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martes, 7 de agosto de 2012

San Alberto de Sicilia, contra las fiebres

Celebra hoy nuestra Orden del Carmen a un santo de los que más devoción tuvo en otros tiempos, protector contra las fiebres y cuya memoria, como no, han dejado morir la desidia y los nuevos tiempos: 

San Alberto de Sicilia, religioso carmelita. 7 de agosto.
Nació Alberto en Sicilia, y fue hijo tardío de Benito y Juana, matrimonio que luego de más de dos décadas sin hijos, prometieron a la Virgen María consagrarle un hijo como religioso suyo, si ella les concedía tenerlo. Y nació Alberto, en ¿1250?, que fue educado en la piedad y las letras. A los 8 años su padre quiso prometerlo en matrimonio con alguna niña de padres nobles y ricos, pero la madre, recordando el voto, se lo hizo saber a Alberto. Este, que ya era muy devoto de la Madre de Dios, prometió a su madre cumplir el voto. ¡Y de qué manera!: Se fue al convento de los carmelitas, en Trápani y pidió ser admitido como religioso. Los frailes se negaron, por ser muy niño, y sus padres admitieron la negativa, hasta que esa misma noche se les apareció la virgen María y les amenazó con su enojo, por lo que corrieron al convento a llevar al niño. Así que los religiosos, al ver la voluntad de ambos padres, le admitieron en la comunidad.

Tomó el hábito y, como en toda buena leyenda de santos, a pesar de ser niño, aventajaba en piedad, penitencia, caridad, obediencia y todas las virtudes, a religiosos mayores. Ayunaba, llevaba cilicio, jamás bebió vino y su hábito era puro remiendo.  El demonio le tentaba constantemente, por su virtud: Sucedió que, siendo ya adolescente, el demonio le tentó en forma de una bella joven que le incitaba al pecado, pero Alberto, trazando la señal de la cruz, la hizo desaparecer. En otra ocasión, cuando se hallaba orando, el diablo le lanzó la lámpara del altar, pero Dios la sostuvo en el aire, hasta terminar la oración el santo. Profesó a los catorce años, cuando la edad lo permitía, y redobló sus penitencias, como añadir yerbas amargas al pan, los viernes. A los 24 años, luego de estudiar la teología, aunque se negó a ordenarse de presbítero, lo hizo por obediencia. Destacó en la predicación y el ministerio del confesionario, especialmente convirtiendo judíos. Fue muy devoto de la Virgen María, con la cual tenía largas conversaciones y la que en más de una ocasión le dejó tener al Niño Jesús en sus brazos.

En una ocasión, estando sitiada la ciudad de Messina por el rey de Nápoles, los habitantes le suplicaron ofreciera oraciones y sacrificios por ellos, para no perecer de hambre y enfermedad. Ofreció la misa y estando en ella, se oyó un trueno espantoso y una voz que dijo: “Dios ha oído tus oraciones”. Luego contaron los de Messina que, sin saber de qué manera, aparecieron en el puerto tres barcos llenos de provisiones. Y no solo este milagro realizó San Alberto, sino que a religiosos, seglares, niños y adultos, los sanaba solo con hacer la señal de la cruz sobre ellos, o tocarlos. Incluso caminó sobre las aguas para bautizar y luego salvar a unos judíos que se ahogaban.

Con los años, fue nombrado Provincial, y visitó, siempre a pie, todos los conventos, poniendo orden, predicando y amando a sus religiosos. Finalmente, le llegó el momento de la muerte, que supo anticipadamente, por revelación divina, y así lo dijo. Y no solo eso, sino que su hermana, que vivía lejos de él, también moriría al mismo tiempo. Y llegó el día, 7 de agosto de 1307: Habiendo hecho la recomendación del alma, expiró suavemente, y se vio salir de su boca una paloma. Una campana, mandada a hacer por el santo dobló tristemente por si sola. En sus funerales estuvieron presentes el rey de Sicilia, los obispos y clero. Una bonita leyenda dice que, habiendo duda en si celebrar la misa de difuntos, o misa de santos confesores (como una canonización express), se vieron en el cielo a dos ángeles con estolas blancas que cantaban el “Os justi meditabitur sapientiam”, con lo cual, se entendió que había que decir la misa de Santos Confesores.

Desde el inicio su sepulcro fue meta de peregrinaciones y milagros. El modo más común de obtener la curación era que los enfermos estaban dos o tres días junto a las reliquias, hasta que veían al santo, vestido de blanco, dándoles la bendición; entonces sanaban. Otros milagros sucedieron a poner en duda su santidad, la legitimidad de su culto, o su fama de taumaturgo. En Trápani, uno que se había arruinado, viendo una  imagen, de María y otra de San Alberto, dijo: “Muchas veces te he llamado, y no me has oído; no te tendré más por Santo, pues no me has ayudado; y tú, María, que eres llamada Madre de Gracia, también has cerrado a mis ruegos tus oídos”. Y tomó una espada e hirió a las imágenes, de las cuales brotó sangre;  mientras que una centella fulminó al sacrílego.

