Mostrando entradas con la etiqueta benedictinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta benedictinos. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de mayo de 2021

Santa Helmtrudis.

Santa Helmtrudis de Neuenheerse, reclusa. 31 de mayo.

Nació sobre el año 900 en Neuenheerse, cerca de Paderborn. Era de familia pobre, pero muy piadosa. Desde niña se sintió inclinada a la vida religiosa, y por ello a los 15 años inició vida de reclusión emparedada en una ermita.  


De ella lo que ha trascendido hasta nosotros es una supuesta visión de Santa Córdula (22 de octubre). En esta la santa le contaba que era compañera de Santa Úrsula (21 de octubre) y en el momento del ataque de los hunos, temió por su vida y se escondió en un rincón del barco en el que viajaba. Pero al día siguiente se dolió muchísimo de no haber alcanzado la palma del martirio y salió de su escondite, presentándose ante los bárbaros y confesando su fe cristiana. Fue degollada y así alcanzó la victoria. Córdula le pidió que se venerase su memoria un día después de las demás vírgenes, por haber sido martirizada tardíamente. 


Helmtrudis falleció en 950, y fue sepultada en la iglesia de los benedictinos de Iburg, a quienes se había asociado como oblata. En 1052 su memoria litúrgica fue introducida en el calendario propio de la iglesia de Paderborn. Su culto aún permanece. 

lunes, 6 de agosto de 2018

Los Doscientos Santos Monjes de Cardeña.

Los Doscientos Santos Monjes de Cardeña, mártires. 6 y 7 de agosto.


Claustro de los mártires.
El martirio.
Cuéntase que en 872, reinando en reinando en Leon Alfonso III, que hacía la guerra de reconquista, el rey moro Zepha rodeando Burgos se aproximó al monasterio benedictino de San Pedro de Cardeña. Creyó el musulmán que los monjes poseían cuantiosas riquezas y se dirigió al recinto con deseos de expoliarlo. A la sazón era habitado el monasterio por doscientos monjes comandados por el abad Esteban, varón de eminente santidad. Esteban recibió a los musulmanes con las puertas abiertas, advirtiéndole que no guardaban otro tesoro que Jesucristo, a quien le ofrecieron conocer.

Los musulmanes montaron en cólera y martirizaron salvajemente a todos los monjes, el 6 de agosto del año mencionado. Cuenta la leyenda que, durante siglos, el 6 de agosto de cada año el suelo del claustro, donde fueron sepultados los santos mártires, del monasterio aparecía teñido como color de sangre, sintiéndose un olor suavísimo.

Apunto que, asociada a este hecho se cuenta la leyenda de las monjas del monasterio de San Salvador, teniendo noticias de que los árabes estaban cerca, tomaron la resolución de cortarse la nariz, desfigurándose, para no ser violadas por los mahometanos. Pero es una leyenda no comprobada y copiada tal vez de la de Santa Ebba de Coldingham "la joven" (2 de abril y 22 de junio).

Algunos apuntes históricos.
El monasterio fue fundado sobre el siglo V, siendo un cenobio famoso por sus posesiones, erudición y santidad. Y también sería famoso por su relación con el Cid Campeador, por supuesto. Sobre el martirio de estos monjes no hay duda, pues se mencionan en crónicas antiguas, aunque a la par extraña no sean mencionados en otras crónicas del momento y que recogen otros martirios. Aunque ciertamente no se conoce ningún rey moro llamado Zepha, aunque sí constan las incursiones del general Gálib en Castilla y León, regiones que asoló a su paso. Una lápida en el claustro monacal recuerda el hecho con esta inscripción: "En el año 872 de la Era, cuarta feria, a 8 de los idus de agosto, fue destruida Cardeña y muertos allí por el rey Zepha doscientos monjes del rebaño del Señor, en el día de los santos mártires Justo y Pastor". 

Curiosamente, la "Crónica general de España", del siglo IX dice que fueron trescientos los mártires. Probablemente solo tenían noticias ligeras sobre el hecho.


