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viernes, 12 de marzo de 2021

Cristo le dio el descanso.

Santa Fina, virgen. 12 de marzo. 

Su “vita” la escribió el presbítero Juan de San Geminiano, que la conoció en persona al final de la vida de Fina y es bastante cierta, aunque no de deja de caer en las licencias típicas de las vidas de santos en el medievo. 

Fina nació en 1238 en el pueblo de San Geminiano, en la Toscana. Su familia era pobre y se ganaba la vida del trabajo ocasional en el campo. Fina, o Serafina, como se cree fue su real nombre, fue una niña piadosa y tímida, al punto que algunos pensaban que era retrasada. En plena adolescencia sufrió una enfermedad no determinada que la dejó totalmente paralizada, a excepción de la cabeza. A la par murió su padre y su madre tuvo que mendigar para poder subsistir. 

Esta circunstancia sumió a Fina en una profunda vida interior de oración y meditación. Comenzó a profundizar en la Pasión de Cristo, a la cual quiso configurarse, de tal modo que nunca quiso ser trasladada a una cama, sino que permaneció 6 años seguidos tendida sobre una tabla, en consideración a Cristo, que no tuvo sino un madero. Esta postración le causó terribles dolores y llagas, que Fina soportó con entereza e incluso con alegría, pues la acercaban más aún a Cristo llagado. Jamás se quejó, ni siquiera cuando la curaban, o lo intentaban, con dolorosos ungüentos. Por si fuera poco, su madre murió un día, frente a sus ojos, sin que Fina pudiera hacer nada. Los vecinos se encargaron de enterrar a la buena mujer y en lo que podían, cuidar a Fina. Pero no era lo mismo, pues durante días olvidaban darle de comer o beber, o curarle sus llagas. Incluso tuvo la pobre chica que soportar las ratas, las cuales le mordían su carne llagada. Afortunadamente, al poco tiempo una anciana se apiadó de ella y le atendió con solicitud, ayudándole como podía. 

La joven Fina supo de los terribles dolores y enfermedades de San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal) y le tomó devoción. Le rezaba al santo para que le diera paciencia y le ayudara con su intercesión, hasta que una noche el santo se le apareció y le dijo: "Querida niña, en mi fiesta Cristo te dará el descanso". Y así fue, Fina murió santamente el 12 de marzo de 1253, a los 25 años de edad. 

Cuando los vecinos, a los días, fueron a verla y la hallaron muerta, tomaron el cuerpo para enterrarla y al levantarla de la tabla, vieron esta cubierta de una especie de violetas blancas, de suave fragancia. Hasta día de hoy florecen alrededor del 12 de marzo, y las llaman “flores de Santa Fina”. La santa fue sepultada en una humilde tumba en el cementerio, pero su fama de santidad hizo que las reliquias fueran trasladadas a la iglesia parroquial de San Geminiano, donde se veneran aún.



A 12 de marzo además se recuerda a:


San Muran, abad.
San Maximiliano, mártir.
San Pol de Léon,
obispo
.












MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

jueves, 23 de junio de 2016

El mártir de la disciplina sacerdotal.

San Walter (Walhère o Wohy) de Onhaye, presbítero y mártir. 23 de junio y domingo posterior a este día.

Nació a finales del siglo XII en Bouvignes, donde aún quedan restos de su casa natal. Pronto quedó huérfano de madre, y como era un niño bueno y piadoso, fue adoptado por los canónigos de Leffe, que le instruyeron y le formaron en la vida espiritual, cosa que agradeció su padre. Luego estudió teología en la abadía y escuela benedictinas de Waulsort. Sobre 1163 fue ordenado presbítero y enviado a Onhaye, un pequeño pueblo cerca de Namur. Allí relevó al anciano y piadoso cura Héribrand, y tuvo por vicario a su propio sobrino Norberto Fauchon. En 1190 fue nombrado decano de los canónigos de Florennes. Varias veces medió entre los nobles y los abades u obispos en temas relacionados con las tierras, los beneficios eclesiásticos, los diezmos, etc.

