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jueves, 2 de agosto de 2018

Por Cristo y su Iglesia, cualquier sufrimiento.

San Eusebio de Vercelli, obispo. 2 de agosto, 15 y 16 de diciembre.

Eusebio, uno de los prelados más ilustres de su siglo y cuyo ejemplo de apego a la verdadera fe aún es actual. Nació en Cerdeña a finales del siglo III, y su padre fue llevado a Roma como prisionero en 310 durante las persecuciones, muriendo en el camino a causa de los trabajos. La madre se mudó a Roma, llevando consigo al pequeño, quien se dice fue bautizado por el papa San Eusebio (17 de agosto) y ordenado lector tal vez por este mismo papa. Luego fue presbítero en Vercelli, así que su actividad eclesial comenzó ya imperando la paz de San Constantino (21 de mayo), aunque no viviría en paz precisamente, pues su tiempo sería el de la defensa de la fe frente a la herejía.

En 325 el importantísimo Concilio de Nicea estableció el Credo de la Iglesia, condenó la herejía arriana, según la cual Cristo no era Hijo de Dios por consubstancialidad, sino por adopción, siendo su más perfecta criatura, divinizada, pero no Dios. Aun así el arrianismo siguió su andadura y se hizo más fuerte, llegando a triunfar en el Sínodo de Arlés de 353. Hay que decir que su auge se debió en gran parte por la decisión imperial de Constancio de adoptar esta herejía, y no la recta fe, como norma para el Imperio. Quien más padeció por esta causa fue el gran San Atanasio (2 de mayo), quien padeció destierro varias veces.

En este ínterin Eusebio fue nombrado obispo de Vercelli, siendo el primer obispo de la sede y consagrado el 15 de diciembre de 340. Fue el primer obispo de Occidente que unió la vida monástica con la clerical, haciendo que el clero adoptara las reglas y estilos de oración de los monjes del desierto, un ejemplo que luego seguiría San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental). Él mismo Eusebio viviría como monje, según cuenta San Ambrosio de Milán (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal). Lamentablemente es una faceta obviada en su labor pastoral a causa de lo agitado del momento que le tocó vivir, pero daría para mucho estudio el como la vida monástica del desierto influyó en la Iglesia urbanita.

Volviendo al tema del arrianismo: Constancio convocó un concilio en Aquileya, en 354. Propuso a los conciliares un decreto de condena contra Atanasio, que acataron todos los obispos y legados de papa. Todos menos San Paulino de Tréveris (31 de agosto), amigo personal de Atanasio, quien fue desterrado de su sede. El papa Liberio convocó un nuevo concilio en Milán, en 355. Eusebio, al parecer, había pensado no asistir al concilio, pero los prelados le enviaron una carta en la que solicitaban su presencia como garante de la unidad, y, al mismo tiempo, contenía la amenaza velada de ser juzgado. También le escribió el emperador, intentando ganarle para su causa, pero Eusebio no se dejó vencer. Finalmente Eusebio fue a Milán, pero durante diez días se le negó la entrada a las sesiones del concilio, siendo admitido sólo cuando los obispos arrianos pensaron que le tenían ganado para su causa. En el concilio Constancio obligó a los obispos a condenar a Atanasio, a quien se catalogó como hereje y sacrílego.

Eusebio declaró que solo firmaría aquello si los prelados antes firmaban una adhesión al Credo de Nicea. Por supuesto, fue una jugada maestra, pues ello dejó claro que todo el partido que condenaba a Atanasio era arriano y, por tanto, hereje y no podía juzgar a Atanasio. La cosa se puso fea, hubo un motín que llegó hasta el palacio imperial, donde Constancio tomó la palabra y dijo "Yo soy el acusador de Atanasio", dando a entender que estaba por encima de la misma Iglesia para juzgar asuntos de fe. Eusebio y Lucifer protestaron valientemente, defendiendo a Atanasio y recordando que no podía ser juzgado sin poder defenderse. Constancio remitió al juicio de los obispos, pero Eusebio le recordó que eran herejes y no estaban legitimados para juzgar. "Eso va contra el gobierno de la Iglesia", fueron sus palabras. "Mi voluntad es la regla", replicó dijo Constancio, dejando claras su obcecación.

Eusebio es desterrado.
Una vez más Eusebio, junto a San Lucifer de Cagliari (20 de mayo) y San Dionisio de Milán (25 de mayo), declaró al monarca que el imperio no le pertenecía a él sino a Dios, quien podía privarlo de él cuando Él quisiera. Le instaron que no corrompiera la disciplina de la Iglesia introduciendo el elemento de la fuerza secular en sus decisiones. Entonces Constancio desenvainó su espada sobre los audaces prelados, un gesto simbólico que significaba la pena de muerte, aunque era eso, simbólico, pues en el mismo momento la conmutó por el destierro. Si que sufrió un castigo más severo el diácono Hilario, legado del papa Liberio, quien fue azotado en público. Finalmente, todos los obispos acataron la orden imperial, menos San Osio de Córdoba (27 de agosto), San Exuperancio de Tortona (29 de mayo), San Máximo de Nápoles (11 de junio), nuestro Eusebio, Lucifer y Dionisio, y los tres fueron igualmente desterrados. El papa Liberio se negó a aquella injusticia, por lo que también fue perseguido y castigado con el destierro. Y al año siguiente lo padecieron también San Hilario de Poitiers (13 de enero) y San Rodanio de Tolosa (10 de abril).

