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lunes, 21 de junio de 2021

Sin manos o golpeado, pero fiel a la fe católica.

San Eusebio de Samosata, obispo. 21 y 22 de junio. 

Era Eusebio obispo de la sede samosatense en 361, tiempos convulsos para la fe católica, atacada por las herejías, sobre todo en Oriente. Pero hay que resumir algo la situación imperante para contar algo de su vida.  

En 361 los obispos reunidos en Antioquía se reunieron para elegir patriarca de tan importante sede, y tanto los católicos como los arrianos comenzaron a maquinar para entronizar a un obispo que les fuera adepto. Unos y otros se fijaron en San Melecio (12 de febrero). Era un hombre bueno y conciliador, que podría contentar a todos. Por ello le apreciaban los más eminentes prelados del momento como el futuro San Basilio Magno (2 de enero y 14 de junio) o San Eusebio de Vercelli (2 de agosto). El emperador Constancio dio su visto bueno a la elección y Melecio tomó posesión de su sede. En un principio fue ambiguo, según parece, y su afán conciliador con los herejes (no con la herejía) hizo recelar a los católicos y esto comenzó a pasarle factura. Constancio II, emperador arriano, le hizo comparecer ante él para que aclarase su fe y proclamase su preferencia teológica. Él extendió tres dedos hacia la gente, luego cerró dos y dijo "Tres Personas se conciben en la mente pero es como si nos dirigiéramos a una sola". Enseñanza plenamente católica. 

Los arrianos montaron en cólera y comenzaron a buscar su deposición. Le acusaron de sabelianismo, una herejía que erraba en la fe trinitaria y en el mismo 361 el emperador le depuso y le desterró a Melitine. Pero aún era obispo legítimo, pues nadie le había declarado hereje, y los arrianos intentaron revocar su decreto de nombramiento. Y aquí entra nuestro Eusebio. 

El santo obispo de Samosata tenía en sus manos el Decreto de la designación de Melecio como Patriarca de Antioquía, y lo custodiaba como cosa sagrada. El emperador, a petición de los arrianos, envió un mensaje a Eusebio para que lo entregara. El obispo respondió: "No puedo entregar lo que públicamente se me entregó sin el consentimiento de todos los que me lo confiaron". Constancio insistió, amenazándole que, de no entregar la resolución del Sínodo, le cortarían la mano derecha. Eusebio extendió las manos al oficial mensajero y respondió tranquilamente: "Córtalas y llévaselas al emperador. No entregaré el documento". Constancio quedó impresionado al saberlo y no insistió en el asunto. 

En 370 falleció San Eusebio de Cesarea (21 de junio), a quien no hay que confundir con el célebre obispo de igual nombre y sede, fallecido en 339. El clero de la ciudad pidió ayuda a los obispos de la provincia imperial para elegir un sucesor digno de la sede y no sospechoso de herejía. El obispo Gregorio de Nacianzo, padre del gran San Gregorio Nacianceno (2 de enero, 9 de mayo y 11 de junio, traslación de las reliquias) imploró la ayuda a Eusebio, aunque Samosata no formaba parte de la provincia. Eusebio viajó a Cesarea y luego de negociaciones y súplicas públicas, decidió dieran la sede al eminente presbítero San Basilio. Él mismo le consagró obispo el 14 de junio del mismo año. 

Cuando estalló la persecución de Valente, Eusebio confirmó en la fe a sus fieles, y además, viajó a las sufridas iglesias de Palestina, Siria y Fenicia. Iba disfrazado de oficial, celebrando la eucaristía y consolando a los que enterraban a los mártires, sus viudas e hijos. Ordenaba nuevos obispos para que las comunidades no quedaran sin pastor. En 374 Valente, enfurecido con él, le desterró, pues no se atrevió a matarle como pedían los arrianos. El santo decidió partir mansamente, e incluso ayudó a irse en la noche al oficial que le trajo la noticia, para que el pueblo no se amotinara y la tomara con él.  

Partió al destierro sin nada, tan pobre como vivía, y solo permitió le acompañara un siervo fiel. Le alcanzaron en el camino algunos cristianos, que le pedían peleara y se enfrentara al emperador, pero Eusebio, sabiendo que esto solo traería más muerte y destrucción, arengó a los suyos a obedecer a las autoridades. Además, les exhortó en la caridad de unos con otros y a permanecer fieles a la verdad custodiada y enseñada por la Iglesia. El nuevo obispo, arriano, era un buen hombre y no se atrevió a mancillar la memoria de Eusebio, y al poco tiempo renunció a la sede. El siguiente era un feroz hereje y llegó a destruir un baño público solo porque Eusebio lo había usado, considerando impuras las aguas. Y así, más de un exabrupto tuvo, como azotar a unos niños que jugaban con una pelota, porque esta se metió entre las patas de su burro, el animal tropezó y le hizo caer al suelo. 

