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lunes, 7 de junio de 2021

De una vida que fue puro portento.

San Colman de Dromore, obispo. 7 de junio.

De él se cuentan numerosos milagros, que parecen recogidos de otros santos llamados también Colman. Aunque estos a su vez podrían ser desdoblamientos de un único santo. No se puede pretender a más de mil años de distancia, poner en claro algo así.

Su “historia” comienza antes de su nacimiento, según su leyenda. Cuéntase que San Patricio (17 de marzo), yendo de Armagh a Saul, recibió la oferta de un obispo de pernoctar en su casa, mas el santo apóstol lo rechazó diciéndole: "No es este lugar para mi, pero, después de sesenta años, nacerá una estrella que fundará su monasterio en este lugar”. Y señalando un valle anejo, continuó: “Allí, esta mañana, mientras cantaba la misa, vi por la ventana de la iglesia una gran multitud de ángeles reunidos".

Nació, según la mayoría de hagiógrafos, a inicios del siglo VI. Fue bautizado por un obispo que era tío suyo, también llamado Colman. Y el milagro no faltó en el bautismo: no había agua, y Dios hizo brotar una fuente milagrosa, la cual fue luego fuente de numerosas curaciones por intercesión del santo. Otra leyenda de la niñez, repetida en otros santos, narra que mientras cuidaba las vacas de sus padres, un lobo se comió una de las terneras. El niño buscó al animal, pero no halló más que la piel roída y los huesos desparramados. Metió estos en la piel y haciendo la señal de la cruz, la carne y tejidos se llenaron de vida y la ternera resucitó.

Se educó con en el monasterio de Nendrum, bajo la dirección del abad San Caylan (3 de septiembre). Compañero suyo habría sido San Mochaoi (23 de junio). Fue un discípulo aventajado y muy pronto aprendió las Reglas y costumbres del monasterio, aventajando a todos los demás monjes. Preguntó un día al abad que más podría hacer para ser santo, y Caylan le envió a quitar una piedra enorme que había en un camino que los monjes usaban. Colman, que no podía con la roca, trazó sobre ella la señal de la cruz, y la piedra rodó por sí misma a un lado. Aún puede venerarse en uno de los tantos sitios en los que San Colman tiene culto en Irlanda.

Visitó nuestro santo a San Ailbhe de Emly (12 de septiembre), de quien aprendió las Sagradas Escrituras. Luego, con su tío Colman aprendió la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la Teología. Con toda esta formación, quiso fundar su propio monasterio y, por revelación divina, llegó al valle de Dromore, en Cobá, el mismo valle señalado casi 100 años antes por San Patricio. Se dice que escribió un Regla para los cientos de monjes que tuvo bajo su cayado en poco tiempo. Todos eran muy observantes, caritativos y disciplinados.

De su etapa de abad, también se cuentan milagros, como que su breviario cayó al agua y flotó hasta la orilla sin mojarse, o que devolvió a la vida a una pobre mujer decapitada por unos ladrones. O en otra ocasión en la que predicaba, aparecieron unos juglares paganos, que comenzaron a burlarse del santo. Le pedían insistentemente que hiciera milagros para divertirse y he aquí que la tierra se abrió y se los tragó. Toma diversión.

Visitó el santo Roma por tres veces, y la última de estas ocasiones fue ordenado obispo por el papa San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), quien le dio muchas reliquias de los santos mártires. Su episcopado, más allá de lo ficticio de su ordenación por parte del papa, parece fue el primero en la zona de Dromore. Pero curiosamente, no volveremos a hallar otro obispo en la zona hasta el siglo X. La leyenda cuenta aquí, de modo estrafalario, que, al volver a Irlanda, pasó por Gales, y esa noche nació el hijo de los reyes, pero nació muerto, y Colman lo resucitó al tocarle con unas reliquias de las que portaba. Ese niño sería San David de Gales (1 de marzo), pero la leyenda propia de este santo no dice nada de eso.

Pero aún no lo hemos visto todo. Colman era tan casto que jamás miraba a mujer alguna. Y tanto que en una ocasión en que su madre fue al monasterio a verle y Colman le mandó decir: "Que elija entre verme de lejos, o hablarme sin verme". La madre respondió: "Prefiero hablarle sobre asuntos relacionados con el bienestar de mi alma". Y se encontraron en lados opuestos de un enorme roble. Pero he aquí que cuando la conversación se elevó a las cosas del cielo, en el tronco del árbol se abrió una abertura, dejando que madre e hijo se vieran.

Colman murió anciano, sobre 610, según quien cuente la historia, pero es una fecha barajada por muchos. Luego de una larga oración y bendecir a sus hermanos, expiró dulcemente. Su culto está extendido en Irlanda y lo estuvo en Escocia, aunque, como dije antes, se le confunde con otros santos llamados Colman.


A 7 de junio además se celebra a

lunes, 11 de mayo de 2015

Santa Estrella, no. Santa Eustelle, sí

Pregunta: Ramón, en el santoral de www.catholic.net tenemos para hoy a Santa Estela o Estrella, ¿tienes tu alguna imagen de ella?, además me gustaría conseguir un mejor relato sobre ella, ya que el que tenemos es muy escueto. 


