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martes, 20 de abril de 2021

Restaurador y celoso pastor.

San Wiho de Osnabrück, obispo. 20 de abril y 13 de febrero.

Wiho nació en la región de Leeuwarden, en el seno de una familia frisona. Se educó bajo la dirección de San Gregorio de Utrecht (25 de agosto) en el colegio que este había fundado. Predicó en Sajonia luego de que su rey, Widukind, hubiera sido vencido por San Carlomagno (28 de enero), quien detuvo su política de regresión al paganismo y persecusión de la fe católica. Convertido Widukind, o eso dijo él, retomó la fe cristiana como religión de sus reinos y la fe católica pudo predicarse libremente. Y, además, cosa curiosa, a pesar de sus desmanes, le conmemoramos en el santoral a 7 de enero como santo.

En fin, que nuestro santo volvió a evangelizar Sajonia por orden de Carlomagno, quien pidió al papa Adriano II que le ordenara obispo de para la región. Fue un hombre de gran cultura, que reconstruyó numerosas iglesias, fundó colegios, monasterios, hospitales y avivó la vida espiritual de sus fieles durante los 25 años que estuvo en la sede. Subió al empíreo en 804.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Alzó la voz para la Palabra, mas no para defenderse.

San Gregorio de Agrigento, obispo. 23 y 24 de noviembre. 

Nació sobre 520 en Preterium, un pequeño pueblo perteneciente a la ciudad de Agrigento, en Sicilia. Sus padres fueron Cariton y Teodota, nobles que se ocuparon de educarle bien. A los 12 años recitaba de memoria el Salterio, que habría aprendido con monjes cercanos a su familia. A los 16 años recibió el Lectorado, y desde entonces se dedicó a la lectura y proclamación de los salmos en la liturgia. Tenía buen ritmo, entonación y excelente voz para el canto. 

A los 18 años peregrinó a Tierra Santa con un grupo de fieles devotos. Allí conoció la vida monacal oriental y tomó el hábito en una de las lauras de Jerusalén. Su pasión por el canto y la excelencia en la celebración del culto divino le llevaron a ser ordenado diácono. A partir de entonces, además de leer la Escritura, comenzó a predicarla, y con tal elocuencia y tino que fue invitado al II Concilio de Constantinopla en 533. Allí destacó principalmente por su defensa de la doctrina sobre la Divina Persona de Cristo, denunciando los errores doctrinales en los que concurrían los monofisitas a la hora de explicar su Humanidad y Divinidad. Su exposición de la doctrina sobre Cristo le valió el mote de "Segundo Crisóstomo", en alusión a San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal). 

Después del Concilio, una lumbrera como Gregorio no podía quedar "olvidado" en una laura de Oriente, por lo cual los obispos de Sicilia le reclamaron en su tierra, donde fue ordenado presbítero y elegido obispo a la muerte del prelado Teodoro. Su elección fue confirmada gustosamente por el papa San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal). Gregorio comenzó una ingente labor evangelizadora y reformadora, ya necesaria en el siglo VI. Actualizó e hizo cumplir los cánones eclesiásticos con respecto a la vida del clero y los monjes, lo cual le acerró fuerte oposición de los prebíteros que antes le habían elegido obispo. Estos pasaron de la guerra solapada a la guerra abierta, llegando algunos a la ignominia de contratar una prostituta para que declarara que era amante de Gregorio. Esta lo hizo y el santo fue arrestado y trasladado a Roma, donde estuvo preso durante dos años, siendo inocente. Jamás se quejó ni acusó a nadie. Al cabo de este tiempo, todo salió a la luz y el papa le absolvió de toda acusación y le envió a su sede de nuevo. 

Pero mientras, su sede había sido ocupada por un obispo simoníaco y hereje, que le hacía la guerra. El pueblo quiso linchar al hereje y entronizar a nuestro santo en su cátedra, pero Gregorio no quiso entablar pelea y, por la paz de la Iglesia, se fue a Constantinopla, donde era más querido. Residió en el monasterio de los Santos Sergio y Baco (7 de octubre), que ya conocía. Allí vivió varios años como un monje más, hasta que en 598 pudo volver a su sede, luego de la muerte del obispo usurpador. 

Gregorio falleció en 603, luego de una vida dedicada a la evangelización y la defensa de la fe. Sus reliquias se veneran en la catedral de Agrigento. 


A 23 de noviembre además se celebra a:

domingo, 25 de marzo de 2018

Sea en marzo o diciembre, fiesta grande es.

La Anunciación de la Santísima Virgen María. 25 de marzo.

Esta festividad está unida indisolublemente a la Pascua. Desde el siglo III ya era creído en la Iglesia que Nuestro Señor Jesucristo había padecido en la Cruz un 25 de marzo. Un testimonio de ello lo da Tertuliano en su "Adversus Iudeos". Una tradición judía, extrabíblica, decía que los profetas morían el mismo día en que se encarnaban. Reminiscencia de ella la hallamos en San Hipólito (22 de agosto), o más acá en el tiempo, en San Agustín, quien en "De Trinitate" dice que Jesús fue ejecutado a 25 de marzo, el mismo día en el cual que había sido concebido. Siguiendo esta creencia piadosa, la Iglesia colocó la Encarnación del Verbo Eterno el mismo día de la Muerte del Señor, a 25 de marzo. Esta fiesta habría sido una de las primeras en ser celebradas por la Iglesia y marcaría todo el Año Litúrgico, pues a partir de ella se colocarían otras festividades: la Natividad del Señor a 25 de diciembre, la Circuncisión a 1 de enero y la Presentación a 2 de febrero. Igualemente hay que recordar que esto no es lo importante, sino los acontecimientos, pues la Iglesia celebra sucesos y no fechas históricas.

Es en este marco de la contemplación de Pascua en el que es colocada esta festividad, sin tener una connotación mariana. Para ello tendremos que esperar más en el tiempo y en la evolución de la comprensión del misterio mariano dentro de la teología y la liturgia de la Iglesia. Pascua, Pentecostés, Encarnación y Natividad van a ser las primeras fiestas de la Iglesia, junto a las memorias de los mártires, siempre de manera local. La Anunciación se enmarca siempre unida a la primera: la Pascua. Testimonio importante es la dedicación de una iglesia a este Misterio de la Anunciación en Nazaret, nada menos que en el año 400. La Dedicación de las iglesias solían ser acontecimientos con gran carga teológica, y si una se dedica a este hecho sin duda estamos ante una prueba de una celebración litúrgica de lo conmemorado. En este mismo siglo San Proclo de Constantinopla (24 de octubre) dedica un sermón a este misterio de fe, enmarcado en su celebración.

