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domingo, 11 de abril de 2021

Desposada con Cristo antes de nacer.

Santa Sancha de Portugal, reina y religiosa cisterciense. 11 de abril, 13 de marzo, 17 y 20 de junio. 

Nació en 1180 Fue hija de Sancho I de Portugal, y de la reina Dulce. Sus hermanas fueron Santas Teresa y Mafalda (17 y 20 de junio). Desde muy niña fue piadosa y muy devota de la Santísima Virgen. A los 5 años aprendió a leer, y el Oficio, las vidas de santos y tratados piadosos eran sus lecturas preferidas. A los 10 años comenzó a usar un cilicio pegado a las carnes, que la hacía sufrir muchísimo, pero lo soportaba por amor a la Pasión de Cristo. Cuando llegó a edad de buscarle marido, su madre le preguntó sobre con quien querría casarse llegado el momento, a lo que la princesa respondió: “Con aquel que me ha recibido por esposa antes de nacer”  

En 1198 murió su madre y el rey Sancho, viendo la determinación de su hija a ser toda para Cristo, le regaló uno de su castillo de Alenquer para que ella lo convirtiese en su morada personal, alejada de la corte. Sancha eligió a los parientes y sirvientes más devotos y rectos para que le acompañaran en su casa. Allí no había vanidades ni vida frívola como en la corte: se rezaba frecuentemente, se hacían actos de cariad y se atendía a los pobres. Todos los miércoles del año Sancha daba de comer a 12 mujeres pobres a las que ella misma lavaba y vestía. Les daba limosnas y a algunas las seguís socorriendo si eran enfermas, o las colocaba de sirvientas en casas honestas. En esta villa donde vivía había un beaterio en el que mujeres pobres y penitentes se santificaban, Sancha las visitaba en ocasiones, aprendía con ellas de la vida espiritual, tenían oración en común, y la reina siempre les daba alguna limosna.  

A la muerte de su padre, en 1112, su hermano Alonso tomó el reino en sus manos y una de sus primeras acciones fue reclamar la villa y castillo de Alenquer para sí. Sancha, tanto por ella misma, como por sus siervos, en unión con su hermana Teresa, igualmente en peligro de perder sus posesiones, se rebeló contra su hermano. Organizó un ejército que plantó cara a Alonso a las afueras de Alenquer, donde el rey comenzaba el sitio. Lo contuvo un tanto, pero Alonso no cejó en sus pretensiones, por lo cual Sancha apeló al papa Inocencio III, el cual reconoció como legítimas las donaciones del rey Sancho, zanjando el asunto. A cambio, ella y Mafalda renunciaron al título de reinas.  

Luego de esta situación Sancha quiso tomarse más en serio su consagración, recibió de su hermano Alonso el permiso para fundar un monasterio cisterciense en Vimarens, que tomó el nombre de Santa María de Celas. Lo fundaría con las beatas que conocía de Alenquer y algunas monjas profesas del Císter autorizadas a trasladarse allí para enseñar a todas los usos y costumbres de la Orden. El abad de Alcobaça les dio el hábito a todas, menos a Sancha, que no sería monja sino hasta más tarde. En este tiempo ocurrió que el rey San Fernando III de Castilla (30 de mayo) pidió la mano de Sancha a Alonso de Portugal y este mandó a Sancha que accediera. Dos años duraron las amenazas, las promesas, las renuncias y las defensas de Sancha. Diría a su hermano en una ocasión: "Mas fácil me sería, hermano, dejarme arrojar en un horno ardiendo, o con una piedra al cuello en el profundo del mar, o cortar mis miembros uno a uno, que casarme con hombre nacido: y si en alguna cosa deseas darme gusto, será en no hablarme más deel asunto”. Finalmente, San Fernando desistió.  

Para librarse en lo sucesivo de otro intento de matrimonio, Sancha hizo voto de castidad perpetua ante el obispo de Coimbra y el clero. Luego  se despidió de los franciscanos de Alenquer, a los que había traído, fundando el primer convento de franciscanos de Portugal en su amada villa de Alenquer. Anotamos aquñi que cuenta la leyenda que, en agradecimiento, San Francisco de Asís (4 de octubre, 17 de septiembre, Impresión de las llagas; 25 de mayo, traslación de las reliquias a la basílica de Asís) le envió a San Berardo y a sus compañeros (16 de enero), que iban de camino de África a predicar. Estos santos dieron encendidas pláticas a las religiosas del monasterio, dejándolas llenas de deseos de servir mejor a Dios. Al año siguiente de esta visita, estando Sancha orando, se le aparecieron los franciscanos con gran gloria, revelándoles su martirio gozoso por Cristo.  