Eutropio y Eustelle.
Iglesia de San Hilario de Villefrance.
Respuesta: Pues de esta santa, la verdad es que casi nada sabía yo, así que a ponerse a trabajar para los colegas de la página. Tomo los datos principalmente de “Las Vidas de todos los Santos de Francia”, una obra en varios tomos, del siglo XIX, que dice tomar los datos de una obra del siglo XVII, que a su vez tomaría los datos de documentos antiguos y de autor anónimo, que, por lo que veo, no es más que la “vida” de San Eutropio de Saintes (30 de marzo), de quien he hablado hace unos días.

Santa Eustelle, virgen. 11 de mayo.
Estamos en el siglo III, cuando la Galia tiene un gobernador, al que estos autores llaman rey, no dando a entender fuera un rey independiente, sino en nombre de Roma (recordar, copio del libro). Este rey o gobernador tenía una hija bella en el cuerpo y el alma, llamada Eustelle. Y hallamos el primer problema: El nombre original es Eustelle, que significa “bien adornada”. La latinización a Stella (de donde pasó a Estrella en castellano) fue una recreación del escritor Frederic Mistral en el siglo XIX, cuando Eustelle pasó a ser patrona de un movimiento literario interesado en rescatar la literatura y lengua occitanas.

Y volviendo al siglo III. Llegando San Eutropio a la región, al comenzar a predicar el Evangelio, muy pronto Eustelle se convirtió a la fe cristiana, a pesar de que conocía el disgusto que daría a su padre, pero puedo más la gracia de Dios que los temores. Cambió de hábitos y costumbres, se volvió más mansa y obediente, más caritativa y dejó a otras jóvenes no cristianas que tenía como amigas, por el peligro que le suponían. Comenzó a orar más a menudo, a dejar los vestidos ricos y la pompa de su corte. Así pues, su padre conoció que se había convertido al cristianismo y la conminó a dejar esa nueva fe, pero Eustelle le respondió que antes prefería morir. Su padre le ofreció regalos, un ventajoso matrimonio y riquezas, pero ella permaneció firme en lugar de abandonar a Cristo y, antes bien, le predicó sobre la verdad de la fe, la vanidad del mundo, la supremacía de Jesucristo por encima de todas los ídolos y de sabidurías humanas.

De los halagos, el padre pasó a las amenazas y castigos, ante las cuales, Eustelle se mantuvo más firme aún. Entonces su padre la echó del palacio, a pesar de los ruegos de esclavos y cortesanos, que le pedían recapacitara. Eustelle aceptó gozosamente, dispuesta a padecer por Jesucristo y salió de casa, y se dirigió adonde Eutropio, que la recibió con gozo, aunque advirtiéndole de la persecución contra los cristianos por parte del imperio. Eustelle se retiró a una cabaña, donde recibía a Eutropio que le hablaba de las cosas del cielo y las excelencias de la consagración virginal a Dios, al que Eustelle determinó dedicar su vida como virgen consagrada. Aquí hay un largo discurso de tono moralista que no forma parte de la vida de San Eutropio, es solo un discurso de quien escribe el libro, haciendo patente el concepto de historia que hay en las hagiografías: los hechos tienen que estar al servicio de la formación, la apología, la fe. Es por eso que las vidas de santos adolecen muchas veces de verosimilitud, porque su historia está supeditada a la enseñanza y la predicación.

Sabiendo esto el padre de Eustelle, mandó asesinar a Eutropio, quien lo supo antes por una revelación divina. Así pues, los sicarios primero le apedrearon mientras estaba de rodillas, perdonándoles. Finalmente murió de un golpe en la cabeza. Eustelle y otros cristianos enterraron su cuerpo con gran veneración. Contaba el padre de Eustelle con que esto haría temer a su hija y que esta volvería a casa renunciando a la fe cristiana, pero no fue así: ella se mantuvo firme, si bien ya no nos dice más sobre ella la vida de San Eutropio. Lo más probable es que esta santa de nombre Eustelle sea una santa posterior, devota de San Eutropio, o una eremita de la zona, benefactora de la Iglesia y que con el tiempo se le haya asignado una vida relacionada con el santo.

Vidriera de la basílica de
San Eutropio. Saintes.
Si Eustelle fue mártir o no, o si su propio padre, estilo Dióscoro-Bárbara, le quitaría la vida no lo sabemos. El Breviario de Saintes la pone como mártir a 11 de mayo, recogiendo la memoria "de la bienaventurada Eustelle, bautizada por San Eutropio, cuyo padre la mandó arrojar a la arena". Y como mártir aparece representada en algunas ocasiones. Añade que fue enterrada en la misma tumba de Eutropio, desde donde fueron trasladados al construirse la basílica de San Eutropio. O sea, que la da por mártir, aunque no consta en ningún otro sitio o leyenda. En 1845, en un reconocimiento de las reliquias de San Eutropio, se halló otro cráneo, de una persona joven, entre los 18 y 25 años, que se supuso fuera el de Eustelle, pero hay que reconocer que a esta conclusión se llegó a partir de la leyenda de que ella habría sido enterrada junto al santo obispo.

