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jueves, 19 de octubre de 2017

El culto a los mártires y a las reliquias, esencial a la fe.

Santa Cleopatra, viuda. 19 de octubre.
 
Santa Cleopatra, San Varo
y San Joel Profeta.
Sobre esta santa viuda lo que se conoce es poco, y siempre relacionada a su principal obra caritativa: la construcción de una iglesia en el Monte Tabor.

Era una piadosa cristiana oriunda de Edra, Palestina, pero al casarse había emigrado a Egipto, donde había enviudado. En 307, luego del martirio de San Varo (19 de octubre), logró recuperar las reliquias del mártir cuando estas fueron arrojadas a las afueras de la ciudad. Ayudada por sus esclavos las sepultó en su propia casa, donde cada día hacía homenajes en su memoria, sin que faltaran nunca luces encendidas junto a la tumba. Como aún eran tiempos de persecución, los cristianos veneraban las preciadas reliquias de forma oculta. 

Cleopatra mantuvo las reliquias con ella, venerándolas en lo privado, hasta la paz de San Constantino (21 de mayo). Luego de esta, pensó retirarse a su tierra natal, pero se vio entre dejar allí las reliquias, o pelearse con los cristianos de Egipto por llevarse las reliquias; por ello escribió al emperador pidiéndole permiso para trasladar los restos de su marido, militar, a su tierra. Así, al responder afirmativamente el emperador, Cleopatra tomó las reliquias de San Varo, las envolvió en una sábana de Lino, y diciendo a todos que se llevaba los huesos de su marido, junto a su hijo Juan se fue a Palestina, junto al Monte Tabor, donde estaba sepultado su propio padre. Allí continuó Cleopatra venerando la memoria de San Varo, por lo que muchos cristianos conocieron de tan esclarecido mártir y la devoción fue a más.

Pronto ocurrieron numerosos milagros a la vera de las reliquias del santo, enfermos curados, niños que andaban, ciegos que recuperaban la visión, etc. Por esta razón, Cleopatra edificó una capilla a la memoria del santo. Antes de esto, habiendo crecido Juan, Cleopatra quiso que fuera militar como su padre. Logró que fuera recibido por el emperador y que este le diera un puesto. Aunque antes de partir a Roma, Cleopatra quiso que Juan le ayudara a terminar la iglesia de San Varo. Cuando la bella iglesia, que ya no existe, estuvo terminada, Cleopatra mandó hacer un bello relicario, sobre el cual colocó las insignias militares que habría que llevar su hijo. Luego de la liturgia de dedicación, Cleopatra dispuso que hubiese siempre presbíteros que oraran por el pueblo.

La aparición de San Varo.
Todo era fiesta, pero sin embargo, Juan murió la misma noche de la Dedicación de la capilla y Cleopatra clamó amargamente a San Varo: "¡Siervo de Dios! ¿Es así como me has recompensado por las grandes obras que soporté por ti? ¿Es éste el socorro que me das a mí que abandoné a mi marido por tu causa y puse mi esperanza en ti? Tú has permitido que muera mi único hijo; tú me has privado de mi consuelo y me has quitado la luz de mis ojos. ¿Quién me alimentará ahora en mi vejez? ¿Quién cerrará mis ojos cuando muera? ¿Quién entregará mi cuerpo a la tumba? Había sido mejor para mí morir que contemplar a mi amado hijo perecer en su juventud como una flor antes de tiempo. Devuélveme a mi hijo como una vez Eliseo devolvió al hijo de la mujer sunamita, o llévame sin demora porque ya no puedo soportar este amargo dolor". Luego quedó rendida por el llanto, y tuvo una visión: Vio a San Varo llevando a Juan, en forma de inocente niño. Ambos estaban coronados con hermosas guirnaldas y revestidos de ropas refulgentes. Esta visión la consoló y le dio paz, e incluso pidió al santo mártir que la llevara al cielo con ellos. Pero San Varo le dijo que aún no era el tiempo de ello. Cleopatra sepultó a su hijo en la misma sepultura del santo mártir (algo bastante común) y desde entonces no se lamentó más, sino que vivió con gozo por ver la gloria de su hijo, esperando ella tenerla también. 

Muchos milagros ocurrían por la intercesión de San Varo, cuyo culto Cleopatra cuidó más aún. Dio todos sus bienes a los pobres y se mudó a la iglesia, donde vivía y moraba. Ayunaba, oraba y a todos hablaba de los milagros del glorioso San Varo. Este, por su parte, se le aparecía cada domingo cuando ella comulgaba, lo cual acrecentaba más su esperanza. Siete años vivió así, hasta que, finalmente, en 327 Cleopatra entró en el cielo, y después de su muerte, ella también fue sepultada en la iglesia por ella construida.


Fuentes:
www.johnsanidopoulos.com
-"A Dictionary of Saintly Women". Volumen 1. AGNES BAILLIE C. DUNBAR. Londres, 1904.


A 19 de octubre además se celebra a
Beato Tomás Hélye, presbítero.
San Verand de Cavaillon, abad.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Orando por los enemigos... ¡para que se mueran!

San Julián Sabas, eremita. 18 de octubre y 14 de enero.

Fue Teodoreto quien escribió la vida de este santo. Según él, Julián Sabas nació a inicios del siglo IV, era de humilde condición, rudo y sin educación, pero estaba de tal modo asistido por el Espíritu Santo, que San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) escribió que apenas era inferior a San Pablo Ermitaño (15 de enero) y a San Antonio Abad (17 de enero).

Julián Sabas, deseoso de servir a Dios con toda libertad, se fue a una pequeña cabaña en los desiertos de Osrhoene, Mesopotamia. Allí vivía austeramente, comiendo solo un pan de hierbas una vez por semana y bebiendo agua solo la necesaria para no morir. y eso comería toda su vida, añadiendo higos cuando ya era anciano. Trabajaba, oraba y cantaba salmos todo el día. Su virtud le hizo atraer discípulos, y llegó a tener cien. Para ese momento ya vivía en una cueva húmeda e insalubre de la que los discípulos lograron sacarle solo con sus ruegos. El ritmo orante de la comunidad era constante, diariamente se cantaban los 150 salmos de David, empezándose a medianoche y alternándose en grupos los monjes, mientras otros trabajaban. Oraban de esta manera: uno, de pie, cantaba quince salmos mientras los demás del grupo permanecían postrados. Luego le sustituía otro, mientras el que había cantado se postraba con los demás. Y así, uno tras otro, se sucedían los salmos en la orante comunidad. Al atardecer se reunían para comer algo frugal, orar todos juntos e irse a dormir, hasta la medianoche, cuando volvía a repetirse todo. 