Sepultura del santo. Doliche
En 378 murió Valente y le sucedió el emperador Graciano, católico, que se propuso la restauración de la paz y la unidad en la Iglesia. A finales de 378 aquel Melecio del que hablamos antes volvió a su sede y nuestro Eusebio volvió a su querida Samosata. En 379 se convocó un Concilio para proclamar la fe trinitaria de la Iglesia, sin ambages ni concesiones teológicas. Se arrojaron a los arrianos de sus sedes, los católicos volvieron a poseer sus iglesias y se ordenaron obispos que habían sido probados en su ortodoxia mediante la persecución.  

En esto último destacó Eusebio, quien recorrió varias ciudades, eligiendo a los candidatos. Y en esta labor, le llamó el Señor de una manera un tanto curiosa: estando de labor pastoral en una pequeña ciudad de Siria, una mujer le lanzó una teja desde el tejado de su casa, con tan mala fortuna, que le dio en plena cabeza al santo. Eusebio padeció varios días por la herida, y finalmente entregó su alma al Creador, luego de perdonar a todos los que le habían hecho mal y haciendo prometer a sus amigos que no buscarían a la agresora. Por esta razón en ocasiones se le llama mártir.

Su sepulcro aún se conserva en Doliche, Turquía.

Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Historia General de la Iglesia". Tomo I. D. J. DARRAS. París, 1862.

 A 21 de junio además se celebra a:

San Albano de Colonia
mártir.
San Luis Gonzaga,
religioso jesuita.
San Méen de Rennes
monje.
San Ramón de Roda,
obispo.









 
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miércoles, 2 de junio de 2021

Madre de un doble sacerdote.

Santa Mundana de Sarlat, viuda y mártir. 2 de junio, 5 y 31 de mayo.

Se nos dice que vivió en el siglo V y fue la madre del obispo San Sacerdote de Limoges (5 de mayo). Su marido se llamaba Labán, quien era un alto magistrado en Burdeos. Luego de arduas oraciones, obtuvieron la gracia de tener un hijo, a quien, para que quedara claro su destino, llamaron “Sacerdote”. Fue bautizado teniendo como padrino al el rey de Aquitania. Cuando Sacerdote fue ordenado presbítero y comenzó su fama de virtudes y milagros, Mundana y Labán abandonaron la vida matrimonial, dedicándose a vivir en castidad y haciendo caridad. Repartieron sus numerosos bienes, dando una mitad a los pobres y otra a la Iglesia. Además, dieron la libertad a sus esclavos, algunos de los cuales les siguieron sirviendo por amor, pues buenos amos eran. Ambos formaron parte de los discípulos de su hijo, ayudándole en su acción misionera.

Labán murió poco tiempo después, y Mundana tomó el velo monástico, sin dejar de seguir a su hijo, a la sazón elegido obispo de Limoges. A pesar de perder la vista, ella, como madre y discípula fiel, siempre le acompañaba. Sacerdote murió en 534, aún joven, con dolor de su madre. Cuando el cuerpo del santo descendía por el río Dordogne rumbo al monasterio de Calviat, donde sería sepultado, Mundana tuvo una inspiración divina y pidió la llevaran a “ver” el cuerpo de su hijo, a pesar de estar ciega. Dos mujeres la llevaron, y apenas tocó el cuerpo del amado hijo y maestro, recuperó la vista milagrosamente.

La tumba del santo en Calviat fue pronto una meta de peregrinos, quienes siempre podían encontrar allí a la santa viuda, a la vera del sepulcro de su hijo, rezándole e intercediendo ante él por los que le pedían oraciones. Ni siquiera se apartó de allí cuando los vándalos, de fe arriana, invadieron la zona. El 31 de mayo de 548, mientras se dirigía a su acostumbrada cita con su hijo, fue apresada por los vándalos arrianos. Estos, al saber quién era y adonde iba, la asesinaron sin piedad junto a sus acompañantes. En aquel sitio donde cayó su sangre martirial brotó una fuente, donde los aquejados de dolores de cabeza y de los males de la vista.

Las reliquias de Mundana, Sacerdote y sus compañeros mártires se veneraban en Sarlat hasta 1575, cuando los herejes hugonotes las profanaron. Alguna reliquia del santo dicen se conserva en Sigüenza, pero serían las de San Martín, obispo cisterciense.

Fuente:
-"Les vies des Saints". Tome Second. ADRIEN BAILLET. 1704.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Pastor celoso, entre la historia y la leyenda.

San Macario I de Jerusalén, obispo. 10 de marzo. 

Fue Macario el patriarca jerosolimitano de quien dice la leyenda gobernaba Jerusalén cuando se llevó a cabo la Invención de la Cruz (3 de mayo) por Santa Helena (18 de agosto y 21 de mayo). La leyenda dice que fue Macario quien aconsejó a Helena que mandara tocar a un paralítico con las tres cruces halladas, para determinar cuál sería la de nuestro Señor.  