Eusebio fue enviado a Escitópolis, donde el obispo era Patrofilo, un viejo defensor del arrianismo, quien lo vigilaba constantemente. Allí Eusebio fue bien tratado por algunos monjes y diáconos orientales, quienes le mantenían en comunicación con su iglesia de Vercelli. Esto enfureció a Patrofilo, quien mandó le metieran en una cárcel inmunda, dejándole cuatro días sin comer ni beber, luego le envió a casa de un presbítero arriano, donde estaba encerrado con otros sacerdotes y diáconos sospechosos de no ser arrianos, como era obligatorio. Sin embargo, al tiempo tuvo cierta libertad y visitó los Santos Lugares, siendo hospedado por San José (22 de julio), un judío convertido a la fe cristiana y encomendado por Constantino para la edificación de iglesias en Palestina. Allí Eusebio fue visitado y ayudado por San Epifanio (12 de mayo). De allí Eusebio fue llevado a Capadocia y luego a la Tebaida, al desierto, donde vivió como monje y conoció personalmente a Atanasio, quien también padecía uno de sus muchos destierros. ¡Cuánta alegría debió sentir el santo viejo Atanasio al conocer a su mayor valedor!

En 360 murió Constancio y Juliano subió al trono. Opuesto a las políticas del anterior emperador, decretó que todos los obispos católicos perseguidos y depuestos volvieran a sus sedes. Atanasio entró triunfalmente en Alejandría en 361. Pronto puso manos a la obra: confirmó la fe católica según el Credo de Nicea, convocó una reunión de obispos que habían padecido destierro, y por tanto fieles a la Verdad. Esto no significa que Juliano fuera católico, pues ya sabemos que pretendió volver al paganismo primitivo, y es llamado "El Apóstata", aunque primeramente quiso poner paz en el imperio mediante una política de poner paz en la Iglesia. Así, desterrados los arrianos, Eusebio emprendió el regreso a Vercelli en 362. Aunque primero estuvo en el concilio de Alejandría donde se trató el tema del cisma de Antioquía, causado por una nueva doctrina sobre la Encarnación del Hijo de Dios. San Melecio (12 de febrero), legítimo patriarca, había sido acusado de sabelianismo, una herejía que erraba en su exposición de la fe trinitaria, y desterrado a Melitine. Eusebio zanjó la cuestión afirmando por escrito que "el Hijo de Dios asumió toda nuestra naturaleza, excepto el pecado". 

La cosa podría haberse solucionado, pero se agravó más cuando San Lucifer ordenó obispo a Paulino, el jefe de los eustacianos (partido enfrentado a Melecio), que comenzó a llamarse Patriarca de Antioquía. Para colmo, el emperador Juliano consumó su apostasía y comenzó su persecución a la Iglesia. De los cristianos que padecieron estaban los mártires Santos Bonoso y Maximiano (21 de julio), a quien Melecio acompañó hasta el lugar del martirio. Para no extenderme más en este tema podéis leer este artículoEusebio se lo recriminó públicamente a Lucifer, a pesar de la amistad y los sacrificios en aras de la verdadera fe que les unían. San Lucifer reaccionó mal, enemistándose con Eusebio, rompiendo la comunión con la Iglesia de Alejandría y con todos los que buscaban la paz de la Iglesia. Esta enemistad posteriormente desembocaría en una secta entre el donatismo y el novacianismo, pero no corresponde extenderse sobre ella aquí, sino que ya lo haré cuando escriba de la vida de San Lucifer. 

Las resoluciones del Concilio de Alejandría fueron adoptadas por la gran mayoría de las iglesias, algunas de las cuales visitó Eusebio en persona antes de regresar a Vercelli, para predicar, ejercer diplomacia y abogar por la unidad de toda la Iglesia para poder hacer frente a los desmanes imperiales. En esto tuvo el incondicional y valioso apoyo de San Hilario de Poitiers, un prestigioso prelado al que todos obedecían.

En 364 el nuevo emperador, Valentiniano, llegó a Milán para entrevistarse con Eusebio e Hilario a causa de la condena de estos sobre Auxencio, el obispo, sospechoso de arrianismo. Valentiniano profesaba la recta fe católica, pero ante todo profesaba la "fe" en la estabilidad política, así que cuando Hilario y Eusebio denunciaron sus sospechas sobre que Auxencio no era sincero en su proclamación de fe ortodoxa, este les acusó de ser buscadores de problemas y emperador ordenó a ambos santos abandonar Milán.

Sobre la vuelta de Eusebio a Vercelli solo tenemos el testimonio de San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), quien dice: "A la vuelta de Eusebio, toda Italia secó sus lágrimas". Una tradición dice que Nuestra Señora de Oropa, una bella y milagrosa imagen de la Madre de Dios fue llevada allí por Eusebio, quien la había traído consigo desde Palestina y la depositó en su primer santuario. Esto es muy probable, pues la devoción mariana en Oriente ya era fuerte en esta época.

Y en este punto, cuando Eusebio quedó en paz para dirigir su sede, perdemos la pista de "vita´". Cuando ya no fue necesario, aparentemente, para la vida de la Iglesia, el silencio cubrió su existir. Ciertamente falleció antes de 374, año en el que se menciona por primera vez en el canon de los santos. Fue sepultado en la basílica-catedral, dedicada luego a San Teonesto (30 de octubre). En ocasiones a Eusebio se le llama mártir, y ciertamente lo fue por todos sus padecimientos a causa de la verdadera fe católica. Hay una leyenda de que murió apedreado por los arrianos, pero no es nada fiable.

Su memoria litúrgica en origen era a 1 de agosto, día de su muerte o entierro, tal vez, pues no consta. El Martirologio Romano posteriormente lo recogía a 15 ó 16 de agosto. Benedicto XIII fijó su memoria a 15 de diciembre, aniversario de su ordenación episcopal. La reforma del calendario de 1979 la fijaron a 2 de agosto hasta hoy.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Dos Mil años de Santos". Tomo II, Agosto-Diciembre. FRANCISCO PEREZ GONZALEZ. Ediciones Palabra, 2001.
-www.eltestigofiel.org


A 2 de agosto además se celebra a:


Beata Juana de Aza,
viuda.
San Esteban I,
papa y mártir.
Santa Etheldrith,
virgen y eremita.






jueves, 31 de agosto de 2017

Paulino, "el trasladador".

San Paulino de Tréveris, obispo. 31 de agosto.