Sin embargo, la importancia que la Cuaresma va tomando a partir del mismo siglo V, hará que tanto en Oriente como en Occidente, la Anunciación no se establezca por igual en todos lados, ni aparezca con la solemnidad que merecería, sino que en algunos años sea suprimida o al menos pasada por alto. Tal vez por ello existió, según testimonio de San Abramio (16 de marzo) esta misma fiesta el Domingo anterior a Navidad, el actual IV Domingo de Adviento, el cual aún tiene cierta connotación mariana. Aparece establecida a 18 de diciembre en el "Chronicon Paschale", de mediados del siglo VII. El Concilio de Toledo de 656 declara expresamente que, ya que era evidente la dificultad de celebrar la fiesta de la Madre de Dios (ya es una fiesta eminentemente mariana) en su día preciso (25 de marzo), debido a que podría caer en la Semana de Pasión, no debía ser omitida, sino celebrarse a 18 de diciembre, exactamente una semana antes de Navidad. Esta fecha la tomarían otros misales, como los de Milán, Rávena y, por supuesto, el de Toledo. Es esta la razón por la cual en el rito mozárabe aún tenemos a 18 de diciembre a Nuestra Señora de la Encarnación, de la Esperanza o de la O.

En 692 el Concilio "in Trullo", definirá que la Anunciación del Señor se exime de la norma de no celebrar fiestas durante la Cuaresma, permitiéndose esta precisamente por su vinculación con la Pascua. Esta será la costumbre de Roma, celebrarla en marzo como las iglesias griega y constantinopolitana, y queda claro cuando en el siglo VII el papa San Sergio I (8 de septiembre) la establece para la ciudad junto a las otras fiestas marianas de La Asunción, a 15 de agosto, y la Natividad, a 8 de septiembre, ambas de larga tradición en Oriente. De ahí de estableció en todo Occidente como parte de la progresiva romanización litúrgica de las iglesias locales. Actualmente se celebra como una gran solemnidad que "rompe" de alguna manera la penitencia cuaresmal (aunque siempre haya que orientarla a la Pascua) y, en caso de que el 25 de marzo caiga dentro de la Semana Santa, se trasladará al próximo día libre después de la Octava de Pascua, que es el lunes siguiente. Por ejemplo, en 2018 el 25 de marzo fue Domingo de Ramos, por ello la Anunciación se trasladó ese año al 9 de abril.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 25 de marzo además se celebra a






sábado, 11 de noviembre de 2017

Caballero del mundo y Caballero de Cristo.

San Martín de Tours, obispo. (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones).

El encuentro con Cristo.
Este ilustre santo nació en Sabaria, la antigua Panonia, se padres paganos. Sin embargo, Martín conoció el cristianismo siendo muy joven, y comenzó a interesarse por la vida monástica, aún sin ser bautizado. Ante esto, su padre le alistó en el ejército cuando tenía 15 años, con vistas a que la rudeza y disciplina de la vida militar, a la par de una carrera exitosa, le hicieran olvidar su interés por Cristo. Pero, sin embargo, en carrera militar fue donde el santo tuvo su "gracia fundante", o su encuentro personal con Cristo, que definiría toda su vida. Cuéntase que, estando destinado en Ambianum (la actual Amiens), un crudo día de invierno, cuando el santo atravesaba por la puerta de la ciudad, vio a un pobre mendigo casi desnudo. Martín, con gran misericordia, cortó su manto en dos y le dio la mitad al mendigo. Los que pasaban se rieron de él por el su aspecto ridículo que tenía con media capa, pero a él no le importó. Esa noche tuvo una visión en la que veía a Cristo con su media capa puesta, que decía a los ángeles: "¡Mirad, este es el manto que me dio Martín el catecúmeno!"

Aunque siempre nos lo cuentan con visos de leyenda, el suceso tiene todas las características de haber sido real, y aparece narrado en la primera "vita" del santo que escribió San Sulpicio Severo (29 de enero), en vida del mismo San Martín. La piedad popular es la que ha ido desvirtuando el suceso, sencillo en su origen, para añadir que se le apareció Cristo, o que solo dio media capa porque la otra mitad le pertenecía al emperador. Incluso le añade una segunda parte, ya obispo, cuando entonces entrega la capa completa. Y por supuesto, no falta la reliquia, falsa, de dicha capa, que se veneró en Amiens durante siglos. Ciertamente, a pesar de todo esto, el suceso de Martín viendo a Cristo en un pobre no tiene que extrañarnos, es una constante en la vida de los santos. Y tanto, que se copió para la leyenda propia de San Guillermo de Hirsau (5 de julio).

Militar y monje.
Luego de esto, en 356 Martin fue bautizado, teniendo dieciocho años. La leyenda quiere que haya huido a un monasterio enseguida, pero lo cierto es que el joven sirvió en el ejército dos años más. Llegó a ser Tribuno, durante el Imperio de Juliano el Apóstata, participando en la campaña contra los francos y los allamanni, que habían invadido tierras del Imperio Romano. Aunque la campaña duraría hasta 360, con la victoria de Juliano, en 358 Martín pidió licenciarse del ejército cuando estaba en Worms. Una leyenda, que no aparece en la "vita" primera, dice que Juliano montó en cólera por su petición, y el santo solo respondió: "Ponme al frente del ejército, sin armas ni armaduras, pero no volveré a desenvainar la espada. Me he convertido en el soldado de Cristo". Pero lo cierto es que ese año hubo cierta paz, los allamanni pidieron una tregua, y por esta razón Martín fue liberado de la carrera militar.

Luego de esto, el santo se fue a Poitiers, donde San Hilario (13 de enero) le instruyó en filosofía y teología, Biblia y Santos Padres, con vistas a ordenarle diácono, viendo su capacidad de aprendizaje y su creciente fe. Sin embargo, Martín no quiso oír hablar de ello y se fue a Sabaria, con sus padres. En el camino fue asaltado por un ladrón, al cual perdonó y habló tan bien de Cristo, que el hombre se arrepintió al tiempo y se hizo un buen cristiano. Y él mismo relató el hecho a Sulpicio. Ya Martín en su casa, logró convertir a su madre a la fe católica. Además, predicó contra los arrianos, que cada vez eran más en Panonia, y por este hecho fue azotado y expulsado de la ciudad.

Aparición de la Virgen,
Santa Inés y Santa Tecla.
Como su protector, San Hilario, había sido desterrado, Martín se fue a Milán, donde vivió como eremita, y tuvo de discípulo a San Maurilio (13 de septiembre), al cual enseñó los rudimentos de las letras, las Sagradas Escrituras, junto con la piedad y el gusto por las cosas sagradas. De cuando en cuando Martín predicaba al pueblo milanés, por lo cual fue expulsado de la ciudad por el obispo arriano, que había usurpado la sede. Entonces se fue Martín a la Isla de Albenga, donde hizo vida eremítica en oración y penitencia. Allí casi muere por comer por error una hierba venenosa. Afortunadamente vomitó pronto y el veneno no le fue mortal. La leyenda posterior cuenta que se le apareció la Santísima Virgen, acompañada por Santa Tecla (23 de septiembre) y Santa Inés (21 y 28 de enero), y le sanó.

