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sábado, 17 de abril de 2021

"abrazó la cruz con gusto y alegría"

Beata María Ana de Jesús, virgen mercedaria. 17 de abril. 

Nació en Madrid, en 1565, hija de los nobles Luis Navarro Ladrón de Guevara y Juana Romero de Víllalpando. Fue bautizada en la parroquia de Santiago el 21 de enero de ese mismo año. desde niña María Ana, o Mariana, como también se le llama, fue una nia piadosa, obediente y alegre. Apenas supo de las vidas de santos, intentó imitarles en lo que podía y más allá, tienendo que moderar sus penitencias y tiempos de oración. Le gustaba mucho estar en la iglesia, que le explicaran las imágenes y la misa. Se embebía en la misa de tal manera que a veces esta acababa y la niña seguía en oración sin notarlo. Acompañaba a su madre en los ejercicios de caridad, que eran muy frecuentes en su casa. A los siete años recibió la primera comunión, edad desacostumbrada totalmente, y fue así por su conocimiento del misterio a recibir, y por el amor tremendo que sentía hacia la Eucaristía. Y muchas otras cosas se nos cuentan de su infancia, como comprensión de los misterios divinos, constante presencia de Dios, visiones de la Virgen y su ángel guardián, etc. 

Aún siendo María Ana adolescente murió su madre, y al año de viudedad, su padre se casó nuevamente. Su madrastra era una mujer áspera y resabiada, que trató mal a la niña desde el primer momento. Ni le mostró el más mínimo afecto, y solo se dirigía a ella cuando el padre estaba presente, para que no sospechara el hombre. El nuevo matrimonio tuvo dos hijas más, a quienes María Ana quería mucho, pero de las que su madrastra intentó apartarla siempre que pudo. A los 16 años, su padre, entendiendo lo que ocurría, pretendió casar a María, para alejarla de su madrastra y medio hermanas. Sin embargo, en su corazón María Ana no quería más Esposo que Cristo. Gran guerra le hicieron su padre y madrastra con este asunto. Le consiguieron varios pretendientes, de alcurnia todos, pero ella iba dilatando el asunto, sin atreverse a decirles su verdadera intención: consagrarse a Jesucristo como religiosa. Al tiempo, habiendo consultado con su confesor, hizo voto de perpetua virginidad en la iglesia parroquial de San Miguel de Madrid. 

Animada con esto, al saber que le iban a prometer con un joven, reveló a su padre su voto y su intención de ser monja. Esto desató una tempestad en la familia, interviniendo incluso algunos parientes lejanos. A tal punto llegó el asunto, que su padre la puso a trabajar de sirvienta para la familia, dándole palizas y hablándole duramente con frecuencia, para que deshiciera su voto y tomara matrimonio. Le dejaron de dar comida, la encerraban durante días en un cuarto sin luz, o la ataban con recias cuerdas. Pero ella no cejaba y lo sufría todo por amor de Cristo. Un buen día, sabiendo que su belleza era causa de que la pretendieran, tomó unas tijeras y se cortó su hermosa cabellera rubia. La paliza fue épica, como podéis imaginar. 

Cinco años duró esta guerra familiar, hasta que el padre, cansado del ánimo de su hija, desistió de casarla y la dejó seguir su voluntad. O, mejor dicho, la de Dios. Pero he aquí que, entonces, siendo ya libre, no hallaba en Madrid convento que la admitiese. Entonces decidió vivir en su casa como en un convento. Se enfundó en un sayal áspero, hacía ayunos, penitencias, vivía en soledad y oración, recluida en la habitación más humilde de la casa. Además, comenzó a instruir a sus hermanas en las letras y en camino de la virtud. Así llegó a los 21 años, como beata en su propia casa, siendo religiosa sin convento. En esta época comenzó a tener terribles tentaciones contra la castidad. Se le aparecía el demonio mostrándole imágenes obscenas y diciéndole palabras feas. Oración y penitencia, todo hizo por verse libre de las tentaciones. Más de 10 años duraron estas batallas interiores hasta que Dios premió su perseverancia y la libró milagrosamente de tales tentaciones, quedando su virginidad acrisolada. 

Ya con 30 años le vino otra contradicción. Su padre, creyendo que tanta vida espiritual y penitencia sería cosa del demonio y su hija fuera una alumbrada (tan frecuentes en aquella España del siglo XVI), comenzó a prohibirle sus ejercicios de piedad y penitencias, al tiempo que le buscaba otro director espiritual. Este, docto, pero poco espiritual, no se vio capaz de dirigir tal alma y luego de la primera confesión, la dejó. María Ana, desolada, salió a la calle y pasando por la iglesia de la Merced, encontró al padre Juan Bautista del Santísimo Sacramento. Este la confesó y siendo iluminado por Dios, comprendió la excelencia de aquella alma que tenía ante sí. Aceptó ser su director espiritual y en sus manos María Ana enderezó su espíritu a una recta devoción, llegando en breve a una perfecta santidad. 

Al poco tiempo tuvo su primera gracia mística (descontando las de la infancia, poco probables). Estando en oración considerando si ella podría sentir algo de los dolores de la Pasión de Cristo, se le apareció el Salvador tal como lo presentan de Ecce Homo, ella se le acercó y, quitandole la corona de la fente, se la puso ella misma. Desde entonces sintió para siempre los dolores punzantes de tal corona en sus sienes. Y así se le representa iconográficamente. Al poco tiempo, igual estando orando, se le apareció Cristo glorioso diciéndole: “Hija mía, ¿querrías estar en mi cruz?", a lo que ella contestó: “¡¿Cuándo, amorosísimo Señor, dulce Esposo y único dueño de mi corazón, merecí yo favor tan grande?! Pero, aunque me reconozco indigna de tanta dicha, abrazo la cruz con todo gusto y alegría, si así es vuestra voluntad”. Y en ese instante recibió los estigmas de la Pasión de Cristo de forma espiritual, es decir, sin que fueran visibles para los demás, pero teniendo todos sus efectos y dolores, y quedó llena del Espíritu Santo. 