San Alberto protege Trápani
Los mayores protegidos de San Alberto, eran los que padecían fiebres, tan frecuentes en agosto, por la corrupción de las aguas por el calor. Ante esto, los carmelitas comenzaron a bendecir agua los 7 de agosto; agua que era repartida entre los fieles y gozaba de gran devoción donde estaba establecida, que era en casi todos los conventos de la Orden. Pero son tiempos pasados y solo se mantiene el rito en algunos conventos, los menos. Pero ya que los curas, por regla general, no quieren saber nada de devociones populares, tendremos que tomarnos los seglares las potestades que tradicionalmente se han arrogado, como la de bendecir, algo que es propio de cada cristiano. Así que ahí os va, la fórmula para la bendición del agua de Nuestro Padre San Alberto contra las fiebres; según el Ritual y Procesonario Carmelitano:

BENDICIÓN DEL AGUA DE SAN ALBERTO.

Introducción:
Por ser tan grande la devoción de los fieles con el glorioso San Alberto, ilustre Santo Confesor de nuestra sagrada Religión, porque muchos que padecían enfermedades de fiebres, bebiendo el agua bendita en honra del mismo Santo, muchas veces fueron libres de sus enfermedades, por eso en nuestros Conventos se hará la bendición de esta agua en la forma siguiente:

El sacerdote revestido (olvidaos del cura, si la bendecís vosotros mismos) y acompañándole el Ministro, donde hubiere Reliquias del Santo, con una vela encendida al lugar donde están, las sacará con reverencia y preparada con decencia el agua que se ha de bendecir, dice, respondiendo el Ministro.


V:
Adjutorium nostrum in nomine Dómini.
R:
Qui fecit cælum & terram.
V:
Sit nomen Dómini benedíctum.
R:
Ex hoc nunc, & usque in sæculum.
V:
Dóminus vobíscum.
R:
Et cum spíritu tuo.

OREMUS:

Fidélium Deus ómnium fortitúdo & salus, qui Sacrum beáti Petri Apóstoli tui fébribus magnis deténtam, pío rogatiónis intúitu perfécté sanásti, sancti ficáre & bene dícere dignéris creatúram hanc aquae in tuo sanctíssimo Nómine, & Relíquiis (se dice “suffrágiis” en lugar de "Relíquiis" si no hay Reliquias) sanctíssimi Confessóris tui Albérti, quem spreto sæculo, ád Almæ Genitricis tuæ Vírginis Mariæ Religiónem vocáre dignátus es: concéde, quaesumus, ejus gloriosis méritis & intercessiónibus, ut quicúmque fébrium vexatióne gravántur, per hujus sumptiónem húmilem a cunctís ánimæ & córporis languóribus liberéntur, atque Ecclésiæae tuæ incólumes representári mereántur, gratiárum tibí actiones in ea júgiter referéntes. Qui vivis & regnas in sæcula sæculórum. R: Amen.

Luego, donde hubiere Reliquia la entra en el agua tres veces en modo de cruz, cada una donde está señalada, diciendo una sola vez lo que se sigue, mas donde no hubiere Reliquia, echará la bendición sobre el agua, donde está la Cruz, en lugar de cada inmersión de la Reliquia.

Grabado de Caillot.
Por una vez no aparece joven
Béne dic, Dómine, méritis sancti Albérti creatúram hanc aquae, qui glorióso tuo córpore benedixísti aquas Jordánis & praesta: ut omnes gustántes ex ea tam córporis, quám ánimae recípiant sanitátem. Qui vivís & regnas cum Deo Patre in unitate Spíritus sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. R: Amen.

Antiphona: O Albérte, norma munditiae, puritátis & continéntiæ, ora Matrem misericórdiæ, ut in hac valle misériae nos deféndat ab omni labe: ut exúto mortáli córpore, perfruámur ætérna réquie.
V:
Ora por nobis, beáte Albérte.
R:
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

OREMUS:

Concéde quaesumus, omnípotens Deus, ut per virtátem benedictiónis hujus aquae, & per méritum passiónis Dómini nostri Jesu Christi, & per intercesiónem beátae Maríae Vírginis , beáti Albérti, & ómnium sanctórum, omnes fidéles qui pié & devóté aquam istam gustáverint, ánimae & córporis sanitátem váleant recípere,& in tuo sancto servitio permanére. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R: Amen.

Y ya está el agua bendecida, ahora, a beberla cuando haya fiebres.



Fuentes:
-"Flores del Carmelo: Vidas de los Santos de Nuestra Señora del Carmen". FR. JOSÉ de SANTA TERESA OCD. Madrid, 1678. 
-"Manual o Procesionario de las Religiosas Carmelitas Descalzas". Buenos Aires, 1835. 


A 7 de agosto, además, se celebra a  
Santa Claudia de Roma, viuda
San Cayetano de Thiene, presbítero fundador

3 comentarios:

  1. Magnifico artículo se le felicita Ramón por su aporte, gracias por compartirnos una vez más sobre un carmelita, cada vez siento más admiración por esta Orden que está llena de santidad y espiritualidad..

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    1. Gracias, Joseph. Se hace lo que se puede. Me alegra te admire el Carmelo, y es que una vez conocido, es amado para siempre.

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  2. Existe un fresco con una imagen suya en la muy bella y renovada iglesia principal de San Marino y fue en ella donde mi esposa y yo vimos la imagen del Santo que no conocíamos y nos llamo la atención que apareciera cargando al niño, acto que solo conocíamos de San Antonio del que si somos devotos y decidimos buscar información y gracias a su blog lo hemos encontrado.
    Gracias por todos estos valiosos datos.

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