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miércoles, 30 de junio de 2021

Adoradora de los santos mártires.

Pregunta: Donde puedo investigar sobre mi santa. Soy Lucina y no encuentro nada al respecto. En los calendarios ha "desaparecido" su festejo. Gracias. México.

Respuesta: Las referencias sobre Santa Lucina son vagas y no concretas. Pero algo siempre puede decirse:

Santa Lucina y San Lorenzo.
Santa Lucina, viuda. 30 de junio.

Fue Lucina una mujer romana, convertida a la fe y discípula de los Apóstoles. Las Actas de Santos Proceso y Martiniano (2 de julio) dicen que entre los que estaban presentes en los tormentos de estos santos, estaba nuestra Lucina. Ella los alentaba a perseverar, recordándoles que el sufrimiento del mundo duraba solo un instante, mientras que la gloria del cielo sería eterna. entonces el juez Paulino mandó a los soldados para que gritaran más que Lucina. una vez martirizados los santos, Lucina recogió sus santos cuerpos y los enterró piadosamente en una sepultura en el segundo miliario de la Via Aurelia. También se nos dice que enterró el cuerpo de Santa Beatriz, junto a sus santos hermanos mártires Simplicio y Faustino (29 de julio) después de haber rescatado sus cuerpos martirizados.

Con su riqueza proveía a las necesidades de los apóstoles, visitaba a los cristianos encarcelados, y daba sepultura a los mártires, como vimos. Ella misma fue sepultada en una gruta que ella había hecho construir, en la Via Ostiense, para los mártires y que llevaría su nombre: "cementerio de Lucina". Entre los sepultados allí, siglos después, está el glorioso mártir San Ciriaco (8 de agosto), a quien el papa San Marcelo trasladó desde su primer enterramiento en la Vía Salaria. Allí hoy se levanta la iglesia de San Lorenzo "in Lucina", lo cual ha dado pie al error de creer que ella levantó la iglesia luego del martirio de San Lorenzo, pero este habría vivido 200 años después  de ella. Algunas reliquias de Santa Lucina se veneran en Lucca desde el siglo XI.

Como vemos, fue una cristiana "de retaguardia", es decir, que actuaba desde el silencio, sin grandes obras, pero su acción protegiendo las reliquias de los mártires fue muy importante. Gracias a ella poseemos insignes reliquias y lugares sagrados de enterramiento. El Cardenal Wiseman, en su obra "Fabiola", inspirada en los primeros cristianos, habla de una Lucina, que concuerda con lo que esta santa se sabe. 


A 30 de junio además se recuerda a:

San Adolfo de
Osnabrück, obispo.
San Ladislao I
de Hungría, rey.
San Marcial, obispo. 
San León de
Patara, mártir.



miércoles, 12 de abril de 2017

San Julio I, el "primer papa".

San Julio I, papa. 12 de abril. 

Julio fue romano de nacimiento, hijo del presbítero Rústico y fue presbítero cercano al papa San Marcos (7 de octubre), al que sucedió en la sede de San Pedro, luego de ser elegido el 6 de febrero de 337, imperando San Constantino (21 de mayo). Si bien la Iglesia gozaba de paz con el imperio, se abría al mismo tiempo una época de pugnas teológicas y doctrinales dentro de la Iglesia, que acentuaron las diferencias entre Oriente y Occidente, entre las distintas sedes apostólicas. El primer hecho se hizo evidente con la entrada del arrianismo en la Iglesia, muy fuerte en la sede alejandrina.

 Con Julio se da el hecho curioso de que es el primer sucesor de San Pedro al que se le llama "papa", título que antiguamente era dado a los demás obispos y prelados orientales, pero nunca había sido usado en Occidente. Sería San Siricio (26 de noviembre), quien lo haría exclusivo del obispo de Roma. Otra de sus innovaciones de su pontificado fue evitar que los clérigos fueran juzgados por los tribunales civiles, haciendo que fueran juzgados por los obispos, aunque al mismo tiempo se dio a sí mismo el derecho de juzgar por encima de dichos sínodos locales de obispos, pues los presbíteros podían apelar al juicio del papa directamente en algunas situaciones.

