Mostrando entradas con la etiqueta Nicea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nicea. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de junio de 2021

Sin manos o golpeado, pero fiel a la fe católica.

San Eusebio de Samosata, obispo. 21 y 22 de junio. 

Era Eusebio obispo de la sede samosatense en 361, tiempos convulsos para la fe católica, atacada por las herejías, sobre todo en Oriente. Pero hay que resumir algo la situación imperante para contar algo de su vida.  

En 361 los obispos reunidos en Antioquía se reunieron para elegir patriarca de tan importante sede, y tanto los católicos como los arrianos comenzaron a maquinar para entronizar a un obispo que les fuera adepto. Unos y otros se fijaron en San Melecio (12 de febrero). Era un hombre bueno y conciliador, que podría contentar a todos. Por ello le apreciaban los más eminentes prelados del momento como el futuro San Basilio Magno (2 de enero y 14 de junio) o San Eusebio de Vercelli (2 de agosto). El emperador Constancio dio su visto bueno a la elección y Melecio tomó posesión de su sede. En un principio fue ambiguo, según parece, y su afán conciliador con los herejes (no con la herejía) hizo recelar a los católicos y esto comenzó a pasarle factura. Constancio II, emperador arriano, le hizo comparecer ante él para que aclarase su fe y proclamase su preferencia teológica. Él extendió tres dedos hacia la gente, luego cerró dos y dijo "Tres Personas se conciben en la mente pero es como si nos dirigiéramos a una sola". Enseñanza plenamente católica. 

Los arrianos montaron en cólera y comenzaron a buscar su deposición. Le acusaron de sabelianismo, una herejía que erraba en la fe trinitaria y en el mismo 361 el emperador le depuso y le desterró a Melitine. Pero aún era obispo legítimo, pues nadie le había declarado hereje, y los arrianos intentaron revocar su decreto de nombramiento. Y aquí entra nuestro Eusebio. 

El santo obispo de Samosata tenía en sus manos el Decreto de la designación de Melecio como Patriarca de Antioquía, y lo custodiaba como cosa sagrada. El emperador, a petición de los arrianos, envió un mensaje a Eusebio para que lo entregara. El obispo respondió: "No puedo entregar lo que públicamente se me entregó sin el consentimiento de todos los que me lo confiaron". Constancio insistió, amenazándole que, de no entregar la resolución del Sínodo, le cortarían la mano derecha. Eusebio extendió las manos al oficial mensajero y respondió tranquilamente: "Córtalas y llévaselas al emperador. No entregaré el documento". Constancio quedó impresionado al saberlo y no insistió en el asunto. 

En 370 falleció San Eusebio de Cesarea (21 de junio), a quien no hay que confundir con el célebre obispo de igual nombre y sede, fallecido en 339. El clero de la ciudad pidió ayuda a los obispos de la provincia imperial para elegir un sucesor digno de la sede y no sospechoso de herejía. El obispo Gregorio de Nacianzo, padre del gran San Gregorio Nacianceno (2 de enero, 9 de mayo y 11 de junio, traslación de las reliquias) imploró la ayuda a Eusebio, aunque Samosata no formaba parte de la provincia. Eusebio viajó a Cesarea y luego de negociaciones y súplicas públicas, decidió dieran la sede al eminente presbítero San Basilio. Él mismo le consagró obispo el 14 de junio del mismo año. 

Cuando estalló la persecución de Valente, Eusebio confirmó en la fe a sus fieles, y además, viajó a las sufridas iglesias de Palestina, Siria y Fenicia. Iba disfrazado de oficial, celebrando la eucaristía y consolando a los que enterraban a los mártires, sus viudas e hijos. Ordenaba nuevos obispos para que las comunidades no quedaran sin pastor. En 374 Valente, enfurecido con él, le desterró, pues no se atrevió a matarle como pedían los arrianos. El santo decidió partir mansamente, e incluso ayudó a irse en la noche al oficial que le trajo la noticia, para que el pueblo no se amotinara y la tomara con él.  

Partió al destierro sin nada, tan pobre como vivía, y solo permitió le acompañara un siervo fiel. Le alcanzaron en el camino algunos cristianos, que le pedían peleara y se enfrentara al emperador, pero Eusebio, sabiendo que esto solo traería más muerte y destrucción, arengó a los suyos a obedecer a las autoridades. Además, les exhortó en la caridad de unos con otros y a permanecer fieles a la verdad custodiada y enseñada por la Iglesia. El nuevo obispo, arriano, era un buen hombre y no se atrevió a mancillar la memoria de Eusebio, y al poco tiempo renunció a la sede. El siguiente era un feroz hereje y llegó a destruir un baño público solo porque Eusebio lo había usado, considerando impuras las aguas. Y así, más de un exabrupto tuvo, como azotar a unos niños que jugaban con una pelota, porque esta se metió entre las patas de su burro, el animal tropezó y le hizo caer al suelo. 

Sepultura del santo. Doliche
En 378 murió Valente y le sucedió el emperador Graciano, católico, que se propuso la restauración de la paz y la unidad en la Iglesia. A finales de 378 aquel Melecio del que hablamos antes volvió a su sede y nuestro Eusebio volvió a su querida Samosata. En 379 se convocó un Concilio para proclamar la fe trinitaria de la Iglesia, sin ambages ni concesiones teológicas. Se arrojaron a los arrianos de sus sedes, los católicos volvieron a poseer sus iglesias y se ordenaron obispos que habían sido probados en su ortodoxia mediante la persecución.  

En esto último destacó Eusebio, quien recorrió varias ciudades, eligiendo a los candidatos. Y en esta labor, le llamó el Señor de una manera un tanto curiosa: estando de labor pastoral en una pequeña ciudad de Siria, una mujer le lanzó una teja desde el tejado de su casa, con tan mala fortuna, que le dio en plena cabeza al santo. Eusebio padeció varios días por la herida, y finalmente entregó su alma al Creador, luego de perdonar a todos los que le habían hecho mal y haciendo prometer a sus amigos que no buscarían a la agresora. Por esta razón en ocasiones se le llama mártir.

Su sepulcro aún se conserva en Doliche, Turquía.

Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Historia General de la Iglesia". Tomo I. D. J. DARRAS. París, 1862.