Leyendas aparte, Macario fue un fuerte oponente del arrianismo, celoso pastor y además, fue el fundador de la basílica del Santo Sepulcro, donde se venera parte de sus reliquias. 


A 10 de marzo además se recuerda a:

Beato Elías
del Socorro Nieves,
agustino mártir
.
Santa Kakukabilla,
abadesa
.
San Himelin,
peregrino
.







viernes, 1 de enero de 2021

Agustiniano, sin ser agustino.

San Fulgencio de Ruspe, obispo. 1, 3 (Órdenes Agustinas) y 16 de enero.  

Nació en 468 en la ciudad africana de Telepte, y se llamó Claudio Gordiano Fulgencio. Su padre fue un patricio que se llamaba Claudio y que murió cuando Fulgencio era pequeño. Su madre, una noble llamada Maliana, le buscó los mejores preceptores del momento, que le formaron en las ciencias, las letras y la piedad.  
Siendo ya un joven se cautivó con la lectura de las obras de San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) y comenzó a desear la vida monástica. Luego de prepararse para ello, se fue a un monasterio en Túnez, donde era abad su amigo Félix. Este, viendo enseguida sus virtudes, en poco tiempo le puso a cargo de los monjes jóvenes y le consultaba todo. 
A causa de la invasión bárbara los monjes tuvieron que trasladarse a Mauritania, en la actual Marruecos, y Fulgencio obtuvo licencia para visitar a los monjes del desierto egipcio. Sin embargo, no llegó a su destino, pues supo que la herejía arriana campeaba por Egipto y la división en la Iglesia era atroz, por lo cual regresó. De vuelta a Mauritania, un noble local le regaló tierras para que fundase un monasterio, que se llenó en breve de jóvenes fervorosos, que le nombraron abad.  
En 507 le llegó el nombramiento de obispo de Ruspe, en la actual Túnez. La cosa fue así: como el rey vándalo Trasimundo era partidario de los arrianos se reservó para sí, sin discusión alguna, la prerrogativa de la elección de los obispos para así solo elegir obispos fieles al arrianismo y a él mismo. Los obispos católicos, perseguidos, elegían en secreto a los verdaderos obispos en secreto, reunidos o por cartas secretas. Así eligieron a nuestro santo, en lo escondido, quien no pudo negarse, luego de tantos trabajos para elegirle. Se fue a un monasterio de Ruspe y desde allí, como un simple monje, comenzó a gobernar su iglesia local. Y allí volvía siempre que no se le necesitó, para vivir mortificado, en silencio y oración.  
Antes de un año Fulgencio y sesenta obispos africanos fieles a la ortodoxia católica fueron desterrados a Cerdeña por orden de Trasimundo. Algunos monjes le siguieron y fundaron un monasterio en Cagliari, desde donde Fulgencio comenzó una obra apologética y evangelizadora tremenda. Divulgó la doctrina de San Agustín y fue férreo contra el arrianismo. Esto hizo que, aún considerándole su enemigo, Trasimundo le convocara a Cartago para una polémica con obispos arrianos. Fulgencio les dejó a todos evidenciados, desenmascarando la falsedad de su herejía y aún convirtió a algunos. Entonces Trasimundo le envió de vuelta enseguida a Cerdeña. 
En 523 el rey murió y Fulgencio volvió a su sede episcopal, donde continuó su obra de evangelización. En 533 falleció santamente, pobre y humilde como el monje de corazón que siempre había sido. Un año antes había intentado abandonar el gobierno para retirarse a un monasterio en la costa, pero el pueblo le reclamó tanto que volvió a la cátedra. Y de esta al cielo. 

A 1 de enero además se celebra a:
San Oyend, abad.
San Demet, eremita.










  

lunes, 16 de diciembre de 2019

San Irenión de Gaza, obispo.

San Irenión de Gaza, obispo. 16 de diciembre.

No se conoce mucho de este santo obispo, según la tradición, uno de los sucesores de San Filemón (22 de noviembre) como obispo de Gaza. Sucedió al célebre obispo Asclepas, evangelizador de la región y fuerte opositor a los arrianos.

Irenión participó en el Sínodo de los Obispos de Antioquía en 363, que ocurrió a la muerte de Juliano el Apóstata. Los obispos enviaron una carta al nuevo emperador Joviniano, confirmando que todos acataban la fe del Concilio de Nicea la cual invitan al emperador a acatar en aras de la paz de la Iglesia y del Imperio.

Luego del Sínodo Irenión regresó a su sede y construyó la primera catedral dentro de los muros de la ciudad, pues su antecesor lo había hecho a las afueras. Esta iglesia-palacio se llamó "la paz" (irene, en griego. Toda una alusión a su nombre). También construyó unas lauras (monasterio de cenobitas) en la región de Gaza donde el mismo se retiraba de vez en cuando. Tuvo una buena relación con San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) y en 386 recibió a Santa Paula (26 de enero) cuando esta visitó los Santos Lugares para vivir como eremita.

Murió nuestro santo obispo sobre el año 390.