El segundo hecho, relacionado con esta última prerrogativa quedó evidenciado cuando en 339 el legítimo patriarca, el gran San Atanasio (2 de mayo), fue expulsado de su sede por los arrianos, lo mismo otros prelados fieles a la verdad católica. Atanasio fue a Roma a apelar ante el papa por lo injusto de su expulsión. El papa Julio recibió al santo con amor y en 340 convocó un Sínodo en el cual se afirmó el Credo de Nicea y se condenó formalmente el arrianismo. Como este Sínodo se celebró con solo obispos occidentales y algunos de África, los obispos de Oriente se reunieron en Antioquía, alarmados por su exclusión de tal reunión, en la que se había hablado de la situación de la Iglesia sin contar con ellos. El papa respondió planificando otro Sínodo en Sardica, con la anuencia de los emperadores Constante y Constancio, al cual se enviarían legaciones de todas las sedes. En 343 se celebró este Sínodo, que reafirmó la fe católica, pero que sin embargo, no pudo concluir que la expulsión de Atanasio era ilegal, pues muchos obispos de Oriente la aceptaban. Por otro lado, recordaron al papa que él tenía alojado al desterrado en su propia sede contra el parecer de la sede alejandrina, igualmente de tradición apostólica. 

Este Sínodo introdujo un canon que Oriente no aceptó que decía: "Cada vez que un obispo depuesto afirme que se le ha hecho injusticia, el Sínodo que lo condenó escribirá al obispo de Roma, quien designará jueces para renovar la investigación, y ninguna otra persona será nombrado para ocupar el lugar del obispo depuesto sin la concurrencia del obispo de Roma". Fue una jugada arriesgada por parte de Julio, pues poco antes, los obispos de Oriente, alarmados con este aumento del poder del obispo de Roma sobre los demás, le habían escrito: "Aunque admitimos y expresamos respeto por el papel preeminente de la sede romana, los obispos orientales negamos a la Iglesia de Roma el derecho de darnos órdenes. La importancia de una Iglesia no se mide por la grandeza de la ciudad en que se encuentre. ¿Por qué ha de inmiscuirse el Occidente en las cuestiones privativas de las diócesis de Oriente? Antiguamente, el Oriente aceptó sin discutir las sentencias de Occidente sobre los problemas ocasionados por Novaciano y Pablo de Samosata. De ahora en adelante será distinto, y empeñarse en lo contrario supondría una ruptura". Julio les contestaría en una carta, dirigida a los "eusebianos", seguidores de Eusebio, obispo usurpador en Constantinopla: "No sabéis acaso que la regla canónica era desde luego, recurrir a nuestra autoridad, y que de nuestra autoridad había de salir la decisión? Tal es la tradición que hemos recibido del apóstol Pedro, y la creo tan universalmente reconocida, que no la mencionaría ahora si no me obligaran a ello deplorables ciscunstancias (…) ¿No sabéis, acaso, que la costumbre manda contar con nosotros, en primer lugar, para que la justicia se administre en todas las Iglesias desde aquí?"

Desilusionado de ver fallida su intención de devolver la sede de Alejandría a San Atanasio, que aun tardó tres años en retomarla, Julio se dedicó a cuidar de su grey de Roma. Construyó una basílica en el Foro de Trajano, la conocida como "Basílica de los Santos Apóstoles", y además, se le atribuye la construcción de la primitiva iglesia de Santa María en el Trastévere. Igualmente es probable construyera la basílica de San Valentín en la Via Flaminia, que aparece mencionada por primera vez en 359. También en la Via Flaminia construyó un cementerio, y otro en la Via Aurelia, y un tercero en la Via Portuensis. Su pontificado, además se caracterizó por la caridad que demostró cuando la peste asoló Roma. Murió en 352, amado por los romanos, siendo sepultado en el tercer milliario de la Via Aurelia, en el cementerio de San Calepodio. Fue sucedido por el papa Liberio.

Fuentes:
-"Liber Pontificalis". COLUMBIA UNIVERSITY PRESS. New York, 1916.
-"Lives of Popes". Volumen I.
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Historia General de la Iglesia". Tomo I. D. J. DARRAS. París, 1862.

Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero. 

San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.  
San Marcos. 7 de octubre.  
San Calixto I. 14 de octubre. 
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 de enero.
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.