Lápida del claustro.
Los monjes que repoblaron el monasterio gracias al conde Don García, mantuvieron vivo el recuerdo de los mártires durante siglos. En el siglo XVI pidieron a San Pío V (30 de abril) que canonizara a sus hermanos de religión, encargando al dominico Alfonso Chacón que escribiera su "De martyrio ducentorum monachorum sancti Petri a Cardegna", una obra monumental de erudición, que recoge datos históricos y legendarios, milagros y testimonios de la devoción sostenida a los benedictinos mártires. Y ciertamente la tuvieron, siendo un centro de peregrinaciones bastante popular, sobre todo en los últimos años de la Reconquista. Enrique IV, Isabel la Católica, entre otros monarcas, lo visitarían y venerarían las reliquias de los mártires.

Luego de una investigación canónica se aprobó la canonización, pero la hizo efectiva el papa Clemente VIII, quien el 11 de enero del año 1603 permitió que los mártires de Cardeña fueran venerados como santos oficialmente. El cardenal Baronio los introdujo en el Martirologio Romano y compuso las Lecciones del Oficio Propio. Felipe III de España costeó una bella capilla en el monasterio para que se veneraran las reliquias de los santos mártires. Esto haría que se enviaran reliquias a varios sitios de España y, en el siglo XVI y XVII a América.

Fuentes:
-"Año Cristiano". Tomo VIII. S.E DEMETRIO MANSILLA REOYO. B.A.C., 2005.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Agosto. P. Jean CROISSET . S.J. Barcelona, 1863.

A 6 de agosto además se celebra a:


San Joscelin,
eremita.
Ven. Antonio Margil
de Jesús, franciscano
.
San Hormisdas, papa.





miércoles, 23 de mayo de 2018

De una donación enrevesada.

San Guibert de Gembloux, monje benedictino. 23 de mayo.

Nació sobre 892 en Arnau, en la actual Bélgica, en una noble familia. Siendo pequeño su padre murió y su madre se casó otra vez, enviudando de nuevo. Así más de tres veces. Guibert parecía inclinado por las armas y llegó a servir en el ejército imperial, pero joven aún se licenció para ser eremita en una finca heredada de su padre en Gembloux, Brabante.

En 936 cedió estas tierras a los benedictinos para que fundaran monasterio, y él mismo tomó el hábito monástico allí. Como le hacían cierto reconocimiento como fundador del recinto, Guibert se trasladó al monastero de Gorze, en el norte de Francia. Allí fue un monje ejemplar, piadoso y muy estudioso. Pero allá tampoco lo dejaron en paz, pues fue acusado ante el emperador Otón II de que aquella donación a los benedictinos era ilegal. Guibert debió visitar al monarca y explicar la situación, y lo hizo tan bien que el emperador no sólo confirmó la donación sino que, además, otorgó a la abadía ciertos privilegios, como derecho a elegir a su propio abad sin la injerencia de los poderes civiles, podían vender cualquier producto en los mercados y ferias sin impuestos, podían acuñar moneda, entre otros.

Pero que ni así estaba en paz nuestro santo, porque en menos de un año un cuñado de Guibert reclamó las posesiones del monasterio de Gembloux y lo hizo ocupar por sus hombres. Guibert dejó Gorze para ir a Gembloux a reclamar a su cuñado y consolar a los monjes por el allanamiento. Pudo hacer la paz y regresar a Gorze, donde vivó una vida santa muchos años. En 962 expiró, atendido por algunos compañeros de Gembloux, que le asistieron en su muerte y se llevaron su cuerpo para enterrarlo en Gembloux, donde se veneran sus reliquias aún, bajo el altar mayor.


A 23 de mayo además se celebra a:


San Didier, obispo y mártir.
La Aparición de Santiago.
San Guillermo, mártir.





viernes, 20 de abril de 2018

Abad sin Regla y con ejemplos.

Beato Giraud de Salles, fundador. 20 de abril, 9 de agosto y 23 de octubre.