Julián Sabas visitó el Monte Sinaí con su discípulo Asterio. Julián construyó una pequeña capilla en el Sinaí, y luego volvió a su desierto de Osrhoene. Al volver a su recinto, supo de la campaña militar que el emperador Juliano el Apóstata estaba llevando a cabo contra los persas y, temiendo que el emperador volviera a perseguir a la Iglesia si ganaba aquella campaña, pasó diez días de incesante oración a Dios para que entregara al emperador en manos de sus enemigos. Al cabo de ese tiempo, oyó una voz que le dijo: "Alégrate, ese cerdo apestoso y vil está muerto". Entonces Julián reunió a sus hermanos y les mandó cantar himnos de alabanza por aquella derrota de Juliano que, efectivamente, no regresó de esa campaña. Tal vez, todo sea dicho, Julián no sabía que los feroces persas paganos serían aún más crueles en sus persecuciones a los cristianos.

Desierto de Osrhoene.
Imperando Valente, monarca arriano, Julián Sabas fue llamado por los cristianos de Antioquía para que alentara su fe, ya que se veían reducidos ante los ataques de los arrianos, perdiendo sus templos y con su obispo, San Melecio (12 de febrero), desterrado. Una leyenda cuenta que al entrar a la ciudad, Julián Sabas entró en la casa de una mujer piadosa y pidió un refrigerio. La dueña de casa mandó a su esclava prepara una cena para el santo, pero en ese momento, el hijo de la esclava cayó al pozo y la esta comenzó a gritar. La dueña le dijo: – "No grites, pon la tapa al pozo y prepara la cena como te he mandado". Así lo hizo la esclava. Luego de comer el santo preguntó por el niño, pidiendo lo trajeran a su presencia para bendecirlo. Dijo el ama: –"Está en el fondo del pozo, hemos estado tan ocupadas preparando la cena, que no hemos tenido tiempo de sacarlo". Inmediatamente Julián fue al pozo, quitó la tapa, y las aguas comenzaron a subir, devolviendo el niño a la superficie, sano y salvo. De regreso a su desierto, Julián Sabas pasó por Ciro, donde el emperador Valente había colocado un obispo arriano llamado Asterio. Los católicos imploraron la ayuda de nuestro santo, que hizo lo que único que sabía hacer: hizo varios días de oración y al día siguiente de que Julián dejara la ciudad, el obispo arriano murió ahogado en sus vómitos y putrefacto. 

El año de la muerte de Julián Sabas no se sabe con certeza, pero debe haber sido alrededor de 378.


Fuente:
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 18 de octubre además se celebra a
Santa Gwendolin (Cándida) de St-Vennec, madre.
San Justo de Beauvais, niño cefalóforo mártir.

martes, 17 de octubre de 2017

Santa Solina de Chartres

Santa Solina de Chartres, virgen y mártir. 17 de octubre, 3 de marzo (Invención de las reliquias) y 27 de agosto (traslación de las reliquias).


Solina ante el juez.
Fue Solina natural de Aquitania, donde nació a inicios del siglo III. Su padre era funcionario del gobierno romano de la región, y junto a su madre, practicaban la religión de sus ancestros. Solina supo de Cristo cuando tenía 12 años, se convirtió y desde ese momento quiso guardar castidad para su celestial Esposo. Por esta razón, cuando llegó el momento de casarla, Solina rechazó uno tras otro a los pretendientes que sus padres le proponían.

Viéndose presionada para aceptar casarse, huyó de su casa a Chartres, refugiándose en una cueva donde poco antes Santos Saviniano y Potenciano (31 de diciembre) habían erradicado el culto pagano que allí había, consagrándola al culto de la Madre de Dios. Eran tiempos de persecución, y en ella alcanzó la palma del martirio Santa Modesta (31 de diciembre), hija del prefecto de la ciudad, el cual había asesinado por sí mismo a su hija por ser cristiana.

Cuando se supo que Solina estaba asentada en la cueva mencionada, fue apresada e interrogada. Como se mantuvo firme ante las amenazas, fue decapitada, a 17 de octubre de 250. Su culto consta en Chartres y Poitiers desde al menos el siglo V, y se le invocaba contra los desastres naturales, las malas cosechas, y para pedir bienestar para el reino.


Fuente:
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 17 de octubre además se celebra a
Las Santas Doncellas de Tolosa, vírgenes.
San Dulcidio de Agen, obispo.

lunes, 16 de octubre de 2017

San Elophe, hermano de todos, y de Cristo.

San Elophe de Toul, mártir. 16 de octubre y 21 de junio (traslación de las reliquias a Colonia).


Imagen venerada en Domremy.
Cuéntase que era de origen irlandés y que vivía en Toul, asistiendo a los pobres y los enfermos. Durante la persecución de Juliano el apóstata, Elophe fue apresado y sentenciado a muerte, pero estando en la cárcel convirtió y bautizó lo menos a 400 personas. Finalmente fue decapitado por Cristo en 362. Aunque la leyenda no mencione nada sobre cefaloforia, en ocasiones se le presenta con la cabeza entre las manos, como los santos cefalóforos. Hay que recordar que el origen de esta iconografía es presentar un tipo de martirio: la decapitación.

Algunas leyendas le hacen hermano de San Euquerio de Liverdun (24 de octubre), y de Santas Libaria y Pusinna (10 de julio y 8 de octubre), que habrían sido martirizadas con él. En ocasiones también aparece como hermano de San Menna (3 de octubre). Y, además, por si fuera poco, la leyenda Santas Oda y Gertrudis de Toul (16 de febrero) también le hace hermano de estas santas. Indudablemente, debió ser un santo muy popular y de culto antiguo como para que se le asociara con otros santos menos conocidos para darles realce a estos últimos.

Su sepulcro aún se venera en la colina donde la tradición quiere su martirio. En 960 San Bruno I de Colonia (11 de octubre), amante de las reliquias, trasladó sus restos a la iglesia de San Martín de Colonia.


Fuente:
https://www.heiligenlexikon.de


A 16 de octubre además se celebra a
San Gall, abad.
Santa Eduviges de Silesia, duquesa y religiosa.

sábado, 14 de octubre de 2017

Cuando un santo despotrica de otro santo.

San Calixto I, papa y mártir. 14 de octubre.

Antiguos martirologios sitúan su memoria a 12 ó 14 de octubre, indistintamente, aunque la fecha de hoy es la más extendida. Sobre Calixto nos han llegado unas Actas poco veraces y la obra "Refutación de Herejías", atribuida al presbítero San Hipólito (13 de agosto), donde no se habla nada bien de Calixto.

Hipólito, que no se calla nada, cuenta que Calixto había sido esclavo de Carpóforo, un cristiano que le colocó al frente de un banco de préstamos a cristianos pobres. Pero Calixto le estafó, robó el dinero de los depositarios y huyó. Sin embargo, fue apresado en Ostia y sentenciado a trabajos forzados. Carpóforo, más preocupado de restituir el dinero que de castigar a Calixto, le perdonó y le instó a devolver la suma. Pero Calixto nuevamente se metió en líos, esta vez con los judíos, a los que acusó de ser ellos los que le debían dinero, llegando a alborotar un sábado en la sinagoga. Por ello fue llevado ante el juez, que le condenó a ser azotado públicamente y a trabajar como esclavo en las minas de Cerdeña.