A 12 de abril además se celebra a






viernes, 23 de mayo de 2014

De Cefalóforos y dolores de cabeza

San Vítores de Cerezo.
Pregunta: Sabrás, claro, de ese grupo de santos que han dado lugar a la aparición de un neologismo: la "cefaloforia". (...) La pregunta es: ¿sabes de algún sitio al que pueda recurrir para conocer la opinión "oficial" de la Iglesia sobre este punto, o conoces tú esa opinión? (anduve por www.vatican.va, pero allí no logré encontrar nada). En concreto: a estos episodios de cefaloforia, ¿la Iglesia los incorpora al santoral considerándolos como leyendas o fábulaciones de los compiladores que no agregan nada real a la vida del santo -parte de la mitología cristiana, por decirlo de algún modo-, o, por el contrario, los tiene como milagros que deben ser tomados como verdaderamente sucedidos? Espero haber sido claro con el sentido de la pregunta, y, desde ya, vuelvo a agradecer tu atención. Cordial saludo. Argentina.

Respuesta: Gracias por tan educada pregunta, que he abreviado en el post para no repetir conceptos. Siempre es un placer responder a quien cuidadosamente redacta y clarifica su pregunta. Vamos por partes.

Los cefalórofos: Como ya casi todos conocen, son esos santos (y copio lo que antes abrevié en tu pregunta) "mártires del santoral que, habiendo sido decapitados, no sólo no murieron enseguida sino que, tomando en sus manos su propia cabeza continuaron caminando, o hablando, o ejecutando otras acciones". Tú lo has descrito perfectamente. 

La posición oficial de la Iglesia: Pues no existe. La Iglesia en temas de hagiografías, leyendas y tradiciones no suele pronunciarse en conjunto. Algún o culto en particular pueden vigilarse, para permitirse o prohibirse (el perro San Guinefort, por ejemplo), y siempre, como corresponde, a nivel local y por la autoridad del obispo diocesano. Rarísima vez el papa prohíbe directamente un culto, mucho menos una leyenda, por estrafalaria que sea. Para entender esto, hay que recordar que la formación de una leyenda no es algo de un día para otro, sino un proceso en el que generalmente se da un culto previo al que se le intenta dar bases con una historia, siempre al gusto de la época. Las leyendas suelen tener varias versiones, con más o menos personajes o sucesos, y varían en el tiempo, igualmente, según la necesidad catequética, la piedad o la mentalidad del momento. Por ejemplo, en actas de mártires ficticias, escritas en la Edad Media, habrán largos discursos simbólicos, y portentos asombrosos; mientras, en actas antiguas y verdaderas, las palabras son pocas y claras.

Cuando la Iglesia sanciona el culto a un santo, no está sancionando su leyenda, sino que esta devoción no contiene nada contra la fe y la moral cristianas. Incluso cuando daba el "nihil obstat" a santorales, años cristianos, o libros hagiográficos en general, no es apoyando estas leyendas poniéndolas como verdades a creerse, sino en virtud de lo dicho: lo descrito no contiene nada contra la fe o moral. Lo mismo puede decirse de su introducción en breviarios monásticos antiguos, y la lectura de semejantes leyendas en el Oficio Divino.

Santa Haude de Landunvez
De estos santos tan antiguos, esta confirmación de culto ni siquiera ocurrió en su tiempo, ni luego. La labor más depuradora que ha acometido la Iglesia ha sido la encargada a los Bolandistas, y ni siquiera fue vinculante, pues aunque estos estudiosos (loados sean) hicieron añicos muchas leyendas de santos, en la práctica el culto a estos continuó, incluso los cultos con reliquias más que dudosas. Y si decayó alguno no fue por esta labor de los Bolandistas, sino por lo mismo que se hicieron populares: la devoción de la gente, que fue de más a menos.

Si tomamos el martirologio romano, por ejemplo, leemos el 9 de octubre: 
San Dionisio, obispo, y compañeros, mártires, de los cuales la tradición quiere que el primero, enviado por el Romano Pontífice a la Galia, fuese el primer obispo de París, y que junto con el presbítero Rústico y el diácono Eleuterio, padeciesen en las afueras de la ciudad (s. III)
Como vemos, no se hace referencia a tipo de martirio, ni mucho menos a que se levantase con la cabeza en las manos. Se limita a mencionar su martirio y nada más. Es esto lo que interesa.