San Paulino.
Cripta de su iglesia. Tréveris.
Era originario de Aquitania y fue discípulo de San Agricio (13 y 19 de enero). En 349 murió el obispo San Maximino (29 de mayo, traslación de las reliquias, y 12 de septiembre), del que era amigo y quien le ordenó presbítero. Como era de esperar, Paulino fue elegido su sucesor. Una de sus primeras acciones fue la traslación a la catedral de las reliquias de Maximino, sido que había enterrado en un cementerio a las afueras. La leyenda cuenta que los fieles que habían elevado una pequeña ermita sobre la sepultura, no querían perder las preciosas reliquias. Entonces se apertrecharon en torno a la tumba, pero una terrible tormenta se descargó sobre ellos y no cesó hasta que Paulino llegó a la tumba del santo. Vieron esto como un signo del cielo y dejaron partir las reliquias del santo obispo.

En 353, durante el Sínodo de Arlés, fue el único obispo que se enfrentó al emperador al defender a San Atanasio (2 de mayo), como ya había hecho Maximino en su momento. Esto le valió el destierro en Frigia, donde pasó 5 años pasando estrecheces y penurias. Y allí murió en 358. Por eso en ocasiones se le llama mártir. En 396 el obispo San Félix de Tréveris (26 de marzo) trasladó sus reliquias y las colocó en la iglesia de San Mauricio y la Legión Tebana (22 de septiembre), hoy iglesia de San Paulino. Por diversos avatares, las reliquias se perdieron y fueron halladas en 1072 en la cripta, también olvidada. En 1914 se hizo un reconocimiento de las reliquias y se constató la presencia del relicario del siglo V, así como una placa del mismo tiempo. En la misma iglesia se veneran las reliquias de San Materno de Tréveris (14 de septiembre; 22 de octubre, traslación de las reliquias, y tercer sábado de Pascua, en Schelestadt).



Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 31 de agosto además se celebra a
San Osorio Gutiérrez, conde y monje.
Beata Isabel de Francia, princesa.
San Ramón Nonato, religioso mercedario.

lunes, 29 de mayo de 2017

Invicto defensor de la fe. Y domador de osos.

San Maximino de Tréveris, obispo. 29 de mayo (traslación de las reliquas) y 12 de septiembre.

Nació alrededor de 290 en Silly, cerca de Poitiers. Su hermano fue el obispo San Majencio de Poitiers (29 de mayo). Fue formado por San Agricio (13 y 19 de enero), el cual también le ordenó de presbítero y le admitió entre sus cercanos colaboradores. Y sobre 330 le sucedió en la sede, luego que un tal Ciriaco predijera que Maximino sería obispo en paz. Y ciertamente, fue el primer obispo luego de la paz de San Constantino (21 de mayo). Aunque si bien no tuvo persecución por parte del Imperio, sí que la tuvo de parte de los arrianos. Predicó, condenó y atacó la herejía con ánimo, y fue el valedor de San Atanasio (2 de mayo) cuando este fue arrojado de su sede de Alejandría. No solo le acogió, sino que además luchó para que Atanasio fuera devuelto a su legítima sede en 338. Igualmente en 340 acogería al desterrado San Pablo I de Constantinopla (7 de junio).

Maximino, junto a Osio de Córdoba fueron impulsores del Sínodo convocado por el papa San Julio I (12 de abril) en 340, para sostener la doctrina católica expresada en Nicea, y condenar una vez más el arrianismo. Además, se resuelve ilegal la nueva expulsión de Atanasio ese mismo año. En 342 igualmente Maximino y Osio promueven la celebración del Sínodo de Sardica, donde igualmente se vuelve a confirmar la fe católica. Los obispos de Oriente, indignados con la protección de Julio sobre Atanasio, le retiran su veneración, pues consideran una intromisión del obispo de Roma en asuntos de Oriente, ya que ellos consideran que el destierro de Atanasio era legal. Esta protección de Maximino sobre Atanasio y su defensa del papa Julio, le valió el destierro por parte de obispos arrianos. Sobre el año 343 tuvo que dejar su sede para comenzar una vida de eremita. Poco duró el exilio, pues hay constancia de que en 345 Atanasio está de vuelta en Tréveris, para la entronización de Maximino. Hallamos de nuevo al santo obispo defendiendo la fe católica en el Sínodo de Colonia, en el cual, junto a San Servacio de Maastricht (13 de mayo) será un verdadero martillo de los herejes arrianos.

Una leyenda que claramente es un añadido posterior, cuenta que, yendo el santo a Roma acompañado por un monje llamado Martín, un oso le comió la mula que lo transportaba. Ante eso, el santo ordenó al oso que tomara el lugar de la mula, y así, subido sobre la bestia, entró a la Ciudad Eterna. Y cuando se fue de Roma, le dio la libertad al oso, advirtiéndole que nunca más se comiera la cabalgadura de nadie. Esta leyenda está presente, con algunas variantes, en las “vitae” de muchos santos. Entre ellos San Corbiniano (8 de septiembre), San Gall (16 de octubre y 23 de nobviembre), San Ghislain (10 de octubre), San Humberto de Maroilles (15 de marzo), San Romedio (15 de enero), San Vaast (6 de febrero), y otros más. También esta leyenda hace a este monje llamado Martín ser la misma persona que el gran San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones). Ciertamente las fechas y la estancia de San Martín en la zona casan sin problemas.

Maximino entró en la gloria en 349, y fue sepultado en un cementerio a las afueras de la ciudad. San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) le llama "uno de los obispos más valientes de su tiempo". San Gregorio de Tours (17 de noviembre) cuenta como Tréveris le recordaba con gran cariño y como su sucesor en la sede, San Paulino (31 de agosto), trasladó sus reliquias a la ciudad y las sepultó en una iglesia. La leyenda cuenta que los fieles que habían elevado una pequeña ermita sobre la sepultura, no querían perder las preciosas reliquias. Entonces se apertrecharon en torno a la tumba, pero una terrible tormenta se descargó sobre ellos y no cesó hasta que Paulino llegó a la tumba del santo. Vieron esto como un signo del cielo y dejaron partir las reliquias del santo obispo. Cuenta también como un sacerdote perjuro quedó muerto en el acto al jurar una mentira poniendo la mano sobre el sepulcro del santo obispo. El sínodo de Trier en 898 le canonizó. Santa Hildegarda de Bingen (17 de septiembre) visitó la sepultura del santo en 1160, y veneró sus reliquias. Conmovida por la devoción, incluso compuso una secuencia en honor al santo. Su cabeza hoy se venera en Senlis, y su culto está extendido por casi toda Francia. En ocasiones se le confunde con San Maximino de Aix (8 de junio).


