Mostrando entradas con la etiqueta Chipre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chipre. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de enero de 2017

San Pedro Tomás, virgen, doctor y mártir.

San Pedro Tomás, obispo carmelita. 8 de enero.

Nació en Francia, en Salines, en el año 1308, de padres pobres, pero buenos cristianos. A base de limosnas y trabajo, sus padres pudieron enviarle a Montpellier, donde trabajó y padeció para poder estudiar. Con buenas recomendaciones pasó a Agen donde estudió Retórica y Filosofía, y con tan admirables resultados que a los 17 años, apenas graduarse, ya fue tutor de algunos niños. En esta ciudad frecuentaba el convento del Carmen, fundado hacía poco, y con cuyos religiosos trabó una sólida amistad. Como era piadoso, inteligente y de buen corazón, el prior le solicitó fuera maestro de los religiosos jóvenes necesitados de Gramática y Retórica. Así, conviviendo con los religiosos, le llamó Dios a la Orden de la Virgen, de la que Pedro había sido gran devoto desde siempre. Un año pasó en aquella casa como profesor, y luego se fue al convento de Condomio, cuando con 19 años tomó el hábito. Fue un excelente novicio, siendo cumplidor de la Regla y las costumbres, calló sus dotes para las letras y enseñanza, para no sobresalir entre los demás. Era caritativo con los religiosos mayores, dado a la oración y la devoción mariana, tan importante para el Carmelo. En 1328 profesó y le encomendaron la enseñanza de Gramática a los demás religiosos. A los dos años le trasladaron al convento de Agen donde volvió a formar a los frailes en Lógica y Filosofía, esta vez ya como uno de ellos.

A los 25 años, en 1333 le ordenaron sacerdote, con gran regocijo y humildad de su parte. Fue maestro de Filosofía en Agen, Burdeos y Alvia durante tres años. En 1336 pasó a París, a estudiar la Teología. Como era pobre, no tenía amigos o familiares ricos que le sustentaran de lo necesario, como libros, lámpara o pluma para escribir. En la soledad de su celda, de la que salía poquísimo, solo para ir a clases o el coro, sufría su pobreza sin jamás pedir nada. Una noche se le apareció la Santísima Virgen que, asiéndole de la capa, le dijo: "Hijo mío, no te desanime tu pobreza, que no te desampararé. Prosigue en tus estudios y mi devoción, que yo cuidaré que nunca te falte lo necesario". Y lo cumplió la Señora, pues al día siguiente, confesó Pedro a un soldado que le entregó 15 escudos de oro y que luego le socorrió oportunamente sin el santo pedirle nada.

En 1339 le enviaron a Caturn a impartir Teología y como predicador del convento carmelita. Aquí destacó en el ministerio de la predicación. También logró que lloviese luego de una larga sequía, al predicar al pueblo la penitencia y la conversión, y orar profundamente. Este portento, se dice, llegó a oídos del General de la Orden, el Beato Pedro de Cesis (3 de agosto). En 1342 volvió a París, donde fue profesor al mismo tiempo que terminaba la Teología. En 1345 le enviaron al Capítulo General de Milán, donde le nombraron Procurador de la Orden ante la corte pontificia, a la sazón en Avignon, Francia. Allí el General de la Orden, Pedro Raymundo, le vio tan pequeño de estatura (porque lo era), pobre y humilde, callado y reservado, que consideró un error su nombramiento, y no lo presentó a los cardenales y dignatarios pontificios. Pero resultó que el cardenal Taleirand, que le conocía, le invitó a una cena con otros cardenales, y al cabo de esta, se movieron algunos asuntos de letras, teología y otras cuestiones en las que todos daban su parecer. Pedro callaba hasta que le pidieron su opinión, y entonces, encomendándose a la Santísima Virgen, dio su explicación y todos los presentes quedaron admirados de su elocuencia y juicio. El cardenal le eligió entonces como predicador pontificio, cosa que Pedro Tomás intentó rehusar, pero no hubo remedio. El General de la Orden mudó su parecer con respecto a él, por supuesto. En Avignon conoció al insigne carmelita San Andrés Corsini (9 de enero, 4 de febrero, traslación de las reliquias, y segundo domingo de junio, en Florencia), que le sustituyó como Procurador General en 1346, cuando Pedro fue enviado de nuevo a París a clases de Sagrada Escritura, doctorándose en ella en 1349. Volvió entonces a Avignon, con regocijo de los cardenales y del papa Clemente VI, el cual acudía siempre que podía a sus misas y prédicas. También los nobles y el pueblo llano se sirvió de su sabiduría y elocuencia en el púlpito y en el confesionario, cambiando de costumbres y llenando las iglesias para los ejercicios de devoción.