En fin, que libre de ataduras, Sancha se fue al monasterio de Cela, donde tomó el hábito del Císter. La leyenda del Císter le hace una monja perfecta, muy fervorosa. Tuvo varias gracias místicas como la profecía, el don de corazones. Fue muy penitente y constantemente llevó un cilicio que le cubría todo el torso y una cuerda de esparto a la cintura. Era también muy humilde, siendo la primera en servir a las demás, en hacer los trabajos más bajos de la casa y la primera en pedir perdón por lo que ella consideraba sus faltas. También tuvo el don de milagros, pues se nos dice que a varias religiosas aquejadas de dolores, tumores o infecciones, sanó con trazar la señal de la cruz sobre ellas.

Con su hermana
Santa Teresa.

Sancha entró al Reino de su Divino Esposo el 13 de marzo de 1229. El cuerpo fue trasladado al monasterio de Lorban, donde su hermana Santa Teresa vivía, a pesar de que las monjas de Cela la querían sepultar entre ellas, como tal había vivido. En Lorban el cuerpo fue depositado en el sepulcro de piedra labrada que Teresa tenía preparado para sí misma. Las crónicas del Císter nos cuentan que realizó numerosos milagros y que, incluso, más de una vez fue vista por alguna monja aparecer en el coro y cantar el Oficio Litúrgico con las monjas.

En 1576 el rey Sebastián de Portugal y el obispo de Coimbra iniciaron las gestiones para que ambas reinas
hermanas fueran canonizadas, debido al culto que recibían de parte de las monjas. En 1695 el papa Inocencio XII dio visto bueno al proceso de canonización. El 23 de diciembre de 1705 el papa Clemente XI autorizó que fueran llamadas santas, canonizándolas directamente, sin beatificarlas oficialmente, pues se consideró que el culto permitido por los obispos y los papas anteriores era una intrínseca beatificación.   

Fuente:
-"Médula Histórica Cisterciense". Volumen 4. ROBERTO MUÑIZ O.Cist. Valladolid, 1780.  


A 11 de abril además se celebra a

San Antipas de Pérgamo,
obispo y mártir
.
Beato Jorge Gervase,
benedictino mártir
.
Santa Godebertis,
virgen
.
San Guthlac,
ermitaño
.







martes, 5 de junio de 2018

De un mártir incruento.

San Doroteo de Tiro, obispo. 5 de junio.

Según Eusebio en su "Historia Eclesiástica", Doroteo se dedicaba al negocio de tintar telas y que padeció numerosos tormentos cuando era seglar, en tiempos de Diocleciano. Vivió desterrado en Sicilia hasta 318. Era uno de los ilustres confesores de la fe en Tiro cuando llegó la paz de San Constantino (21 de mayo), por lo cual fue elegido obispo de la ciudad. Aprendió latín clásico y hebreo, para poder predicar a más fieles.

En 325 aparece entre los firmantes del Concilio de Nicea. En 361, Juliano el Apostata asumió en solitario el gobierno del Imperio y pretendió volver al paganismo oficial, sumiendo a los cristianos en cierta persecución. Doroteo tuvo que volver a exiliarse a Sicilia, siendo muy anciano. En este viaje sufrió muchas privaciones en el mar y en tierra, muriendo al año siguiente, 362, con 107 años de edad. Por tantos sufrimientos en ocasiones se le llama mártir.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 5 de junio además se celebra a:


San Bonifacio de Fulda,
obispo y mártir.
San Fernando de
Portugal, príncipe.
Beato Meinwerk de
Paderborn, obispo.







domingo, 5 de junio de 2016

San Fernando de Portugal

San Fernando de Portugal, príncipe. 5 de junio.