Fuente de San Giraud.
Nació en Salles hacia 1070. Sus padres optaron por la vida monástica cuando Giraud era aún pequeño, quedando el niño a cargo de su hermano Grimoald, un capellán del Tustonium, que llegaría a ser obispo de Poitiers. Este hermano le "consiguió" una canonjía en St-Avit-Sénieur, Bergerac, pero Giraud la abandonó para ser discípulo del Beato Roberto de Arbrissel (24 y 25 de febrero), quien le formó para las misiones itinerantes, propias de su carisma. Durante un tiempo le siguió, junto a otros santos discípulos, como el Beato Alleaume (27 de abril), el Beato Bernardo de Thiron (14 de abril), y el Beato Rieul de la Futaie (16 de agosto).

Luego de unos años de intensa vida misionera, Giraud se retiró a los bosques del Périgord, donde vivió en soledad y oración. Cuando tuvo algunos discípulos fundó la abadía de Cadouin. Y no sería su única fundación, sino que fundaría una decena más, masculinos y femeninos, entre ellos el de Grande-Sauve, donde conoció al gran San Bernardo (20 de agosto). Buenaventura de St-Amable dirá de Giraud: "gobernaba maravillosamente a sus religiosos, con sus palabras y sus ejemplos. No tenían ninguna regla escrita, pero la vida santa y admirable de Giraud era su regla viva y animada". Con el tiempo esos recintos tomarían la regla Benedictina, pasando a ser de esta Orden o de la Orden Cisterciense. Por eso nuestro Beato aparece lo mismo vestido como benedictino que como cisterciense, aunque no haya pertenecido a dichas órdenes.

Giraud falleció entre 1120 y 1127 en la abadía de Châtelliers, y fue sepultado en la iglesia abacial, actualmente parroquial del pueblo Saint Girault Deux-Sèvres. Durante sus funerales se vieron tres cruces luminosas en el cielo y actualmente una fuente señala el sitio.


Fuentes:
-https://nominis.cef.fr
-https://www.ph-michaud.com/AbbayedesChatelliersGirauddeSalles.htm


A 20 de abril además se celebra a:

Santa Hildegundis
virgen cisterciense.
San Servan,
obispo.
San Teodoro Trichinas,
ermitaño.
San Wiho, obispo.

martes, 30 de enero de 2018

No Santa Abril, pero sí Santa Haberilla.

Pregunta: Me gustaria saber cuándo se celebra Santa Abril. En un calendario de la Caixa aparece el 30 de enero, pero no encuentro ninguna información sobre dicha santa. (...) ¿has oído tú de una Santa Abril? me están consultando sobre ella.

Respuesta: Ese calendario lleva razón, a 30 de enero se celebra una santa cuyo nombre se parece un poco a Abril, pero que ni por asomo es lo mismo: 

Beata Haberilla de Mehrerau, virgen. 30 de enero.

Haberilla (Habrilia o Abrilia) vivió en el siglo VII, en Suiza. Fue una reclusa que vivió en una pequeña celda adosada a un monasterio en Mehrerau. En su época el monasterio era masculino y ella vivía bajo la obediencia del abad. Fue avanzada en la oración y sufrió muchos ataques del maligno, pero siempre los venció con la ayuda de Cristo, quien se le apareció muchas veces para consolarla. Su virtud atrajo a varias jóvenes que junto a ella aprendieron a orar, leer y a hacer labores. 

La beata murió sobre 660 y fue sepultada en la iglesia abacial, en el altar de Santa Catalina. Muchos milagros ocurrieron junto a su sepulcro, sobre todo relacionados con fiebres, dolores de cabeza, vértigos, ceguera. Los padres solían llevar a su sepulcro a los niños enfermos y retrasados, con la esperanza de hallar curación.
En el bajo medievo fue monasterio pasó a ser mixto y la figura de Haberilla fue iluminada con milagros y gracias místicas, dándole orígenes nobles y haciéndola casi abadesa y fundadora del monasterio. Lo que nos ha llegado de ella proviene de esta época.