La promesa de la Santísima Virgen.
En 1351 ocurrió un hecho que ha configurado la iconografía de San Pedro Tomás: asolaba la peste a Avignon y a media Europa, los conventos carmelitas quedaron semivacíos a causa de las muertes o los religiosos que huían. Los que quedaban abandonaban la observancia para salir, comer lo que fuera, tener visitas, etc. Lloraba Pedro Tomás el estado de la Orden, cuando la Santísima Virgen se le apareció y le reveló que la Orden del Carmen duraría hasta el fin del mundo. Que así se lo había pedido San Elías a Cristo en el momento de la Transfiguración y este se lo había concedido. En 1352 murió el papa y Pedro Tomás fue el predicador de los funerales. Tanto duraron, que el santo perdió la voz, siendo que el último día estaba lo más concurrido del clero y nobleza. Dudaba el santo si subir a predicar sin voz, cuando pidió a la Virgen que le supliera, subió al púlpito y entonó el sermón con la voz más clara que nunca. 

El nuevo papa, Inocencio VI tomó más afecto aún a Pedro, y le nombró legado apostólico en el conflicto entre Génova y Venecia. Luego le envió igualmente como legado al rey Luis de Nápoles para que hiciera la paz con los reinos vecinos. Y una tercera vez le envió como legado a las iglesias y reinos búlgaros a reconciliarse con la Iglesia. Al mismo tiempo que le nombraba obispo de Liparia. Tomó posesión el santo de su sede y siguió su camino, no sin peligro, pues en las costas de Albania toparon con una embestida de los moros. Se puso en oración el santo y una nube de aire y polvo cegó a los moros, pudiendo huir los cristianos. Otra vez calmó una tempestad y una tercera logró que el barco hallara en medio de la noche un puerto seguro donde repararse y continuar camino. La legacía no resultó tal como se esperaba, pues Pedro pronto comprendió que la pretendida sujeción de los búlgaros a la Iglesia romana solo era un ardid político del rey para lograr el apoyo de Occidente contra los turcos que le asolaban. Las relaciones se enturbiaron cuando Pedro le desenmascaró, haciéndole ver que aún se mantenía en el cisma oriental. Entonces le prohibió el rey celebrar en rito romano y predicar sobre la unidad con Roma, aunque a eso había ido Pedro y no a otra cosa. Tuvo que irse Fray Pedro con el dolor de no haber conseguido la unidad. Tampoco pudo hacer la paz entre Venecia y Nápoles, profetizando ante los gobernantes de ambas regiones que un mal peor vendría. Y así fue, siendo asolados ambos por los húngaros al año siguiente.

En 1357 volvió el santo a Avignon, el papa le encomendó la difícil tarea de lograr la unidad con la Iglesia de Constantinopla. Partió a la embajada en espíritu de oración y fuertes penitencias para lograr algo y no fracasar. Predicó ante el emperador Juan el Paleólogo, exhortándole a la unidad y a la vuelta al redil de Cristo. Además, logró que este monarca abjurase de los errores y reconociera a la Iglesia romana como la Iglesia de Cristo. Alentado con esta "victoria", Pedro quiso visitar Tierra Santa y el santo Monte Carmelo. Pasó por Chipre, donde vivió con los carmelitas y siguió luego camino. En Jerusalén fue feliz visitando los Santos Lugares, predicando a los fieles y viviendo con la gente. Los musulmanes le tomaron rabia, porque no callaba sus errores, así que de determinaron eliminarlo. Los fieles le avisaron para que se fuese y no provocara más tensiones. Antes de irse, predicó en la iglesia de los franciscanos, sobre la dicha del martirio y la importancia de la confesión de la fe. Llegaron los moros a matarle y el santo bajó del púlpito, les enfrentó serenamente y pasó en medio de ellos, quedando los musulmanes estupefactos de su valor.