Por último, hay que recordar que más que la enseñanza oficial de la Iglesia, lo que importaba y llegaba a las gentes, aún hoy, eran las representaciones artísticas, que a falta de otra cosa, se nutrían de leyendas, al mismo tiempo que las promocionaban y creaban nuevas, a partir de lecturas erróneas de lo contemplado(1). Pierre Saintyves, el magistral florclorista francés, sostiene que en origen, estas representaciones de santos cefalóforos (que él lleva a 132) primitivamente pretendían mostrar solamente el tipo de martirio: la decapitación, y no dotar de aspecto maravilloso este martirio. Fue la ingenuidad, la fe popular quien vio santos vivos luego de muertos, con un denominador común: caminan hasta su sitio de entierro. Y esta creencia se hunde en una realidad: cementerios merovingios y celtas en los que, efectivamente, la mayoría de los cadáveres tienen las cabezas separadas de los cuerpos. No en vano, los cefalóforos son santos fundamentalmente franceses, en menor grado, y de otras regiones de Europa (2).

Ahora soy yo quien espero haber sido claro con la respuesta, y no haberme perdido por los cerros de Úbeda. Ya entonces solo me queda ponerte una lista de los cefalóforos, hasta donde sé, pues no poseo el libro de Saintyves para enumerar los 132, lástima:
 
Santa Protasia de Senlis.
San Adalbald de Périgord. 2 de febrero.
San Afrodisio de Breziers. 22 de marzo.
San Ausone de Angoulême. 22 de mayo.
 

San Albano de Verulam. 22 de junio
San Aventin de Luchon. 13 de junio.
San Balsème de Ormes. 29 de junio.
San Basilio de Bayeux. 29 de agosto.
San Basilio de Gironde. 14 de febrero.
San Céran de París. 26 de septiembre.
San Chéron de Chartres. 28 de mayo.
San Chrisol de Comines. 7 de febrero, 8 en Tournai.
 

San Clair de Le Vexin. 4 de noviembre y 18 de julio (diócesis de Coutances y Avranches).
San Demetrio de Gap. 26 de octubre.
San Didier de Langrés. 11 de febrero; 19 de enero, traslación de las reliquias, y 23 de mayo, por error.
San Dionisio de París. 9 de octubre.
San Domnino. 9 de octubre.
San Elophe de Toul. 16 de octubre.
San Espain de Beauvais. 15 de enero.
San Eucario de Liverdun. 22 y 27 de octubre.
San Eusebio de Rankweil. 31 de enero.
San Fermín de Amiens o de Pamplona. 25 de septiembre y 7 de julio.
San Frejoux de Limousin. 12 de enero.
San Gaudencio de Haute. 25 de octubre.

San Genitore de Le Blanc.
San Ginés de Arlés. 25 de agosto.
San Gohard de Nantes. 24 de junio.

San Heller de Jersey. 16 de julio.
San Hilarian de Spalion. Tercer domingo de junio.
San Honorato de Thénezay o de Buzançais. 9 de enero.
San Indalecio. 15 de mayo
 

San Andeol de Vivarais.
San Justo de Auxerre. 18 de octubre.
San Justo de Beauvais. 18 de octubre.
San Lamberto de Zaragoza. 16 de abril y 19 de junio, en Zaragoza.
San Laureano de Sevilla. 4 de julio.
San León de Bayona. 1 de marzo.
San Leopardino. 7 de octubre.
San Lié de Pithiviers. 8 de junio.
San Livier de Metz. 17 de julio y 25 de noviembre.
San Lucain de París o de Loigny. 30 de octubre.
San Luciano de Beauvais. 8 de enero.
San Lupien o Louvent de Gévaudan. Este tiene la particularidad de que es un águila quien traslada la cabeza delante del santo que camina. 22 de octubre.
San Maurin de Lectoure o de Agen. 25 de noviembre.
San Miliau de Bretaña. 24 julio, 26 de octubre y 5 de noviembre.
San Miniato. 25 de octubre.
San Mitre de Aix. 23 de octubre, traslación de las reliquias.
San Nectan de Hartland. 17 de junio.
San Nicasio de Reims. 14 de diciembre.
San Nicasio de Vexin. 11 de octubre.
San Oricles de Senuc. 18 de noviembre.
San Papoul de Castelnaudary. 3 de noviembre.
San Parrès o Patroclo de Champagne. 21 de enero, 22 en Troyes.
San Piatón de Tournai. 1 de octubre.

