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martes, 8 de junio de 2021

“Preciosa es delante del Señor la muerte de sus Santos”.


La leyenda. 
Vivieron allá en el siglo III, en un pueblo llamado Pera, de la comarca del Ampurdán. Los santos hermanos Germán y Paulino, hijos de Liro y Floris, eran primos de Justo y Sicio, hijos de Siro y Gélida. Además, entre sí eran primos hermanos, pues Liro y Siro eran hermanos, así como Floris y Gélida eran hermanas.  

Todos eran paganos, pero honestos. Estando encinta, Floris tuvo un sueño en el que veía salir de ella un gran fuego que iluminaba la tierra entera. No hizo caso, mas, siendo nacidos los gemelos Germán y Paulino, recibió la visita de varias mujeres a las que relató lo ocurrido. Había entre ellas una cristiana llamada Fecunda. Esta mujer quedó llena del Espíritu Santo y le reveló a Floris el significado de su sueño: aquellos dos niños serían luz para la lglesia del Único Dios. Al punto, la persuadió a que aceptara la fe de Cristo como única verdadera. Fue tanta la inspiración, que Floris creyó en Cristo, aunque no lo dijo. A los pocos días falleció, siendo bautizada. 

Los bebés pasaron a casa de sus tíos Siro y Gélida, quienes los aceptaron como verdaderos hijos, junto a sus propios hijos, Justo y Sicio. A los pocos días Floris se apareció a Gélida muy hermosa y resplandeciente, diciéndole a su hermana que buscara al presbítero Esteban de los cristianos, para que algún día pudiera estar tan bella como ella. Gélida lo hizo en el acto y halló a Esteban, un presbítero ermitaño, quien ya sabía de su visita, por revelación. Esteban la convirtió a la fe cristiana, y a los tres días la bautizó.  

Crecieron los niños en la fe pagana, aunque Gélida era cristiana. Entretanto, Liro se había casado con una mujer llamada Florencia, de la cual tuvo un hijo enfermizo. Gélida convenció a Florencia para que se convirtiera y su hijo hallara la salud. Esta accedió, se bautizó y al instante el niño se volvió rozagante y sano. Acto seguido, Esteban celebró la misa donde Florencia recibió la Eucaristía. Los niños Germán, Paulino, Justo y Sicio miraron por una rendija y vieron a Cristo en hermosa majestad sobre el improvisado altar. Entraron en tromba pidiendo el bautismo, y con tan energía, que Esteban les bautizó apenas terminó la misa. Y he aquí que llegó Liro, quien no entendiendo nada, sacó una espada para matar al presbítero, pero quedó paralizado. Entonces Florencia le enseñó al niño sano y Liro se convirtió a Cristo. Tiempo más tarde se convertiría Siro al ver a un ángel protegiendo a Gélida mientras hacía oración. 

Y llegamos, que ya era hora, a la edad madura de nuestros cuatro santos. Ninguno se casó, son que vivían castamente y vírgenes. Los cuatro trabajaban la albañilería y escultura, siendo excelentes en su trabajo. En breve, los santos hemanos, que podemos llamarles así, se dieron a conocer en la comarca por su trabajo, su vida recta y hasta milagros. Así, dícese que sanaron milagrosamente a un peón que cayó de un andamio y quedó baldado. O que en Flassa encontraron a un mudo, sordo y ciego, al que dijeron: “habla, oye, ve, y alaba al único Dios nuestro Señor”. Y así pasó. En Monells libraron a un endemoniado, y en Gerona repitieron lo que San Pedro, quien dijo a un cojo: “En el nombre del Señor álzate y camina”. Y también así pasó. 

En Gerona estaba el feroz Rufino, perseguidor de los cristianos en nombre del Prefecto Daciano, quien hacía cumplir los edictos de los emperadores Diocleciano y Maximiano. Supo Rufino de la llegada de nuestros cuatro santos a la ciudad y los mandó llevar a su presencia. Luego de examinarles en su trabajo, les encargó le hicieran unas esculturas de algunos dioses para los templos. Germán le respondió: "Todos los dioses vuestros son demonios. No hay sino un Dios, que ha hecho el cielo y la tierra. Me admira que quieras te hagamos los dioses, pues los haríamos mejores de lo que son ellos. Pues es cierto que es mejor el artífice, que no el artefacto. Por lo que debes conocer al creador del cielo y de la tierra, que por su misericordia ha enviado su Hijo nacido de María Virgen, y padeció por los hombres, habiendo después resucitado, y subido al cielo por su propia virtud. Este es el verdadero Dios, Rey de Reyes, y Señor de Señores".  

Rufino mandó los encarcelaran a todos, privándoles de alimentos, pero un ángel les alimentó durante la semana que duró su cautiverio. A los 8 días volvieron a la presencia de Rufino, quien mandó los azotaran con látigos de plomo. Volvieron al calabozo, y allí fueron sanados por el ángel. A los tres días volvieron a comparecer ante Rufino, quien, al no lograr que adorasen a los ídolos, mandó que a Germán le aplastasen la cabeza entre dos piedras, que a Paulino le degollasen, a Justo le decapitasen y a Sicio que fuera quemado vivo. Las sentencias fueron ejecutadas en un valle hoy llamado de San Daniel. Al punto de ser martirizados, se oyó una voz del cielo: “Preciosa es delante del Señor la muerte de sus Santos”. (Sal 115). Era el 31 de mayo de 304. Los cuerpos de los santos quedaron en un descampado, hasta que algunas mujeres devotas tomaron los cuerpos en la noche, y les dieron sepultura en lo que sería la iglesia de Sant Feliu.  

La historia.
A inicios del siglo VIII haciendo unas obras en la iglesia de Santa María (hoy Sant Feliu) se halló un sepulcro donde había unos cuantos huesos y una inscripción con los nombres de cuatro hombres. Sin más, se les tomó por mártires locales y se les comenzó a rendir culto. En 788, expulsados los moros del principado, el emperador San Carlomagno (28 de enero) hizo trasladar solemnemente las reliquias de los santos a la catedral de Gerona. Como su invención había ocurrido durante unas obras, comenzaron a ser invocados por los canteros, escultores y picapedreros, dando origen a la leyenda de que ellos mismos lo habían sido. 

En 1419 fueron proclamados patronos de Gerona y del Bajo Ampurdán. Su fiesta litúrgica era a 31 de mayo, mas la concurrencia con las solemnidades de Pentecostés o Trinidad en ocasiones impedían la solemnidad de los santos, por lo cual el 30 de mayo de 1420 se dictó que su fiesta fuera siempre el lunes posterior a Trinidad. Tuvieron gran culto en Gerona, por parte del gremio de canteros, pero hoy es solo un recuerdo y para la diócesis aún son Memoria Libre.