Volvió a Chipre, retirándose un tiempo en el convento de Famagusta, dedicado solamente a la oración y la penitencia. Durante los ratos de oración, un resplandor inmenso se veía salir de su celda, iluminando la ciudad. En 1359 el papa le nombró obispo de Coron, perteneciente a Venecia, y le envió de nuevo a Constantinopla. Entró a tierras turcas ese mismo año, al frente de un ejército de caballeros de San Juan, que lograron doblegar a los moros. Igualmente en Creta, Rodas, Esmirna, logró echar a los musulmanes, trayendo el consuelo a los cristianos. Recompuso las iglesias, restauró el culto cristiano y levantó los monasterios. En Creta redujo, además, a unos herejes, privándoles de sus iglesias arrebatadas a los católicos y eliminando su engaño. En Rodas cayó enfermo, temiéndose por su vida, pero la Santísima Virgen y San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), de quien era muy devoto, le sanaron milagrosamente, para asistir a la coronación de Pedro de Chipre, que llevó a cabo en la catedral de Famagusta, a nombre del papa. Luego convocó un Concilio para atraer a la Iglesia romana a los griegos. Les predicó y convenció a muchos del error de su cisma. Mientras, un presbítero griego alentaba a los cismáticos contra el legado y la Iglesia romana. Cuando fueron muchos, se fueron adonde el concilio a matarle, pero el santo, poniéndose frente a los que aceptaban su mensaje, se dispuso a ser el primero en ser martirizado. El rey envió tropas que redujeron a los rebeldes, pudiendo seguir el concilio en paz. Por último, redujo al principal obispo de los chipriotas, trayéndole a la obediencia del papa. Tomó luego de esto el santo posesión de su sede de Coron, donde reformó la Iglesia, revitalizó la vid piadosa, el culto y la caridad. Pero poco tiempo estuvo allí, pues hubo de volver a Chipre a asuntos de su legacía. Allí le sorprendió la peste, ante la cual organizó ayunos, penitencias y varios ejercicios piadosos. Encabezó descalzo una procesión en Nicosia para pedir misericordia, haciendo todos los habitantes de la isla numerosas penitencias para ello. Y la plaga cesó, con casi ningún muerto, sanando los enfermos.

En 1362 murió el papa Inocencio VI y fue elegido el Beato Urbano V (19 de diciembre). Nuestro Pedro fue a Avignon a rendirle obediencia y ponerse a su disposición. El Viernes Santo de 1363 este papa proclamó la Cruzada, comisionando a los reyes de Francia y Chipre para ella, y nombrando Supremo Legado del papa a nuestro santo carmelita. Su primer trabajo fue hacer la paz entre los príncipes cristianos e italianos para así, fuertes, poder acometer al turco. Esto le trajo incomprensiones y algún peligro por parte de cristianos, pero no se arrendró. La Cruzada habría seguido adelante, pero los genoveses no querían turbar su paz con los moros, y se hacía difícil sin ellos, y por otro lado, atacaron Chipre, teniendo el santo que imponer la paz, siendo agredido por ello a pedradas, cosa que soportó pacientemente. En 1364 murió Guillermo, Patriarca de Constantinopla, que permanecía unido a Roma, y el papa nombró a Pedro Tomás como Patriarca para tan importante sede, manteniéndole como Legado. 

Al fin partió la Armada hacia la Santa Cruzada. El 3 de octubre de 1365 llegaron los cristianos a Alejandría, por donde querían comenzar la reconquista. El santo tomó un crucifijo y desde la proa de su barca alentó a los soldados cristianos. Allí le alcanzó una saeta, pero aún herido continuó animando a las tropas. Los moros resistieron todo lo que pudieron, pero finalmente huyeron a El Cairo, pudiendo entrar los cristianos a la ciudad. Pero no se comportaron como debían, pues desunidos entre ellos, se pelearon por robar y saquear, huyendo muchos a sus barcos después, dejando la ciudad desierta y desprotegida, además de arruinada. El santo, dolorido por ello, escribió al papa contándole lo ocurrido, lanzó excomuniones contra todos aquellos que habían renegado de la causa en aras de la rapiña y tristemente regresó a Chipre. No cejó por ello, sino que se dispuso a viajar a Avignon a continuar su causa ante el papa y otros príncipes para reconquistar la Ciudad Santa.

