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viernes, 1 de enero de 2021

Agustiniano, sin ser agustino.

San Fulgencio de Ruspe, obispo. 1, 3 (Órdenes Agustinas) y 16 de enero.  

Nació en 468 en la ciudad africana de Telepte, y se llamó Claudio Gordiano Fulgencio. Su padre fue un patricio que se llamaba Claudio y que murió cuando Fulgencio era pequeño. Su madre, una noble llamada Maliana, le buscó los mejores preceptores del momento, que le formaron en las ciencias, las letras y la piedad.  
Siendo ya un joven se cautivó con la lectura de las obras de San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) y comenzó a desear la vida monástica. Luego de prepararse para ello, se fue a un monasterio en Túnez, donde era abad su amigo Félix. Este, viendo enseguida sus virtudes, en poco tiempo le puso a cargo de los monjes jóvenes y le consultaba todo. 
A causa de la invasión bárbara los monjes tuvieron que trasladarse a Mauritania, en la actual Marruecos, y Fulgencio obtuvo licencia para visitar a los monjes del desierto egipcio. Sin embargo, no llegó a su destino, pues supo que la herejía arriana campeaba por Egipto y la división en la Iglesia era atroz, por lo cual regresó. De vuelta a Mauritania, un noble local le regaló tierras para que fundase un monasterio, que se llenó en breve de jóvenes fervorosos, que le nombraron abad.  
En 507 le llegó el nombramiento de obispo de Ruspe, en la actual Túnez. La cosa fue así: como el rey vándalo Trasimundo era partidario de los arrianos se reservó para sí, sin discusión alguna, la prerrogativa de la elección de los obispos para así solo elegir obispos fieles al arrianismo y a él mismo. Los obispos católicos, perseguidos, elegían en secreto a los verdaderos obispos en secreto, reunidos o por cartas secretas. Así eligieron a nuestro santo, en lo escondido, quien no pudo negarse, luego de tantos trabajos para elegirle. Se fue a un monasterio de Ruspe y desde allí, como un simple monje, comenzó a gobernar su iglesia local. Y allí volvía siempre que no se le necesitó, para vivir mortificado, en silencio y oración.  
Antes de un año Fulgencio y sesenta obispos africanos fieles a la ortodoxia católica fueron desterrados a Cerdeña por orden de Trasimundo. Algunos monjes le siguieron y fundaron un monasterio en Cagliari, desde donde Fulgencio comenzó una obra apologética y evangelizadora tremenda. Divulgó la doctrina de San Agustín y fue férreo contra el arrianismo. Esto hizo que, aún considerándole su enemigo, Trasimundo le convocara a Cartago para una polémica con obispos arrianos. Fulgencio les dejó a todos evidenciados, desenmascarando la falsedad de su herejía y aún convirtió a algunos. Entonces Trasimundo le envió de vuelta enseguida a Cerdeña. 
En 523 el rey murió y Fulgencio volvió a su sede episcopal, donde continuó su obra de evangelización. En 533 falleció santamente, pobre y humilde como el monje de corazón que siempre había sido. Un año antes había intentado abandonar el gobierno para retirarse a un monasterio en la costa, pero el pueblo le reclamó tanto que volvió a la cátedra. Y de esta al cielo. 

A 1 de enero además se celebra a:
San Oyend, abad.
San Demet, eremita.










  

jueves, 10 de marzo de 2016

De un mártir por Cristo Rey

Beato Elías del Socorro Nieves, agustino mártir. 10 de marzo


El 21 de septiembre de 1882 nació en la isla de San Pedro rodeado por las aguas del lago de Yuriria en el estado de Guanuajuato, el niño Mateo Elías Nieves Castillo. Sus padres tuvieron que trasladarse al convento agustino del pueblo de Yuriria donde alguna vez residió el también Beato Bartolomé Gutiérrez (3 de septiembre), para que su pequeño hijo fuera bautizado. Desde pequeño Mateo tenía la intención de ser sacerdote, pero a los doce años su padre muere asesinado y él tiene que dejar sus estudios para ayudar a su madre a mantener a su familia. Posteriormente parte a Celaya, Guanajuato en busca de un mejor salario, donde trabaja de todo. Luego parte a Irapuato y comienza a prepararse para ingresar a la Orden de San Agustín. Durante diez días fallecieron su madre y su tío fray Antonio Castillo, debido al desaliento que esto le provocó se dedicó a cultivar el campo.

En 1904 el colegio de San Pablo, del convento agustino de Yuriria es reabierto y Elías se presenta para ser admitido, a pesar de que un primo suyo trata de convencerlo de que él estaba hecho para el campo y no para el convento, pero el beato no se dio por vencido. Aceptado en el convento siguió trabajando para mantenerse pero terminó perdiendo la vista. Ayudado por varias personas logro viajar a Morelia, Michoacán a visitar a un médico quien le dijo que necesitaba muchos cuidados para recuperar en un año la vista. Elías se encomendó a Nuestra Señora del Socorro imagen venerada por la provincia agustina como su patrona y que había sido un obsequio de Santo Tomás de Villanueva (10 de octubre y 22 de septiembre) a los primeros agustinos enviados a territorio novohispano y en tres meses Elías recuperó la vista.