Tras un breve tiempo en el cual tuvo que irse a Valladolid con su familia, María Ana regresó sola a Madrid, y es en esta ocasión en la cual se le atribuye la frase “de Madrid al cielo”, señalando que solo volvería a dejar la ciudad para irse a la gloria. Pero es solo una versión más de dicha frase. En 1606 se estableció en una pequeña casita cerca donde hoy está la iglesia de Santa Bárbara (o las Salesas Reales). Allí vivía pobremente, trabajando para mantenerse y para hacer caridad. Oraba gran parte del día, asistía a misa y a las devociones. Durante un tiempo la acompañó una devota mujer llamada Catalina de Cristo, que puso a prueba su paciencia pues era una mujer gruñona y su fervor no estaba moderado. La santa la sufrió hasta que la misma Catalina, creyéndola poco rigorista, la dejó. En ocasiones la visitaban damas (la reina Margarita, por ejemplo) o prelados de Madrid u otras partes de España, para pedir consejo o instruirse en el camino del cielo. Su fama de santa llegó al papa Pablo V, quien le autorizó gustosamente a convertir parte de su humilde casa en oratorio donde pudiera cantarse misa y reservar el Sacramento. En 1613 una terrible sequía azotó Madrid y varios prelados le pidieron redoblase sus súplicas para alcanzar lluvia a los campos. Así lo hizo y en breve el milagro ocurrió.

Pero esta vida de beata no era el culmen de sus aspiraciones, por ello, el 20 de mayo de 1614, miércoles de la Octava de Pentecostés tomó el hábito mercedario e hizo profesión al año siguiente. No parecía sino que María Ana había nacido en el convento. Era tan humilde que la obediencia no le costó a pesar de haber vivido sola durante mucho tiempo. No tenía resabios de mandar, ni creía que nadie debía guiarla. Todo lo contrario, se dejaba guiar por la priora y sus superiores como si de vida religiosa no supiera. Su caridad para con las hermanas era proverbial, siempre desviviéndose por los demás. Su vida en el convento fue mucho más escondida que mientras vivía en el mundo. Dejó de recibir, se escondió en Cristo y en estar ante el Sacramento  considerando la Pasión de Cristo gastó sus 10 años de monja.

Rostro incorrupto
de la Beata.
El 11 de abril de 1624 sintió un terrible dolor en el costado, teniendo que guardar cama, por obediencia. Allí recibió la Extremaunción, la bendición apostólica, y los parabienes de los reyes y el papa. Las monjas se enfervorizaron todas viendo tanta dulzura en su rostro a pesar de los dolores que sentía. El 17 de abril arrimó a su pecho un crucifijo y entró en éxtasis, y apenas salió de él para entrar a la Vida Eterna. Tenía 59 años. Al punto, su piel se volvió tersa, el rostro apareció sonrosado y relajado, y, sobre todo, un suave olor como de manzanas se esparció por todo el convento y por la iglesia, y fue sentido por la multitud que allí esperaba despedir a su querida monja mercedaria.

Los funerales fueron muy sentidos, entre el llanto y el júbilo de numerosos milagros que ocurrieron entre los que tocaron su santo cuerpo.  En 1627 se abrió el sepulcro, hallándosele incorrupta, y se expuso para los devotos. Nuevamente el suave olor se dejó sentir. Lo mismo se certifica en 1731, 1815, 1924 y 1965. Fue beatificada el 18 de enero de 1782 el papa Pío VI. Su proceso de canonización se reabrió luego de un posible milagro ocurrido en 1997. Cada 17 de abril su cuerpo incorrupto es expuesto para la devoción de los fieles, y el olor a manzanas vuelve a sentirse. Es copatrona de Madrid. 


Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Diciembre. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.
-"Glorias de la Beata Maria Ana de Jesús. FR PEDRO DEL CORAZÓN DE JESUS. OM. Salamanca 1783. 


A 17 de abril además se celebra a

Bto Bautista Mantuano,
carmelita
.
San Aniceto, papa.
Beato Roberto de
Chase Dieu, abad
.
San Rodolfo de Berna,
niño mártir
.










   

domingo, 26 de agosto de 2018

Reformadora de la Reforma.

Beata Juana de Jesús de Neerinck, virgen clarisa coletina. 26 de agosto.

Nació en 1576 en Gante, mas no se tienen datos sobre su familia. En 1607 tomó el hábito de las clarisas, destacando por su gran intelecto y emprendimiento. Ya profesa fue trasladada al monasterio de Limburgo, donde no satisfecha con la vida monástica del momento, retoma las ideas reformadoras de Santa Coleta de Corbie (6 de marzo), casi 200 años antes como base de una ardua tarea reformadora.

En 1623 fundó las Hermanas Penitentes Recoletas, a la imitación de los Franciscanos Penitentes-Recoletos. Vivían pobremente, en estricta clausura, silencio y recogimiento. Varios monasterios surgieron, agrupándose en la llamada "Recolección de Limburg". Juana fue devotísima de la Humanidad de Cristo, expresada en el Sagrado Corazón. Subió al cielo en 1648. Nunca ha sido beatificada, pero en algunos documentos se le llama así, "beata".

Las vicisitudes del mundo y de la Iglesia, perseguida duramente durante los siglos XVII al XIX, hicieron que en 1891 todos los monasterios se agruparan en una sola Congregación religiosa de inspiración franciscana.

Fuente:
https://www.archieven.nl

A 26 de agosto además se celebra a:


Santa Pelagia,
viuda y fundadora
.
La Trasverberación
de Santa Teresa
.
San Ceferino,
papa
.





lunes, 1 de enero de 2018

El Taumaturgo de Condat.

San Oyend de Condat, abad. 1 de enero.

Su "vita" fue escrita por un monje de Condat en el siglo VI, y aunque el autor casi fue contemporáneo del santo, tiene más de leyenda que de historia. Gran parte de esta "vita" pretende explicar los ritos del "Óleo de San Oyend", un aceite bendecido que el monasterio ofertó durante siglos a los devotos del santo. Igualmente explica la presencia de algunas reliquias en el monasterio, para darles autenticidad.