La gloria de San Pedro Tomás.
Pero otra cosa quería Dios: Estando en el convento carmelita de Famagusta, rezando el el coro luego de celebrar la Vigilia de Navidad de 1365, Dios le reveló que su fin estaba cerca. El día 27 se le vio desfallecer, pero aún así celebró la misa de pontifical en un santuario mariano, al que se dirigió en procesión y descalzo, aunque los religiosos le previnieron de lo arduo del camino. Vuelto al convento guardó cama, aunque pidió le pusieran en la tierra desnuda y con una soga al cuello, para hacer penitencia hasta en sus últimos momentos. Así hizo una confesión general y recibió la santa comunión y fue vuelto a la cama. Los diablos le tentaban, pero su gran valedora, la Virgen del Carmen los alejó con su intercesión, que clamaba el santo continuamente. La víspera de la Epifanía de 1366 volvió a confesarse y recibió la extremaunción vestido de áspero sayal, repartió entre los pobres mil florines que tenía de su sueldo como Legado y que jamás tocaba, y pidió le leyeran de la Pasión del Señor. Llegado el día de la Epifanía, entró en éxtasis, luego arregló unos asuntos de su legacía y quedó en paz. Hacia mediodía clamó "bien, bien", y murió.

Esa noche mientras velaban el cuerpo unas religiosas, vieron como una luz celestial iluminaba el santo cuerpo, que de pronto apareció bellísimo, sin marcas de edad, trabajos, enfermedades ni penitencias. Además, emanaban las manos un aceite suavísimo de delicado olor, que por más paños que pusieron, no cesaba. Con estos paños luego se obraron grandes milagros. Y por último, el cuerpo aparecía flexible, como si el santo durmiera. Fue sepultado, luego de sentidos funerales, el 14 del mismo mes.

En 1375 la orden pidió al papa Gregorio XI su canonización, junto con la de San Alberto de Sicilia (7 de agosto). Su fiesta aparece fijada en un misal de 1505 a 9 de enero, luego se movió al 14 y finalmente al 8 del mismo mes. Una crónica no datada cuenta que se hizo una traslación de las reliquias, en la que pudo comprobarse la incorrupción, especialmente del corazón, que permanecía fresco y húmedo. Tuvo que ser antes de 1424, año de la toma de Famagusta por los sarracenos, que saquearon la ciudad durante tres días e hicieron desaparecer las reliquias de nuestro santo. 


Su iconografía le pinta con una palma de tres coronas, por virgen, doctor y mártir.


Fuente:
-"Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen". FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678. 



A 8 de enero además de celebra a 
San Alberto de Cashel, obispo.
Santa Peggy de Crowland, virgen.

lunes, 14 de diciembre de 2015

San Espiridión, el abofeteado.

San Espiridión de Tremithus, obispo carmelita. 14 ó 16 de diciembre (Iglesia romana), sábado de Pascua, primer domingo de noviembre, 11 (en Corfú) y 12 de agosto (Iglesias Orientales, la Defensión de Corfú).

Espiridión con el
hábito del Carmelo.
Carmelita y obispo.
Espiridión nació en Chipre a finales del siglo III, en 270 según algunos. Era un hombre de gran sencillez y se ganaba la vida como pastor. No tenía nada suyo, sino que el producto de sus animales los destinaba a los pobres. Les vestía con la lana y les alimentaba con el queso. Además, socorría a los enfermos, acogía a los peregrinos, protegía a los huérfanos e incluso aliviaba a los endemoniados. Se casó a temprana edad y tuvo una hija llamada Irene. Aún era joven cuando su mujer murió, entonces llevó a su hija a un monasterio para que fuera educada y él comenzó una vida ascética y de estudio de las Escrituras. Para alcanzar mayor perfección viajó a Tierra Santa y subió al Carmelo, donde trató con los religiosos y al cabo de un tiempo estos le dieron el hábito de la Orden del Carmen. Vivió ocho años como monje carmelita, pero al pasar este tiempo, los habitantes de Chipre recordaron a su ilustre cristiano y le eligieron obispo de Tremithus (Trimiton), y a pesar de su negativa, fue consagrado. Como obispo siguió viviendo como un religioso: con humilde sayal, pocos gustos y aficiones, escasa comida y descanso. Era todo para todos, se multiplicaba para predicar, sanar, corregir, alentar a la penitencia, la caridad y la conversión a Cristo. Y no solo eso, sino que para no ser gravoso a sus fieles, continuó pastoreando ovejas para ganarse el sustento.  