El 19 de enero de 1910 recibió el hábito agustino y un año después hizo su profesión y cambio su nombre por el de fray Elías del Socorro Nieves, en agradecimiento a Nuestra Señora del Socorro por el milagro de recuperar su visión. Fue enviado a Aguascalientes para seguir preparándose y ser ordenado sacerdote el 9 de abril de 1916 por el obispo Ignacio Plasencia y Moreira. En su pueblo natal, Yuriria, celebró su primera misa y fue nombrado vicario cooperador de la parroquia. Posteriormente vuelve a Aguascalientes donde estuvo por espacio de dos años. A finales de 1921 fue nombrado vicario del pueblo de Cañada de Caracheo. Allí el padre Nieves, como era cariñosamente conocido, se dedicó a concluir la construcción del templo y en 1925 colocó un reloj público. Se opuso en varias ocasiones a las exhibiciones cinematográficas, que consideraba contrarias a la moral.

Al comenzar las tensiones entre la Iglesia y el Estado, el padre Nieves decide esconderse en una cueva en la barranca de "El  Leñero", cerca del cerro de la Gavia y organizó a sus feligreses en siete grupos para que fuera a escuchar misa y recibir los sacramentos el día de la semana que les tocara. A las tres de la mañana llegaban a la cueva para ser confesados y recibir diversos sacramentos y escuchar misa, el padre Nieves arregló la cueva de tal modo que tuviera todo lo necesario para celebrar la eucaristía. Por las noches el padre Nieves descendía al pueblo para atender a enfermos y ancianos que no podían ir a la cueva a escuchar misa y aprovechaba a oficiar bodas y bautizos.

El 7 de marzo de 1928 llegó un regimiento de soldados al mando del capitán Manuel Márquez siguiendo a unos ladrones. Buscando un sitio donde pasar la noche llegaron a la casa cural y al no poder entrar intentaron derribar la puerta, pero dos vecinos, Gregorio López y Nicolás Bernal, intentaron evitar que destruyeran la puerta y fueron aprehendidos en el acto. En respuesta a esa injusta acción los vecinos empezaron un tiroteo que duró tres horas. A la mañana siguiente López y Bernal fueron fusilados, al entrarse de tan terrible noticia el padre Nieves decidió recluirse en oración todo el día jueves. Esa noche la pasó en casa de los hermanos Sierra, en el rancho de San Pablo y celebró misa el viernes por la mañana.

Al medio día el padre Nieves salió a dar un paseo disfrazado como campesino con un amplio sombrero, pero se encontró con los militares al mando del mayor Leonardo Rodríguez quien se percató que por debajo del pantalón de manta salía las orillas del pantalón negro del sacerdote y entonces lo detuvo en el acto. Entraron a casa de los hermanos Sierra buscando agua pero sorprendieron a los habitantes ocultando armas de fuego, y el mayor ordenó detener a José Dolores y Jesús Sierra. De camino a Cañada de Caracheo los soldados iban montados a caballo y los tres detenidos caminando. Llegados a Cañada, un vecino de nombre Toribio Martínez, por atención al sacerdote les ofreció pasar la noche en su casa, a lo que los militares aceptaron. El capitán Márquez entabló burlonamente una discusión sobre teología con el padre Nieves que se prolongó durante toda la noche. El señor Toribio ofreció al capitán y al mayor la cantidad de 1,000 pesos por la libertad del padre Nieves. El mayor estaba de acuerdo pero el capitán no, lo que terminó en una discusión violenta en la que don Toribio y el padre tuvieron que intervenir para calmar los ánimos. El padre Nieves enterado de la situación dijo: "No, Toribio no conoce esa cantidad de dinero, ni yo puedo aceptar que nadie se comprometa por mí. De modo que no hay lugar a discusiones. Que se haga la voluntad de Dios y nada más". El mayor Rodríguez decidió partir esa noche dejándole toda la responsabilidad al capitán Márquez. Al percatarse el padre Nieves de la discusión entre ambos militares, se acercó a los hermanos Sierra para decirles que huyeran debido a que ellos le harían falta a sus familia, pero estos se negaron alegando que si ellos hacían falta a sus familias, más falta hacía el que era el padre espiritual de tantas familias.


A las diez de la mañana del 10 de marzo de 1928 el contingente militar emprendió la retirada y una hora más tarde en la hacienda de Las Fuentes se ordenó el fusilamiento de los hermanos Sierra. José Dolores cayó muerto de un infarto antes de ser fusilado y Jesús murió abatido por las balas mientras con sus últimas palabras clamaba "¡Viva Cristo Rey!", aunque a ambos se les dio el tiro de gracia.