Todavía mantiene devoción en Saintes, donde hay una capilla y una fuente curativa, llamada “fuente de Santa Eustelle”. Allí acuden los fieles todavía, y las jóvenes que buscan marido cumplen con el rito de lanzar dos alfileres al aire, si caen en forma de cruz, es buen presagio, lo encontrarán pronto. Esta fuente se cree es el sitio donde se retiró, y que la fuente sería usada por ella y Eutropio, pero las excavaciones han descubierto que posiblemente sea una fuente anexa al anfiteatro de la ciudad, que está a unos metros del sitio y por tanto, muy anterior al siglo III. Y si no lo fuera, de todos modos sería poco probable que alguien que busca retiro lo haga precisamente junto a un anfiteatro, con todo el jaleo y espectáculos que allí ocurrían. Aún así, la devoción es constante y varios milagros están documentados. El libro detalla lo ocurrido en 1645, cuando un sordomudo sanó al instante y, quince días más tarde, se repitió lo mismo con dos jóvenes a los que su madre llevó a la fuente, inspirada por el primer milagro.


Fuentes:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.

-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo I. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1863.


A 11 de mayo además se celebra a 
Todos los Santos Abades de Cluny.
San Mamerto de Vienne, obispo.
San Gengulf de Varennes, mártir.

jueves, 30 de abril de 2015

San Eutropio, para los pies torcidos.

San Eutropio de Saintes, Francia; obispo y mártir. 30 de abril (y 11 de mayo, con Santa Eustelle). 

La leyenda de San Eutropio le hace hijo de un gobernante persa. De niño fue trasladado con su niñera a la corte del rey Herodes a Jerusalén, donde oyó hablar de Jesús y sus milagros. Queriendo conocerle, salió del palacio de Herodes y fue al encuentro del Maestro, estando presente en la multiplicación de los panes y los peces. De hecho la leyenda añade que era el niño que tenía los cinco panes y dos peces, cosa que se dice de otros santos, como San Servacio (13 de mayo). También nos dice que estaba presente en el momento en el cual le presentan unos niños a Jesús, que responde: "Dejad que los niños vengan a mí". Después de este hecho, y ya creyendo en el mensaje de Cristo, regresó con su padre a Persia, donde viviño recordando a Jesús durante varios años. Cuando se hizo un hombre, volvió a Judea, para enterarse que Jesús había sido muerto crucificado. Se decepcionó en el primer instante, pero al saber que sus seguidores decían que había resucitado, buscó a San Pedro, se instruyó en la fe y se convirtió plenamente. Este le ordenaría presbítero y lo enviaría a la Galia, concretamente Mediolanum Santonum, hoy Saintes. Otras leyendas dicen que los apóstoles Simón y Judas (28 de octubre) le convertirían.

Al llegar, se fue a una posada, donde comenzó a predicar a Cristo, con una cruz en la mano. La gente, extrañada de semejantes palabras sobre un nuevo dios que moría y resucitaba, lo echaron a palos, por lo que Eutropio tuvo que huir a una colina, donde se hizo una celda. Volvió a predicar, y lo mismo: fracaso. Desalentado, volvió a Roma, donde se enteró que San Pedro (29 de junio, 8 de noviembre, Dedicación de la Basílica; 18 de enero y 22 de febrero, Cátedras; 1 de agosto, Ad Víncula; 16 de enero, Ad Víncula en la Iglesia Oriental) y San Pablo (29 y 30 de junio, 25 de enero, 18 de noviembre) habían sido martirizados. Conoció a San Clemente (23 de noviembre), San Lino (23 de septiembre) y a San Cleto (26 de abril), que le animaron a padecer por el Evangelio de Cristo. Clemente le consagró obispo y le unió a San Dionisio (9 de octubre), para que regresara a la Galia, al mismo sitio donde San Pedro le había enviado antes.


Y fue otra cosa. El pueblo fue más dócil a su palabra, y poco a poco fue organizando la primera comunidad cristiana de Saintes, cuyos habitantes le llamaban "el mensajero". Una de sus conversiones más importantes fue la de Santa Eustelle (Estrella), hija de un magistrado romano. Eustelle, oyéndole predicar fue a él y le suplicó "Maestro, yo quiero ser discípula de Cristo, explícame la verdad de sus misterios", se instruyó y Eutropio la bautizó. El padre de la chica montó en cólera, y le ordenó volviese a la fe pagana, por lo cual Eustelle huyó, retirándose a una ermita junto a la de Eutropio. Allí envió su padre una tropa de paganos, para que matasen a Eutropio y le devolviesen a su hija. Los mercenarios hallaron al santo obispo de rodillas, en oración, y le apedrearon y golpearon, desmebraron y finalmente le cortaron la cabeza, dejándole allí tirado. Eustelle, que se había escondido, tomó el cuerpo esa noche, junto a un grupo de cristianos y lo enterró piadosamente donde buenamente pudo. Al poco tiempo ella misma sería martirizada, su memoria es el 11 de mayo.

