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miércoles, 23 de junio de 2021

"Qué bello eres, Dios nuestro Rey"

Beata María de Oignies, mística. 23 de junio. 

Nació en Nivelles, a finales del siglo XII. Sus padres eran de buena posición económica, mas cristianos tibios. La niña María fue devota desde pequeña, y tan pronto aprendió algunas oraciones las repetía constantemente para no olvidarlas. Su primer contacto con la vida monástica fue cuando vio pasar frente a su casa a unos monjes cistercienses, y quedó tan impresionada de su gravedad y recogimiento, que besó sus huellas en el suelo. Al llegar a la adolescencia, su piedad y amor por la penitencia se acentuó. No gustaba de arreglarse, usar joyas o vestidos caros, lo cual solo le traía regaños y disputas con sus padres. 

Muy joven fue casada con un joven llamado Juan, al que sus padres la habían prometido desde que ella tenía cuatro años. Su marido la apreciaba, pero era indolente con ella. Por eso no tomó en consideración sus penitencias extremas y su vida orante. Le dejaba penitenciarse a su gusto, y las penitencias de María eran extremas: dormía sobre una tabla astillada, llevaba una cuerda áspera bajo las ropas. 

A los dos años de casada, su marido fue tocado por Dios y teniendo delante el ejemplo de María, decidió vivir más piadosamente. Si hasta entonces su vida de trabajo, oración y penitencia le había tenido sin cuidado, en adelante intentó imitarla. Desde ese momento vivieron como hermanos, o como ella gustaba decir, como la Virgen y San José. Donaron toda su hacienda a los pobres, reservándose una casita para vivir. Juntos hacían oración, trabajo, penitencia y atendían a los leprosos en Willambrock. Si bien Cristo les miraba con agrado, el mundo se volvió en contra de María. Sus parientes y amigos se volvieron contra ella. Se burlaban y murmuraban, le llamaban loca, iluminada, exagerada. Le reprochaban que hubiera abandonado sus bienes y posición y arrastrado a su marido con ella. Pero ellos vivían de espaldas a todo ello. 

María tuvo el don de la compunción y lágrimas. Era considerar la Pasión, o mirar un crucifijo, escuchar un sermón sobre los dolores de Cristo, para que un torrente de lágrimas brotara de sus ojos. Tantas que corrían por su rostro, cuerpo, y aún mojaban el suelo que pisaba. Algunos pensaban que era fingimiento y le volteaban el rostro. En una ocasión, justo antes de la Pascua, cuando se lamentaba de los sufrimientos del Señor con gemidos y sollozos, brotó de sus ojos gran cantidad de lágrimas más que habitual, como si estuviera participando en la muerte de Cristo, uno de los sacerdotes de la iglesia la reprendió suavemente y le pidió que refrenara sus lágrimas y rezara en silencio. Por lo tanto, ella, según su costumbre de obedecer, se retiró a un lugar oculto de la iglesia, donde nadie pudiera verla. Allí suplicó al Señor que le mostrara al sacerdote que no estaba en el poder del hombre refrenar las lágrimas cuando son del cielo. Y ocurrió que estando cantando misa el sacerdote, Dios le sumergió en la Pasión de Cristo, y derramó tal cantidad de lágrimas, que hubo de cambiarse el mantel del altar. Y desde ese día, gozó de aquel don siempre que celebraba la misa. 

Preguntada en una ocasión por su confesor si tanta lágrima no le causaba dolor físico, María respondió: "No, son estas lágrimas las que me refrescan. Son mi alimento día y noche; no me hacen daño a la cabeza y sostienen mi mente. Lejos de causarme ningún dolor, infunden una dulzura en toda mi alma. Lejos de vaciar mi cabeza, la llenan de pensamientos y consuelos celestiales, ya que no son forzadas a salir con esfuerzo, sino que me son suministradas en abundancia desde arriba". 

La penitencia de María de Oignies no es, ni por asomo aconsejable: uno de sus excesos fue cortarse trozos de carne de su cuerpo, al que aborrecía, y enterrarlos. Dejó las heridas al descubierto y los gusanos pulularon en ellas, siendo obligada por su confesor a curárselas. Y los ángeles lo hicieron por ella, sanándola. Las cicatrices quedaron para siempre en su cuerpo, siendo descubiertas por las mujeres que lavaron su cuerpo al morir. 

A esta penitencia se sumaba un ayuno riguroso. Solo comía una vez al día y por el necesario sostenimiento de la vida. Como si de una medicina se tratara. No comía carne, ni bebía vino, sino que frutas, hierbas y verduras eran su sustento. Para sí misma hacía un pan de avena, tan grueso áspero que al secarse raspaba su garganta hasta hacerla sangrar. Su consuelo era pensar en la sangre derramada por Cristo por su salvación. En una ocasión, mientras comía, el diablo la tentó de glotona, pero María no se dejó engañar por el demonio, sino que sabía que él quería perturbar su mente con escrúpulos para que enfermara por su excesiva abstinencia. Así, se rió de él y ese día comió el doble de lo normal, dejando al diablo confundido. 

Durante tres años seguidos ayunó a pan y agua desde el día de la Santa Cruz hasta la Pascua, y no sufrió ningún perjuicio al hacerlo, ni en su salud ni en su capacidad de trabajo. Y más veces, desde la Ascensión hasta Pentecostés no comía ni bebía nada. Y lo que puede parecer maravilloso, no sufría de dolor de cabeza en consecuencia, ni relajaba sus deberes ordinarios, sino que estaba tan lista para el trabajo en el último día de su ayuno como en el primero. Tampoco podía comer nada en esos días, pues su apetito desaparecía totalmente absorbido por el espíritu. 

La oración de María de Oignies era constante. Todo cuanto hacía, hasta lo más bajo, le servía para elevar el pensamiento a Dios. Su salterio siempre permanecía abierto, pues lo rezaba sin parar, y solo lo dejaba para hacer oración mental. Cuando se disponía a hacer oración por alguien Dios le revelaba si serviría para el bien o no de esa persona, o si era un difunto, recibía la revelación si estaba salvado ya o condenado, para que no perdiera tiempo en oraciones de balde. En varias ocasiones, mientras oraba, vio muchas manos levantadas como suplicándole. María pidió a Dios le revelase que significaba aquello y el Señor le mostró que eran las almas del purgatorio, las cuales sufrían por sus ofensas y buscaban el beneficio de sus oraciones, pues sentían sus dolores aliviados y disminuidos por ellas, como si se derramara un aceite precioso sobre sus heridas. 