El padre Nieves pidió ser fusilado en otro sitio y fue llevado a tres kilómetros donde había un árbol de mezquite y un poste de teléfono. El agustino se arrodilló a hacer oración y le dijo al militar: "Capitán, estoy listo para morir por mi religión". El capitán le preguntó la hora al sacerdote y este le respondió que faltaban cinco minutos para las tres de la tarde e inmediatamente le obsequió su reloj al capitán y sus demás pertenencias a los otros soldados. El hijo de San Agustín le pidió a sus captores que se arrodillaran para recibir la bendición, lo que inmediatamente hicieron los soldados, pero el capitán algo molesto sacó su pistola y le dijo: "Yo no necesito bendiciones de curitas, a mí me basta mi pistola" y en el acto disparó al padre Nieves. Al caer al suelo el sacerdote logró exclamar: "Dios te perdone, hijo mío. ¡Viva Cristo Rey!". El capitán Márquez se acercó y le dio el tiro de gracia, para después partir hacia el pueblo de Cortázar. 

Una mujer que presenció el martirio escondida en unos matorrales se acercó a tratar de auxiliar al sacerdote y pudo escuchar que con sus últimas palabras dijo: "hombres de poca fe", luego de esto la mujer fue a darle aviso a los demás vecinos. Un pastor que también presenció el acto vio que un tozo del cráneo de había desprendido, lo devolvió a su lugar y  envolvió la cabeza del padre Nieves para evitar que se volviera a desprender pero todo fue inútil, el sacerdote ya había expirado. Al llegar los vecinos recogieron el cuerpo del padre Nieves y el de los hermanos Sierra y los llevaron para ser velados y los tres fueron sepultados en el panteón de la localidad al día siguiente. En 1936 los restos del padre Nieves y los hermanos Sierra fueron trasladados a la iglesia de la Virgen de los Dolores de la Cañada de Caracheo.

Fray Elías del Socorro Nieves, conocido cariñosamente como el padre Nieves fue beatificado por el beato papa Juan Pablo II, el 12 de octubre de 1997. En su pueblo natal, Yuriria, Guanajuato, anualmente el día 10 de marzo en recuerdo del martirio del padre Nieves se realiza la representación de “la pasión del padre Nieves” y el santo entierro del padre Nieves, llevando una imagen del beato revestido con los ornamentos litúrgicos en un ataúd, para después celebrar la misa en honor del beato.  


Lic. André Efrén Ordóñez.



lunes, 27 de agosto de 2012

Santa Mónica, madre de San Agustín

Quería escribir un poco sobre esta gran santa, pero ¿qué mejor que transcribir algo de lo que el mismo San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) nos dice de ella? Así que hago un extracto de las "Confesiones", y añado una nota histórica sobre su culto e iconografía:

Santa Mónica y el niño Agustín.
Iglesia de su nombre, Valencia.
LÁGRIMAS POR AGUSTÍN 
"Por este tiempo [adolescencia] creía yo, creía ella [Mónica] y creía toda la casa, excepto sólo mi padre, quien, sin embargo, no pudo vencer en mí el ascendiente de la piedad materna para que dejara de creer en Cristo, como él no creía. Porque mi madre cuidaba solicita de que tú, Dios mío, fueses padre para mí, más que aquél. En eso tú la ayudabas a triunfar sobre él, a quien servía, no obstante ser ella mejor, porque en ello te servía a ti, que así lo tienes mandado.
¡Ay de mí! ¿Y me atrevo a decir que callabas cuando me iba alejando de ti? ¿Es verdad que tú callabas entonces conmigo? ¿Y de quién eran, sino de ti, aquellas palabras que por medio de mi madre, tu creyente, cantaste en mis oídos, aunque ninguna de ellas penetró en mi corazón para ponerlas por obra?.
Pero enviaste tu mano de lo alto y sacaste mi alma de este abismo de tinieblas. Entre tanto, mi madre, fiel sierva tuya, lloraba por mí ante ti mucho más que las demás madres suelen llorar la muerte corporal de sus hijos, porque ella veía mi muerte con la fe y espíritu que había recibido de ti. Y tú la escuchaste, Señor; tú la escuchaste y no despreciaste sus lágrimas, que, corriendo abundantes, regaban el suelo debajo de sus ojos allí donde hacía oración; sí, tú la escuchaste, Señor. Porque ¿de dónde si no aquel sueño con que la consolaste, viniendo por ello a admitirme en su compañía y mesa, que había comenzado a negarme por su adversión y detestación a las blasfemias de mi error?
Visión del ángel y el
"donde tú estás, alli está él"
En efecto, se vio de pie sobre una regla de madera y a un joven resplandeciente, alegre y risueño que venía hacia ella, toda triste y afligida. Éste, como le preguntase la causa de su tristeza y de sus lágrimas diarias, no por aprender, como ocurre ordinariamente, sino para instruirla, y ella a su vez le respondiese que era mi perdición lo que lloraba, le mandó y amonestó para su tranquilidad que atendiese y viera cómo donde ella estaba allí estaba yo también. Lo cual, como ella observase, me vio junto a ella de pie sobre la misma regla. ¿De dónde vino esto sino porque tú tenías tus oídos aplicados a su corazón, oh tú, omnipotente y bueno, que así cuidas de cada uno de nosotros, como si no tuvieras más que cuidar, y así de todos como de cada uno?
¿Y de dónde también le vino que, contándome mi madre esta visión y queriéndola yo persuadir de que significaba lo contrario y que no debía desesperar de que algún día sería ella también lo que yo era al presente, al punto, sin vacilación alguna, me respondió: «No me dijo: donde él está, allí estás tú, sino donde tú estás, allí está él?»". (Confesiones XI. 17-20).