Dos años vivió allí, hasta que Hilario regresó a Poitiers, y Martín se fue con él, para seguir aprendiendo la vida monástica. Cuando estaba ya formado, Hilario fundó un recinto monástico y Martín fue de los primeros en formar parte, siendo él quien escribió la Regla, seguida después por los Canónigos Regulares y por otros monasterios, como el fundado por San Ouen (24 y 26 de agosto) en Reouen. En este sitio realizó nuestro santo su primer milagro: resucitó a un catecúmeno fallecido de fiebres, al cual Sulpicio también conoció y le narró el hecho. La leyenda le quiere acompañando a San Maximino de Tréveris (29 de mayo, traslación de las reliquias, y 12 de septiembre) en su viaje a Roma. Ciertamente las fechas y la estancia de San Martín en la zona casan sin problemas, pero no está claro que el monje llamado Martín fuera nuestro santo.

Obispo a la fuerza.
En 371 falleció San Lidoire (13 de septiembre), obispo de Tours, y el pueblo quiso que Martín fuera su sucesor, pero como sabían que Martín se negaría, le mandaron llamar con la excusa de que visitara a una enferma, y estando de camino, le tendieron una emboscada y le llevaron a Tours a la fuerza. Los obispos convocados para la ceremonia dudaban de la idoneidad de Martín para ser obispo, sobre todo dudaba Defensor, el obispo de Angers; pero como el pueblo presionaba, no tuvieron más remedio de que ordenarle presbítero y obispo, el 4 de julio del mismo año. Martín siguió viviendo como monje aún después de haber sido nombrado obispo. Para ello se hizo construir una celda anexa a la iglesia, pero cansado del número de visitantes tenía, se fue a un lugar solitario a orillas del Loira, donde luego estaría la abadía de Marmoutier. Allí llegó a tener 80 discípulos, quienes vivían como él, vestido con ásperas pieles, comiendo solo una vez al día y teniendo todo en común. 

Entre estos discípulos estuvo San Bricio (13 de noviembre), un chico pobre y pendenciero al cual Martín había tomado bajo su protección a pesar de ser arrogante y malandrín, y aunque una y otra vez le decepcionaba, el santo obispo no cejaba en llevarle al buen camino. Llegó a suspirar San Martín que "Si Cristo debió soportar a Judas, yo tengo que soportar a mi Bricio". Le redujo al redil de Cristo y Brició tomó le hábito monástico la primera comunidad fundada por Martín, y llegó a ser ecónomo de la misma. Y luego sería su sucesor en la sede de Tours. 

También fueron discípulos suyos, en estos casos según leyendas, San Florencio (22 de septiembre) y San Romano de Garona (24 de noviembre), o San Ibar de Berggeri (23 de abril). Y además, se le relaciona con otros santos como Santa Natalina de Pamiers (10 y 12 de noviembre), a la que habría bautizado, o San Corentin de Quimper (12 de diciembre), al que habría ordenado de obispo. Y no podemos olvidar al estilita San Walfroy (21 de octubre), que se inspiró en nuestro santo para llevar una vida ascética.

Ordenación episcopal.
En las cercanías de su recinto había una aldea donde la gente adoraba a un pino, y se resistían a dejar de hacerlo. Martín, viendo que cortar el árbol sería peligroso, ofreció a los paganos que cortasen el árbol, sentándose él en el sitio donde debía caer, para demostrarles que los dioses nada podían frente a Cristo. Así lo hizo y cuando estaba para caer, inexplicablemente, el árbol cayó justo al lado opuesto, derribando un templo de un ídolo. Esto provocó la conversión de los paganos, que levantaron una iglesia en sitio del templo. En otros lugares no tuvo tantas contemplaciones el otrora militar, pues por su propia mano destruía los santuarios paganos los ídolos, edificando iglesias sobre ellos. Por supuesto que no le salía gratis, en Levroux y en Autun le dieron de palos y si no llega a ser por los soldados del Imperio, le habrían matado. 

Otros paganos, por su parte, intentaron atemorizarle vistiéndose de dioses o demonios, y si bien no lograron atemorizarle, sí que lograron que el santo viera diablos por todas partes. Y en una ocasión se le apareció el mismo demonio, coronado de oro y piedras preciosas, con magníficas vestiduras, y le dijo: - "Ha llegado el juicio, adórame". - "¿Dónde están las marcas de los clavos?" – replicó Martín – "¿Dónde está la marca de la lanza, o dónde está la corona de espinas? Cuando vea las marcas de la Pasión adoraré a mi Señor". Y entonces el diablo desapareció.

Martín contra la violencia.
Estuvo el santo presente en el Concilio de Tréveris, en 384, donde se trató el asunto del hereje Prisciliano y sus seguidores. Los errores doctrinales de este grupo eran varios, desde el Panteísmo, el Sabelianismo o el Docetismo, predicando la preexistencia de almas, la condena del matrimonio y la no resurrección de los muertos. El emperador Máximo quería la cabeza de Prisciliano y los obispos aduladores no osaron negarse. Solo San Martín clamó contra intervención del poder secular en causas eclesiásticas y contra el castigo de Prisciliano y sus discípulos, alentado desde España por los obispos ibéricos. Martín insistió en que la excomunión pronunciada contra los herejes era más que suficiente castigo, y arengó con tal maestría que al irse de Tréveris creía que había logrado salvar a Prisciliano y los otros. Sin embargo, apenas se fue, los obispos lograron que el emperador Máximo ejecutara a Prisciliano y a sus principales discípulos, y además enviara órdenes a España para que se persiguiera y ejecutara a los priscilianos. La tortura le arrancó a Prisciliano una confesión, probablemente falsa, de prácticas impuras; y sobre esta base fue decapitado junto a otros seis. Otros fueron desterrados. 

En 385 Martín regresó a Tréveris y junto a San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal) intentó salvar a los sobrevivientes, negando la autoridad de los obispos perseguidores. Al mismo tiempo intentó salvar a algunos seguidores del difunto emperador Graciano, a quienes el emperador Máximo pretendía condenar a muerte. El emperador entonces le dijo que si perdonaba a estos, tendría que permitir la persecución, confiscación de bienes y muerte de los priscilianos en España. Tuvo que ceder Martín, a regañadientes, y renunciar a su defensa de los priscilianos. Este chantaje pesó tanto sobre él que nunca más participó en Concilio, Sinodo o reunión con gobernante alguno, hastiado de los contubernios Iglesia-Imperio. Llegaría a decir el santo: "¡Ay de los tiempos en que la fe divina necesita poder terrenal, cuando el nombre de Cristo, despojado de su virtud, se reduce a servir de pretexto y reproche a la ambición, cuando la Iglesia amenaza a sus adversarios con el exilio y la prisión, con los cuales los obliga a creer, cuando se apoya en la grandeza!"