Infancia y juventud.
Fue este Infante de Portugal el sexto hijo de Juan I y Felipa de Lancaster. Nació el 29 de septiembre de 1402, luego de un parto difícil y de que su madre se aplicara una reliquia de la Vera Cruz. Nació débil, y se le bautizó enseguida, pensando que moriría, pero sobrevivió aunque tuvo una infancia y juventud enfermizas. Alejado de asuntos mundanos, se decantó por el estudio y la piedad. A los 14 años comenzó a tener oración mental y a rezar las horas canónicas, pero además, en público siempre se mostraba piadoso y observante de las ceremonias religiosas. Gustaba mucho de los Oficios de Semana Santa,  a la par de la piedad, en estas fechas invertía muchos ratos en la caridad sirviendo a los pobres, enfermos y a los cautivos cristianos, por cuya redención en tierra de moros se preocupó siempre. Nunca contrajo matrimonio, en parte por su naturaleza débil, y los piadosos escritores añaden que por su amor a la virginidad. Era penitente, ayunaba siempre que era obligación, y además, los sábados y todas las vigilias de las festividades de la Santísima Virgen María.

En 1433 murió el rey Juan y le sucedió en el trono Eduardo I, y nuestro Fernando heredó Salvaterra de Magos. Eduardo le instó a que aceptase el cargo de Gran Maestre de la Orden Militar de Avis, pero Fernando no quiso por conllevar rentas eclesiásticas que no consideraba ser justo recibirlas sin ser un miembro del clero. Al final aceptó, pues, continúan los piadosos escritores, porque con dichas rentas podría hacer más caridad. Además, el papa Eugenio III le concedió el título de Cardenal, pero en eso sí que no hubo quien le hiciera obedecer, por repugnancia a tener tal dignidad eclesiástica, ni manifestar vocación religiosa. 

A por los moros.
En 1437 Eduardo comenzó a preparar una campaña contra los musulmanes en África, y junto a su hermano Enrique, nombró General a Fernando. El 22 de agosto del mismo año partieron, padeciendo Fernando un forúnculo que le hacía padecer mucho, pero lo disimuló. Llegando a Ceuta, no pudo más y hubo de guardar cama por las grandes fiebres que dicho mal le causaba. En septiembre partió Enrique por tierra y Fernando continuó por mar, ambos a Tánger. Plantaron batalla a pesar que Fernando casi se caía del caballo, pero le animaba el combatir a los enemigos de Cristo, y para ello portaba un estandarte con la efigie de San Miguel Arcángel (29 de septiembre; 25 de abril, aparición en Roma, y en Tlaxcala; 6 de septiembre, aparición en Honaz; 19 de septiembre, aparición en Colosas, 8 de mayo,"in Monte Gargano"; 16 de octubre, aparición en Mont Saint-Michel), al que tenía gran devoción. La primera escaramuza la ganaron los portugueses, pero cuando volvieron a plantar batalla, se encontraron con que el mismo rey de Fez venía al frente de 600.000 soldados. Viendo los cristianos semejante ejército, retrocedieron  y desde su campamento finalmente repelieron a tal multitud luego de seis horas de pelea, "solo por auxilio divino", que dicen los autores.

Fracaso y cautiverio.
Continuaron los moros su embestida y viendo los cristianos que nada había que hacer, negociaron la entrega de Ceuta a cambio de la vida. Pero los musulmanes, viéndose fuertes, apresaron a los emisarios y continuaron la lucha. Se defendieron los cristianos con valentía y ante esto, los moros aceptaron dejarles ir a cambio de Ceuta, pero por desconfianza, pidieron un canje de príncipes hasta poseer Ceuta. Ofrecieron ellos al primogénito de Salah Ibn Salah (conocido "en cristiano" como Çallabençalla), señor de Melilla y Tanger. El mismo Enrique quiso entregarse, pero su Consejo Militar se lo impidió, por lo que Fernando se entregó voluntariamente a los moros, el 16 de octubre, junto con su médico, su confesor y varios sirvientes, entre ellos Fr. Joao Alvares, que escribiría toda esta historia. Llegados a Ceuta, como los musulmanes no habían entregado al hijo de Çallabençalla, se negó a entrar a la ciudad. Entregado el príncipe infiel, Fernando cumplió su parte y se dio a los moros, pero algunos de estos traicionaron y antes que los cristianos subieran a las galeras, les atacaron y asesinaron a algunos. Ante este imprevisto, Çallabençalla llevó al Infante Fernando a Asillah, una plaza más fuerte, con intención de negociar el intercambio de príncipes y la entrega de Ceuta.

