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lunes, 7 de junio de 2021

De una vida que fue puro portento.

San Colman de Dromore, obispo. 7 de junio.

De él se cuentan numerosos milagros, que parecen recogidos de otros santos llamados también Colman. Aunque estos a su vez podrían ser desdoblamientos de un único santo. No se puede pretender a más de mil años de distancia, poner en claro algo así.

Su “historia” comienza antes de su nacimiento, según su leyenda. Cuéntase que San Patricio (17 de marzo), yendo de Armagh a Saul, recibió la oferta de un obispo de pernoctar en su casa, mas el santo apóstol lo rechazó diciéndole: "No es este lugar para mi, pero, después de sesenta años, nacerá una estrella que fundará su monasterio en este lugar”. Y señalando un valle anejo, continuó: “Allí, esta mañana, mientras cantaba la misa, vi por la ventana de la iglesia una gran multitud de ángeles reunidos".

Nació, según la mayoría de hagiógrafos, a inicios del siglo VI. Fue bautizado por un obispo que era tío suyo, también llamado Colman. Y el milagro no faltó en el bautismo: no había agua, y Dios hizo brotar una fuente milagrosa, la cual fue luego fuente de numerosas curaciones por intercesión del santo. Otra leyenda de la niñez, repetida en otros santos, narra que mientras cuidaba las vacas de sus padres, un lobo se comió una de las terneras. El niño buscó al animal, pero no halló más que la piel roída y los huesos desparramados. Metió estos en la piel y haciendo la señal de la cruz, la carne y tejidos se llenaron de vida y la ternera resucitó.

Se educó con en el monasterio de Nendrum, bajo la dirección del abad San Caylan (3 de septiembre). Compañero suyo habría sido San Mochaoi (23 de junio). Fue un discípulo aventajado y muy pronto aprendió las Reglas y costumbres del monasterio, aventajando a todos los demás monjes. Preguntó un día al abad que más podría hacer para ser santo, y Caylan le envió a quitar una piedra enorme que había en un camino que los monjes usaban. Colman, que no podía con la roca, trazó sobre ella la señal de la cruz, y la piedra rodó por sí misma a un lado. Aún puede venerarse en uno de los tantos sitios en los que San Colman tiene culto en Irlanda.

Visitó nuestro santo a San Ailbhe de Emly (12 de septiembre), de quien aprendió las Sagradas Escrituras. Luego, con su tío Colman aprendió la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la Teología. Con toda esta formación, quiso fundar su propio monasterio y, por revelación divina, llegó al valle de Dromore, en Cobá, el mismo valle señalado casi 100 años antes por San Patricio. Se dice que escribió un Regla para los cientos de monjes que tuvo bajo su cayado en poco tiempo. Todos eran muy observantes, caritativos y disciplinados.

De su etapa de abad, también se cuentan milagros, como que su breviario cayó al agua y flotó hasta la orilla sin mojarse, o que devolvió a la vida a una pobre mujer decapitada por unos ladrones. O en otra ocasión en la que predicaba, aparecieron unos juglares paganos, que comenzaron a burlarse del santo. Le pedían insistentemente que hiciera milagros para divertirse y he aquí que la tierra se abrió y se los tragó. Toma diversión.

Visitó el santo Roma por tres veces, y la última de estas ocasiones fue ordenado obispo por el papa San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), quien le dio muchas reliquias de los santos mártires. Su episcopado, más allá de lo ficticio de su ordenación por parte del papa, parece fue el primero en la zona de Dromore. Pero curiosamente, no volveremos a hallar otro obispo en la zona hasta el siglo X. La leyenda cuenta aquí, de modo estrafalario, que, al volver a Irlanda, pasó por Gales, y esa noche nació el hijo de los reyes, pero nació muerto, y Colman lo resucitó al tocarle con unas reliquias de las que portaba. Ese niño sería San David de Gales (1 de marzo), pero la leyenda propia de este santo no dice nada de eso.

Pero aún no lo hemos visto todo. Colman era tan casto que jamás miraba a mujer alguna. Y tanto que en una ocasión en que su madre fue al monasterio a verle y Colman le mandó decir: "Que elija entre verme de lejos, o hablarme sin verme". La madre respondió: "Prefiero hablarle sobre asuntos relacionados con el bienestar de mi alma". Y se encontraron en lados opuestos de un enorme roble. Pero he aquí que cuando la conversación se elevó a las cosas del cielo, en el tronco del árbol se abrió una abertura, dejando que madre e hijo se vieran.

Colman murió anciano, sobre 610, según quien cuente la historia, pero es una fecha barajada por muchos. Luego de una larga oración y bendecir a sus hermanos, expiró dulcemente. Su culto está extendido en Irlanda y lo estuvo en Escocia, aunque, como dije antes, se le confunde con otros santos llamados Colman.


A 7 de junio además se celebra a

domingo, 6 de junio de 2021

San Gurval de Aleth, obispo.

San Gurval de Aleth, obispo. 6 de junio y 15 de noviembre (Todos los Santos Obispos de Aleth).

Nació en Gran Bretaña, y recibió una piadosa y esmerada educación en numerosas materias. A los 15 años quedó huérfano y donó una parte de sus bienes a los pobres y la otra parte al monasterio de Clonfert, donde tomó el hábito monástico. La leyenda dice que fue compañero de San Malo (15 de noviembre) y que su abad fue el célebre San Brendan “el Navegante” (16 de mayo), pero lo cierto es que Brendan murió al menos 100 años antes de ambos santos.