Fuentes:
-"France historique et monumentale". ABEL HUGO. 1837.
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 29 de mayo además se celebra a:


San Cirilo
niño mártir
.
Santa Laura,
trinitaria mártir
.
Beata Gherardesca
terciaria camaldulense.




miércoles, 12 de abril de 2017

San Julio I, el "primer papa".

San Julio I, papa. 12 de abril. 

Julio fue romano de nacimiento, hijo del presbítero Rústico y fue presbítero cercano al papa San Marcos (7 de octubre), al que sucedió en la sede de San Pedro, luego de ser elegido el 6 de febrero de 337, imperando San Constantino (21 de mayo). Si bien la Iglesia gozaba de paz con el imperio, se abría al mismo tiempo una época de pugnas teológicas y doctrinales dentro de la Iglesia, que acentuaron las diferencias entre Oriente y Occidente, entre las distintas sedes apostólicas. El primer hecho se hizo evidente con la entrada del arrianismo en la Iglesia, muy fuerte en la sede alejandrina.

 Con Julio se da el hecho curioso de que es el primer sucesor de San Pedro al que se le llama "papa", título que antiguamente era dado a los demás obispos y prelados orientales, pero nunca había sido usado en Occidente. Sería San Siricio (26 de noviembre), quien lo haría exclusivo del obispo de Roma. Otra de sus innovaciones de su pontificado fue evitar que los clérigos fueran juzgados por los tribunales civiles, haciendo que fueran juzgados por los obispos, aunque al mismo tiempo se dio a sí mismo el derecho de juzgar por encima de dichos sínodos locales de obispos, pues los presbíteros podían apelar al juicio del papa directamente en algunas situaciones.

El segundo hecho, relacionado con esta última prerrogativa quedó evidenciado cuando en 339 el legítimo patriarca, el gran San Atanasio (2 de mayo), fue expulsado de su sede por los arrianos, lo mismo otros prelados fieles a la verdad católica. Atanasio fue a Roma a apelar ante el papa por lo injusto de su expulsión. El papa Julio recibió al santo con amor y en 340 convocó un Sínodo en el cual se afirmó el Credo de Nicea y se condenó formalmente el arrianismo. Como este Sínodo se celebró con solo obispos occidentales y algunos de África, los obispos de Oriente se reunieron en Antioquía, alarmados por su exclusión de tal reunión, en la que se había hablado de la situación de la Iglesia sin contar con ellos. El papa respondió planificando otro Sínodo en Sardica, con la anuencia de los emperadores Constante y Constancio, al cual se enviarían legaciones de todas las sedes. En 343 se celebró este Sínodo, que reafirmó la fe católica, pero que sin embargo, no pudo concluir que la expulsión de Atanasio era ilegal, pues muchos obispos de Oriente la aceptaban. Por otro lado, recordaron al papa que él tenía alojado al desterrado en su propia sede contra el parecer de la sede alejandrina, igualmente de tradición apostólica. 

Este Sínodo introdujo un canon que Oriente no aceptó que decía: "Cada vez que un obispo depuesto afirme que se le ha hecho injusticia, el Sínodo que lo condenó escribirá al obispo de Roma, quien designará jueces para renovar la investigación, y ninguna otra persona será nombrado para ocupar el lugar del obispo depuesto sin la concurrencia del obispo de Roma". Fue una jugada arriesgada por parte de Julio, pues poco antes, los obispos de Oriente, alarmados con este aumento del poder del obispo de Roma sobre los demás, le habían escrito: "Aunque admitimos y expresamos respeto por el papel preeminente de la sede romana, los obispos orientales negamos a la Iglesia de Roma el derecho de darnos órdenes. La importancia de una Iglesia no se mide por la grandeza de la ciudad en que se encuentre. ¿Por qué ha de inmiscuirse el Occidente en las cuestiones privativas de las diócesis de Oriente? Antiguamente, el Oriente aceptó sin discutir las sentencias de Occidente sobre los problemas ocasionados por Novaciano y Pablo de Samosata. De ahora en adelante será distinto, y empeñarse en lo contrario supondría una ruptura". Julio les contestaría en una carta, dirigida a los "eusebianos", seguidores de Eusebio, obispo usurpador en Constantinopla: "No sabéis acaso que la regla canónica era desde luego, recurrir a nuestra autoridad, y que de nuestra autoridad había de salir la decisión? Tal es la tradición que hemos recibido del apóstol Pedro, y la creo tan universalmente reconocida, que no la mencionaría ahora si no me obligaran a ello deplorables ciscunstancias (…) ¿No sabéis, acaso, que la costumbre manda contar con nosotros, en primer lugar, para que la justicia se administre en todas las Iglesias desde aquí?"

Desilusionado de ver fallida su intención de devolver la sede de Alejandría a San Atanasio, que aun tardó tres años en retomarla, Julio se dedicó a cuidar de su grey de Roma. Construyó una basílica en el Foro de Trajano, la conocida como "Basílica de los Santos Apóstoles", y además, se le atribuye la construcción de la primitiva iglesia de Santa María en el Trastévere. Igualmente es probable construyera la basílica de San Valentín en la Via Flaminia, que aparece mencionada por primera vez en 359. También en la Via Flaminia construyó un cementerio, y otro en la Via Aurelia, y un tercero en la Via Portuensis. Su pontificado, además se caracterizó por la caridad que demostró cuando la peste asoló Roma. Murió en 352, amado por los romanos, siendo sepultado en el tercer milliario de la Via Aurelia, en el cementerio de San Calepodio. Fue sucedido por el papa Liberio.