María acostumbraba visitar una vez al año una iglesia dedicada a la Madre de Dios en Oignies, y para ello debía seguir era un sendero tortuoso a través de un bosque con el que estaba muy poco familiarizada. Mas nunca se perdía el camino, ya que siempre se veía una luz que iba delante de ella para dirigirla. En uno de esas visitas, mientras regresaba, una violenta lluvia la alcanzó mas el agua torrencial caía a su alrededor sin mojarla.  

En las fiestas marianas más importantes pasaba el día y la noche saludando a la Santísima Virgen, y haciendo miles de genuflexiones ante su imagen. Además, después de cada hora canónica del salterio, rezaba el Ángelus y se disciplinaba de rodillas. Tanta oración traía grandes beneficios para sus conocidos, que experimentaban la bendición de Dios siempre que le pedían oración a la Beata. Y al mismo tiempo, aterraba a los demonios que la tentaban y asustaban, intentando distraerla de la oración.  

A una monja cisterciense muy joven y piadosa, pero retraída y escrupulosa, la tentó el diablo con toda clase de pensamientos blasfemos y sucios para que desesperara a través de los escrúpulos. Durante algún tiempo resistió, mas al no poder soportarlo pasó de la pusilanimidad a la desesperación; y el diablo la había vencido de tal manera, que no podía rezar ni siquiera el Padrenuestro o el Credo. Tampoco confesaba sus pecados, pues creía eran imperdonables y estaba abocada a la condenación eterna. No recibía el Cuerpo del Señor, no tenía oración, ni quería hablar con las hermanas. A tal punto llegó su tormento mental, que ya pensaba en suicidarse. Más adelante ya despreciaba la Palabra de Dios, las advertencias de las religiosas, comenzó a desobedecer e incluso llegó a blasfemar. No vieron otra solución las monjas que hacer se entrevistara con nuestra María. Esta, rebosante del espíritu de compasión y dulzura espiritual, la recibió, le habló con palabras del cielo y la consoló. Por cuarenta días María se disciplinó y oró continuamente, sin tener otra intención. Al cabo, la joven monja fue liberada del espíritu maligno, al cual vio María, reventado y con las entrañas por fuera, como un despojo, luego de la batalla espiritual que había tenido con ella. 

Incluso mientras dormía, María oraba, pues su corazón nunca se separaba de Cristo. Sus sueños eran siempre sobre Cristo; porque como el sediento sueña en su sueño con las fuentes de agua, y el hambriento tiene visiones de ricos banquetes, así ella tenía siempre ante sus ojos a Aquel que su alma deseaba. 

María fue amante de la pobreza, pero de una pobreza honesta y limpia. Si detestaba el lujo superfluo, también detestaba la suciedad. Vestía ropas de tela gruesa, de estameña. Para las fiestas usaba una túnica de lino y una capa del mismo tejido, sin adornos ni costuras curiosas. Sobre su cabeza usaba un velo que cubría sus ojos, de modo que se prevenía de las miradas indiscretas. Nunca usaba un abrigo o manto, pero jamás el frío la molestaba, de tanto amor de Dios que hacía arder su alma y cuerpo. 

Nunca estuvo ociosa, sino que desde que abandonó todas sus riquezas se afanó en el trabajo manual para su manutención y para socorrer a los pobres. En silencio trabajaba, considerando el taller de Nazaret y la labor orante del Señor, San José y la Virgen Santísima. Mientras trabajaba, consideraba los pasajes de la Escritura y las vidas de santos, permaneciendo en oración. Toda esta contemplación no hacía su trabajo menos perfecto, ni la demoraba o le hacía perder el tiempo. Al contrario, todo trabajo que emprendía lo terminaba perfectamente. 

Tanta austeridad, mortificación y penitencia no hacía de María una persona hosca, huraña o alejada de la realidad. Todo lo contrario, su conversación y trato eran dulces. Las personas gustaban de tratarla y escucharla, buscando sus palabras, consejos y buen trato. Siempre tenía una palabra amable para quienes se cruzaban en su camino, o quienes la visitaban. Consolaba a los enfermos y en ocasiones estos mejoraban solo con escuchar sus buenos deseos. 

María vivía pobremente, consideraba siempre la pobreza de Cristo y no quería poseer más de lo que Cristo tuvo en vida. Todo regalo que recibía, y no eran pocos, los dejaba para los pobres y necesitados. No tenía más vestido del que necesitaba, ni más mueble que el indispensable para una vida ordenada y honrosa. 

Tan grande era su humildad, que se consideraba a sí misma como nada, y habiendo hecho todo bien, no sólo reconocía con su boca y corazón que era una sierva inútil. Se consideraba inferior a todos y nunca se presumía a sí misma, sino que miraba a todos como sus superiores. Cuando Dios le concedía algún favor, lo remitía a los méritos de los demás; no buscaba nunca su propia gloria, sino que remitía todo a Aquel de quien procedían todos los bienes. Se juzgaba a sí misma como la más indigna de todos los hijos de Dios. Cuando Dios le concedía alguna gracia o le daba la respuesta exacta a una cuestión religiosa, le recriminaba a este: "Señor, ¿por qué haces estas cosas en mí? Envía, Señor, a quien quieras enviar, mas no a mí. No soy digna de ir ni de anunciar tu Palabra a los demás." Sin embargo, el Espíritu Santo la impulsaba siempre a procurar el bien del prójimo, comunicando las inspiraciones que recibía. James de Vitry, quien la conoció y escribió la biografía de María, le preguntó un día si ella sentía vanagloria por los dones divinos y el reconocimiento del pueblo. Ella le respondió: "no, pues en comparación con la verdadera gloria que deseo, toda jactancia humana es como nada." 

Fue María extremadamente caritativa con los enfermos y moribundos, con quienes tenía una especial caridad y todos la querían junto a sí al momento del tránsito. Con su amor les aliviaba los dolores y con sus oraciones mantenía a raya a los demonios que intentaban tentar al moribundo. Ninguno de sus asistidos moría sin sacramentos: por lejos que estuviera el sacerdote, siempre llegaba a tiempo a dar la extremaunción. Muchas veces vio el destino final de aquellos que estaban con ella, fuera el cielo directamente o el purgatorio. Nunca vio a un condenado, mas jamás se jactó de que fuera por su presencia. 