No pocos milagros realizó nuestro santo, en aras de socorrer a los necesitados, como la ocasión en que hizo brotar una fuente de aguas curativas, en medio de una plaga que, según él, caía sobre la ciudad a causa de los pecados de sus habitantes. Atrajo las lluvias, haciendo terminar la sequía, cual otro San Elías. En otro tiempo una hambruna asoló la región y los pobres clamaban por comida, mientras los ricos tenían los graneros llenos. Espiridión exhortó a estos a ejercer la caridad cristiana, pero nada. Así pues, en una noche y por milagro, una inundación vació los graneros de los ricos, llenando las casas de los pobres de trigo, con lo que los poderosos quedaron confundidos. A un labrador que no tenía que comer, dio un bastón de oro, para que un poderoso le prestase semilla de trigo, empeñando la barra, que debía rescatar luego. Al cabo del año, el pobre labrador cosechó abundantemente y pudo pagar el préstamo y rescató la pieza de oro. Espiridión, para que se viese la futilidad del oro, fue a un huerto y arrojando el bastón a la tierra, este se transformó en una serpiente. Esta escena es uno de sus principales motivos iconográficos. También multiplicó en más de una ocasión el aceite de las lámparas de las iglesias que visitaba, o dejó tiesos a unos ladrones que en la noche querían robarle sus ovejas, y les dejó libres luego de exhortarles al bien. Vendió cien cabras a uno que, pretendiendo timarle, solo le dio el dinero de noventa y nueve, pensando que el santo no lo notaría. Se llevó los animales, pero por tres veces seguidas, la cabra que no había pagado volvió a su establo. La cargó el estafador sobre los hombros, pero la cabra berreaba y le corneó brutalmente hasta que el engañador confesó su trampa y pagó lo que faltaba.

Y aún otro prodigio realizó a causa de la justicia: fue injustamente condenado a muerte un amigo suyo, y el santo se puso en camino para salvarle; al llegar a un arroyo, este estaba crecido y era imposible cruzarlo. El santo tocó las aguas y estas se detuvieron, pudiendo pasar por encima como si de tierra se tratara. El rumor del milagro llegó al emperador antes que Espiridión, y el monarca liberó al amigo del santo obispo sin más preguntas. Además, tenía don de conciencias, de profecía y de sanar los corazones afligidos.

Mártir de deseo y confesor.
En la persecución de Maximiano (304) fue sometido a varios tormentos, en los que no sucumbió ni apostató. Le mandaron a trabajar a las minas junto a otros presos cristianos. Para que no escapasen les dejaban con un ojo menos, y una pierna paralizada a causa de cortarle y retorcerle los tendones. Según la leyenda, fue enviado a España, a Oreto, cerca de la actual Calatrava. Y aún añade la leyenda que los toledanos le eligieron obispo viendo sus prendas. Finalmente, en 312 llela paz y pudo volver a su sede, aunque las secuelas de las torturas las llevó siempre, y las tenía como su mayor patrimonio.

Espiridión en el Concilio de Nicea.
Abofeteado por San Nicolás de Bari.

