzobispo a San Bonifacio (5 de junio), el cual había sido enviado a evangelizar a Alemania por Gregorio II, que también le había ordenado obispo. Le recibió en una visita que le hizo el santo apóstol y Gregorio, admirado de toda su obra le concedió plenos poderes para organizar la Iglesia, confirmando lo que ya Gregorio II había hecho. Gregorio nombró nuevos obispos, envió más misioneros, entre ellos a San Willibald (7 de julio) y proveyó a San Bonifacio de libros, imágenes y reliquias para que llevase a Alemania.

Fue muy solícito con las iglesias orientales, y firme en defender la unidad católica y la defensa del culto a las imágenes. Desde tiempos de Gregorio II, León el Isáurico retenía el imperio oriental y se había empeñado en la herejía iconoclasta, que tomaba por idolatría el culto a las imágenes del Señor y de los santos. A tanto llegó su furor que llegó a perseguir a prelados y vírgenes, a quemar su preciosa biblioteca, reteniendo dentro a seguidores de la fe católica. Biblioteca que, además, estaba llena de iconos y libros antiguos. San Gregorio, al conocer semejante impiedad, le escribió airado: "¿Quién os obliga, serenisímo Emperador, a volver atrás después de haber marchado con tan justos pasos en los primeros años de vuestro reinado? Decís ahora que es una idolatría honrar a las imágenes: habéis mandado arruinar su culto sin temor del juicio de Dios, que castigará algun dia a los autores de tal escándalo. ¿Por qué no habéis consultado con hombres instruidos, piadosos y sabios? Debemos miraros como a un hombre sin literatura, grosero a ignorante; y por esta razón nos creemos en la precisión de hablaros con fuerza, pero con verdad. Dejad vuestra obstinada presunción, y escuchadnos con humildad. Las decisiones de la Iglesia no pertenecen a los emperadores, sino a los obispos; los que así como establecidos para ello no se mezclan en los negocios temporales, tampoco los emperadores deberán mezclarse en los eclesiásticos, sino contentarse en disponer de aquellos que les están confiados. Nos habéis escrito sobre juntar un Concilio Ecuménico; pero no lo juzgamos a propósito. Vos mismo, que sois el autor de la alteración y de la inquietud, conteneos, y todo el mundo estará en paz. Tranquilizadas estaban las iglesias cuando encendisteis el fuego de la división".

Pero sin embargo, el legado que llevaba esta carta, la leyó antes y conociendo el furor de León y reconociendo la firmeza del papa en dichas letras, no creyó prudente entregarla y volvió a Roma. Un Concilio que se reunía en Roma examinó el asunto y determinó castigar al legado con penitencias. Además, en 732 le volvieron a enviar a Constantinopla con la carta y con las resoluciones del Concilio Romano contra la herejía iconoclasta y los actos del emperador contra la Iglesia. León, como temía el legado, tomó aquello como afrenta, encerró al mensajero y persiguió con más saña a los defensores de las santas imágenes. Y para demostrar su poder mandó un ejército a Sicilia para destruir todas las iglesias, apoderarse de sus bienes, y aún más: capturar al papa. Pero le salió mal la jugada, pues la expedición naufragó en el mar Adriático.
San Gregorio, por su parte, estimuló el arte cristiano, llenando de frescos las iglesias romanas y enseñando a los fieles el valor de las imágenes para el aprendizaje y el culto. Para ello convocó un Concilio en el que se determinó la excomunión contra todos los iconoclastas, mandando a León como legado a Constantino, un eminente prelado encargado de la economía de la Iglesia de Roma. A pesar de la dignidad de este hombre, León igualmente le apresó y le hizo vejar durante un año en la cárcel.

No se intimidó Gregorio con la dureza del emperador, sino que mandó se celebrase en toda la Iglesia una festividad general del Divino Salvador, la Madre de Dios y Todos los Santos, construyendo además una hermosa capilla donde juntó todos los iconos que sobrevivieron en Oriente, y a los que les rendía culto diariamente. Además, construyó una columnata frente a la Basílica de San Pedro, en la que colocó numerosas esculturas del Señor y de los Santos, siendo la predecesora de la hermosa y actual columnata de Bernini. Y, además, una segunda vez envió el decreto de excomunión al emperador y sus seguidores.

Esta tozudez de León el Isáurico en la herejía le hizo perder la ascendencia que aún tenía sobre Roma y alejar la posibilidad de reunir de nuevo al imperio, pues cuando en 741 los longobardos saquearon Roma, el papa Gregorio no quiso ni oír de pedir ayuda al herético emperador de Oriente, como hasta entonces había ocurrido. El papa recurrió a Carlos Martel, que tampoco es que fuera un santo, pero al menos no se oponía abiertamente a la Iglesia. Era Carlos regente de Francia y por su ayuda a la Iglesia, Gregorio le otorgó el título de "Cristianísimo", enviándole la insignia de las "Llaves de San Pedro", un símbolo de defensa de la Iglesia al que los príncipes cristianos debían responder corriendo a proteger al papa y a la Santa Iglesia. Por ello, Carlos, aunque aliado de los longobardos contra los musulmanes, fue a Roma y la liberó.