Gurval fue elegido abad del monasterio y fue su promotor. Allí estuvo hasta 621, cuando San Malo, que había sido depuesto de la sede de Aleth, le nombró sucesor, pues él no quería regresar. Gurval asumió la sede, y fue obispo solo durante unos meses, pues al cabo, dejó la sede y se fue al monasterio Guer, para vivir escondido como un monje más. Pero el pueblo de Aleth le encontró y continuaba visitándole, pidiendo su consejo y su intercesión. Entonces se retiró a una cueva, pero a las pocas semanas se sintió morir y volvió a Guer, donde alcanzó el cielo, sobre 627.

Fue sepultado en la cripta y sus reliquias fueron trasladadas a la iglesia monástica en el medievo, cuando esta se reconstruyó y se dedicó a su memoria.

Fuente:

-"Lives of the Irish saints". Volumen 6. JOHN O'HANLON.


A 6 de junio además se celebra a:












NOVEDAD

MI LIBRO ELECTRÓNICO

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viernes, 4 de junio de 2021

De una de las leyendas más estrafalarias del santoral.

San Petroc de Cornwall, ermitaño. 4 de junio y 4 de septiembre.

Nos dice su leyenda que era un príncipe de Gales, y que al llegar su turno de heredar la corona, abandonó el mundo para, junto con 60 nobles, ser monjes. Para ello se pusieron en camino a Irlanda. Desembarcaron en Boca de Hail, donde se dice había un eremita llamado Sansón, que les recomendó fueran a ver al obispo Wethenoc. Probablemente la leyenda confunde las cosas, pues aunque no hay rastros de eremitas en la zona, sí que hubo en ese lugar una capilla dedicada a San Samson de Dol (28 de julio). Como fuere, Petroc y sus acompañantes fueron a ver al obispo, quien les dejó una ermita y unas tierras en Padstow. Allí fundarían monasterio, permaneciendo como cenobitas.

Si hasta aquí la leyenda es aceptable, al mismo tiempo introduce detalles estrafalarios, como que el santo visitó Roma, Jerusalén y la India, siempre montado sobre un lobo. En la India habría sido eremita en una isla solitaria, donde un pez se dejaría arrancar un pedazo cada día para alimentarle. Al estilo de San Corentin (12 de diciembre) o San Gulstan (27 de noviembre). Estando en la India, un ángel le avisó que debía volver a Irlanda, para librar a Cornwall de un monstruo terrible que asolaba la región. Apenas lo exorcizó el santo, el dragón o serpiente, reventó.

Una vez vuelto al monasterio, vio que este había decaído en su fervor mientras él estaba ausente. Así que seleccionó a doce que perseveraban en el seguimiento de Cristo y con ellos se adentró en Little Petheric, estableciéndose como ermitaños. La leyenda sigue recreándose al decirnos que su ermita no era sino una enorme colmena en la cual se metía, haciéndole sitio las abejas, que nunca le picaron. También nos dice que en una ocasión un ciervo halló refugio junto a él, mientras era perseguido por Constantino, el monarca local. Este, al ver el milagro, se convirtió junto con toda su familia y su reino.

Petroc, el real, murió sobre 594. Su sepulcro se venera aún en Padstow, pero en Bodmin dicen que ellos lo tienen. Ciertamente, ambos sitios fueron famosos en portentos que los peregrinos arrancaban al santo eremita. Es probable que haya reliquias suyas en ambos sitios. 

Se le invoca contra los naufragios. Además, es abogado de los fabricantes de guantes y en general del oficio de la marroquinería.

Fuente:
-https://heiligen-3s.nl

A 4 de junio además se celebra a

martes, 30 de marzo de 2021

San Fergus de Downpatrick, obispo.

San Fergus de Downpatrick, obispo. 30 de marzo. 

Vivió en el siglo VI, en una familia descendiente del antiguo rey Coelbadh, en Irlanda. Joven aún tomó la vida eremítica como objetivo, y para ello se retiró a Killmbian, donde construyó una ermita. Con el tiempo tuvo discípulos y construyeron un monasterio de donde nuestro santo fue su primer abad. 

Fue elegido para ser el primer obispo de la sede de Down, luego llamada Downpatrick, por ser una zona donde se retiraba frecuentemente el santo apóstol de Irlanda, San Patricio. Allí se conserva aún una fuente milagrosa de los tiempos de Fergus, con cuya agua habría realizado numerosos milagros.  

Fergus murió el 30 de marzo de 583. 

Fuente:
Omnium Sanctorum Hiberniae


A 30 de marzo además se celebra a

Beato Amadeo IX,
duque
.
Beato Dodo de Haske,
ermitaño premonstratense
San Rieul de Senlis,
obispo
.
San Zósimo,
abad y obispo
.







 

viernes, 5 de marzo de 2021

De zorros y tejones y campanas autónomas.

San Kieran de Saighir, ermitaño y abad. 5 de marzo. 

Nació en Clear Island, en el extremo sur de Irlanda. La leyenda le hace discípulo de San Patricio (17 de marzo) en Italia y enviado por este a Tours y Roma para estudiar la fe y liturgia cristianas. Antes de regresar a Irlanda el mismo Patricio le ordenó presbítero y le envió a Irlanda dándole una campana y diciéndole que la llevara consigo. En el lugar donde la campana repicara sola, allí debía fundar su monasterio. 