MUERTE DE SANTA MÓNICA

"Estando ya inminente el día en que había de salir de esta vida –que tú, Señor, conocías, y nosotros ignorábamos–, sucedió a lo que yo creo, disponiéndolo tú por tus modos ocultos, que nos hallásemos solos yo y ella apoyados sobre una ventana, desde donde se contemplaba un huerto o jardín que había dentro de la casa, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de las turbas, después de las fatigas de un largo viaje, cogíamos fuerzas para la navegación. Allí solos conversábamos dulcísimamente; y olvidando las cosas pasadas, ocupados en lo por venir, nos preguntábamos los dos, delante de la verdad presente, que eres tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió.
Abríamos anhelosos la boca de nuestro corazón hacia aquellos raudales soberanos de tu fuente –de la fuente de vida que está en ti– para que, rociados según nuestra capacidad, nos formásemos de algún modo una idea de algo tan grande.
Santa Mónica entronizada
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas palabras. Pero tú sabes, Señor, que en aquel día, mientras hablábamos de estas cosas –y a medida que hablábamos nos parecía más vil este mundo con todos sus deleites–, ella me dijo: «Hijo, por lo que a mí toca, nada me deleita ya en esta vida. No sé ya qué hago en ella ni por qué estoy aquí, muerta a toda esperanza del siglo. Una sola cosa había por la que deseaba detenerme un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Superabundantemente me ha concedido esto mi Dios, puesto que, despreciada la felicidad terrena, te veo siervo suyo. ¿Qué hago, pues, aquí?»

No recuerdo yo bien qué respondí a esto pero sí que apenas pasados cinco días, o no muchos más, cayó en cama con fiebres. Y estando enferma tuvo un día un desmayo, qúedando por un poco privada de los sentidos. Acudimos corriendo, pero pronto volvió en sí, y viéndonos presentes a mí y a mi hermano, nos dijo, como quien pregunta algo: «Adónde estaba?». Después, viéndonos atónitos de tristeza, nos dijo: «Enterráis aquí a vuestra madre». Yo callaba y frenaba el llanto, mas mi hermano dijo no sé qué palabras, con las que parecía desearle como cosa más feliz morir en la patria y no en tierras tan lejanas. Al oírlo ella, lo reprendió con la mirada, con rostro afligido por pensar tales cosas; y mirándome después a mí, dijo: «Enterrad este cuerpo en cualquier parte, ni os preocupe más su cuidado; solamente os ruego que os acordéis de mí ante el altar del Señor doquiera que os hallareis». Y habiéndonos explicado esta determinación con las palabras que pudo, calló, y agravándose la enfermedad, entró en la agonía.
Mas yo, ¡oh Dios invisible!, meditando en los dones que tú infundes en el corazón de tus fieles y en los frutos admirables que de ellos nacen, me gozaba y te daba gracias recordando lo que sabía del gran cuidado que había tenido siempre de su sepulcro, adquirido y preparado junto al cuerpo de su marido. Porque así como había vivido con él concordísimamente, así quería también –cosa muy propia del alma humana menos deseosa de las cosas divinas– tener aquella dicha y que los hombres recordasen cómo, después de su viaje transmarino, se le había concedido la gracia de que una misma tierra cubriese el polvo conjunto de ambos cónyuges.

Ignoraba yo también cuándo esta vanidad había empezado a dejar de estar en su corazón, por la plenitud de tu bondad; me alegraba, sin embargo, admirando que se me hubiese mostrado así, aunque ya en aquel discurso nuestro, el de la ventana, me pareció que no deseaba morir en su patria al decir: «¿Qué hago ya aquí?». También oí después que, estando yo ausente, como cierto día conversase con unos amigos míos con maternal confianza sobre el desprecio de esta vida y el bien de la muerte, estando ya en Ostia, y maravillándose ellos de tal fortaleza en una mujer –porque tú se la habías dado–, le preguntasen si no temería dejar su cuerpo tan lejos de su ciudad, respondió: «Nada hay lejos para Dios, ni hay que temer que ignore al fin del mundo el lugar donde estoy para resucitarme».

Así, pues, a los nueve días de su enfermedad, a los cincuenta y seis años de su edad y treinta y tres de la mía, fue libertada del cuerpo aquella alma religiosa y pía.
(Confesiones XI. 23, 27-28)"
.

Sepulcro de Santa Mónica en Roma.