Según este escrito, Oyend (Eugend, Agend, Yan, Eugendo) nació en Franconia, a finales del siglo V y fue hijo de un presbítero. Siendo aún un niño pequeño tuvo una visión en la cual veía a dos religiosos que le tomaban y le llevaban consigo a una alta montaña, desde la cual oyó una voz, como el Patriarca Abraham, que le decía "Tu descendencia será tanta como estas estrellas". Y aparecían cientos, miles de monjes que confirmaban aquellas palabras. Además, se vio el niño Oyend en el cielo, donde los ángeles entonaban salmos y cánticos ante el trono del Altísimo. Cuando terminó la visión, la refirió a su padre, el cual lo confió a los Santos abades Román y Lupicinio (28 y 29 de febrero), que recién habían fundado un monasterio en Condat.

Así, a los siete años entró al monasterio. Pronto aprendió a leer, escribir y cantar. Apenas tuvo la edad requerida, tomó el hábito monástico allí mismo. Fue penitente y orante como pocos, y se dice siempre llevó una áspera camisa de pelo bajo el hábito y unos zapatos de madera, toscos y sin refinar por dentro. Dormía sobre un saco de paja, sumamente incómodo. Su oración era prolongada, y salía de ella transfigurado, con una luz sobrenatural emanando de su rostro. No comía sino una sola vez al día, a la hora de Sexta, y solo comía otra vez si la obediencia se lo imponía.

Estudió las Escrituras y los Padres de la Iglesia, destacando por su recta comprensión de la doctrina católica. Su obispo quiso ordenarle presbítero para que pudiera predicar el Evangelio, pero Oyend nunca quiso, sino que prefería ser un simple monje sin honores. Fue un gran auxilio para su abad, el cual descargaba con confianza numerosos encargos y acciones de gobierno, teniéndole por vicario fiel. Destacó sobre todo como director de la escuela del monasterio, en la que él mismo se había formado. Poco tiempo después tuvo una visión en la cual los santos fundadores Román y Lupicinio le cedían su cayado y su cíngulo, en signo de que le elegían para que fuera abad del monasterio cuando los monjes lo decidieran.

Y efectivamente, al poco tiempo, en 490, murió su abad y Oyend fue elegido por unanimidad como abad de Condat. Fue prelado piadoso, noble y recto al mismo tiempo. Aun así, a veces recibía críticas de sus monjes, a las cuales respondía con humildad y redoblando sus penitencias para ser mejor. Tuvo el don de milagros, y los dones de conciencias y de sanación. Incluso por medio de sus cartas hacía milagros, lo cual fue aprovechado, según la leyenda, por varios prelados y presbíteros, para escribirle y obtener respuesta suya, y así, por medio de estas cartas "milagrosas", aliviar las penas de los enfermos. Otro sacramental muy usado por el santo fue el aceite bendito, que sus visitantes se llevaban del monasterio para ungir a enfermos, obrándose portentos.

También eran efectivas su acción y oración contra el demonio. Cuéntase que una joven de Secundiac cayó bajo el dominio de un demonio, que llegó a enloquecerla hasta el punto de tener que ser atada con cadenas. Conjurado el demonio a que dejara a la muchacha en paz, el diablo dijo que sólo podría contra él sino el Oyend, el abad de Condat. Fueron a rogarle al santo que viajara a exorcizar a la joven, mas Oyend se negó a salir del monasterio, aunque firmó una nota en la cual ordenaba al diablo, en el Nombre de Cristo, a salir de la joven. Todavía no habían llegado a la mitad del camino cuando el diablo, sintiendo cerca la presencia del santo abad, salió del cuerpo de la poseída.

Nuestro santo tuvo, por iluminación divina, el conocimiento previo de las cosas, como la pronta muerte de algunos de sus monjes, a los cuales avisaba para que se prepararan para el encuentro definitivo con Cristo. También predecía la llegada de los prelados o personajes ilustres, esmerándose en que todo estuviera listo. También tuvo el especial don de conocer las virtudes o vicios de los que rodeaban sintiendo un agradable perfume o espantoso hedor, según el caso. Algo que también leemos de Santa Cristina la Admirable (24 de julio).

Uno de los "hechos" más conocidos y representados en la iconografía de San Oyend es una visión que tuvo: Se le aparecieron los apóstoles San Pedro, San Pablo y San Andrés un día que descansaba bajo un árbol. Luego de saludarles y preguntarles de donde venían, los tres santos le revelaron quienes eran. Oyend, luego de besar sus pies inquirió que hacían los santos por aquellos parajes, siendo que sus cuerpos se veneraban en Roma y de Patras. Entonces San Pedro le contestó: – "Eso es verdad, nosotros estamos donde tú aseguras, mas hemos venido aquí, que es donde debemos habitar ahora". Y desaparecieron. En ese momento vio el santo abad se acercaban dos monjes que años atrás habían salido en peregrinación, quienes traían un arca con reliquias los santos Pedro, Pablo y Andrés. Las reliquias fueron llevadas al monasterio solemnemente y veneradas durante siglos en el altar.

También gozó nuestro santo de la protección del gran San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), el cual socorrió a varios de sus monjes en una ocasión en que Oyend les había enviado a comerciar con sal. Sucedió que a los dos meses aún no habían regresado los monjes y Oyend entristeció sobremanera, pensando no les habría enviado a la muerte. Entonces, estando en oración en su lecho, se le apareció San Martín, quien le aseguró que estaba a salvo por su protección, aunciándole el día y hora en que llegarían al monasterio. Oyend lo comunicó a sus monjes al día siguiente, y así mismo ocurrió, pues el día y hora anunciados aparecieron los monjes. Además experimentó la protección de San Martín cuando el monasterio de Condat sufrió un incendio y milagrosamente se salvaron numerosos bienes, pudiendo reconstruirse el monasterio en poco tiempo. Además, el aceite bendito, siendo lo más inflamable, quedó intacto en medio de las cenizas el recinto.

Luego de la Navidad de 509, Oyend se sintió desfallecer y pidió le fuera impartido el sacramento de la Extremaunción, pues sabía no le quedaban sino pocos días de vida. Consoló a sus monjes, que estaban tristes por perderle, y les animó a elegir un abad mejor que él mismo. Tuvo una visión en la cual los santos Román y Lupicinio entraban con un ataúd y alegres le mostraban el cielo. Pidió a sus monjes no retrasaran su muerte con oraciones, sino que pidieran mejor para que alcanzara pronto el cielo. Y así, el primer día de año de 510, teniendo 60 años, el santo abad entró a la gloria eterna. 