Ese mismo año de 741 subió al trono imperial el hijo de León III, Constantino V (llamado "Coprónimo" porque la tradición dice que se defecó cuando le bautizaron). Este nuevo emperador fue tan iconoclasta como su padre, y bajo su mandato fueron martirizados cientos de católicos por defender a las santas imágenes, entre ellos el famoso abad San Esteban de Constantinopla (28 de noviembre), e igualmente fue excomulgado por San Gregorio. Este, por su parte, proveyó al culto de los santos mártires con nuevas o renovadas disposiciones, como que se celebrase la misa sobre sus sepulcros el día de sus natalicios, como se hacía en tiempos de San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal) y había sido abolido posteriormente.

Falleció San Gregorio III el 28 de noviembre de 741. Fue sepultado en la Basílica de San Pedro y su sepulcro, como no, fue adornado con numerosas imágenes del Señor, la Virgen Santísima y los santos. Lamentablemente durante la demolición de la Basílica por los sarracenos en 846 se perdieron sus reliquias.


Fuentes:
-"La leyenda de oro para cada día del año". Volumen XI. PEDRO DE RIBADENEIRA. Barcelona, 1865.
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 28 de noviembre además se celebra a San Hortolano, bisabuelo de Cristo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

San Gulstan, otro con pez.

San Gulstan de Rhuys, pirata y ermitaño. 27 de noviembre y 27 de enero.

Una leyenda cuenta que nació en Cornualles, en 974. Con 18 años unos piratas le secuestraron y, para no ser asesinado o esclavizado, decidió unirse a los forajidos del mar. En una ocasión se lesionó un pie y la llaga fue a más, por lo que los piratas le abandonaron en la isla de Ouessant, en lo más occidental de Francia. Allí le cuidó Dios, proveyéndole con un pez del que comía diariamente sin que el pez muriera, sino que se regeneraba de nuevo. Tal y como se lee de San Corentin de Quimper (12 de diciembre). Allí le halló el ermitaño San Félix (9 de marzo), que oyó su historia y le acogió junto a sí. Cuando Félix fue elegido abad por los monjes de la abadía de San Gil de Rhuys, en el continente, Gulstan se trasladó para seguir siendo ermitaño en la isla de Hoëdic. Unos años más tarde también se fue a San Gil, donde trabajaba como hortelano y jardinero

Gulstan oraba incesantemente con los salmos, repitiéndolos una y otra vez. Apenas dormía tres horas, y jamás usó ropa que no fuera una túnica de estameña, fuera verano o invierno. Muchos se le acercaban para pedirle oraciones, consejo y realizó muchos milagros. La llaga de su pierna jamás curó, y con las vendas que le aplicaban también se realizaron prodigios, como se lee de San Pablo (Hch 19, 11-12). Gulstan falleció el 27 de noviembre de 1040, cuando estaba en el monasterio de las monjas de St. Filibert de Beauvoir, estando de paso por unos asuntos de su propia abadía.
Cuando se supo de su fallecimiento, muchos acudieron al monasterio de las religiosas a venerar el santo cuerpo. Los monjes de Maillezais tomaron el cuerpo y lo llevaron a su iglesia, pero las religiosas lo reclamaron para sí, ya que había muerto con ellas. Así que no se enterró el cuerpo durante tres días, mientras el pueblo le rendia culto y se sucedían los prodigios. El abad de San Gil, Vital, que había sucedido a Félix en 1037, reclamó el cuerpo a las monjas de St. Filibert, y ellas igualmente se negaron a entregarlo. Tuvo que ser el obispo Isambert de Poitiers quien llamara la atención a las monjas, las cuales luego de una compensación económica “por los gastos en cirios y flores” aceptaron dar el cuerpo del santo. Lo tomaron los monjes de Rhuys y se lo llevaron consigo, enterrándole en su iglesia abacial, donde aún se le venera.

Es abogado de marinos y pescadores, se le invoca contra las tormentas, para tener vientos favorables en la mar, por las llagas incurables, los eczemas, úlceras y cualquier mal de la piel. En Croisic tuvo una capilla dedicada luego que salvara a unos marinos de encallar: vieron estos unas luces misteriosas que les guiaron hasta tierra segura, luego de invocar al santo. Allí también le invocaban las parturientas, y era tradición, hasta el siglo pasado, que cuando un niño nacía enredado en el cordón umbilical, la madre debía dar vueltas a la capilla del santo, tantas como vueltas tuviera el cordón alrededor del niño.


Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.


A 27 de noviembre además se celebra a Santos Facundo y Primitivo de Cea, mártires.