San Plácido de Disentis. 11 de julio.
San Quinto de Montrésor. 4 de octubre.
San Principin de Yvrai
. 4 de enero.

San Reveriano de Nièvre. 7 de marzo.
San Sabiniano de Dauphiné. 8 de mayo.
San Severo de Novempopulanie o de Gascuña. 3 de noviembre.
San Sinforiano de Autun. 22 de agosto.
San Tropez de Var. 29 de abril.
San Valeriano de Tournus. 15 de septiembre.
San Venerando de Troyes. 25 de mayo.
San Vítores de Cerezo. 26 de agosto.
San Yon de Chartres. 5 de agosto y 22 de septiembre.
Santa Noyale
de Pontivy
Santa Esperia de Saint-Céré. 12 de octubre
Santa Germana de Bar-sur-Aube. 19 de enero
Santa Haude de Landunvez. 18 de noviembre.
Santa Hélidie o Elodia de Auvernia. 13 de septiembre.
Santa Juthwara de Dorset. 18 de noviembre y 13 de julio, traslación de las reliquias.
Santa Libaire o Liboria de Grand. 8 de octubre.
Santa Maxence de Beauvais. 30 de abril. 

Santa Maxence de Senlis. 20 de noviembre.

Santa Noyale o Nolwenn de Pontivy. 4 de julio.
Santa Orosia o Eurosia de Jaca. 25 de junio.
Santa Osita. 7 de octubre.
Santa Prócula de Gannat. 9 de julio.
Santa Protasia de Senlis. 19 de diciembre.
Santa Quiteria. 22 de mayo.
Santa Saturnina de Arras. 4 de junio.
Santa Solange de Bourges. 10 de mayo
Santa Tanche de Troyes. 10 de octubre.
Santa Valeria de Limoges. 9 de diciembre.
Santa Virgen de Thouars. 7 de enero.
Santas Proba y Grimonia de Laon. 28 de abril.
Santos Ache y Acheul de Amiens. 6 de mayo.
Santos Emeterio y Celedonio de Calahorra. 3 de marzo.
Santos Ferreol y Ferrucio de Besançon. 16 de junio y 5 de septiembre.
Santos Fuscien y Victorio de Amiens. 11 de diciembre.
Santos Máximo y Venerando de Acquigny. 15 de mayo.
Santos Régula, Félix y Exuperancio. 11 de septiembre
Santos Silano, Severino, Severiano y Frontasio de Périgord. 17 de junio.
San Tremeur de Bretaña. 21 de julio.
Santa Trifina, madre del anterior. 29 de enero.
Santos Víctor y Urso. 30 de septiembre.


Y para terminar, recordar que los cefalóforos, allí donde son venerados, suelen ser patronos contra los dolores de cabeza. Es evidente el por qué.



RECUERDA:

PUEDES DESCARGAR MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)



(1) ¿Cuantas veces no leemos de leyendas de santos que se han originado de la mala interpretación de un atributo? Pienso en la que dice que "Santa Lucía se arrancó los ojos, por eso los lleva en una bandeja", o la de "a Santa Apolonia le arrancaron los dientes con una pinza".
(2) Manuel Alvar. Decapitaciones, cefaloforías y otros relatos más o menos hagiográficos. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

miércoles, 31 de octubre de 2012

El día de los muertos en México


Tumba adornada el 2 de noviembre en México.

Durante los días 1 y 2 de noviembre en México se celebran las festividades en honor a los fieles difuntos donde la gente “convive” con sus muertos, les preparan un altar con comidas del gusto del difunto, objetos personales y muchas flores; otras personas van al cementerio y velan toda la noche en ese sitio para poder “reunirse” de nuevo con sus seres queridos, todo esto sucede en un ambiente de oración, sobre todo del rezo del rosario, entre comidas, bebidas, música, esto se vuelve una fiesta entre lo pagano y lo religioso.