En principio, como era un príncipe real, fue tratado con cortesía, permitiéndole tener correspondencia, tener su propio dinero, practicar su religión y recibir visitas. A pesar de su enfermedad, Fernando no perdía la fe ni la esperanza. Aún estaba alegre al verse entre otros cautivos cristianos, a los que consolaba y auxiliaba, olvidándose que era un príncipe. Con sus compañeros de cautiverio rezaba las Horas y otros ejercicios de piedad. Çallabençalla insistía en la entrega de Ceuta e instaba a Fernando para que rogara a Eduardo iniciase las negociaciones, pero los hermanos de Fernando, Eduardo y Pedro no se ponían de acuerdo, pues Eduardo, el rey, se negaba rotundamente a entregar Ceuta y estaba dispuesto solamente a hablar sobre la libertad del Infante y del hijo de Çallabençalla. En enero de 1438 las Cortes de Portugal se dividieron sobre si entregar Ceuta o no, y finalmente se disolvieron sin tomar una decisión, y mientras el príncipe, padeciendo. Luego de Pascua del mismo año finalmente se decidió conservar Ceuta, buscando otros medios de liberarle, como ofrecer dinero o emprender otra cruzada, con apoyo de Castilla. Suplicó Fernando por su liberación (los hagiógrafos lo callan, para no restarle mérito a su "sacrificio por la fe"), hasta que su hermano Enrique, aún en Tanger, le respondió que Ceuta no se entregaría por nada y que él mismo había cumplido su parte del trato.

El 25 de mayo, viendo Çallabençalla que no lograba nada, y temeroso de un ataque de los portugueses y castellanos, envió al príncipe al rey de Fez, un soberano cruel y que odiaba sobremanera a Cristo y sus discípulos. Si buen al principio tuvo Fernando contacto y dinero del exterior, al cortarse las negociaciones con Portugal, de rehén fue degradado a preso común y metido en unas lóbregas mazmorras y confiado al gobernador del rey, Abu Zakariya (conocido como Lazeraque), que le cargó sobre su delicado cuerpo una pesadísima cadena. Allí estuvo durante cinco meses. Al cabo, Lazeraque puso a Fernando junto a otros prisioneros a á cavar en los huertos del rey o limpiar los establos desde la mañana hasta la noche. Soportaba todo el santo príncipe, con gran fe y paciencia, siendo ejemplo de entereza cristiana no solo a los cristianos sino a los mismos infieles allí presos por otras causas.

Últimos años. Muerte.
El 9 de septiembre del mismo año murió de peste el rey Eduardo, lo que supuso un gran dolor para Fernando. En su testamento el rey había ordenado el rescate de su hermano. Jurado rey de Portugal el infante Alfonso, hijo de Eduardo, asumió la regencia el Infante Pedro, tío del niño y hermano de Eduardo y nuestro Fernando. Pedro no estuvo menos interesado en procurar la libertad de Fernando, pero poco pudo hacer, salvo que los captores se ensañaran más con el santo príncipe. Injurias, burlas, amenazas y trabajos se sucedían unos tras otros. Solo salían de la prisión para trabajar como esclavos, y nada más. Al ver Lazeraque que Fernando no mudaba su mansedumbre y que era aliento cristiano para sus compañeros, le aisló nuevamente en una celda sin ventanas del viejo castillo arruinado que estaban reparando. Nos narran que el príncipe oraba constantemente y que una luz misteriosa llenaba su celda. Los otros cristianos soltaron un ladrillo de la pared que lindaba con la celda y por allí hablaban con el Infante. Pretendían consolarle y era él quien les inspiraba. Decíales: "Perdonadme por amor de Dios, puesto que por mi causa padecéis tantas molestias. Sabed, amigos, que os tengo en lugar de hijos, y que mi mayor gusto sería acompañaros en los trabajos sin alguna distinción, lo que preferiría al reino de Portugal: testigo es Dios que no miento. Solo por tres cosas quisiera vivir: la primera, para premiaros como merecéis, la segunda, para animar a los cristianos a destruir estas bárbaras regiones, no por venganza de lo que padezco, pues cuanto hacen conmigo los moros lo recibo como ministros de mi salvación, y la tercera, para persuadir a mis hermanos que librasen a los pobres cautivos, lo que yo haría mejor que otro alguno, habiendo sido testigo de las miserias que padecen".