Su sobrino, que había sido destinado a Hastière-par-delà, llevaba una vida escandalosa, con poca piedad, y dado a los juegos y las mujeres. Walter le recriminaba con gran caridad, pero exigencia, que se enmendase y fuera buen ministro de Cristo, pero el otro, nada. Llegó a amenazarle con que le quitarían su parroquia y del sacerdocio. Un día, cansado de ser regañado, el joven presbítero invitó a su tío a dar un paseo en bote. Cuando estaban en medio del río Mosa, el mal hombre golpeó con el remo a su tío repetidas veces, hasta destrozarle el cráneo y matarle, el 23 de junio de 1199, teniendo Walter cerca de 60 años. Acto seguido, el asesino tiró el cuerpo por la borda, pensando que el río se lo tragaría. Pero el río arrastró al mártir hasta la orilla y fue hallado por unas mujeres que vieron unos resplandores y una misteriosa cruz de yerbas y flores que sobresalían entre las demás.

Traslación de las reliquias del santo.
Avisado el pueblo, el clero y el abad de Waulsort (a cuyos dominios pertenecía la región y sus parroquias), este decidió trasladarlo a la abadía para darle una honrosa sepultura, aunque se lo disputaba el pueblo de Onhaye. Puso el cuerpo en un carro tirado por caballos, pero estos se negaron a andar. Entonces, buscando una señal de Dios, tomaron dos vaquillas blancas que nunca se habían uncido, las sujetaron al carro y los animalitos comenzaron a andar por si mismas hacia Onhaye, deteniéndose en la iglesia de San Martín y negándose a caminar un paso más. Y allí fue sepultado, ganando en breve mucha devoción entre los comarcanos. En Bouvignes, su pueblo natal, se venera una reliquia suya.

Nunca ha sido canonizado, pero su culto permanece y aún se celebra una vistosa procesión con sus reliquias el domingo posterior al 23 de junio. Se le invoca contra los dolores de cabeza y las enfermedades del ganado.


Fuente:
-"La Fleur des saints: 2000 prénoms et leur histoire". ABBÉ OMER ENGLEBERT. Jerusalén, 1979.


A 23 de junio además se celebra a 
San Siméón Estilita "el Joven"
Santa Etheldreda de Ely, reina y abadesa.

viernes, 23 de mayo de 2014

De Cefalóforos y dolores de cabeza

San Vítores de Cerezo.
Pregunta: Sabrás, claro, de ese grupo de santos que han dado lugar a la aparición de un neologismo: la "cefaloforia". (...) La pregunta es: ¿sabes de algún sitio al que pueda recurrir para conocer la opinión "oficial" de la Iglesia sobre este punto, o conoces tú esa opinión? (anduve por www.vatican.va, pero allí no logré encontrar nada). En concreto: a estos episodios de cefaloforia, ¿la Iglesia los incorpora al santoral considerándolos como leyendas o fábulaciones de los compiladores que no agregan nada real a la vida del santo -parte de la mitología cristiana, por decirlo de algún modo-, o, por el contrario, los tiene como milagros que deben ser tomados como verdaderamente sucedidos? Espero haber sido claro con el sentido de la pregunta, y, desde ya, vuelvo a agradecer tu atención. Cordial saludo. Argentina.

Respuesta: Gracias por tan educada pregunta, que he abreviado en el post para no repetir conceptos. Siempre es un placer responder a quien cuidadosamente redacta y clarifica su pregunta. Vamos por partes.

Los cefalórofos: Como ya casi todos conocen, son esos santos (y copio lo que antes abrevié en tu pregunta) "mártires del santoral que, habiendo sido decapitados, no sólo no murieron enseguida sino que, tomando en sus manos su propia cabeza continuaron caminando, o hablando, o ejecutando otras acciones". Tú lo has descrito perfectamente. 