Marcia, concubina del emperador Commodo, era favorable a los cristianos y por su medio el papa San Víctor I (28 de julio) logró que el emperador liberara a los cristianos presos a causa de su fe. El mismo papa habría confeccionado una lista de nombre, según Hipólito, en la que no estaba el nombre de Calixto, un preso común. Sin embargo, Calixto se las agenció para que le liberaran y regresar a Roma. El papa Víctor no quiso problemas y se desentendió de él, enviándolo a Antium. Allí estuvo 10 años hasta el pontificado de San Ceferino (26 de agosto), al cual Hipólito llama "ignorante y de mente débil". Ceferino ordenó diácono a Calixto y este se convirtió en su mano derecha y le dio a administrar un cementerio que posteriormente llevaría su nombre, las actuales "Catacumbas de Calixto".

Fue Calixto, siempre según Hipólito, quien hizo que Ceferino se bandeara entre la herejía montanista y la monarquista-modalista, asumiendo que solo Cristo era Dios, y el Padre y el Espíritu Santo solo eran figuras simbólicas del mismo ser. Tal herejía fue denunciada por Hipólito (tiene su mérito el hombre como apologista). Entre 217 y 221, Calixto sucedió a Ceferino en el trono de San Pedro y casi inmediatamente condenó el sabelianismo, excomulgando a Sabelio.

San Hipólito dice que Calixto llegó a afirmar: "Nunca reconoceré a dos dioses, un Padre y un Hijo, sino a un solo Dios. El Padre, habiendo descendido al Hijo, ha deificado la carne que Él asumió, y uniéndose con Él ha formado un solo ser, que es llamado Padre e Hijo, pero que sin embargo es un solo Dios; este Dios que forma una sola persona, no dos. De ahí se deduce que el Padre sufrió con el Hijo". Pero realmente es una exageración y tales palabras no son de San Calixto, por quien Hipólito tiene verdadera inquina, porque Calixto fue laxo con aquellos prelados y cristianos que habían pecado gravemente de adulterio o concubinato, otorgándoles el perdón de la Iglesia. Además, Hipólito y sus partidarios, puritanos en exceso, consideraban una barbaridad que por aliviar la concupiscencia, Calixto permitiera que los cristianos pudieran casarse con esclavos, estando esto prohibido por la ley civil. Tertuliano también clamaría contra ese permiso, llamándolo una "licencia para la lujuria". A tal punto llegaría la pelea de San Hipólito contra San Calixto, que el primero sería elegido papa (o antipapa) enfrentando a Calixto. Finalmente, Hipólito, que también estuvo opuesto al sucesor de Calixto, San Urbano I (25 de mayo), renunciaría en tiempos del papa San Ponciano (13 de agosto).

Supuesto martirio de San Calixto.
A San Calixto se le ha llamado mártir, e Hipólito se burla de tal título, pues Calixto habría muerto en 222, durante unas revueltas populares, siendo arrojado a un pozo a causa de sus crímenes pasados. Calixto fue sepultado en la Vía Aurelia, según la leyenda, por San Asterio (18 de octubre), un presbítero ordenado por el mismo Calixto y que por dicha acción fue capturado y arrojado al Tíber.

La memoria de San Calixto en la Iglesia romana es antiquísima, y lo demuestra una iglesia dedicada a su memoria, que está sobre otra que edificó el santo durante su pontificado. La mayoría de sus reliquias se veneran en la bella basílica de Santa María in Trastévere, pero hay otras diseminadas por toda Roma y Europa. Hay una cabeza en Roma y otra en Fulda, y varios brazos en la misma Roma.


Fuente:
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916. 

Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.

San Marcos. 7 de octubre. 


A 14 de octubre además se celebra a
Santo Domingo Loricato, eremita.
Santa Angadrême de Beauvais, abadesa.

viernes, 13 de octubre de 2017

Hijo fiel y amadísimo Padre.

Beato Lanuino, monje cartujo. 13 de octubre.

Nació en una familia normanda, y de su infancia y juventud se conoce que estudió en Roma, y se ignora casi todo hasta el año 1087, cuando pidió el hábito monástico en La Gran Chartreusse, siguiendo el ejemplo de San Bruno (6 de junio). Este le tomó afecto y le veía como su mejor discípulo. En 1089 el papa Beato Urbano II (29 de julio), que había sido alumno de Bruno en Colonia, llamó a Roma al santo fundador, y este llevó consigo a algunos monjes, Lanuino entre ellos.

El papa les ofreció la iglesia de Santa María de los Mártires, junto a las Termas de Diocleciano, para que fundaran monasterio. Pero aquel no era buen lugar para los cartujos, Roma era un avispero y el antipapa Clemente III intentaba ganarlos para su causa. Por ello, casi todos los monjes regresaron a la Chartreusse, que quedó bajo el mando del monje Landuino (actualmente vuelve a haber una cartuja en las Termas). Por otro lado, Lanuino y otros pocos monjes quedaron con San Bruno en la corte pontificia hasta que este les consiguió un sitio recogido en Calabria, llamado "La Torre". Fue Lanuino nombrado superior de aquella casa, y fue un ejemplo de religioso cartujo, como convenía a aquellos orígenes. En 1095 San Bruno pudo librarse de su servicio al papa y eligió la casa de Calabria para vivir allí en soledad y oración, según su vocación.

Juntos, Bruno y Lanuino, engrandecieron la Orden, aumentaron las vocaciones y perfeccionaron la vida cartujana. En 1097 fundaron el monasterio de San Esteban, para monjes mayores o enfermos, donde el rigor era menor. Fue Lanuino el superior, quien con maestría y cardad supo mitigar la Regla sin faltar a lo esencial, ni perder la mirada de la austeridad propia de la Cartuja. En 1098 Lanuino acompañó a San Bruno a Esquilache, donde el papa Urbano II le confirmó la exención de obediencia a los obispos. La Bula les llama "Muy queridos y venerados hijos Bruno y Lanuino", poniendo a nuestro Beato a la altura del fundador, sitio que ciertamente merece. En 1100 el papa Pascual II confirmaría dicha exención, así como todas las propiedades de los cartujos.

El 6 de octubre de 1101 subió al cielo San Bruno, y hubo tensión entre los monjes para elegir sucesor. Algunos querían que fuese prior de todas las casas, otros que solo lo fuera de las que existían en Calabria. Esta corriente fue la que triunfó finalmente y nuestro Beato fue designado como tal, con júbilo del papa Pascual. Así como Urbano II había confiado algunas misiones a Lanuino, también lo hizo su sucesor, que en 1102 le llamó a Roma para asistir al Concilio, le hizo Legado Pontificio para diferentes misiones como elegir obispos y abades, o pacificar facciones enfrentadas. En 1104 el papa le nombró Visitador General de todos los monasterios de la Provincia. En 1103 le dio incluso el poder de excomulgar a unos seglares que habían violado las posesiones de su monasterio. Está claro que aunque no le ordenó nunca obispo, le tenía por tal, y por ello le daba tantos poderes espirituales y de gobierno.

