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domingo, 25 de diciembre de 2016

El peregrino de Atocha y de Plateros.

El Santo Niño de Atocha. 25 de diciembre.


El Niño de Atocha de Plateros.
En Madrid, en Atocha, donde es venerada una imagen de la Virgen María con el niño en brazos, en la época de la invasión musulmana a la península surgió una leyenda acerca de un hecho prodigioso: los cristianos cautivos, a quienes les eran prohibidas las visitas y que pasando hambre y carencias, ellos y sus familiares se encomendaron a la Virgen de Atocha. Se cuenta que el Niño Jesús se desprendió en brazos de su madre, y vestido de peregrino, con la concha de Santiago y esclavina, con una canasta llena de pan y un calabazo con agua se coló entre las rejas de la prisión para darle de comer a los cautivos. Mientras más alimento y bebida daba a todos, incluyendo los moros, quedaban sorprendidos al ver que su canasta y su calabazo no se vaciaban. Y lo que más sorprendía era que el niño, después de alimentarlos, con su manito los bendecía y en los presos quedaba una gran paz interior.

Mucho tiempo después, entre los siglos XVII y XVIII, pues no se tiene la certeza, los frailes dominicos llegaron al pueblo minero de Plateros, en Fresnillo, Zacatecas, México. Llevaban consigo una imagen de Nuestra Señora de Atocha, a quien la misma Orden custodia en España. Tal parece que el niño Jesús era desprendido de brazos de su madre para ser venerado en Nochebuena y Navidad y en algunas otras festividades. Esta costumbre, sumada seguramente a la leyenda del Niño Jesús que había auxiliado a los cautivos en España, propició la devoción de los indios ya no hacia la Virgen de Atocha, sino al Niño Jesús por sí solo, al grado que para finales del XVIII o principios del XIX se separa al niño de su madre para ser venerado aparte. Fue entonces cuando se le sentó en un sillón para sustituir los brazos de su madre. Algunos investigadores hacen referencia de que el Niño Jesús original de la Virgen de Atocha de Plateros se extravió y entonces los indios hicieron otro con rasgos más americanos, lo que quizá propició aumentar la devoción más por el Niño Jesús con rasgos indígenas que por la Virgen española. En cualquier de los dos casos, el hecho es que se separaron ambas imágenes y su culto aumentó a tal manera que el Santo Niño desplazó el culto del crucificado Señor de Plateros que aún es venerado en el mismo templo.

Muchos son los milagros que se narran sobre el Santo Niño de Atocha, como personas que por su intercesión fueron rescatadas en el siglo XIX de indios rebeldes que los habían capturado. Pero entre las narraciones de sus milagros una de las más famosas nos habla de que en 1829 una mujer de nombre Maximina Esparza cayó en la cárcel debido a sus malas costumbres. Estuvo presa en varios estados de la República y estando en Durango, donde permaneció alrededor de un año, movida por la desesperación invoco al Santo Niño de Nuestra Señora de Atocha para que le sacara del cautiverio. En algunas versiones de la leyenda se nos dice el Niño Jesús se le apareció, y en otras versiones se dice que se le apareció en forma de un apuesto joven. El Santo Niño le dice que le trae una pieza de pan "a nombre de su madre" y diciéndole que pronto estaría en libertad, lo que sucedió.

Al ser liberada  encontró al joven a las afueras de la ciudad, y Maximina, movida por el agradecimiento, le pidió que la llevara con su madre pues le quería dar las gracias por todas las atenciones. además, le preguntó al niño cuales eran los nombres suyo y de su madre. El infante le respondió que el suyo era "Manuel de Atocha" y su madre "María de Atocha", y que su casa estaba en Fresnillo, Zacatecas, y se separó de ella. Maximina, después de tener estos datos, decidió ir en busca del niño y su madre a Fresnillo para darles las gracias. Al llegar allí nadie sabía decirle con exactitud donde era la casa de esa señora, pero al describirle a cada uno como era el niño (o joven) le dijeron que se dirigiera a la iglesia y hablara con el cura. El sacerdote, al escuchar la historia de inmediato la llevo dentro del Santuario y Maximina quedó sorprendida al ver que el niño que la había socorrido era idéntico al Santo Niño de Atocha venerado en Plateros. Esta gracia divina llevó al arrepentimiento por sus culpas a la mujer, que dejó constancia del milagro mediante un ex-voto en el santuario.