Fuentes:
-"Liber Pontificalis". COLUMBIA UNIVERSITY PRESS. New York, 1916.
-"Lives of Popes". Volumen I.
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Historia General de la Iglesia". Tomo I. D. J. DARRAS. París, 1862.

Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero. 

San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.  
San Marcos. 7 de octubre.  
San Calixto I. 14 de octubre. 
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 de enero.
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.



A 12 de abril además se celebra a






domingo, 26 de febrero de 2017

Del primer antiarriano.

San Alejandro de Alejandría, obispo. 26 de febrero, 29 de mayo, Iglesias Ortodoxas, y 17 de abril, Iglesia Copta.

Alejandro nació sobre 250, y desde joven se consagró al servicio de Cristo. Sozomeno dice que era conocido por su afabilidad y mansedumbre. En 313, luego de la muerte de San Aquilas (13 de junio), nuestro santo fue elegido patriarca de Alejandría. Un día, habiendo terminado las fiestas de la celebración del martirio de San Pedro I de Alejandría (26 de noviembre y 9 de diciembre, Iglesias Orientales), se fue a comer con sus clérigos. Vio por su ventana a unos niños que remedaban ser sacerdotes y realizaban un bautismo. Fijándose en el que oficiaba de obispo y lo correcto de sus ceremonias, les llamó e interrogó, admirándose de que todo lo habían hecho conforme a las normas litúrgicas, y comprendió lo que valía aquel chico y se encargó de su educación y cuando ya era un joven instruido y piadoso, Alejandro lo ordenó de diácono sobre 320, y le eligió como su secretario. Ese niño era el gran San Atanasio (2 de mayo). 

Alejandro fue el obispo al que tocó la época de tránsito entre las persecusiones y la anhelada paz con el Imperio. Pero esta paz trajo otros problemas internos para la Iglesia que Alejandro heredó de sus antecesores Pedro I de Alejandría y Aquilas: En Egipto las persecuciones habían sido brutales, provocando esclarecidos mártires y conocidas deserciones y apostasías. Una vez terminada la persecución, Pedro había sido implacable con los "lapsi", aquellos que habían aparentado ser idólatras por temor al martirio. Entre ellos estaba Melecio, obispo de Licópolis de Egipto, que había sacrificado a los dioses por conservar la vida. Pedro le depuso de su sede y Melecio, en lugar de reconocer su culpa y aceptar la pena, creó un cisma junto a sus seguidores. Pedro intentó reducir a los cismáticos, pero nada logró. Como dije, Alejandro heredó este problema, pero él no siguió la estela de rigor de su maestro, sino que propugnaba por perdonarles. Tampoco obtuvo nada, pues los melecianos, a los que no hay que confundirles con los otros "melecianos", seguidores de San Melecio de Antioquía (12 de febrero), aún dieron guerra bastantes años más.

Una leyenda le quiere presente junto a San Aquilas en el martirio de Pedro I de Alejandría, en compañía del diácono Arrio. Pedro les habría advertido del mal que el Arrio habría de traer a la Iglesia, por medio de la visión de Cristo vestido con una túnica rota. Por ello les advirtió que no debían admitirle a la comunión de la Iglesia, de la cual él le había excluido por su afinidad con los melecianos. Ciertamente podemos dudar de semejante leyenda, porque fue Aquilas el obispo que ordenó presbítero a Arrio, cosa impensable de haber sido cierto la narración previa. Cuando Arrio, sobre 318, comienza la enseñanza de su doctrina herética, que negaba la divinidad de Cristo y su inferioridad con respecto al Padre, nuestro Alejandro, ya obispo, reacciona pronto, intenta que Arrio reconozca sus peligrosos errores, con gentileza le exhorta y corrige, pero no logra nada. Entonces escribe al papa San Silvestre (31 de diciembre) y a todos los obispos de Oriente. Alerta del peligro de la herejía y su rápida extensión. Convoca un sínodo y, preventivamente, condena el error. El emperador San Constantino (21 de mayo) toma cartas en el asunto y convoca el Concilio en Nicea, en 325. Allí brilla San Atanasio, al que Alejandro da la encomienda de abogar en su nombre por la fe católica. El concilio, para evitar cualquier confusión en el futuro, añade al Credo la palabra "homomisios", o sea, que define a Cristo como Dios y consustancial al Padre.

El santo levantó una bellísima, según las descripciones antiguas, iglesia dedicada a San Teonás (23 de agosto), obispo de Alejandría. San Alejandro murió el 26 de febrero (o el 17 de abril, que dudas hay) de 326 y como era su deseo, San Atanasio fue elegido su sucesor.


Fuentes:
-"La leyenda de oro para cada día del año". Volumen II. PEDRO DE RIBADENEIRA. Barcelona, 1861.
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 26 de febrero además se celebra a 





martes, 21 de febrero de 2017

San Flaviano: heredó la sede y los problemas.

San Flaviano I de Antioquía, obispo. 21 de febrero.

Fue Flaviano nacido en Antioquía, en una familia rica, que le educó con liberalidad. Vino al mundo sobre 320, y muy joven decidió servir a Cristo y su Iglesia, abandonando las oportunidades que el mundo le ofrecía. Siendo seglar, colaboró con el apologeta Diodoro, que sería preconizado como obispo de Tarso. Ambos se opusieron firmemente al obispo de Antioquía, arriano a la sazón, y juntos organizaban la liturgia fuera de la ciudad para los católicos que se oponían al obispo y sus seguidores herejes. También fue opuesto a los eustacianos, católicos partidarios del obispo San Eustacio (19 de julio), Patriarca de Antioquía que había sido injustamente depuesto en 330, y había marchado al exilio. Durante 30 años los eustacianos hacían la sede ingobernable, incluso a los obispos no arrianos.