San Eutropio convierte
a Santa Eustelle.
La persecución contra los cristianos hizo que el lugar de la sepultura quedara semi-oculto y sin una adecuada veneración. En el siglo VI el obispo San Paladio (7 de octubre) erigió una iglesia y monasterio en Saintes dedicada a la memoria de San Eutropio, para trasladar a ella las santas reliquias. Abierta la tumba, se comprobó la cabeza cortada y el cráneo con una gran herida, aunque se dudaba fuera el santo obispo. Esa misma noche, apareció el santo a dos piadosos abades y les reveló que realmente eran sus reliquias. 

¿Qué puede haber de cierto en todo esto anterior? Esta "historia" aparece en la "Historia de los francos", de San Gregorio de Tours (17 de septiembre), que, por supuesto, la da por historia y no leyenda. Es Paladio quien da a Gregorio, tal vez en una carta, el material para que este la incluya en su obra. Lo más probable es que sea un obispo de siglos posteriores. La veneración a San Eutropio consta efectivamente desde el siglo VI, pero se remonta a un culto anterior, probablemente de los siglos III o IV, a tener en cuenta otras zonas de Francia evangelizadas por la misma época y sus obispos situados en los tiempos apostólicos. Yo los llamo "Santos en la Máquina del Tiempo". 

Este culto está extendido pricipalmente en la Bretaña, donde se le considera patrón contra la hidropesía. Varias iglesias principales guardan reliquias suyas, aunque en Saintes sólo se conserva la cabeza, porque el respeto del cuerpo fue profanado por los protestantes en el siglo XVI. En Morbihan se le invoca especialmente para arreglar las torceduras de pies, para que los niños caminen pronto, etc. El origen está en la semejanza de su nombre con la palabra "estropiés", que significa lisiado o paralítico.


Fuentes: 

-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.


A 30 de abril además se celebra a 

San José Benito Cottolengo, presbítero fundador.
Santa María de la Encarnación Guyart, ursulina. 

San Quirino de Neuss, tribuno mártir.

martes, 7 de mayo de 2013

María, Señora y Directora de Colegios

Mayo, como decía en el primer artículo del mes, a pesar de no ser litúrgicamente el mes de María, la devoción popular así lo ha consagrado, colocando múltiples advocaciones marianas de cierta relevancia. Especialmente el día 8 en consonancia, quien lo duda con los dos "grandes" 8 de maría: El 8 de septiembre, su Natividad, y el 8 de diciembre, su Concepción Inmaculada.

N. S de las Escuelas Pías
Estampa con la imagen
original de Frascati
Brevemente hablaré de dos advocaciones conmemoradas a 8 de mayo, vinculadas entre sí por pertenecer a prestigiosas instituciones dedicadas a la enseñanza: Los Clérigos regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (escolapios) y Hermanos de las Escuelas Cristianas (hermanos de La Salle). Y también semejantes entre sí por la veneración justita que reciben actualmente en ambos institutos.

Nuestra Señora, la Virgen de las Escuelas Pías. 8 de mayo y segundo Domingo después de Pentecostés (en Frascati).
Cuando San José de Calasanz (25 de agosto y 27 de noviembre, Patrocinio) fundó su primera escuela y fundó su Orden, la última aprobada como tal, en 1527, tuvo muy claro que era María era la mejor auxiliadora en su empresa de llevar a los niños su lema: "Piedad y Letras". A ella se encomendó y encomendó sus niños. A ella encomendó su obra, inscribiendo su Nombre en el título de la Orden, como signo distintivo. En un principio no hubo advocación ni imagen propia, sino que la fiesta principal de los religiosos y escuelas era El Dulce Nombre de María (12 de septiembre), y el acto devocional propio era terminar el día con el canto del "Sub tuum praesidium". Compuso el santo la devoción de las "Doce Estrellas", que medita sobre los 12 frutos del Espíritu Santo, aplicados a María.

Pero no había advocación propia, que llegó, según dice la tradición escolapia, un día que el santo oraba con un grupo de niños. Se abrieron los cielos, una luz inundó todo, y apareció la Madre de Dios y declaró que tomaba posesión sobre la Orden, como cosa suya. Pidió la Virgen al Niño que llevaba en brazos que bendijese al santo y a los niños, y en ellos a toda la obra presente y futura, las escuelas, a los religiosos y a los alumnos. Y así lo hizo el Niño Jesús. 

Grabado popular
con el escudo de la Orden.
Obtuvo el santo un lienzo que poseía por donación de la familia Bovarelli. Era imagen que ya tenía fama milagrosa, por un portento ocurrido en la capilla privada de la familia: Tenían unos huéspedes alemanes en casa que, admirados por la belleza de la imagen, se la robaron al irse a su país. Esa noche, al ir toda la familia al oratorio y ver el robo, quedaron desconsolados, pero con gran fe comenzaron el rosario a Nuestra Señora, y he aquí que, al decir las palabras "Consolatrix afllictorum, ora pro nobis", de la letanía, la imagen apareció en su sitio por sí sola y como si nunca se hubiera perdido. Los Bovarelli, entendiendo que era imagen milagrosa y debía ser venerada por el pueblo, decidieron entonces donarla a Calasanz, que al verla reconoció en ella el rostro de la misma María.