La posición oficial de la Iglesia: Pues no existe. La Iglesia en temas de hagiografías, leyendas y tradiciones no suele pronunciarse en conjunto. Algún o culto en particular pueden vigilarse, para permitirse o prohibirse (el perro San Guinefort, por ejemplo), y siempre, como corresponde, a nivel local y por la autoridad del obispo diocesano. Rarísima vez el papa prohíbe directamente un culto, mucho menos una leyenda, por estrafalaria que sea. Para entender esto, hay que recordar que la formación de una leyenda no es algo de un día para otro, sino un proceso en el que generalmente se da un culto previo al que se le intenta dar bases con una historia, siempre al gusto de la época. Las leyendas suelen tener varias versiones, con más o menos personajes o sucesos, y varían en el tiempo, igualmente, según la necesidad catequética, la piedad o la mentalidad del momento. Por ejemplo, en actas de mártires ficticias, escritas en la Edad Media, habrán largos discursos simbólicos, y portentos asombrosos; mientras, en actas antiguas y verdaderas, las palabras son pocas y claras.

Cuando la Iglesia sanciona el culto a un santo, no está sancionando su leyenda, sino que esta devoción no contiene nada contra la fe y la moral cristianas. Incluso cuando daba el "nihil obstat" a santorales, años cristianos, o libros hagiográficos en general, no es apoyando estas leyendas poniéndolas como verdades a creerse, sino en virtud de lo dicho: lo descrito no contiene nada contra la fe o moral. Lo mismo puede decirse de su introducción en breviarios monásticos antiguos, y la lectura de semejantes leyendas en el Oficio Divino.

Santa Haude de Landunvez
De estos santos tan antiguos, esta confirmación de culto ni siquiera ocurrió en su tiempo, ni luego. La labor más depuradora que ha acometido la Iglesia ha sido la encargada a los Bolandistas, y ni siquiera fue vinculante, pues aunque estos estudiosos (loados sean) hicieron añicos muchas leyendas de santos, en la práctica el culto a estos continuó, incluso los cultos con reliquias más que dudosas. Y si decayó alguno no fue por esta labor de los Bolandistas, sino por lo mismo que se hicieron populares: la devoción de la gente, que fue de más a menos.

Si tomamos el martirologio romano, por ejemplo, leemos el 9 de octubre: 
San Dionisio, obispo, y compañeros, mártires, de los cuales la tradición quiere que el primero, enviado por el Romano Pontífice a la Galia, fuese el primer obispo de París, y que junto con el presbítero Rústico y el diácono Eleuterio, padeciesen en las afueras de la ciudad (s. III)
Como vemos, no se hace referencia a tipo de martirio, ni mucho menos a que se levantase con la cabeza en las manos. Se limita a mencionar su martirio y nada más. Es esto lo que interesa.

Por último, hay que recordar que más que la enseñanza oficial de la Iglesia, lo que importaba y llegaba a las gentes, aún hoy, eran las representaciones artísticas, que a falta de otra cosa, se nutrían de leyendas, al mismo tiempo que las promocionaban y creaban nuevas, a partir de lecturas erróneas de lo contemplado(1). Pierre Saintyves, el magistral florclorista francés, sostiene que en origen, estas representaciones de santos cefalóforos (que él lleva a 132) primitivamente pretendían mostrar solamente el tipo de martirio: la decapitación, y no dotar de aspecto maravilloso este martirio. Fue la ingenuidad, la fe popular quien vio santos vivos luego de muertos, con un denominador común: caminan hasta su sitio de entierro. Y esta creencia se hunde en una realidad: cementerios merovingios y celtas en los que, efectivamente, la mayoría de los cadáveres tienen las cabezas separadas de los cuerpos. No en vano, los cefalóforos son santos fundamentalmente franceses, en menor grado, y de otras regiones de Europa (2).

Ahora soy yo quien espero haber sido claro con la respuesta, y no haberme perdido por los cerros de Úbeda. Ya entonces solo me queda ponerte una lista de los cefalóforos, hasta donde sé, pues no poseo el libro de Saintyves para enumerar los 132, lástima:
 
Santa Protasia de Senlis.
San Adalbald de Périgord. 2 de febrero.
San Afrodisio de Breziers. 22 de marzo.
San Ausone de Angoulême. 22 de mayo.
 