 A 21 de junio además se celebra a:

San Albano de Colonia
mártir.
San Luis Gonzaga,
religioso jesuita.
San Méen de Rennes
monje.
San Ramón de Roda,
obispo.









 
DESCARGAD MI LIBRO SOBRE SANTOS PATRONOS DE ENFERMEDADES Y DOLENCIAS:



TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS. Versión para móviles, tablets y ebooks.






jueves, 21 de enero de 2021

De palomas, leones y lanzas.

San Neófito de Nicea, niño mártir. 21 de enero.

Sus Actas están mezcladas con relatos legendarios y, claro está posteriores. Su leyenda cuenta que desde su nacimiento en 286 Neótifo estuvo dotado de dones sobrenaturales, de hecho, revivió a su difunta madre, muerta del parto. Con 5 años una paloma sobrenatural le condujo al Monte Olimpo, donde un león le dejó su cueva para que se instalara allí a hacer vida eremítica.

A los 15 años supo de la persecución feroz hacia los cristianos desatada por el emperador Diocleciano, y sin esperar ni un minuto, se presentó en su natal Nicea para acompañar a los cristianos en su suplicio. Fue rápidamente apresado y sometido a la flagelación. Le arrojaron al fuego, pero salió ileso, y luego le soltaron un león para que lo devorara, pero el animal se acercó sin hacerle daño alguno. Vio Neófito que era el mismo león que le había cedido su cueva y, sabiendo que ya solo le quedaba el cielo, autorizó a la criatura que volviera a su guarida. Y la bestia escapó del circo. Finalmente, Neófito subió al cielo luego de ser atravesado su corazón con una lanza, el 22 de enero de 302. 

El Concilio de Nicea hace referencia somera a su martirio, aunque sin mencionar los aspectos legendarios, solo referenciando su martirio.

Fuente: 
https://heiligen-3s.nl


A 21 de enero además se recuerda a:



jueves, 2 de agosto de 2018

Por Cristo y su Iglesia, cualquier sufrimiento.

San Eusebio de Vercelli, obispo. 2 de agosto, 15 y 16 de diciembre.

Eusebio, uno de los prelados más ilustres de su siglo y cuyo ejemplo de apego a la verdadera fe aún es actual. Nació en Cerdeña a finales del siglo III, y su padre fue llevado a Roma como prisionero en 310 durante las persecuciones, muriendo en el camino a causa de los trabajos. La madre se mudó a Roma, llevando consigo al pequeño, quien se dice fue bautizado por el papa San Eusebio (17 de agosto) y ordenado lector tal vez por este mismo papa. Luego fue presbítero en Vercelli, así que su actividad eclesial comenzó ya imperando la paz de San Constantino (21 de mayo), aunque no viviría en paz precisamente, pues su tiempo sería el de la defensa de la fe frente a la herejía.

En 325 el importantísimo Concilio de Nicea estableció el Credo de la Iglesia, condenó la herejía arriana, según la cual Cristo no era Hijo de Dios por consubstancialidad, sino por adopción, siendo su más perfecta criatura, divinizada, pero no Dios. Aun así el arrianismo siguió su andadura y se hizo más fuerte, llegando a triunfar en el Sínodo de Arlés de 353. Hay que decir que su auge se debió en gran parte por la decisión imperial de Constancio de adoptar esta herejía, y no la recta fe, como norma para el Imperio. Quien más padeció por esta causa fue el gran San Atanasio (2 de mayo), quien padeció destierro varias veces.

En este ínterin Eusebio fue nombrado obispo de Vercelli, siendo el primer obispo de la sede y consagrado el 15 de diciembre de 340. Fue el primer obispo de Occidente que unió la vida monástica con la clerical, haciendo que el clero adoptara las reglas y estilos de oración de los monjes del desierto, un ejemplo que luego seguiría San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental). Él mismo Eusebio viviría como monje, según cuenta San Ambrosio de Milán (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal). Lamentablemente es una faceta obviada en su labor pastoral a causa de lo agitado del momento que le tocó vivir, pero daría para mucho estudio el como la vida monástica del desierto influyó en la Iglesia urbanita.

Volviendo al tema del arrianismo: Constancio convocó un concilio en Aquileya, en 354. Propuso a los conciliares un decreto de condena contra Atanasio, que acataron todos los obispos y legados de papa. Todos menos San Paulino de Tréveris (31 de agosto), amigo personal de Atanasio, quien fue desterrado de su sede. El papa Liberio convocó un nuevo concilio en Milán, en 355. Eusebio, al parecer, había pensado no asistir al concilio, pero los prelados le enviaron una carta en la que solicitaban su presencia como garante de la unidad, y, al mismo tiempo, contenía la amenaza velada de ser juzgado. También le escribió el emperador, intentando ganarle para su causa, pero Eusebio no se dejó vencer. Finalmente Eusebio fue a Milán, pero durante diez días se le negó la entrada a las sesiones del concilio, siendo admitido sólo cuando los obispos arrianos pensaron que le tenían ganado para su causa. En el concilio Constancio obligó a los obispos a condenar a Atanasio, a quien se catalogó como hereje y sacrílego.

Eusebio declaró que solo firmaría aquello si los prelados antes firmaban una adhesión al Credo de Nicea. Por supuesto, fue una jugada maestra, pues ello dejó claro que todo el partido que condenaba a Atanasio era arriano y, por tanto, hereje y no podía juzgar a Atanasio. La cosa se puso fea, hubo un motín que llegó hasta el palacio imperial, donde Constancio tomó la palabra y dijo "Yo soy el acusador de Atanasio", dando a entender que estaba por encima de la misma Iglesia para juzgar asuntos de fe. Eusebio y Lucifer protestaron valientemente, defendiendo a Atanasio y recordando que no podía ser juzgado sin poder defenderse. Constancio remitió al juicio de los obispos, pero Eusebio le recordó que eran herejes y no estaban legitimados para juzgar. "Eso va contra el gobierno de la Iglesia", fueron sus palabras. "Mi voluntad es la regla", replicó dijo Constancio, dejando claras su obcecación.