Sepulcro del Infante Fernando.
Para colmo, tensiones entre Lazeraque y Çallabençalla, que pretendían ser ellos los que negociasen los rehenes, agravaron las condiciones del príncipe y su liberación parecía cada vez más lejos, dado que Portugal se desentendió finalmente de la suerte del príncipe. Incluso constan otras negociaciones menores con los moros, relacionadas con dineros, comercio y tierras, pero sobre Fernando nada se habla. Seis años padeció el príncipe Fernando en aquellas condiciones de pobreza, trabajo y malos tratos. Otras cosas pasaron, como algunos intentos del Infante Pedro de rescatarle, pero las saltamos, para llegar al final terrenal de Fernando: El 1 de junio de 1443 se le desencadenó una diarrea que le llevó al desfallecimiento. Le permitieron a su confesor, preso con él, una visita extraordinaria, pues solo podía hacerlo cada dos semanas. Le dijo Fernando a Fray Gil: "Dos horas antes de amanecer, estando considerando las miserias de esta vida y la felicidad de la eterna, comencé á sentir en mi corazón un gran consuelo y un deseo ardoroso de salir de este mundo. Fijé los ojos en la pared y vi a una Señora sentada en un alto trono entre celestiales resplandores. Conocí al instante que era la Virgen Santísima, y postrándome de rodillas, como pude, ante su presencia, oí a uno de los de la comitiva, que por las señas era San Miguel, que le decía: 'Yo os ruego, Señora, que os compadezcáis de este vuestro siervo: ved cuanto tiempo hace que padece, y que pide a vuestro querido Hijo que ponga término a sus miserias. Por él intercedo, pues es mi especial devoto'. Después hizo las mismas súplicas otro que sin duda fue San Juan Bautista, y en seguida vi a la Señora que me miraba con benignos ojos, con lo que desapareció inmediatamente". Luego de narrar su visión, se confesó y habiendo recibido la Indulgencia Plenaria "in articulo mortis", quedó postrado durante cuatro días más, falleciendo el 5 de junio, a los 41 años de edad.

Lazeraque, al saber la muerte del príncipe, dijo: "Si entre los perros cristianos hay algo de bueno, sin duda lo tuvo este que acaba de morir, si fuese moro, merecía tenerse por santo. Sé que jamás mintió, ni de su boca se le oyeron nunca palabras de falsedad. Cuantas veces envié exploradores para que viesen lo que hacía, siempre le encontraron en oración, y ciertamente los de su nación cometieron un gran pecado en dejarlo morir así". 

Reliquias y culto.
Pero no hay que pensar que dicho reconocimiento de la santidad de Fernando terminara la crueldad de su vigilante, pues mandó le fueran arrancadas las entrañas (que dos compañeros de prisión escondieron bajo tierra en su mazmorra) y colgasen el cuerpo, cabeza abajo, en las murallas de Fez, para escarnio de los musulmanes. Allí estuvo el santo cuerpo cuatro días y luego fue metido en una caja de madera y esta colgada en la misma muralla. En 1450 las entrañas del príncipe fueron desenterradas y en secreto se llevaron a Portugal, al monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, el célebre y bello recinto de Batalha.

Pronto comenzó un culto religioso-patriótico en torno al "mártir de la fe", alentado por la casa real portuguesa y por la Orden de Avis. Su hermano Enrique fue el principal promotor de la idea de que Fernando se había quedado voluntariamente en "tierras de infieles", tal vez para quitarse su propia responsabilidad de encima. En 1460 se terminó la primera "vita et martiriae" de Fernando, escrita en todo laudatorio y hagiogáfico. Dos años después se publicó la "Martirium pariter et gesta", con vistas a pedir la canonización a Roma, impulsada por la hermana de Fernando, Isabel de Portugal, duquesa de Borgoña. Esta princesa alentó el culto a su hermano construyendo una capilla en su honor en la iglesia de San Antonio, Lisboa, además de fundar una capellanía en su memoria en Bruselas, ambas permitidas por el papa Pablo II en 1470. La muerte del papa y la princesa truncó la posible canonización, que nunca llegó, aunque el culto popular continuó.