En una ocasión ayudó a morir a un anciano Juan de Dinant, apodado “el Jardinero”, quien siempre había servido a Cristo. Al momento de la muerte, María vio una multitud de ángeles que ayudaban al anciano, y percibió un olor maravillosamente dulce. No pudo contener su alegría, pues quería al anciano como a un padre. Además, le fue revelado por el Espíritu Santo que, puesto que este anciano había hecho tantas penitencias en la carne y había soportado pacientemente tantas persecuciones y reproches por causa de Cristo, había vivido tan santamente, y además había ganado tantas almas para Cristo, que se liberó de todo el dolor del purgatorio y voló directamente a la presencia de su Señor. 

Por el contrario, experimentó una visión de su propia madre condenada en el infierno. María no entendió el porqué, pues su madre, aunque no muy ocupada en las cosas de Dios, había sido una mujer honesta y buena. Al preguntarle al espectro, su madre le respondió:  "Fui criada con lo adquirido por la usura y la ganancia injusta, y aunque era consciente del pecado, no me esmeré en restituir lo que a los pobres se había quitado. No tuve en cuenta el mandato de Dios, sino que, habiendo entrado en los caminos torcidos del mundo, pensé que era indigno de mí cambiar los pasos de mis antepasados. Y no habiéndome arrepentido de mis malas acciones, al final cambié mi vida infructuosa por la muerte, y así he perdido la vida del mundo venidero" Y diciendo esto desapareció. 

Con los enfermos era María muy paciente y amorosa. Especialmente con los niños. Y por estos últimos en ocasiones realizó varios milagros. A un niño con una fractura, le impuso las manos y le sanó el hueso. A otro que padecía de sangrado de un oído, le besó la cabeza y el niño quedó sano. Un sacerdote de Nivelle llamado Guerrico padecía una enfermedad muy peligrosa y los médicos se desesperaban por su recuperación. Pensando que no tenía esperanzas acudió a la santa, y consiguió, con muchas oraciones, que ella le impusiera las manos. Esa misma noche le pareció que, mientras dormía, la Santísima Virgen venía a él y le sanaba.  Y así por el estilo, algunos clérigos fueron sanados, o mujeres con embarazos riesgosos hallaron la salud. 

Tuvo también el don de profecía y de adivinar acontecimientos futuros. Como adivinar el nacimiento de una herejía en la Provenza, o anunciar el martirio de los predicadores que se enfrentarían a estos herejes. La muerte de algunos también la profetizaba, siempre acertando el día y la hora. En una ocasión en que visitaba la iglesia, oyó devotamente la misa y al terminar la celebración, dijo al sacerdote: "Esa misa era mía; hoy ofreciste el Eterno Sacrificio en mi nombre". Él se sorprendió y le preguntó cómo lo sabía. María le respondió: "Vi una hermosa paloma descender sobre tu cabeza en el altar, que extendía sus alas hacia mí. Supe, por lo tanto, que el Espíritu Santo me llenaba por esa misa".

Tuvo María gran devoción a los santos. En una fiesta de Santa Gertrudis (17 de marzo), que el presbítero había olvidado celebrar, se sintió llamada a tocar las campanas de la iglesia. Al preguntarle el sacerdote por qué lo había hecho, María le respondió: "Perdóneme, padre, pero es una gran fiesta hoy. Lo sé porque siento que desde anoche me llena una alegría celestial, aunque no sé de quién es la fiesta". El sacerdote miró entonces el calendario, y vio que la fiesta de Santa Gertrudis debía celebrarse ese día. Un día que rezaba ante un altar de San Nicolás, vio manar bálsamo de sus reliquias. También tuvo varias apariciones de San Bernardo de Claraval (20 de agosto) con quien tenía celestiales coloquios y quien le iluminaba sobre las verdades de la fe. A san Juan Evangelista también tuvo gran devoción y este más de una vez le consoló en sus penas. 

Tuvo una maravillosa facultad de percibir si las reliquias eran verdaderas o no. Había una pequeña cruz en la Iglesia de Oignies que tenía en ella una pequeña porción de la verdadera cruz; y más de una vez vio salir de ella rayos de luz. Un fraile amigo suyo poseía unas reliquias de un santo mártir, mas no tenía “authenticae” que las avalara. Entonces María le consoló diciéndole que eran verdaderas y que tenían una gran virtud. Además, rezó, para que Dios le mostrara de quiénes eran, e inmediatamente se le apareció una santa que le dijo era Santa Alois, venerada en Provins, y que las reliquias eran reales.

María vivió en Willambrock mucho tiempo, pero su fama llegó a tanto que no tenía momento de descanso o soledad. Por lo tanto, rezó fervientemente a Dios para que se complaciera en elegir un lugar más adecuado para su sierva, donde poder servir al prójimo, pero teniendo más tiempo para la oración y la penitencia. Y he aquí que Dios le e señaló una casa en Oignies que ella nunca había visto, y que además era tan pobre, y tan recientemente construida, que apenas se conocía. Habiéndolo consultado con su marido y su director espiritual, el abad Guido, se dirigió al lugar que le estaba destinado. Llegando a Oignies se le apareció San Nicolás, que la guió primero a su iglesia, donde estaban celebrando una misa en su honor. El santo, además, le señaló el lugar donde estaría su tumba en la iglesia, revelándole que había llegado a Oignies para su encuentro definitivo con el Señor. 

Allí en Oignies tuvo María dulces coloquios con Cristo, preparándose gozosamente a su muerte. En una ocasión en que se le apareció Cristo, María pensó era ya la hora, pero al ver que aún no sería, clamó a Cristo: "No quiero, Señor, que te vayas sin mí. No puedo quedarme más tiempo aquí. Anhelo ir a mi casa". El fuego de su alma era tan grande, que daba rienda suelta a sus sentimientos con fuertes exclamaciones, y su rostro siempre parecía estar en llamas. Varias veces oyó la voz dulce de Cristo que le decía: "Ven, mi amada, mi esposa, mi paloma, y serás coronada". En una ocasión tuvo un éxtasis más encendido de lo habitual, y exclamó: "Las vestiduras de la hija del Rey huelen a dulce incienso, y los miembros de su cuerpo son como preciosas reliquias santificadas por Dios". 