Fuente:
-"Acta Sanctorum". Tomo I. Bélgica, 1643.


A 30 de enero además se celebra a 
Beato Sebastián Valfré, presbítero.
Santa Martina de Roma, diaconisa mártir.

jueves, 5 de octubre de 2017

De como crear y sacar partido de una leyenda.

San Plácido y compañeros mártires. 5 de octubre y 3 de agosto, invención de las reliquias.

El Plácido histórico.
Sobre este santo solo podemos fiarnos de la reseña que nos ha llegado por la obra de San Gregorio (3 de septiembre, elección papal, y 12 de marzo) en sus escritos sobre San Benito (21 de marzo y 11 de julio). Esta cuenta que Plácido nació en 515 y desde los siete años se convirtió en discípulo de San Benito. En una ocasión se cayó al agua y San Mauro (5 de octubre y 15 de enero), compañero suyo, lo salvó, caminando sobre las aguas, por su obediencia a Benito, que lo envió a salvarlo. Y punto. Ninguna crónica lo menciona nunca más, ni la Orden Benedictina se ocuparía de él hasta mucho más tarde.

Resurge Plácido.
En 1115 se hizo famoso en Italia un presbítero griego, sacerdote en Constantinopla, llamado Simeón. Este predicaba por las calles, llamaba a conversión y dejaba abobada a las masas con sus relatos y descripciones fantasiosas. Una de estas historias que contaba decía que él poseía un pergamino original, escrito por un tal monje Gordiano, en el cual se narraba la vida y martirio del glorioso San Plácido y sus compañeros mártires. Esta leyenda decía que Plácido era hijo de Tértulo, un senador romano que, como ya dije, vivió en el monasterio de Subiaco desde los 7 años. Siempre acompañó a San Benito en sus portentos y fundaciones y era el discípulo preferido del santo. Cuando Plácido era un joven monje, Tértulo donó a San Benito unas tierras que tenía en Messina para que fundase un monasterio (este detalle se entenderá mejor más adelante). Benito decidió enviar a Plácido como fundador, acompañado por los monjes Donato y Gordiano. Plácido levantó el monasterio y la iglesia, muy pronto ya tenía a 30 jóvenes dispuestos a tomar el hábito monástico. Oración, culto, estudio, trabajo, penitencias y ayunos eran el día a día de la comunidad. Hizo Plácido muchos milagros, como curar enfermos o multiplicar grano para los pobres.

He aquí que un día recibió Plácido la visita de sus hermanos Flavia, y los niños Eutiquio y Victorino, pues no le conocían al haberse ido él tan pronto de casa. Y estando juntos los cuatro hermanos, ocurrió que el pirata mahometano Massucha, al servicio del rey Abdallah, arribó a las costas de Messina proveniente de España, y comenzó a asolar la ciudad y el monasterio, que estaba junto al mar. Fueron apresados los hermanos y los 30 monjes. El primero en caer bajo la cimitarra, admitiendo que era cristiano, fue Donato, uno de los monjes. A los demás prometieron los musulmanes riquezas y honores si renegaban de Cristo, pero nada logró. Entonces mandó que todos, Flavia y los niños también, fueran azotados y encerrados en una mazmorra durante siete días sin comer ni beber. Mientras San Plácido alentaba a todos a padecer por Cristo, y todos estaban animosos por ello, sobre todo Flavia, que consideraba una bendición morir entre aquellos religiosos. 

Martirio de Plácido, Flavia y compañeros.
 