A 16 de diciembre además se celebra a:

B. Guillermo de Fenol,
monje cartujo.
B. María de los Ángeles,
virgen carmelita
.






jueves, 2 de agosto de 2018

Por Cristo y su Iglesia, cualquier sufrimiento.

San Eusebio de Vercelli, obispo. 2 de agosto, 15 y 16 de diciembre.

Eusebio, uno de los prelados más ilustres de su siglo y cuyo ejemplo de apego a la verdadera fe aún es actual. Nació en Cerdeña a finales del siglo III, y su padre fue llevado a Roma como prisionero en 310 durante las persecuciones, muriendo en el camino a causa de los trabajos. La madre se mudó a Roma, llevando consigo al pequeño, quien se dice fue bautizado por el papa San Eusebio (17 de agosto) y ordenado lector tal vez por este mismo papa. Luego fue presbítero en Vercelli, así que su actividad eclesial comenzó ya imperando la paz de San Constantino (21 de mayo), aunque no viviría en paz precisamente, pues su tiempo sería el de la defensa de la fe frente a la herejía.

En 325 el importantísimo Concilio de Nicea estableció el Credo de la Iglesia, condenó la herejía arriana, según la cual Cristo no era Hijo de Dios por consubstancialidad, sino por adopción, siendo su más perfecta criatura, divinizada, pero no Dios. Aun así el arrianismo siguió su andadura y se hizo más fuerte, llegando a triunfar en el Sínodo de Arlés de 353. Hay que decir que su auge se debió en gran parte por la decisión imperial de Constancio de adoptar esta herejía, y no la recta fe, como norma para el Imperio. Quien más padeció por esta causa fue el gran San Atanasio (2 de mayo), quien padeció destierro varias veces.

En este ínterin Eusebio fue nombrado obispo de Vercelli, siendo el primer obispo de la sede y consagrado el 15 de diciembre de 340. Fue el primer obispo de Occidente que unió la vida monástica con la clerical, haciendo que el clero adoptara las reglas y estilos de oración de los monjes del desierto, un ejemplo que luego seguiría San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental). Él mismo Eusebio viviría como monje, según cuenta San Ambrosio de Milán (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal). Lamentablemente es una faceta obviada en su labor pastoral a causa de lo agitado del momento que le tocó vivir, pero daría para mucho estudio el como la vida monástica del desierto influyó en la Iglesia urbanita.

Volviendo al tema del arrianismo: Constancio convocó un concilio en Aquileya, en 354. Propuso a los conciliares un decreto de condena contra Atanasio, que acataron todos los obispos y legados de papa. Todos menos San Paulino de Tréveris (31 de agosto), amigo personal de Atanasio, quien fue desterrado de su sede. El papa Liberio convocó un nuevo concilio en Milán, en 355. Eusebio, al parecer, había pensado no asistir al concilio, pero los prelados le enviaron una carta en la que solicitaban su presencia como garante de la unidad, y, al mismo tiempo, contenía la amenaza velada de ser juzgado. También le escribió el emperador, intentando ganarle para su causa, pero Eusebio no se dejó vencer. Finalmente Eusebio fue a Milán, pero durante diez días se le negó la entrada a las sesiones del concilio, siendo admitido sólo cuando los obispos arrianos pensaron que le tenían ganado para su causa. En el concilio Constancio obligó a los obispos a condenar a Atanasio, a quien se catalogó como hereje y sacrílego.

Eusebio declaró que solo firmaría aquello si los prelados antes firmaban una adhesión al Credo de Nicea. Por supuesto, fue una jugada maestra, pues ello dejó claro que todo el partido que condenaba a Atanasio era arriano y, por tanto, hereje y no podía juzgar a Atanasio. La cosa se puso fea, hubo un motín que llegó hasta el palacio imperial, donde Constancio tomó la palabra y dijo "Yo soy el acusador de Atanasio", dando a entender que estaba por encima de la misma Iglesia para juzgar asuntos de fe. Eusebio y Lucifer protestaron valientemente, defendiendo a Atanasio y recordando que no podía ser juzgado sin poder defenderse. Constancio remitió al juicio de los obispos, pero Eusebio le recordó que eran herejes y no estaban legitimados para juzgar. "Eso va contra el gobierno de la Iglesia", fueron sus palabras. "Mi voluntad es la regla", replicó dijo Constancio, dejando claras su obcecación.