En 1617 se efectuó la traslación de la imagen al colegio de Frascati, donde fue recibida con gran solemnidad. En 1621 se realizó la primera procesión general, el segundo Domingo después de Pentecostés. En 1625 fundó la Confraternidad de María Santísima de las Escuelas Pías, para promover la obra de la buena educación de los niños. 

La verdad es que nunca fue una advocación muy extendida aunque los colegios llevaran el nombre "Nuestra Señora de las Escuelas Pías" muchas veces la titular es la Inmaculada o el Nombre de María y la imagen no ha trascendido mucho. Incluso ha variado con el tiempo, o se veneran otras bajo el mismo título que en nada se parecen a la original. [1] 


Nuestra Señora de la Estrella. 8 de mayo.
El Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas fue fundado por San Juan Bautista de la Salle (7 de abril; 26 de enero, traslación de las reliquias; y 17 de diciembre, Dedicación de su iglesia en Roma) en 1680, para la educación de la niñez y de la juventud, pero además, sentó las bases de las futuras escuelas de maestros, pues fue la primera en preparar hombres dedicados específicamente para ello. Pero, aunque desde los inicios la Congregación tuviera a la Virgen María como referente y Madre, no tenían advocación o imagen propia. Les llegaría de manos de otros en una fusión. Pero primero veamos un poco del origen de la advocación y hay que regresar un poco en el tiempo, solo un poco: 950 años.

N. S de la Estrella
Abadía de Monteburgo
La leyenda dice que la abadía de Nuestra Señora de Monteburgo (llamada luego "de la estrella"), fue fundada por unos ermitaños procedentes del centro de Europa, partieron hacia las islas británicas, para fundar unas ermitas y dedicarse a su vida de oración. Llegaron a las playas de Normandía, y en espera de poder cruzar el mar, se echaron a descansar. El hermano Roger se echó en la arena, y su compañero en una barca abandonada y agujereada que había en la orilla. Por la noche se destató una tempestad, que arrancó la barca de la orilla y, sin hundirse, llevó a su dormido tripulante a la costa británica a una ciudad (desconocida), donde recién había muerto el obispo y el involuntario marinero fue visto como una respuesta del cielo y entronizado en la sede episcopal. Y le perdemos de vista.

Pero, ¿y el compañero? Pues este, al quedar solo, vio era voluntad de Dios que fundase en tierra francesa y no del otro lado, por lo que se dio a la oración y a la penitencia hasta que Dios le mostrase una señal del sitio escogido. Y no tardó: Soñó que una estrella le indicaría el punto exacto, y apenas despertó vio caer del cielo una estrella, que incendió unos matorrales. Y allí levantó una ermita, dedicada a la Madre de Dios, estrella que nos guía. Al poco tiempo ya tenía discípulos y gente que acudía a escruchar su consejo. Y la ermita pasó a ser el monasterio de Santa María de Monteburgo, y el monasterio pasó a ser abadía, cuya iglesia, de estilo románico se bendijo en 1152. En alza y luego en declive, la abadía tuvo sus momentos de gloria y ruina. Los primeros siglos fueron de esplendor, pero desde las guerras de religión hasta la revolución francesa, que la devastó, fue decayendo hasta convertirse en escombros.

Tendría que llegar una santa (como si no), para que María, la Estrella de la Mañana, retomara posesión de su casa. Fue Santa María Magdalena Postel, "la virgen sacerdote" (16 de julio), la llamada si no directamente, al menos por inspiración a volver a dar esplendor a Monteburgo. En 1807, Magdalena toma posesión de la ex-abadía San Salvador de Vicomte, cercana a Monteburgo, donde da inicio a su obra fundacional: Las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Misericordia, basadas en la regla, constituciones y métodos educativos de los Hermanos de La Salle, pero dedicadas a la educación de las niñas. En 1842 el futuro obispo de Luçon, P. Delamare, que había ayudado a María Magdalena y su sucesora, la Beata Plácida Viel (4 de marzo), funda la rama masculina de esta congregación: Los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la Misericordia, que se instalan en la derribada Monteburgo. Recuperan el patronato de María sobre la abadía y la nombran patrona del nuevo Instituto religioso. Mandaron a tallar en Bélgica una réplica de la antigua imagen desaparecida. En 1892 fue bendecida con el nombre de Nuestra Señora de la Estrella, en memoria de la leyenda que vincula a la Virgen con la abadía. Llegaron a tener más de 30 escuelas, en las que se veneró esta advocación mariana, que lograron nombrar, a título diocesano, patrona de las escuelas de Normandía. Terminando el siglo XIX la iglesia es reconstruida, en su mismo estilo románico cisterciense, austero y de líneas simples. Son inicios gloriosos, que no durarán mucho.