Culto, patronatos e iconografía de Santa Mónica:
Ha tenido Santa Mónica varias festividades, a lo largo del tiempo: 9 (segunda traslación) y 20 de abril (primera traslación), 4 de mayo (víspera de la antigua memoria de la conversión de San Agustín) y, actualmente, 27 de agosto (víspera de San Agustín).

Su culto, aunque tardío en la Iglesia, en la Orden Agustina comienza desde los inicios, en el siglo XII. El 20 de abril de 1162 sus restos fueron trasladados al monasterio agustino de Arras. El 9 de abril de 1430, fueron trasladados otra vez, con gran solemnidad a Roma, hecho que se considera su canonización oficial. Fueron llevados a la iglesia de San Agustín de Plaza Navona para ser puestos junto a los de su hijo. El Concilio de Trento fijó su memoria para el 4 de mayo, el día antes de la conversión de san Agustín (celebrada el 5 de mayo, hasta el Concilio Vaticano II, luego trasladada a su día real: 24 de abril). luego de la reforma del calendario litúrgico, se trasladó al día de hoy, 27 de agosto, víspera de San Agustín.

Es patrona de California, de Germolles-sur-Grosne, en Bretaña, donde se le proclamó como tal en el siglo XVI, ya que un 4 de mayo cayó una granizada masiva y se pidió su protección, y no hubo heridos ni daños considerables. Esta ciudad celebraba una feria y procesión el primer domingo de mayo. Por extensión, en la región se le invoca contra el granizo. En algunos países del norte de Europa quedan imágenes y altares suyos, vestigios de otrora presencia agustina. Y, claro, allí donde están establecidos, su memoria se mantiene. En Colonia existe una hermandad "de la Correa", de inspiración agustina, que la tiene por patrona. Es patrona de madres, mujeres y esposas cristianas, protectora de las que tienen los hijos descarriados y matrimonios difíciles.

Su iconografía es bastante repetitiva. Normalmente la vemos como matrona anciana, con pañuelo en las manos, que recuerda las lágrimas por el hijo descarriado. A veces se presenta vestida, en un delicioso anacronismo, con el hábito agustino (báculo incluido), protegiendo a la orden, como madre de los religiosos y religiosas. En el arte pictórico abunda el pasaje de la conversación entre madre e hijo, en Ostia, o la conversión de San Agustín. Y no falta la representación con el niño Agustín. El rosario (la oración incesante por el hijo) y un libro (la Regla de la Orden) le son también atributos típicos.




A 27 de agosto además se celebra a
San Marcelo de Oxirrinco y compañeros, mártires.
San Maelrubha de Apurcrossan, monje.



MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

jueves, 14 de junio de 2012

San Antonio de Padua, himnos y oraciones

Talla. Siglo XX
Seguimos (y aún no terminamos) con el Santo Paduano. Ahora hablaré algunas devociones, oraciones e himnos más conocidos del santo, dejando aparte los famosos Trece Martes:

I. EL ROSARIO DE SAN ANTONIO
Está conformado por 39 cuentas, en 13 grupos de 3 cuentas cada uno. Cada grupo de 3 se inicia con una invocación, continuación se reza un padrenuestro en la primera cuenta, un avemaría en la segunda y un gloria en la tercera. Concluidos los 13 grupos de cuentas, se finaliza el rosario con el rezo del Responsorio.ORACIÓN PREPARATORIA.
Por la señal de la Santa Cruz… Señor mío Jesucristo...
Abrid, Señor mis labios para bendecir vuestro Santo nombre y el de vuestra Santísima Madre, la Bienaventurada Virgen María al rezar los Trece Padrenuestros, Avemarías y Glorias en honor de vuestro siervo Antonio, cuyas virtudes deseo, con vuestra gracia, copiar en la tierra, para después gozar de vuestra gloria en el cielo. Amen.


INVOCACIONES.
1ª. San Antonio de Padua, apóstol por la Fe, ruega por nosotros. Padrenuestro, avemaría y gloria.
2ª. San Antonio de Padua, Patriarca por la Esperanza, ruega por nosotros. Padrenuestro...
3ª. San Antonio de Padua, serafín por la Caridad, ruega por nosotros. Padrenuestro...
4ª. San Antonio de Padua, que practicaste la Mansedumbre y la Humildad de Jesús, ruega por nosotros. Padrenuestro...
5ª. San Antonio de Padua, ángel por la Castidad, ruega por nosotros. Padrenuestro...
6ª. San Antonio de Padua, prodigio de Penitencia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
7ª. San Antonio de Padua, Espejo de Obediencia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
8ª. San Antonio de Padua, mártir por la Paciencia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
9ª. San Antonio de Padua, querubín por la Oración, ruega por nosotros. Padrenuestro...
10ª. San Antonio de Padua, celador de la Justicia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
11ª. San Antonio de Padua, dechado de Templanza, ruega por nosotros. Padrenuestro...
12ª. San Antonio de Padua, perla de Pobreza, ruega por nosotros. Padrenuestro...
13ª. San Antonio de Padua modelo de Constancia, ruega por nosotros. Padrenuestro...