El santo fundó en Ossory, y allí llevó vida eremítica 30 años en una pequeña celda, que luego sería monasterio y daría pie a la actual ciudad de Sierkieran. Pero volvamos al santo. Esta celda el santo la quiso establecer bajo un árbol en cuyas raíces vivía un jabalí feroz, el cual, animado por Dios, le ayudó trozando las ramas y cortando hierba para la techumbre. Kieran llamaba al jabalí “mi primer monje”. Y no fue el único “monje no humano” que tuvo, pues en breve un tejón, un zorro, un lobo y una vaca le hacían compañía y le ayudaban en su trabajo y alimentación. 

Una leyenda muy simpática dice que el “Hermano” zorro tuvo hambre y tomó las sandalias de Kieran para comérselas, al ser de cuero. El Hermano tejón lo persiguió y le quitó las sandalias antes que las comiera y, como castigo le arrancó la cola, obligándole a regresar ante el santo. Al llegar a la celda, Kieran dijo al zorro: “¿Por qué hiciste eso, hermano? Algo así no se permite entre los monjes, ¿verdad? Mira nuestra agua: es de excelente calidad y hay suficiente para todos. Y lo mismo ocurre con la comida. Y si, para variar, hubieras querido comer carne, lo cual es parte de tu naturaleza, habríamos orado al buen Dios por ello, y Él podría haberte proveído carne incluso de las ramas de los árboles”. Entonces el zorro pidió perdón, hizo penitencia, y no comió nada hasta que Kieran le admitió de nuevo en la comunidad. 

Kieran también fundó una comunidad monástica femenina para vírgenes nobles, en Ros-Bennchuir que sería dirigida por Santa Cocca (29 de junio). Cada año Kieran enviaba dos bueyes solos desde Saighir hasta Ros-Bennchuir, y aunque era una larga distancia, los animales jamás perdían el camino ni se detenían. Llegaban a Ros-Bennchuir para la época de la siembra, araban las tierras del monasterio y terminado su trabajo, ellos solos volvían a Saighir. Visitaba el santo cada año a las religiosas por Navidad, les celebraba la misa y les daba la comunión, y milagrosamente estaba en Saighir de nuevo para las primeras oraciones del día luego de la misa, cuando era un viaje de semanas. 

Cuenta la leyenda de San Tighernach (4 de abril) que cuando este santo volvía de una peregrinación a Roma, se hospedó en Tours y coincidió con nuestro Kieran en una posada, donde esa noche murieron envenenados todos los huéspedes y posaderos. Tighernach y Kieran oraron por ellos y resucitaron todos. Nació una gran amistad entre ambos santos, que duraría toda la vida. 

Kieran entró al cielo sobre el año 560.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. ALBAN BUTLER. Ed. 1916.
-"Vidas de los santos irlandeses". O'Hanlon. C O’HANLON. C.  


A 5 de marzo además se celebra a:

San Pieran, ermitaño.
San Conon, mártir.
San Gerásimo, abad. 










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miércoles, 3 de febrero de 2021

Eremita y hermano de mártires.

San Ia de Cornwall, príncipe ermitaño. 3 de febrero y 27 de octubre. 

Según la una "vita", escrita en el siglo XIII, y mal atribuida a San Anselmo (21 de abril), Ia fue hermano de San Fingar y de Santa Piala (23 de marzo y 14 de diciembre). Habrían sido hijos de Clyto rey del reino irlandés de Ultonia y convertidos por San Patricio (17 de marzo). Cuando Fingar, Piala y algunos compañeros cruzaron al continente para evangelizar el continente, Ia les siguió poco después, pero al llegar a la orilla ya sus hermanos se habían ido. Entonces ante él cayó una hoja de un árbol y el santo se subió sobre ella y atravesó el mar. Desembarcó en un sitio actualmente llamado St-Ives. 

La leyenda de Fingar hace a este y a su hermana mártir a manos de Corotic, un noble local. Ia se habría salvado por haber desembarcado luego y en otro lugar. Allí hizo amistad con el señor local, llamado Dinan, quien le ayudó a construir una iglesia y una ermita, donde Ia vivó dedicado a Dios. Comúnmente se le llama mártir, pero no consta este martirio en leyenda alguna. Al parecer subió al cielo en 450. Algo de su culto permanece en Porth Ia, donde una fuente otrora milagrosa está dedicada a su memoria.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 3 de febrero además se recuerda a:







domingo, 24 de enero de 2021

San Manchan de Lemanaghan

San Manchan de Lemanaghan, fundador. 24 de enero. 

Tradicionalmente se le identifica como el fundador de un monasterio en el islote de Lemanaghan, Irlanda. Y esta fundación ocurrió así: en 645 el rey Diarmuid, cristiano se entfrentó con el rey Guaire de Connacht. Los monjes de Clomacnoise, de donde era monje nuestro santo, invocaron el auxilio de su fundador, San Kieran (9 de septiembre), y el rey cristiano ganó la batalla, tomando bajo su cargo la isla de Lemanaghan, donde el rey Diarmuid conminó a los isleños a convertirse a Cristo, y para ello ordenó la construcción de un monasterio. Manchan fue elegido para fundarlo, y lo hizo acompañado de su madre Santa Mella (3 de septiembre), quien vivió toda su vida junto al monasterio, en una ermita que aún se conserva. 