A medida que se acercaba la hora de su partida, se ocupó más incesantemente en tratar de servir y complacer a Dios. Desde la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen hasta la de la Natividad de San Juan Bautista, sólo tomó alimento once veces, y en cantidades muy pequeñas. Como tenía una gran devoción a San Andrés, quien había abrazado la cruz con un amor tan ardiente, recibió muchas y muy familiares visitas del santo, quien le dijo: "Consuélate, hija mía, porque no te dejaré; y como una vez confesé la fe de Cristo, y no la negué, así, en el día de tu partida, te reconoceré ante Dios, te asistiré en tus últimos momentos y te daré mi testimonio". 

Tres días antes del tránsito, María alabó a Dios cantando en voz alta como nunca se le había oído, pues le había parecido vanidad cantar para que otros le oyeran. Su hermosa voz entonó salmos y cánticos constantemente. Además, reveló cosas del cielo, los santos y los ángeles. Terminados estos tres días de gozo inefable se fue a la iglesia y dijo a su esposo, amigos y seguidores: "El tiempo en que lloré por mis pecados han pasado, y también el gozo en con el que me regocijé y alabé a Dios por las alegrías eternas que me esperan. Ahora vendrán los dolores y las penas de la enfermedad y la muerte. Ningún alimento volverá a cruzar mis labios, ni volveré a leer en libro alguno." y efectivamente, en el acto le acometió una enfermedad muy quejosa. Tenía sed constantemente, que soportaba por amor, lo mismo que los dolores corporales.  

El jueves anterior a su muerte exclamando "Qué bello eres, Dios nuestro Rey". La víspera de San Juan Bautista de 1213 comenzó a cantar con una voz muy dulce, y al llegar a las tres de la tarde expiró tranquilamente, sin cambiar en lo más mínimo por el dolor de la muerte la expresión alegre de sus facciones. Y todos aquellos que allí estaban, o los que la amaban pero estando lejos, sintieron un dulce gozo más que tristeza, siendo sus lágrimas santa envidia más que de desconsuelo. Los días de sus funerales María apareció a varias personas y dirigió sus acciones, fortaleciéndolas en peligros, o eliminando dudas de sus almas. Fue sepultada en la iglesia de San Nicolás de Oignies, que años más tarde pasaría a llamarse con su nombre. El 12 de octubre de 1608 las reliquias fueron trasladadas solemnemente. Es abogada de las mujeres en el parto y contra las fiebres. 

Se desconoce que fue de su marido después de la muerte de María. Su recuerdo se perdió para siempre. 

Fuente:
-”The lives of S. Jane Frances de Chantal, St. Rose of Viterbo, and B. Mary of Oignies.” Londres, 1952. (La “vita” de nuestra Beata es la escrita por Vitry) 

A 23 de junio además se celebra a:

San Artemio, confesor.
Santa Etheldreda,
reina y abadesa.
San Simeón Estilita,
el Joven.
San Walter de Onhaye,
presbítero y mártir.







sábado, 12 de junio de 2021

Beata Antonia Maria Verna

Beata Antonia Maria Verna, virgen fundadora. 12 de junio. 

Nació el 12 de junio de 1773, en Pasquaro, cerca de Turín. Su familia era campesina y sus padres, Guillermo y Domenica eran muy piadosos y a pesar de su propia pobreza, siempre socorrían a los necesitados todo lo que podían. Antonia tomó gran devoción a San José, como su misma madre lo era. A los 12 años aprendió a leer y al mismo tiempo, comenzó a impartir el catecismo a los niños.  

En 1798 su padre murió y tuvo que trabajar duramente para ayudar a la familia. Rechazó el matrimonio para dedicarse a la cumplir la voluntad de Cristo, fuera la que fuera. Incluso dejó su casa durante un tiempo para evitar el tema de los pretendientes. En 1806 funda un grupo de jóvenes para impartir el catecismo a los niños y visitar a los enfermos en sus casas. Este grupo sería el germen de las Hermanas de la Caridad de la Inmaculada Concepción. Su primera casa se abrió en 1819 en Rivarolo Canavese. En 1828 recibieron la aprobación diocesana por orden del rey Carlos Félix. 

Antonia María murió el 25 de diciembre de 1838, después de una corta enfermedad. Fue sepultada en la cripta de la iglesia parroquial de Rivarolo Canavese. El Cardenal Tarcisio Bertone la beatificó el 2 de octubre de 2011.

Fuente:
-heiligenlexikon.de

A 12 de junio además se recuerda a:

Nuestra Señora
Santa María de Jessé.
San Odulf,
presbítero.
San Onofre,
Penitente.
Santa Cunera,
virgen y mártir.







martes, 18 de mayo de 2021

¡Mi cielo es la voluntad de Dios!

Beata Blandina Merten, virgen ursulina. 18 de mayo.

Nació el 10 Julio de 1883 en Düppenweiler, Alemania. Fue la novena de 10 hermanos, y fue bautizada como María Magdalena. Recibió sus primeras letras en la escuela parroquial y a los 16 años comenzó la carrera de magisterio en Vallendar, en la escuela Marienau. En 1903 comenzó a impartir clases en la escuela primaria de Morscheid. A la par de su formación académica, incrementó su formación espiritual con la asistencia a misa, la oración y comunión frecuente y la colaboracón con el apostolado de la parroquia.

En 1908, siguiendo su vocación de maestra ingresó en el monasterio del Calvario de las Ursulinas de Ahrweiler. A la par del hábito, tomó el nombre de Blandina. Fue una novicia y monja muy sencilla, gustaba de las cosas más ordinarias, y ella misma vivió de un modo “ordinario”, en cuanto que no destacó por heroicidades, más allá de vivir la vida cristiana y religiosa cada día con alegría y centrada en Jesús. De esta época nos han llegado muchas de sus expresiones: “¡Mi cielo es la voluntad de Dios! en Él estoy tan perdida, me he olvidado de mí misma tan completamente que sólo Él me rodea. Todas las cosas, todas las criaturas y los acontecimientos hablan de Él y no conozco ni me esfuerzo por nada más alto, más bello, más amable, mejor en el cielo y en la tierra que sólo Él”.