No hay que pensar que por tanta vida activa Lanuino olvidara su vocación al silencio y la oración. Para él toda actividad era su penitencia, y todo el tiempo que tenía libre lo empleaba en orar y meditar. Siempre que podía regresaba al monasterio, para tener días de completa soledad y meditación. Era caritativo, dulce de trato y siempre tenía una palabra amable y reconfortante para los que necesitaban de su trato u oración.

En 1114 fundó Lanuino un nuevo monasterio, llamado Santiago de Montauro, para hacer en él un noviciado para aquellos que después de la probación no soportaran la Regla y pudieran llevar un estilo de vida más mendicante. Ciertamente no era la idea fundacional de San Bruno, pero la historia cartujana muestra a monjes obispos y párrocos, y hasta rectores de santuarios. En dos años dicho monasterio se convirtió en noviciado para toda la Provincia. 

Lanuino murió el 11 de abril de 1120, en olor de santidad y fue sepultado junto a su maestro San Bruno. León XIII confirmó su culto a 4 de febrero de 1893, y el 27 de junio del mismo año autorizó el Oficio Litúrgico propio para la Orden Cartuja. Su memoria se celebraba a 11 de abril, actualmente es a 13 de octubre.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 13 de octubre además se celebra a
San Sintpert de Ausburg, abad y obispo.
San Daniel de Ceuta y compañeros mártires.

jueves, 12 de octubre de 2017

Santa Sofía de Toro, ¡al fin!

Hoy es un día feliz para mí. Luego de varios años con una duda, ya está zanjada, y eso para uno que lee y escribe de santos, es mucho. Hace años contacté por medio de un amigo con las monjas premonstratenses de Toro, cuyo monasterio se llama de Santa Sofía, aunque esté dedicado a San Norberto (6 de junio). quería tener datos sobre la santa, pero la religiosa sabía menos que yo, y solo supo decirme que la celebraban a 18 de septiembre. Pero claro, eso era solo por asociación con la mártir Santa Sofía (18 de septiembre y 15 de mayo, traslación de las reliquias). Pero eso no me convencía, cuanto más que la imagen de la santa del retablo luce claramente el hábito de las canonesas de Premontré. Luego de años de búsqueda, hallé una pista, y unos pocos datos. En realidad se trata de:

Santa Sofía y compañeras premonstratenses mártires. 12 de octubre. 

Este grupo de monjas premonstratenses vivió en el monasterio de Zukowo, Polonia, fundado en 1209 por el príncipe Mestevin I de Pomerania. El 12 de octubre de 1224 los prusianos atacaron la ciudad, saquearon el monasterio y ante la negativa de las religiosas de traicionar sus votos monásticos, fueron asesinadas por los invasores junto al río Radunia. Se llamaban Sofía, Miroslava, Benedicta, Eva, Miroslava (otra), Cecilia, Eufemia, Bogudaja, Eufrosina y Elisabet. Como el monasterio fue destruido, las diez mártires fueron sepultadas en la colina del martirio, donde se construyó una capilla para la veneración de su memoria.

Ya como llegó esa devoción a los fundadores del monasterio es algo que se me escapa. 


Fuente: 
https://ia801406.us.archive.org/26/items/dastotenbuchdes00perlgoog/dastotenbuchdes00perlgog.pdf 


A 12 de octubre además se celebra a
Beato Jacobo de Ulm, religioso dominico.
La Traslación de San Panthalo, obispo y mártir.

miércoles, 11 de octubre de 2017

San Bruno, el obispo "imperator".

San Bruno I de Colonia, obispo. 11 de octubre.

Bruno nació sobre 925, y fue el hijo menor del rey Enrique I y su esposa Santa Matilde (14 de marzo), y desde su nacimiento fue destinado al estaco clerical. En 929 comenzó a formarse para ello en la escuela catedralicia de Utrecht, uno de los más prestigiosos recintos educativos del Imperio. Enrique I falleció en 936, cuando proyectaba con Matilde una visita a Roma. A su muerte, su hijo Otón fue elegido emperador por los electores, y Matilde hubo de purgar el haberse convertido en emperatriz a costa de la suerte de otra mujer (Enrique había abandonado a su primera mujer para casarse con ella). Otón, convencido de que su madre gastaba mucho dinero en obras de caridad, la apartó del trono y la envió a Ravensberg. Sin embargo, en menos de un año el príncipe Enrique enfermó gravemente y todos pensando era un castigo del cielo por desterrar a su madre, la hicieron volver a la corte imperial. Ella solo los abrazó, como una madre, sin decir palabra. Nuestro Bruno era aún pequeño, pero igualmente no estuvo cercano a su madre.

Cuando Bruno tenía 14 años, su hermano Otón, le llevó consigo a la corte y con solo 15 años lo convirtió en canciller del Imperio. En 950 fue ordenado sacerdote y desde 951 hasta su muerte fue el capellán de la corte. Ese mismo año viajó con Otón a Italia donde este hizo la paz en los Estados Pontificios. También le fue consejero y estratega en la lucha contra el hijo y yerno del emperador, que se rebelaron contra él. Bruno apoyó la reforma del clero y la formación estricta de los futuros presbíteros. En 953 su hermano le nombró Duque de Lorena, para mantener el dominio del ducado dentro del clan familia. Además, poco después le preconizó como arzobispo de Colonia, obteniendo la confirmación del papa Agapito II, agradecido por la acción imperial en favor de la paz. 

Bruno fue el artífice de la fusión Iglesia-Imperio que se gestó en el Sínodo de Aquisgrán de 953, saliendo de él como el primer arzobispo con poder espiritual y temporal, con el derecho de regencia en caso de ausencia del emperador. También en 953 realizó la traslación del báculo de San Pedro, con el que se había resucitado, según la leyenda, a San Materno (14 de septiembre; 22 de octubre, traslación de las reliquias; y tercer sábado de Pascua, en Schelestadt). El 21 de junio de 960 trasladó solemnemente las reliquias de San Elophe de Toul (16 de octubre), y el 3 de julio del mismo año trasladó algunas reliquias de San Patroclo de Troyes (21 de enero; 3 de julio, traslación de las reliquias a Colonia; 24 de junio, otra traslación; y 17 de agosto, Iglesias Ortodoxas). En 961 Bruno ungió rey a su sobrino Otón II en la catedral de Aquisgrán. Ese mismo año fundó la abadía benedictina de San Pantaleón, y otros dos monasterios, pilares de la reforma eclesiástica y centros de profunda espiritualidad y conocimientos. También amplió la catedral de Colonia. 

Bruno murió el 11 de octubre de 965, cuando volvía desde Compiègne, adonde había ido a hacer la paz entre los príncipes. Fue enterrado en el monasterio de San Pantaleón de Colonia. Su "vita" fue escrita por Ruotger, benedictino de San Pantaleón, en 989.