Eusebio es desterrado.
Una vez más Eusebio, junto a San Lucifer de Cagliari (20 de mayo) y San Dionisio de Milán (25 de mayo), declaró al monarca que el imperio no le pertenecía a él sino a Dios, quien podía privarlo de él cuando Él quisiera. Le instaron que no corrompiera la disciplina de la Iglesia introduciendo el elemento de la fuerza secular en sus decisiones. Entonces Constancio desenvainó su espada sobre los audaces prelados, un gesto simbólico que significaba la pena de muerte, aunque era eso, simbólico, pues en el mismo momento la conmutó por el destierro. Si que sufrió un castigo más severo el diácono Hilario, legado del papa Liberio, quien fue azotado en público. Finalmente, todos los obispos acataron la orden imperial, menos San Osio de Córdoba (27 de agosto), San Exuperancio de Tortona (29 de mayo), San Máximo de Nápoles (11 de junio), nuestro Eusebio, Lucifer y Dionisio, y los tres fueron igualmente desterrados. El papa Liberio se negó a aquella injusticia, por lo que también fue perseguido y castigado con el destierro. Y al año siguiente lo padecieron también San Hilario de Poitiers (13 de enero) y San Rodanio de Tolosa (10 de abril).

Eusebio fue enviado a Escitópolis, donde el obispo era Patrofilo, un viejo defensor del arrianismo, quien lo vigilaba constantemente. Allí Eusebio fue bien tratado por algunos monjes y diáconos orientales, quienes le mantenían en comunicación con su iglesia de Vercelli. Esto enfureció a Patrofilo, quien mandó le metieran en una cárcel inmunda, dejándole cuatro días sin comer ni beber, luego le envió a casa de un presbítero arriano, donde estaba encerrado con otros sacerdotes y diáconos sospechosos de no ser arrianos, como era obligatorio. Sin embargo, al tiempo tuvo cierta libertad y visitó los Santos Lugares, siendo hospedado por San José (22 de julio), un judío convertido a la fe cristiana y encomendado por Constantino para la edificación de iglesias en Palestina. Allí Eusebio fue visitado y ayudado por San Epifanio (12 de mayo). De allí Eusebio fue llevado a Capadocia y luego a la Tebaida, al desierto, donde vivió como monje y conoció personalmente a Atanasio, quien también padecía uno de sus muchos destierros. ¡Cuánta alegría debió sentir el santo viejo Atanasio al conocer a su mayor valedor!

En 360 murió Constancio y Juliano subió al trono. Opuesto a las políticas del anterior emperador, decretó que todos los obispos católicos perseguidos y depuestos volvieran a sus sedes. Atanasio entró triunfalmente en Alejandría en 361. Pronto puso manos a la obra: confirmó la fe católica según el Credo de Nicea, convocó una reunión de obispos que habían padecido destierro, y por tanto fieles a la Verdad. Esto no significa que Juliano fuera católico, pues ya sabemos que pretendió volver al paganismo primitivo, y es llamado "El Apóstata", aunque primeramente quiso poner paz en el imperio mediante una política de poner paz en la Iglesia. Así, desterrados los arrianos, Eusebio emprendió el regreso a Vercelli en 362. Aunque primero estuvo en el concilio de Alejandría donde se trató el tema del cisma de Antioquía, causado por una nueva doctrina sobre la Encarnación del Hijo de Dios. San Melecio (12 de febrero), legítimo patriarca, había sido acusado de sabelianismo, una herejía que erraba en su exposición de la fe trinitaria, y desterrado a Melitine. Eusebio zanjó la cuestión afirmando por escrito que "el Hijo de Dios asumió toda nuestra naturaleza, excepto el pecado". 

La cosa podría haberse solucionado, pero se agravó más cuando San Lucifer ordenó obispo a Paulino, el jefe de los eustacianos (partido enfrentado a Melecio), que comenzó a llamarse Patriarca de Antioquía. Para colmo, el emperador Juliano consumó su apostasía y comenzó su persecución a la Iglesia. De los cristianos que padecieron estaban los mártires Santos Bonoso y Maximiano (21 de julio), a quien Melecio acompañó hasta el lugar del martirio. Para no extenderme más en este tema podéis leer este artículo. Eusebio se lo recriminó públicamente a Lucifer, a pesar de la amistad y los sacrificios en aras de la verdadera fe que les unían. San Lucifer reaccionó mal, enemistándose con Eusebio, rompiendo la comunión con la Iglesia de Alejandría y con todos los que buscaban la paz de la Iglesia. Esta enemistad posteriormente desembocaría en una secta entre el donatismo y el novacianismo, pero no corresponde extenderse sobre ella aquí, sino que ya lo haré cuando escriba de la vida de San Lucifer. 

Las resoluciones del Concilio de Alejandría fueron adoptadas por la gran mayoría de las iglesias, algunas de las cuales visitó Eusebio en persona antes de regresar a Vercelli, para predicar, ejercer diplomacia y abogar por la unidad de toda la Iglesia para poder hacer frente a los desmanes imperiales. En esto tuvo el incondicional y valioso apoyo de San Hilario de Poitiers, un prestigioso prelado al que todos obedecían.

En 364 el nuevo emperador, Valentiniano, llegó a Milán para entrevistarse con Eusebio e Hilario a causa de la condena de estos sobre Auxencio, el obispo, sospechoso de arrianismo. Valentiniano profesaba la recta fe católica, pero ante todo profesaba la "fe" en la estabilidad política, así que cuando Hilario y Eusebio denunciaron sus sospechas sobre que Auxencio no era sincero en su proclamación de fe ortodoxa, este les acusó de ser buscadores de problemas y emperador ordenó a ambos santos abandonar Milán.

Sobre la vuelta de Eusebio a Vercelli solo tenemos el testimonio de San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), quien dice: "A la vuelta de Eusebio, toda Italia secó sus lágrimas". Una tradición dice que Nuestra Señora de Oropa, una bella y milagrosa imagen de la Madre de Dios fue llevada allí por Eusebio, quien la había traído consigo desde Palestina y la depositó en su primer santuario. Esto es muy probable, pues la devoción mariana en Oriente ya era fuerte en esta época.

Y en este punto, cuando Eusebio quedó en paz para dirigir su sede, perdemos la pista de "vita´". Cuando ya no fue necesario, aparentemente, para la vida de la Iglesia, el silencio cubrió su existir. Ciertamente falleció antes de 374, año en el que se menciona por primera vez en el canon de los santos. Fue sepultado en la basílica-catedral, dedicada luego a San Teonesto (30 de octubre). En ocasiones a Eusebio se le llama mártir, y ciertamente lo fue por todos sus padecimientos a causa de la verdadera fe católica. Hay una leyenda de que murió apedreado por los arrianos, pero no es nada fiable.