La tradición de ofrendar a los difuntos en México se remonta a la época prehispánica; los aztecas celebraban dos meses dedicados a la fiesta de las almas de los muertos, el noveno mes, llamado Tlaxochimaco o Miccailhuitontli, es decir fiesta de los muertos pequeños (antecedente de la fiesta del primero de noviembre conocida como día de los “angelitos”) y la otra, Xócotl Uetzi, también nombrada Hueymiccaihuitl, la fiesta grande de los muertos (antecedente de la celebración del dos de noviembre) y celebrado en el decimo mes. Durante el mes Izcalli se celebraba la fiesta de los tamales en honor al dios del fuego Xiutecuhtli, se ofrecían cinco tamales al fuego del hogar, antes de comérselos se ponían sobre las sepulturas y después de esto se los comían todos.

Particularmente vale la pena destacar otra festividad la llamada Quecholli que era dedicada a los muertos en la guerra y coincidía en fechas con la festividad cristiana de Todos los Santos. Se confeccionaban flechas y eran atadas en manojos de cuatro y eran depositadas en los sepulcros junto con tamales y quedaban ahí un día entero y por la noche se quemaban las flechas. Es curioso la coincidencia de fechas y la similitud de rituales entre esta festividad y la que celebramos actualmente.

Altar de difuntos. México.
Para la cosmovisión azteca, los difuntos al morir iban al Mictlán (Xibalba para los mayas), lugar gobernado por Mictlantecuhtili (Yum Kimil o Ah Puch para los mayas), Señor de la región de los Muertos y su esposa Mictlantecacihuatl, lugar donde el alma debería cruzar por nueve ríos de sangre (para los mayas eran nueve mundos gobernados por nueve señores) ayudada por un perrito para poder llegar al Mictlán. Las almas de los que morían ahogadas iban al Tlalocan, que era gobernado por el dios Tláloc, dios de la lluvia; los guerreros, las mujeres que morían en el parto, los que morían en sacrificio y los comerciantes muertos en expediciones mercantiles se iban con el dios del sol a el Ichan tonatiuh ilhuícatl; los niños que morían a corta edad iban al Chichihualcuauhco, lugar donde eran amamantados por un gran árbol nodriza, donde los pequeños esperaban una segunda oportunidad para regresar al mundo de los hombres (antecedente en la cosmovisión mesoamericana del limbo, el cual recientemente ha sido suprimida por la Iglesia). Algo importante de destacar es que para las culturas mesoamericanas, los difuntos irían a los diferentes inframundos no debido a su comportamiento en vida como enseña el Cristianismo, sino a la forma en que murió u oficio que desarrollo en vida.

Para la cultura maya, existía una especie de cielo que se dividía en trece secciones donde moraban trece dioses Oxlahuntiku, y los sostenían cuatro dioses hermanos llamados Bacabes. En el más alto de los cielos se encontraba una ceiba o yaxché, primer árbol de la vida, a cuya sombra los difuntos gozaban de fresco y abundancia de comida y bebida. A este lugar iban los guerreros, las mujeres muertas al parir, los ahogados, los sacerdotes y los sacrificados. Los suicidas iban al paraíso de la diosa Ixtab que era su patrona, el suicidio era considerado como el grado máximo de sacrificio.


Fray Diego de Landa hace mención del terrible temor que tenían los mayas a morir, por lo que ofrecían siempre sus ofrendas y oraciones a los dioses con tal de que les alargaran la vida y les dieran salud. Dentro de la cultura cristiana la celebración del día de los fieles difuntos se remonta al siglo X d.C. Cuando San Odilón de Cluny (1 de enero) la instituyó en su monasterio, después de haber tenido una visión de las almas del purgatorio quejándose y sufriendo por sus pecados, dispuso instituir que el día posterior a la fiesta de todos los Santos se dedicara a orar por las almas de los difuntos; no fue sino hasta el siglo XVIII que Benedicto XIV concedió el privilegio de celebrar tres misas a los sacerdotes españoles y portugueses en sus territorios y en 1914 Benedicto XV los extendió a todos los sacerdotes. Pero aun desde la época paleocristiana ya los primeros cristianos veneraban los restos de los mártires, y las Sagradas Escrituras en el segundo libro de Macabeos recomiendan orar por los difuntos (2Mc 12, 43-46). 