Traslado del cuerpo del santo.
Muerte y sepultura.
Martín murió en Candes el 9 de noviembre de 401, a los 84 años de edad. San Severino de Colonia (23 de octubre) y San Evergislo (24 de octubre), aún niño en aquel momento, vieron su alma subir al cielo.
Su cuerpo fue llevado a Tours, dice la leyenda que por un barco "sin velas ni remos, que río arriba subió sin tropiezo, mientras los árboles florecían a su paso". Pero lo cierto es que sus reliquias fueron trasladadas con toda solemnidad, nada menos que por 2000 monjes, que formaron cortejo fúnebre entonando salmos.


Fue sepultado en día 11 en un cementerio a las afueras de la ciudad. En 412 San Bricio construyó allí una iglesia dedicada a San Esteban (en aquella época las iglesias sólo estaban dedicadas a los mártires) para custodiar el sepulcro. El 4 de julio de 473 San Perpetuo de Tours (8 de abril) trasladó las reliquias a una nueva iglesia, bellísima según cuenta San Gregorio de Tours (17 de noviembre), y que sería la primera del orbe cristiano en estar dedicada a un santo no mártir. Fueron las reliquias depositadas en un sepulcro de mármol, que fue veneradísimo durante siglos, a pesar de los desastres y renovaciones de la iglesia. Lo visitaron numerosos santos, prelados y reyes. Santa Monegundis (2 de julio) fue reclusa en una celda cercana a él. La leyenda de San Eloy (1 de diciembre) dice que este santo fabricó un bello relicario para contener reliquias de San Martín. 

En el siglo IX, debido a las invasiones normandas, las reliquias de San Martín fueron trasladadas a Auxerre, junto a la tumba de San Germán (31 de julio). Así que se tenían los dos cultos y cada uno sus seguidores. Estos entraron en pelea (esas tontas peleas de los que no tienen nada que hacer) sobre que santo sería el causante de los milagros que ocurrían allí, y cual, en definitiva, sería más "poderoso". No se les ocurrió otra cosa que ir al hospital cercano, agarrar a uno que acababa de morir y tenderlo sobre las tumbas. En primer lugar fue puesto en la tumba de San Germán, pero no pasó nada. Luego lo pusieron en la de San Martín y de inmediato resucitó el hombre. Los devotos de San Martín quedaron muy contentos, riéndose de los otros. Pero estos, que no querían perder, les dijeron que habría sido una grosería de San Germán hacer el milagro, en lugar de mostrarse hospitalario y "ceder" el milagro a su invitado.

las reliquias volvieron a Tours en el siglo XII y continuaron siendo veneradas. Sin embargo, en 1562 los herejes calvinistas incendiaron el templo y, en su odio anticatólico, profanaron las reliquias del santo, solo salvándose un hueso y parte del cráneo, que se veneran en la catedral de Tours. Durante la Revolución Francesa la bella iglesia fue destruida en parte, y en 1802 demolida totalmente. Pero el culto a San Martín no decayó. El célebre P. Delahaye intentó reconstruir una basílica copiando la anterior, pero las nuevas calles y casas emplazadas donde había estado el sepulcro del santo lo impedían. En 1857 Morlot, arzobispo de Tours, compró las casas y comenzó la excavación del terreno. En 1860 se descubrió el sitio donde habría estado la tumba, pero era propiedad ajena. Compraron esas casas también y finalmente, siete días después, se halló el venerado sepulcro. 

Culto y veneración.
Como dije antes, Sulpicio Severo escribió la "vita" del santo estando este vivo aún, y la completó luego con el relato de la muerte y la sepultura del santo. Este Vita ha servido para el sostén del culto durante siglos, y es que San Martín es uno de los santos más venerados durante siglos, aunque fuese por aspectos culturales o agrícolas. Su día era de fiesta en todos los reinos cristianos, se aprovechaba para la matanza de los cerdos, y hacer fiesta por la cosecha. 

Es abogado de soldados, jinetes, herreros y armeros; de tejedores, sastres, fabricantes de cinturones y guantes, sombrereros, pastores, molineros, viticultores, bodegueros, fundidores y propietarios de hoteles. Se le invoca contra enfermedades oculares, los envenenamientos, las mordeduras de serpiente y la caspa.
Francia por supuesto, es el país donde más se le venera, llegando a tener casi 4000 iglesias dedicadas a su memoria. Pero también hallamos su devoción en toda América, especialmente en México, y para esto transcribo el aporte del Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo:
San Martín de Huixquilucan, México.
"San Martín obispo de Tours, mejor conocido entre el pueblo como san Martín Caballero es un santo de gran tradición y devoción en México, su culto llego con los españoles en el siglo XVI y perdura hasta nuestros días. Es venerado en México san Martín caballero como patrón de los comerciantes y para que nunca falte el dinero y el trabajo, alrededor de estos patrocinios existen muchos ritos que los devotos del santo realizan ya que es muy común ver la imagen de san Martín en muchos negocios en todo México. Una de las tradiciones que hay para que san Martín “ayude en el negocio” es ponerle tres monedas de la primera venta del día que sean de la misma denominación y nombrando a cada una de las Divinas Personas de la Santísima Trinidad al momento de ofrecérselas al santo. Muchos fieles van juntan estas monedas que le ofrecen a diario al santo y con las mismas posteriormente compran veladoras o flores para el mismo altar del santo.
Otra tradición es ponerle albahaca, alfalfa o algún tipo de hierba verde para el caballo de San Martín para que pueda seguir cabalgando haciendo el bien. También el caso particular de ofrecerle albahaca al santo se da mucho en el sureste mexicano que tiene fuerte influencia maya los cuales pensaban que la albahaca era una hierba sagrada por su aroma y que el olor de la albahaca era agradable a la divinidad y subía hasta el cielo llevando las peticiones, por eso es que se considera de especial gusto para san Martín para pedirle de forma más eficaz que interceda por el bienestar de los negocios y comercios.
También existe la situación un tanto supersticiosa que muchos piensan que la imagen de san Martín debe tener un caballo blanco porque ese es el que más ayuda a los negocios y el del caballo marrón no es tan “bueno” para los negocios, como sabemos la intercesión de los santos es igual este pintado como sea su imagen siempre que uno les pida con fe verdadera.