Su memoria litúrgica en origen era a 1 de agosto, día de su muerte o entierro, tal vez, pues no consta. El Martirologio Romano posteriormente lo recogía a 15 ó 16 de agosto. Benedicto XIII fijó su memoria a 15 de diciembre, aniversario de su ordenación episcopal. La reforma del calendario de 1979 la fijaron a 2 de agosto hasta hoy.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Dos Mil años de Santos". Tomo II, Agosto-Diciembre. FRANCISCO PEREZ GONZALEZ. Ediciones Palabra, 2001.
-www.eltestigofiel.org


A 2 de agosto además se celebra a:


Beata Juana de Aza,
viuda.
San Esteban I,
papa y mártir.
Santa Etheldrith,
virgen y eremita.






martes, 5 de junio de 2018

De un mártir incruento.

San Doroteo de Tiro, obispo. 5 de junio.

Según Eusebio en su "Historia Eclesiástica", Doroteo se dedicaba al negocio de tintar telas y que padeció numerosos tormentos cuando era seglar, en tiempos de Diocleciano. Vivió desterrado en Sicilia hasta 318. Era uno de los ilustres confesores de la fe en Tiro cuando llegó la paz de San Constantino (21 de mayo), por lo cual fue elegido obispo de la ciudad. Aprendió latín clásico y hebreo, para poder predicar a más fieles.

En 325 aparece entre los firmantes del Concilio de Nicea. En 361, Juliano el Apostata asumió en solitario el gobierno del Imperio y pretendió volver al paganismo oficial, sumiendo a los cristianos en cierta persecución. Doroteo tuvo que volver a exiliarse a Sicilia, siendo muy anciano. En este viaje sufrió muchas privaciones en el mar y en tierra, muriendo al año siguiente, 362, con 107 años de edad. Por tantos sufrimientos en ocasiones se le llama mártir.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 5 de junio además se celebra a:


San Bonifacio de Fulda,
obispo y mártir.
San Fernando de
Portugal, príncipe.
Beato Meinwerk de
Paderborn, obispo.







domingo, 21 de enero de 2018

De palomas, leones y neobautizados.

San Neófito de Nicea, adolescente mártir. 21 de enero.

Su leyenda dice que nació en 286, en Nicea. Siendo ya un niño el poder de Dios se manifestó sobre él: hizo brotar agua de las rocas y resucitó a su difunta madre. Cuando tenía 11 años, sintió vocación eremítica y fue guiado por una paloma a un lugar solitario en el Olimpo. Allí sacó a un león de su caverna para vivir en ella. En 302 se enteró de que el emperador Diocleciano había decretado la persecución contra los cristianos, por lo cual dejó su retiro y regresó a Nicea para consolar y animar a los cristianos.

Fue rápidamente arrestado, golpeado y arrojado en una prisión. Largos interrogatorios intentaron hacerle apostatar, pero nada le hizo doblegar. Le arrojaron al fuego, pero salió ileso. Entonces le arrojado a un león hambriento como alimento, pero el animal se mantuvo a su lado sin dañarle Y sí, era el mismo león al que el santo había arrojado de su guarida, se disculpó y le permitió volver a ella. Finalmente, Neófito ganó la corona del martirio siendo alanceado en el corazón, el 21 de enero de 302, teniendo 15 años de edad. 

Esta leyenda estrafalaria es tardía y al parecer intenta dar una "vita" a un santo mártir desconocido que se menciona a 21 de enero en otro grupo de mártires, y del que solo se reseña que era un "neófito", o sea, un recién bautizado.


A 21 de enero además se celebra a
Santa Inés de Roma, virgen y mártir.
San Patroclo de Troyes, mártir.

domingo, 21 de mayo de 2017

De Santos Reyes (XV): San Constantino el Grande.

Pregunta: Querido Ramón, desde hace un tiempo tengo una duda que quiero preguntarte. Por qué para los Católicos Constantino I, el Grande es considerado solamente un gran benefactor y para los ortodoxos es un Santo. Es decir por qué para nosotros no lo es también? Sobretodo que su mami si es Santa para la Iglesia Católica, Por que él no? Me podrás explicar?

San Constantino y
Santa Helena.
Respuesta: Luego de pasar un tiempo y leer un poco, aprovecho para responderte. Pero primero me gustaría hacer una breve reseña de la vida de Constantino:

San Constantino I, emperador. 21 de mayo. 
Constantino nació en Naissus, el 27 de febrero de 272 y su padre fue el emperador Constancio Cloro y su madre, como dices, Santa Helena (13 y 18 de agosto). Los orígenes de Helena han quedado en la oscuridad y aunque la leyenda le hace descendiente de un posadero, no hay nada claro en ello. Bueno sí, que precisamente por esos orígenes su marido la repudió en 292 para casarse con Teodora, hija del emperador Maximiano. El Imperio romano estaba dividido en varios gobiernos de emperadores entre Occidente y Oriente, con relativa paz entre ellos. Constantino entró a servir al emperador Diocleciano en Oriente luego que su padre fuera nombrado César.

En 306 Constancio murió mientras Constantino estaba en Britania, por lo cual fue nombrado Augusto por sus tropas, y el nombramiento fue aceptado por varias regiones. Por su parte, otras aceptaron el nombramiento de Severo II, y al mismo tiempo Roma proclamaba a Majencio, hijo del emperador Maximiano. No voy a detallar todo lo que pasó durante los largos 20 años que duró la pugna por el control del Imperio, pero solo decir que a los cuatro años del conflicto, ya eran siete los Augustos que reclamaban el Imperio. En 312 se dio un paso importantísimo: el 28 de octubre de ese año Constantino derrotó a Majencio en el Puente Milvio, Roma. Al año siguiente venció a Maximino, quien se suicidó al ser derrotado. Constantino hizo la paz con el único pretendiente que quedaba en Occidente, Licinio, y en 317 firmaron la paz. Pero en 324 Constantino le derrotó finalmente, inaugurando un período de gobierno en solitario. Sienta las bases de la dinastía como requisito para gobernar. La obra constantiniana de reforma del imperio fue grandiosa. Las leyes, las infraestructuras, el funcionariado, las religiones, el ejército… todos los ámbitos sociales y políticos se vieron controlados e influenciados por la figura del emperador. Habría que escribir, y leer, muchos libros para saberlo todo. Pero no es el objetivo de este simple blog. 