Altar de difuntos. México.
Con la llegada de los españoles a América y del cristianismo, los frailes buscaron la manera de acabar con el “paganismo” de los naturales de estas tierra, y de este modo tomaron la tradición de la celebración de los difuntos azteca y maya y la englobaron en la fiesta de Todos los Santos y en la de el Día de los Fieles Difuntos, el 1 y 2 de noviembre respectivamente, dándole un sentido cristiano a estas celebraciones prehispánicas y cambiando los dioses por los santos y devociones católicas, como la de las ánimas del purgatorio. De igual modo hicieron con la costumbre de los tzompantli hechos de cráneos humanos o de piedra o la de los mayas de sacar los cráneos de sus antepasados, intercambiándolas primero por cráneos hechos de barro y después por cráneos de azúcar, chocolate y semillas de amaranto, para simbolizar que estando con Cristo la muerte es dulce. Se empezó a celebrar de esta manera el 1 de noviembre la fiesta de las almas de los niños o de los angelitos y el 2 de noviembre la fiesta de los muertos adultos. 

Otro agregado muy importante en esta época fue el de la flor de cempaxúchitl, pues anteriormente era usada solamente en una festividad en torno a los muertos y en ninguna otra. Muchos investigadores piensan que puede deberse a que en España era costumbre en estas fechas llevar a las tumbas crisantemos amarillos pero ante la inexistencia de esta flor en Nueva España se decidió sustituirla por una flor muy semejante como es el cempaxúchitl. Algo particularmente llama la atención y es lo que narra fray Diego Durán sobre que anteriormente en las fiestas de Xócotl Uetzi, los familiares de los difuntos pasaban toda la noche velando la ofrenda y a la mañana siguiente regalaban los alimentos que para ellos era sagrado porque había sido consumido por las almas. Este tipo de tradiciones pasaron casi intactas hasta la actualidad, los misioneros las toleraron en gran parte, puesto que en algunas localidades del norte de España se solía llevar a la misa por los difuntos ofrendas de trigo, pan y vino para ser benditos y ser llevadas luego a las tumbas, esto mismo creaba confusión entre los naturales que no entendían porque los españoles si podían hacer ofrendas y ellos no, pero esto propicio la supervivencia de la ofrenda a los difuntos.

En otros sitios del país como en comunidades indígenas de los estados de Chiapas, Oaxaca, Yucatán y Guerrero, algunas etnias extiende la festividad de los difuntos del 29 de septiembre al 30 de noviembre pues según su creencia San Miguel abre el purgatorio para que las almas regresen y San Andrés lo cierra, en  otros englobado más en lo que es los meses de octubre y noviembre se comienza a celebrar desde el 28 de octubre llegando ese día las almas de los ahogados, el 29 de octubre de los muertos por accidentes, el 30 de octubre de los muertos violentamente que no sean de accidente, el 31 los niños muertos antes de nacer y el 1 y 2 de noviembre siguen el mismo patrón de todo el país. Lugares como Tabasco la memoria de los fieles difuntos se extiende del 1 al 30 de noviembre haciendo rezos, sufragios y oraciones todo el mes por las almas del purgatorio; cabe destacar que aunque la creencia popular es que las almas vienen a comer los alimentos que se ofrendan, desde el punto de vista cristiano esto es imposible pues nadie puede salir del purgatorio y regresar a la tierra; a pesar de todo esto la Iglesia es de las principales promotoras de esta tradición en suelo mexicano puesto que como bien sabemos es bueno orar por los difuntos. Esta tradición en el año 2003 fue declarada como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.


Simbolismos del Altar
El altar se hace en 3 niveles que simbolizan la tierra, el purgatorio y el cielo, en otros lugares lo hacen de 2 niveles representando el primero a los niños difuntos y el segundo a los adultos o el cielo y el purgatorio o la tierra. También algunos lo hacen de cuatro como símbolo del mundo espiritual, el mundo celestial, el mundo terrenal y el inframundo o del cielo, la tierra, el infierno y anteriormente el limbo. En otros, de 7 como recuerdo de los 7 pecados capitales, y en otras zonas de 9 símbolo de los nueve meses de gestación y de los nueve ríos que debe pasar el alma. Se adorna con papel picado o flores de papel en colores naranja (color de luto azteca y no símbolo del halloween como muchos piensan), negro (luto occidental), morado (luto de la Iglesia), blanco (perdón y pureza), rosado (alegría y tristeza a la vez), azul (cielo), amarillo (luz) y rojo (luto entre los mayas).