Manchan murió durante la epidemia de peste de 664-666. Lo que queda de sus reliquias se venera en la iglesia parroquial de Boher, en un relicario fabricado en Clomacnoise en 1130. En Lemanaghan aún tiene su iglesia y allí se le venera como patrono contra las epidemias.


Fuente:
Omnium Sanctorum Hiberniae

A 24 de enero además se recuerda a:

San Cadoc,
abad y mártir.
San Babilás,
obispo y mártir.
Nuestra Señora de la Paz.








jueves, 9 de agosto de 2018

De un ablandador de rocas y corazones.

San Nathy de Achonry, abad. 9 de agosto y 7 de septiembre.

Vivió en el siglo VI, y fue discípulo de San Finian de Clonard (12 de diciembre). Ambos fundaron el monasterio de Achonry, junto a Mucklety, luego que un ángel le revelara a Finian donde debía fundar y que Nathy debía ser el elegido para gobernar el sitio. Antes de fundar, tuvieron que padecer a Wolfhead, el jerarca local. Este les vejó e insultó, impidiéndoles establecerse allí, pero los santos le convencieron con sus palabras humildes y un milagro: Nathy trazó la señal de la cruz sobre una roca, que se partió en tres pedazos. Ante esto, el corazón de Wolfhead se ablandó y les ayudó en la fundación. Los trozos de roca del milagro aún se veneran y forman parte de una fuente junto a la catedral de Achonry.

Este monasterio fue célebre por la piedad y erudición de sus monjes. Allí se formaron muchos nobles y caudillos, y también niños del pueblo, pues su escuela monástica estaba abierta a todos. Entre sus famosos discípulos estuvieron San Kenan (24 de noviembre) y San Fechin (20 de enero). De este último Nathy sería, además, gran amigo y colaborador. 

La leyenda hace a Nathy el primer obispo de Achonry, pero ciertamente lo fue Melruan O'Ruadhan, en el siglo XII, no conociéndose alguno entre los siglos VI y XII. Sí que pudo haber sido obispo, pues en ocasiones en la iglesia celta este cargo no tenía por qué llevar explícita jurisdicción sobre un territorio eclesiástico. Había obispos misioneros, y algunos simplemente fueron consagrados como tal en virtud de su santidad o venerabilidad.

Nathy subió a los cielos sobre el año 600, a los 90 años de edad. Fue enterrado en el cementerio del monasterio, ahora catedral, que lleva su nombre. Aún se veneran allí sus reliquias.

Fuente:
-http://omniumsanctorumhiberniae.blogspot.com/

A 9 de agosto, además se celebra a:


San Román de Roma,
soldado mártir.
Santos Amor y
Viator, mártires.
San Ernée, abad,
y compañeros.








viernes, 29 de junio de 2018

Santa Cocca

Santa Cocca de Ros-Bennchuir, abadesa. 29 de junio.

Los datos sobre esta santa son tomados casi todos de la "vita" de San Kieran de Saighir (5 de marzo). También se le conoce como Coca, Cocchea o Cota.

Vivió en el siglo V y al parecer era oriunda de la isla de Cape Clear, en el actual Cork. Probablemente haya sido pagana de joven y convertida por Kieran. Luego de eso, le habría ayudado en la propagación del Evangelio. En Ros-Bennchuir fundaron un establecimiento monástico para vírgenes nobles, a las que nuestra sana dirigiría y educaría con esmero. La "vita" del santo dice que cada año este enviaba dos bueyes solos desde Saigir hasta Ros-Bennchuir, y aunque era una larga distancia, los animales jamás perdían el camino ni se detenían. Llegaban a Ros-Bennchuir para la época de la siembra, araban las tierras del monasterio de Santa Cocca y terminado su trabajo, ellos solos volvían a Saigir. Visitaba el santo cada año a las religiosas por Navidad luego de celebrar la misa en Saigir. Les celebraba la misa y les daba la comunión, y milagrosamente estaba en Saigir de nuevo para las primeras oraciones del día luego de la misa, cuando era un viaje de semanas.

Cerca de donde estuvo el monasterio de Ros-Bennchuir hay una gran piedra a la orilla del mar, llamada "piedra de Santa Cocca", porque a ella se subía la santa para hacer oración. Dícese que en una ocasión en que Kieran debía cruzar el mar, subió a la roca y esta le trasladó sobre las aguas a su destino. Pero sabiendo el santo que Cocca le gustaba orar allí, envió la roca de vuelta a su sitio.

No hay que confundir a esta santa con Santa Cocca de Kilcock (6 de junio).

Fuente:
-"Vidas de los santos irlandeses". O'Hanlon. C O’HANLON. C.

A 29 de junio además se celebra a:


Santa Emma de Gurk,
viuda fundadora.
B. Salomé y Judith,
reclusas.
San Gero de Colonia,
obispo.





sábado, 9 de junio de 2018

Floreció para los cielos y fue padre de muchos.

San Columbano de Iona, abad. 9 de junio y 17 de junio, traslación de las reliquias.