En 361 fue elegido San Melecio (12 de febrero) como obispo a la sede antioquena. Todo lo que hubo de pasar este Patriarca, opuesto a Leoncio es bien sabido. Destierros, incomprensiones por parte de San Atanasio (2 de mayo) y otros prelados, etc. Melecio ordenó presbítero a Flaviano, teniendo en él un firme colaborador durante los 20 años que duró su episcopado. Cuando en 381 Flaviano fue elegido sucesor, heredó los problemas que ya bien conocía. Además, los católicos ya no solo estaban enfrentados a los arrianos, sino que además, los primeros, además divididos entre eustacianos y melecianos, seguidores del fallecido Melecio y que le habían sido fieles durante los destierros. Como Flaviano era fiel a Melecio, el papa San Dámaso (11 de febrero) y San Pedro II de Alejandría (14 de febrero) rechazaron aceptar a Flaviano, prefiriendo a Paulino, a pesar de que este había hecho la guerra a Melecio y había sido reprobado en el Concilio de Constantinopla por los obispos y el emperador San Teodosio I (17 de enero). Pero aunque Paulino murió en 383, tampoco pudo tomar su cátedra Flaviano, pues Evagrio tomó posesión apoyado por los eustacianos. 

En 393 Flaviano logró acceder a la sede, impidiendo que los eustacianos tuvieran su propio prelado. Finalmente, cuando en 398 San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) fue elegido Patriarca de Constantinopla, con su autoridad indiscutible confimó a San Flaviano como legítimo obispo de Antioquía. En 401 tuvo que mediar entre el emperador y unos condenados por destruir estatuas del mismo emperador, alcanzando el perdón para los rebeldes. 

San Flaviano falleció en 404.


A 21 de febrero además se celebra a

sábado, 26 de noviembre de 2016

San Pedro Alejandrino, el mártir.

San Pedro I de Alejandría, obispo y mártir. 26 de noviembre y 9 de diciembre (Iglesias Orientales).

En el año 300, luego de la muerte del Patriarca San Teonás (23 de agosto), fue elegido Pedro en su lugar, siendo que desde niño había sido discípulo suyo. Su elección ocurrió en medio de la persecución de Maximiano y Galerio, entre 284 y 305, por lo que tuvo que huir de Alejandría. Dedicó su destierro a la consolación de los confesores, la asistencia a las viudas y huérfanos, las visitas a las cárceles y el sostenimiento de los pobres. Animaba a los mártires y confortaba a los que habían caído en aparentar idolatría por salvar la vida.

Una vez terminada la persecución, fue implacable con los "lapsi", aquellos que habían aparentado ser idólatras por temor al martirio. Entre ellos estaba Melecio, obispo de Licópolis de Egipto, que había sacrificado a los dioses por conservar la vida. Pedro le depuso de su sede y Melecio, en lugar de reconocer su culpa y aceptar la pena, creó un cisma junto a sus seguidores. Pedro intentó reducir a los cismáticos, dispuso penas canónicas y misericordia para los que se arrepintiesen, exhortó, escribió, oró… pero nada. Aún en época de San Atanasio (2 de mayo), el problema de estos "melecianos" continuaba. No hay que confundirles con los "melecianos" seguidores de San Melecio de Antioquía (12 de febrero).

Aunque su martirio fue cierto, está mezclado con narraciones legendarias tardías: En 308 reanudó la persecución de Maximiano y Daya, y Pedro fue preso. Y los cristianos respondieron con entereza a aquello: acudieron en masa a la cárcel a presentarse como cristianos. Presbíteros, mujeres, aún niños se presentaron. El tribuno quedó admirado de aquella comitiva que apareció a morir con su obispo, y que le cuidaban y protegían. Temía el hombre un motín, cuando aquellos solo querían padecer martirio con su pastor y entrar de su mano al cielo. 

La leyenda del siglo X, no confirmada por la historia, dice que el célebre hereje Arrio era diácono suyo, al que Pedro había amonestado y excomulgado por sus ideas peligrosas contra la fe. Apareció Arrio allí entre los cristianos, aparentando ánimo de reconciliarse con Pedro, pero en lo que realidad quería era aparecer como católico, para que antes del martirio del santo obispo, este le eligiera como sucesor suyo en la sede de Alejandría. Pero Dios ya había "tomado cartas en el asunto". Cuando Pedro vio a Arrio, llamó aparte a los presbíteros Aquilas y Alejandro y les dijo: "Soy un gran pecador, pero aun así sé que la piedad de Dios me dará la corona del martirio. Después de mi muerte, vosotros seréis dos columnas en la Iglesia de Jesucristo. Los dos me sucederéis, uno después de otro, en la silla patriarcal de Alejandría: Aquilas será el primero, y Alejandro el segundo. Así me lo ha prometido el Señor; y para que no creáis que duro mi corazón al no reconciliar a Arrio con la Iglesia, os diré lo que me ha ocurrido: se me apareció Cristo en figura de un niño de doce años extremadamente hermoso: estaba vestido de una túnica larga, rasgada de arriba abajo, por lo que le pregunté: Señor, ¿quién fue el impío que despedazó vuestra túnica? Y me respondió: Arrio fue el que la rasgó, al tiempo que me ordenó que no le admitiese a la Iglesia nuevamente. Yo he cumplido ya con mi misión, y solo me queda dar cuenta a Dios. Si vosotros faltaseis a la vuestra, vosotros solos seréis responsables de vuestra cobardía o de vuestra desobediencia". Aunque este hecho sea legendario, efectivamente, obispos y sucesores de Pedro I en la sede fueron los obispos San Aquilas (13 de junio) y San Alejandro (26 de febrero). Para más duda de semejante leyenda, fue Aquilas el obispo que ordenó presbítero a Arrio, cosa impensable de haber sido cierto la narración previa.