A la semana, los santos fueron conminados de nuevo a apostatar de su fe, pero Plácido tomó la palabra y les dijo que bien podían ellos antes renunciar a su fe falsa, que ellos, cristianos, renunciar a la suya. Massucha mandó que a Plácido le cortaran la lengua, y aunque así lo hicieron, este siguió predicando a Cristo por milagro. Ante esto, no pudieron más los mahometanos que terminar el tormento, así que llevaron a todos a la orilla del mar y les cortaron las cabezas uno tras otro. San Plácido, aún sin lengua, clamó: "Salvador mío Jesucristo, que te dignaste padecer muerte de cruz por nuestra salvación, sé propicio a estos tus humildes siervos: danos constancia hasta el fin, y haznos la merced de que seamos asociados al coro de tus santos mártires. Consérvanos intrépidos hasta el último momento de nuestra vida, y dígnate aceptar el sacrifica que te hacemos de ella". Todos respondieron vigorosamente "amén" y acto seguido fueron decapitados. Luego los musulmanes saquearon el monasterio, lo quemaron y destruyeron hasta los cimientos, para luego embarcarse; pero he aquí que apenas estaban en alta mar, una tormenta hizo naufragar los barcos, pereciendo todos los piratas. Solo se libró Gordiano que estaba fuera del monasterio, cuando regresó, sepultó a todos en lóculos bajo la iglesia monástica. 

La cosa se complica.
Según el mencionado Simeón, el monje Gordiano habría viajado a Constantinopla, siendo recibido por el emperador, quien le ordenó escribir el relato del martirio. Como Gordiano había sido acogido por los antepasados de Simeón, el relato había permanecido en la familia durante siglos, hasta que Dios le ordenaba revelarlo. Simeón mostró tal pergamino a los benedictinos de Salerno, los cuales sospecharon enseguida de que aquel relato no se refería al Plácido suyo, pues jamás en la Orden había habido tradición alguna sobre él. Sin embargo, Simeón juraba, incluso con la mano sobre el Crucifijo, que el relato era verdadero. Pedro, abad de Monte Cassino, se negó a creer la historia, aunque encargó una traducción al latín al monje Juan de Capua. El manuscrito durmió "el sueño de los justos" hasta 1138, cuando volvió a ser traducido y, de alguna manera, pasó a otros monasterios benedictinos, que se creyeron la historia. Esteban, obispo de Anicium, ya en el siglo XIII reescribió la "historia", añadiendo detalles. Entre los siglos XIII y XVI la leyenda fue a más, pues iban “apareciendo” documentos que pretendían corroborar la leyenda, como cartas del emperador Justiniano, y una carta falsa del papa Vigilio sobre el martirio y portentos de San Plácido. 

En 1588 el caballero de la Orden de malta, Reynad Nare, comenzó a reconstruir una iglesia en Messina, y el 3 de agosto del mismo año, estando excavando los cimientos, halló unas catacumbas donde reposaban varios cuerpos, con sus lacrimatorios. En una posición destacada había otros cuatro cuerpos. Por supuesto que tal hallazgo fue "trending topic" en Messsina y más allá. En una rápida identificación, se llegó a la conclusión que se trataban de Plácido, sus hermanos y los demás monjes mártires. Sixto V dio por buena la carta en la que le fue contado el hecho y permitió la veneración de las reliquias y la celebración litúrgica de "La Invención de San Plácido". 

En 1603 los monjes de Messina, metidos en un pleito sobre las tierras del monasterio, se inventaron una carta de Tértulo, padre de Plácido, a San Benito, en la cual cedía sus propias tierras en Messina para una fundación monástica. Con este timo, los monjes se aseguraban el dominio de las propiedades y, además, se engordaba la leyenda. En 1608 más cuerpos fueron hallados, fuera de la iglesia, se envió un relato al papa, quien autorizó la veneración a estas otras reliquias. En 1626 unos monjes de Messina, Raimundo y Fiorelo, dijeron haber visto en una visión a San Plácido, el cual estaba enojado porque su memoria litúrgica no se celebraba ya, como se había hecho siempre en la Orden, a 5 de octubre (nunca fue tal). Y además, rescataron del olvido la vieja historia contada por Simeón, pero ahora dictada por Plácido. Solo fue cuestión de tiempo y "marketing", la memoria de San Plácido Mártir, fue celebrada por todo lo alto en Messina e introducida en la Orden Benedictina, con el permiso del mismo Sixto V. En 1623 ya hallamos incluso un monasterio de monjas benedictinas dedicado a San Plácido en Madrid.