En 1904 todas las congregaciones dedicadas a la enseñanza, que tanto habían elevado la educación luego de la Revolución Francesa, sufren un nuevo golpe: las leyes prohíben a los consagrados pisar los colegios. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la Misericordia pasan a Bélgica, donde fundan, junto a su amada "Estrella". En 1922 regresan a Francia, y han de volver a reconstruir Monteburgo, pero la obra languidece: no hay vocaciones, no hay fuerzas ni dinero. Finalmente, en 1936, piden y obtienen (1938) su fusión con los Hermanos de La Salle, pues, en definitiva, el carisma, regla y constituciones eran casi idénticas. La II Guerra Mundial, principalmente el desembarco de Normandía, arruina la abadía e iglesia de Monteburgo, los Hermanos huyen, pero salvando antes su Madre de la Estrella. Luego de la guerra, los Hermanos de La Salle recuperan Monteburgo y en 1951 consagran la iglesia, restaurada bellamente, como luce hasta hoy. Los últimos dos Hermanos de la Misericordia lloran de contento al ver a su amada Virgen de la Estrella como patrona del sitio y de la escuela e internados allí fundados [2]. Pero habría más:

En 1955, Vicario General del Instituto mandó se tomara como advocación propia a Santa María de la Estrella y fuera llamada y venerada como "Reina y Madre de las Escuelas Cristianas", su imagen venerada en todos los colegios y su devoción inculcada a los estudiantes. El 7 de marzo de 1957, por petición de los Hermanos de La Salle, la Sagrada Congregación de Ritos extendió la festividad de Nuestra Señora de la Estrella a todas las iglesias y colegios, con el oficio litúrgico de la misa mariana "Salve Sancta Parens", utilizada ya por diversas advocaciones marianas propias de institutos u órdenes, como dominicos o agustinos.

En 1960, en el marco del noveno centenario de Monteurgo se procedió a la coronación canónica de Nuestra Señora de la Estrella, ratificando su título de Reina, Madre y Patrona de las Escuelas Cristianas, y determinando su fiesta al II sábado de Pascua, y luego al 8 de mayo [3]. Pero vendría el Concilio Vaticano II, luego del cual, algunas advocaciones marianas decayeron o fueron olvidadas por los religiosos o seglares. De la Virgen de la Estrella puede decirse que ha sido víctima de ello, aunque no del todo ni en todos los sitios, pues en algunos sitios su memoria se conserva. Pero basta reastrear publicaciones o webs lasalianas modernas, para notar que su ausencia es alarmante; o su presencia limitada a explicar la estrella del escudo o como algo de la historia pasada.

Y termino con un texto de las "Meditaciones" de San Juan Bautista de La Salle:

"Tengamos la certeza de que todo cuanto hagamos para honrar y hacer honrar a la Santísima Virgen será, por su mediación, copiosamente recompensado por Dios. Reconozcámosla siempre como nuestra bondadosa madre, ya que Jesucristo se la dio por tal, en la persona de san Juan, a cuantos fueran sus devotos, cuando, cercano a la muerte, le dijo: 'Hijo mío, he ahí a tu madre'". [4]

A 8 de mayo además se celebra a 

San Miguel "in Monte Gargano".
Beato Luis Rabatá, carmelita mártir.
San Gibrián de Reims, presbítero.




[1] Extractado de "Novena al Santísimo hombre de Maria o sea a la Virgen de las Escuelas Pias". De un sacerdote escolapio.
[2] En 1986 los Hermanos de La Salle dejaron Monteburgo, aunque la escuela agraria sigue funcionando bajo su inspiración.
[3] Extractado de "Historia de Nuestra Señora de la Estrella (Patrona del Instituto de los Hermanos De La Salle)", Madrid. Año 1965.
[4] "Meditaciones". Meditación 151. Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves.

domingo, 13 de enero de 2013

El Bautismo de Jesús

Bautismo de Cristo. Giotto. Siglo XIV.

Quizás a alguna persona que rezara la Liturgia de las Horas del día de Epifanía le causara cierta extrañeza la antífona al Cántico Evangélico del Benedictus en Laudes:
“Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya”.

E igualmente, para el Cántico del Magníficat en Vísperas, ésta es la antífona:
“Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy, el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.

A simple vista, puede parecernos una mezcla inconexa la alusión, incluso sin respetar el orden cronológico, a estos tres acontecimientos de la vida de Jesús: La adoración de los Magos, el Bautismo en el río Jordán y el milagro acontecido en las bodas de Caná. La explicación es que en los tres momentos se produce una Epifanía, esto es, una manifestación de Jesús, manifestación de su mesianismo y su divinidad. 

Ciertamente, el 6 de enero la Iglesia celebra especialmente la manifestación a los Magos que, como primeros representantes de los pueblos paganos, guiados por la estrella de la fe, llegan hasta Jesús. Pero no podemos olvidar que al siguiente domingo, que litúrgicamente sigue formando parte del tiempo de Navidad, celebramos el Bautismo de Jesús. Al otro domingo, que es ya el segundo “durante el año” o “de tiempo ordinario”, en el ciclo C, que es el que nos encontramos en el presente año, se proclamará el texto evangélico de la conversión del agua en vino como mueva “manifestación” de Jesús como Mesías en las bodas de Caná. (Aunque en los otros ciclos litúrgicos sean otras las lecturas joánicas que se leen en dicho domingo).