Hizo su profesión solemne el 4 de noviembre de 1913. Luego de esta fue destinada al monasterio de Saarbrücken, en Tréveris. Allí alternó perfectamente la profesión de maestra con intensa vida de oración. No hay que olvidar que en este tiempo las ursulinas eran aún de clausura. En 1914 escribió: “La Sagrada Eucaristía es el sacramento del amor. Si en algún lugar, aquí es donde el Salvador tiene sed de nuestro amor. ¡¿Quién lo entendió mejor y lo sintió más profundamente que el alma consagrada?! Con fuerza elemental los atrae hacia sus pies. Quiere amar, amar de nuevo, amar sin medida, amar como los santos, amar por y en lugar de las personas que no lo aman”.

En 1916, cuando más prometía la religiosa, cayó enferma de tuberculosis. Esto fue un gran varapalo para su vida como maestra, pues no pudo acercarse más a las niñas. Sufrió la enfermedad con total abandono en las manos de Dios, confiándose a Él en todo momento. No perdió la alegría ni la sencillez de trato. Sufrió pacientemente todos los dolores que le sobrevinieron hasta su muerte, el 18 de mayo de 1918.

Luego de su muerte las Hermanas recogieron numerosos testimonios de su santidad, sus ejemplos de valentía, entereza, fe y caridad, y comenzaron a encomendarse a su intercesión. Miles de súplicas invocando su intercesión en todo el mundo fueron oídas y los portentos no se hicieron esperar. En 1985 la Hermana Irimberta Puntigam sanó milagrosamente de un cáncer y esto fue aceptado como milagro para su beatificación. Fue beatificada el 1 de noviembre de 1987 por el Papa Juan Pablo II en 1990 sus reliquias se trasladaron a una capilla dedicada a su memoria en el cementerio de San Paulino, Tréveris.

Fuente:
-Sierva de Dios hermana Blandine Merten OSU - Ursulina del Calvario. En: De sus escritos, 4ª edición. Ahrweiler 1985, pág. 33f

A 18 de mayo además se celebra a:








miércoles, 28 de abril de 2021

Devota del Sacramento, la Madre de Dios y la Pasión de Cristo.

Pregunta: la Beata Hosanna de Kotor es la misma Hosanna de Mantua? Gracias.

Respuesta. No, no son la misma, aunque el nombre, poco común sea el mismo, y esto no es de balde, como ya verás. De la Beata Osanna de Mantua, puedes leer aquí en el blog. Y de la otra, pues ya te escribo aquí:

Beata Osanna de Kotor, terciaria dominica. 28 de abril.

Nació el 25 de noviembre de 1493, en Relezi, Montenegro, y su nombre de pila fue Jovana. Su padre era sacerdote de la Iglesia Ortodoxa Serbia, y sus abuelos también lo habían sido. Su tío paterno era obispo de Zeta. De niña trabajó como pastora de rebaños ajenos, un tiempo que ocupaba para orara y meditar. Su leyenda cuenta que el Niño Jesús se le apareció varias veces durante su infancia, y que le ayudaba a cuidar los rebaños mientras ella tenía oración. A los 14 años se trasladó con unos parientes a Kotor, ciudad gobernada por Venecia y por ello con numerosos católicos romanos. Allí entró como sirvienta de una acaudalada familia. Con ellos aprendió la fe católica romana, ellos la enseñaron a leer y escribir y la guiaron a la Iglesia Romana.

Con 20 años comenzó una intensa vida espiritual de oración y penitencia, y aconsejada por su confesor, se recluyó en una celda junto a la iglesia de San Bartolomé. Una ventanita a la iglesia, para seguir el culto, y una ventanita al exterior eran sus únicas formas de comunicación con el exterior. En 1513 un terremoto destruyó su celda y la iglesia, pero ella se salvó de milagro. Se trasladó a la iglesia de San Pablo, de los domincos, tomando el hábito de terciaria de la Orden. Desde entonces se llamó Osanna, en honor a la Beata Osanna, de la misma Orden. He aquí la relación entre ambas.

Dos años después tenía varias discípulas, por lo cual abandonó la reclusión y junto a estas mujeres se reunió en un beaterio bajo la Regla dominica. Durante su larga vida tuvo otras muchas visiones y gracias místicas. La devoción al Sacramento y a la Madre de Dios llenaba intensamente su alma. También era muy devota de la Pasión de Cristo, pudiendo experimentar algunos de los dolores del Señor en su Pasión. En 1539 sus oraciones y penitencias ablandaron el corazón de Dios, que evitó mediante un milagro que el pirata infiel Khair ad-Din Barbarossa atacara la ciudad.

Osanna falleció el 27 de abril de 1565, con gran dolor de los habitantes de Kotor, quienes al mismo tiempo la consideraron como su santa patrona. Su tumba en la iglesia de San Pablo siempre tenía devotos y ofrendas. En 1807 la iglesia fue expropiada por los franceses y los frailes se trasladaron a la iglesia de Santa María, llevándose con ellos las reliquias. Allí se veneran aún.

En 1927 el papa Pío XI reconoció el culto inmemorial de Osanna, y en 1934 procedió a beatificarla oficialmente.


Fuentes:
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.
-"Compendio histórico de las vidas de los Santos canonizados y beatificados del Sagrado Orden de Predicadores". Fr. Manuel Amado. O.P. Madrid, 1829.  

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sábado, 24 de abril de 2021

Santa Nicolosa Bursa, abadesa.

Santa Nicolosa Bursa, abadesa. 24 de abril.

Nació a inicios del siglo XV en Koper, Eslovenia. Durante su juventud su familia se estableció en Venecia, por razones desconocidas. Tomó el hábito religioso en el monasterio benedictino de San Sérvulo de Venecia. Fue una religiosa fiel a la Regla, la cual hizo cumplir fielmente a las demás monjas desde que fue elegida abadesa en 1465. Su reforma de las costumbres y renovación material y espiritual del monasterio, hizo que en 1505 fuese trasladada al monasterio de San Juan de Letrán, también en Venecia, para revitalizarlo. A la par, inauguró una escuela para niñas y jóvenes, que tendría gran prestigio.