Fuentes: 
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo V. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1864.

A 1 de enero además se celebra a
San Demet de Plozevet, eremita.
San Concordio, presbítero y mártir.

viernes, 7 de abril de 2017

El Señor del Rebozo

Señor del Rebozo

Esta imagen de Jesús Nazareno que es venerado actualmente en el Templo de Santo Domingo de Guzmán, en la ciudad de México es famoso por recibir a manera de ex votos en agradecimiento de sus milagros multitud de rebozos, pero para poder narrarles la leyenda que sobre él se cuenta primero debemos aclarar que es un rebozo, es una pieza de vestir de uso femenino aunque su origen es muy debatido tal parece que comenzó a usarse durante la época virreinal, debido a que para que las mujeres pudieran ir a misa tenían que cubrirse la cabeza con una mantilla o mantón pero estas al ser traídos de España o de Oriente eran sumamente costosas y solo las damas de la alta sociedad particularmente las españolas venidas de la península podían adquirirlas, por lo cual las criollas, mestizas e indias tuvieron que buscar algo para cubrirse la cabeza y fue como aparece el rebozo como una versión más popular y menos costosa al ser elaborada por las mismas mujeres para poder cubrirse la cabeza o taparse del frio, esta pieza que es como la mantilla mexicana se ha vuelto parte imprescindible del atuendo típico de la mujer en México.

Quedando ya aclarado el punto sobre el rebozo, entramos ahora a hablar sobre esta advocación la cual en un principio fue venerado en el templo de Santa Catalina de Siena (1, Impresión de las llagas, y 29 de abril) fundado en el siglo XVI, se dice que a la entrada de este templo se encontraba una Nazareno de madera de escultor anónimo, la imagen mostraba toda la triste escena de la pasión del Señor, se podían ver las innumerables llagas en la imagen debido a que solo se cubría con una pequeña pieza de túnica morada, este triste y pálido aspecto tal parece que fue lo que movió a la novicia Severa de Gracida y Alvárez que posteriormente tomaría por nombre el de Sor Severa de Santo Domingo a rezar antes esta imagen cada vez que iba a misa al templo de Santa Catalina, se detenía a musitar algunas oraciones ante la imagen y parecía que cada día veía la imagen más agonizante y sangrante.

Pasaron treinta y dos años, años en que la religiosa nunca faltó a hacer sus oraciones ante el Nazareno y su devoción por él aumentaba cada vez más, la religiosa se hizo anciana y enferma y al serle tan difícil el poder ir a ver a su querido Nazareno desde su habitación lo llamaba y le dirigía sus oraciones. Una noche de tantas empezó una terrible tormenta con un aire que soplaba muy fuerte al grado de calar en los huesos de aquella anciana religiosa, al ver esta que el agua azotaba terriblemente, gritó llena de dolor “¡Jesús, Cristo mío! Dejadme que cubra vuestro enjuto y aterido cuerpo. Venid a mi Señor, y mostraos ante esta pecadora que solo ha sabido amarte y adorarte en religiosa reverencia”. Esa era su petición ante su imposibilidad de poder ir a cubrir su amada imagen. 


Señor del Rebozo.
Grabado de finales del siglo XIX
Poco tiempo después cuando enfureció aun más la tormenta, tocaron a la puerta de la monja y esta con sumo trabajo se levanto y abrió la puerta, se encontró con un mendigo muerto de frio que imploraba por pan y abrigo. La religiosa tomó una pieza de pan y lo mojo en aceite y un poco de agua y sacó de su ropero un rebozo de lana con el cual cubrió el cuerpo de aquel mendigo. Después de hacer esto el cuerpo de la religiosa se estremeció y dando un profundo suspiro cayó muerta.

Al día siguiente encontraron su cuerpo inerte pero con un olor a rosas y con una hermosa sonrisa en su rostro. Y en el templo de Santa Catalina, cubriendo el doloroso y sangrante cuerpo del Nazareno, estaba el rebozo de la anciana mujer. Debido a este milagro que consideraron como un hecho inexplicable es que esta imagen fue bautizada por las religiosas y los fieles como “El Señor del Rebozo”, celebrándose su festividad hasta la actualidad el primer viernes de marzo, pero al ser exclaustradas las monjas en el siglo XIX y ser convertido el templo de Santa Catalina en templo protestante como aun hoy lo es, las religiosas decidieron que la imagen fuera llevada al templo de Santo Domingo, donde actualmente se le venera y tiene su propia capilla.

Entre las devociones populares a esta imagen, está la de rezarle los treinta y tres credos en honor de cada uno de los años de la edad de Cristo para pedirle un favor.

Por: Lic. André Efrén Ordóñez. 

viernes, 17 de febrero de 2017

La Huida a Egipto, historia y leyenda.

La Huida a Egipto. 17 de febrero.
La Huida a Egipto. Icono árabe.
"Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: 'Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle'. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: 'De Egipto llamé a mi hijo'". San Mateo 2, 13-15.

Puede parecer extraño que pasado el tiempo de Navidad aparezca en febrero una conmemoración de un misterio de la infancia de Cristo. Y sin embargo, es una memoria antiquísima en la Iglesia, ya celebrada por los cristianos egipcios a finales del siglo II. La Iglesia copta, heredera directa de los primeros cristianos la conserva a día de hoy y además la retoma el día 24 de Bashens, que por su particular calendario movible, suele caer a principios de junio. En la Iglesia romana la tuvimos durante mucho tiempo, aunque enmarcada en el ciclo navideño, a 17 de enero, pero su día original es este, 17 de febrero, a partir del cálculo de 40 días posteriores a la Navidad (Epifanía para nosotros), cuando la Sagrada Familia habría partido hacia Egipto. Es todo un símbolo que recuerda el paso del pueblo de Dios durante 40 años por el Desierto y los 40 días de la Cuaresma. El viaje normalmente duraba 20 días, así, el 17 de febrero aquellos cristianos antiguos comenzaron a celebrar la llegada, la estancia y la vuelta de Cristo de Egipto. Aunque la memoria se centre en la Huida, el trasfondo teológico va mucho más allá: Es un misterio que se contiene en las palabras "de Egipto llamé a mi hijo".