En 325 estuvo presente en el gran Concilio de Nicea, donde con argumentos sólidos, pero con gran caridad, atrajo a la Iglesia de Cristo a muchos herejes. Con respecto a este Concilio y la bofetada, se cuenta en Corfú una leyenda estrafalaria, que pone frente a frente a Espiridión con San Nicolás de Bari (6 de diciembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias). Según esta, cuando la región de Kos (la misma Corfú, probablemente) quedó sin obispo, los pastores del campo eligieron a uno de ellos, que no tenía letras ni conocimientos como obispo: Espiridión. Al enterarse de ello, allá en Myra, se rieron porque un simple pastor que montaba en burro negro (y eso porque se lo habían regalado los pastores al elegirlo), no tenía cualidades para ser obispo. Entonces, quedando Myra sin obispo, fue elegido Nicolás, un hombre versado en latín y griego, conocedor de las Escrituras y de familia noble y rica. Podía tener varios caballos y dos secretarios personales. Nicolás mismo llamaba “granjero” a Espiridión, despreciándole. Y llegó el Concilio de Nicea, para el cual partieron ambos obispos. Espiridión partió pronto en su pobre burro y con un ayudante, y Nicolás demoró aún más, pues llevaba caballos de repuesto y tres ayudante, además de un séquito. Enterado Nicolás que Espiridión también se dirigía al concilio, exclamó: "Y pensar que ese granjero también va allá. Imaginaos, un pastor torpe que apenas sabe leer, ¿que tendrá que decir sobre Jesús, cuando incluso los más eruditos aún no están de acuerdo? ¡En qué estado está nuestra Iglesia, que un hombre tan estúpido tiene tanto derecho a hablar como el hombre de cabeza más brillante! ¡Habría que detenerlo!" Mientras, Espiridión se acercaba a Nicea, repartiendo su bondad y caridad entre los pobres, mientras que Nicolás se detenía, no queriendo encontrarse en el camino con aquella bestia ignorante. Y resultó que coincidieron en la misma posada, una noche antes de llegar a Nicea. Espiridión llegó a mediodía, comió algo, predicó a los pobres y descansó. Al anochecer llegó Nicolás, exigió comida y la mejor habitación, y rápidamente. Vio a Espiridión y su secretario junto al fuego, les mandó apartarse para calentarse él y dijo a sus secretarios, con sorna: “Y un hombre así debería predicar la verdad sobre la persona de Jesucristo revelada. Qué pena. ¡Qué pérdida de tiempo tener que escuchar a semejante gente! Además, es una costosa pérdida de dinero. ¿Es que no hay realmente ninguna posibilidad de silenciarle?". Uno de los secretarios sugirió asesinarle, pero Nicolás dijo tajantemente “recordemos que estamos en la Iglesia de Dios, y no hacemos este tipo de cosas”. Espiridión se acostó, en el establo, y Nicolás siguió bebiendo y comiendo hasta emborracharse. En ese estado, su secretario le convenció para quitarse de en medio a Espiridión. Finalmente, Nicolás asintió, tomó la última copa y tuvo que ser llevado a la cama por sus asistentes, de lo borracho que estaba.

A la mañana siguiente, Nicolás y sus servidores se levantaron temprano y partieron al galope antes que se descubriera el crimen. Pero he aquí que el asesino se había equivocado y en vez de degollar y mutilar a Espiridión y su secretario, lo hizo con el burro negro de Espiridión y uno gris del posadero. A la mañana este vio el brutal espectáculo y clamó contra "ese sinvergüenza y miserable pozo de desgracias que se dice obispo". Espiridión lo escuchó y fue al establo y lloró por su único ojo. Por los animales y por el mal ejemplo de Nicolás, que como obispo debía ser el primero en mostrar al mundo la caridad de Cristo. El posadero, sabiendo de la caridad y las cualidades taumatúrgicas de Espiridión le pidió un milagro y este accedió. Pero aún para hacer el milagro más evidente, Espiridión puso las patas y cabeza grises de un burro en el cuerpo del burro negro, y viceversa. Juntó las piezas de los animales, clamó al cielo y los animales resucitaron. Este portento se regó como la pólvora en las comarcas y según Espiridión avanzaba la gente venía a verle, venerarle, y comprobaban el milagro con su burro negro de patas y cabeza grises. 

A la misma Nicea llegó la noticia del milagro realizado por el pobre obispo “ganadero”. Al llegar a Nicea, los otros obispos, menos San Nicolás, le recibieron con cariño y admiración. El emperador Constancio le sentó cerca de él. Empezaron las sesiones y el humilde Espiridión expuso la sana doctrina católica sobre Cristo, conforme a las Escrituras y los santos Padres. Los demás obispos le admiraban y querían, pero Nicolás refunfuñaba constantemente, porque a pesar de estar de acuerdo con lo que Espiridión exponía, este le dejaba en mal lugar. Así que cuando Espiridión terminó, Nicolás no pudo más y le dio una sonora bofetada, con lo que sucedió lo que ya leímos; humildad de Espiridión que pone la otra mejilla, arrepentimiento del agresor, etc. Y tan arraigada está la leyenda, que en Corfú la fiesta de San Nicolás es pasada por alto y no se celebra, siendo probablemente el único sitio cristiano de Oriente en que no sea día festivo. Y para concluir, otra leyenda dice que a quien abofeteó San Nicolás fue al hereje Arrio. Pero igualmente es una absurda leyenda.