Subió al cielo el 24 de abril de 1512. Y poco más podemos decir de su vida. Mas lo interesante viene ahora. En 1524 el monasterio se trasladó a un viejo convento de Santa Ana, y las monjas desenterraron a Nicolosa, quien tenía ya fama de santa, para llevarse las reliquias al nuevo recinto. El cuerpo fue hallado incorrupto y emanando un agradable y penetrante olor. Se hizo un reconocimiento de los restos, documentando el hecho. En 1689 volvió a abrirse el sepulcro y nuevamente se comprobó la incorrupción, constatando además la elasticidad de la piel, cosa nada común en los incorruptos. Y no solo eso, sino que su cuerpo aún hoy emana bioenergías. En 1700, tras una nueva inspección, el cuerpo se colocó al culto público en una urna con vistas a la iglesia del monasterio.

En el siglo XIX, tras la disolución de la vida monástica en Venecia, las monjas se llevaron el cuerpo a Vodnjan, Croacia, donde se venera. También se llevaron otras numerosas y estrafalarias reliquias, como una lengua de Santa María la Egipcíaca o la tráquea de San Sebastián. Además, se veneran los cuerpos incorruptos de San León Bembo, San Pablo de Constantinopla y San Juan Olini. Ni estos ni Nicolosa han sido canonizados nunca, pero su culto está permitido por la iglesia local y se les llama santos, popularmente.

Fuentes:
-https://www.heiligenlexikon.de
-
http://zupavodnjan.com

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viernes, 23 de abril de 2021

"Soy feliz por poder ofrecer algo por amor de Jesús"

Beata María Gabriela Sagheddu, virgen trapense. 23 de abril.

María Gabriela nació en Cerdeña, en la población de Dorgali, el 17 de marzo de 1914. Vino al mundo en una familia de campo, que se ganaba la vida cuidando el ganado de un terrateniente. Muy pequeña perdió a su padre y tuvo que apoyar a la familia trabajando como los mayores.  

Desde adolescente se comprometió con su parroquia en la actividad apostólica. Fue catequista, asisía diariamente a misa, formó parte de Acción Católica. Poco a poco, y con la ayuda de su director espiritual fue teniendo más vida de oración, meditación, comunión diaria. Aunque en un principio no se veía inclinada a la vida religiosa, rechazó varios pretendientes. Y no le faltaban pues fue una mujer muy bella. Pero ella, no deseosa del matrimonio por el momento, fue desechándoles. A los 21 años, luego de un profundo discernimiento,  entró en el monasterio cisterciense de Grottaferrata, en septiembre de 1935. 

Fue una religiosa dócil y obediente, pero no porque esto no le costara, sino porque vio en la obediencia perfecta el modo de ser santa. aún sin tener aptitudes para el canto, cosa importante en la vida monástica, aceptó obedientemente ser monja de coro, con la esperanza de que la obediencia supliera su deficiencia. Diría en alguna ocasión: "He entendido realmente que glorificar a Dios y el ser víctima no consiste en hacer grandes cosas sino en el total sacrificio del propio yo". En una de sus cartas se lee: "Es una gran gracia vivir en el monasterio, donde todas las acciones, aún las más simples, cuando se hacen por obediencia, aportan un gran mérito".  

En 1937 emitió sus votos monásticos, imbuida en un movimiento espiritual, promovido por el abad Couturier, que buscaba trabajar y orar por la unidad de los cristianos. Por ello tomó el sobrenombre religioso de "de la Unidad" . En 1938 el monasterio de María Gabriela celebró un Octavario por la Unidad de los Cristianos, que terminaría el 25 de enero (es el origen del Octavario que hoy celebra la Iglesia toda). Al término, María ofreció a Cristo su consagración religiosa por esta intención. Días más tarde pidió a la abadesa María Pía Gullini poder ofrecer su vida entera por la consecución de una sola Iglesia. "Siento que el Señor me lo pide. Me siento impulsada a ello incluso cuando no quiero pensar en ello", dijo a la abadesa. Esta, de acuerdo a su confesor, le autorizaron el ofrecimiento. se preparó a este con una confesión general, varios días de penitencia y ayuno, y constante oración. 

Poco tiempo después, en la cuaresma de ese mismo año, supo que su holocausto había sido aceptado: se sintió débil y se le desató la tuberculosis. confesaría a su director espiritual: "desde el día de mi ofrecimiento, no he pasado un sólo día sin sufrir. Soy feliz por poder ofrecer algo por amor de Jesús". El último año de su vida, marcado por el sufrimiento, fue fecundísimo. Dio excelentes ejemplos de paciencia, caridad y oración a quienes la cuidaron. Cada una de sus penas las ofreció por la unidad de todos los cristianos.  

María Gabriela entró a la paz del cielo el 23 de abril de 1939, con 25 años de edad y 3 de vida religiosa. Su ejemplo pronto fue tomado como referente por los movimientos ecuménicos cada vez más pujantes en los años 40 del siglo XX. En 1946 se publicó su primera biografía, lo que la hizo más conocida aún, y admirada incluso por protestantes y anglicanos. Su monasterio también tomó su legado, abriéndose al ecumenismo, dialogando con otros cristianos y organizando encuentros de oración cada año. Pero era demasiado pronto para ello, y Roma reaccionó en 1951 deponiendo a la abadesa  y regañando fuertemente a la comunidad. 

En 1957 las reliquias de María Gabriela se trasladaron al monasterio de Vitorchiano, luego de la supresión de el de Grottaferrata. El papa Juan Pablo II la beatificó el 25 de enero de 1983. Era el último día, como no, del Octavario de oración por la unidad de los cristianos.  


A 23 de abril además se celebra a

San Adalberto,
obispo y mártir
.
San Jorge, mártir.
San Juan de Holar,
obispo
.
San Ibar de Beggeri,
obispo
.





sábado, 17 de abril de 2021

"abrazó la cruz con gusto y alegría"

Beata María Ana de Jesús, virgen mercedaria. 17 de abril. 