Fuente:
https://www.heiligenlexikon.de


A 11 de octubre además se celebra a
Santos Taraco, Probo y Andrónico, mártires.
San Kenneth de Kilkenny, eremita y abad.

martes, 10 de octubre de 2017

San Víctor de Xanten.

San Víctor de Xanten, soldado mártir. 10 de octubre.

El culto a San Víctor se consolidó en el siglo XI, aunque es anterior. San Gregorio de Tours (17 de noviembre), le menciona en su "Gloria de los Mártires", relacionándolo con San Malloso (10 de octubre) cuyas reliquias habían sido descubiertas en Birten, un sitio hoy perteneciente a Xanten, por San Evergislo (24 de octubre), obispo de Colonia.

La leyenda le quiere un soldado perteneciente a la Legión Tebana, compañero de San Mauricio (22 de septiembre) y cuyo destacamento de 300 soldados no llegó a Agaunum, sino que fueron martirizados en Xanten. Eso dice la leyenda, pero ya sabemos de la costumbre medieval de dotar de "historia" a santos poco conocidos pero muy venerados. En 1933 fue hallado su sepulcro, en el que yacían dos esqueletos datados en el siglo IV, y luego, en 1966 se halló el sepulcro de otro mártir, este decapitado. Los antiguos sepulcros y las muertes violentan evidencian el culto muy primitivo a dichos mártires. Probablemente mártires locales, a saber.


Fuente:
https://www.heiligenlexikon.de


A 10 de octubre además se celebra a
San Cerbonio, obispo.
San Ghislain, abad.

lunes, 9 de octubre de 2017

Dos enamorados y un Amor.

Santos Andrónico y Atanasia, esposos y monjes. 9 de octubre y 27 de febrero (Iglesias Griegas).

Su "vita" se halla insertada en una colección de vidas ejemplares de los Padres del Desierto. Vivían Andrónico y Atanasia en Damasco, Siria, donde él ejercía de platero. Eran piadosos y caritativos, y cuando tuvieron numerosas ganancias, ambos las dividieron en tres, de las cuales dieron una parte a los pobres, una segunda la usaron para prestar a aquellos que estaban en necesidad, aunque sin pedir intereses por ello. Y la tercera parte, la reservaron para el sustento de su familia. 

Tenían dos hijos, un niño y una niña, a los que, como todos los padres, amaban hasta el extremo. Pero un día, los niños murieron y ambos esposos se sumieron en la tristeza. Andrónico se refugió en su oficio de platero, mientras que Atanasia pasaba el día llorando junto a la tumba de sus hijos en la iglesia de San Julián, diciéndose "moriré aquí junto a mis hijos y me reposaré a su lado para siempre". Un día llegó a ella un venerable abad y le preguntó: – "Mujer, ¿qué te pasa? ¿Por qué no dejas que los muertos duerman en paz?" Atanasia le replicó: – "Mi Señor, no te enojes con tu sierva, porque estoy abrumada por el dolor. Tuve dos hijitos y los perdí a ambos en un día, y aquí yacen". Entonces el anciano le dijo: – "No llores por ellos, porque te aseguro que como la naturaleza humana anhela y clama por el alimento, y languidece si no la encuentra; así también tus hijos anhelan y claman a Cristo donde están, por la bienaventuranza de las cosas futuras, diciendo: 'Juez justo, danos el descanso celestial en lugar de aquellas alegrías terrenas de las que fuimos desposeídos'", y se alejó en la oscuridad. Cuando Atanasia reflexionó, toda su tristeza se convirtió en gozo y fue en busca del abad. Preguntó al portero y este le dijo que aquella iglesia no tenía dignidad abacial. Entonces ella entendió que había sido el glorioso San Julián quien se le había aparecido, dándole paz a su corazón.

Aparición de San Julián
a Atanasia.
Con esta certeza, se fue a casa, contó a su marido lo ocurrido y ambos decidieron que lo mejor era vivir una vida de entrega a Cristo para llegar algún día adonde estaban sus hijitos. Reunieron a sus esclavos, les dieron la libertad entregaron sus posesiones a los pobres. Cuando se alejaban, Atanasia se volvió a su antigua casa y clamó: "Oh Señor Dios, que dijiste a Abraham y a Sara: 'Sal de tu tierra y de tu familia, a una tierra que yo te mostraré', guíanos, te lo ruego, en el camino de tu temor. Ya que dejamos nuestra casa por amor a Ti, y tú no nos cierres tu casa en tu Reino". Y se fueron a Jerusalén, donde veneraron los Santos Lugares. Luego se fueron a la Tebaida, en cuyas soledades hallaron al abad Daniel, y le pidieron consejo. Este envió a Andrónico al monasterio de Tabenna, y envió a Atanasia a una laura de Esceta, donde debía vestir como un eremita y vivir alejada de los monjes, solo reuniéndose con ellos los domingos para la Eucaristía.

Doce años pasaron cada uno en su lugar, en oración, trabajo y penitencias, anhelando el cielo. Al cabo de ese tiempo, brotó en el corazón de Andrónico, que ya era un venerable anciano de larga barba blanca, el anhelo de volver a visitar los Santos Lugares. Pidió permiso a su abad, y este se lo concedió. De camino a Jerusalén, Andrónico encontró a otro anciano de pelo gris y rostro quemado por el sol, apoyado contra el tronco, exhausto por el calor y cansado de andar. Y aquel anciano… ¡era Atanasia!, la cual reconoció a su marido y aunque tuvo una gran alegría, no quiso revelar quién era. Andrónico, sin embargo, no la reconoció, porque su belleza había sido destruida por la penitencia y el ayuno. 

Entonces Andrónico le preguntó: - "¿Cómo te llamas, hermano?" Y ella respondió: - "Me llamo Atanasio". -"¿Hacia dónde vas, hermano mío?", volvió a preguntar Andrónico. -"Voy a visitar los Santos Lugares", fue la respuesta de Atanasia. Andrónico se alegró de la respuesta y dijo: "Mi corazón anhela tu compañía, santo eremita, caminemos juntos hasta Jerusalén". Y así, ambos visitaron Jerusalén, hicieron oración en los Santos Lugares, y al terminar su peregrinación, decidieron volver juntos a Egipto. Cuando regresaban, llegaron al mismo árbol bajo el cual se habían encontrado y Andrónico pidió a "Atanasio" vivir juntos en las soledades de la Tebaida, ya que eran ancianos, y así podrían cuidarse uno al otro y cuando el primero muriera, el otro podría sepultarle. Atanasia accedió, y así vivieron varios años, en oración y trabajo, con gran júbilo de Atanasia, que amaba muchísimo a su marido.