Sobre el resto de la leyenda antes descrita, pues data del siglo XIII y no tiene la más mínima credibilidad, ni siquiera en que sean santos locales, pues bien pueden ser reliquias de otros mártires lejanos, trasladadas en algún momento olvidado. Los Bollandistas, por supuesto, la han echado por tierra, y con ellos otros hagiógrafos.  

Fuentes:
-“Historia eclesiástica de España: Volumen I. VINCENTE DE LA FUENTE. Madrid, 1873.
-“Historia de Cataluña y de la Corona de Aragon”. Volumen 1. Barcelona 1890. 

A 8 de junio además se celebra a:








 


 


  

sábado, 3 de abril de 2021

"Obedezco la santa doctrina del Dios viviente"

Santas Ágape, Chionia, Irene y compañeros mártires de Tesalónica. 3, 5, 16 de abril y 22 de diciembre. 

Santas Irene y Casia.
Ágape, Chionia e Irene, eran tres hermanas, vírgenes consagradas a Dios en Tesalónica, imperando Diocleciano. Vivía en Aquileia un anciano presbítero llamado Zoilo, quien había sepultado piadosamente al mártir San Crisógono en el sótano de su casa. Como era un hombre temeroso de Dios, el mártir Crisógono se le apareció y le anunció que en nueve días las tres jóvenes Ágape, Chionia e Irene serían capturadas y martirizadas. Además, le indicó que Santa Anastasia debía prepararlas para el tormento que les alcanzaría la gloria. Así lo hizo, llamando a Anastasia, la cual alertó a las jóvenes, les arengó a que permanecieran fieles a Cristo y luego las dejó para que se preparasen orando. 

A los 9 días exactos, las muchachas fueron apresadas y llevadas ante el emperador Diocleciano, quien se hallaba en Tesalónica de paso a Macedonia. El monarca les conminó a que abandonaran su fe y adoraran a Jesucristo. Ágape le respondió: "Tuyo es el cuidado de la nación, tuyo el cuidado de la república, tuyo el cuidado del ejército, ¿y hablas así contra el Dios vivo, sin cuya ayuda no puedes hacer nada?" El emperador se volvió hacia Chionia y le espetó: "Realmente, tu hermana está loca". "Mi hermana está en su sano juicio - contestó Chionia - y con razón rechaza tus injustas ofertas". Luego Diocleciano se dirigió a Irene, pidiéndole fuera más sabia que sus hermanas mayores. Respondió Irene: “¿Es que tiene sentido adorar un ídolo hecho por un artífice, y hecho como el artífice desea? A veces sentado, a veces de pie; si el artífice quiere, pone una sonrisa en la cara de su dios, si quiere, pone lágrimas en sus ojos; si le gusta, el dios está haciendo una travesura en un dedo del pie, o si no, está tirado en el suelo. Pues yo prefiero seguir la locura de mi hermana". 

Entonces Diocleciano las mandó a prisión y siguió su camino a Macedonia, ordenando que las enviasen a su presencia en esta ciudad. Quedaron las jóvenes al cuidado del Gobernador Dulcidio. Este, a los pocos días, las hizo comparecer ante él junto con otras tres mujeres llamadas Casia, Filipa y Eutiquia, y un hombre llamado Agatón. 

Les dijo Dulcidio: "¿Sois realmente tan rebeldes que vais contra las órdenes del César y del Emperador?" Y dijo a Agatón - “¿por qué te niegas a comer la carne de sacrificio de nuestros dioses; no es eso lo que todo el mundo hace?". "Porque soy cristiano" fue la respuesta. Inquirió Dulcidio a Ágape: “Y tú que crees de esto?". "Creo en el Dios vivo – dijo la santa - y no quisiera destruir de una sola vez todo lo que Él ha construido hasta ahora." Y luego preguntó a Chionia: "¿Y qué tienes que decir a eso?" Ella respondió "Creo en el Dios vivo, y por lo tanto no puedo obedecer al emperador". Luego preguntó a la pequeña Irene: "¿Por qué no obedeciste las órdenes de los emperadores?". Ella dijo: "Porque temo ofender a Dios". 

Se volvió Dulcidio a Casia: “¿cuál es tu respuesta?". "Quiero salvar mi vida", dijo ella. "Pero entonces –le dijo Dulcidio - deberías participar en nuestras cenas de sacrificio”. "¡Dios me salve de tal crimen!", replicó Casia. Luego se dirigió a Filipa: "Y tú, ¿piensas lo mismo que estos otros?". Ella le constestó mirándole fijamente: "De hecho, prefiero morir antes que levantar un dedo por tus sacrificios”. Y a Eutiquia le preguntó si era tan impudente como los demás, estando embarazada, a lo que ella le respondió firmemente que pensaba lo mismo y que prefería la muerte antes de hacer lo que se le pedía. Por estar embarazada fue llevada a una cárcel donde se esperó que diera a luz para martirizarla. 

El interrogatorio tercero ocurrió así: fueron convocadas las hermanas mayores y Dulcidio preguntó a Ágape: "¿Estás segura de que no quieres seguir el ejemplo de todos los ciudadanos y obedecer a los emperadores?” "Yo no obedecería al diablo, así como estoy segura de que tú lo haces.", dijo la joven Se volvió el tirano a la segunda hermana: "Y tú, Chionia, ¿cuál es tu respuesta?" Y ella respondió: "Me atengo a mis sentimientos de antes". Insistió Dulcidio, "Pero tienes estos malvados libros y escritos cristianos, ¿no es así?" "No, no los tenemos – fue la respuesta - porque por orden de los emperadores nos los quitaron a todos". Dulcidio persitió con Chionia: "Dime, ¿qué es lo que te ha llevado a rendirte a estos sueños?". Chionia contestó: “Es la santa doctrina del Dios viviente y su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, y tenemos que obedecerla." 

Entonces Dulcidio proclamó la sentencia: "En vista de la persistencia con que Ágape y Chionia se aferran a la religión de los cristianos, que sin embargo está expresamente prohibida por los funcionarios religiosos del Estado, y en vista del desprecio de las órdenes divinas de nuestros emperadores y césares, las condenamos a padecer la incineración. Agatón, Casia, Filipa e Irene tendrán que permanecer en prisión hasta nuevo aviso". Y así, quemadas vivas, alcanzaron la corona y la palma de la victoria las dos invictas muchachas. 