Visión de Cristo.
Una vez que Pedro húbose entregado totalmente en manos de Cristo, por caridad con su grey, pidió al tribuno que no le sacase al martirio delante de todos sus fieles, sino que hiciese un boquete en la pared trasera de la cárcel y por allí, en silencio, le llevase al martirio. Así lo hicieron, le sacaron por la pared y le llevaron a las afueras de la ciudad, al mismo sitio, según la leyenda, donde había sido martirizado el evangelista San Marcos (11, Iglesia griega, y 31 de enero, traslación de las reliquias a Venecia; 9, 25, y 30 de abril, Iglesia Copta; 25 de junio, invención de las reliquias, 23 de septiembre, 3 Octubre, 8, y 30 de octubre, Iglesias Orientales) y donde Pedro pudo orar un rato. al cabo, inclinó la cabeza ante los soldados, pero ninguno se atrevió a dar el golpe, hasta que por cinco monedas de oro (ofrecidas por el santo, según la leyenda) uno le decapitó. Era el 26 de noviembre de 311. Una vez se supo del martirio, el clero y los fieles recogieron su cuerpo, le revistieron con sus ornamentos episcopales y le sentaron en la silla de San Marcos, en la cual, siempre según la leyenda, Pedro jamás había querido sentarse por hallarse indigno. Allí recibió el homenaje de todos sus fieles durante días. Finalmente fue sepultado y su tumba fue meta de peregrinos durante siglos. El aniversario de su martirio lo solemnizó su sucesor Alejandro, de quien ya hablamos. 

Se le atribuyen algunas obras sobre la penitencia, o la condena de la creencia herética sobre la preexistencia del alma. Pero probablemente sean posteriores y apócrifas. Algunas fuentes mencionan a tres obispos llamados Hesiquio, Pacomio y Teodoro, como compañeros suyos en el martirio, pero algunos menologios griegos, los ponen como compañeros de San Fausto, igualmente a 26 de noviembre.


Fuentes:
-"La leyenda de oro para cada día del año". Volumen XI. PEDRO DE RIBADENEIRA. Barcelona, 1865.
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 26 de noviembre además se celebra a  
San Conrado de Constanza, obispo
San Stelian de Adrianópolis, eremita.

viernes, 11 de noviembre de 2016

San Menas, el taumaturgo de Egipto.

San Menas de Cute, soldado mártir. 11 y 24 (Iglesia copta) de noviembre, y tercer domingo de abril, traslación de las reliquias a Sentmenat.

La leyenda.
San Menas nació en Egipto, y era soldado de profesión. Se hallaba en una guarnición que estaba acampada en Cotyaeum (actual Cute), Asia Menor, cuando llegó a sus oídos el edicto persecutorio contra los cristianos ordenado por Diocleciano y Maximiano. Sabiendo que como soldado tendría que capturar cristianos y, por supuesto, no podría profesar su fe abiertamente, abandonó la milicia y se retiró a un desierto donde vivió cinco años en oración, ayunos, penitencias, preparándose por si el Señor aceptaba su martirio. Al cabo de dicho tiempo tuvo la inspiración de darse a conocer, confesar a Cristo y que, literalmente "fuera lo que Dios quiera". Aprovechó la circunstancia de que se celebraban en Cute grandes festejos y el teatro estaba día y noche a rebosar para hacer acto de presencia.

Entró Menas en el teatro y citó al profeta Isaías: "He sido hallado de los que no me buscan, y manifestado a los que no me preguntan" (Is. 65, 1), para que todos supieran que se presentaba por propia voluntad. A pesar de su aspecto ajado por las penitencias, le reconocieron y le llevaron a Pirro, el juez, que procuró tentar al santo con promesas y palabras halagüeñas para que abandonase la “superstición cristiana”. Y como el santo le recriminase lo absurdo de la fe en los ídolos hechos por hombres, de sus historias de pasiones y envidias, Pirro le mandó azotar con nervios de buey. Nuevamente fue conminado a adorar a los dioses y como Menas se negó con rotundidad, le subieron al ecúleo, donde le quemaron los costados, le rasgaron con peines y le apaleraron con varas y plomadas. Pero nada, Menas solo se burlaba de sus verdugos y les pedía que le pegaran más fuerte si podían. Algunos amigos intentaron auxiliarle y convencerle de que no se dejara maltratar más por su fe, pero Menas, hizo oídos sordos. Finalmente, cansado Pirro de aquel espectáculo, mandó le degollasen y quemasen luego.

Lo arrastraron hasta un sitio llamado Potemia, donde el santo oró y suplicó a Dios le diese la victoria prometida por Jesucristo a los que confiesan su nombre. Luego fue degollado y, según la sentencia, el cuerpo fue arrojado al fuego, el 11 de noviembre de 296 (ó 303 según otros). Algunos cristianos de Alejandría que se hallaban presentes, recogieron los huesos que quedaron, los limpiaron con reverencia, los perfumaron y los llevaron consigo a su tierra. Iban las reliquias sobre un camello que al llegar a las afueras de Alejandría se detuvo y habló: "Es este es el sitio elegido por el Señor para que descanse el cuerpo de su amado Menas", por lo que allí mismo fueron enterradas las santas reliquias. Algunas versiones coptas (como siempre muy dadas a la fantasía) hablan de un monstruo marino que intenta comerse a los que viajan en barco con las reliquias (sí, la travesía es marítima en esta versión), pero San Menas les protege.

La historia.
Aunque la leyenda anterior tiene poca base por la cantidad de tormentos, la historia y la liturgia demuestran lo antiguo del culto a San Menas, sobre todo en Oriente. Durante el paso de los siglos su leyenda ha sido trasmitida por diversos martirologios y hagiógrafos: En el siglo IV ya le menciona el Martirologio Pseudo-jeronimiano, en el siglo VI San Román el Meloda (1 de octubre), compone un poema en su honor, con detalles de la "passio" anterior, lo cual indica que ya eran “datos” conocidos. En estas fechas los egipcios que han huido de los árabes dedican una iglesia a su querido San Menas en Roma, junto a la Puerta de Ostia, y el Liber Pontificalis dice que San León III (12 de junio), la enriqueció con beneficios materiales espirituales. Hoy no existe dicho templo. En el siglo VII consta que San Juan Limosnero (11 de noviembre) le tenía gran devoción a San Menas. San Beda (25 de mayo) habla del santo y su culto, y Baronio en el siglo XVI lo introduce en el Martirologio Romano. Los Bollandistas concluyen que en realidad es una traslación del panegírico de San Basilio (2 de enero y 14 de junio) sobre San Gordio de Cesarea (3 de enero) del que nos ha llegado la misma historia de deserción del ejército y su presencia ante los jueces en medio de festejos públicos. 