Y llegó un día en que Atanasia se sintió morir. Entonces Andrónico fue adonde vivía un anciano presbítero, para que asistiera al viejo "Atanasio". Cuando ambos llegaron, Atanasia lloraba, y el viejo eremita le dijo: -"¡Qué! ¿Lloras en lugar de alegrarte de estar en camino al encuentro del Señor?". Atanasia replicó: -"Lloro por mi amigo Andrónico, porque sé que echará de menos mi compañía". Y además, le dijo en secreto: "Cuando muera, mete tu mano bajo mi cabeza, hallarás un trozo de escritura, y se la darás a Andrónico". Y Atanasia recibió el Cuerpo del Señor y expiró alegremente, pues ¡al fin! estaría con sus hijitos amados. Entonces, antes de ser sepultada, los monjes entregaron a Andrónico el pergamino, este lo leyó y se arrojó sobre el cadáver clamando: "¡Esta es mi mujer Atanasia!". Pronto se corrió la voz, y muchos monjes acudieron con palmas en las manos, para celebrar a Atanasia, que siendo mujer había vivido varonilmente. 

Andrónico pasó a vivir junto a la sepultura de su amada mujer, hasta el día en que Dios quiso llamarle a renuirse con ella y sus hijos. Antes de morir, hizo oración y murió dulcemente. Fue sepultado junto a Atanasia.


Fuente:
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 9 de octubre además se celebra a
San Luis Bertrán, presbítero dominico.
Santa Publia, abadesa.

domingo, 8 de octubre de 2017

Crecido en años y virtudes.

San Artaldo de Belley, obispo cartujo. 8 de octubre y 17 de noviembre (traslación de las reliquias).

San Artaldo.
Vicente Carduch. El Paular.
Nació en Verona, en 1101. Fue educado por su familia, según la costumbre, en un ambiente austero y de rigor. Era muy piadoso y aplicado en el estudio, y todos se hacían lenguas de su bondad y auguraban para él un brillante porvenir. Sin embargo, con solo 22 años, Artaldo decidió abandonar el mundo y buscar "la perla valiosa". Tomó el hábito cartujo en Las Puertas, comenzando una vida de oración y silencio. Siendo novicio ya tuvo sus primeros éxtasis, y luego de ser ordenado, celebraba la misa con gran devoción, alcanzando grandes consuelos de Dios.

En 1130, el prior de la Gran Cartuja, Dom Guigo, le eligió para la fundación de la Cartuja de Arviers, designándole además prior de la misma. En 1132 fundaban en una soledad agreste, donde solo los animales salvajes se habían aventurado antes. 10 años vivieron los monjes entre grandes privaciones hasta que en 1142 el obispo Arducio logró construyeran un monasterio en mejor sitio, con mejores condiciones para la vida cartuja. En el nuevo recinto la vida comunitaria continuó su vida sencilla y callada, que Artaldo cultivó en sus monjes durante más de 50 años.

En 1188, teniendo el santo ya 87 años de edad, fue elegido obispo por el clero de Belley, tras la muerte de su prelado, Raynaldo, que también había sido monje cartujo. La primera reacción de nuestro santo fue huir a una cueva para orar y no aceptar aquella cruz, pero los clérigos que habían ido a buscarle al monasterio fueron guiados hasta su escondite por una luz sobrenatural, que muchos pudieron comprobar cuando iban acercándose al sitio. Este portento le hizo aceptar con humildad, siendo consagrado obispo con júbilo del pueblo. Fue un prelado solícito y ejemplar, pero sin embargo, a causa de su avanzada edad hubo de renunciar al episcopado a los pocos años, teniendo 95 años. El papa Clemente III aceptó la renuncia y Artaldo volvió a su monasterio de Aviers, donde vivió como un monje más. 

En 1200 le visitó San Hugo de Lincoln (17 de noviembre) cuando volvía de Roma y antes de volver a Inglaterra, aunque tenía que desviarse de su camino. Cuéntase que estaba Hugo comentando acerca de sus negociaciones sobre la paz entre Inglaterra y Francia, cuando Artaldo le dijo: "Señor y padre mío: oír asuntos relativos al mundo es lícito a los obispos, pero no lo es a los monjes; tales asuntos no deben entrar en el claustro ni en las celdas; dejar la ciudad para llevar noticias a la soledad, no es lícito". Y Hugo, con una sonrisa, cambió el tema de la conversación hacia temas espirituales y de edificación.

Artaldo aún vivió hasta 1206, llegando a sus 105 años con lucidez. En octubre de ese año quiso descansar por primera vez, y fue llevado a la enfermería. Sabiendo que su fin (o su inicio) estaba cerca, reunió a los monjes y les dijo: "Creced en virtudes, a fin de que la santidad se perpetúe de edad en edad en esta Casa por las buenas tradiciones que dejaréis a los que vendrán en pos de vosotros; amaos los unos a los otros; que la caridad sea el lazo que os una a todos siempre en Jesucristo". Recibió los Sacramentos y luego de comulgar tuvo un éxtasis en el que parecía haber rejuvenecido. Se puso de rodillas para besar un Crucifijo y así expiró.

El cuerpo fue enterrado en el claustro, entre la puerta de la Iglesia y la puerta de la Sala Capitular. En 1640 el obispo de Belley trasladó sus restos a un arca. Llegada la Revolución, en 1972 el monasterio fue saqueado y destruido, pero las reliquias se salvaron. Aunque nunca fue canonizado formalmente, la veneración de sus reliquias fue permitida, y pronto se hizo ver la santidad de Artaldo, gracias a los numerosos milagros que ocurrrían. Por ello, el 2 de junio de 1834 el Papa Gregorio XVI autorizó el culto para la diócesis de Belley, admitiendo la composición de un Oficio Litúrgico propio. En 1859 la Orden Cartuja incluyó su memoria en su liturgia propia. El 17 de noviembre de 1896 las reliquias fueron trasladadas solemnemente a la iglesia parroquial de Aviers, depositándose en un bello relicario costeado por la Cartuja de Solignac.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 8 de octubre además se celebra a
San Juan Calabria, presbítero fundador.
Nuestra Señora, la Virgen del Buen Remedio.

sábado, 7 de octubre de 2017

San Marcos, papa.

San Marcos, papa. 7 de octubre.

Fue San Marcos natural de Roma, hijo de un presbítero (aunque esto no está claro) llamado Prisco, y fue un activo colaborador del papa San Melquíades (10 de diciembre). Fue elegido papa en 336 (el 14 de febrero, según Baronio) tras la muerte de San Silvestre (31 de diciembre). Aunque gobernó en tiempos de la paz de San Constantino (21 de mayo), tuvo que hacer frente a la herejía arriana. Levantó dos iglesias en Roma, una en el cementerio de Balbina, en la Via Ardeatina, y otra en el Capitolio. El Liber Pontificalis dice que fue quien concedió a la Iglesia Ostiense el derecho de ungir y consagrar al papa, pero esto probablemente sea un añadido tardío y no de la época de San Marcos.

Gobernó la Iglesia solamente ocho meses, pues falleció el mismo año de su elección, a 7 de octubre. Se le sepultó en la Via Ardeatina, y con el tiempo esa iglesia tomó el nombre de San Marcos, tanto por haberla dedicado él como por estar allí su sepulcro. Es famosa esta iglesia por albergar las reliquias de Santos Abdón y Senén (30 de julio). Marcos fue sucedido por San Julio I (12 de abril). 