LAS TRES AVEMARÍAS.
1ª. Virgen purísima antes del parto, ruega por nosotros. Avemaría.
2ª Virgen purísima en el parto, ruega por nosotros. Avemaría.
3ª. Virgen purísima después del parto, ruega por nosotros. Avemaría.

Se concluye el rosario rezando el Responsorio y Oración de San Antonio.

 
Estampa polaca
II. RESPONSORIO DE SAN ANTONIO.
Si buscas milagros, mira:
Muerte y error desterrados,
Miseria y demonio huidos,
Leprosos y enfermos sanos.

El mar sosiega su ira,
Redímense encarcelados,
Miembros y bienes perdidos
Recobran mozos y ancianos.

El peligro se retira,
Los pobres van remediados;
Cuéntenlo los socorridos,
Díganlo los paduanos.

El mar sosiega su ira,
Redímense encarcelados,
Miembros y bienes perdidos
Recobran mozos y ancianos.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
Ruega a Cristo por nosotros, Antonio glorioso y santo, para que dignos así de sus promesas seamos.
ORACIÓN FINAL
Haz, oh Señor, que la intercesión de tu Confesor San Antonio, llene de alegría a tu Iglesia, para que siempre sea protegida con los auxilios espirituales y merezca alcanzar los eternos gozos. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.


 
III. 13 MINUTOS CON SAN ANTONIO
Trece minutos que estaré a tus pies, Padre mío San Antonio, para ofrecer mi invocación sentida ante tu imagen milagrosa, de quien tanto espero, pues bien se ve que tu tienes poderosas fuerzas divinas para llegar a Dios. Así lo revelan tus patentes milagros, Padre mío San Antonio, pues cuando acudimos a ti en horas de tribulaciones, siempre somos prontamente escuchados. Hoy que es un día tan grande llegarán a ti, miles de almas, que son tus fervientes devotos, a pedirte, porque sabemos que nos harás grandes concesiones, poniendo en primer turno a los más necesitados para que reciban tus favores. ¡Qué consolado me siento al entregarte mis penas! Espero Santo mío me concedas la gracia que deseo y si me la concedes, te prometo contribuir con una limosna para tus niños pobres.

Tres grandes gracias te concedió el Señor; que las cosas perdidas fueran aparecidas, las olvidadas recordadas y las propuestas aceptadas. ¡Cuantos devotos llegarán a ti, diariamente a pedirte alguna de las tres, y tú jamas te niegas a concederlas! ¡Qué llegue hoy a ti lo mío que tan necesitado pone a tus pies éste humilde devoto.

Al final se rezarán tres Padres Nuestro, Ave María y Gloria.


San Antonio, Manacor.
Da el pan a los pobres
IV. BENDICIÓN DEL PAN DE SAN ANTONIO
V/. El Dios providente que todo lo creó para nuestro bien, esté con todos vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

Oremos: Señor Jesucristo, verdadero pan de vida, dígnate bendecir + este pan como bendijiste los cinco panes en el desierto; haznos solidarios con el hambre de los pobres para que, a ejemplo de San Antonio, compartamos nuestro pan con los necesitados imitando así tu generosidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 
V. HIMNO
¡Salve, Antonio, venerado con el bello lirio blanco,
el libro del Evangelio y el Niño Dios en los brazos!
El candor en ti rebosa del corazón a los labios;
con alma pura penetras la luz del Verbo encarnado.

Sagrario de la Escritura eres por el Verbo Santo
martillo de la mentira y bálsamo de apenados.
A ti los pobres se acercan buscando pan y milagros,
porque eres pobre y sencillo, hermano entre los hermanos.

Cristo solo es tu prodigio, tu ciencia y poder sagrado,
Cristo en tu fe y tu deleite, Cristo en tus brazos mostrado.
¡Honor a Cristo bendito, presente en su pecho amado;
honor a Cristo en Antonio, que en Cristo fue consumado! Amén.

VI. ORACIÓN PARA HALLAR LO PERDIDO
¡Oh admirable y esclarecido protector mío, San Antonio de Padua! Siempre he tenido grandísima confianza en que me has de ayudar en todas mis necesidades, rogando por mi al Señor a quien serviste, a la Virgen Santísima a quien amaste y al Divino Niño Jesús que tantos favores te hizo. Ruégales por mi, para que por tu poderosa intercesión me concedan lo que pido. ¡Oh Glorioso San Antonio! Pues las cosas perdidas son halladas por tu mediación y obras tantos prodigios con tus devotos; yo te ruego y suplico me alcances de la Divina Majestad el recobrar la gracia que he perdido por mis pecados, y el favor que ahora deseo y pido, siendo para Gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


Ver más de San Antonio:
Cronología.