En 1471 Afonso V de Portugal fue capturado Tánger y en 1473 se negoció su liberación junto con las reliquias de Fernando que aún colgaban ignominiosamente de las murallas de Fez. Una leyenda posterior dice que "no hallaban los portugueses el medio de recuperar los restos de su príncipe cuando dispuso el Señor que se hiciese su traslación a Portugal por medios extraordinarios, para que brillase en el acto su adorable Providencia": Tenía el rey de Fez un sobrino que poco a poco iba haciéndose querido en el reino por su sabiduría, buenas prendas y justicia, así que temiendo el rey que pretendiera arrebatarle el trono, comenzó a maquinar contra él y a retirarle todo su favor. El sobrino, deseoso de venganza, creyendo que la más grave afrenta que podía hacer a su tío era devolver a los portugueses su mártir, las sacó de la muralla una noche junto con dos cristianos cautivos, que huyeron a Metida, ciudad en poder de los cristianos. Pero en relidad fueron negociadas y obtenidas. En Portugal fueron recibidas solemnemente, realizándose una gran procesión hasta la catedral. Luego de varios días de honras fúnebres, el cuerpo fue trasladado a Batalha, donde ya estaban sus entrañas. Allí fue colocado en una bella tumba en la real capilla, edificada por su padre. En los siglos XVI y XVII se retomó la intención de la canonización, y los reyes portugueses manifestaron externa devoción a su antepasado. Pero la Iglesia ya era más estricta con las canonizaciones, por lo que no aprobó su culto. Incluso lo prohibió en Batalha el obispo de Leiria, al no ser un santo ni siquiera beatificado. En 1634 la Carta "Coelestis Jerusalem" de Urbano VIII, que prohibía terminantemente cualquier culto a los no beatificados, "a menos que probaran ser cultos inmemoriales", dio el puntillazo y no se le veneró más públicamente. Aunque los Bollandistas en 1695 lo incluyeron entre sus santos al demostrar su culto desde el momento de su muerte.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.


A 5 de junio además se celebra a
San Bonifacio de Fulda, obispo y mártir.
Beato Meinwerk de Paderborn, obispo. 

miércoles, 13 de junio de 2012

Cronología de San Antonio de Padua

San Antonio como capuchino.
Hoy, fiesta de San Antonio de Padua, patrono de este blog (junto a Santa Catalina de Alejandría y San Francisco de Asís) retomo una cronología que publiqué hace tiempo porque sí, porque me cae bien y le considero un santo milagroso, que siempre ha estado atento para ayudarme. Sirvan estos artículos de agradecimiento, como el agradecimiento que expreso a la web http://www.franciscanos.org, de donde extraigo y condenso la información.

Vida y cronología de San Antonio de Padua:


1195: Nace en Lisboa y en el bautismo recibe el nombre de Fernando Martín. No se conoce que día, ni quienes eran sus padres.

1201-1210: Frecuenta la escuela catedralicia.

1210:
A los 15 años sufre una grave crisis de pubertad. Ingresa en San Vicente de Fiora, Lisboa, comunidad de los Canónigos Regulares de San Agustín.

1212: Se traslada al monasterio de Santa Cruz de Coimbra, para librarse de la importunidad de los amigos lisboetas que lo visitaban, turbando su paz interior. Aquí se forja su formación intelectual con grandes maestros y una rica biblioteca; aunque el la disciplina y espiritualidad de esta comunidad no eran tan elevadas como las de San Vicente.