El Bautismo de Juan, que no era sino un signo de conversión, al bajar Jesucristo a las aguas del Jordán, da paso al Bautismo cristiano, por lo que esta fiesta del Bautismo de Jesús es ocasión propicia para reflexionar sobre nuestro propio bautismo y los compromisos de vida que entonces adquirimos. Pero preferimos que sea Dom Próspero Guéranger quien (al igual que ya hicimos en las Ferias Mayores del Adviento) nos acompañe con sus profundas y piadosas reflexiones en su Año Litúrgico, que, sin más, pasamos a compartir:

EL BAUTISMO DE CRISTO: 
Hoy ocupa de una manera especial la atención de la Iglesia, el segundo Misterio de la Epifanía, el Misterio del Bautismo de Cristo, en el Jordán. El Emmanuel se ha manifestado a los Magos después de haberse mostrado a los pastores; pero esta manifestación ha ocurrido en el angosto recinto de un establo de Belén, y los hombres de este mundo no han podido conocerla. En el Misterio del Jordán Cristo se manifiesta con mayor aparato. Su venida es anunciada por el Precursor; la multitud que se agolpa en torno al Bautismo de agua, es testigo del hecho; Jesús va a comenzar su vida pública. Más ¿quién será capaz de describir la grandeza de los detalles que acompañan esta segunda Epifanía?

EL MISTERIO DEL AGUA:
La segunda Epifanía tiene por objeto, lo mismo que la primera, el bien y la salvación del género humano; pero sigamos el curso de los Misterios. La Estrella condujo a los Magos a Cristo; antes, aguardaban, esperaban; ahora creen. Comienza en el seno de la Gentilidad la fe en el Mesías. Pero no basta creer para salvarse; hay que lavar en el agua las manchas del pecado. "El que creyere y fuere bautizado, será salvo"(Mc 16, 16): Es, por tanto, tiempo de que ocurra una nueva manifestación del Hijo de Dios, con el fin de inaugurar el gran remedio que debe dar a la Fe, el poder de causar la vida eterna. Ahora bien, los designios de la divina Sabiduría habían escogido el agua como instrumento de esa sublime regeneración de la raza humana. Por eso, al principio del mundo, se nos muestra al Espíritu divino caminando sobre las aguas, para que la naturaleza de estas concibiese ya en su seno un germen de santificación, como canta la Iglesia en el Sábado Santo. Pero las aguas debían servir a la justicia castigando a un mundo culpable, antes de ser llamadas a cumplir los designios de su misericordia. Todo el género humano, a excepción de una sola familia, desapareció, por un terrible decreto, bajo las olas del diluvio. Sin embargo de eso, al fin de aquella espantosa escena apareció un nuevo indicio de la futura fecundidad de este predestinado elemento. 

La paloma que salió un momento del arca de salvación, volvió a entrar en ella, trayendo un ramo de olivo, símbolo de la paz devuelta a la tierra, después del diluvio. Pero la realización del misterio anunciado estaba todavía lejana. En espera del día en que se había de manifestar este misterio, Dios multiplicó las figuras destinadas a mantener la esperanza de su pueblo. Así, hizo que este pueblo no llegara a la Tierra prometida, sin haber atravesado las olas del Mar Rojo; durante el misterioso paso, una columna de humo cubría a la vez la marcha de Israel y las benditas olas a las que debía la salvación. Pero, sólo el contacto con los miembros humanos de un Dios encarnado podía comunicar a las aguas la virtud purificadora por la que suspiraba el hombre culpable. Dios había dado su Hijo al mundo, no sólo como Legislador, Redentor y Víctima de salvación, sino para ser Santificador de las aguas; en el seno, pues, de este sagrado elemento debía darle un testimonio divino y manifestarle por segunda vez. 

EL BAUTISMO DE JESÚS:
Se adelanta, pues, Jesús de treinta años de edad, hacia el Jordán, río célebre ya por los prodigios proféticos operados en sus aguas. El pueblo judío, reanimado por la predicación de Juan Bautista, acudía en tropel a recibir aquel Bautismo, que si podía excitar al arrepentimiento del pecado, no conseguía borrarlo. También nuestro divino Rey se dirige hacia el río, no para buscar la santificación, pues es principio de toda santidad, sino para comunicar a las aguas la virtud de engendrar una raza nueva y santa, como canta la Iglesia. Desciende al lecho del Jordán, no como Josué para atravesarlo a pie enjuto, sino para que el Jordán le envuelva con sus olas y reciba de El, para luego comunicarla a todo el elemento, esa virtud santificadora que ya no volverá a perder nunca. Animadas por los rayos divinos del Sol de justicia, se hacen fecundas las aguas, cuando la cabeza augusta del Redentor se sumerge en su seno, ayudada por la mano temblorosa del Precursor. Más, es necesario que intervenga toda la Trinidad en este preludio de la nueva creación. Se abren los cielos; baja la Paloma, no ya simbólica y figurativa, sino anunciadora de la presencia del Espíritu de amor que da la paz y transforma los corazones. Se detiene y descansa en la cabeza del Emmanuel, cerniéndose a la vez sobre la humanidad del Verbo y sobre las aguas que bañaban sus sagrados miembros.

