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viernes, 23 de abril de 2021

"Soy feliz por poder ofrecer algo por amor de Jesús"

Beata María Gabriela Sagheddu, virgen trapense. 23 de abril.

María Gabriela nació en Cerdeña, en la población de Dorgali, el 17 de marzo de 1914. Vino al mundo en una familia de campo, que se ganaba la vida cuidando el ganado de un terrateniente. Muy pequeña perdió a su padre y tuvo que apoyar a la familia trabajando como los mayores.  

Desde adolescente se comprometió con su parroquia en la actividad apostólica. Fue catequista, asisía diariamente a misa, formó parte de Acción Católica. Poco a poco, y con la ayuda de su director espiritual fue teniendo más vida de oración, meditación, comunión diaria. Aunque en un principio no se veía inclinada a la vida religiosa, rechazó varios pretendientes. Y no le faltaban pues fue una mujer muy bella. Pero ella, no deseosa del matrimonio por el momento, fue desechándoles. A los 21 años, luego de un profundo discernimiento,  entró en el monasterio cisterciense de Grottaferrata, en septiembre de 1935. 

Fue una religiosa dócil y obediente, pero no porque esto no le costara, sino porque vio en la obediencia perfecta el modo de ser santa. aún sin tener aptitudes para el canto, cosa importante en la vida monástica, aceptó obedientemente ser monja de coro, con la esperanza de que la obediencia supliera su deficiencia. Diría en alguna ocasión: "He entendido realmente que glorificar a Dios y el ser víctima no consiste en hacer grandes cosas sino en el total sacrificio del propio yo". En una de sus cartas se lee: "Es una gran gracia vivir en el monasterio, donde todas las acciones, aún las más simples, cuando se hacen por obediencia, aportan un gran mérito".  

En 1937 emitió sus votos monásticos, imbuida en un movimiento espiritual, promovido por el abad Couturier, que buscaba trabajar y orar por la unidad de los cristianos. Por ello tomó el sobrenombre religioso de "de la Unidad" . En 1938 el monasterio de María Gabriela celebró un Octavario por la Unidad de los Cristianos, que terminaría el 25 de enero (es el origen del Octavario que hoy celebra la Iglesia toda). Al término, María ofreció a Cristo su consagración religiosa por esta intención. Días más tarde pidió a la abadesa María Pía Gullini poder ofrecer su vida entera por la consecución de una sola Iglesia. "Siento que el Señor me lo pide. Me siento impulsada a ello incluso cuando no quiero pensar en ello", dijo a la abadesa. Esta, de acuerdo a su confesor, le autorizaron el ofrecimiento. se preparó a este con una confesión general, varios días de penitencia y ayuno, y constante oración. 

Poco tiempo después, en la cuaresma de ese mismo año, supo que su holocausto había sido aceptado: se sintió débil y se le desató la tuberculosis. confesaría a su director espiritual: "desde el día de mi ofrecimiento, no he pasado un sólo día sin sufrir. Soy feliz por poder ofrecer algo por amor de Jesús". El último año de su vida, marcado por el sufrimiento, fue fecundísimo. Dio excelentes ejemplos de paciencia, caridad y oración a quienes la cuidaron. Cada una de sus penas las ofreció por la unidad de todos los cristianos.  

María Gabriela entró a la paz del cielo el 23 de abril de 1939, con 25 años de edad y 3 de vida religiosa. Su ejemplo pronto fue tomado como referente por los movimientos ecuménicos cada vez más pujantes en los años 40 del siglo XX. En 1946 se publicó su primera biografía, lo que la hizo más conocida aún, y admirada incluso por protestantes y anglicanos. Su monasterio también tomó su legado, abriéndose al ecumenismo, dialogando con otros cristianos y organizando encuentros de oración cada año. Pero era demasiado pronto para ello, y Roma reaccionó en 1951 deponiendo a la abadesa  y regañando fuertemente a la comunidad. 

En 1957 las reliquias de María Gabriela se trasladaron al monasterio de Vitorchiano, luego de la supresión de el de Grottaferrata. El papa Juan Pablo II la beatificó el 25 de enero de 1983. Era el último día, como no, del Octavario de oración por la unidad de los cristianos.  


A 23 de abril además se celebra a

San Adalberto,
obispo y mártir
.
San Jorge, mártir.
San Juan de Holar,
obispo
.
San Ibar de Beggeri,
obispo
.





sábado, 12 de agosto de 2017

"¡También somos cristianos!" Y hasta el final.

Santos Aniceto y Focio de Bitinia, mártires. 12 de agosto.

Padecieron bajo la persecución de Diocleciano y algunas versiones les hacen hermanos, otras tío y sobrino. Poco se conoce de ellos, salvo escuetas Actas. Según estas, fueron apresados por ser cristianos y estuvieron en prisión tres años, condenados a trabajos en ocasiones, y en otras padeciendo aislamiento, sin que nadie se ocupara de juzgarles. Al cabo de estos tres años y pasando el emperador por Bitinia, Nicomedia, se le quiso ofrecer un espectáculo de juicio y condena de cristianos y se les sacó de la cárcel.

Fueron metidos en agua hirviendo, pero los santos salieron de ella invictos. Luego se les metió en un horno encendido, pero no padecieron hasta que ellos mismos suplicaron a Dios que les llevara a su reino, y expiraron. Entonces muchos que vieron tan prodigio, gritaron "¡también somos cristianos!" y todos fueron decapitados.