Nació en Madrid, en 1565, hija de los nobles Luis Navarro Ladrón de Guevara y Juana Romero de Víllalpando. Fue bautizada en la parroquia de Santiago el 21 de enero de ese mismo año. desde niña María Ana, o Mariana, como también se le llama, fue una nia piadosa, obediente y alegre. Apenas supo de las vidas de santos, intentó imitarles en lo que podía y más allá, tienendo que moderar sus penitencias y tiempos de oración. Le gustaba mucho estar en la iglesia, que le explicaran las imágenes y la misa. Se embebía en la misa de tal manera que a veces esta acababa y la niña seguía en oración sin notarlo. Acompañaba a su madre en los ejercicios de caridad, que eran muy frecuentes en su casa. A los siete años recibió la primera comunión, edad desacostumbrada totalmente, y fue así por su conocimiento del misterio a recibir, y por el amor tremendo que sentía hacia la Eucaristía. Y muchas otras cosas se nos cuentan de su infancia, como comprensión de los misterios divinos, constante presencia de Dios, visiones de la Virgen y su ángel guardián, etc. 

Aún siendo María Ana adolescente murió su madre, y al año de viudedad, su padre se casó nuevamente. Su madrastra era una mujer áspera y resabiada, que trató mal a la niña desde el primer momento. Ni le mostró el más mínimo afecto, y solo se dirigía a ella cuando el padre estaba presente, para que no sospechara el hombre. El nuevo matrimonio tuvo dos hijas más, a quienes María Ana quería mucho, pero de las que su madrastra intentó apartarla siempre que pudo. A los 16 años, su padre, entendiendo lo que ocurría, pretendió casar a María, para alejarla de su madrastra y medio hermanas. Sin embargo, en su corazón María Ana no quería más Esposo que Cristo. Gran guerra le hicieron su padre y madrastra con este asunto. Le consiguieron varios pretendientes, de alcurnia todos, pero ella iba dilatando el asunto, sin atreverse a decirles su verdadera intención: consagrarse a Jesucristo como religiosa. Al tiempo, habiendo consultado con su confesor, hizo voto de perpetua virginidad en la iglesia parroquial de San Miguel de Madrid. 

Animada con esto, al saber que le iban a prometer con un joven, reveló a su padre su voto y su intención de ser monja. Esto desató una tempestad en la familia, interviniendo incluso algunos parientes lejanos. A tal punto llegó el asunto, que su padre la puso a trabajar de sirvienta para la familia, dándole palizas y hablándole duramente con frecuencia, para que deshiciera su voto y tomara matrimonio. Le dejaron de dar comida, la encerraban durante días en un cuarto sin luz, o la ataban con recias cuerdas. Pero ella no cejaba y lo sufría todo por amor de Cristo. Un buen día, sabiendo que su belleza era causa de que la pretendieran, tomó unas tijeras y se cortó su hermosa cabellera rubia. La paliza fue épica, como podéis imaginar. 

Cinco años duró esta guerra familiar, hasta que el padre, cansado del ánimo de su hija, desistió de casarla y la dejó seguir su voluntad. O, mejor dicho, la de Dios. Pero he aquí que, entonces, siendo ya libre, no hallaba en Madrid convento que la admitiese. Entonces decidió vivir en su casa como en un convento. Se enfundó en un sayal áspero, hacía ayunos, penitencias, vivía en soledad y oración, recluida en la habitación más humilde de la casa. Además, comenzó a instruir a sus hermanas en las letras y en camino de la virtud. Así llegó a los 21 años, como beata en su propia casa, siendo religiosa sin convento. En esta época comenzó a tener terribles tentaciones contra la castidad. Se le aparecía el demonio mostrándole imágenes obscenas y diciéndole palabras feas. Oración y penitencia, todo hizo por verse libre de las tentaciones. Más de 10 años duraron estas batallas interiores hasta que Dios premió su perseverancia y la libró milagrosamente de tales tentaciones, quedando su virginidad acrisolada. 

Ya con 30 años le vino otra contradicción. Su padre, creyendo que tanta vida espiritual y penitencia sería cosa del demonio y su hija fuera una alumbrada (tan frecuentes en aquella España del siglo XVI), comenzó a prohibirle sus ejercicios de piedad y penitencias, al tiempo que le buscaba otro director espiritual. Este, docto, pero poco espiritual, no se vio capaz de dirigir tal alma y luego de la primera confesión, la dejó. María Ana, desolada, salió a la calle y pasando por la iglesia de la Merced, encontró al padre Juan Bautista del Santísimo Sacramento. Este la confesó y siendo iluminado por Dios, comprendió la excelencia de aquella alma que tenía ante sí. Aceptó ser su director espiritual y en sus manos María Ana enderezó su espíritu a una recta devoción, llegando en breve a una perfecta santidad. 

Al poco tiempo tuvo su primera gracia mística (descontando las de la infancia, poco probables). Estando en oración considerando si ella podría sentir algo de los dolores de la Pasión de Cristo, se le apareció el Salvador tal como lo presentan de Ecce Homo, ella se le acercó y, quitandole la corona de la fente, se la puso ella misma. Desde entonces sintió para siempre los dolores punzantes de tal corona en sus sienes. Y así se le representa iconográficamente. Al poco tiempo, igual estando orando, se le apareció Cristo glorioso diciéndole: “Hija mía, ¿querrías estar en mi cruz?", a lo que ella contestó: “¡¿Cuándo, amorosísimo Señor, dulce Esposo y único dueño de mi corazón, merecí yo favor tan grande?! Pero, aunque me reconozco indigna de tanta dicha, abrazo la cruz con todo gusto y alegría, si así es vuestra voluntad”. Y en ese instante recibió los estigmas de la Pasión de Cristo de forma espiritual, es decir, sin que fueran visibles para los demás, pero teniendo todos sus efectos y dolores, y quedó llena del Espíritu Santo. 

Tras un breve tiempo en el cual tuvo que irse a Valladolid con su familia, María Ana regresó sola a Madrid, y es en esta ocasión en la cual se le atribuye la frase “de Madrid al cielo”, señalando que solo volvería a dejar la ciudad para irse a la gloria. Pero es solo una versión más de dicha frase. En 1606 se estableció en una pequeña casita cerca donde hoy está la iglesia de Santa Bárbara (o las Salesas Reales). Allí vivía pobremente, trabajando para mantenerse y para hacer caridad. Oraba gran parte del día, asistía a misa y a las devociones. Durante un tiempo la acompañó una devota mujer llamada Catalina de Cristo, que puso a prueba su paciencia pues era una mujer gruñona y su fervor no estaba moderado. La santa la sufrió hasta que la misma Catalina, creyéndola poco rigorista, la dejó. En ocasiones la visitaban damas (la reina Margarita, por ejemplo) o prelados de Madrid u otras partes de España, para pedir consejo o instruirse en el camino del cielo. Su fama de santa llegó al papa Pablo V, quien le autorizó gustosamente a convertir parte de su humilde casa en oratorio donde pudiera cantarse misa y reservar el Sacramento. En 1613 una terrible sequía azotó Madrid y varios prelados le pidieron redoblase sus súplicas para alcanzar lluvia a los campos. Así lo hizo y en breve el milagro ocurrió.