Al ser un pueblo minero Plateros, hay constancia de varios milagros ocurridos a este gremio entre ellos destacan los de mineros que tras quedar atrapados en las minas a causa de derrumbes en la oscuridad aparecía un niño que les llevaba pan y agua y les daba esperanza y al poco tiempo podía salir de esa peligrosa situación. Otro milagro que es de destacar es el ocurrido al minero Mariano García en 1837, que fue golpeado por una piedra en la cabeza disparada por un barreno y lo tiró al suelo, comenzando a sangrar por la cabeza, nariz y boca. Invocó al Santo Niño de Atocha y al poco tiempo estuvo sano y sin quedar rastros del accidente.

Óleo de Nuestra Señora
de Atocha, Madrid.
Debido a los milagros que he narrado, al Santo Niño de Atocha se le considera patrón de los mineros, de los encarcelados y cautivos, y de los niños. Su devoción en el gremio de los mineros es tanta que en las minas no faltan los altares dedicados a él en cada una de los niveles de la misma, para que al bajar los mineros puedan encomendarse al Santo Niño. Su festividad, que es celebrada el 25 de diciembre, comienza con un novenario el 16 del mismo mes, con las famosas posadas mexicanas. Una peculiaridad de los rezos del novenario al Santo Niño de Atocha es que sus devotos tratan de invitar a muchos niños para que le recen y acompañen sonando panderos y sonajas y a los cualea al final se les reparten juguetes y dulces. Cabe decir que debido a la fecha en que cae su festividad, la Natividad del Señor en otras partes el Santo Niño de Atocha es celebrado en otros días: en Tabasco, por ejemplo, su fiesta es a 25 de enero, y en Izúcar, Puebla es celebrado en julio.

La devoción al Santo Niño de Atocha se fue acrecentando desde el siglo XIX especialmente gracias a una novena escrita por Calixto Aguirre quien, después de ser sanado de una enfermedad incurable, prometió al Santo Niño hacerle una novena en acción de gracias y en la misma recolectó varios de los milagros más importantes que se encontraban en los retablos del Santuario de Plateros. 

Durante el siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX, la devoción al Santo Niño de Atocha fue comparable a la de la Virgen de Guadalupe, y hasta la actualidad es la advocación de Cristo infante más popular y conocida de México, el éxito de esta advocación se deba quizá a que esta imagen al presentar algunos rasgos indígenas como dicen algunos investigadores trajo la devoción de los naturales y al ser el Niño de la Virgen de Atocha española también atrajo la devoción de los peninsulares, lo que logró la trascendencia de su culto.

Pero la advocación ha trascendido México. Desde el siglo XIX una imagen suya fue llevada a Chimayo, Nuevo México, donde existe otro santuario construido en su honor. Lo mismo sucede en Filipinas, donde tiene muchos devotos. En Cuba ha llegado a ser una de las representaciones del orisha Eleggua y su culto ha trascendido el ámbito católico. En el Santuario de la Virgen de Atocha, en Madrid, tiene dedicado un altar, pues reconocen la trascendencia del culto al Divino Infante en América, a pesar de no haber sido en España, sino en América donde se separó definitivamente al niño de su madre para ser venerado aparte. Del mismo modo, en España el Niño de Atocha no tiene la devoción que tiene su madre, y al contrario en América, Nuestra Señora de Atocha es prácticamente desconocida, a diferencia del Santo Niño que tiene innumerables templos, parroquias y capillas.
"El preso, el enfermo 
Niñito de Atocha a mi ver, 
Lo amparas y asistes 
Con tu gran poder; 
Y a ninguno dejas 
Niño, perecer 
Tú al preso le das libertad y ser; 
También al enfermo 
¿Quién lo podrá hacer?"


Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.


A 25 de diciembre además se celebra a Santa Eugenia, virgen y mártir.

1 comentario:

  1. Como siempre magnífica aportación. Ciertamente es la devoción más conocida en México de las que hay de Jesús Niño y raro será el hogar que no le haya invocado.

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