La Escritura y el Magisterio.
El texto del que parte todo es el citado anteriormente, San Mateo 2, 13-15. En la exégesis bíblica moderna no se le da mucha importancia e incluso hay quienes se han atrevido a negarlo, catalogándolo simplemente como un símbolo o una condescendencia del evangelista para con los judíos, recordándoles su historia y enlazando la venida del Mesías liberador con la libertad que habrían obtenido en Egipto con Moisés. Pero la Escritura no es eso, los evangelistas no se inventan hechos para simbolizar nada, si hubieran querido inventar se habrían inventado otra cosa y no a un Mesías frágil y en peligro de muerte que tiene que huir de un tirano. Y mucho menos para atraer a los judíos, cuya idea del Mesías era muy distinta a esta.

San León Magno dirá: "Pensó [Herodes] que ningún niño había escapado de la muerte en ese lugar, y, por lo mismo, que Cristo también había muerto. Pero Él, que reservaba para otro tiempo la efusión de su sangre para la redención del mundo, había huido a Egipto, llevado allí por el cuidado de sus padres. Recobraba así la antigua cuna del pueblo hebreo y ejercía el principado del verdadero José, usando de un poder y de una providencia mucho más grande que la suya, pues venía a libertar los corazones de los egipcios de un hambre más terrible que toda indigencia, que ellos sufrían por la ausencia de la verdad, ya que Él vino del cielo como verdadero pan de vida. De modo que este país no sería ya extraño a la preparación del misterio de la única víctima, donde, por la inmolación del cordero, habían sido prefigurados por primera vez el signo salutífero de la cruz y la Pascua del Señor". (3ra Homilía de Epifanía).

La Huida a Egipto. Capitel
románico en Autun, Francia.
Leyendas.
El recorrido de la Sagrada Familia en su Huida a Egipto puede ser trazado casi con total certeza, pues las caravanas de peregrinos y emigrantes judíos eran constantes y a lo largo del tiempo han permanecido al menos dos rutas que, han sido usadas hasta el mismo siglo XX, antes que las comunicaciones fueran más rápidas y los medios de transporte más accesibles. La ruta más común era siguiendo la costa, hasta llegar al Waddi el-Arish, pasando por Ascalón, Gaza y continuando por Raphía hasta Casium y Pelusio. Sin embargo, las leyendas, que suelen pasar por alto tanto el sentido común como la historia o lo "normal", ha situado a la Sagrada Familia en diversos sitios de Egipto, algunos de los cuales con testimonios arquitectónicos y devocionales antiquísimos, de los que dudar casi parece una temeridad. Estas leyendas forman parte de nuestro acervo y cultura cristianas, y pasarlas por alto solo nos haría más ignorantes de nuestra riquísima tradición católica. 

Una de estas leyendas cuenta que apenas salieron de Belén la Virgen, San José y el Niño, pasaron por un campo donde se sembraba maíz en ese momento. En una noche el maíz creció, salieron las mazorcas y maduraron, por lo que al otro día, al pasar por allí los soldados de Herodes y preguntar si se había visto a una familia huir, el dueño del campo no pudo sino decir "sí, justo cuando sembrábamos el maíz". Al ver tan crecido el maíz los soldados pensaron que ya llevaban mucho tiempo de viaje los fugitivos y desistieron de perseguirles, volviéndose a Herodes.

Se nos cuenta que hallaron nuestros personajes refugio en una cueva en la que había un dragón, el cual en lugar de atacarles, cayó de rodillas y adoró al Niño Jesús en medio del terror de los demás. Entonces vieron acudir al homenaje otros animales salvajes y recordaron como había predicho Isaías "El lobo y el cordero vivirán juntos, el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el león comerán juntos. Un niño pequeño los pastoreará". La leyenda de la palmera, una de las más conocidas, cuenta que al refugiarse bajo una, esta se inclinó para alimentar a la Santísima Virgen y luego se secó. Es que era una palmera milenaria que ya había alimentado a San Moisés (4 de septiembre), el cual le había asegurado que no moriría hasta alimentar al Salvador del mundo. 

En Egipto, como antes decía, los sitios donde se recuerda el paso o la estancia de la Sagrada Familia son varios. Veamos solo unos pocos:

En Basatah San José arregló milagrosamente una noria para poder beber agua. Además convirtieron a unos ladrones. En Belbeis el Niño resucitó a un muerto, que despertó diciendo "este es el verdadero Dios, el Salvador del mundo. Él nació de una Virgen", y la población creyó en Jesús. En Samanûd hay una iglesia del siglo IV construida donde la Familia habría descansado. En Sakha hay un sitio llamado Bhika Isous, que significa "huella de Jesús", donde se venera una piedra con la supuesta huella del piececito del Niño Jesús. En el desierto Shihet, donde se ejercitaron tantos ascetas, mientras cruzaban el Rosetta, el Niño habló milagrosamente y profetizó a la Virgen como en aquellos desiertos vivirían santos monjes, combatiendo en ardua batalla espiritual contra el demonio. 

En Heliópolis, además de que los ídolos cayeron destrozados al entrar la Sagrada Familia, el Niño tomó la vara de San José, la partió en dos y plantó ambos trozos, naciendo de ellos la planta aromática de donde se saca un aceite balsámico aún hoy. También en Heliópolis se dice les alcanzaron los soldados, pero un árbol gigante escondió en su interior a la Virgen y al Niño y se libraron.
En Zuwaila, Cairo, en su iglesia del patriarca se venera un árbol que habría sido bendecido por Cristo. 

Mapa de los lugares que habría
visitado la Sagrada Familia en Egipto.
En Ma'adi, al sur de El Cairo, la Sagrada Familia tomó un barco para subir por el Nilo, teniendo que pagar San José el viaje con el oro, el incienso y la mirra que los Reyes habrían donado al Niño. Una iglesia de tres cúpulas (una por cada miembro de la familia) se levanta en el sitio y venera las reliquias de estos tres dones. En Baysus una fuente y una iglesia recuerdan el sitio donde la Virgen bañó al Niño, siendo desde entonces esas aguas fuente de milagros. En Hermópolis, según un documento atribuido a San Teófilo de Alejandría (15 de mayo, Iglesia Copta), al entrar la Sagrada Familia a la ciudad, cuatro caballos de piedra que adornaban las puertas de esta, doblaron las patas en homenaje. Otras dos estatuas hablaron diciendo: "¡Un gran rey ha llegado a Egipto!". En Nikyas, Jesús libró de un demonio al hijo de un carpintero.