Es también destacable que san Martín Caballero es el patrón secundario de la Asociación de Charros de México, compartiendo este patrocinio con san Hipólito y con el Beato Sebastián de Aparicio (25 de febrero). Y este patrocinio en especial es más evidente en la imagen que de san Martín se venera en la población de san Martín Huixquilucan, Estado de México la cual tiene por patrón a este santo desde el siglo XVIII a la cual cada año desde hace varios años la Asociación de Charros le regala un traje de charro a san Martín y los charros que pertenecen a la asociación le rinden sus respetos cada año con una peregrinación al santo, cuya fiesta en este lugar se celebra el último fin de semana del mes de enero. Hay registros que ya desde el siglo XIX a san Martín se le vestía de chinaco (el antecedente del charro mexicano) y que fue cuando la asociación de Charros le elige por patrón en los años 20 que se le viste definitivamente como charro".


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 11 de noviembre además se celebra a
San Berthuin de Malonne, abad y obispo.
San Menas de Cute, soldado mártir.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Del legítimo culto a las Reliquias.

Fiesta de las Sagradas Reliquias. 5 de noviembre.

Relicario del brazo
de Santa Teresa.
Introducción.
Esta festividad, hoy inexistente, en origen se celebraba en la Octava de Todos los Santos, es decir, a 8 de noviembre, pero al ir ganando importancia dicha octava, se trasladó al domingo intermedio, siendo movible. Luego pasó a ser fija, a 5 de noviembre, y luego desapareció. En este día cada Iglesia debía rendir culto a las reliquias que poseyera, poniéndolas a especial veneración. Algunas iglesias importantes, como las catedralicias o abaciales, que poseían muchas reliquias montaban altares imponentes, o exponían cuerpos relicarios que usualmente no estaban a la vista, aunque permanecían en los altares, cubiertos por antipendios de madera labrada.

Todas las religiones han honrado la memoria de sus difuntos y venerado sus restos, incluso aquellas donde son cremados, esto se hace con suma veneración. El cristianismo no es ajeno a ello, al menos en la Iglesia Católica, romana o no, la cual venera las reliquias de los santos, ya no tanto porque sean difuntos cercanos, sino que venera las de aquellos que la Iglesia ha propuesto para la veneración. El culto a las reliquias no es algo ajeno a nuestra fe católica, ni mucho menos algo impuesto o tomado del paganismo. El culto a las reliquias es, en el fondo, culto a Dios manifestado en sus Siervos, los santos, y en los cuerpos de estos, o en objetos santificados por su contacto.

Las Sagradas Escrituras.
La Escritura tiene varios ejemplos de la importancia de las reliquias como medio por el que Dios derrama su gracia. Tres textos en la Biblia dejan bien claro la complacencia divina en la veneración de las reliquias y en el "poder" de estas:
"Murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año vinieron unas bandas moabitas al país. Mientras unos israelitas sepultaban a un hombre, vieron una banda, y arrojaron al muerto en el sepulcro de Eliseo. Y cuando el muerto tocó los huesos de Eliseo, revivió y se levantó sobre sus pies" (II Reyes 13, 20-21)

"…sacaban los enfermos a las calles y los tendían en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de ellos. También la gente de las ciudades en los alrededores de Jerusalén acudía trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, y todos eran sanados" (Hch 5, 15-16)

"Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que hasta los pañuelos o mandiles que habían tocado su cuerpo eran llevados a los enfermos, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían". Hch. 19, 11-12

Los protestantes y otros llamados cristianos tienen muchas teorías sobre estos textos, todas anticatólicas, y que, por supuesto, obvian una realidad: Dios puede obrar milagros por medio de las reliquias, y si Dios puede hacer algo, efectivamente lo hace. Los católicos no somos tontos, sabemos que la reliquia no posee poder por sí misma, sino que Dios se complace en utilizarla como medio para sus bendiciones o milagros. Podría no hacerlo, pero cuando lo ha elegido, no hay razón alguna para despreciarlo o minusvalorarlo.

Catacumbas de San Sebastián.
La iglesia Primitiva.
En los tiempos apostólicos y posteriores tenemos más testimonios de la veneración de las reliquias, específicamente de los cuerpos de los mártires. Los sepulcros y las catacumbas son ejemplos claros de ellos. Los cristianos, creyentes de la Resurrección de la carne se distanciaron de las prácticas conocidas: ni quemaban a sus difuntos (de hecho un castigo a ellos, por parte de los romanos, era evitar la veneración de los cuerpos de los mártires), pero tampoco los conservaban artificialmente, como los egipcios. Los enterraban en la tierra, recordando el "del polvo vienes y en polvo te convertirás", para ello cavaban los nichos en estas cavernas llamadas catacumbas. Los nichos eran sellados muy bien y a veces se escribía el nombre del difunto, la edad y la fecha de la muerte, lo cual indica la necesidad de un recordatorio para la veneración adecuada. Se añadían símbolos, como el crismón o un ramo (símbolo de victoria).

La costumbre vigente todavía de poner reliquias de mártires (hoy, de cualquier santo) en los altares, viene de este recuerdo de celebrar la misa sobre los sepulcros martiriales. Para identificar como mártires a los que lo eran, se ponía una vasija, el "lacrimatorium" o "vas sanguinis", con restos de sangre o algunas, si no había sangre, con señales de color rojo. La vasija también podía contener tierra ensangrentada, un trozo de ropa del mártir o de la tela con que se recogió esa sangre. Como vemos, objetos materiales (tierra, paños o ropas con sangre) relacionados al santo ya son venerados en tiempos tan primitivos como los siglos II y III. 

"Tomamos los huesos, que son más valiosos que piedras preciosas y más finos que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado, donde el Señor nos permitirá reunirnos", dice la Carta a la Iglesia de Esmirna, del año 156.

Los Padres de la Iglesia.
Pero no sólo fueron veneradas las reliquias de los santos durante los tiempos de persecución, sino después. San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), por ejemplo, visitaba las catacumbas todos los domingos mientras vivió en Roma, y allí meditaba y oraba. También en el siglo IV San Paulino de Nola (22 de junio), narra cómo vio el cuerpo de San Hipólito (13 de agosto) en el cementerio de Ciríaca, y que allí se decía la misa, y se besaba el sepulcro especialmente cuando se recordaba el "dies Natalis" o sea, el día del nacimiento para el cielo del santo en cuestión.