Fuente:
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.


A 7 de octubre además se celebra a
Santos Sergio y Baco, soldados mártires.
San Martín Cid, abad.
Nuestra Señora, la Virgen del Rosario.

viernes, 6 de octubre de 2017

Subió a bordo y Dios le guió.

San Ywi, monje diácono. 6 y 23 de octubre.
 


Ywi (Ywig, Iwi) fue hijo de un jefe británico llamado Bran, y su madre se llamó. Fue educado en el monasterio de Lindisfarne y cuando llegó a la juventud, su padre quiso que siguiera la carrera de las armas, pero, como dice su "vita", Iwi "buscando batallas más altas, se alistó en el ejército del Señor". En 684 fue ordenado diácono por su mentor San Cuthbert (20 de marzo y 4 de septiembre, traslación de las reliquias). En una ocasión, cuando San Cuthbert estaba cantando misa, Ywi, que fungía como diácono, notó que un hombre enfermo asistía con devoción a la misa. Sintiendo pena por él, Ywi bajó del altar, lo agarró de la mano y lo llevó al altar, y apenas puso la mano del enfermo en él, el hombre sanó instantáneamente. Otras versiones dicen que el enfermo besó el anillo del santo abad.

Fue un monje muy caritativo, excediendo sus deberes como limosnero, daba todo lo que podía a los pobres, atendía a los enfermos y necesitados. Su caridad y milagros le hicieron admirado y venerado por las gentes, por lo que decidió irse de allí adonde no le conocieran. Llegó al puerto y al primer marino que vio le pidió le llevase con él. El marino le preguntó que adonde quería ir e Ywi le respondió: - "Donde Dios quiera. Así que si estás pronto a navegar, ten la bondad de llevarme contigo". - "Si no hubiéramos tenido un mal viento estaríamos en Bretaña" – respondió el marino – "pero cada vez que partimos, el viento no nos es propicio. Ahora partiremos de nuevo, así que si quieres unirte a nosotros, sube a bordo y que Dios nos guíe". Y partieron. Según la leyenda, tan pronto salieron a mar abierto, una fuerte tormenta se desató, ante lo cual, los marinos pidieron a Ywi que implorara misericordia a Dios. Este lo hizo y apenas empezó su oración, los cielos se despejaron y la travesía fue feliz.

Al llegar a Bretaña se instaló en una ermita de Quimper, donde vivió retirado hasta fallecer, a finales del siglo VII. Algunas reliquias suyas se veneran en Wilton desde el siglo IX, pues según la leyenda, unos monjes británicos las llevaban de vuelta a Inglaterra se detuvieron a descansar en la abadía, pero al emprender camino, las reliquias se volvieron tan pesadas que no podían levantarlas, por lo que interpretaron el santo quería quedarse allí. A nuestro Ywi en ocasiones se le confunde con San Ivi de Pontivy, que vivió en la misma época e igualmente se celebra a 6 de octubre.

Es abogado contra la parálisis, las enfermedades reumáticas y contra las tormentas y los naufragios.


Fuentes:
-"Lives of the British Saints". VLADIMIR MOSS. 2009.
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 6 de octubre además se celebra a
Santa María Francisca de las Cinco Llagas, virgen.
Santa Fe de Agen, virgen y mártir.
San Bruno, fundador.

jueves, 5 de octubre de 2017

De como crear y sacar partido de una leyenda.

San Plácido y compañeros mártires. 5 de octubre y 3 de agosto, invención de las reliquias.

El Plácido histórico.
Sobre este santo solo podemos fiarnos de la reseña que nos ha llegado por la obra de San Gregorio (3 de septiembre, elección papal, y 12 de marzo) en sus escritos sobre San Benito (21 de marzo y 11 de julio). Esta cuenta que Plácido nació en 515 y desde los siete años se convirtió en discípulo de San Benito. En una ocasión se cayó al agua y San Mauro (5 de octubre y 15 de enero), compañero suyo, lo salvó, caminando sobre las aguas, por su obediencia a Benito, que lo envió a salvarlo. Y punto. Ninguna crónica lo menciona nunca más, ni la Orden Benedictina se ocuparía de él hasta mucho más tarde.

Resurge Plácido.
En 1115 se hizo famoso en Italia un presbítero griego, sacerdote en Constantinopla, llamado Simeón. Este predicaba por las calles, llamaba a conversión y dejaba abobada a las masas con sus relatos y descripciones fantasiosas. Una de estas historias que contaba decía que él poseía un pergamino original, escrito por un tal monje Gordiano, en el cual se narraba la vida y martirio del glorioso San Plácido y sus compañeros mártires. Esta leyenda decía que Plácido era hijo de Tértulo, un senador romano que, como ya dije, vivió en el monasterio de Subiaco desde los 7 años. Siempre acompañó a San Benito en sus portentos y fundaciones y era el discípulo preferido del santo. Cuando Plácido era un joven monje, Tértulo donó a San Benito unas tierras que tenía en Messina para que fundase un monasterio (este detalle se entenderá mejor más adelante). Benito decidió enviar a Plácido como fundador, acompañado por los monjes Donato y Gordiano. Plácido levantó el monasterio y la iglesia, muy pronto ya tenía a 30 jóvenes dispuestos a tomar el hábito monástico. Oración, culto, estudio, trabajo, penitencias y ayunos eran el día a día de la comunidad. Hizo Plácido muchos milagros, como curar enfermos o multiplicar grano para los pobres.

He aquí que un día recibió Plácido la visita de sus hermanos Flavia, y los niños Eutiquio y Victorino, pues no le conocían al haberse ido él tan pronto de casa. Y estando juntos los cuatro hermanos, ocurrió que el pirata mahometano Massucha, al servicio del rey Abdallah, arribó a las costas de Messina proveniente de España, y comenzó a asolar la ciudad y el monasterio, que estaba junto al mar. Fueron apresados los hermanos y los 30 monjes. El primero en caer bajo la cimitarra, admitiendo que era cristiano, fue Donato, uno de los monjes. A los demás prometieron los musulmanes riquezas y honores si renegaban de Cristo, pero nada logró. Entonces mandó que todos, Flavia y los niños también, fueran azotados y encerrados en una mazmorra durante siete días sin comer ni beber. Mientras San Plácido alentaba a todos a padecer por Cristo, y todos estaban animosos por ello, sobre todo Flavia, que consideraba una bendición morir entre aquellos religiosos. 

Martirio de Plácido, Flavia y compañeros.
 