En 324 Constantino construyó la primitiva Basílica de San Pedro en Roma, y en 326, construyó la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén. Murió el 22 de mayo de 337, a los 65 años, luego de haber entrado formalmente a la Iglesia mediante el bautismo. Sus reliquias se veneran en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla.

Constantino y la Iglesia.
Es un problema complejo este, sobre si Constantino se convirtió o se sirvió de la fe cristiana. Hoy la mayoría de historiadores se decanta por la versión política del hecho: En el siglo IV era evidente que la política de persecución contra los cristianos por parte de los emperadores precedentes había sido un error, pues los cristianos crecían, se hacían más fuertes y ya tenían estructura. Para colmo, el paganismo ya era ridículo y los dioses no satisfacían la espiritualidad del pueblo indolente y arreligioso en general. Y una prueba de ello es que en 311 Galerio publicaba el derecho de los cristianos de profesar su fe, como los demás ciudadanos, siempre que no alteraran el orden. La Iglesia obtenía personalidad jurídica, y podía levantar y recuperar basílicas expropiadas o destruidas por emperadores anteriores. En 313 Constantino y Licinio emiten su "Edicto de Milán", en el cual consagran la libertad de culto, impidiendo la persecución de los cristianos y, no declarando religión alguna como oficial (Licinio lo rompería en 320, persiguiendo a los cristianos). Todo un paso de modernidad en su tiempo, pero no partían de cero, pues había el precedente de Galerio. Una leyenda que relata Eusebio en su "Vita Constantinii" habla de conversión: Según este relato, la víspera de la batalla en el Puente Milvio Constantino habría visto una cruz ante el sol. Luego soñó que se le mandaba poner este símbolo en su estandarte, con las palabras "In hoc signo vinces". Así, al otro día, hizo pintar cruces en todos los lábaros y escudos. Y triunfó. Inmediatamente se convirtió al "dios de la cruz", o sea, al cristianismo. Pero tal no fue así, y, por mencionar solo una, una prueba arquitectónica nos queda: luego de su victoria se erigió el llamado Arco de Constantino, en el cual hay alegorías e imágenes de dioses paganos, y por el contrario no hay cruces u otro símbolo cristiano. Otra leyenda dice que luego de su triunfo Constantino entregó al papa San Silvestre I (31 de diciembre) un palacio en el Laterano para que se edificara una basílica: la actual Basílica de San Juan de Letrán. Pero en realidad este palacio había sido dado al papa San Melquíades (10 de diciembre) por Galerio en 312. Y una tercera leyenda hace a Santa Constanza de Roma (19 de febrero) hija suya, aunque no hay certezas sobre ello.

"In hoc signo vinces".
No hay que olvidar que Constantino era hijo de Helena, y que esta probablemente procedía de familia cristiana. Su interés por los Santos Lugares y su piedad así lo testifican, aunque la leyenda de la Invención de la Cruz (3 de mayo) sea solo leyenda, es cierto que levantó varios santuarios en Tierra Santa, era piadosa y caritativa. Por ello, no hay que obviar este detalle para considerar que Constantino ciertamente podría haberse convertido de corazón, aunque no fuera de un día para otro, y más allá de sus intenciones políticas. Algunos niegan la conversión porque se sabe que es legendaria su curación de lepra por milagro de San Silvestre. Este le llevó a una fuente milagrosa y, a cambio de desterrar el paganismo y convertirse, le bañó y le bautizó. Pero sabido es que Constantino no fue bautizado hasta 337, y Silvestre murió en 335, dos años antes. La historia nos dice que Constantino no se bautizó solemnemente, sino en privado y al final de su vida, a punto de morir. Pero si vemos un poco de historia y de liturgia, veremos que esto era habitual en los tiempos de Constantino: pecadores públicos, conversos de la idolatría, asesinos o adúlteros no eran admitidos al bautismo sino luego de años de penitencia y catecumenado. Si bien el bautismo era el paso previo para entrar a formar parte de la Iglesia, no era dado sin más, y menos si había una vida pública de idolatría y pecados públicos, como la de Constantino (asesinó a Licinio, al hijo mayor de este, y a su propia segunda esposa, Fausta). Ciertamente, su bautismo por parte de un obispo arriano, Eusebio de Nicomedia, no le deja muy bien parado frente a la fe católica y su propia ortodoxia.

Por su parte la Iglesia, ahora libre, comienza una expansión no siempre exenta de contradicciones. Los prelados pueden acceder al funcionariado del imperio, tener propiedades religiosas, etc. A la par que la Iglesia ataca al culto pagano, condenando la idolatría una y otra vez, y fomentando la destrucción de los ídolos y sus templos, los problemas entre católicos y herejes, antes propios de la Iglesia, pasan al ámbito público, se convierten en problema para la paz y la estabilidad de las ciudades. Estos problemas inmiscuyen al poder civil, y Constantino, ni tarde ni perezoso convoca el Concilio de Nicea, en 325. San Atanasio (2 de mayo), diácono aún destacó entre los demás padres conciliares, exponiendo la herejía arriana y desarmando sus argumentos. Para evitar cualquier confusión en el futuro, se añade al Credo la palabra "homomisios", o sea, que se define a Cristo como Dios y consustancial al Padre. Constantino se cela de Atanasio, del poder que tiene y elude ayudarle siempre que puede cuando el santo es desterrado.

Hay que decir que esta influencia del emperador en el Concilio y en la Iglesia ha sido exagerada por algunos historiadores protestantes para introducir la idea de que él es el fundador de la "iglesia católica", frente a la "iglesia cristiana", y es una teoría que numerosos herejes modernos arguyen sin tener ni idea de lo que dicen. La Iglesia tenía prelados sumamente formados en Escrituras y Teología como para permitir que un emperador escasamente formado influenciara en ella, teológicamente hablando. Todo lo contrario, la Iglesia se separa aún más del paganismo, aunque asuma aspectos de la filosofía y del lenguaje paganos. No por el paganismo en sí, sino por la cultura reinante. 