Infancia y vida monástica.
Columbano (Columkille en su lengua) nació a inicios del siglo VI, en Gartan, Donegal. Fue descendiente de una de las grandes familias reales de Irlanda, incluso él mismo podría haber reinado. Su madre pertenecía a la familia reinante de Leinster. Estando su madre embarazada tuvo una visión en la cual un ángel le presentaba un velo cubierto de flores, el cubría llanuras, ríos, y montañas. Entonces el ángel le dijo: "serás madre de un hijo que florecerá para los cielos, será contado entre los profetas de Dios, y conducirá a innumerables almas al cielo". Columbano estudió en las mejores escuelas monásticas del momento, donde se formaban el clero y los príncipes y nobles irlandeses. En ellas se formaban en el estudio, la oración y el trabajo manual, todos sin distinción.

Columbano tomó el hábito monástico en Clonard, siendo abad San Finian (12 de diciembre). Entre sus compañeros estuvieron San Kieran de Clonmagnoise (9 de septiembre) y San Comgall de Bangor (10 de mayo). Una leyenda cuenta que en una ocasión le encomendaron moler una gran cantidad de maíz para la comida del día siguiente, y al otro día estaba tan bien molido que todos sospecharon que había sido asistido por un ángel. Este mismo abad, que también era obispo, le ordenó diácono y presbítero cuando Columbano tenía 20 años. Ciertamente debía ser un monje aventajado en la piedad y las letras, pues antes de cumplir 25 años había verificado la fundación de varios monasterios. Casi 40 recintos monásticos le tienen como fundador. Especialmente el de Derry, donde consta que vivió y tenía un gran hospicio para pobres, en el cual se alimentaban hasta 100 pobres diariamente.

La "Guerra del Salterio".
Fue Columbano también un gran poeta, el primero de todos los poetas irlandeses del que se tiene constancia. Lamentablemente solo se conservan unos pocos, uno de ellos dedicado a Santa Brígida de Kildare (1 de febrero y 25 de enero, traslación de la cabeza), a la cual tal vez conoció personalmente. Su interés por la cultura le llevó a transcribir nada menos que 300 libros, para dotar a sus bibliotecas de buenos libros, escasos en la Irlanda del siglo VI. Incluso llegó a "tomar prestado" un salterio a Finnian para pretender copiarlo en solo una noche mientras el abad dormía. Un monje vio lo que pasaba y lo dijo al abad, quien acusó de robo a Columbano, reclamándole su propio libro y la copia hecha sin permiso. Columbano se negó a entregar su trabajo y el asunto fue llevado al tribunal de Diarmid, rey de Tara. Este sentenció con un: "A cada vaca su ternero, y a cada libro su copia", dejando claro que Finnian tenía derecho al original y a la copia. Columbano no quedó tranquilo con la sentencia y juró hacerle pagar al rey su injusticia.

Al poco tiempo el santo do cobijo a un joven príncipe perseguido por Diarmid. Aunque Columbano tenía derecho de asilo en su monasterio, el joven fue sacado a la fuerza y ejecutado. Columbano clamó contra el rey diciéndole: "Denunciaré a mis hermanos y a mi familia tu malvada acción, y la violación, en mi persona, de la inmunidad de la Iglesia. Ellos escucharán mi queja y te castigarán con la espada en la mano. Rey malo, no verás más mi rostro en tu reino hasta que Dios, el juez justo, haya subyugado tu soberbia. Como me has humillado ante tus señores y tus amigos, Dios te humillará el día de la batalla ante tus enemigos". Diarmid intentó retenerlo por la fuerza, pero Columbano escapó y se fue a su provincia natal, Donegal. Siguió un solitario camino a través de colinas y valles desiertos hasta llegar al norte de Irlanda. Columbano organizó la guerra entre sus parientes de la Casa de Niall y Diarmid. Ambos ejércitos se encontraron en el centro de la isla, en Cool-Drewny, y Diarmid fue completamente derrotado y obligado a refugiarse en Tara. Entretanto Columbano había ayunado y orado con todas sus fuerzas para obtener del cielo el castigo de la insolencia real, tomando sobre sí mismo la culpa por el derramamiento de sangre. La leyenda dice que Columbano pudo recuperar su copia, la cual se convirtió en una preciada reliquia para el clan O'Donnell, quien lo llevaba consigo en todas sus batallas.


El "juicio del Salterio"
Esta acción de Columbano provocó que un Sínodo de la iglesia de Irlanda le excomulgara por haber promovido el derramamiento de sangre cristiana por causas ajenas a la defensa de la fe. Columbano se presentó en el Sínodo y defendió su derecho a ser oído. Expuso sus razones, pidió perdón y el Sínodo le levantó la excomunión, a cambio de imponerle una curiosa penitencia: debía convertir a tantos paganos a la fe de Cristo, como cristianos habían perdido la vida en la batalla de Cool-Drewny.

Dicha "condena" provocó una conversión en San Columbano, fue su gracia fundante, marcando antes y un después en su vida. Comenzó una peregrinación por algunos monasterios, entrevistándose con santos monjes y abades, quienes en su mayoría le reprocharon su actitud belicosa. Con Abban, santo monje y fundador de piadosos cenobios, Columbano limpió su alma de todo rencor y le entregó su corazón para que lo moldease con penitencias, consejos y mandatos. Abban le reveló un día que aquellos cristianos fallecidos se habían salvado, pero él tenía que cumplir cabalmente lo mandado por el Sínodo si quería salvar su propia alma. Y para hacérselo más difícil, le mandó que abandonara Irlanda perpetuamente, teniendo que vivir entre paganos y convertirlos. Para un patriota como Columbano aquello fue un mazazo, pues en su amor propio era una humillación ser exiliado de su tierra, a la cual tenía cierto derecho de gobernar y dirigir. Sin embago, el santo se resignó y solo respondió a su maestro: "Lo que has mandado se hará".