1220: El 16 de enero ocurre el martirio de los protomártires franciscanos, Santos Berardo y compañeros (16 de enero), quienes habían pasado meses antes por Coimbra. Sus restos mortales fueron llevados por el Infante Don Pedro hasta Coimbra, y allí colocados en la iglesia de Santa Cruz, donde todavía son venerados y le mismo Antonio pudo hacerlo. Este testimonio de fe cala profundamente en Antonio, que decide conocer más a los hijos de Francisco de Asís. Este año recibe la ordenación sacerdotal, sin que se sepa la fecha

1220: Pasa a formar parte de la familia franciscana, con el deseo de ir a tierra de musulmanes para merecer compartir la corona de los santos mártires. Al obtener el permiso de los superiores, pasó de los Canónigos Regulares de San Agustín a los Hermanos Menores y cambió el nombre por el de Antonio. Hizo un breve noviciado, porque ya tenía formación y experiencia de vida comunitaria

1220-1221: Entre finales del otoño de 1220 y marzo de 1221, Antonio fue misionero en Marruecos, sin que se sepa en que ciudades y tampoco se conoce quien le acompañó, pues según la costumbre franciscana tenía que llevar consigo un compañero. Allí pasó gravemente enfermo todo el invierno hasta febrero de 1221; lo que le obligó a regresar sin haber alcanzado el deseado martirio. La nave sufre una tempestad y va a parar a Sicilia (las cosas de la providencia), donde le informaron de la celebración del Capítulo General en Asís, al que podían asistir los hermanos de toda la Orden e incluso los novicios. Allí conoció a San Francisco (4 de octubre y 17 de septiembre) y, al terminar el Capítulo, lo destinan al eremitorio de Monte Paolo en la Romaña.

1222: El 24 de septiembre acude a Forlí una multitud de frailes, entre ellos Antonio, para asistir a una ordenación sacerdotal. Antes de que los ordenandos se trasladaran a la catedral, se les debía dirigir una exhortación espiritual, y resultó que ninguno de los sacerdotes presentes se había preparado, por lo que rehusaron improvisar. El superior franciscano ordenó a Antonio que, para salir del paso, dijera dos palabras de edificación, y el santo, sin pretenderlo, puso de manifiesto su gran cultura bíblico-teológica, así como su profunda espiritualidad, para asombro y alegría de los asistentes. Esto le valió el oficio de predicador itinerante.

1222-1224: Predica a sus propios hermanos de hábito, a grupos de estudiantes, a confraternidades, pronuncia discursos en sínodos, en capítulos canonicales o reuniones monásticas, e incluso ante la curia pontificia. A su predicación moral y penitencial hay que asociar su acción pacificadora, su enseñanza de la Escritura a sus hermanos, su enfrentamiento con los herejes, etc.

El milagro Eucarístico
1223: Predica en Rímini, único de los lugares evangelizados por Antonio al que se refieren las fuentes históricas. Era una ciudad saturada de herejes, a los que Antonio se enfrentó con el Evangelio vivido coherentemente, las discusiones públicas, las exhortaciones al pueblo y los consejos personales. Cabe destacar la conversión de Bononillo, veterano dirigente cátaro. Aquí ocurren los milagros de la predicación a los peces, y el de la borrica que adora la Eucaristía (este último otros lo sitúan en Toulouse, dos años más tarde).

1223/24: Nombrado primer maestro de teología en Bolonia, con la aprobación de San Francisco, el cual le llama “mi obispo”, señalando que le agrada que enseñe teología a los hermanos, con tal que el estudio no apague el espíritu de oración y devoción. Antonio se dedicó a la enseñanza de la teología solo accediendo a las súplicas de los frailes, por una mejor formación de los predicadores, y tras aprobarlo Francisco.

1224-27: Apostolado en Francia, ante los albigenses, junto a los dominicos y los cistercienses. Maestro de teología y predicador en Montpellier, formando hermanos para predicar a los albigenses. Aquí se sitúan el milagro de bilocación del santo mientras predicaba, y algún otro.

1224-25: Mientras predica Antonio en el capítulo provincial de Arlés, se aparece San Francisco estigmatizado.

1226: Custodio de los hermanos en la región de Limoges. Funda un convento en Brive. En esta época se refieren actividades apostólicas, viajes y milagros: predicación en San Junien y anuncio de un hecho prodigioso; enfermo en la abadía benedictina de Solignac; predicación en el sínodo de Bourges, donde denunció el mal comportamiento del arzobispo, que se convirtió; guardián de los frailes en Le- Puy, donde realizó varios milagros o hechos prodigiosos.