Algún tiempo después, Dulcidio Irene se presentó ante ella y le dijo: "Tu locura ha sido probada de manera concluyente. Se le ha confiscado toda una pila de libros, escritos y panfletos que tratan de la doctrina de los cristianos, ese ser humano más bajo que se pueda imaginar. Cuando se enfrentó a ellos, todo lo que pudo hacer fue admitir, aunque aún negó haberlos mantenido en custodia. Es sorprendente que no te hayas vuelto más impulsiva después del castigo que tuvieron que soportar tus hermanas; seguramente ese será tu destino... ¿Tanto deseas morir? Pero tengo clemencia contigo. Todo lo que tienes que hacer es adorar a nuestros dioses; con eso, todo lo demás será perdonado y olvidado. Así que por última vez, ¿estás preparado para hacer lo que ordenan los emperadores y los césares? ¿Estás dispuesto a sacrificar?

Irene respondió: "Por supuesto que no. ¿Seguramente no querrás que sufra el castigo del fuego único? Ese es el castigo para aquellos que niegan al Hijo de Dios". 

D: "¿Quién te convenció para que escondieras esos libros durante tanto tiempo?

I: "Dios Todopoderoso, quien también es el que nos dice que lo amemos más que a nuestras vidas. Ahora entiendes por qué preferimos ser quemados antes sus escritos, porque estaríamos traicionando su causa". 

D: "Así, debe haber habido otros que sabían de estos escritos secretos

I: "Nadie lo sabía. Sólo Dios, pues nada permanece oculto para Él. Ni siquiera se lo habíamos dicho a nuestros esclavos, porque temíamos que nos traicionaran". 

D: "Y cuando se emitió la orden del Emperador el año pasado, ¿dónde te escondiste?

I: "Donde Dios nos llevó, en las montañas." 

D: "¿De dónde has sacado la comida?” 

I: "El Padre Celestial sabe lo que necesitamos". 

D: "¿Sabía tu padre natural sobre esto?

I: "No, él no sabía nada." 

D: "Pero seguramente debe haber habido conocidos o amigos que lo sabían." 

I: "Si quieres, puedes investigarlo." 

D: "Cuando volviste de las montañas, ¿quién estaba allí cuando leíste esos libros?". 

I: "Teníamos que mantenerlos cuidadosamente escondidos. Ni siquiera nos atrevimos a llevarlos de un lugar a otro. Así que puedes imaginar lo tristes que estábamos, que no veíamos la posibilidad de leer una línea de nuestros libros durante el día o la noche. Porque siempre lo habíamos hecho hasta la desastrosa decisión del emperador". 

D: "Tus hermanas han recibido su castigo. En realidad, te merecías el mismo castigo, pero he pensado en otra cosa. Estarás expuesta en un burdel completamente desnuda; no recibirás más comida que la que te traigan del palacio; estarás constantemente vigilada por soldados que se encargarán de que no huyas de tu lugar ni un momento". 

Durante este castigo Dios no permitió que nadie la tocara con un dedo. Podía mantener su pureza intacta. Por tercera vez, el gobernador la hizo gritar: "¿Sigues persistiendo en tu terquedad y desobediencia?" "Lo que tú llamas terquedad - respondió Irene - yo lo llamo reverencia a Dios. Así que me atengo a mis sentimientos". Y respondió Dulcidio, "entonces debes sufrir el castigo que mereces." Luego obtuvo una tablilla y escribió: "Como Irene se negó a obedecer a los emperadores y a sacrificar a los dioses, y como sigue aferrada a la secta de los cristianos, ordenamos que sea quemada viva, como sus hermanas". 

Y así terminó Irene, aunque otras versiones nos dicen que murió asaeteada, el 25 de marzo del mismo año. Reliquias suyas hay en la iglesia de San Martino ai Monti, Roma. 


Fuentes:
-Vidas de los Santos. Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-”Las Catacumbas, o, Los mártires: historia de los tres primeros siglos del cristianismo”. JOSÉ MUÑOZ MALDONADO. México, 1850 


A 3 de abril además se celebra a 

Santa Fara,
abadesa
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San Ricardo ,
obispo
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San Pancracio,
obispo y mártir
.
Beata Alejandrina,
virgen clarisa
.






martes, 9 de marzo de 2021

Hermanos, mártires y no legendarios.

Santos Cancio, Canciano y Cancianilla, mártires. 9 de marzo, 31 de mayo; 13 de abril, Invención de las reliquias; 1 de abril, traslación de las reliquias a Hildesheim. 

Su culto en Aquae Gradatae, Italia, es antiquísimo, datado casi desde el tiempo del martirio a tenor de la lápida laudatoria de su martirio que se venera en Isonzo. La leyenda ya es otra cosa. Según esta, los tres eran hermanos y de la casta de los Anisios. Habiéndose convertido al cristianismo por la predicación de su tutor San Proto, huyeron de Roma al iniciarse la persecución de Diocleciano, luego de vender todas sus posesiones en favor de los pobres y los presos. 

Fueron capturados en Aquae Gradatae, Aquileia, donde fueron decapitados por Cristo, junto a su mentor, en el año 290, gobernando Sisinio. Su sepultura fue venerada en secreto por los cristianos durante unos 50 años, hasta que, llegada la paz de la Iglesia, se edificó una basílica en su honor, a mediados del siglo IV. En el siglo V San Máximo de Turín (25 de junio) les dedicó un hermoso sermón, lo cual nos habla también de lo antiguo del culto. En el altar mayor de su basílica reposan la mayor parte de sus reliquias, y otra parte se trasladó en el siglo XI a Hildesheim, donde gozaron de gran culto. 


A 9 de marzo además se recuerda a:

San Bosa de York,
obispo
.
San Gregorio de Nisa,
obispo
.
San Bruno de Querfurt,
obispo mártir
.









MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.


 

jueves, 21 de enero de 2021

De palomas, leones y lanzas.

San Neófito de Nicea, niño mártir. 21 de enero.

Sus Actas están mezcladas con relatos legendarios y, claro está posteriores. Su leyenda cuenta que desde su nacimiento en 286 Neótifo estuvo dotado de dones sobrenaturales, de hecho, revivió a su difunta madre, muerta del parto. Con 5 años una paloma sobrenatural le condujo al Monte Olimpo, donde un león le dejó su cueva para que se instalara allí a hacer vida eremítica.