A 12 de agosto además se celebra a
Beato Isidoro Bankaja, mártir.
San Alejandro "el Carbonero", obispo.

jueves, 24 de mayo de 2012

María, Auxilium Christianorum

María Auxiliadora.
Santuario del Tibidabo, Barcelona.
El 24 de mayo celebran la familia salesiana y algunas iglesias locales, la memoria de María Auxiliadora de los Cristianos. Es esta una enseñanza católica antigua, aunque no como título propio o advocación. Ya San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal), en el siglo IV, dirá “Tú, María, eres Auxilio poderoso de Dios". San Juan Damasceno (4 de diciembre), amante de María dice: “Auxilium promptum et paratum christianorum erípiens nos a periculis”. Se dice que es este santo quien acuña la jaculatoria “María Auxiliadora, ruega por nosotros”.

La primera institución del título y festividad litúrgica, la hallamos en Ucrania, en el siglo XI, luego de la victoria contra los paganos invasores. El príncipe Metislao y la Iglesia celebraron a María Auxiliadora de los Cristianos, y así hasta hoy, cada 1 de octubre. Pero la oficialización para toda la Iglesia llegaría en 1542, luego de la batalla de Lepanto, en que comenzó a decidirse la expulsión de los musulmanes de Europa, y que sería definitiva en la batalla de Viena. San Pío V (30 de abril), que había pedido a la cristiandad orase por el triunfo, mandó añadir en la Letanía Lauretana, la súplica “Auxilium Christianorum, ora pro nobis”. Y así aparece en una edición de 1558, atribuida a San Pedro Canisio (21 de diciembre) de esta Letanía, por primera vez como título o alabanza mariana.

En 1624, con el recuerdo de Lepanto y del auxilio potente de María, los católicos de Baviera se alzan contra los protestantes invasores y la imagen de Lucas Cranah se convierte en estandarte de lucha. Tanto es así, que luego de esto, muchas imágenes del autor, o parecidas, se comienzan a llamar así: María Auxiliadora y no por gusto es Alemania el país con más templos y altares dedicados a María, Auxilium Christianorum, en diversas imágenes que no se corresponden con la acuñada por la imaginería dulzona de molde y que conocemos de sobra.

María Auxiliadora. Manacor.
Otro hito definitivo en la advocación es la liberación de Pío VII de manos de Napoleón, en 1814. El papa, agradecido a María, declara que el 24 de mayo, día de su entrada a Roma, será la festividad de María, Auxilio de los Cristianos 1, aunque nunca fue inscrita como festividad mariana en el calendario oficial de la Iglesia. Es este espíritu de devoción y agradecimiento lo que recogerá San Juan Bosco (31 de enero) para nombrarla Madre y Patrona de su obra a favor de los niños y jóvenes pobres. El santo vive estas experiencias de los destierros de Pío VII y Pío IX, como verdaderos peligros de la Iglesia y la sociedad, la repetición de los tiempos aciagos de Lepanto o Viena. Dirá el santo que la protección mariana concierne a “las naciones, los ejércitos y príncipes católicos, cada uno de los fieles y de los infieles, en lo que atañe al alma y a los bienes sobrenaturales, y también al cuerpo y a los bienes materiales”. Es decir, de la Iglesia y las naciones representadas en sus individuos y sus asociaciones, intereses y necesidades particulares. La advocación no solo recuerda la protección mariana sobre la Iglesia Universal y la cristiandad (en cuanto esta hoy ha de ser asumida no ya como conjunto de países confesionalmente católicos, sino en cuanto a la humanidad en la que aún subyacen valores cristianos), sino de las personas por separado, y sobre la individualidad de cada cristiano. Lo cual hay que agradecérselo, pues María Auxiliadora deja de ser una belicosa advocación ligada a guerras y peleas, para aparecer como Madre bondadosa de todos. Juan Bosco le edifica un bello santuario en Turín, diseñando el mismo la imagen harto conocida y que no siempre es reproducida con acierto estético, como apunté antes.

Lienzo que preside la Basílica
de María Auxiliadora de Turín.
La maternidad espiritual de María sobre la Iglesia, su mediación universal, y figura de la nueva Eva, hacen que su misión en la Iglesia sea esa precisamente: Ser auxilio constante de sus hijos. Pío XII dirá: 
“No sólo la doctrina encerrada en el título, sino el mismo título “Auxilium Christianorum” se encuentra con frecuencia en los labios y en los escritos del supremo Pastor, como si fuera entre los títulos marianos tradicionales el más apto y apropiado para expresar la verdad de la mediación social de María hacia la Iglesia católica”.
En 1965, con el Concilio Vaticano II, el Beato Juan XXIII (11 de octubre) llama a María “Auxiliadora, Medianera, Socorro y Abogada”. Si alguna advocación mariana pudiera resumir todas las apariciones de la Virgen a lo largo de la historia, siempre alentando, protegiendo y comunicándose a los pueblos sería esta: Auxilio de los Cristianos.

Y termino, como no, con una cita de Don Bosco:
“María (…) llegando a ser madre en el Calvario, no sólo obtuvo el título de Ayuda de los Cristianos, sino también el oficio, el magisterio y el deber de tal. Nosotros tenemos, pues, un sagrado derecho de acudir a la ayuda de María. Este derecho está consagrado por la palabra de Jesús y garantizado por la ternura maternal de María”.


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1 Curiosamente, el 24 de mayo se celebran tres advocaciones marianas relacionadas con auxilios en momentos difíciles: Nuestra Señora la Blanca, en Plontevoy (tormentas) y Nuestra Señora de la Strada (epidemias) y Nuestra Señora de Wollfahrtshofen, Alsacia (conversión de protestantes


El 24 de mayo, además se celebra a:

Santa Afra de Brescia,
virgen y mártir
.
San Vicente de Lérins,
monje
.
 
San Juan Estilita.
La Traslación de
Santo Domingo
.

  




Santa Almedha, virgen y mártir.

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