Busto de Constantino.
Culto y veneración.
Respondiéndote, la Iglesia Católica Romana no incluye a Constantino entre sus santos, principalmente porque le veía demasiado "oriental" (recordar que estableció su capital en Constantinopla, no en Roma), y prefirió canonizar a santos reyes francos o ingleses. Eso sin hablar de su bautismo por un arriano, que es muy sospechoso. Sin embargo, las Iglesias Católicas Orientales en comunión con Roma sí que lo veneran. Las Iglesias Ortodoxas tienen otro sistema de canonización y veneración a los santos, menos complicado que el nuestro y más libérrimo a la hora de rendir culto a un santo. Si que veneramos a Santa Helena, aunque tampoco formó parte del Calendario Universal. Yo creo que ella ha pasado a Occidente y al santoral romano por su relación con la Invención de la Santa Cruz. Curiosamente Constantino sí que es venerado junto a Helena el 21 de mayo en el Calendario Luterano.


Fuentes:
-"Historia verdadera del emperador Constantino el Magno". MANUEL JOSÉ MARTÍN. Madrid, 1879.
-"Constantino, ¿el primer emperador cristiano? Religión y política en el siglo IV". JOSEP VILELLA MASANA.


A 21 de mayo además se celebra a:

Beata Richezza
de Polonia.

La Traslación de
San Juan de la Cruz.
San Eugenio de Mazenod,
obispo fundador.










sábado, 4 de junio de 2016

San Metrófanes, el primero luego de muchos.

San Metrófanes, obispo y primer Patriarca de Constantinopla. 4 de junio.

Sobre este santo hallamos dos tradiciones diferentes: 

La occidental, más escueta solamente narra que había padecido bajo Diocleciano, y habiendo confesado a Cristo, al llegar la paz de San Constantino (21 de mayo), fue elegido patriarca de la nueva sede episcopal de Bizancio, luego Constantinopla. La tradición oriental narra que Metrófanes era originario de Roma, y San Domecio (9 de junio), su padre, era hermano del emperador Probo. Al convertirse junto con su familia a la fe de Cristo, todos tuvieron que huir a Bizancio por la persecución contra los cristianos. Allí trabaron amistad con el obispo San Tito (2 de marzo), el cual ordenó presbítero a Metrófanes. Al morir Tito, Domecio fue elegido obispo y a la muerte de este, le sucedió su hijo mayor San Probo (3 de junio), y luego de este, ocupó la sede Metrófanes. 

Hay que aclarar que la contradicción entre ser el primer obispo de Constantinopla, y al mismo tiempo tener antecesores tiene su base en la leyenda oriental que hace a San Andrés Apóstol (30 de noviembre y 20 de junio, traslación de las reliquias a Constantinopla) el evangelizador y fundador de la sede apostólica de Constantinopla, pero eso es legendario y no sería hasta la paz de Constantino en la que se erige dicha sede, siendo, efectivamente Metrófanes su primer prelado. Antes de esto, la iglesia constantinopolitana pertenecía a la sede de Heraclea. En 325 se le esperaba en el Concilio de Nicea, pero debido a su avanzada edad, tuvo que enviar en su nombre a San Alejandro (28 de agosto) "co-obispo" de su iglesia. La leyenda asimismo dice que envió varias recomendaciones a los padres conciliares para que prestasen oído al joven diácono de Alejandría, San Atanasio (2 de mayo).

Al terminar el Concilio, reunió a su iglesia local y anunció que dejaba a Alejandro como sucesor, y a este le sucediera el lector San Pablo (7 de junio). A los pocos días falleció, con, según la tradición, 117 años. En 337 los cristianos construyeron una iglesia en su honor. 


Fuentes: 
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862. 
-"Historia general de la Iglesia. Tomo III". ANTOINE-HENRI BERAULT-BERCASTEL. Madrid, 1853.


A 4 de junio además se celebra a  
Santa Nennoc de Ploërmel, abadesa. 
San Quirino de Siscia, obispo y mártir.

lunes, 14 de diciembre de 2015

San Espiridión, el abofeteado.

San Espiridión de Tremithus, obispo carmelita. 14 ó 16 de diciembre (Iglesia romana), sábado de Pascua, primer domingo de noviembre, 11 (en Corfú) y 12 de agosto (Iglesias Orientales, la Defensión de Corfú).

Espiridión con el
hábito del Carmelo.
Carmelita y obispo.
Espiridión nació en Chipre a finales del siglo III, en 270 según algunos. Era un hombre de gran sencillez y se ganaba la vida como pastor. No tenía nada suyo, sino que el producto de sus animales los destinaba a los pobres. Les vestía con la lana y les alimentaba con el queso. Además, socorría a los enfermos, acogía a los peregrinos, protegía a los huérfanos e incluso aliviaba a los endemoniados. Se casó a temprana edad y tuvo una hija llamada Irene. Aún era joven cuando su mujer murió, entonces llevó a su hija a un monasterio para que fuera educada y él comenzó una vida ascética y de estudio de las Escrituras. Para alcanzar mayor perfección viajó a Tierra Santa y subió al Carmelo, donde trató con los religiosos y al cabo de un tiempo estos le dieron el hábito de la Orden del Carmen. Vivió ocho años como monje carmelita, pero al pasar este tiempo, los habitantes de Chipre recordaron a su ilustre cristiano y le eligieron obispo de Tremithus (Trimiton), y a pesar de su negativa, fue consagrado. Como obispo siguió viviendo como un religioso: con humilde sayal, pocos gustos y aficiones, escasa comida y descanso. Era todo para todos, se multiplicaba para predicar, sanar, corregir, alentar a la penitencia, la caridad y la conversión a Cristo. Y no solo eso, sino que para no ser gravoso a sus fieles, continuó pastoreando ovejas para ganarse el sustento.  