A los 15 años supo de la persecución feroz hacia los cristianos desatada por el emperador Diocleciano, y sin esperar ni un minuto, se presentó en su natal Nicea para acompañar a los cristianos en su suplicio. Fue rápidamente apresado y sometido a la flagelación. Le arrojaron al fuego, pero salió ileso, y luego le soltaron un león para que lo devorara, pero el animal se acercó sin hacerle daño alguno. Vio Neófito que era el mismo león que le había cedido su cueva y, sabiendo que ya solo le quedaba el cielo, autorizó a la criatura que volviera a su guarida. Y la bestia escapó del circo. Finalmente, Neófito subió al cielo luego de ser atravesado su corazón con una lanza, el 22 de enero de 302. 

El Concilio de Nicea hace referencia somera a su martirio, aunque sin mencionar los aspectos legendarios, solo referenciando su martirio.

Fuente: 
https://heiligen-3s.nl


A 21 de enero además se recuerda a:



domingo, 12 de agosto de 2018

"me regocijaré de morir por Jesucristo".

San Euplio de Catania, diácono y mártir. 12 de agosto.

Euplio era diácono de Catania, Sicilia. El 12 de agosto de 304, imperando Diocleciano y Maximiano, fue arrestado por su fe cristiana y llevado ante el gobernador Calvisiano. Antes de entrar a los interrogatorios pertinentes, Euplio gritó para ser oído por todos: "Soy cristiano, y me regocijaré de morir por el nombre de Jesucristo". Entonces Calvisiano mandó fuera traído a su presencia antes que todos los demás cristianos que allí había. Euplio entró con los Santos Evangelios en la mano, aunque uno de los amigos de Calvisiano, llamado Máximo, le advirtió: "No deberías guardar tales escritos, pues eso contraría los edictos de los emperadores".

Calvisiano tuvo curiosidad y le pidió que leyera algo. Euplio abrió el Evangelio de San Mateo y leyó: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5, 10). Y luego: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". (Mt 16, 24). Al oír estas palabras el juez preguntó a Euplio que significaban. "Es la ley de mi Señor, que me sido entregada", respondió Euplio. Calvisiano le preguntó: "¿Entregada por quién?" Contestó Euplio: "Por Jesucristo, el Hijo del Dios viviente".

Entonces Calvisiano dijo a los asistentes:"Ya que su confesión hace que su desobediencia manifiesto, que sea entregado a los verdugos, y sometido al potro de tortura." Mientras atormentaban al santo, Calvisiano le preguntó si insistía en su anterior declaración y Euplio, por toda respuesta hizo la señal de la cruz en su frente diciendo: "Lo que dije antes, ahora lo declaro otra vez. Soy cristiano y leo las Sagradas Escrituras". Calvisiano ordenó que doblaran las torturas, y Euplio respondió a ello clamando a Cristo: "Te doy gracias, Señor Jesucristo, de sufrir por tu causa: sálvame, te lo suplico."

Luego de esto, hicieron una pausa en el tormento. Y le dijo Calvisiano: "Deja a un lado tu locura; adora a nuestros dioses, y serás puesto en libertad." "Yo adoro a Jesucristo; detesto a los demonios. Haz lo que quiera; añade nuevos tormentos; porque yo soy cristiano. Hace mucho que deseo estar en la condición en la que estoy ahora." "Desdichado" – insisitió el gobernador – "adora a los dioses; a Marte, Apolo y Esculapio." Mas Euplio respondió: "Adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Adoro a la Trinidad, junto a la cual no hay Dios". Calvisiano apuntó: "Sacrifica si quieres ser liberado". Y le replicó Euplio: "Me sacrifico ahora a Jesucristo, mi Dios. Todos tus esfuerzos por moverme no tienen ningún propósito. Soy cristiano." Entonces Calvisiano dio órdenes de aumentar, una vez más el sufrimiento del santo diácono.

Mientras le martirizaban con peines de hierro Euplio oró así varias veces: "Te doy gracias, Dios mío; Jesucristo, socórreme. Es por tu nombre que soporto estas agonías". Cuando le faltaron las fuerzas para hablar, continuó moviendo sus labios, musitando la misma oración. Entonces Calvisiano, cansado de aquello, dictó la sentencia de muerte, que fue leída al público: "Euplio, cristiano, despreciando los edictos de los emperadores, blasfemando a los dioses y no arrepintiéndose, es condenado a muerte a espada". Le colgaron los Evangelios al cuello, como signo visible de su condena. Entretanto lo llevaban a las afueras, un heraldo iba delante suyo clamando: "Euplio, cristiano, enemigo de los dioses y de los emperadores". Mas el santo anunciaba a los demás: "Gracias a Cristo, Dios mío". Llegado al lugar del suplicio, inclinó la cabeza con determinación y fue decapitado. Los cristianos tomaron su cuerpo, lo enterraron piadosamente y veneraron su sepulcro.

Se conservan las Actas en griego, en una versión muy antigua, siendo una de las Actas martiriales más confiables que poseemos. Su nombre aparece en el martirologio pseudo-jeronimiano. En 645 se le dedicó una iglesia en Roma, homónima de la que ya existía en Catania en el siglo V para venerar sus reliquias.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

A 12 de agosto además se celebra a:

Beato Isidoro Bankaja,
laico mártir
.
Santos Aniceto y Focio
de Bitinia, mártires
.
San Alejandro
"el Carbonero", obispo
.







sábado, 11 de agosto de 2018

De la leyenda filoménica (diseccionada).

Santa Filomena, virgen y mártir. 11 de agosto.

Hace algunos años una persona, gran conocedora de mártires cristianas, se dio a la tarea de desmenuzar la leyenda decimonónica de Santa Filomena, para publicarla en mi blog. Hoy rescato esos textos, resumiendo o actualizando algunos datos y redactando con mi propio estilo, pero aún agradeciendo el trabajo.

De Santa Filomena mucho se ha escrito y dicho, el auge, declive y resurgimiento de su devoción aún dará para mucho que escribir. Ciertamente, fue un verdadero fenómeno digno de estudio desde varios puntos de vista. Hoy en día vemos casi normal que una devoción se extienda, pero es que hoy todo se extiende pronto, se “hace viral” en unas horas, para luego esfumarse y ser olvidado. Pero el siglo XIX, cuando comenzó y se extendió la devoción a Santa Filomena era otra cosa, las comunicaciones eran más lentas, no había la vorágine de información que hay hoy y había otras (sólidas o no) devociones que le hacían competencia. Ya me gustaría tener tiempo para estudiar más a fondo este asunto. Por hoy analicemos la leyenda, transcribiéndola por tramos y examinándola. Primero, un breve recuerdo de los hechos: El cuerpo de “filomena” fue hallado en 1802 en las catacumbas de Priscila. Su leyenda fue redactada en 1832, a partir de las supuestas revelaciones de la Venerable Sor María de Jesús. Y comienza así:
"Yo soy la hija de un rey de un pequeño Estado de Grecia. Mi madre también era de sangre real."