San Mauro salva a
San Plácido de ahogarse.
Crítica sobre esta historieta.
Esta estrafalaria extraña leyenda se desmiente muy fácil: primero, los sarracenos no llegaron hasta Sicilia hasta el año 832, por lo que Plácido, Flavia y sus hermanos tendrían que haber tenido ¡más de 300 años! Si hubiera sido el mismo discípulo de San Benito, y nacido en 515. Segundo, los cuerpos hallados en Messina tenían su lacrimatorium, por tanto ¡y paradójicamente!, eso nos habla de cuerpos mucho más antiguos que el siglo VI, nos indica que son mártires de las persecuciones llevadas a cabo por los emperadores romanos. Y tercero, las excavaciones e investigaciones realizadas en el siglo XIX en la iglesia de Messina demostraron que no se había enterrado los cuerpos en la cripta de la iglesia, sino al contrario, se había levantado una iglesia sobre un cementerio en el que se habían sepultado a los mártires. 

Hasta hace muy poco el Martirologio Romano ponía a 5 de octubre: "En Messina, en Sicilia, el nacimiento para el cielo de San Plácido, monje, discípulo de S. Benito, abad, y de los santos Eutiquio y Victorino, sus hermanos, de santa Flavia, virgen, su hermana, y de los santos Donato, Firmato, Fausto, y otros treinta monjes, todos mártires, que fueron masacrados por Cristo por el pirata Massucha en el 541 A.D". Es decir, que entre la fecha del martirologio y la posibilidad de padecer bajo los mahometanos en Messina había un desfase de 300 años, casi nada. El Martirologio actual ya no se hace eco de la leyenda y solo dice: "Conmemoración de los santos Mauro y Plácido, monjes, que desde su adolescencia fueron discípulos del abad san Benito".

Pero, para finalizar, ¿se inventó todo el tal Simeón? Realmente no, es cierto que hubo mártires sicilianos, como muestran estos ejemplos: "En Sicilia, Plácido, Eutiquio y otros treinta" (Martirologio de Lucca, sigIo VIII), o "En Sicilia, Placencio, Plácido y Eutiquio y otros treinta". (Martirologio de Morbach, Siglo IX). Pero sí que es un invento suyo identificar a dicho Plácido con el Plácido benedictino. Con la proliferación de la leyenda todos salían ganando, los mártires de Messina, ganaban historicidad identificándolos como compañeros del Plácido de Subiaco, y este, a su vez, completaba su vida, de la cual se tenían pocos datos. Y, por su fuera poco, los monjes benedictinos ganaron su pleito sobre las tierras que pretendían. Así, todos fueron felices y comieron perdices.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 5 de octubre además se celebra a:

San Palmacio y
comp. mártires.
San Meinulf,
archidiácono
.
San Mauricio
de Carnoët, abad
.


lunes, 19 de junio de 2017

Odo, el obispo erudito.

Beato Odo de Cambrai, obispo. 19 de junio.

Odo, en realidad Oudard, nació en Orleáns, y sus padres fueron los nobles Gerard y Cecilia. De su infancia se desconoce todo, pero se puede intuir que la pasó estudiando, a juzgar por los vastos conocimientos que demostró siendo aún estudiante en Toul. En esta escuela catedralicia en la que estudió, comenzó a impartir clases de filosofía con solo 19 años. Los canónigos de Tournay quedaron admirados de su saber y le propusieron, cuando tenía 25 años, que dirigiera su escuela catedralicia. 