1227: A finales de este año, regresa a Italia, como custodio de Limoges, para ir al Capítulo General de Asís, primero que se celebraba después de la muerte de San Francisco. Se desconoce si radicó en algún convento o continuó su predicación itinerante. Es elegido ministro provincial del norte de Italia, sin que se sepan claramente sobre que territorio. Las fuentes subrayan su ejemplaridad, clemencia y capacidad de conmover los corazones de los tibios y negligentes. Dejó el oficio de Provincial en mayo de 1230, luego del traslado de los restos mortales de San Francisco a la basílica que se le había construido.

Estampa devota
1228: Predica en Vercelli, y sus sermones dejaron una huella indeleble incluso en el clero de la catedral.
 
1229-1230: Antonio, provincial, participó en la misión pacificadora de la Iglesia en la Marca de Treviso, atormentada por los crueles enfrentamientos entre facciones de la nobleza., armonizando el cuidado de los frailes con los viajes de evangelizador y pacificador, tarea en la que buscó la colaboración de hermanos bien preparados; tuvo que visitar repetidas veces Padua y es probable que fijara allí su residencia, al menos temporalmente; como se concluye de la redacción definitiva de los Sermones dominicales y su profunda amistad con el pueblo paduano.

1230: Visita al papa Gregorio IX, para exponerle al Papa las dudas sobre cual era el valor jurídico del Testamento de San Francisco y como interpretar algunos pasajes de la Regla. Allí continuó ejerciendo el ministerio de la palabra, predicando y dando conferencias espirituales. Además, colaboró en la bula “Quo elongati”, con la que Gregorio IX trató de resolver las cuestiones que la Orden le había planteado.

1231: Del 5 de febrero al 23 de marzo, libre de la responsabilidad de cuidar de sus hermanos, se dedica plenamente a la predicación itinerante y a la preparación de sus sermones para las fiestas del año litúrgico; sin embargo, al acercarse la cuaresma, interrumpió este trabajo para dedicarse a la predicación, y, terminada la cuaresma, lo reemprendió en Camposampiero; la obra quedó bruscamente interrumpida para siempre en el sermón para la Conmemoración de San Pablo (30 de junio).

1231: El 13 de junio, sufre un colapso y, sintiéndose morir, pidió que lo llevaran a Padua, para estar con su comunidad a la hora del tránsito. Para no cruzar la ciudad por el centro y evitar así tumultos, se desviaron hacia el monasterio de las clarisas de La Cella. Aquí empeoró, se confesó, cantó a la Virgen el himno litúrgico “O gloriosa Domina”, tuvo la visión de Cristo, se le administró la unción de los enfermos, cantó con los frailes los salmos penitenciales, y, tras una media hora de sopor, expiró. Su entierro estuvo precedido de una serie de enfrentamientos y violencia: sectores de la población enfrentados, las monjas y los frailes, el podestà y el obispo, por el sitio donde enterrarlo. Finalmente se impuso el parecer de los frailes, y el martes 17 de junio los restos mortales fueron trasladados en procesión desde La Cella hasta la iglesia de Santa María, tras la misa solemne de Réquiem oficiada por el obispo.

Antigua representación
más fiel a la realidad
1231-1232: Su proceso de canonización fue uno de los más rápidos de la historia: duró menos de once meses, de julio de 1231 al 28 de mayo de 1232. Los milagros y la devoción de las gentes se multiplicaron a partir de aquel mismo 17 de junio, al tiempo que se multiplicaban las peregrinaciones. Gregorio IX puso de inmediato en marcha el proceso, y, cumplidos todos los requisitos, el 28 de mayo de 1232 decidió proceder a la canonización.

1232: El papa Gregorio IX canonizó a San Antonio el 30 de mayo de 1232 en la catedral de Espoleto, donde se encontraba entonces la curia papal.

1263: El 8 de abril, se realiza la Traslación de los restos mortales de San Antonio de la pequeña iglesia de Santa María a la nueva basílica construida en su honor, actos que presidió San Buenaventura (15 de julio), se encontró incorrupta la lengua del santo (aún se venera en un relicario).

1946: Con la Carta apostólica “Exulta, Lusitania felix”, de fecha 16 de enero, Pío XII declaró a San Antonio Doctor de la Iglesia, con el título de “Doctor Evangélico”.



Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...