Eusebio es desterrado.
Una vez más Eusebio, junto a San Lucifer de Cagliari (20 de mayo) y San Dionisio de Milán (25 de mayo), declaró al monarca que el imperio no le pertenecía a él sino a Dios, quien podía privarlo de él cuando Él quisiera. Le instaron que no corrompiera la disciplina de la Iglesia introduciendo el elemento de la fuerza secular en sus decisiones. Entonces Constancio desenvainó su espada sobre los audaces prelados, un gesto simbólico que significaba la pena de muerte, aunque era eso, simbólico, pues en el mismo momento la conmutó por el destierro. Si que sufrió un castigo más severo el diácono Hilario, legado del papa Liberio, quien fue azotado en público. Finalmente, todos los obispos acataron la orden imperial, menos San Osio de Córdoba (27 de agosto), San Exuperancio de Tortona (29 de mayo), San Máximo de Nápoles (11 de junio), nuestro Eusebio, Lucifer y Dionisio, y los tres fueron igualmente desterrados. El papa Liberio se negó a aquella injusticia, por lo que también fue perseguido y castigado con el destierro. Y al año siguiente lo padecieron también San Hilario de Poitiers (13 de enero) y San Rodanio de Tolosa (10 de abril).

Eusebio fue enviado a Escitópolis, donde el obispo era Patrofilo, un viejo defensor del arrianismo, quien lo vigilaba constantemente. Allí Eusebio fue bien tratado por algunos monjes y diáconos orientales, quienes le mantenían en comunicación con su iglesia de Vercelli. Esto enfureció a Patrofilo, quien mandó le metieran en una cárcel inmunda, dejándole cuatro días sin comer ni beber, luego le envió a casa de un presbítero arriano, donde estaba encerrado con otros sacerdotes y diáconos sospechosos de no ser arrianos, como era obligatorio. Sin embargo, al tiempo tuvo cierta libertad y visitó los Santos Lugares, siendo hospedado por San José (22 de julio), un judío convertido a la fe cristiana y encomendado por Constantino para la edificación de iglesias en Palestina. Allí Eusebio fue visitado y ayudado por San Epifanio (12 de mayo). De allí Eusebio fue llevado a Capadocia y luego a la Tebaida, al desierto, donde vivió como monje y conoció personalmente a Atanasio, quien también padecía uno de sus muchos destierros. ¡Cuánta alegría debió sentir el santo viejo Atanasio al conocer a su mayor valedor!

En 360 murió Constancio y Juliano subió al trono. Opuesto a las políticas del anterior emperador, decretó que todos los obispos católicos perseguidos y depuestos volvieran a sus sedes. Atanasio entró triunfalmente en Alejandría en 361. Pronto puso manos a la obra: confirmó la fe católica según el Credo de Nicea, convocó una reunión de obispos que habían padecido destierro, y por tanto fieles a la Verdad. Esto no significa que Juliano fuera católico, pues ya sabemos que pretendió volver al paganismo primitivo, y es llamado "El Apóstata", aunque primeramente quiso poner paz en el imperio mediante una política de poner paz en la Iglesia. Así, desterrados los arrianos, Eusebio emprendió el regreso a Vercelli en 362. Aunque primero estuvo en el concilio de Alejandría donde se trató el tema del cisma de Antioquía, causado por una nueva doctrina sobre la Encarnación del Hijo de Dios. San Melecio (12 de febrero), legítimo patriarca, había sido acusado de sabelianismo, una herejía que erraba en su exposición de la fe trinitaria, y desterrado a Melitine. Eusebio zanjó la cuestión afirmando por escrito que "el Hijo de Dios asumió toda nuestra naturaleza, excepto el pecado". 

La cosa podría haberse solucionado, pero se agravó más cuando San Lucifer ordenó obispo a Paulino, el jefe de los eustacianos (partido enfrentado a Melecio), que comenzó a llamarse Patriarca de Antioquía. Para colmo, el emperador Juliano consumó su apostasía y comenzó su persecución a la Iglesia. De los cristianos que padecieron estaban los mártires Santos Bonoso y Maximiano (21 de julio), a quien Melecio acompañó hasta el lugar del martirio. Para no extenderme más en este tema podéis leer este artículoEusebio se lo recriminó públicamente a Lucifer, a pesar de la amistad y los sacrificios en aras de la verdadera fe que les unían. San Lucifer reaccionó mal, enemistándose con Eusebio, rompiendo la comunión con la Iglesia de Alejandría y con todos los que buscaban la paz de la Iglesia. Esta enemistad posteriormente desembocaría en una secta entre el donatismo y el novacianismo, pero no corresponde extenderse sobre ella aquí, sino que ya lo haré cuando escriba de la vida de San Lucifer. 

Las resoluciones del Concilio de Alejandría fueron adoptadas por la gran mayoría de las iglesias, algunas de las cuales visitó Eusebio en persona antes de regresar a Vercelli, para predicar, ejercer diplomacia y abogar por la unidad de toda la Iglesia para poder hacer frente a los desmanes imperiales. En esto tuvo el incondicional y valioso apoyo de San Hilario de Poitiers, un prestigioso prelado al que todos obedecían.

En 364 el nuevo emperador, Valentiniano, llegó a Milán para entrevistarse con Eusebio e Hilario a causa de la condena de estos sobre Auxencio, el obispo, sospechoso de arrianismo. Valentiniano profesaba la recta fe católica, pero ante todo profesaba la "fe" en la estabilidad política, así que cuando Hilario y Eusebio denunciaron sus sospechas sobre que Auxencio no era sincero en su proclamación de fe ortodoxa, este les acusó de ser buscadores de problemas y emperador ordenó a ambos santos abandonar Milán.

