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domingo, 11 de abril de 2021

Desposada con Cristo antes de nacer.

Santa Sancha de Portugal, reina y religiosa cisterciense. 11 de abril, 13 de marzo, 17 y 20 de junio. 

Nació en 1180 Fue hija de Sancho I de Portugal, y de la reina Dulce. Sus hermanas fueron Santas Teresa y Mafalda (17 y 20 de junio). Desde muy niña fue piadosa y muy devota de la Santísima Virgen. A los 5 años aprendió a leer, y el Oficio, las vidas de santos y tratados piadosos eran sus lecturas preferidas. A los 10 años comenzó a usar un cilicio pegado a las carnes, que la hacía sufrir muchísimo, pero lo soportaba por amor a la Pasión de Cristo. Cuando llegó a edad de buscarle marido, su madre le preguntó sobre con quien querría casarse llegado el momento, a lo que la princesa respondió: “Con aquel que me ha recibido por esposa antes de nacer”  

En 1198 murió su madre y el rey Sancho, viendo la determinación de su hija a ser toda para Cristo, le regaló uno de su castillo de Alenquer para que ella lo convirtiese en su morada personal, alejada de la corte. Sancha eligió a los parientes y sirvientes más devotos y rectos para que le acompañaran en su casa. Allí no había vanidades ni vida frívola como en la corte: se rezaba frecuentemente, se hacían actos de cariad y se atendía a los pobres. Todos los miércoles del año Sancha daba de comer a 12 mujeres pobres a las que ella misma lavaba y vestía. Les daba limosnas y a algunas las seguís socorriendo si eran enfermas, o las colocaba de sirvientas en casas honestas. En esta villa donde vivía había un beaterio en el que mujeres pobres y penitentes se santificaban, Sancha las visitaba en ocasiones, aprendía con ellas de la vida espiritual, tenían oración en común, y la reina siempre les daba alguna limosna.  

A la muerte de su padre, en 1112, su hermano Alonso tomó el reino en sus manos y una de sus primeras acciones fue reclamar la villa y castillo de Alenquer para sí. Sancha, tanto por ella misma, como por sus siervos, en unión con su hermana Teresa, igualmente en peligro de perder sus posesiones, se rebeló contra su hermano. Organizó un ejército que plantó cara a Alonso a las afueras de Alenquer, donde el rey comenzaba el sitio. Lo contuvo un tanto, pero Alonso no cejó en sus pretensiones, por lo cual Sancha apeló al papa Inocencio III, el cual reconoció como legítimas las donaciones del rey Sancho, zanjando el asunto. A cambio, ella y Mafalda renunciaron al título de reinas.  

Luego de esta situación Sancha quiso tomarse más en serio su consagración, recibió de su hermano Alonso el permiso para fundar un monasterio cisterciense en Vimarens, que tomó el nombre de Santa María de Celas. Lo fundaría con las beatas que conocía de Alenquer y algunas monjas profesas del Císter autorizadas a trasladarse allí para enseñar a todas los usos y costumbres de la Orden. El abad de Alcobaça les dio el hábito a todas, menos a Sancha, que no sería monja sino hasta más tarde. En este tiempo ocurrió que el rey San Fernando III de Castilla (30 de mayo) pidió la mano de Sancha a Alonso de Portugal y este mandó a Sancha que accediera. Dos años duraron las amenazas, las promesas, las renuncias y las defensas de Sancha. Diría a su hermano en una ocasión: "Mas fácil me sería, hermano, dejarme arrojar en un horno ardiendo, o con una piedra al cuello en el profundo del mar, o cortar mis miembros uno a uno, que casarme con hombre nacido: y si en alguna cosa deseas darme gusto, será en no hablarme más deel asunto”. Finalmente, San Fernando desistió.  

Para librarse en lo sucesivo de otro intento de matrimonio, Sancha hizo voto de castidad perpetua ante el obispo de Coimbra y el clero. Luego  se despidió de los franciscanos de Alenquer, a los que había traído, fundando el primer convento de franciscanos de Portugal en su amada villa de Alenquer. Anotamos aquñi que cuenta la leyenda que, en agradecimiento, San Francisco de Asís (4 de octubre, 17 de septiembre, Impresión de las llagas; 25 de mayo, traslación de las reliquias a la basílica de Asís) le envió a San Berardo y a sus compañeros (16 de enero), que iban de camino de África a predicar. Estos santos dieron encendidas pláticas a las religiosas del monasterio, dejándolas llenas de deseos de servir mejor a Dios. Al año siguiente de esta visita, estando Sancha orando, se le aparecieron los franciscanos con gran gloria, revelándoles su martirio gozoso por Cristo.  