San Albano de Verulam. 22 de junio
San Aventin de Luchon. 13 de junio.
San Balsème de Ormes. 29 de junio.
San Basilio de Bayeux. 29 de agosto.
San Basilio de Gironde. 14 de febrero.
San Céran de París. 26 de septiembre.
San Chéron de Chartres. 28 de mayo.
San Chrisol de Comines. 7 de febrero, 8 en Tournai.
 

San Clair de Le Vexin. 4 de noviembre y 18 de julio (diócesis de Coutances y Avranches).
San Demetrio de Gap. 26 de octubre.
San Didier de Langrés. 11 de febrero; 19 de enero, traslación de las reliquias, y 23 de mayo, por error.
San Dionisio de París. 9 de octubre.
San Domnino. 9 de octubre.
San Elophe de Toul. 16 de octubre.
San Espain de Beauvais. 15 de enero.
San Eucario de Liverdun. 22 y 27 de octubre.
San Eusebio de Rankweil. 31 de enero.
San Fermín de Amiens o de Pamplona. 25 de septiembre y 7 de julio.
San Frejoux de Limousin. 12 de enero.
San Gaudencio de Haute. 25 de octubre.

San Genitore de Le Blanc.
San Ginés de Arlés. 25 de agosto.
San Gohard de Nantes. 24 de junio.

San Heller de Jersey. 16 de julio.
San Hilarian de Spalion. Tercer domingo de junio.
San Honorato de Thénezay o de Buzançais. 9 de enero.
San Indalecio. 15 de mayo
 

San Andeol de Vivarais.
San Justo de Auxerre. 18 de octubre.
San Justo de Beauvais. 18 de octubre.
San Lamberto de Zaragoza. 16 de abril y 19 de junio, en Zaragoza.
San Laureano de Sevilla. 4 de julio.
San León de Bayona. 1 de marzo.
San Leopardino. 7 de octubre.
San Lié de Pithiviers. 8 de junio.
San Livier de Metz. 17 de julio y 25 de noviembre.
San Lucain de París o de Loigny. 30 de octubre.
San Luciano de Beauvais. 8 de enero.
San Lupien o Louvent de Gévaudan. Este tiene la particularidad de que es un águila quien traslada la cabeza delante del santo que camina. 22 de octubre.
San Maurin de Lectoure o de Agen. 25 de noviembre.
San Miliau de Bretaña. 24 julio, 26 de octubre y 5 de noviembre.
San Miniato. 25 de octubre.
San Mitre de Aix. 23 de octubre, traslación de las reliquias.
San Nectan de Hartland. 17 de junio.
San Nicasio de Reims. 14 de diciembre.
San Nicasio de Vexin. 11 de octubre.
San Oricles de Senuc. 18 de noviembre.
San Papoul de Castelnaudary. 3 de noviembre.
San Parrès o Patroclo de Champagne. 21 de enero, 22 en Troyes.
San Piatón de Tournai. 1 de octubre.

San Plácido de Disentis. 11 de julio.
San Quinto de Montrésor. 4 de octubre.
San Principin de Yvrai
. 4 de enero.

San Reveriano de Nièvre. 7 de marzo.
San Sabiniano de Dauphiné. 8 de mayo.
San Severo de Novempopulanie o de Gascuña. 3 de noviembre.
San Sinforiano de Autun. 22 de agosto.
San Tropez de Var. 29 de abril.
San Valeriano de Tournus. 15 de septiembre.
San Venerando de Troyes. 25 de mayo.
San Vítores de Cerezo. 26 de agosto.
San Yon de Chartres. 5 de agosto y 22 de septiembre.
Santa Noyale
de Pontivy
Santa Esperia de Saint-Céré. 12 de octubre
Santa Germana de Bar-sur-Aube. 19 de enero
Santa Haude de Landunvez. 18 de noviembre.
Santa Hélidie o Elodia de Auvernia. 13 de septiembre.
Santa Juthwara de Dorset. 18 de noviembre y 13 de julio, traslación de las reliquias.
Santa Libaire o Liboria de Grand. 8 de octubre.
Santa Maxence de Beauvais. 30 de abril. 