Sobre la vuelta de Eusebio a Vercelli solo tenemos el testimonio de San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), quien dice: "A la vuelta de Eusebio, toda Italia secó sus lágrimas". Una tradición dice que Nuestra Señora de Oropa, una bella y milagrosa imagen de la Madre de Dios fue llevada allí por Eusebio, quien la había traído consigo desde Palestina y la depositó en su primer santuario. Esto es muy probable, pues la devoción mariana en Oriente ya era fuerte en esta época.

Y en este punto, cuando Eusebio quedó en paz para dirigir su sede, perdemos la pista de "vita´". Cuando ya no fue necesario, aparentemente, para la vida de la Iglesia, el silencio cubrió su existir. Ciertamente falleció antes de 374, año en el que se menciona por primera vez en el canon de los santos. Fue sepultado en la basílica-catedral, dedicada luego a San Teonesto (30 de octubre). En ocasiones a Eusebio se le llama mártir, y ciertamente lo fue por todos sus padecimientos a causa de la verdadera fe católica. Hay una leyenda de que murió apedreado por los arrianos, pero no es nada fiable.

Su memoria litúrgica en origen era a 1 de agosto, día de su muerte o entierro, tal vez, pues no consta. El Martirologio Romano posteriormente lo recogía a 15 ó 16 de agosto. Benedicto XIII fijó su memoria a 15 de diciembre, aniversario de su ordenación episcopal. La reforma del calendario de 1979 la fijaron a 2 de agosto hasta hoy.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Dos Mil años de Santos". Tomo II, Agosto-Diciembre. FRANCISCO PEREZ GONZALEZ. Ediciones Palabra, 2001.
-www.eltestigofiel.org


A 2 de agosto además se celebra a:


Beata Juana de Aza,
viuda.
San Esteban I,
papa y mártir.
Santa Etheldrith,
virgen y eremita.






martes, 12 de diciembre de 2017

Aceptó el manto y la perla, logrando así la corona.

Santa Abra de Poitiers, virgen. 12 de diciembre.

Nació sobre 342 y fue hija del gran obispo San Hilario de Poitiers (13 de enero). Su madre fue una mujer pagana a la que Hilario convirtió a la fe de Cristo, siendo después una piadosa cristiana.

Sobre Abra no se sabe mucho, salvo que desde niña consagró su virgnidad a Cristo. Cuando San Hilario fue desterrado por el emperador Constancio a causa de su lucha contra el arrianismo, la mayor parte de su vida sólo se comunicaron por cartas. Aún se conserva una de estas cartas en la cual Hilario hace un elogio sobre la virginidad a causa del Reino de los Cielos. el motivo probablemente sea que Abra estaba recibiendo presiones para que contrajera matrimonio con el hijo del Gobernador de Poitiers. Es una hermosa carta en la que Hilario, por medio de una alegoría de un joven (Cristo), que tiene un hermoso manto y una preciosa perla, quien le dice a Hilario cómo ha de ser la joven a la que Él de ambos regalos: "La prenda que voy a darte es tal que no puede ser usada por una mujer a la que le guste usar seda y lujos. No, sólo se las doy a una mujer que aprecie la sencillez y la modestia. Y la perla que me pides es tal que no tolerará ninguna otra joya a su lado. Esas otras perlas vienen de la tierra o del mar, pero la mía no es así; la mía es celestial".

Luego Hilario le pide que sea digna de los tesoros que Cristo promete a las vírgenes fieles, alentándola a permanecer pura y alejada de los placeres del mundo: "Elige adornarte con este manto y esta perla, y deja todo lo demás a un lado". 

Al parecer, Abra falleció antes que Hilario regresara del exilio, sobre los 18 años, en 360. Fue sepultada en la iglesia de Santos Pedro y Pablo de Poitiers, pero las reliquias se perdieron con los avatares del tiempo. La lápida de su sepulcro sí que se conserva aún en la iglesia de San Hilario en Poitiers.


Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.


A 12 de diciembre además se celebra a
San Corentin de Quimper, obispo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Orando por los enemigos... ¡para que se mueran!

San Julián Sabas, eremita. 18 de octubre y 14 de enero.

Fue Teodoreto quien escribió la vida de este santo. Según él, Julián Sabas nació a inicios del siglo IV, era de humilde condición, rudo y sin educación, pero estaba de tal modo asistido por el Espíritu Santo, que San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) escribió que apenas era inferior a San Pablo Ermitaño (15 de enero) y a San Antonio Abad (17 de enero).