Sin embargo, en el tiempo en que habría padecido Filomena, a finales del mandato de Diocleciano, ya no existía ningún "pequeño Estado de Grecia", pues todos los pequeños "reinos" griegos habían desaparecido. Primero por la conquista de Alejandro Magno, luego por la descomposición de Grecia en otros territorios y finalmente, por la anexión paulatina de estos reinos al Imperio romano. En tiempos de César gran parte de Grecia eran solo provincias imperiales, por lo que 400 años después, en tiempos de Diocleciano, no existía rey griego alguno.
"No pudiendo tener hijos, mis padres continuamente ofrecían sacrificios y oraciones a los falsos dioses para obtener un niño. Nosotros teníamos en nuestra familia a un doctor de Roma llamado Publius, que era cristiano. Él se compadeció de la ceguera de mis padres, y especialmente tuvo compasión de mi madre por su infertilidad. Inspirado por el Espíritu Santo, habló a mis padres de nuestra Fe, y les hizo esta promesa: 'Si queréis un niño, bautizaos y abrazad la religión de Jesucristo'. La gracia acompañó sus palabras, sus mentes fueron iluminadas y sus corazones ablandados. Aceptaron y siguieron el consejo de Publius. Fueron instruidos durante un tiempo y bautizados junto con varios de sus cortesanos. Al año siguiente -el 10 de enero para ser exacta- yo nací y fui llamada 'Lumina', porque había sido concebida y nací a la luz de la Fe, de la cual mis padres eran ahora verdaderos devotos. Cariñosamente me llamaban 'Filomena', o sea, 'Hija de la Luz', de esa luz de Cristo que habita en mi alma por la gracia que recibí en el bautismo."

Aquí la cosa tiene miga. Pasemos por alto el conocido recurso de los padres sin hijos, que conciben al convertirse o hacer alguna promesa. Es muy recurrido en las leyendas medievales, de donde, claramente, lo toma la de Filomena. Vayamos a lo importante: el nombre. Aquí, o "filomena" no sabía nada de su nombre (cosa imposible, pues está en el cielo), o el que escribió la leyenda no tenía ni idea de lo que decía: si era griega su nombre sería griego y no latino, por lo tanto, no tiene nada que ver con "filia luminis". En realidad, el nombre griego Filomena significa "que ama el canto" ("filo", amor, "menas", canto), incluso es el nombre antiguo del pajarito que mayormente conocemos por ruiseñor, pero que hasta los siglos XVI o XVII fue llamado así: filomena. No deja de tener gracia que, teniendo realmente la muchacha un nombre griego, se lo hayan latinizado. La explicación es sencilla, la leyenda recoge la teoría de los que compusieron la lápida rota, para crear el nombre "filumena". Pero el asunto de la lápida es aparte y ya lo trataré en la fiesta de la Invención de la santa. Sigue la leyenda:


"Debido a mi nacimiento muchas familias en el Reino llegaron a ser cristianas. Yo crecí en la enseñanza del Evangelio, que se grababa profundamente en mi corazón. Cuando tenía sólo cinco años, recibí por primera vez a Jesucristo en la Santa Eucaristía; y ese día, fue sembrado en mi corazón el deseo de estar unida para siempre a mi Redentor, Esposo de las vírgenes. A los once años me consagré a Él por voto solemne. Llegó el año trece de mi vida. La paz de Cristo que, hasta ese día, había reinado en la casa y en el reino de mi padre, fue perturbada por el orgulloso y poderoso emperador Diocleciano, quien, injustamente, nos declaró la guerra. Mi padre, comprendiendo que no podía enfrentarse a Diocleciano, decidió ir a Roma a hacer un pacto de paz con él. Era grande la tierna afección que mi padre tenía por mí, que no podía vivir sin tenerme a su lado. Es así que me llevó con él a Roma. Y mi madre, que no quiso dejarnos ir solos, nos acompañó.
Habiendo llegado a Roma, mi padre pidió audiencia con el Emperador, y el día señalado, quiso que mi madre y yo lo acompañaramos al palacio de los Césares. Introducidos en presencia del Emperador, mientras mi padre defendía su causa y denunciaba la injusticia de la guerra con que lo estaba amenazando, el Emperador no dejaba de mirarme. Finalmente Diocleciano, interrumpió a mi padre, y le dijo con benevolencia: 'No te angusties más. Tu ansiedad está por terminarse... consuélate. Tu tendrás toda la fuerza Imperial para tu protección y la de tu Estado, si aceptas una sola condición: darme a tu hija Filomena como esposa'. Enseguida, mis padres aceptaron su condición. Yo no dije nada, pues no convenía oponerme a mi padre frente al Emperador... pero en mi interior, dialogando con mi Esposo Jesús, estaba firmemente decidida en permanecerle fiel, a cualquier precio."

Bueno, aquí los errores son para llorar. Primero, ya vimos que Grecia era parte del Imperio hacía muchos siglos, así que Diocleciano no necesitaba declararse la guerra a sí mismo. Pero no solo eso, sino que Diocleciano ni siquiera gobernaba desde Roma, sino desde Rávena. El imperio estaba dividido en dos, y en Oriente reinaba Maximino, que residía en Constantinopla. Pero no es todo, sino que Diocleciano se había casado con la emperatriz Prisca, y era anciano en el tiempo de "filomena". Y no, no quedó viudo y quiso casarse, puesto que él murió antes que su mujer. Si Docleciano hubiera querido poseer a "filomena", lo habría hecho sin necesidad de casarse con ella. No era aceptable moralmente, pero vamos, de que pasaba, pasaba.