En fin, que libre de ataduras, Sancha se fue al monasterio de Cela, donde tomó el hábito del Císter. La leyenda del Císter le hace una monja perfecta, muy fervorosa. Tuvo varias gracias místicas como la profecía, el don de corazones. Fue muy penitente y constantemente llevó un cilicio que le cubría todo el torso y una cuerda de esparto a la cintura. Era también muy humilde, siendo la primera en servir a las demás, en hacer los trabajos más bajos de la casa y la primera en pedir perdón por lo que ella consideraba sus faltas. También tuvo el don de milagros, pues se nos dice que a varias religiosas aquejadas de dolores, tumores o infecciones, sanó con trazar la señal de la cruz sobre ellas.

Con su hermana
Santa Teresa.

Sancha entró al Reino de su Divino Esposo el 13 de marzo de 1229. El cuerpo fue trasladado al monasterio de Lorban, donde su hermana Santa Teresa vivía, a pesar de que las monjas de Cela la querían sepultar entre ellas, como tal había vivido. En Lorban el cuerpo fue depositado en el sepulcro de piedra labrada que Teresa tenía preparado para sí misma. Las crónicas del Císter nos cuentan que realizó numerosos milagros y que, incluso, más de una vez fue vista por alguna monja aparecer en el coro y cantar el Oficio Litúrgico con las monjas.

En 1576 el rey Sebastián de Portugal y el obispo de Coimbra iniciaron las gestiones para que ambas reinas
hermanas fueran canonizadas, debido al culto que recibían de parte de las monjas. En 1695 el papa Inocencio XII dio visto bueno al proceso de canonización. El 23 de diciembre de 1705 el papa Clemente XI autorizó que fueran llamadas santas, canonizándolas directamente, sin beatificarlas oficialmente, pues se consideró que el culto permitido por los obispos y los papas anteriores era una intrínseca beatificación.   

Fuente:
-"Médula Histórica Cisterciense". Volumen 4. ROBERTO MUÑIZ O.Cist. Valladolid, 1780.  


A 11 de abril además se celebra a

San Antipas de Pérgamo,
obispo y mártir
.
Beato Jorge Gervase,
benedictino mártir
.
Santa Godebertis,
virgen
.
San Guthlac,
ermitaño
.







lunes, 6 de agosto de 2018

Los Doscientos Santos Monjes de Cardeña.

Los Doscientos Santos Monjes de Cardeña, mártires. 6 y 7 de agosto.


Claustro de los mártires.
El martirio.
Cuéntase que en 872, reinando en reinando en Leon Alfonso III, que hacía la guerra de reconquista, el rey moro Zepha rodeando Burgos se aproximó al monasterio benedictino de San Pedro de Cardeña. Creyó el musulmán que los monjes poseían cuantiosas riquezas y se dirigió al recinto con deseos de expoliarlo. A la sazón era habitado el monasterio por doscientos monjes comandados por el abad Esteban, varón de eminente santidad. Esteban recibió a los musulmanes con las puertas abiertas, advirtiéndole que no guardaban otro tesoro que Jesucristo, a quien le ofrecieron conocer.

Los musulmanes montaron en cólera y martirizaron salvajemente a todos los monjes, el 6 de agosto del año mencionado. Cuenta la leyenda que, durante siglos, el 6 de agosto de cada año el suelo del claustro, donde fueron sepultados los santos mártires, del monasterio aparecía teñido como color de sangre, sintiéndose un olor suavísimo.

Apunto que, asociada a este hecho se cuenta la leyenda de las monjas del monasterio de San Salvador, teniendo noticias de que los árabes estaban cerca, tomaron la resolución de cortarse la nariz, desfigurándose, para no ser violadas por los mahometanos. Pero es una leyenda no comprobada y copiada tal vez de la de Santa Ebba de Coldingham "la joven" (2 de abril y 22 de junio).