Con la paz de la iglesia, el mismo emperador San Constantino (21 de mayo) levantó un santuario en su honor, entre Wadi Natrun y Alejandría, sitio sobre el cual el Patriarca San Atanasio (2 de mayo) habría tenido conocimiento estaban las reliquias luego que una oveja de un pastor quedara sanada milagrosamente. Allí surgiría Mayrut, una ciudad en torno al culto a San Menas. Monasterios, santuarios, comercios, etc. No en balde se le llama a su centro de culto "el Lourdes de Oriente", aunque habría de ser Lourdes quien se llamara "la Mayrut de Occidente", al ser este sitio el primero en el tiempo. Lamentablemente en el siglo IX los árabes destruyeron el complejo y el santuario. Con la conquista de los cruzados, en el siglo XII se levantó la iglesia, pero nada más. En 1960 el patriarca copto de Alejandría reconstruyó Mayrut, edificando la iglesia, un monasterio y una universidad. 

Sobre las reliquias del santo hay diversos pareceres, sobre si se trasladaron al Cairo (ciertamente allí se veneran algunas reliquias suyas) o no. Reliquias suyas se veneran en diversos sitios como Rumanía, Italia e incluso España, pues Sentmenat de Barcelona venera reliquias de San Menas, cuya traslación se celebraba a tercer domingo de abril. 

Su intercesión se invoca para recuperar los objetos perdidos y terrores nocturnos, aunque San Menas tiene un patronato extensísimo, al ser considerado uno de los santos "sanadores" más venerados de todo Oriente. Es importante que no hay que confundirle con San Menas de Alejandría (10 de diciembre), cuya "passio" es diferente y del que se narra hasta de sus padres e infancia. 


Fuentes:
http://www.stmina-monastery.org/
http://heiligen-3s.nl/heiligen/11/11/11-11-0295-menas.php
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año: Noviembre". JEAN CROISSET. Barcelona, 1863.
-"Nuevo Año Cristiano". Tomo 11. Editorial Edibesa, 2001.
-"Le ampolle di San Menas". ORIETTA TONIOLO. 2006.


A 11 de noviembre además se celebra a  
San Berthuin de Malonne, abad y obispo
San Martín de Tours, obispo.

jueves, 27 de octubre de 2016

Santo Apóstol de Etiopía.

Santos Frumencio y Edesio de Etiopía. 27 de octubre, 20 de julio (Iglesia copta) y 30 de noviembre (Iglesia bizantina).

Rufino de Aquileia (que conoció a Edesio) nos narra que ambos santos eran hermanos originarios de Tiro y muy jóvenes acompañaron a Meropio, hermano de su padre, que era filósofo, a la India y Persia. En este viaje aprendieron filosofía, cultura y lenguas orientales. Su futuro era prometedor según el mundo, pero una tragedia les preparó para el Evangelio: Cuando regresaban del viaje fueron atacados por piratas en el Mar Rojo. Toda la tripulación y pasajeros fueron asesinados salvo los dos jóvenes, que fueron vendidos al rey de Askum como esclavos.

A causa de su belleza juvenil, conocimientos y porte culto, no fueron tratados con dureza, sino que el rey les tomó a su cuidado personal, sirviéndose de sus conocimientos. En poco tiempo nombró a Edesio su mayordomo personal y a Frumencio su tesorero y secretario de Estado. Muchos años fueron esclavos del rey, y cuando este murió, subió al trono su hijo pequeño Abreha, quedando Frumencio a cargo del reino como consejero, dándoles la reina la libertad. Llevó a cabo una excelente política de paz, justicia y prosperidad, pero su mayor tesón fue confirmar en el Evangelio de Cristo a los etíopes. Cuando conocieron el Evangelio ambos hermanos, no nos es conocido, pero bien pudo ser en su viaje a Oriente.

Frumencio fue regente hasta que San Abreha (1 de octubre) llegó a la mayoría de edad y se hizo cargo del reino, entonces ambos hermanos, renunciaron a sus cargos prominentes para entregarse al Evangelio. Edesio se fue a Tiro, donde fue ordenado presbítero. Por su parte Frumencio se fue a Alejandría, a conocer al gran obispo San Atanasio (2 de mayo). En su entrevista, Frumencio le pidió sacerdotes para evangelizar Etiopía, y se permitió recomendar el nombramiento de un obispo que llevara a cabo la obra misionera en comunión con toda la Iglesia. Y la respuesta de San Atanasio fue más allá: le eligió a él mismo como ese obispo. Frumencio regresó a Etiopía con sus misioneros, donde fue recibido con júbilo, predicó, construyó iglesias, convirtió a muchos, entre ellos al mismo rey Abreha y su familia.

Pero eran los tiempos duros de la defensa de la fe contra la herejía arriana, que tantos quebraderos de cabeza dio a Atanasio y a los obispos fieles a la verdad católica. El emperador San Constantino (21 de mayo), filoarriano, mandó a los reyes etíopes que destituyeran a Frumencio y nombraran a un obispo arriano. Frumencio falleció anciano, luego de una vida de trabajos, y es venerado profundamente por los etíopes, que le llaman Abba Salama (padre de paz), y le tienen gran afecto como a su padre en la fe, su apóstol y evangelizador. Y esto a pesar de la leyenda según la cual el Evangelio fue predicado a los etíopes por San Mateo (21 de septiembre; 6 de mayo, translación de las reliquias; 9 de octubre, liturgias árabe y copta; 16 de noviembre, Iglesias Orientales, y 16 de diciembre, liturgia griega).


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914. 


A 27 de octubre además se celebra a  
San Elesbaam de Etiopía, emperador
San Abban de Kill-Abban, abad

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...