Al fructífero destierro.
Columabo se despidió de sus parientes y cuando estaba en ello, el joven llamado Moccha, hijo del rey de Ulster, quiso acompañarle. "Eres tú" – le dijo el joven – "mi padre, la Iglesia es mi madre, y mi patria es el lugar donde pueda recoger la mayor cosecha para Cristo". Columbano, conmovido, intentó disuadirle, pero el joven juró no echarse atrás. Así, a los 42 años de edad Columbano se embarcó con 12 compañeros en una barca. Desembarcaron en una isla desierta llamada Oronsay, desde la cual se veían las costas de Irlanda, por lo cual, volvieron a embarcarse y llegaron hasta otra isla en medio de la península de Caledonia, que marcaba el límite con los feroces y paganos pictos. Era la isla de Iona. Allí subió a la colina más alta y, al comprobar que no se veía Irlanda, la eligió como morada. Era una isla inhóspita, rocosa y con escasas zonas de pastos. Eligieron los trece monjes una zona libre de los vientos del mar y edificaron unas chozas de ramas cubiertas de hiedra. Ese fue el comienzo del monasterio más famoso de su tiempo y la "capital monástica" de las islas de Europa del Norte.

El amor de Columbano por Irlanda nunca se apagó, y algunas composiciones poéticas así lo aseveran. Una mañana llamó a uno de los monjes y le dijo: "Ve y siéntate junto al mar, mirando hacia el norte de Irlanda. Allí llegará a tus pies una pobre cigüeña viajera agotada por la fatiga. Tómala con piedad, aliméntala y vigílala durante tres días. Después de tres días de descanso, cuando esté fortalecida, ella sola volverá a la dulce Irlanda, su querido país natal. Te ordeno que la cuides así, porque ella viene de la tierra donde yo también nací". Y así ocurrió, como Columbano había predicho. En otra ocasión supo por revelación, que una pariente suya estaba pasando un parto muy trabajoso, y lo dijo a los monjes. Hizo oración y al rato anunció que la madre y la criatura estaban bien. Y al llegarle la noticia, se supo todo había sido como dijo Columbano.

Pero esta añoranza no lo apartó ni por un momento de su obra de expiación, así no se instaló con sus compañeros Iona, comenzó a irradiar la luz del Evangelio sobre los cercanos paganos que, poco a poco comenzaron a acercarse a él. Vivía penitente y austeramente, siempre estaba atento a los que hacían escala en la isla para servirles y predicarles. Columbano y sus monjes trabajaban, estudiaban las Escrituras y la fe católica, hacían largos ratos de oración y ayudaban a los necesitados o los peregrinos que pronto fueron frecuentes.


Columbano en su labor de copista.
Fundador, evangelizador y diplomático.
En un par de años las minúsculas cabañas eran pocas para los discípulos y nuevos monjes, por lo que en las islas vecinas pronto surgieron nuevos monasterios regidos por Columbano. Al menos 90 iglesias hubo ya en el siglo VI, con sus respectivas comunidades monásticas. Desde estos monasterios se predicó a los pictos, terror de los británicos, por su fiereza, no vencida ni siquiera por los romanos. Predicó sin miedo ante Bruidh, hijo de Malcolm, rey de los pictos, quien dio al principio le recibió con frialdad, para luego cambiar a admiración y veneración. No se sabe si se convritió a la fe de Cristo, pero sí consta que, durante toda su vida, fue amigo y protector de Columbano, a quien confirmó el derecho a poseer Iona, impidiendo los escoceses la reclamaran solo para ellos. Convirtió a algunos reconocidos jefes pictos, lo que le trajo la animadversión de los sacerdotes druidas, quienes veían disminuidas sus influencias y venidos a sus cultos naturistas. Sin embargo, nunca osaron enfrentarse a Columbano, ni este les predicaba a ellos.

En Beecham, extremo oriental de Escocia, fue el primer lugar donde Columbano fundó en esta isla, gracias a haber sanado milagrosamente al hijo pequeño del rey del lugar. Columbano fundó, dejando a su fiel discípulo Drostan a cargo del nuevo monasterio, pero cuando se iba, su amigo lloró por separarse de él y Columbano dijo: "Llamaremos a este lugar el 'Monasterio de las Lágrimas'", y luego profetizó que el monasterio seria fecundo, recordando el Salmo 126: "los que siembran con lágrimas cosecharán entre cantares". Y así fue, duró más de mil años de fructuosa vida monástica. También profetizó la victoria del rey Aidan de Escocia sobre los paganos sajones, aún sin saber ni que había batalla. A este rey consagraría y coronaría Columbano en 574, lo cual dice bastante de la ascendencia moral de nuestro santo para aquellos años. Y no solo eso, sino que la piedra sobre la cual fue coronado Aidan, aún se conserva, luego de muchos traslados, en la catedral de Westminster y sirve de pedestal a los reyes de Inglaterra el día de su coronación.