Santa Maxence de Senlis. 20 de noviembre.

Santa Noyale o Nolwenn de Pontivy. 4 de julio.
Santa Orosia o Eurosia de Jaca. 25 de junio.
Santa Osita. 7 de octubre.
Santa Prócula de Gannat. 9 de julio.
Santa Protasia de Senlis. 19 de diciembre.
Santa Quiteria. 22 de mayo.
Santa Saturnina de Arras. 4 de junio.
Santa Solange de Bourges. 10 de mayo
Santa Tanche de Troyes. 10 de octubre.
Santa Valeria de Limoges. 9 de diciembre.
Santa Virgen de Thouars. 7 de enero.
Santas Proba y Grimonia de Laon. 28 de abril.
Santos Ache y Acheul de Amiens. 6 de mayo.
Santos Emeterio y Celedonio de Calahorra. 3 de marzo.
Santos Ferreol y Ferrucio de Besançon. 16 de junio y 5 de septiembre.
Santos Fuscien y Victorio de Amiens. 11 de diciembre.
Santos Máximo y Venerando de Acquigny. 15 de mayo.
Santos Régula, Félix y Exuperancio. 11 de septiembre
Santos Silano, Severino, Severiano y Frontasio de Périgord. 17 de junio.
San Tremeur de Bretaña. 21 de julio.
Santa Trifina, madre del anterior. 29 de enero.
Santos Víctor y Urso. 30 de septiembre.


Y para terminar, recordar que los cefalóforos, allí donde son venerados, suelen ser patronos contra los dolores de cabeza. Es evidente el por qué.



RECUERDA:

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"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)



(1) ¿Cuantas veces no leemos de leyendas de santos que se han originado de la mala interpretación de un atributo? Pienso en la que dice que "Santa Lucía se arrancó los ojos, por eso los lleva en una bandeja", o la de "a Santa Apolonia le arrancaron los dientes con una pinza".
(2) Manuel Alvar. Decapitaciones, cefaloforías y otros relatos más o menos hagiográficos. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

viernes, 22 de marzo de 2013

El Viernes de Dolor en México

Altar de Dolores.
Nótese el dosel de papel picado
La devoción a Nuestra Señora de los Dolores se difundió especialmente a las visiones de Santa Brígida de Suecia (23 de julio y 7 de octubre) y posteriormente gracias a la Orden de los Siervos de María fundados en el siglo XIII, pero no es hasta 1413 que el Sínodo de Obispos reunidos en Colonia, Alemania, deciden dedicar el sexto viernes de cuaresma a recordar los dolores de la Virgen María. Durante el siglo XVII la Compañía de Jesús y en especial el padre José Vidal promueven la devoción a los Dolores de la Virgen María. Hacia 1960 con S.S. Pablo VI se suprime esta fiesta del sexto viernes de cuaresma y se traslada la conmemoración de la Virgen Dolorosa para el 15 de septiembre, fecha cercana a la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), a pesar de este traslado se permite en los lugares que la conmemoración del Viernes de Dolores sigue teniendo mucha devoción se realice una única misa con la liturgia de la Virgen de los Dolores del 15 de septiembre.

Los siete dolores de la Virgen que tradicionalmente se recuerdan se relacionan con episodios de la vida de Cristo y son:


1.- La profecía de Simeón en el Templo
2.-La huída a Egipto
3.-El niño Jesús perdido y hallado en el templo
4.-El encuentro de María y Jesús en el camino del Calvario
5.-María al pie de la Cruz de Cristo en el Calvario
6.-María recibe a Cristo muerto en su regazo
7.- La sepultura de Cristo.


Es común ver que iconográficamente a la Virgen de los Dolores se le represente con uno o con siete puñales o espadas atravesando su pecho en recuerdo de estos siete dolores.


Durante la época colonial mexicana se popularizó la costumbre de poner en los templos y posteriormente en las casas un altar dedicado a la Virgen de los Dolores; para el siglo XIX nos narra García Cubas que el Viernes de Dolor era un gran acontecimiento que comenzaba en las primeras horas del día con el toque de diana a lo que la gente se levantaba para ir a diversos mercados a comprar las flores que utilizarían en la elaboración y adorno del altar a la Virgen las festividades de la Dolorosa se difundieron especialmente en esta época por considerarla patrona del hogar, abogada de las aflicciones domésticas y defensora de la honra familiar.