Milagros de San Antonio.

miércoles, 13 de junio de 2012

Cronología de San Antonio de Padua

San Antonio como capuchino.
Hoy, fiesta de San Antonio de Padua, patrono de este blog (junto a Santa Catalina de Alejandría y San Francisco de Asís) retomo una cronología que publiqué hace tiempo porque sí, porque me cae bien y le considero un santo milagroso, que siempre ha estado atento para ayudarme. Sirvan estos artículos de agradecimiento, como el agradecimiento que expreso a la web http://www.franciscanos.org, de donde extraigo y condenso la información.

Vida y cronología de San Antonio de Padua:


1195: Nace en Lisboa y en el bautismo recibe el nombre de Fernando Martín. No se conoce que día, ni quienes eran sus padres.

1201-1210: Frecuenta la escuela catedralicia.

1210:
A los 15 años sufre una grave crisis de pubertad. Ingresa en San Vicente de Fiora, Lisboa, comunidad de los Canónigos Regulares de San Agustín.

1212: Se traslada al monasterio de Santa Cruz de Coimbra, para librarse de la importunidad de los amigos lisboetas que lo visitaban, turbando su paz interior. Aquí se forja su formación intelectual con grandes maestros y una rica biblioteca; aunque el la disciplina y espiritualidad de esta comunidad no eran tan elevadas como las de San Vicente.

1220: El 16 de enero ocurre el martirio de los protomártires franciscanos, Santos Berardo y compañeros (16 de enero), quienes habían pasado meses antes por Coimbra. Sus restos mortales fueron llevados por el Infante Don Pedro hasta Coimbra, y allí colocados en la iglesia de Santa Cruz, donde todavía son venerados y le mismo Antonio pudo hacerlo. Este testimonio de fe cala profundamente en Antonio, que decide conocer más a los hijos de Francisco de Asís. Este año recibe la ordenación sacerdotal, sin que se sepa la fecha

1220: Pasa a formar parte de la familia franciscana, con el deseo de ir a tierra de musulmanes para merecer compartir la corona de los santos mártires. Al obtener el permiso de los superiores, pasó de los Canónigos Regulares de San Agustín a los Hermanos Menores y cambió el nombre por el de Antonio. Hizo un breve noviciado, porque ya tenía formación y experiencia de vida comunitaria

1220-1221: Entre finales del otoño de 1220 y marzo de 1221, Antonio fue misionero en Marruecos, sin que se sepa en que ciudades y tampoco se conoce quien le acompañó, pues según la costumbre franciscana tenía que llevar consigo un compañero. Allí pasó gravemente enfermo todo el invierno hasta febrero de 1221; lo que le obligó a regresar sin haber alcanzado el deseado martirio. La nave sufre una tempestad y va a parar a Sicilia (las cosas de la providencia), donde le informaron de la celebración del Capítulo General en Asís, al que podían asistir los hermanos de toda la Orden e incluso los novicios. Allí conoció a San Francisco (4 de octubre y 17 de septiembre) y, al terminar el Capítulo, lo destinan al eremitorio de Monte Paolo en la Romaña.

1222: El 24 de septiembre acude a Forlí una multitud de frailes, entre ellos Antonio, para asistir a una ordenación sacerdotal. Antes de que los ordenandos se trasladaran a la catedral, se les debía dirigir una exhortación espiritual, y resultó que ninguno de los sacerdotes presentes se había preparado, por lo que rehusaron improvisar. El superior franciscano ordenó a Antonio que, para salir del paso, dijera dos palabras de edificación, y el santo, sin pretenderlo, puso de manifiesto su gran cultura bíblico-teológica, así como su profunda espiritualidad, para asombro y alegría de los asistentes. Esto le valió el oficio de predicador itinerante.

1222-1224: Predica a sus propios hermanos de hábito, a grupos de estudiantes, a confraternidades, pronuncia discursos en sínodos, en capítulos canonicales o reuniones monásticas, e incluso ante la curia pontificia. A su predicación moral y penitencial hay que asociar su acción pacificadora, su enseñanza de la Escritura a sus hermanos, su enfrentamiento con los herejes, etc.

El milagro Eucarístico
1223: Predica en Rímini, único de los lugares evangelizados por Antonio al que se refieren las fuentes históricas. Era una ciudad saturada de herejes, a los que Antonio se enfrentó con el Evangelio vivido coherentemente, las discusiones públicas, las exhortaciones al pueblo y los consejos personales. Cabe destacar la conversión de Bononillo, veterano dirigente cátaro. Aquí ocurren los milagros de la predicación a los peces, y el de la borrica que adora la Eucaristía (este último otros lo sitúan en Toulouse, dos años más tarde).

1223/24: Nombrado primer maestro de teología en Bolonia, con la aprobación de San Francisco, el cual le llama “mi obispo”, señalando que le agrada que enseñe teología a los hermanos, con tal que el estudio no apague el espíritu de oración y devoción. Antonio se dedicó a la enseñanza de la teología solo accediendo a las súplicas de los frailes, por una mejor formación de los predicadores, y tras aprobarlo Francisco.

1224-27: Apostolado en Francia, ante los albigenses, junto a los dominicos y los cistercienses. Maestro de teología y predicador en Montpellier, formando hermanos para predicar a los albigenses. Aquí se sitúan el milagro de bilocación del santo mientras predicaba, y algún otro.