A la semana, los santos fueron conminados de nuevo a apostatar de su fe, pero Plácido tomó la palabra y les dijo que bien podían ellos antes renunciar a su fe falsa, que ellos, cristianos, renunciar a la suya. Massucha mandó que a Plácido le cortaran la lengua, y aunque así lo hicieron, este siguió predicando a Cristo por milagro. Ante esto, no pudieron más los mahometanos que terminar el tormento, así que llevaron a todos a la orilla del mar y les cortaron las cabezas uno tras otro. San Plácido, aún sin lengua, clamó: "Salvador mío Jesucristo, que te dignaste padecer muerte de cruz por nuestra salvación, sé propicio a estos tus humildes siervos: danos constancia hasta el fin, y haznos la merced de que seamos asociados al coro de tus santos mártires. Consérvanos intrépidos hasta el último momento de nuestra vida, y dígnate aceptar el sacrifica que te hacemos de ella". Todos respondieron vigorosamente "amén" y acto seguido fueron decapitados. Luego los musulmanes saquearon el monasterio, lo quemaron y destruyeron hasta los cimientos, para luego embarcarse; pero he aquí que apenas estaban en alta mar, una tormenta hizo naufragar los barcos, pereciendo todos los piratas. Solo se libró Gordiano que estaba fuera del monasterio, cuando regresó, sepultó a todos en lóculos bajo la iglesia monástica. 

La cosa se complica.
Según el mencionado Simeón, el monje Gordiano habría viajado a Constantinopla, siendo recibido por el emperador, quien le ordenó escribir el relato del martirio. Como Gordiano había sido acogido por los antepasados de Simeón, el relato había permanecido en la familia durante siglos, hasta que Dios le ordenaba revelarlo. Simeón mostró tal pergamino a los benedictinos de Salerno, los cuales sospecharon enseguida de que aquel relato no se refería al Plácido suyo, pues jamás en la Orden había habido tradición alguna sobre él. Sin embargo, Simeón juraba, incluso con la mano sobre el Crucifijo, que el relato era verdadero. Pedro, abad de Monte Cassino, se negó a creer la historia, aunque encargó una traducción al latín al monje Juan de Capua. El manuscrito durmió "el sueño de los justos" hasta 1138, cuando volvió a ser traducido y, de alguna manera, pasó a otros monasterios benedictinos, que se creyeron la historia. Esteban, obispo de Anicium, ya en el siglo XIII reescribió la "historia", añadiendo detalles. Entre los siglos XIII y XVI la leyenda fue a más, pues iban “apareciendo” documentos que pretendían corroborar la leyenda, como cartas del emperador Justiniano, y una carta falsa del papa Vigilio sobre el martirio y portentos de San Plácido. 

En 1588 el caballero de la Orden de malta, Reynad Nare, comenzó a reconstruir una iglesia en Messina, y el 3 de agosto del mismo año, estando excavando los cimientos, halló unas catacumbas donde reposaban varios cuerpos, con sus lacrimatorios. En una posición destacada había otros cuatro cuerpos. Por supuesto que tal hallazgo fue "trending topic" en Messsina y más allá. En una rápida identificación, se llegó a la conclusión que se trataban de Plácido, sus hermanos y los demás monjes mártires. Sixto V dio por buena la carta en la que le fue contado el hecho y permitió la veneración de las reliquias y la celebración litúrgica de "La Invención de San Plácido". 

En 1603 los monjes de Messina, metidos en un pleito sobre las tierras del monasterio, se inventaron una carta de Tértulo, padre de Plácido, a San Benito, en la cual cedía sus propias tierras en Messina para una fundación monástica. Con este timo, los monjes se aseguraban el dominio de las propiedades y, además, se engordaba la leyenda. En 1608 más cuerpos fueron hallados, fuera de la iglesia, se envió un relato al papa, quien autorizó la veneración a estas otras reliquias. En 1626 unos monjes de Messina, Raimundo y Fiorelo, dijeron haber visto en una visión a San Plácido, el cual estaba enojado porque su memoria litúrgica no se celebraba ya, como se había hecho siempre en la Orden, a 5 de octubre (nunca fue tal). Y además, rescataron del olvido la vieja historia contada por Simeón, pero ahora dictada por Plácido. Solo fue cuestión de tiempo y "marketing", la memoria de San Plácido Mártir, fue celebrada por todo lo alto en Messina e introducida en la Orden Benedictina, con el permiso del mismo Sixto V. En 1623 ya hallamos incluso un monasterio de monjas benedictinas dedicado a San Plácido en Madrid.

San Mauro salva a
San Plácido de ahogarse.
Crítica sobre esta historieta.
Esta estrafalaria extraña leyenda se desmiente muy fácil: primero, los sarracenos no llegaron hasta Sicilia hasta el año 832, por lo que Plácido, Flavia y sus hermanos tendrían que haber tenido ¡más de 300 años! Si hubiera sido el mismo discípulo de San Benito, y nacido en 515. Segundo, los cuerpos hallados en Messina tenían su lacrimatorium, por tanto ¡y paradójicamente!, eso nos habla de cuerpos mucho más antiguos que el siglo VI, nos indica que son mártires de las persecuciones llevadas a cabo por los emperadores romanos. Y tercero, las excavaciones e investigaciones realizadas en el siglo XIX en la iglesia de Messina demostraron que no se había enterrado los cuerpos en la cripta de la iglesia, sino al contrario, se había levantado una iglesia sobre un cementerio en el que se habían sepultado a los mártires. 

Hasta hace muy poco el Martirologio Romano ponía a 5 de octubre: "En Messina, en Sicilia, el nacimiento para el cielo de San Plácido, monje, discípulo de S. Benito, abad, y de los santos Eutiquio y Victorino, sus hermanos, de santa Flavia, virgen, su hermana, y de los santos Donato, Firmato, Fausto, y otros treinta monjes, todos mártires, que fueron masacrados por Cristo por el pirata Massucha en el 541 A.D". Es decir, que entre la fecha del martirologio y la posibilidad de padecer bajo los mahometanos en Messina había un desfase de 300 años, casi nada. El Martirologio actual ya no se hace eco de la leyenda y solo dice: "Conmemoración de los santos Mauro y Plácido, monjes, que desde su adolescencia fueron discípulos del abad san Benito".

Pero, para finalizar, ¿se inventó todo el tal Simeón? Realmente no, es cierto que hubo mártires sicilianos, como muestran estos ejemplos: "En Sicilia, Plácido, Eutiquio y otros treinta" (Martirologio de Lucca, sigIo VIII), o "En Sicilia, Placencio, Plácido y Eutiquio y otros treinta". (Martirologio de Morbach, Siglo IX). Pero sí que es un invento suyo identificar a dicho Plácido con el Plácido benedictino. Con la proliferación de la leyenda todos salían ganando, los mártires de Messina, ganaban historicidad identificándolos como compañeros del Plácido de Subiaco, y este, a su vez, completaba su vida, de la cual se tenían pocos datos. Y, por su fuera poco, los monjes benedictinos ganaron su pleito sobre las tierras que pretendían. Así, todos fueron felices y comieron perdices.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 5 de octubre además se celebra a
San Meinulf de Paderborn, archidiácono.
San Mauricio de Carnoët, abad.