San Agustín nos dice: 
"Está claro que quien tiene afecto por alguien venera lo que queda de ésa persona tras su muerte, no sólo su cuerpo sino partes de él e incluso cosas externas, como sus ropas. Entonces, en memoria de ellos debemos de honrar sus reliquias, principalmente sus cuerpos, que eran templos del Espíritu Santo". (La Ciudad de Dios)

San Juan Crisóstomo, predicando del mártir San Julián: 
"[los] espíritus impuros no pueden sufrir esta luz tan superior. Traigan un energúmeno ante las Reliquias del Santo, por intrépido que sea el demonio que le posea, por furioso que parezca, jamás se acercará a ellas, y le veréis huir al llegar al pórtico: antes pasará por carbones encendidos: más presto se arrojará a ellos, que pasar a este lugar sagrado; y sola la vista del sepulcro le hará huir, y retirarse. Pues si después de tanto tiempo como se ha pasado desde la muerte del mártir, aun hoy, que este cuerpo no es más que ceniza y polvo, no se atreven los demonios ni aun a mirarle, ¿qué confusión y tinieblas no serían las suyas, cuando del todo brillante con la purpura de su sangre hería sus espantadizos ojos? 
(...) Se dignó Dios repartir con nosotros a los mártires: él toma el alma para sí y a nosotros nos deja el cuerpo, para que teniendo siempre a la vista estos sagrados despojos nos animásemos a la práctica de las virtudes que los han consagrado. Porque si la vista de las armas ensangrentadas de cualquier hombre valiente, excita cierto ardor marcial hasta en el corazón más cobarde, (…) ¿qué debemos sentir nosotros, que vemos, que tocamos, no las armas de este soldado de Jesucristo, sino su cuerpo ensangrentado por la gloria de su Maestro, y del nuestro? Aun cuando fuésemos los más cobardes de todos los hombres, esta vista sola es capaz de encender en nuestros corazones el mismo ardor que consumía al de Julián. Dios nos confía las reliquias de los Mártires para que tengamos entre manos la materia de una filosofía la más sublime y elevada".

La Edad Media. 
Este período, largo en el tiempo, supuso un enorme auge en el culto a las reliquias de los santos, ya fueran cuerpos o sus partes, u objetos. La costumbre de poner reliquias debajo de los altares pasa a ser normativa. Lamentablemente, de aquella época no quedan casi templos que atestigüen esta costumbre, pero sí quedan los numerosos hallazgos o "invenciones" de cuerpos identificados mucho tiempo después, en medio de derrumbres, escombros o paredes tapiadas. Un caso, por ejemplo, San Valentín de Terni (14 de febrero). Los primeros cuerpos en ser expuestos pues serán santos locales, de devoción reducida: Eran trasladados con solemnidad, por el obispo de la diócesis, que elegía un día para recordarlo; y esto era lo equivalente a una canonización, y así fue hasta el siglo IX, cuando el papa se reservó el poder de canonizar santos. Podéis leer este artículo sobre la Invención y Traslación de Reliquias.

Busto relicario.
Santa Cristina.
Son los tiempos en los que nacen los bustos relicarios, que unen la reliquia a una imagen de bulto para ser venerada. Se construyen altares-relicarios, y relicarios con formas de partes del cuerpo según las reliquias que albergaran, como brazos, pies y piernas. otros relicarios imitarán pequeñas iglesias o santuarios. El oro y otros metales nobles, las piedras preciosas, los bordados... todas las bellas artes están al servicio del culto y en este las reliquias son fundamentales.

La Alta Edad Media fue una época oscura en cuanto a este tema: las reliquias falsas se multiplicaron, llegando a los extremos aberrantes de conocerse 24 cabezas de San Juan Bautista, o cientos de dientes de Santa Apolonia, solo por poner dos ejemplos. Es la época igualmente en que objetos de santos del Antiguo Testamento comienzan a ser venerados, o reliquias más absurdas aún, como el último suspiro de San José, o leche de los pechos de la Madre de Dios. Sobre las reliquias de la Santa Cruz, podéis leer este artículo para no desviarme del tema. La proliferación de reliquias, verdaderas o falsas, responde esencialmente a esta razón: a más reliquias, o más estupendas, pues más peregrinos, y por tanto mejor culto, más limosnas para la Iglesia, más comercios para las ciudades, y más impuestos para los reinos. Todos salían ganando.

Trento y la Contrareforma.
"Instruid también a los fieles en que deben venerar los santos cuerpos de los santos mártires, y de otros que viven con Cristo, que fueron miembros vivos del mismo Cristo, y templos del Espíritu Santo, por quien han de resucitar a la vida eterna para ser glorificados, y por los cuales concede Dios muchos beneficios a los hombres; de suerte que deben ser absolutamente condenados, como antiquísimamente los condenó, y ahora también los condena la Iglesia, los que afirman que no se deben honrar, ni venerar las reliquias de los santos; o que es en vano la veneración que estas y otros monumentos sagrados reciben de los fieles; y que son inútiles las frecuentes visitas a las capillas dedicadas a los santos con el fin de alcanzar su socorro". Concilio de Trento, sesión XXV.

Este texto del famoso Concilio resume la doctrina sobre las reliquias y su uso. Pero si bien Trento fue generoso para con este culto, también fue firme condenando reliquias falsas y la superstición que podía generar una devoción mal entendida. Trento condenaría la compra-venta de reliquias, admitiendo solo la compra si era para evitar un mal mayor, como la destrucción o la impiedad.

Cuerpo de San Jacinto en Fürstenfel, Alemania.

Entre los siglos XVI (pleno barroco y contrarreforma católica) y XVIII se da el "boom" de las traslaciones y exposiciones de cuerpos de santos mártires. Surgen las bellas imágenes yacentes que esconden osamentas o parte de huesos, representando al mártir muerto o en agonía, con heridas muchas veces imaginadas por el artista, porque no hay testimonio alguno, la mayoría de las veces, si murió degollado, quemado o apedreado. Mención especial merecen las traslaciones hechas al Norte de Europa, específicamente a Alemania, donde los esqueletos eran puestos a la veneración ricamente enjoyados y revestidos, pero siempre mostrando los huesos, en un estilo muy peculiar que merece verse.

En estas invenciones y traslaciones influyen los vaciamientos, restauraciones y adecentamiento de las catacumbas (en este artículo hablo sobre las catacumbas y los corposantos). Los monasterios, catedrales, parroquias y hasta simples capillas públicas o privadas comienzan a solicitar y recibir "corposantos", ratificados por Roma y, todo sea dicho, la mayoría mediante "el pago de una limosna". Europa y la incipiente América cristiana comienzan a recibirlos (América sobre todo en los siglos XVIII y XIX). Algunos de estos corposantos lograron devoción más allá de su sitio definitivo (Santa Fortunata o Santa Filomena, cuyas imágenes se repiten, confundiendo a muchos como si tuvieran los cuerpos dentro), sobre todo por la emigración, que siempre lleva sus devociones.