Y si hablamos de que "la comunión a los cinco años"… podríamos decir mucho, pues ni siquiera habría sido bautizada, menos aún aceptada a la mesa del altar. El bautismo de infantes comenzará en la iglesia posteriormente. El hecho de que San Policarpo, discípulo de Juan Evangelista fuera bautizado de niño es una excepción (por ello mismo es tan relevante, si hubiera sido común, no sería llamativo). Y continúa la leyenda:
"Muy contentos mis padres pensaron que todo estaba solucionado, pero al salir del Palacio de los Césares, con respeto, dije a mis padres que no aceptaba la proposición de Diocleciano, por más grandioso que se presentara mi futuro. Ellos trataron de convencerme de mil maneras, insistiendo sobre la suerte que tenía de llegar a ser Emperatriz de Roma. Sin vacilar ni un solo momento, yo rechacé la tentadora propuesta, diciéndoles que estaba comprometida con Jesucristo y que me había desposado con El, haciendo un voto solemne de virginidad, cuando tenía once años.
Mi padre trató de persuadirme, diciéndome que como niña e hija, yo no tenía derecho de disponer de mí misma, y usó de toda su autoridad para hacerme aceptar la propuesta. Pero mi Divino Esposo me dio la fortaleza para perseverar en mi resolución. Al ver que no cedía, mi madre recurrió a las caricias, rogándome tener piedad de mi padre, de ella, de mi país. Yo le contesté, con una firmeza que me sorprendía: 'Dios es mi padre y el Cielo es mi madre'.
Mis padres fueron incapaces de doblegarme. Frente a mi voluntad, estaban desarmados. Y lo que más les preocupaba, era que mi negación podía ser tomada por el Emperador como un mero pretexto de mala fe y la excusa de un engañador. Yo lloraba y les decía: '¿Vosotros deseáis que por amor a un hombre rompa yo la promesa que he hecho a Jesucristo? Mi virginidad le pertenece y yo ya no puedo disponer de ella.' 'Pero eres muy joven para ese tipo de compromiso', me decían, y juntaban las más terribles amenazas para hacerme aceptar la boda con el emperador.
Cuando mi padre tuvo que informar al Emperador de mi decisión, Diocleciano ordenó que fuera llevada a su presencia. Pero yo no quería ir. Cuando me vieron tan decidida en mi resolución, mis padres se arrojaron a mis pies y me imploraron aceptar y hacer lo que ellos deseaban, diciéndome: "¡Hija, ten piedad de nosotros! ¡Ten piedad de tu país y de tu reino!" Yo repliqué: 'Dios y la Virgen primero. Mi reino y mi país es el Cielo'.
Finalmente, frente a tanta presión, decidí presentarme frente al tirano, pensando que era necesario dar testimonio de Jesús. Diocleciano primero me recibió con mucha bondad y honor para hacerme acceder a sus requerimientos, y renunciar a mi decisión, pero no obtuvo nada de mí. Viéndome absolutamente firme y sin temor frente a su poder imperial, perdiendo su paciencia y toda esperanza de conseguir su deseo, comenzó a amenazarme. Pero, no pudo vencerme ya que el Espíritu de Jesús me daba fortaleza. Entonces, en un acceso de furia, bramando como un demonio, lanzó esta amenaza: 'Si tú no me tienes como amante, me tendrás como un tirano'. 'No me preocupa como amante, ni le temo como tirano', le repliqué.
El emperador, visiblemente furioso, ordenó que me encerraran en un calabozo, frío y oscuro, bajo la guardia del Palacio Imperial. Fui encadenada de pies y manos, y me daban de comer sólo pan y agua, una vez al día. Pensando que, con este régimen severo y duro, yo cambiaría de idea, Diocleciano venía diariamente a renovar su oferta y soltaba mis grilletes para que pudiese comer, y después renovaba sus ataques, que no hubiese podido resistir sin la gracia de Dios. Pero yo no estaba sola, mi celestial Esposo cuidaba de mí, y nunca cesé de encomendarme a Él y a su Purísima Madre.
Hacía treinta y seis días que vivía con este régimen, cuando la Santísima Virgen se me apareció, rodeada por la luz del Paraíso, con el Niño Jesús en sus brazos, y me habló así: 'Hija, ánimo, permanecerás tres días más en este calabozo y en la mañana del día 40 de tu cautiverio, dejarás este lugar de pesares'. Con estas palabras, yo me llené de alegría, pero entonces, la Virgen continuó hablándome: 'Cuando dejes esta celda, serás expuesta a una gran lucha de atroces tormentos por el amor de mi Hijo'.
Glorificación de la santa.
Inmediatamente me estremecí y me ví a mí misma en la angustia de muerte, pero la celestial Reina me dió coraje, diciéndome así: 'Hija mía, te quiero muchísimo, ya que llevas el nombre de mi Hijo. Te llaman Lumina, y mi Hijo es llamado Luz, Sol, Estrella; y a mí me llaman Aurora, Estrella, Luna. Yo seré tu Auxiliadora. Ahora, es la hora de la debilidad humana que te humilla, que te atemoriza, pero vendrá de lo alto la gracia de la fortaleza, la que te asistirá y tendrás a tu lado a un Ángel que te cuidará, la protección del Arcángel San Gabriel, cuyo nombre significa 'Fortaleza de Dios'. Este Arcángel fue mi protección en la tierra, y yo te lo enviaré para que te ayude, porque tú eres mi hija, la más querida hija entre todas mis hijas. Gabriel te asistirá y con él saldrás victoriosa.' Estas palabras reavivaron mi ánimo y coraje. La visión desapareció, dejando impregnado de fragancia mi prisión, y me consoló."

Esta parte, cual novela romántica del XIX, está llena de pasajes que nunca se ven en auténticas Actas martiriales. El tema de la virgen que no quiere casarse para pertenecer a Cristo aparece en casi todas las leyendas tardías de santos. Ciertamente la virginidad por el Reino forma parte del Evangelio y fue practicada por los cristianos desde siempre, en parte por el milenarismo que en parte acompañaba a la práctica de la fe cristiana. Pero esto no implica que, realmente, el matrimonio fuera visto como un obstáculo para el servicio de Cristo.

Aquí aparece una extraña devoción mariana en "filomena". Extraña para el siglo III, no para el XIX, ciertamente. Los títulos de "Aurora" o "Reina", son realmente anacrónicos y no responden a la piedad cristiana primitiva, menos aún greco-romana, pues la figura de la Madre de Dios comenzará a ser tomada en cuenta y venerada con entusiasmo en Oriente, a partir del siglo IV, y siempre como una consecuencia de la reflexión teológica en torno a la Trinidad y la Encarnación del Verbo. Por otro lado, la ausencia de apariciones marianas (o no) en las verdaderas Actas de los Mártires ya deja por tierra todo este relato. Para colmo, la Virgen también habría latinizado el nombre griego de "filomena".