La festividad del Viernes de Dolor se comienza a preparar mucho antes de que inicie la cuaresma, pues el día 2 de febrero, festividad de la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen se llevan a bendecir al templo junto con las imágenes del Niño Jesús diversas semillas recordando la profecía de Simeón en el Templo a María, las cuales se pondrán en macetas o recipientes de barro con diversas formas en especial de pino con hendiduras que servirán de adorno en el altar y se cuidaran durante el tiempo que dura la cuaresma hasta el Viernes de Dolor a que retoñen las semillas, algunas serán guardadas en la oscuridad para que las plantas por la ausencia del sol se tornen de un color amarillo y al ser expuestas en el altar y reciban los rayos del sol poco a poco tomen su color verde haciendo alusión a la resurrección de Cristo, los recipientes como ya mencione eran en forma de pino para que al retoñar las semillas tomaran una forma de un ciprés que es un símbolo de la Virgen María.


Altar de Dolores.
Iglesia del Carmen.
Con algunos días de anticipo también se comienzan a preparar diversas aguas de sabores con colores muy distintivos también preparados algunos con semillas como la chía o con flor de Jamaica, también de horchata, el agua de limón. Estas aguas se pondrán en el altar recordando las lágrimas de la Virgen y se endulzan porque, aun siendo lágrimas de dolor, son dulces por venir de la Virgen María. Se ponen en siete vasos recordando sus siete dolores y los diversos colores evocan varios significados de este modo: 
El rojo, recuerda la sangre de Cristo; el purpura, la cuaresma y la penitencia; la blanca horchata, la pureza de la Virgen; el agua de tamarindo de color café, recordaba el vinagre que le dieron a beber a Cristo en la cruz. También había otros colores que se lograban con algunas reacciones químicas, como el azul que recuerda a la Inmaculada Concepción de María; o el verde, que recuerda la esperanza. Estas aguas preparadas también se ofrecerán a los invitados que visiten el altar de la Virgen en este día. Al llegar un visitante este debe preguntar “¿Ya lloró la Virgen?” para que le den un vaso de agua y al momento de entregárselo el anfitrión debe decirle “Aquí lloró la Virgen”.

Para montar el altar se utilizan mesas y cajones, pues tradicionalmente se debe elaborar en tres niveles recordando las tres caídas de Cristo en el Vía Crucis, aunque esto puede variar dependiendo la región o la posibilidad de la familia pueden ser menos escalones o más: en algunos lugares los ponen de siete niveles recordando los dolores de María. Se pone una cortina blanca, o de algún otro color en referencia con la cuaresma, el luto, la sangre de Cristo, o la pureza de María. 


En el nivel más alto del altar se pone el cuadro o la imagen de la Virgen de los Dolores y sobre ella un crucifijo. 

En los diversos niveles del altar se ponen siete naranjas agrias recordando el dolor de la Virgen por la muerte de Cristo y en estas naranjas se ponen banderitas en oro o plata que simbolizan al sol y la luna: Cristo y María respectivamente. 

En algunos lugares se acostumbra que sean 14 banderas haciendo alusión a las estaciones del Vía Crucis.

También se suele poner algunas otras frutas como recuerdo de los frutos de la redención. 

Como ya se mencionó se ponen semillas y los sembrados que se han cuidado durante todo este tiempo, y esto es en relación a cierta costumbre prehispánica hacia la fertilidad de la tierra de ofrecer los frutos de estas a sus antiguos dioses queriendo con esto pedirle buenas cosechas a Dios por intercesión de María. 

Se ponen semillas o espigas de trigo recordando a la Eucaristía y doce velas o cirios al pie del altar o dispersos en el altar recordando a los doce apóstoles. 