Este suceso permitió a Columbano algo que nunca pensó ocurriría: volver a Irlanda. Aidan pretendió romper el vasallaje escocés a Irlanda y llevó a Columbano consigo como embajador y negociador para la abolición del tributo. En Drumkeith se reunieron ambas partes y gracias a la inteligente diplomacia de Columbano y sus influencias familiares, el rey irlandés Aodh renunció a toda soberanía sobre el rey escocés. Además, en la misma reunión Columbano asumió la defensa de los bardos (poetas, músicos y cronistas populares de Irlanda). La causa a defender era su independencia frente a los príncipes locales, los cuales obligaban a los bardos a cantar alabanzas o historias falsas, siempre buenas, sobre ellos. Con esta situación muchos bardos habían caído en la monotonía y la falsedad, huyendo del favor popular y convirtiéndose en "enemigos" del pueblo. Eso los que habían cedido, pues los que se negaban a renunciar a su libertad padecían destierro o cárcel. Columbano intercedió por su libertad para su arte, impidiendo fueran desterrados o subyugados por los nobles. Recordó que el exilio general de los poetas sería la muerte de una venerable tradición poética tan querida por el país. Y lo logró.

Perseguido por causa de la justicia.
Columba regresó a Iona, aunque se cree que visitó Irlanda otras veces. El resto de su vida la dedicó a evangelizar Escocia y las islas vecinas con celo incansable. No solo fue apóstol, sino defensor de los pobres ante las injusticias, maestro, escritor y formador de los monjes. Se enfrentó con la palabra y al frente de los aldeanos a los saqueadores de los poblados costeros. Excomulgó a los los hijos de Donnell, que patrocinaban este pillaje. Uno de los principales jefes de ladrones intentó asesinar a Columbano mientras estaba de visita a un lejano monasterio, pero un monje llamado Finn-Lugh, previendo algún peligro, tomó prestada la capucha de Columba y se envolvió en ella. El asesino lo apuñaló a él y luego huyó pensando haber matado a Columbano. Pero he aquí que por milagro, la capucha resultó un escudo eficaz contra el puñal, que no hirió al joven monje.

En otra ocasión un criminal de la misma familia, llamado Ian, pensó asesinar a un gran amigo de Columbano, como advertencia al abad. Este era un hombre que aunque había juntado cierta riqueza, era piadoso y caritativo con los pobres. Ian le había robado dos veces animales o saqueado sus graneros. La tercer vez pensaba, además, asesinarle. Pero he aquí que al llegar a la propiedad del buen hombre, encontró a Columbano, a quien suponía lejos. Columbano le reprendió por sus crímenes, conminándole a renunciar a su objetivo. Pero Ian no le hizo caso y tomó una barca para cruzar; apenas lo hizo comenzó burlarse e insultar a Columbano. Este hizo una profunda oración y en unos minutos se formó una terrible tormenta que hizo hundirse el barco de Ian y sus malhechores.

El poder de su oración.
Un día, mientras estaba en la costa, un marino se le acercó para quejarse de su esposa, que le había tomado aversión. El abad la llamó y le recordó los deberes que le imponía la ley del Señor. "Estoy dispuesta a todo", dijo la mujer, "Te obedeceré en las cosas más difíciles que puedas ordenar. Iré incluso, si se desea, en peregrinación a Jerusalén, o me encerraré en un convento; en resumen, haré todo excepto vivir con él". San Columbano le respondió que no podía irse en peregrinación ni a un convento, mientras viviera su marido; pero le pidió ayunar rezar a Dios los tres, pidiendo una solución. "Oh" – dijo la mujer – "sé que puedes obtener de Dios lo que parece imposible". Los tres ayunaron, y Columba pasó toda la noche en oración sin cerrar los ojos. A la mañana siguiente le dijo a la mujer: "Dime, ¿a qué convento irías, según decías ayer?" "A ninguno" – dijo la mujer –"mi corazón ha cambiado esta noche. No sé cómo he pasado del odio al amor". Y desde ese día hasta la hora de su muerte, vivió en una unión tierna y fiel con su marido hasta el final de su vida.

En otra ocasión dijo a los monjes "que nadie me siga hoy" y salió a hacer oración a una pequeña llanura al oeste de la isla. Solo un monje joven, muy curioso, le siguió y vio al santo erguido e inmóvil, con las manos y ojos levantados a cielo, rodeado por una multitud de ángeles que hablaban con el santo abad. Y no sería la única vez, pues los ángeles venían a menudo a consolarle y revelarle ciertas cosas del futuro.

Fue amigo de San Kenneth de Kilkenny (11 de octubre) desde que juntos se formaron con Finian. Gustaba Kenneth visitar frecuentemente a Columbano en Iona. Una tradición narra que un día de terrible tormenta Columbano mandó preparar la celda de invitados, a lo que los monjes le replicaron que nadie se acercaría habiendo tal borrasca. Pero el Columbano replicó: "El Todopoderoso nos envía un santo varón que vendrá a nosotros antes de la noche, al cual abrirá un canal de calma en medio de la tormenta". Y así fue, al anochecer desembarcaba Kenneth, que había atravesado la tormenta en paz, aunque los marinos confesaron que habían visto la tormenta de lejos y a ambos lados del barco. Otra leyenda dice que, al despedirse, Kenneth olvidó su báculo en Iona y Columbano lo llevó a la iglesia abacial y mandó a los monjes entonasen oraciones. Entretanto, Kenneth llegó a su monasterio y solo allí notó con vergüenza la falta de su báculo. Hizo oración y en ese momento, el báculo se posó ante él. Pues claro, había volado desde Iona ante los ojos de los monjes que le habían visto salir por una ventana de la iglesia.