1224-25: Mientras predica Antonio en el capítulo provincial de Arlés, se aparece San Francisco estigmatizado.

1226: Custodio de los hermanos en la región de Limoges. Funda un convento en Brive. En esta época se refieren actividades apostólicas, viajes y milagros: predicación en San Junien y anuncio de un hecho prodigioso; enfermo en la abadía benedictina de Solignac; predicación en el sínodo de Bourges, donde denunció el mal comportamiento del arzobispo, que se convirtió; guardián de los frailes en Le- Puy, donde realizó varios milagros o hechos prodigiosos.

1227: A finales de este año, regresa a Italia, como custodio de Limoges, para ir al Capítulo General de Asís, primero que se celebraba después de la muerte de San Francisco. Se desconoce si radicó en algún convento o continuó su predicación itinerante. Es elegido ministro provincial del norte de Italia, sin que se sepan claramente sobre que territorio. Las fuentes subrayan su ejemplaridad, clemencia y capacidad de conmover los corazones de los tibios y negligentes. Dejó el oficio de Provincial en mayo de 1230, luego del traslado de los restos mortales de San Francisco a la basílica que se le había construido.

Estampa devota
1228: Predica en Vercelli, y sus sermones dejaron una huella indeleble incluso en el clero de la catedral.
 
1229-1230: Antonio, provincial, participó en la misión pacificadora de la Iglesia en la Marca de Treviso, atormentada por los crueles enfrentamientos entre facciones de la nobleza., armonizando el cuidado de los frailes con los viajes de evangelizador y pacificador, tarea en la que buscó la colaboración de hermanos bien preparados; tuvo que visitar repetidas veces Padua y es probable que fijara allí su residencia, al menos temporalmente; como se concluye de la redacción definitiva de los Sermones dominicales y su profunda amistad con el pueblo paduano.

1230: Visita al papa Gregorio IX, para exponerle al Papa las dudas sobre cual era el valor jurídico del Testamento de San Francisco y como interpretar algunos pasajes de la Regla. Allí continuó ejerciendo el ministerio de la palabra, predicando y dando conferencias espirituales. Además, colaboró en la bula “Quo elongati”, con la que Gregorio IX trató de resolver las cuestiones que la Orden le había planteado.

1231: Del 5 de febrero al 23 de marzo, libre de la responsabilidad de cuidar de sus hermanos, se dedica plenamente a la predicación itinerante y a la preparación de sus sermones para las fiestas del año litúrgico; sin embargo, al acercarse la cuaresma, interrumpió este trabajo para dedicarse a la predicación, y, terminada la cuaresma, lo reemprendió en Camposampiero; la obra quedó bruscamente interrumpida para siempre en el sermón para la Conmemoración de San Pablo (30 de junio).

1231: El 13 de junio, sufre un colapso y, sintiéndose morir, pidió que lo llevaran a Padua, para estar con su comunidad a la hora del tránsito. Para no cruzar la ciudad por el centro y evitar así tumultos, se desviaron hacia el monasterio de las clarisas de La Cella. Aquí empeoró, se confesó, cantó a la Virgen el himno litúrgico “O gloriosa Domina”, tuvo la visión de Cristo, se le administró la unción de los enfermos, cantó con los frailes los salmos penitenciales, y, tras una media hora de sopor, expiró. Su entierro estuvo precedido de una serie de enfrentamientos y violencia: sectores de la población enfrentados, las monjas y los frailes, el podestà y el obispo, por el sitio donde enterrarlo. Finalmente se impuso el parecer de los frailes, y el martes 17 de junio los restos mortales fueron trasladados en procesión desde La Cella hasta la iglesia de Santa María, tras la misa solemne de Réquiem oficiada por el obispo.

Antigua representación
más fiel a la realidad
1231-1232: Su proceso de canonización fue uno de los más rápidos de la historia: duró menos de once meses, de julio de 1231 al 28 de mayo de 1232. Los milagros y la devoción de las gentes se multiplicaron a partir de aquel mismo 17 de junio, al tiempo que se multiplicaban las peregrinaciones. Gregorio IX puso de inmediato en marcha el proceso, y, cumplidos todos los requisitos, el 28 de mayo de 1232 decidió proceder a la canonización.

1232: El papa Gregorio IX canonizó a San Antonio el 30 de mayo de 1232 en la catedral de Espoleto, donde se encontraba entonces la curia papal.

1263: El 8 de abril, se realiza la Traslación de los restos mortales de San Antonio de la pequeña iglesia de Santa María a la nueva basílica construida en su honor, actos que presidió San Buenaventura (15 de julio), se encontró incorrupta la lengua del santo (aún se venera en un relicario).

1946: Con la Carta apostólica “Exulta, Lusitania felix”, de fecha 16 de enero, Pío XII declaró a San Antonio Doctor de la Iglesia, con el título de “Doctor Evangélico”.



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