El siglo XX y la actualidad.
En 1907 el papa San Pío X publica su Encíclica "Pascendi", en la cual expresa:
"Destiérrese absolutamente toda superstición en la invocación de los santos, en la veneración de las reliquias, y en el sagrado uso de las imágenes; ahuyéntese toda ganancia sórdida; evítese en fin toda torpeza (…) ni abusen tampoco los hombres de las fiestas de los santos, ni de la visita de las reliquias, para tener convitonas, ni embriagueces: como si el lujo y lascivia fuese el culto con que deban celebrar los días de fiesta en honor de los santos. [No] se han de admitir nuevos milagros, ni adoptar nuevas reliquias, a no reconocerlas y aprobarlas el mismo Obispo. Y éste, luego que se certifique en algún punto perteneciente a ellas, consulte algunos teólogos y otras personas piadosas, y haga lo que juzgare convenir a la verdad y piedad".

Como vemos, el uso de reliquias falsas se restringe aún más, pero ciertamente, el culto popular muchas veces es más fuerte que la autoridad episcopal y pocas veces esta puede hacer algo. Y el mismo papa al parecer lo reconoce en Pascendi, al escribir: "Las reliquias antiguas deben conservarse en la veneración que han tenido hasta ahora, a no ser que, en algún caso particular, haya argumento cierto de ser falsas o supuestas".

Relicario moderno de San Juan Pablo II.
En los años 60 y 70 del siglo XX, luego del Concilio Vaticano II la piedad popular y casi todo el culto externo sufrió un fuerte varapalo, sabido es. Y el culto a las reliquias se resintió mucho. Algunas fueron profanadas y arrojadas a trasteros, quitadas del culto, otras pasaron a los museos, por la belleza de los relicarios, menospreciando su valor sagrado (una barbaridad a a la que nadie parece querer poner solución). Sin embargo, a pesar de esto, la Iglesia no ha condenado nunca el culto a las reliquias. El Catecismo de la Iglesia Católica, en su numeral 1674 dice: "El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el via crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc".

El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia dedica más espacio a hablar del tema, y lo resumo: 

"Las reliquias de los Santos:
236. El Concilio Vaticano II recuerda que ‘de acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas’. La expresión ‘reliquias de los Santos’ indica ante todo el cuerpo - o partes notables del mismo - de aquellos que, viviendo ya en la patria celestial, fueron en esta tierra, por la santidad heroica de su vida, miembros insignes del Cuerpo místico de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo (cfr. 1 Cor 3,16; 6,19; 2 Cor 6,16). En segundo lugar, objetos que pertenecieron a los Santos: utensilios, vestidos, manuscritos y objetos que han estado en contacto con sus cuerpos o con sus sepulcros, como estampas, telas de lino, y también imágenes veneradas".
237. El Misal Romano confirma la validez del ‘uso de colocar bajo el altar, que se va a dedicar, las reliquias de los Santos, aunque no sean mártires’. Puestas bajo el altar, las reliquias indican que el sacrificio de los miembros tiene su origen y sentido en el sacrificio de la Cabeza, y son una expresión simbólica de la comunión en el único sacrificio de Cristo de toda la Iglesia, llamada a dar testimonio, incluso con su sangre, de la propia fidelidad a su esposo y Señor. (…) Las diversas formas de devoción popular a las reliquias de los Santos, como el beso de las reliquias, adorno con luces y flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, sin excluir la costumbre de llevarlas a los enfermos para confortarles y dar más valor a sus súplicas para obtener la curación, se deben realizar con gran dignidad y por un auténtico impulso de fe. En cualquier caso, se evitará exponer las reliquias de los Santos sobre la mesa del altar: ésta se reserva al Cuerpo y Sangre del Rey de los mártires.

Lengua de San Antonio.
Reliquia Insigne.
División de las Reliquias.
De Primera Clase: el cuerpo del santo o partes notables de este. Las reliquias de Primera Clase se dividen a su vez en tres tipos:
  • Insignes: cuerpos enteros o una parte completa de este, o un órgano incorrupto.
  • Notables: partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero, como medio hueso de la pierna, por ejemplo.
  • Mínimas: esquirlas de huesos, pelos, sangre, o minúsculos trozos de carne.

De Segunda Clase: objetos que los santos usaron en vida.
De Tercera Clase: cualquier objeto tocado a una reliquia de primera clase o a la tumba del santo.

Los católicos podemos venerar en nuestras casas reliquias de segunda y tercera clase. Las de primera deben dejarse al culto público por su importancia. Siempre hemos de darle justo culto y veneración, teniéndolas en lugar visible y con respeto. En caso de estar guardadas, siempre ha de ser en un sitio adecuado, sin peligro de perderse o deshacerse.


Fuentes:
-http://sicutoves.blogspot.com
-"Vidas de los Padres, Mártires y otros Santos". Tomo X. P. P. RIBADENEYRA. 1869.
-agustinus.it


A 5 de noviembre además se celebra a
San Alto de Altomünster, ermitaño y abad.
Beata Francisca de Amboise, duquesa, carmelita.




MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

martes, 4 de abril de 2017

San Zósimo, carmelita.

San Zósimo, abad. 4, 9 y 30 de abril.

San Zósimo da la comunión
a la santa penitente.
La "vita" de San Zósimo se funde con la leyenda de Santa María la Egipcíaca (1, 2, 3, 4, 6, 9, y 15 de abril) y de tal modo que si bien la leyenda de la penitente se funda en un hecho de la vida de Zósimo, por otra parte él sería totalmente desconocido de no ser por la fama de ella.

La primera y más confiable fuente sobre Zósimo es una mención en la "vita" de San Ciriaco (29 de septiembre), escrita por Cirilo de Escitópolis. En esta se cuenta que un día, dos discípulos del santo, uno de ellos sería Zósimo, que se habían internado en lo profundo del desierto para hacer su tiempo de penitencia, vieron a un extraño ser con apariencia humana entre los espinos. Miraron, pero no estaba, e hicieron oración pensando que sería cosa del diablo. Más adelante hallaron una cueva y al intentar entrar vieron de nuevo al extraño ser que les alertó no se acercaran, pues era una mujer y estaba desnuda. Y así, de lejos, ella les confesó que su nombre era María, y había sido una gran pecadora que además había llevado a otros a pecar. Pero tocada por Cristo se había ido al desierto a expiar sus culpas. Los monjes la dejaron, y luego de la cuaresma volvieron al monasterio y contaron a Ciriaco lo ocurrido. Por Pascua fueron a visitarla y la hallaron muerta, y la sepultaron allí mismo con veneración.

Esta historia, escueta y sincera, menciona a nuestro Zósimo y a esa penitente desconocida llamada María, de la cual surgiría la leyenda que podéis leer en este link, muy posterior, de Santa María la Egipcíaca, que se hizo extremadamente famosa a partir del siglo IX, llegando al culmen de su fama en los siglos XII y XIII. Aunque fantasiosa, parte de un hecho real, el narrado anteriormente. Por su parte, la leyenda propia carmelitana hace santo eliano a Zósimo, como a todos los santos anacoretas del desierto.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 4 de abril además se celebra a






sábado, 1 de abril de 2017

"Me esconderé en las llagas de Cristo"

Los Estigmas de Santa Catalina de Siena, virgen dominica. 1 de abril.