Julián Sabas, deseoso de servir a Dios con toda libertad, se fue a una pequeña cabaña en los desiertos de Osrhoene, Mesopotamia. Allí vivía austeramente, comiendo solo un pan de hierbas una vez por semana y bebiendo agua solo la necesaria para no morir. y eso comería toda su vida, añadiendo higos cuando ya era anciano. Trabajaba, oraba y cantaba salmos todo el día. Su virtud le hizo atraer discípulos, y llegó a tener cien. Para ese momento ya vivía en una cueva húmeda e insalubre de la que los discípulos lograron sacarle solo con sus ruegos. El ritmo orante de la comunidad era constante, diariamente se cantaban los 150 salmos de David, empezándose a medianoche y alternándose en grupos los monjes, mientras otros trabajaban. Oraban de esta manera: uno, de pie, cantaba quince salmos mientras los demás del grupo permanecían postrados. Luego le sustituía otro, mientras el que había cantado se postraba con los demás. Y así, uno tras otro, se sucedían los salmos en la orante comunidad. Al atardecer se reunían para comer algo frugal, orar todos juntos e irse a dormir, hasta la medianoche, cuando volvía a repetirse todo. 

Julián Sabas visitó el Monte Sinaí con su discípulo Asterio. Julián construyó una pequeña capilla en el Sinaí, y luego volvió a su desierto de Osrhoene. Al volver a su recinto, supo de la campaña militar que el emperador Juliano el Apóstata estaba llevando a cabo contra los persas y, temiendo que el emperador volviera a perseguir a la Iglesia si ganaba aquella campaña, pasó diez días de incesante oración a Dios para que entregara al emperador en manos de sus enemigos. Al cabo de ese tiempo, oyó una voz que le dijo: "Alégrate, ese cerdo apestoso y vil está muerto". Entonces Julián reunió a sus hermanos y les mandó cantar himnos de alabanza por aquella derrota de Juliano que, efectivamente, no regresó de esa campaña. Tal vez, todo sea dicho, Julián no sabía que los feroces persas paganos serían aún más crueles en sus persecuciones a los cristianos.

Desierto de Osrhoene.
Imperando Valente, monarca arriano, Julián Sabas fue llamado por los cristianos de Antioquía para que alentara su fe, ya que se veían reducidos ante los ataques de los arrianos, perdiendo sus templos y con su obispo, San Melecio (12 de febrero), desterrado. Una leyenda cuenta que al entrar a la ciudad, Julián Sabas entró en la casa de una mujer piadosa y pidió un refrigerio. La dueña de casa mandó a su esclava prepara una cena para el santo, pero en ese momento, el hijo de la esclava cayó al pozo y la esta comenzó a gritar. La dueña le dijo: – "No grites, pon la tapa al pozo y prepara la cena como te he mandado". Así lo hizo la esclava. Luego de comer el santo preguntó por el niño, pidiendo lo trajeran a su presencia para bendecirlo. Dijo el ama: –"Está en el fondo del pozo, hemos estado tan ocupadas preparando la cena, que no hemos tenido tiempo de sacarlo". Inmediatamente Julián fue al pozo, quitó la tapa, y las aguas comenzaron a subir, devolviendo el niño a la superficie, sano y salvo. De regreso a su desierto, Julián Sabas pasó por Ciro, donde el emperador Valente había colocado un obispo arriano llamado Asterio. Los católicos imploraron la ayuda de nuestro santo, que hizo lo que único que sabía hacer: hizo varios días de oración y al día siguiente de que Julián dejara la ciudad, el obispo arriano murió ahogado en sus vómitos y putrefacto. 

El año de la muerte de Julián Sabas no se sabe con certeza, pero debe haber sido alrededor de 378.


Fuente:
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 18 de octubre además se celebra a
Santa Gwendolin (Cándida) de St-Vennec, madre.
San Justo de Beauvais, niño cefalóforo mártir.

sábado, 7 de octubre de 2017

San Marcos, papa.

San Marcos, papa. 7 de octubre.

Fue San Marcos natural de Roma, hijo de un presbítero (aunque esto no está claro) llamado Prisco, y fue un activo colaborador del papa San Melquíades (10 de diciembre). Fue elegido papa en 336 (el 14 de febrero, según Baronio) tras la muerte de San Silvestre (31 de diciembre). Aunque gobernó en tiempos de la paz de San Constantino (21 de mayo), tuvo que hacer frente a la herejía arriana. Levantó dos iglesias en Roma, una en el cementerio de Balbina, en la Via Ardeatina, y otra en el Capitolio. El Liber Pontificalis dice que fue quien concedió a la Iglesia Ostiense el derecho de ungir y consagrar al papa, pero esto probablemente sea un añadido tardío y no de la época de San Marcos.

Gobernó la Iglesia solamente ocho meses, pues falleció el mismo año de su elección, a 7 de octubre. Se le sepultó en la Via Ardeatina, y con el tiempo esa iglesia tomó el nombre de San Marcos, tanto por haberla dedicado él como por estar allí su sepulcro. Es famosa esta iglesia por albergar las reliquias de Santos Abdón y Senén (30 de julio). Marcos fue sucedido por San Julio I (12 de abril). 