Algunos apuntes históricos.
El monasterio fue fundado sobre el siglo V, siendo un cenobio famoso por sus posesiones, erudición y santidad. Y también sería famoso por su relación con el Cid Campeador, por supuesto. Sobre el martirio de estos monjes no hay duda, pues se mencionan en crónicas antiguas, aunque a la par extraña no sean mencionados en otras crónicas del momento y que recogen otros martirios. Aunque ciertamente no se conoce ningún rey moro llamado Zepha, aunque sí constan las incursiones del general Gálib en Castilla y León, regiones que asoló a su paso. Una lápida en el claustro monacal recuerda el hecho con esta inscripción: "En el año 872 de la Era, cuarta feria, a 8 de los idus de agosto, fue destruida Cardeña y muertos allí por el rey Zepha doscientos monjes del rebaño del Señor, en el día de los santos mártires Justo y Pastor". 

Curiosamente, la "Crónica general de España", del siglo IX dice que fueron trescientos los mártires. Probablemente solo tenían noticias ligeras sobre el hecho.


Lápida del claustro.
Los monjes que repoblaron el monasterio gracias al conde Don García, mantuvieron vivo el recuerdo de los mártires durante siglos. En el siglo XVI pidieron a San Pío V (30 de abril) que canonizara a sus hermanos de religión, encargando al dominico Alfonso Chacón que escribiera su "De martyrio ducentorum monachorum sancti Petri a Cardegna", una obra monumental de erudición, que recoge datos históricos y legendarios, milagros y testimonios de la devoción sostenida a los benedictinos mártires. Y ciertamente la tuvieron, siendo un centro de peregrinaciones bastante popular, sobre todo en los últimos años de la Reconquista. Enrique IV, Isabel la Católica, entre otros monarcas, lo visitarían y venerarían las reliquias de los mártires.

Luego de una investigación canónica se aprobó la canonización, pero la hizo efectiva el papa Clemente VIII, quien el 11 de enero del año 1603 permitió que los mártires de Cardeña fueran venerados como santos oficialmente. El cardenal Baronio los introdujo en el Martirologio Romano y compuso las Lecciones del Oficio Propio. Felipe III de España costeó una bella capilla en el monasterio para que se veneraran las reliquias de los santos mártires. Esto haría que se enviaran reliquias a varios sitios de España y, en el siglo XVI y XVII a América.

Fuentes:
-"Año Cristiano". Tomo VIII. S.E DEMETRIO MANSILLA REOYO. B.A.C., 2005.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Agosto. P. Jean CROISSET . S.J. Barcelona, 1863.

A 6 de agosto además se celebra a:


San Joscelin,
eremita.
Ven. Antonio Margil
de Jesús, franciscano
.
San Hormisdas, papa.





sábado, 2 de diciembre de 2017

Infanta, Reina, Regente y Santa.

Beata Blanca de Castilla, reina de Francia. 2 de diciembre.

Nació en Palencia en 1188, como hija de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet, princesa de Inglaterra. Sus hermanos fueron Enrique I de Castilla, Urraca, Berenguela de Castilla, madre de San Fernando III (30 de mayo). Fue educada por Pedro Rodríguez de Castro y su mujer, Urraca Rodríguez de Guzmán, en Itero de la Vega.

En 1199 se acordó el compromiso de una de las infantas de Castilla con el príncipe Luis de Francia, que reinaría como Luis VIII, siendo elegida nuestra Blanca, teniendo en cuenta la sabia intervención de la "reina abuela" Leonor de Aquitania, que vio en Blanca características para ser reina de Francia: Resolución, piedad, erudición y carácter fuerte, pero templado por las virtudes cristianas. En 1200, con 12 años, Blanca partió a Francia, donde conoció a Luis. El 22 de mayo de ese mismo año se celebró la boda con Luis, que tenía 13 años. Al parecer el matrimonio no se consumó sino hasta al menos 3 años después, teniendo más de 15 años ambos. Tuvieron 8 hijos: Blanca, Inés, Felipe, San Luis IX (25 de agosto), Roberto, Alfonso, Felipe Dagoberto, Beata Isabel (31 de agosto), Etienne y Carlos. Este último nació tras la muerte de su padre, en 1226, a causa de la disentería, y luego de tres años de rey. Varios de sus hijos murieron en la tierna infancia. 