El relato habla de una cárcel en el palacio imperial, cosa que es irreal. Y si fuera en otro sitio, es impensable que un emperador fuese a aquellos sitios inmundos como eran las prisiones romanas, verdaderas cloacas.
"Al cabo de este tiempo, Diocleciano empezó a ponerse nervioso esperando mi decisión; cuando pasaron los 40 días, tal como lo había anunciado la Santísima Virgen, el tirano me hizo sacar de la prisión, resolvió torturarme y amenazarme para que me retractara del voto de virginidad que había hecho a mi Esposo. Luego, en presencia de muchos de sus hombres de armas y otros oficiales del Palacio me hizo atar a una columna para ser azotada cruelmente, diciendo: 'Después que esta niña cualquiera rehusó obstinadamente a un Emperador, por amor a un malhechor, que como todos saben, fue condenado a muerte en la cruz por sus propios compatriotas, ella merece ser tratada como Él por mi justicia'. Al ver mi cuerpo ensangrentado y cubierto de heridas, y que la vida se me iba, ordenó que me llevaran de vuelta al calabozo para morir. Tirada en el suelo, y con el cuerpo ardiendo en fiebre, yo esperaba la muerte. Entonces, dos ángeles se me aparecieron, y con un aceite precioso ungieron mi cuerpo malherido y me sanaron."

Sobre lo ridículo de que un emperador castigue tanto el cuerpo que quiere poseer, no hay mucho que decir. No lo necesitaba realmente. La flagelación ciertamente era un castigo frecuente entre los romanos, pero podemos sospechar que aquí lo han añadido porque en la lápida de "filomena" aparecen (o dicen que aparecen) unos flagelos. Realmente solo en representaciones estilizadas e influidas por la versión generalizada, aparecen tales flagelos. En la lápida solo hay una raya con dos círculos en la punta que alguien interpretó como azotes. Ya lo veremos en otro artículo. Finalmente, ángeles que aparecen en la celda para sanar al mártir, pues es algo típico de las leyendas tardías sobre mártires.


"Al día siguiente, el Emperador ordenó que la doncella compareciese en su presencia; Filomena heroica y sonriente, apareció tranquila ante el tirano. Cuando el Emperador vio que habían desaparecido las huellas de los azotes, quedó pasmado. Al verla con perfecta salud y con la misma belleza que lo había obsesionado, trató de hacerle creer que debía este favor a Júpiter, su falso dios, que la había curado porque su destino era ser la esposa del Emperador. Le habló en estos términos: -'Tu juventud y hermosura me inspiran lástima; Júpiter es clemente contigo; renuncia a tus pasados errores y ven conmigo a compartir el solio real'.
-'Nunca, nunca -contestó Filomena- Mi Dios quiere que sólo a Él pertenezca'.-'Te arrepentirás'.-'Conquistaré las bendiciones del Cielo con los tormentos de la Tierra'.-'Morirás hoy mismo'.-'Reviviré a eterna vida, en el seno de Dios'.-'Pero, ¿te olvidas de tus padres, desdichada?'-, prorrumpe al fin el tirano, no sabiendo como vencer tan firme resistencia.
El asaeteamiento.
La joven vaciló un momento, pensando en aquellos ancianos cargados de años y pesadumbres. El recuerdo de los días felices vividos con sus padres la sobrecogió un instante, sólo un instante, por la gracia de Dios, recuperó su serenidad y contestó con voz tranquila: -'Dios les dará consuelo y resignación; yo muero contenta, fiel al celestial Esposo, que mi corazón ha elegido'. -'¡Calla, calla, no blasfemes! Sacrifica a los dioses y quedas perdonada'.
Entonces el emperador, cogió de la mano a la cristiana y la condujo frente a la estatua de Júpiter, pero ella se cubrió la cara para no ver al ídolo, diciéndole: -'Es inútil, yo sólo rindo culto a mi dios; sus falsos dioses no tardarán en caer de los altares'. Estas palabras provocaron un tumulto entre los presentes, el Emperador lívido de cólera, sin comprender cómo podía soportar tantas pruebas y sufrimientos, soltó la mano de la joven y volviéndose a sus servidores ordenó en voz breve y severa que atada a un ancla de hierro al cuello, fuese tirada al río Tíber."

Curiosamente, el relato pasa de la primera a la tercera persona. No sabemos por qué, pero deja bastante claro que no lo ha contado "filomena". Es imposible que "filomena" haya sido lanzada al río, y menos con un ancla. Sí, imposible, pues el río Tiber era usado por los romanos para el comercio, regar los campos. Aunque no bebían de él, no lo contaminarían con cuerpos. A esto se puede objetar que, por ejemplo, Santa Beatriz (29 de julio) fue arrojada al Tíber. Sí, pero no lo fue por orden de nadie, sino porque fue asesinada para poder quedarse con sus numerosos bienes. Si "filomena" fue arrojada a algún lado, habría sido al mar, lejos de la ciudad. Además, el mar tenía un componente purificador en la mitología pagana: el salitre de sus aguas purificaban a los blasfemos y pecadores.

Dícese que la santa fue arrojada con un ancla al cuello. Pues tampoco. Las anclas eran elementos valiosos y útiles, nadie los desperdiciaría solo por ahogar a alguien. No vale citar el caso de San Clemente, papa y mártir (23 de noviembre), otro de quien se dice que le arrojaron a las aguas con un ancla al cuello. Y no vale porque es una leyenda muy posterior al santo, incomprobable. Sí que tenemos otros ejemplos de santos a los cuales se les ataron pesadas piedras para que se hundieran. La piedra es un elemento común, desechable y que poco importa tirar al mar.