Pero esta vida de beata no era el culmen de sus aspiraciones, por ello, el 20 de mayo de 1614, miércoles de la Octava de Pentecostés tomó el hábito mercedario e hizo profesión al año siguiente. No parecía sino que María Ana había nacido en el convento. Era tan humilde que la obediencia no le costó a pesar de haber vivido sola durante mucho tiempo. No tenía resabios de mandar, ni creía que nadie debía guiarla. Todo lo contrario, se dejaba guiar por la priora y sus superiores como si de vida religiosa no supiera. Su caridad para con las hermanas era proverbial, siempre desviviéndose por los demás. Su vida en el convento fue mucho más escondida que mientras vivía en el mundo. Dejó de recibir, se escondió en Cristo y en estar ante el Sacramento  considerando la Pasión de Cristo gastó sus 10 años de monja.

Rostro incorrupto
de la Beata.
El 11 de abril de 1624 sintió un terrible dolor en el costado, teniendo que guardar cama, por obediencia. Allí recibió la Extremaunción, la bendición apostólica, y los parabienes de los reyes y el papa. Las monjas se enfervorizaron todas viendo tanta dulzura en su rostro a pesar de los dolores que sentía. El 17 de abril arrimó a su pecho un crucifijo y entró en éxtasis, y apenas salió de él para entrar a la Vida Eterna. Tenía 59 años. Al punto, su piel se volvió tersa, el rostro apareció sonrosado y relajado, y, sobre todo, un suave olor como de manzanas se esparció por todo el convento y por la iglesia, y fue sentido por la multitud que allí esperaba despedir a su querida monja mercedaria.

Los funerales fueron muy sentidos, entre el llanto y el júbilo de numerosos milagros que ocurrieron entre los que tocaron su santo cuerpo.  En 1627 se abrió el sepulcro, hallándosele incorrupta, y se expuso para los devotos. Nuevamente el suave olor se dejó sentir. Lo mismo se certifica en 1731, 1815, 1924 y 1965. Fue beatificada el 18 de enero de 1782 el papa Pío VI. Su proceso de canonización se reabrió luego de un posible milagro ocurrido en 1997. Cada 17 de abril su cuerpo incorrupto es expuesto para la devoción de los fieles, y el olor a manzanas vuelve a sentirse. Es copatrona de Madrid. 


Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Diciembre. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.
-"Glorias de la Beata Maria Ana de Jesús. FR PEDRO DEL CORAZÓN DE JESUS. OM. Salamanca 1783. 


A 17 de abril además se celebra a

Bto Bautista Mantuano,
carmelita
.
San Aniceto, papa.
Beato Roberto de
Chase Dieu, abad
.
San Rodolfo de Berna,
niño mártir
.










   

lunes, 29 de marzo de 2021

Desobediencia y castigo.

Beata Juana María de Maillé, virgen terciaria franciscana. 29 de marzo. 

Nació el 14 de abril de 1331, en una familia noble. Sus padres fueron los barones Hardouin I de Maille y de Juana de Montbazon. Desde niña fue muy piadosa y amante de todo lo que se relacionara con Dios. A los 7 años de edad murió su padre y la familia se trasladó a vivir con el abuelo, un hombre bueno, pero de un carácter imponente. La niña Juana hizo un voto de castidad perpetua y a los 12 años era asidua a todos los actos religiosos que podía y su caridad era inmensa.  

A pesar de haber expresado su intención de ser religiosa, en 1343 su abuelo la comprometió con el barón Roberto II de Sillé. Juana obedeció, pero le recordó al abuelo que no podía quitarle una esposa a Jesucristo sin que nada pasara. Y pasó: el abuelo de Juana falleció repentinamente el mismo día en que ella contraía matrimonio. Viendo esto el esposo, le permitió su vida de piedad y no la tocó jamás, permitiéndole que conservara su virginidad. No era un hombre especialmente piadoso, pero sí temeroso de Dios y realmente no quería le ocurriese lo mismo que al abuelo de Juana. 

El matrimonio duró poco, pues Roberto murió en 1362, a causa de las heridas recibidas en una de las batallas de la Guerra de los 100 años entre Francia e Inglaterra. Juana ya libre del todo, se dedicó a la oración y la caridad. A pesar de haber perdido toda su fortuna por las pendencias del marido. Ella no tenía nada para sí misma, pero aún tenía para dar a los pobres. Sus suegros la culparon de todos los males de su hijo muerto, le robaron lo que le correspondía y la echaron de la casa familiar. Intentó volver a casa de su madre, pero cuando esta comenzó a buscarle un nuevo marido, huyó de allí para servir como sirvienta en el hospital de San Martín. 

En 1388 tomó el hábito de terciaria franciscana y comenzó una vida de reclusión en una pequeña celdilla junto a la iglesia de los terciarios franciscanos en Tours, los “cordeliers”. Oración, penitencia, trabajo manual y caridad es el resumen de su vida penitente y austera. Tuvo numerosas gracias místicas y dones como la profecía. Fue al encuentro del Divino Esposo el 28 de marzo de 1414, luego de una larga vida toda para Cristo.  

Fue sepultada en el cementerio local, pero poco después se le trasladó a la iglesia donde había vivido. Junto a su sepultura se verificaron milagros y curaciones, y el culto se consolidó. Las reliquias fueron profanadas en 1562, pero la devoción aún continúa. El papa Pío IX la beatificó el 27 de abril de 1871. 


A 29 de marzo además se celebra a 

Beato Raimundo Llull,
mártir.
San Cirilo,
diácono mártir
.
San Armogasto
y otros mártires.
San Bertoldo,
II General Carmelita
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Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...