Se ponen lámparas de aceite que se encienden recordando que Cristo es la luz. Estas lámparas se suelen poner detrás de las aguas de colores para que al encenderse creen un bello efecto de luz de colores. Esta iluminación le ganó a los altares de dolores ser conocidos en el siglo XIX como “incendios” por la luminosidad que despedían. 


En algunos hogares se acostumbraba exhibir en el altar toda la vajilla o cubiertos de plata como símbolo de que María es tan pura como la plata fina, y en las familias de escasos recursos y que no tenían objetos de plata se comenzó a acostumbrar poner, simbolizando lo mismo, esferas de azogue de enorme tamaño en diversos colores sobre jarrones muy similares a la esferas que se cuelgan en el árbol navideño.

En la parte de abajo del altar se acostumbra hacer un tapeque con semillas y serrín pintado, por lo general con el monograma de la Virgen, o con el corazón traspasado con los siete puñales, o algún dibujo en alusión a la pasión.
Se acostumbra poner diversas flores como las rosas, por ser María la rosa mística; las azucenas o flores blancas por la pureza de la Virgen; flores rojas que recuerdan la sangre de Cristo; flores moradas que recuerdan la cuaresma y el luto de la Virgen. 

En algunos lugares también se pone un espejo, símbolo de María, Espejo de Justicia. Del mismo modo se ponen otros elementos de acuerdo a la imaginación recordando los símbolos de la pasión, de la redención o de la Virgen María, como manzanas, o las figuras de Adán y Eva por el pecado original y por la redención que vino por María; la Santa Faz recordando el calvario; la lanza, etc. 

Es común ver adornados los altares con papel picado en diversas formas, en especial simbolizando los Dolores de María, y por lo general el papel es de color blanco, morado o negro por el luto de la Virgen. 

Por las tardes durante el siglo XIX era común tener invitados con los cuales hacer el rezo del rosario y posteriormente las familias de más dinero realizaban una misa en sus casas a la cual asistían hombres y mujeres de riguroso negro y se entonaban cantos dedicados a la dolorosa, las familias de menos recursos acostumbraban ir a los diversos templos donde se montaba el altar a escuchar la misa del día dedicada a la Virgen de los Dolores, también se acostumbraban devociones como el rezo de la coronilla de los siete dolores o la meditación de estos.

"Tendida" de un Cristo.
En algunos estados del país se acostumbra después del Viernes de Dolor no se quita el altar y se realiza otra curiosa tradición conocida como “la tendida o acostada de los Cristos” la cual consiste que en una mesa en la que se uso para el altar de dolor muchas veces, sobre flores y otras hierbas se recuesta un crucifijo recordando el Santo Entierro y simulando una especie de velorio a Cristo muerto esperando su resurrección con esto se repite la tradición de la gente que pasa a venerar la imagen del Cristo muerto como antes lo hicieran con la Virgen Dolorosa.

Tanto los elementos del altar, como el significado de los mismos pueden variar, esta tradición del altar de dolor actualmente en México se celebra únicamente en el centro del país y en algunos estados del norte y desgraciadamente cada vez son menos los hogares y templos que los instalan, esta disminución en la tradición puede deberse en primer lugar a la supresión hecha de la memoria del Viernes de Dolor para darle más énfasis a la del 15 de septiembre lo que propició que en muchos templos esta tradición quedara en el olvido y que ya no se hable en absoluto de ella, así como el aumento de religiones protestantes y la misma antipatía de los creyentes, sumado a que además la devoción a la Virgen Dolorosa siempre tuvo más devotos en estas regiones del país donde existen diversos templos y santuarios dedicados a ella, a diferencia del sureste mexicano donde es una advocación poco venerada.

Por: Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Historia del culto de los Dolores de María

Dolorosa. Munich, Alemania.
Siglo XVIII
 15 de septiembre, y celebramos una de las advocaciones más populares de la Madre de Dios, La Dolorosa. Voy a prescindir de todo el aspecto devocional y teológico de la devoción a los Dolores de María, ya muchos han hablado del tema y esa no es la finalidad de este blog. Así tampoco numeraré cuales son los Siete Dolores, que ya otros lo hacen y mejor que yo. Me centraré en el culto y las expresiones de este.