En Licópolis se sitúa la deliciosa leyenda de San Dimas (24 y 25 de marzo), que cuenta que San José y la Virgen María hallaron una cueva donde fácilmente se podrían esconder. La cueva estaba habitada por unos ladrones, que les dejan entrar. San José les agradece, diciéndoles que su acto no quedará sin recompensa, y le anuncia que será su propio hijo (Cristo) quien ayudará al suyo (Dimas) en un futuro. Pero hay más, estaba el niño Dimas enfermo de lepra, y al preparar la Santísima Virgen el baño del Niño Jesús, pidió a la madre de Dimas que metiera a su niño en la artesa. Esta se negó, diciendo que Jesús se contagiaría, pero la Virgen le dijo que confiara. Accedió la mujer y los niños se bañaron juntos, y al salir, Dimas estaba limpio y sano de su enfermedad.

Y, para terminar, sobre la vuelta a Israel de la Santa Familia, quiere la leyenda que Qusquam fue el sitio donde el ángel dijo a San José "Levántate, toma al niño y a su madre, y vuelve a la tierra de Israel, porque los que trataban de matar al niño han muerto".


Fuentes:
-http://multimedia.opusdei.org/pdf/es/egipto.pdf
-http://autorescatolicos.org/misc11/pedrosergiolah.htm
-"El nacimiento del Mesías: comentario a los relatos de la infancia." RAYMOND E. BROWN. Ediciones Cristiandad. Madrid, 1982.
-"Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir." JOSÉ GRANADOS. Roma, 2005.
-"Léxico de los símbolos." OLIVIER BEIGBEDER. Ediciones Encuentro. Madrid, 1995.


A 17 de febrero además se celebra a  




domingo, 25 de diciembre de 2016

El peregrino de Atocha y de Plateros.

El Santo Niño de Atocha. 25 de diciembre.


El Niño de Atocha de Plateros.
En Madrid, en Atocha, donde es venerada una imagen de la Virgen María con el niño en brazos, en la época de la invasión musulmana a la península surgió una leyenda acerca de un hecho prodigioso: los cristianos cautivos, a quienes les eran prohibidas las visitas y que pasando hambre y carencias, ellos y sus familiares se encomendaron a la Virgen de Atocha. Se cuenta que el Niño Jesús se desprendió en brazos de su madre, y vestido de peregrino, con la concha de Santiago y esclavina, con una canasta llena de pan y un calabazo con agua se coló entre las rejas de la prisión para darle de comer a los cautivos. Mientras más alimento y bebida daba a todos, incluyendo los moros, quedaban sorprendidos al ver que su canasta y su calabazo no se vaciaban. Y lo que más sorprendía era que el niño, después de alimentarlos, con su manito los bendecía y en los presos quedaba una gran paz interior.

Mucho tiempo después, entre los siglos XVII y XVIII, pues no se tiene la certeza, los frailes dominicos llegaron al pueblo minero de Plateros, en Fresnillo, Zacatecas, México. Llevaban consigo una imagen de Nuestra Señora de Atocha, a quien la misma Orden custodia en España. Tal parece que el niño Jesús era desprendido de brazos de su madre para ser venerado en Nochebuena y Navidad y en algunas otras festividades. Esta costumbre, sumada seguramente a la leyenda del Niño Jesús que había auxiliado a los cautivos en España, propició la devoción de los indios ya no hacia la Virgen de Atocha, sino al Niño Jesús por sí solo, al grado que para finales del XVIII o principios del XIX se separa al niño de su madre para ser venerado aparte. Fue entonces cuando se le sentó en un sillón para sustituir los brazos de su madre. Algunos investigadores hacen referencia de que el Niño Jesús original de la Virgen de Atocha de Plateros se extravió y entonces los indios hicieron otro con rasgos más americanos, lo que quizá propició aumentar la devoción más por el Niño Jesús con rasgos indígenas que por la Virgen española. En cualquier de los dos casos, el hecho es que se separaron ambas imágenes y su culto aumentó a tal manera que el Santo Niño desplazó el culto del crucificado Señor de Plateros que aún es venerado en el mismo templo.

Muchos son los milagros que se narran sobre el Santo Niño de Atocha, como personas que por su intercesión fueron rescatadas en el siglo XIX de indios rebeldes que los habían capturado. Pero entre las narraciones de sus milagros una de las más famosas nos habla de que en 1829 una mujer de nombre Maximina Esparza cayó en la cárcel debido a sus malas costumbres. Estuvo presa en varios estados de la República y estando en Durango, donde permaneció alrededor de un año, movida por la desesperación invoco al Santo Niño de Nuestra Señora de Atocha para que le sacara del cautiverio. En algunas versiones de la leyenda se nos dice el Niño Jesús se le apareció, y en otras versiones se dice que se le apareció en forma de un apuesto joven. El Santo Niño le dice que le trae una pieza de pan "a nombre de su madre" y diciéndole que pronto estaría en libertad, lo que sucedió.

Al ser liberada  encontró al joven a las afueras de la ciudad, y Maximina, movida por el agradecimiento, le pidió que la llevara con su madre pues le quería dar las gracias por todas las atenciones. además, le preguntó al niño cuales eran los nombres suyo y de su madre. El infante le respondió que el suyo era "Manuel de Atocha" y su madre "María de Atocha", y que su casa estaba en Fresnillo, Zacatecas, y se separó de ella. Maximina, después de tener estos datos, decidió ir en busca del niño y su madre a Fresnillo para darles las gracias. Al llegar allí nadie sabía decirle con exactitud donde era la casa de esa señora, pero al describirle a cada uno como era el niño (o joven) le dijeron que se dirigiera a la iglesia y hablara con el cura. El sacerdote, al escuchar la historia de inmediato la llevo dentro del Santuario y Maximina quedó sorprendida al ver que el niño que la había socorrido era idéntico al Santo Niño de Atocha venerado en Plateros. Esta gracia divina llevó al arrepentimiento por sus culpas a la mujer, que dejó constancia del milagro mediante un ex-voto en el santuario.