Blanca enfocó su viudez en la educación de sus hijos, especialmente San Luis, heredero al trono luego de la muerte de sus hermanos mayores. Luis fue proclamado rey, pero como solo tenía doce años su madre asumió la regencia en su nombre. Su gobierno continuó la línea de su marido, aunque sin tomar decisiones drásticas, para preparar un reino calmado para su hijo. Venció a Inglaterra, lugar del que habría podido ser reina como descendiente de Leonor de Aquitania, pero finalmente no sucedió. Firmó el Tratado de París de 1229, terminando la Cruzada contra los albigenses. Se enfrentó a los nobles franceses, opuestos a la política centralizadora de Luis VIII, continuada por Blanca. Los nobles intentaron secuestrar al joven rey Luis, pero ella se les enfrentó y socavó el ardid alentando a los parisinos contra los nobles. Estos la acusaron de tener un romance con un trovador, y despectivamente le llamaban “la española”, aunque desde niña había vivido en Francia. En 1230 junto a su hijo se puso al frente del ejército y logró que los nobles rebeldes desistieran de su insubordinación y juraran fidelidad a Luis. 

En 1234 Luis cumplió 20 años y asumió el trono de Francia. Aunque el tiempo de regencia había terminado, Blanca siguió siendo la principal consejera y valedora de su hijo. Fue su negociadora y en más de una ocasión tomó decisiones por él, pero su sintonía era tal que Luis siempre aprobó su proceder. Ambos elaboraron un sistema de abogados "de oficio" a cargo del reino, para que nadie fuera juzgado sin tener una defensa justa. Todos podían acceder a estos abogados, teniendo dinero o no, e incluso los judíos podían acceder, pues no eran discriminados a causa de su religión, a pesar de la profunda fe católica de Blanca y su hijo.

En 1236 Blanca logró que Luis se casara con la piadosa princesa Margarita de Provenza, con la que no tuvo una buena relación a causa de su sobreprotección a Luis. Joinville, el biógrafo de San Luis llega a decir que Blanca solo les dejaba solos "cuando yacían". También en 1236 Blanca donó propiedades heredadas en Pontoise para la edificación de la bella Abadía gótica de Santa María de Maubuisson, su sitio preferido para orar y participar en la Sagrada Liturgia, que disfrutaba muchísimo. En 1239 Blanca fue la principal valedora de los judíos franceses, impidiendo que fueran desahuciados y sus libros quemados, aunque para ello hubo de contradecir a Luis, quien era aconsejado por otros sobre la conveniencia de la expulsión de los judíos.

San Luis y la Beata Blanca se despiden en 1248.
En 1244 Luis se propuso partir a la Cruzada, pero Blanca logró que la partida tardara cuatro años, implicando a Luis en asuntos más graves para el reino francés. Cuando partieron en 1248, Blanca, y no Margarita, quedó como regente de Francia, junto con un Consejo de tres clérigos y dos hermanos de Luis. Esta Cruzada fue un desastre, Luis fue capturado y hubo de pagarse un rescate por él.

En 1251 el sentido de la justicia de Blanca le llevó a enfrentarse con la poderosa Iglesia parisina: unos campesinos habían protestado y comenzado una revuelta a causa del doble impuesto que les exigía el Cabildo de Notre Dame. Los canónigos mandaron arrestar a los principales cabecillas y, al saberlo la reina, mandó les liberaran y se investigara a fondo el asunto. Un grupo de letrados dictaminó que el impuesto era injusto, por lo cual los prelados se rebelaron y volvieron a apresar a los siervos y sus familias, algunos de los cuales murieron en la cárcel a causa de las penosas condiciones. Blanca entonces se puso al frente de un ejército y marchó hacia la Catedral, exigiendo que le fuera abierta. Allí desplegó un magno juicio y ordenó que los siervos fueran liberados, y ella misma acudió a las mazmorras a verles y abrirles las puertas. Y luego, para terminar, eximió a los campesinos de su servidumbre al Cabildo. Aunque los obispos la acusaron de inmiscuirse en asuntos eclesiásticos, ella les recordó que no había tocado un solo punto de la doctrina o moral de la fe católica, y que todos los siervos de Francia eran súbitos de Luis y, en lugar de este, de ella misma. Y asunto zanjado.

Blanca fue una gran promotora del arte y la cultura, y ella misma poseía una buena biblioteca, leía y escribía en varios idiomas, sabía música y pintura. Era piadosa, penitente y ni un solo día faltó a la Santa Misa. En 1252 se retiró a la abadía de Maubuisson, y allí falleció santamente ese mismo año. 


Fuentes:
http://www.mcnbiografias.com
https://fr.wikipedia.org


A 2 de diciembre además se celebra a
Santa Bibiana de Roma, virgen y mártir.
San Tadec de Bretaña, abad y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...