Fuente:

-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Calixto I. 14 de octubre. 
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 de enero.
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.

lunes, 29 de mayo de 2017

Invicto defensor de la fe. Y domador de osos.

San Maximino de Tréveris, obispo. 29 de mayo (traslación de las reliquas) y 12 de septiembre.

Nació alrededor de 290 en Silly, cerca de Poitiers. Su hermano fue el obispo San Majencio de Poitiers (29 de mayo). Fue formado por San Agricio (13 y 19 de enero), el cual también le ordenó de presbítero y le admitió entre sus cercanos colaboradores. Y sobre 330 le sucedió en la sede, luego que un tal Ciriaco predijera que Maximino sería obispo en paz. Y ciertamente, fue el primer obispo luego de la paz de San Constantino (21 de mayo). Aunque si bien no tuvo persecución por parte del Imperio, sí que la tuvo de parte de los arrianos. Predicó, condenó y atacó la herejía con ánimo, y fue el valedor de San Atanasio (2 de mayo) cuando este fue arrojado de su sede de Alejandría. No solo le acogió, sino que además luchó para que Atanasio fuera devuelto a su legítima sede en 338. Igualmente en 340 acogería al desterrado San Pablo I de Constantinopla (7 de junio).

Maximino, junto a Osio de Córdoba fueron impulsores del Sínodo convocado por el papa San Julio I (12 de abril) en 340, para sostener la doctrina católica expresada en Nicea, y condenar una vez más el arrianismo. Además, se resuelve ilegal la nueva expulsión de Atanasio ese mismo año. En 342 igualmente Maximino y Osio promueven la celebración del Sínodo de Sardica, donde igualmente se vuelve a confirmar la fe católica. Los obispos de Oriente, indignados con la protección de Julio sobre Atanasio, le retiran su veneración, pues consideran una intromisión del obispo de Roma en asuntos de Oriente, ya que ellos consideran que el destierro de Atanasio era legal. Esta protección de Maximino sobre Atanasio y su defensa del papa Julio, le valió el destierro por parte de obispos arrianos. Sobre el año 343 tuvo que dejar su sede para comenzar una vida de eremita. Poco duró el exilio, pues hay constancia de que en 345 Atanasio está de vuelta en Tréveris, para la entronización de Maximino. Hallamos de nuevo al santo obispo defendiendo la fe católica en el Sínodo de Colonia, en el cual, junto a San Servacio de Maastricht (13 de mayo) será un verdadero martillo de los herejes arrianos.

Una leyenda que claramente es un añadido posterior, cuenta que, yendo el santo a Roma acompañado por un monje llamado Martín, un oso le comió la mula que lo transportaba. Ante eso, el santo ordenó al oso que tomara el lugar de la mula, y así, subido sobre la bestia, entró a la Ciudad Eterna. Y cuando se fue de Roma, le dio la libertad al oso, advirtiéndole que nunca más se comiera la cabalgadura de nadie. Esta leyenda está presente, con algunas variantes, en las “vitae” de muchos santos. Entre ellos San Corbiniano (8 de septiembre), San Gall (16 de octubre y 23 de nobviembre), San Ghislain (10 de octubre), San Humberto de Maroilles (15 de marzo), San Romedio (15 de enero), San Vaast (6 de febrero), y otros más. También esta leyenda hace a este monje llamado Martín ser la misma persona que el gran San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones). Ciertamente las fechas y la estancia de San Martín en la zona casan sin problemas.

Maximino entró en la gloria en 349, y fue sepultado en un cementerio a las afueras de la ciudad. San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) le llama "uno de los obispos más valientes de su tiempo". San Gregorio de Tours (17 de noviembre) cuenta como Tréveris le recordaba con gran cariño y como su sucesor en la sede, San Paulino (31 de agosto), trasladó sus reliquias a la ciudad y las sepultó en una iglesia. La leyenda cuenta que los fieles que habían elevado una pequeña ermita sobre la sepultura, no querían perder las preciosas reliquias. Entonces se apertrecharon en torno a la tumba, pero una terrible tormenta se descargó sobre ellos y no cesó hasta que Paulino llegó a la tumba del santo. Vieron esto como un signo del cielo y dejaron partir las reliquias del santo obispo. Cuenta también como un sacerdote perjuro quedó muerto en el acto al jurar una mentira poniendo la mano sobre el sepulcro del santo obispo. El sínodo de Trier en 898 le canonizó. Santa Hildegarda de Bingen (17 de septiembre) visitó la sepultura del santo en 1160, y veneró sus reliquias. Conmovida por la devoción, incluso compuso una secuencia en honor al santo. Su cabeza hoy se venera en Senlis, y su culto está extendido por casi toda Francia. En ocasiones se le confunde con San Maximino de Aix (8 de junio).


Fuentes:
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 29 de mayo además se celebra a:


San Cirilo
niño mártir
.
Santa Laura,
trinitaria mártir
.
Beata Gherardesca
terciaria camaldulense.




Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...