Al ser un pueblo minero Plateros, hay constancia de varios milagros ocurridos a este gremio entre ellos destacan los de mineros que tras quedar atrapados en las minas a causa de derrumbes en la oscuridad aparecía un niño que les llevaba pan y agua y les daba esperanza y al poco tiempo podía salir de esa peligrosa situación. Otro milagro que es de destacar es el ocurrido al minero Mariano García en 1837, que fue golpeado por una piedra en la cabeza disparada por un barreno y lo tiró al suelo, comenzando a sangrar por la cabeza, nariz y boca. Invocó al Santo Niño de Atocha y al poco tiempo estuvo sano y sin quedar rastros del accidente.

Óleo de Nuestra Señora
de Atocha, Madrid.
Debido a los milagros que he narrado, al Santo Niño de Atocha se le considera patrón de los mineros, de los encarcelados y cautivos, y de los niños. Su devoción en el gremio de los mineros es tanta que en las minas no faltan los altares dedicados a él en cada una de los niveles de la misma, para que al bajar los mineros puedan encomendarse al Santo Niño. Su festividad, que es celebrada el 25 de diciembre, comienza con un novenario el 16 del mismo mes, con las famosas posadas mexicanas. Una peculiaridad de los rezos del novenario al Santo Niño de Atocha es que sus devotos tratan de invitar a muchos niños para que le recen y acompañen sonando panderos y sonajas y a los cualea al final se les reparten juguetes y dulces. Cabe decir que debido a la fecha en que cae su festividad, la Natividad del Señor en otras partes el Santo Niño de Atocha es celebrado en otros días: en Tabasco, por ejemplo, su fiesta es a 25 de enero, y en Izúcar, Puebla es celebrado en julio.

La devoción al Santo Niño de Atocha se fue acrecentando desde el siglo XIX especialmente gracias a una novena escrita por Calixto Aguirre quien, después de ser sanado de una enfermedad incurable, prometió al Santo Niño hacerle una novena en acción de gracias y en la misma recolectó varios de los milagros más importantes que se encontraban en los retablos del Santuario de Plateros. 

Durante el siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX, la devoción al Santo Niño de Atocha fue comparable a la de la Virgen de Guadalupe, y hasta la actualidad es la advocación de Cristo infante más popular y conocida de México, el éxito de esta advocación se deba quizá a que esta imagen al presentar algunos rasgos indígenas como dicen algunos investigadores trajo la devoción de los naturales y al ser el Niño de la Virgen de Atocha española también atrajo la devoción de los peninsulares, lo que logró la trascendencia de su culto.

Pero la advocación ha trascendido México. Desde el siglo XIX una imagen suya fue llevada a Chimayo, Nuevo México, donde existe otro santuario construido en su honor. Lo mismo sucede en Filipinas, donde tiene muchos devotos. En Cuba ha llegado a ser una de las representaciones del orisha Eleggua y su culto ha trascendido el ámbito católico. En el Santuario de la Virgen de Atocha, en Madrid, tiene dedicado un altar, pues reconocen la trascendencia del culto al Divino Infante en América, a pesar de no haber sido en España, sino en América donde se separó definitivamente al niño de su madre para ser venerado aparte. Del mismo modo, en España el Niño de Atocha no tiene la devoción que tiene su madre, y al contrario en América, Nuestra Señora de Atocha es prácticamente desconocida, a diferencia del Santo Niño que tiene innumerables templos, parroquias y capillas.
"El preso, el enfermo 
Niñito de Atocha a mi ver, 
Lo amparas y asistes 
Con tu gran poder; 
Y a ninguno dejas 
Niño, perecer 
Tú al preso le das libertad y ser; 
También al enfermo 
¿Quién lo podrá hacer?"



Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.


A 25 de diciembre además se celebra a  
Santa Eugenia, virgen y mártir.

domingo, 23 de octubre de 2016

Apóstol de Europa.

San Juan de Capistrano, presbítero franciscano. 23 de octubre.

Misión Dolores, California.
Familia y juventud.
Nació Juan en Capistrano, en los Abruzzos, el 24 de junio de 1386. Su padre fue caballero del duque de Anjou. Fue el niño Juan muy aplicado a sus estudios y tenía facilidad para ellos. En Perusa se doctoró en ambos derechos con excelente nota. Sus lazos familiares y su elocuencia y vivacidad, le ganaron una judicatura y en este oficio alcanzó fama, prestigio y el compromiso con una rica heredera. Sin embargo, en 1410, en el levantamiento de Perusa contra Ladislao de Nápoles, los perusinos sospecharon que Juan era partidario de Ladislao, así que le apresaron, le encerraron en una cárcel, donde languideció olvidado del príncipe. Esta decepción le hizo comprender lo vano del mundo, los poderes y los afectos humanos, alcanzándole la definitiva conversión. Fue su “gracia fundante”, al decir de los teólogos. Entonces, luego de un tiempo de oración y ayuno, decidió tomar el hábito franciscano y estando aún prisionero mandó vender todos sus bienes en favor de los pobres, pagó su libertad y al salir de la cárcel, aumentó su vida piadosa, confesándose y comulgando tan frecuentemente como podía.

Religioso franciscano.
Al estar libre, en 1416, se fue al convento franciscano de la Estrecha Observancia del Monte, donde con humildad pidió ser admitido. Como el Guardián conocía de su vida pasada y sus pesares, decidió ponerle a prueba no fuera que le moviera la decepción más que la vocación. Le impuso como prueba de humildad pasearse por Perusa montado al revés en un burro, vestido ridículamente y con un gorro de cartón en el que ponía algunos pecados. De esta guisa anduvo por la ciudad siendo el escarnio de aquellos que le habían conocido rico y con futuro prometedor. Superó la prueba con gran humidad y mansedumbre y le admitieron a pesar de su edad. En el año de noviciado fue expulsado dos veces del convento por inútil, pues los trabajos físicos se le daban mal. Pero él no se amedrentaba, ni desfallecía en su vocación: se quedaba al a puerta del convento esperando ser atendido como un pobre más. Y las dos veces le admitieron por su humildad, aunque siempre le ponían pruebas más duras. Pero si duran eran las pruebas, él las superaba y añadía otras penitencias de su cosecha. Así, su humildad y devoción, vencieron la dureza de los frailes, que finalmente le admitieron a profesar.