EL TESTIMONIO DEL PADRE:
Pero, aún no había sido manifestado con suficiente realce el Dios humanado; era preciso que la voz del Padre resonase sobre las aguas y removiese hasta lo más profundo de sus abismos. Entonces, se dejó oír aquella Voz que había cantado David: Voz del Señor que retumba sobre las aguas, trueno del Dios majestuoso que derrumba los cedros del Líbano (orgullo de los demonios), que apaga el Juego de la ira divina, que conmueve el desierto y anuncia un nuevo diluvio (Salmo 28), un diluvio de misericordia; esta voz clamaba ahora: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias". De este modo se manifestó la Santidad del Emmanuel con la presencia de la celestial Paloma y con la voz del Padre, como lo había sido su realeza con el mudo testimonio de la Estrella. Realizado el misterio, dotado el elemento del agua de su nueva virtud purificadora, sale Jesús del Jordán, y sube a la orilla, llevando tras de sí, según opinión de los Padres, a la humanidad regenerada y santificada y dejando allí sumergidos todos sus crímenes y pecados.

COSTUMBRES:
Sin duda es importante la fiesta de Epifanía, cuyo objeto es honrar tan altos misterios; no debemos admirarnos, que la Iglesia de Oriente hiciera de este día una de las fechas para la solemne administración del Bautismo. Los antiguos monumentos de la Iglesia de las Galias indican que esta era también la costumbre de allí; más de una vez, en Oriente, según cuenta Juan Mosch, se vio llenarse el sagrado Baptisterio, con un agua milagrosa, el día de esta festividad, y vaciarse por si mismo después de la administración del Bautismo. La Iglesia Romana, desde tiempos de San León, insistió en que se reservase a las fiestas de Pascua y Pentecostés el honor de ser los únicos días consagrados a la solemne administración del primero de los Sacramentos; pero, en muchos lugares de Occidente, se conservó y conserva aún la práctica de bendecir el agua con una solemnidad especial, el día de Epifanía. La Iglesia de Oriente guardó celosamente esta costumbre. 

La función se desarrolla ordinariamente en la Iglesia; pero, a veces, el Pontífice se traslada a orillas de un río, acompañado de los sacerdotes y ministros revestidos de sus más ricos ornamentos, y seguido de todo el pueblo. Después de recitar oraciones de una gran belleza, que sentimos no poder citar, el Pontífice sumerge en las aguas una cruz engastada en pedrería que representa a Cristo, imitando de esta suerte la acción del Precursor. En San Petersburgo, la ceremonia se realizaba en otros tiempos sobre el Neva, introduciendo el Metropolitano la cruz en las aguas, a través de una abertura practicada en el hielo. Este rito se observa de manera parecida en las Iglesias de Occidente que han conservado la costumbre de bendecir el agua en la fiesta de Epifanía. Los fieles se apresuran a extraer del río el agua santificada, y San Juan Crisóstomo, en su Homilía veinticuatro sobre el Bautismo de Cristo afirma, poniendo por testigos a sus oyentes, que esta agua no se corrompía. Idéntico prodigio fue muchas veces observado en Occidente.

Demos, pues, gloria a Cristo por la segunda manifestación de su carácter divino, y agradezcámosle con la Iglesia el habernos dado junto con la Estrella de la Fe que nos ilumina, el Agua capaz de borrar nuestras culpas. Admiremos, agradecidos, la humildad del Salvador que se inclina bajo la mano de un mortal, para realizar toda justicia, como El mismo dice: porque, habiendo tomado consigo la forma de pecador, era necesario que asumiese también las humillaciones para levantarnos de nuestra postración. Agradezcámosle la gracia del Bautismo que nos ha abierto las puertas de la Iglesia de la tierra y de la Iglesia del cielo. Finalmente, renovemos los compromisos contraídos en la sagrada fuente, y que fueron condición del nuevo nacimiento.

MEDITACIÓN PARA ESTE DÍA:
Relieve policromado.
I
glesia de Calañas, Huelva.
¡Oh celestial Cordero! bajaste al río para purificarle; la divina Paloma vino desde el cielo a unir su dulzura a la tuya y luego saliste a la orilla. Mas ¡oh prodigio de tu misericordia! los lobos han bajado después de ti a las aguas santificadas y han salido transformados en corderos. Todos nosotros, manchados con el pecado, nos volvemos al salir de la fuente sagrada, tan blancos como las ovejas de tu divino Cántico, que ascienden del baño fecundas todas y ni una sola estéril; como esas puras palomas que parecen bañadas en leche, y que han puesto su nido junto a las cristalinas fuentes. ¡Tal es la poderosa virtud purificadora dada por tu divino contacto a estas aguas! Conserva en nosotros, oh Jesús, esa blancura que de ti viene, y si la hemos perdido, devuélvenosla por el Bautismo de la Penitencia, único que puede restituirnos el candor de nuestra primera vestidura. ¡Ensancha aún más este río de amor, oh Emmanuel!

Vayan sus olas a buscar, hasta el fondo de sus salvajes desiertos, a los que todavía no han gozado de su contacto; inunda la tierra como lo prometiste. Acuérdate de la gloria con la que fuiste manifestado en el Jordán; olvida los pecados que desde hace mucho tiempo impiden la predicación de tu Evangelio en esas regiones desoladas; el Padre de los cielos manda a todas las criaturas que te escuchen: ¡Habla, pues, a todos, oh Emmanuel!

Transcripción de Ángel Luis Estecha González, pbro.

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