De nuevo hay que recurrir a la lápida para explicarse este absurdo pasaje. En esta aparece muy bien grabada un ancla. Pero las anclas son frecuentes en las catacumbas y en la iconografía cristiana hasta hoy: simbolizan la esperanza firme en las promesas salvíficas de Cristo. Así como el ancla resiste clavada en la arena y sujeta la barca contra los embistes de los elementos, el alma cristiana permanece fiel por la esperanza que la anima. Y seguimos escuchando a "filomena":


"Arrastrada por la corriente y creyendo morir, abracé mi ancla como Jesús abrazó su Cruz. Pero Jesús, mostrando su omnipotencia, para la confusión del tirano y de los idólatras, mandó de nuevo a sus ángeles, para que rompieran la cuerda amarrada a mi cuello. El ancla cayó en las profundidades del Tíber, donde aún permanece cubierta de lodo. Sostenida por las alas de un ángel, fui llevada a la costa, sin que una gota de agua me hubiera mojado. Cuando la gente me vió así, en seguridad y perfectamente seca, esparcieron la noticia, y muchos se convirtieron a la Fe.
El tirano, furioso y desesperado, gritó que todo era magia y hechicería, y más obstinado que el Faraón con Moisés, ordenó que fuera atravesada por flechas y arrastrada por todas las calles de Roma. Pero cuando me vio atravesada por las saetas, desfalleciendo y muriendo me lanzó cruelmente a prisión, para que muriera desamparada sin ningún auxilio.
A la mañana siguiente, esperando encontrarme sin vida, ya que me había visto en pésimo estado, quedó estupefacto al encontrarme sonrosada y alabando a Dios con salmos y cantos, como si nada hubiera pasado. En la noche, el Dios Todopoderoso me había dado un dulce sueño, y había mandado a un ángel para que sanara mi cuerpo, untándolo con un fragante ungüento, no dejando ninguna huella de las heridas. Por el mucho amor que tenía a Jesús, había deseado tener mil vidas para ofrecérselas... una sóla vida me parecía poco... y estaba feliz de sufrir en unión con Él. Por eso fui preservada tantas veces de la muerte y sufrí varias torturas."
Ahora el relato vuelve a ser contado por "filomena". No se hunde ni se moja. Esto no necesita mucho análisis, ¿verdad? Luego tenemos el asaeteamiento, el cual era un tormento frecuente y lo leemos de otros mártires. No es creíble que si quedó moribunda fuera arrojada a una cárcel (otra vez) para que muriera allí. Lo frecuente es que sencillamente arrojaran al reo a una fosa a que muriera, lejos de los demás. Otra vez tenemos la curación milagrosa, que prolongará el martirio una vez más para gloria del santo.
"Esta vez, el Emperador sintiéndose burlado e impotente, entró en tal furia, que ordenó me dispararan con flechas hasta que muriera. Los arqueros doblaron sus arcos, pero las flechas no podían moverse. El tirano me maldijo, acusándome de ser una bruja. Pensando que con el fuego, la hechicería sería neutralizada, ordenó que las flechas fueran calentadas al rojo vivo en la caldera. De nuevo, mi Esposo me salvó de éste tormento. Tuve un rapto de éxtasis. Las flechas que iban hacia mi cuerpo se devolvieron hacia los arqueros, y seis de ellos fueron atravesados y murieron."
El detalle de las flechas calientes es verídico, pues por este medio se buscaba purificar al blasfemo, según la mentalidad religiosa romana. Aún nosotros los cristianos usamos esa imagen simbólica del fuego purificador. Pero vamos, que se hayan atascado o regresado a quienes las disparaban es un recurso piadoso, otro más, para hacer aún más prodigioso el padecer del mártir en cuestión. La leyenda de San Cristóbal (10, 25 de julio y 16 de noviembre) es uno de los ejemplos más conocidos.


Imagen yacente que recoge las reliquias
de "filomena" en Mugnano.
Llama la atención una cosa. El tormento de las flechas ocurre por dos veces, cosa infrecuente en las Actas comunes, incluso las legendarias. Pero aquí sabemos por qué ocurre: en la inscripción de "filomena" aparecen tres flechas, o dos flechas y una lanza (no está claro). Podría haber dicho la leyenda que le dispararon dos flechas, pero claro, no sería lo mismo que sendas tandas de flechas. Que haya flechas podría ser por diversas causas, para mí son símbolo de intrepidez y resolución.
"A la vista de este nuevo milagro, muchos se convirtieron, y la gente empezó a cambiar de vida y tomar el camino de la fe en Jesucristo. Temiendo serias consecuencias, el tirano ordenó que fuera decapitada sin más demora. Es así como mi alma voló triunfante y gloriosa al Cielo, para recibir de mi Esposo Jesús la corona de la virginidad que para preservarla me había costado sufrir varios martirios. Esto ocurrió el 10 de agosto, era un viernes a las tres y media de la tarde. Por lo tanto, como ya te lo he contado, el Altísimo quiso que mi traslado a Mugnano se realizara en este día, con tantas señales de la ayuda del cielo, que Él quería que fueran conocidas de ahora en adelante".

Y se acaba la "revelación filoménica". La muerte por decapitación probablemente sea lo único real en toda esta leyenda, pues ciertamente "filomena" fue mártir y la decapitación era lo más frecuente, junto al degollamiento. Un asunto espinoso aquí es la “corona de la virginidad” preservada. Digamos que no, pues en la legislación romana las vírgenes no podían ser ejecutadas ni torturadas, por lo cual lo primero que se hacía era acabar con tal virginidad. Era la norma.

Luego podríamos hablar de la fecha. ¿Quien redactó la leyenda no sabía que los calendarios han cambiado muchísimo en casi 2000 años? Hacer coincidir providencialmente el día de la traslación de las reliquias con el del martirio es solo intentar rizar el rizo y darle más tintes sobrenaturales al asunto. Viernes y 3 de la tarde… pues eso, una configuración simbólica con Cristo, el Mártir por excelencia.

Y concluimos:
1. La leyenda de Santa Filomena es una construcción piadosa y nada en ella indica revelación alguna. No sabemos quién la compuso, pero desde luego que de historia poco sabía. Como en otras leyendas, el fin de promover la devoción a “filomena” y saciar la curiosidad de los fieles justificó la acción de crear una leyenda a partir de otras muchas leyendas medievales de santos dándoles tintes propios basándose en los símbolos de la lápida, que interpretó como le convino.

2. Esta leyenda recibió el "visto bueno" por la Iglesia única y exclusivamente por no tener nada contrario a la fe y la moral cristianas. Es a eso a lo que se limitaba el "imprimatur", que ya no existe. La Iglesia no obliga a nadie a creérsela, ni pretendió certificar su sobrenaturalidad. De hecho poco se investigó sobre si eran reales o no. Usted puede creerla, a pesar de sus incongruencias (algunas tremendas), o no.

3. Si la leyenda fuera falsa, eso NO quiere decir en modo alguno que la santa no exista ni que no fuera mártir. Las evidencias constatan la veracidad de su cuerpo adolescente, su condición de mártir e incluso cierta importancia al poner tanto símbolo en la lápida. Pero eso, repito, es tema de otra entrega.

A 11 de agosto además se celebra a:


Santa Susana de Roma,
virgen y mártir
.
San Ergat, eremita.
San Tiburcio de Roma,
mártir
.






Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...