Se ponen los alimentos que eran del agrado del difunto así como objetos pertenecientes al mismo, el pan de muerto (es un pan redondo que tiene una bola de pan en el centro y de ahí salen 4 trozos más de pan en forma de huesitos y cubierto de azúcar, símbolo de una tumba y la azúcar de la sangre derramada por los difuntos, y fue traído por los españoles y teniendo su antecedente en el pan de ánimas que se preparaba en Segovia). 
Flor de cempaxúchitl o cempoal que simboliza la luz que guía al difunto a la ofrenda por eso sus pétalos se usan para formar un camino.
Flor de mano de león su color rojo recuerda la sangre de Cristo.
Flores blancas, en especial cuando es un altar para niños difuntos, recordando su pureza.
Tres calaveras de azúcar, símbolo de la Santísima Trinidad.
Adornos de calaveras recordando a la muerte que está siempre presente.
Café negro, que recuerda el luto.
Agua, para que el alma sacie su sed.
Licor, para que el alma recuerde sus grandes festejos en vida.
Cruz de ceniza, para que el alma expíe sus culpas.
Tierra, como recuerdo de que polvo somos y en polvo nos convertiremos.
Puño de sal, que es lo que le da sabor a la vida.
Una cruz hecha con flor de cempoal o con velas, que representa a los 4 puntos cardinales para que el alma se oriente.
En el sureste mexicano se ponen nueve velas, símbolo de los nueve señores de la noche.
Albahaca para purificar el ambiente.
Un recipiente con agua y toalla para que el alma se lave las manos.
Un petate o estera para que descanse.
La vela del ánima sola, para los difuntos que no tienen quien rece por ellos
Rosario, símbolo de plegaria cristiana.
Escapulario, símbolo de la maternidad de la Virgen que nos cubre.
Se cuelga papel picado como símbolo del cielo que lo ve todo, en otras localidades se pone un arco o palmas tejidas en recuerdo del Domingo de Ramos.


Entre las imágenes religiosas que se acostumbran poner son las de devoción del difunto y los que abogan por las almas del purgatorio, tal es el caso de la Virgen del Carmen (16 de julio), abogada de las almas; San Miguel (29 de septiembre) patrón del purgatorio; San José (19 de marzo y 1 de mayo), patrón para el bien morir; San Francisco de Asís (17 de septiembre y 4 de octubre) pues se dice que Cristo le prometió que cada 4 de octubre le permitiría bajar al purgatorio a sacar de allí a sus devotos; San Martín Caballero (11 de noviembre) como benefactor de vivos y muertos; San Nicolás de Tolentino (10 de septiembre), abogado también de las almas del purgatorio. 
Se usa copal o estoraque (incienso de origen azteca) para incensar como símbolo de la oración que se eleva al cielo. Para las culturas prehispánicas era muy importante el copal pues al ser de extracción de la savia de un árbol consideraban que era la sangre de este y lograba una conexión entre cielo y tierra. 
El retrato del difunto para saber a quien se dedica la ofrenda.
También se ponen velas o veladoras como símbolo de la luz que es Cristo, además que para las antiguas culturas el fuego era símbolo de unión entre el mundo de los vivos y el inframundo.

La festividad también se lleva al cementerio, pues el 1 de noviembre la gente acostumbra velar toda la noche en las tumbas rezando el rosario esperando “a la llegada de las ánimas”, acompañándolos con adornos de flores y alimentos, al siguiente día 2 de noviembre la gente vuelve a darse cita en las sepulturas de sus seres queridos y llevan más alimentos para comer entre ellos sobre la tumba “conviviendo y compartiendo los alimentos” con sus difuntos una vez más, y acompañados de música de mariachis.


Por: Lic. André Efrén Ordóñez.


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