Santa Catalina de Siena, una de las místicas más importantes de la Iglesia, nació en Siena el 25 de marzo de 1347 y falleció el 29 de abril de 1380 en Roma. Llevó una intensa vida cristiana, marcada por su caridad, los dones místicos y su servicio a la Iglesia, que desempeñó como profeta para un mundo y una jerarquía eclesiástica alejados de Dios, enfrentados, y necesitados de apasionarse por Cristo. El 1 de abril de 1375 Catalina se encuentra en Pisa, comisionada por el papa Gregorio para evitar que los pisanos se unan a la liga contra él mismo. Allí, estando en la iglesia de Santa Cristina (hoy es llamada "del Crucifijo", precisamente por el hecho en cuestión) ocurrió el fenómeno de la estigmatización. El primero en narrar el hecho fue el confesor de la santa, el Beato Raimundo de Capua (5 de octubre), que escribió la biografía de Catalina, y a quien doy la palabra:
"A continuación voy a referir algo que ocurrió (…) en la ciudad de Pisa, y esto en mi presencia. Cuando Catalina fue a este lugar, la acompañaron varias personas, yo entre alias. Ella recibió hospitalidad en la casa de un vecino del mismo, situada cerca de la iglesita de Santa Cristina. Un domingo celebra yo allí la santa misa y le di la sagrada oomunión. Catalina perrnaneció durante mucho tiempo en éxtasis, según solía; nosotros esperamos hasta que hubo recobrado el conocimiento con el fin de recibir de alto algún consuelo espiritual. De pronto vimos que su cuerpo que estaba postrado en el suelo, se elevaba un poco, se arrodillaba y extendía las manos y los brazos. Tenía el rostro encendido y permaneció mucho tiempo inmóvil y con los ojos cerrados. Luego, como si hubiese recibido una herida mortal, vimos que caía al suelo y adoptaba la postura que tenía antes, permaneciendo así hasta que recobró el uso de los sentidos.

Entonces me Ilarnó y me dijo en voz baja: -'Padre, le anuncio que por Ia merced de Nuestro Señor, yo llevaré en mi cuerpo sus sagrados estigmas'. Yo le contesté que sospechaba algo extraordinario después de haber visto lo que había ocurrido durante su éxtasis, y le pregunte qua le había hecho Nuestro Senor. 'Vi' – me contestó ella – 'a nuestro Salvador crucificado que descendía sobre mí envuelto en una gran luz; el esfuerzo que hizo mi espíritu para ir a su encuentro fue lo que hizo que mi cuerpo se levantase del suelo. Luego, procedentes de las cinco aberturas de las heridas de Nuestro Señor vi que se dirigían hacia mí otros tantos rayos color de sangre, los cuales avanzaron hacia mis pies, mis manos y mi corazón. Yo comprendí el misterio y exclamé: ¡Ah, Señor, mi Dios, te ruego que estas cicatrices no aparezcan exteriormente en mi cuerpo! Mientras yo estaba hablando, los rayos sangrientos se hicieron brillantes, adquiriendo el aspecto de luz, Ilegando en esa forma hasta las mencionadas partes de mi cuerpo'.

Crucifijo que imprimió las llagas
a la Santa.
Entonces yo le pregunté: -'Y uno de esos rayos de luz uno llegó hasta su costado derecho?'. Ella me contestó: -'No; hasta el izquierdo y directamente encima de mi corazón. La forma luminosa que emanaba del costado derecho del Señor no llegó hasta mi de una manera oblicua sino directamente'. '¿Siente usted' – interrogué de nuevo – 'un dolor agudo en cada uno de esos lugares?'. Ella me contestó lanzando un profundo suspiro: 'Siento en esos lugares y sobre todo en el corazón dolores tan violentos, que me parece no podría vivir en este estado a no ser por un nuevo milagro del Señor'. Estas palabras me llenaron de angustia y traté de ver si exteriormente se notaban en ella signos de estos dolores. Cuando Catalina hubo terminado de hacerme las confidencias anteriormente consignadas, salimos de la capilla con el fin de dirigimos a la casa donde ella habitaba. Apenas llegamos se retiró a su habitación donde ella cayó sin sentido. Todos nos reunimos a su alrededor y viéndola en tal estado lloramos por miedo de perder a una persona a quien tanto amábamos en el Señor. Nosotros habíamos presenciado con frecuencia los éxtasis que la privaban del uso de los sentidos y que también pesaban sobre su cuerpo, pero jamás la habíamos visto sometida a una suspensión tan completa de sus fuerzas vitales".

Así, los estigmas eran solo visibles para Santa Catalina mientras vivió, pero el día de su muerte, al fallecer, se hicieron visibles para todos, queriendo así el Señor demostrar la gracia que había hecho a su amada. Más de 200 años tuvieron que pasar, luego incluso de la canonización de la santa en 1461, para que sus Estigmas fueran considerados verdaderos por la Iglesia. Esta lo habría hecho antes de no ser por la pugna que los franciscanos entablaron contra todo aquel que osara representar o enseñar que otro santo era estigmatizado aparte de San Francisco de Asís (4 de octubre, 25 de mayo, traslación de las reliquias, 17 de septiembre, estigmatización), al que aún hoy muchos creen como primer estigmatizado de la historia, cuando tenemos al Beato Roberto de Abrissel (24 y 25 de febrero), que lo fue un siglo antes que el Seráfico Padre. Santa Catalina de Siena y la mística carmelita Santa María Magdalena de Pazzi (25 de mayo), padecieron esta persecución Así fue que hasta 1623 Urbano VIII definitivamente zanjó el tema aprobando la veneración de las imágenes de la santa de Siena con estigmas, aprobando el hecho como verdadero y milagroso. La Orden Dominicana comenzó a celebrar la Fiesta de los Estigmas de Santa Catalina por estas mismas fechas cada 1 de abril. Y lo hizo hasta la reforma litúrgica del postconcilio.

Y para terminar, que cierre la misma Santa Catalina de Siena: "Yo confieso a mi Criador que mi vida estuvo siempre en tinieblas; pero me esconderé en las llagas de Cristo crucificado, y en su preciosa Sangre lavaré mis iniquidades, y con santo deseo me gozaré en mi Crador".


Fuentes:
-"Leyenda Mayor. Vida de Santa Catalina de Siena". RAIMUNDO DE CAPUA. Fundación Miguel de Cervantes. 2015.
-"Diálogos". SANTA CATALINA DE SIENA. Madrid, 1797.


A 1 de abril además se celebra a
Santa Genoveva de Brabante, eremita.
Santa Teodora de Xalapa, virgen y mártir.
San Hugo de Grenoble, obispo.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...