Allá se fue Odo, con un estupendo salario, beneficios y alguna canonjía. Además, estaba rodeado de prestigiosos catedráticos y profesores, que pronto supieron la valía de su joven director. Son los tiempos de la polémica filosófica entre realistas y nominalistas, que abarcaba las clases, las tertulias, los debates y cualquier situación en los que se dejase entrar a la filosofía. A grandes rasgos, el nominalismo explica que los nombres que damos a las cosas solo son palabras que no representan a los entes. Lo que creemos es la realidad de algo, es solo un nombre. Niega la certeza de conceptos universales como “humanidad”. Los realistas, por su parte, explicaban las cosas como eran, tal cual. Para ellos, los conceptos universales existen más allá del pensamiento. Es un poco complicado de explicar, habría que detenerse en muchos conceptos filosóficos. (Aquí lo podéis ver con más detenimiento si os interesa http://diferenciaentre.info/diferencia-entre-realismo-y-nominalismo/). Nuestro Odo era de la escuela realista, como suelen ser los filósofos cristianos. Enfrente tenía a un médico llamado Raimbert que era fiel seguidor del nominalismo y lo enseñaba en la escuela de Tournay. Los debates entre ambos fueron famosos, y su auditorio siempre estaba a rebosar de estudiantes, prelados y sabios. Pero poco a poco Odo fue venciéndole, y los alumnos de Raimbert se pasaron a las clases de Odo. Este no perdía tiempo para enseñar, ya fuera en clases, en paseos, o simplemente observando el cielo nocturno con sus estudiantes y amigos. Y tanto le querían sus discípulos, que entre todos le regalaron un anillo con estas palabras grabadas: "Annulus Odonem decet aureus Aureliensem". 

Así, entre la fama, la enseñanza, la pasión por la filosofía transcurrió la juventud de Odo, siendo un cristiano más, descuidado en la piedad y sin mucho interés por los “bastos” Padres de la Iglesia. Hasta un día. Resultó que un sabio que necesitaba vender sus libros, le vendió a Odo la obra "Del libre albedrío" de San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo, y 5 de mayo, conversión), entre otros libros. Odo lo metió en un cajón y no se acordó más hasta que, dos meses después, mientras exponía a Boecio a sus discípulos, recordó que este hacía una referencia al libro de San Agustín. Así, deseando verificar la cita, encontró el libro, y comenzó a leer partes de él. No había leído muchas páginas antes de quedar fascinado. "¡Qué estilo!" – exclamó – "No tenía ni idea que San Agustín fuera un maestro de la elocuencia". Y ocurrió que se aficionó a la obra. Entonces, al llegar al Tercer Libro y leer la comparación entre el alma pecadora y un esclavo condenado a limpiar las letrinas de un palacio, Odo exclamó "Esto es verdad, y es mi propia condición".

Entonces Odo se dio cuenta de cómo la filosofía, el saber y los estudios no le satisfacían ni le bastaban. Era solo trabajo de la mente y esfuerzo, sin provecho para su alma. Y resuelto, decidió dejar la enseñanza y dedicarse a la religión. Cuando lo comunicó a sus alumnos, la alarma cundió en la ciudad, pues no querían perder a tal celebridad, ni su conocimiento. La ciudad clamó al obispo Radbod II, para que no le permitiera marcharse. Este, sabiendo que no podía retener a un seglar por la fuerza, negoció entregarle la abadía de San Martín, a las afueras de la ciudad. Aunque estaba en ruinas, la ciudad se ofreció a restaurarla con tal que no les abandonara. Odo no pudo rechazar la oferta y junto a algunos eruditos y alumnos que quisieron probar su estilo de vida religiosa, se instalaron allí, tomando como norma de vida, como no, la Regla de San Agustín.