No pocos milagros realizó nuestro santo, en aras de socorrer a los necesitados, como la ocasión en que hizo brotar una fuente de aguas curativas, en medio de una plaga que, según él, caía sobre la ciudad a causa de los pecados de sus habitantes. Atrajo las lluvias, haciendo terminar la sequía, cual otro San Elías. En otro tiempo una hambruna asoló la región y los pobres clamaban por comida, mientras los ricos tenían los graneros llenos. Espiridión exhortó a estos a ejercer la caridad cristiana, pero nada. Así pues, en una noche y por milagro, una inundación vació los graneros de los ricos, llenando las casas de los pobres de trigo, con lo que los poderosos quedaron confundidos. A un labrador que no tenía que comer, dio un bastón de oro, para que un poderoso le prestase semilla de trigo, empeñando la barra, que debía rescatar luego. Al cabo del año, el pobre labrador cosechó abundantemente y pudo pagar el préstamo y rescató la pieza de oro. Espiridión, para que se viese la futilidad del oro, fue a un huerto y arrojando el bastón a la tierra, este se transformó en una serpiente. Esta escena es uno de sus principales motivos iconográficos. También multiplicó en más de una ocasión el aceite de las lámparas de las iglesias que visitaba, o dejó tiesos a unos ladrones que en la noche querían robarle sus ovejas, y les dejó libres luego de exhortarles al bien. Vendió cien cabras a uno que, pretendiendo timarle, solo le dio el dinero de noventa y nueve, pensando que el santo no lo notaría. Se llevó los animales, pero por tres veces seguidas, la cabra que no había pagado volvió a su establo. La cargó el estafador sobre los hombros, pero la cabra berreaba y le corneó brutalmente hasta que el engañador confesó su trampa y pagó lo que faltaba.

Y aún otro prodigio realizó a causa de la justicia: fue injustamente condenado a muerte un amigo suyo, y el santo se puso en camino para salvarle; al llegar a un arroyo, este estaba crecido y era imposible cruzarlo. El santo tocó las aguas y estas se detuvieron, pudiendo pasar por encima como si de tierra se tratara. El rumor del milagro llegó al emperador antes que Espiridión, y el monarca liberó al amigo del santo obispo sin más preguntas. Además, tenía don de conciencias, de profecía y de sanar los corazones afligidos.

Mártir de deseo y confesor.
En la persecución de Maximiano (304) fue sometido a varios tormentos, en los que no sucumbió ni apostató. Le mandaron a trabajar a las minas junto a otros presos cristianos. Para que no escapasen les dejaban con un ojo menos, y una pierna paralizada a causa de cortarle y retorcerle los tendones. Según la leyenda, fue enviado a España, a Oreto, cerca de la actual Calatrava. Y aún añade la leyenda que los toledanos le eligieron obispo viendo sus prendas. Finalmente, en 312 llegó la paz y pudo volver a su sede, aunque las secuelas de las torturas las llevó siempre, y las tenía como su mayor patrimonio.

Espiridión en el Concilio de Nicea.
Abofeteado por San Nicolás de Bari.

En 325 estuvo presente en el gran Concilio de Nicea, donde con argumentos sólidos, pero con gran caridad, atrajo a la Iglesia de Cristo a muchos herejes. Con respecto a este Concilio y la bofetada, se cuenta en Corfú una leyenda estrafalaria, que pone frente a frente a Espiridión con San Nicolás de Bari (6 de diciembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias). Según esta, cuando la región de Kos (la misma Corfú, probablemente) quedó sin obispo, los pastores del campo eligieron a uno de ellos, que no tenía letras ni conocimientos como obispo: Espiridión. Al enterarse de ello, allá en Myra, se rieron porque un simple pastor que montaba en burro negro (y eso porque se lo habían regalado los pastores al elegirlo), no tenía cualidades para ser obispo. Entonces, quedando Myra sin obispo, fue elegido Nicolás, un hombre versado en latín y griego, conocedor de las Escrituras y de familia noble y rica. Podía tener varios caballos y dos secretarios personales. Nicolás mismo llamaba “granjero” a Espiridión, despreciándole. Y llegó el Concilio de Nicea, para el cual partieron ambos obispos. Espiridión partió pronto en su pobre burro y con un ayudante, y Nicolás demoró aún más, pues llevaba caballos de repuesto y tres ayudante, además de un séquito. Enterado Nicolás que Espiridión también se dirigía al concilio, exclamó: "Y pensar que ese granjero también va allá. Imaginaos, un pastor torpe que apenas sabe leer, ¿que tendrá que decir sobre Jesús, cuando incluso los más eruditos aún no están de acuerdo? ¡En qué estado está nuestra Iglesia, que un hombre tan estúpido tiene tanto derecho a hablar como el hombre de cabeza más brillante! ¡Habría que detenerlo!" Mientras, Espiridión se acercaba a Nicea, repartiendo su bondad y caridad entre los pobres, mientras que Nicolás se detenía, no queriendo encontrarse en el camino con aquella bestia ignorante. Y resultó que coincidieron en la misma posada, una noche antes de llegar a Nicea. Espiridión llegó a mediodía, comió algo, predicó a los pobres y descansó. Al anochecer llegó Nicolás, exigió comida y la mejor habitación, y rápidamente. Vio a Espiridión y su secretario junto al fuego, les mandó apartarse para calentarse él y dijo a sus secretarios, con sorna: “Y un hombre así debería predicar la verdad sobre la persona de Jesucristo revelada. Qué pena. ¡Qué pérdida de tiempo tener que escuchar a semejante gente! Además, es una costosa pérdida de dinero. ¿Es que no hay realmente ninguna posibilidad de silenciarle?". Uno de los secretarios sugirió asesinarle, pero Nicolás dijo tajantemente “recordemos que estamos en la Iglesia de Dios, y no hacemos este tipo de cosas”. Espiridión se acostó, en el establo, y Nicolás siguió bebiendo y comiendo hasta emborracharse. En ese estado, su secretario le convenció para quitarse de en medio a Espiridión. Finalmente, Nicolás asintió, tomó la última copa y tuvo que ser llevado a la cama por sus asistentes, de lo borracho que estaba.