Últimos años. Gloriosa muerte.
La edad no fue óbice para que Columbano continuara sus austeridades y mortificaciones. Cada noche se sumergía en agua fría y permanecía allí recitando todo el salterio. Un día que vio a una pobre anciana buscando ortigas para comer, se avergonzó de haber mejorado algo su comida a causa de la salud y en adelante no comió más que hierbas amargas.

Según se acercaba el momento de su partida a los cielos, una misteriosa luz comenzó a rodearlo, haciéndose más radiante cuando hacía oración, y este fenómeno duró unos años. Un día, estando en compañía de dos monjes, de pronto Columbano iluminó su rostro con una gran sonrisa y luego cambió en profunda tristeza. Pasado unos minutos, dijo a los monjes: "Queridos hijos, no quiero afligiros. Sabed que hoy hace treinta años que inicié mi peregrinación en Caledonia. Por mucho tiempo he rogado a Dios que mi exilio termine en este trigésimo año, y que me devuelva a la patria celestial. Cuando me visteis tan alegre, fue porque pude ver a los ángeles que vinieron a buscar mi alma. Pero de repente se detuvieron, como si quisieran acercarse para llevarme y no pudieran. Y en verdad, no podían, porque el Señor había prestado menos atención a mi ardiente oración que a la de las muchas Iglesias que han orado por mí, y que han obtenido en contra de mi voluntad, que yo habite todavía en este cuerpo durante cuatro años. Esta es la razón de mi tristeza".

Y pasaron esos cuatro años, durante los cuales el santo no dejó de evangelizar, consolar y dirigir sus monasterios. El último año de su vida visitó a los monjes más lejanos, sin poder hacerlo a pie, sino en una carreta tirada por bueyes, para su pena. El sábado de la Octava de Pentecostés de 597 reveló a su querido monje Diarmid: "Hay un pequeño secreto que te diré si juras de rodillas que no se lo dirás a nadie antes de que me vaya. Hoy es sábado, el día que las Sagradas Escrituras llaman el Sábado o el descanso. Y será verdaderamente mi día de descanso, porque será el último de mi laboriosa vida. Esta misma noche entraré en el seno de mi Padre. Tú lloras, querido Diarmid, pero consuélate; es mi Señor Jesucristo quien se digna a invitarme a reunirme con Él; es Él quien me ha revelado que mi cita será esta noche". En ese momento el viejo caballo blanco que servía en el monasterio se acercó a él y puso su cabeza sobre el hombro de su amo. Los ojos del viejo caballo tenían una expresión tan triste que parecían bañados en lágrimas. Diarmid quiso echar al animal, pero Columbano se lo prohibió diciéndole. "El caballo me ama, déjalo conmigo; que llore por mi partida. El Creador le ha revelado a este pobre animal lo que te ha ocultado a ti, un hombre razonable". Y, acariciando al caballo, le dio una última bendición.


Relicario de San Columbano.
Entonces Columbano subió a la cima de una colina desde la que podía ver toda la isla y su monasterio, y levantó las manos para pronunciar una bendición profética sobre el santuario que había creado: "Este pequeño lugar tan pequeño y bajo, será muy honrado no sólo por los reyes y el pueblo escoceses, sino también por los jefes extranjeros y las naciones bárbaras; y será venerado incluso por los santos de otras Iglesias". Después de esto bajó al monasterio, entró en su celda y comenzó a trabajar por última vez. Estaba ocupado en transcribir el Salterio y cuando llegó al Salmo 33 y al versículo "Inquirentes autem dominum non deficiicient omni bono", se detuvo y dijo: "Debo detenerme aquí. Baithen escribirá el resto". Baithen era suprior de Iona, y se convertiría en su abad posteriormente. Después de este anuncio, Columbano se fue a la iglesia y permaneció callado durante todo el oficio litúrgico de las Vísperas del domingo.

Esa tarde se acostó sobre su lecho de piedras y dijo al monje que le acompañaba, para que lo trasmitiera a todos: "Querido hijo, esto es lo que ordeno con mis últimas palabras; que reinen siempre entre vosotros la paz y la caridad. Si actuáis así, siguiendo el ejemplo de los santos, Dios, que fortalece a los justos, os ayudará, y yo, que estaré cerca de Él, intercederé por vosotros, y obtendréis de Él no sólo todas las necesidades de la vida presente en cantidad suficiente, sino también las recompensas de la vida eterna, reservadas a los que guardan su ley". Al rezo de maitines aún vivía Columbano, por lo cual al llamado de la campana, se levantó y llegó el primero a la iglesia. Cuando la comunidad llegó con sus velas, halló al santo viejo agonizando de rodillas ante el altar. Columbano los miró con dulzura, les bendijo y cayó en éxtasis, desde el cual entró al cielo, el 9 de junio de 597.


Fuentes:
-"Monjes de Occidente". Vol 1. CHARLES DE MONTALEMBERT. W. Blackwood and Sons, 1867.
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-https://www.heiligenlexikon.de


A 9 de junio además se celebra a:


Beata Diana de Andallo,
virgen dominica.
Ss Primo y Feliciano,
mártires.
Santa Pelagia,
virgen y mártir.







Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...