Juan ayunaba constantemente, y en sus casi 40 años de religioso jamás probó la carne, el vino o manjar alguno. Se disciplinaba según la Regla y un poco más, fue siempre descalzo hasta que la obediencia le hizo calzar sandalias. Tenía largos ratos de oración ante el crucifijo o el Sacramento. Una vez religioso, le concedieron la ordenación sacerdotal sin trabas, pues conocida era su erudición desde que vivía en el mundo. Los superiores le encargaron la predicación dominical, fiestas y Semana Santa. Además, salió en varias misiones populares por los pueblos. Predicaba con sabiduría y con profundo sentimiento, arrancando lágrimas y conversiones a los oyentes.

Apóstol y reformador. Martillo de los herejes.
Fue amigo de San Bernardino de Siena (20 de mayo) y su defensor ante el papa y la Curia romana por la reforma que el santo apóstol y el Beato Mateo de Agrigento (7 de septiembre y 7 de enero) pretendían de la Orden franciscana, para llevarla a su primitivo fervor. En esta reforma Juan destacó como defensor de la pureza de la observancia religiosa, por lo cual fue comisionado por la Orden para reformar conventos en Europa y en Oriente. En su ansia de reforma colaboró con San Lorenzo Justiniani (5 de septiembre) en la reforma de los jesuatos. Igualmente defendió la devoción al Nombre de Jesús que Bernardino practicaba y extendía como remedio a los males de la sociedad. En la condena de la Iglesia a los "fraticelli", aquellos penitentes que terminaron siendo heréticos, tuvo Juan de Capistrano un papel importante como inquisidor enviado del papa Juan XXII para reprimir aquella herejía. Fue director espiritual de Santa Catalina de Bolonia (9 de marzo), a la que encaminó por la senda franciscana de la alegría, la pobreza y la humildad. También dirigió a la Beata Antonia de Florencia (29 de febrero), a la que ayudó en su labor reformadora.

Su acción apostólica y de machaque de la herejía fue eficaz, por lo que el papa Eugenio IV le tomó bajo si protección especial, le nombró legado en Sicilia, en el concilio de Florencia y ante los duques de Bolonia y Milán, para advertirles de su alianza con los enemigos del papado. También fue embajador ante Carlos VII.

El papa Nicolás V igualmente se valió de la prudencia y discreción de Juan de Capistrano, nombrándole legado Alemania, Bohemia, Polonia y Hungría, países donde la herejía polulaba. Allí igualmente predicó, exhortó, oró, se disciplinó, por la conversión de los herejes. 40 años recorrió Europa el santo, con una pléyade de misioneros franciscanos, divididos en pequeños grupos de religiosos que oraban y predicaban con y por el pueblo. Sus sermones, de varias horas, terminaban con impresionantes profesiones de fe, actos devotos, procesiones y en muchas ocasiones, la penitencia de los herejes, con la quema de objetos o textos heréticos. Con esta acción apostólica a miles de herejes reconcilió con la Iglesia, obteniéndoles el perdón o castigos leves a los jefes de sectas y a los que habían delinquido. Reformó monasterios, predicó en los campos, celebró misiones, visitó enfermos, hizo milagros (más de 2000 han quedado registrados), fundó hospicios para los sin techo y los enfermos incurables. Todo este esfuerzo casi le cuesta la vida, no solo por lo que se resentía la salud, sino porque dos veces intentaron los herejes envenenarle, salvándose gracias a Dios. Al igual que con los herejes, a muchos judíos convirtió a la verdadera fe.

Despreciaba los cargos y prebendas y aunque fue dos veces Vicario General de su Orden, solo lo aceptó por el bien de la predicación y para tener más fuerza en el apostolado. Pero rechazó los obispados y el cardenalato que le ofrecieron sucesivamente cuatro papas: Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III. En 1450 fue entusiasta promotor de la canonización de su amigo Bernardino de Siena.

Batalla de Belgrado.
Predicador de la cruzada.
También le comisionó el papa Nicolás V para predicar la cruzada contra el moro Mahomet II, que luego de tomar Constantinopla avanzó hacia Europa, amenazando Belgrado con una tropa potentísima: 200 cañones y 50000 despiadados jenízaros a caballo. Juan fue capaz de unir a las tropas de Hungría, Transilvania y Rusia en un frente común, y trazó una estrategia militar. Aún sin ser estratega ni tener experiencia en guerras fue escuchado, y esto en nombre de su virtud. Su estrategia funcionó y los cristianos ganaron su primera acometida. Luego en la batalla, el 22 de julio de 1456, recorrió las primeras líneas con un crucifijo alentando a los soldados al grito del Santísimo Nombre de Jesús, socorriendo a los heridos y llevando al cielo a los que morían. La victoria llegó para los cristianos, que derrotaron al moro, conteniéndole unos siglos más. Por su parte, Juan de Capistrano, sin esperar nada a cambio de su inestimable ayuda, se retiró al convento de Vilak, en Hungría, como un fraile más, obedeciendo y cumpliendo con su vocación franciscana. 

Entrada en la vida. Glorificación.
Pocos sabían que el santo había ofrecido su propia vida por la victoria de los cristianos, y su ofrenda fue aceptada: llegó al convento enfermo de tifus, y falleció a los pocos meses, el 23 de octubre de 1456, con 70 años. Su cuerpo fue profanado por los herejes luteranos en 1526, que lo desenterraron y lo arrojaron al río Danubio, pero los católicos recuperaron algunas reliquias y las enterraron piadosamente en Elloc, Austria, donde aún se veneran. Fue beatificado por Inocencio X el 19 de diciembre de 1650 y canonizado por Alejandro VIII el 16 de octubre de 1690. Es santo patrón de los capellanes militares.


Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Octubre. R.P. JUAN CROISSET. S.J.
-"Vidas de los Santos". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
- https://franciscanos.net


A 23 de octubre además se celebra a  
San Teodoro de Antioquía, presbítero mártir.
San Guillermo de Malavalle, penitente.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...