A la mañana siguiente, Nicolás y sus servidores se levantaron temprano y partieron al galope antes que se descubriera el crimen. Pero he aquí que el asesino se había equivocado y en vez de degollar y mutilar a Espiridión y su secretario, lo hizo con el burro negro de Espiridión y uno gris del posadero. A la mañana este vio el brutal espectáculo y clamó contra "ese sinvergüenza y miserable pozo de desgracias que se dice obispo". Espiridión lo escuchó y fue al establo y lloró por su único ojo. Por los animales y por el mal ejemplo de Nicolás, que como obispo debía ser el primero en mostrar al mundo la caridad de Cristo. El posadero, sabiendo de la caridad y las cualidades taumatúrgicas de Espiridión le pidió un milagro y este accedió. Pero aún para hacer el milagro más evidente, Espiridión puso las patas y cabeza grises de un burro en el cuerpo del burro negro, y viceversa. Juntó las piezas de los animales, clamó al cielo y los animales resucitaron. Este portento se regó como la pólvora en las comarcas y según Espiridión avanzaba la gente venía a verle, venerarle, y comprobaban el milagro con su burro negro de patas y cabeza grises. 

A la misma Nicea llegó la noticia del milagro realizado por el pobre obispo “ganadero”. Al llegar a Nicea, los otros obispos, menos San Nicolás, le recibieron con cariño y admiración. El emperador Constancio le sentó cerca de él. Empezaron las sesiones y el humilde Espiridión expuso la sana doctrina católica sobre Cristo, conforme a las Escrituras y los santos Padres. Los demás obispos le admiraban y querían, pero Nicolás refunfuñaba constantemente, porque a pesar de estar de acuerdo con lo que Espiridión exponía, este le dejaba en mal lugar. Así que cuando Espiridión terminó, Nicolás no pudo más y le dio una sonora bofetada, con lo que sucedió lo que ya leímos; humildad de Espiridión que pone la otra mejilla, arrepentimiento del agresor, etc. Y tan arraigada está la leyenda, que en Corfú la fiesta de San Nicolás es pasada por alto y no se celebra, siendo probablemente el único sitio cristiano de Oriente en que no sea día festivo. Y para concluir, otra leyenda dice que a quien abofeteó San Nicolás fue al hereje Arrio. Pero igualmente es una absurda leyenda.

Otros portentos.
Al volver del concilio halló a su hija Irene fallecida. Estando en los funerales, llegó una mujer llorando porque le había dado a guardar a la joven una joya muy valiosa que le reclamaban ahora a ella. La buscaron por todo sitio y nada. Entonces, Espiridión, compadecido de la mujer, se dirigió a su hija muerta y le dijo: "Irene, hija, donde está la joya que esta mujer te encomendó". Y la joven se levantó, señaló el lugar donde la había escondido y volvió a morir. 

El milagro de la serpiente.
En 337 enfermó gravemente el emperador Constancio, y una noche tuvo un sueño en el que un ángel le señalaba particularmente a uno de ellos. Constancio convocó en el palacio a los obispos en Antioquía, pero cuando fue a entrar Espiridión, la guardia le tomó por un mendigo a causa de su hábito miserable. Insistió el santo, diciendo que el emperador le llamaba y el guardia de turno le abofeteó. El santo simplemente se levantó y puso la otra mejilla, como manda el Evangelio y repitió que el propio emperador le había llamado a causa de su enfermedad. El guardia al ver el gesto, se arrepintió y pidió perdón al santo, que le abrazó. Y, claro, tan pronto como entró en presencia del emperador, Constancio reconoció en él al obispo que le había señalado el ángel en su sueño. Espiridión puso sus manos sobre la cabeza de Constancio y este sanó completamente. Allí mismo, además, resucitó al hijo de una pobre viuda. Además, hizo enmudecer a un diácono presuntuoso, que alardeaba de su voz y alargaba los oficios solo para que lucirse. Intercalaba oraciones, himnos y quebraba dramáticamente la voz. Espiridión le mandó callar y continuó él los cantos según la disciplina de la Iglesia, aunque luego que el diácono se arrepintió, le restituyó la voz. 

En 347 fue al concilio de Sardis, donde confesó la fe católica, predicó a los herejes y reprendió a Trifilo, que había sido su discípulo y ahora obispo de Ledras, por su manera afectada de predicar y tratar con el pueblo. Ese mismo año, el patriarca San Atanasio de Alejandría (2 de mayo, Iglesia Romana; 18 de enero, Iglesias Orientales; y 15 de mayo, Iglesia Copta) convocó un sínodo de obispos para que le ayudasen a combatir el paganismo que aún rodeaba su sede. Había derribado algunos templos y estatuas paganos y construido iglesias, pero un templo en particular se le resistía. tuvo la revelación de que solo Espiridión podría contra el demonio que moraba en el ídolo. No más entró el santo a Alejandría, fue al templo y oró a Dios ante la estatua, cuando esta se rompió en pedazos y huyeron confundidos los diablos. 

Muerte, reliquias y veneración.
Luego de una vida entregada a Cristo, Espiridión enfermó y sintió cercano su fin. Predijo el día de su muerte y se preparó a ella. Entró al cielo el 14 de diciembre de 348 (o 350, según). A finales del siglo VII, sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla. En 1453 fueron salvadas de la furia musulmana, y en 1456 pasaron secretamente a Epiro y de aquí a Corfú, donde se venera su cuerpo, curiosamente en posición vertical, dentro de un ataúd de piedra. Su devoción es constante y acendrada. Las victorias sobre los turcos en Lepanto, 1571, y en Corfú, 1716, así como la liberación de Corfú de la peste en 1630 se atribuyen a su poderosa intercesión. Es patrono de Corfú, de marineros y se le invoca contra las inundaciones.

A Trifilo se atribuye la primera "vita" de San Espiridión, pero en realidad es mucho más tardía.  En el siglo XVI su memoria pasó a la Orden del Carmen a 14 de diciembre, pero al ser beatificado N. P. San Juan de la Cruz y ser puesta su memoria a 14 de diciembre, la de Espiridión pasó al 16 del mismo mes. Regresó al día 14 cuando la fiesta de San Juan de la Cruz fue movida al 24 de noviembre, y ahí se mantuvo hasta la reforma de 1969, cuando el Santo Padre regresó a celebrarse a 14 de diciembre y Espiridión fue eliminado del propio de la Orden del Carmen.

En este enlace podéis ver la procesión que cada año se realiza en Corfú con sus reliquias: https://www.youtube.com/watch?v=oaYXwL74x8o


Fuente: 
-“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678.
-
"Vidas de los Santos". Tomo XII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-"Levens der Heiligen, Kerkvaders en Martelaren". IV. E.S HAGEN. 1837-1838.



A 14 de diciembre además se celebra a San Juan de la Cruz, Padre Nuestro.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...