Otros portentos.
Al volver del concilio halló a su hija Irene fallecida. Estando en los funerales, llegó una mujer llorando porque le había dado a guardar a la joven una joya muy valiosa que le reclamaban ahora a ella. La buscaron por todo sitio y nada. Entonces, Espiridión, compadecido de la mujer, se dirigió a su hija muerta y le dijo: "Irene, hija, donde está la joya que esta mujer te encomendó". Y la joven se levantó, señaló el lugar donde la había escondido y volvió a morir. 

El milagro de la serpiente.
En 337 enfermó gravemente el emperador Constancio, y una noche tuvo un sueño en el que un ángel le señalaba particularmente a uno de ellos. Constancio convocó en el palacio a los obispos en Antioquía, pero cuando fue a entrar Espiridión, la guardia le tomó por un mendigo a causa de su hábito miserable. Insistió el santo, diciendo que el emperador le llamaba y el guardia de turno le abofeteó. El santo simplemente se levantó y puso la otra mejilla, como manda el Evangelio y repitió que el propio emperador le había llamado a causa de su enfermedad. El guardia al ver el gesto, se arrepintió y pidió perdón al santo, que le abrazó. Y, claro, tan pronto como entró en presencia del emperador, Constancio reconoció en él al obispo que le había señalado el ángel en su sueño. Espiridión puso sus manos sobre la cabeza de Constancio y este sanó completamente. Allí mismo, además, resucitó al hijo de una pobre viuda. Además, hizo enmudecer a un diácono presuntuoso, que alardeaba de su voz y alargaba los oficios solo para que lucirse. Intercalaba oraciones, himnos y quebraba dramáticamente la voz. Espiridión le mandó callar y continuó él los cantos según la disciplina de la Iglesia, aunque luego que el diácono se arrepintió, le restituyó la voz. 

En 347 fue al concilio de Sardis, donde confesó la fe católica, predicó a los herejes y reprendió a Trifilo, que había sido su discípulo y ahora obispo de Ledras, por su manera afectada de predicar y tratar con el pueblo. Ese mismo año, el patriarca San Atanasio de Alejandría (2 de mayo, Iglesia Romana; 18 de enero, Iglesias Orientales; y 15 de mayo, Iglesia Copta) convocó un sínodo de obispos para que le ayudasen a combatir el paganismo que aún rodeaba su sede. Había derribado algunos templos y estatuas paganos y construido iglesias, pero un templo en particular se le resistía. tuvo la revelación de que solo Espiridión podría contra el demonio que moraba en el ídolo. No más entró el santo a Alejandría, fue al templo y oró a Dios ante la estatua, cuando esta se rompió en pedazos y huyeron confundidos los diablos. 

Muerte, reliquias y veneración.
Luego de una vida entregada a Cristo, Espiridión enfermó y sintió cercano su fin. Predijo el día de su muerte y se preparó a ella. Entró al cielo el 14 de diciembre de 348 (o 350, según). A finales del siglo VII, sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla. En 1453 fueron salvadas de la furia musulmana, y en 1456 pasaron secretamente a Epiro y de aquí a Corfú, donde se venera su cuerpo, curiosamente en posición vertical, dentro de un ataúd de piedra. Su devoción es constante y acendrada. Las victorias sobre los turcos en Lepanto, 1571, y en Corfú, 1716, así como la liberación de Corfú de la peste en 1630 se atribuyen a su poderosa intercesión. Es patrono de Corfú, de marineros y se le invoca contra las inundaciones.

A Trifilo se atribuye la primera "vita" de San Espiridión, pero en realidad es mucho más tardía.  En el siglo XVI su memoria pasó a la Orden del Carmen a 14 de diciembre, pero al ser beatificado N. P. San Juan de la Cruz y ser puesta su memoria a 14 de diciembre, la de Espiridión pasó al 16 del mismo mes. Regresó al día 14 cuando la fiesta de San Juan de la Cruz fue movida al 24 de noviembre, y ahí se mantuvo hasta la reforma de 1969, cuando el Santo Padre regresó a celebrarse a 14 de diciembre y Espiridión fue eliminado del propio de la Orden del Carmen.

En este enlace podéis ver la procesión que cada año se realiza en Corfú con sus reliquias: https://www.youtube.com/watch?v=oaYXwL74x8o


Fuente: 
-“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678.
-
"Vidas de los Santos". Tomo XII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-"Levens der Heiligen, Kerkvaders en Martelaren". IV. E.S HAGEN. 1837-1838.



A 14 de diciembre además se celebra a San Juan de la Cruz, Padre Nuestro.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...