Pronto tuvo muchos seguidores, entre ellos un jovencito llamado Adolfo, cantor de la catedral, que escapó de su casa para unirse a la comunidad de San Martín. Su padre lo persiguió, lo agarró y lo llevó a casa. Por segunda vez escapó Adolfo, y también lo atrapó su padre, encerrándolo entonces. Insistió el muchacho y finalmente el padre accedió a que entrara con los canónigos regulares de Odo. Al poco tiempo de esto, Odo decidió tomar la Regla de San Benito, para poder tener más recogimiento y clausura. Sus seguidores estuvieron de acuerdo y tomaron el hábito benedictino de manos de Aymeric, abad de Anchín; y luego eligieron a Odo como su abad. La disciplina religiosa se acrecentó, así como el amor al estudio, que ya traían, y a la oración. Odo construyó un bello scriptorium donde sus monjes se turnaban durante el año, habiendo siempre doce monjes copiando obras clásicas y las Escrituras. Así formaron la espléndida biblioteca de la abadía. El mido fue autor, pues conocemos sus obras "Del Pecado Original", "Explicación del Canon de la Misa", y "De la Blasfemia contra el Espíritu Santo".

Trece años estuvo Odo al frente de la abadía hasta que fue llamado a la sede episcopal de Cambrai, inmersa en graves problemas político-religiosos: Su anterior obispo, Gautier, era partidario de Enrique IV frente en el asunto de las investiduras y había sido excomulgado por el papa Urbano II. Quedó la sede bajo el cayado de Manasés, archidiácono de París y opuesto al emperador por el mismo asunto. La ciudad quedó dividida entre los partidarios de Gautier y el Imperio, y los partidarios de Manasés y el papa. Nobles y la mayoría del pueblo apoyaba a Gautier y al emperador, que ya viejo, había dejado de lado su belicosidad con la Iglesia y sus intromisiones. Sin embargo, Pascual II recordó la excomunión que había sido promulgada por San Gregorio VII (25 de mayo) y Urbano II. Esto fue aprovechado por Enrique, hijo del viejo monarca, que se rebeló contra su padre excomulgado, para deponerlo y tomar la corona imperial. Enrique IV intentó hacer la paz, pero su hijo se negó a tratar con "un excomulgado". Pascual II, que no maquinó para que ocurriera la rebelión, sin embargo le bendijo y le consideró un soldado de Cristo, prometiéndole la absolución de sus pecados y en este mundo y ante Cristo luego de su muerte. Así, Alemania entró en guerra y el papa aprovechó para poner en la silla de Cambrai a un obispo fiel a la Iglesia y desplazar definitivamente a Gautier. Y el elegido fue, ya lo sabemos, nuestro Odo.

El santo no pudo tomar posesión de la sede sino hasta un año después, pues la ciudad lo destestaba por ser nombrado por el papa. Mientras, esperó en la abadía de Anchín, con algunos monjes. Allí oró, escribió y estudió. Entre tanto, Enrique el hijo había engañado a su padre con una falsa paz y le había encerrado en Bingen. Allí se presentaron los arzobispos de Maguncia y Colonia para despojar al viejo emperador de sus insignias imperiales, y arrancándole el manto y la corona de San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) las llevaron a Enrique el hijo. El viejo emperador quedó a merced de Gebhard, obispo de Spira, que se gozó en humillar y despreciar al viejo y enfermo Enrique. Una vez entronizado Enrique V, Gautier tuvo que huir y Odo pudo tomar posesión de su sede, sin poder detener la venganza de los enemigos del viejo emperador, que incluso osaron desenterrar a los obispos partidarios de Enrique IV y dispersar sus cenizas. Por su parte Odo declaró nulos todos los actos, sacramentos y bendiciones que habían dado, suspendiendo también a todos los que habían nombrado para algún cargo.

Sin embargo, el viejo Enrique IV escapó de su prisión y reunió fuerzas contra su hijo y los "enemigos del Imperio y amigos del papa". La ciudad de Cambrai expulsó a Odo, que volvió a refugiarse en Anchín. Pero murió Enrique IV antes que la sangre llegara al río y definitivamente su hijo pudo tomar las riendas del imperio. Odo volvió a Cambrai, intentó hacer la paz, pero nada pudo, por lo que en 1113 renunció a la sede para volver a Anchín, como un monje más. Allí murió el 19 de junio del mismo año, en paz.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Volumen VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 19 de junio además se celebra a
Santa Rivanonne, reclusa.
Beata Miguelina de Pesaro, terciaria franciscana.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...