Aunque desde por lo menos la Edad Media las representaciones marianas al pie de la Cruz (y por tanto, el dolor de María) son constantes, pero nunca se separa de este contexto. O sea, no existe una devoción ni fiesta específicamente a los Dolores de María por separado hasta el siglo XV, y eso de manera local (por ejemplo, Colonia y Erfurt). Algunos libros y Doctores tocan el tema en los siglos XII y XIII. El primer decreto oficial sobre el tema lo emite la Iglesia en 1668, permitiendo a los Servitas la misa votiva de los “Dolores de María”, por petición de los mismos Servitas (estos llevaban meditando y propagando esta devoción desde el siglo XIII), pero sin decretar día fijo. En 1692, Inocencio XII instituyó la fiesta por primera vez: se celebraría el tercer domingo de septiembre. En 1714 se aprueba una conmemoración de los dolores de María el viernes anterior al Domingo de Ramos, popularmente llamado el “Viernes de Dolores”. Aunque fue abolida con la reforma litúrgica post-conciliar, en muchas iglesias o cofradías mantienen esta memoria, como preámbulo a la Semana Santa.



No es hasta 1814 en que Pío VII incluye la memoria en el calendario oficial de la Iglesia, extendiéndola a toda ella con un éxito tremendo, pues basta ver cuantos altares, cofradías, congregaciones religiosas hay bajo el título de la Dolorosa. Ciudades, pueblos y parroquias la toman como patrona. En parte tuvo tanto éxito por la espiritualidad un tanto “ñoña” del siglo XIX, en que nacieron y se multiplicaron devociones, novenas, triduos, advocaciones marianas… en esta época la devoción estaba enfilada en la compasión a la Madre, en las lágrimas y dolores, llegando a considerarse los dolores físicos. Por eso San Pío X (21 de agosto) reformó la fiesta, fijando la fecha el 15 de septiembre, y obviando lo de los “siete dolores”, comenzando a hacer énfasis en la Maternidad espiritual adquirida por María al pie de la Cruz, así como la tan discutida corredención mariana.


Y modernamente hay que mencionar el “Vía Matris”, que traza los sufrimientos de María, paralelos a la Pasión de Cristo. La Orden de los Servitas y la Congregación Pasionista tienen a la Dolorosa como Madre y Patrona de sus institutos.
 

Iconografía de la Dolorosa.
Probablemente sea la advocación o momento de la vida de María más representado, junto a la Natividad de Cristo. Esculturas, grabados, pinturas, miniaturas... en cualquier apartado de las Bellas Artes encontramos la imagen de la Madre de Dios. Si bien, como apuntaba antes, en origen siempre unida a Cristo, es muy frecuente hallar lienzos e imágenes de bulto que reciben culto fuera del contexto del Calvario. Esta difusión ha hecho que los cánones para representar los dolores de María sean escasos, pues encontramos a la Dolorosa de muchísimas maneras. Si bien, hay puntos que nunca debemos olvidar, para una correcta representación: Por ejemplo, Las Dolorosas miran hacia arriba, el rostro es tenso y llevan, si acaso un pañuelo en las manos (no tienen sentido las espinas ni nada más). En el pecho llevará un puñal, uno solo (el Dolor por excelencia, la espada de la muerte del Hijo). 


Otras representaciones (aunque sean llamadas "la Dolorosa" o Nuestra Señora de los Dolores"), que expresan más calma, son sentadas o miran hacia abajo, sostienen espinas o clavos, aluden más a la Soledad de María, donde el dolor es meditado, es sereno y esperanzado. Generalmente aparecen con la cruz vacía, sea al lado, o al fondo, en caso de la pintura. Aparece el corazón con los siete puñales, culmen de todos los dolores de María, y no suelen faltar los instrumentos de la Pasión, contemplados por la Madre. En la pintura puede aparecer acompañada de Juan, la Magdalena, o las mujeres, aunque se prefiere sola. No suele derraar lágrimas. Lo dicho, el dolor es sereno y callado.

No hubo en las épocas románica o gótica un color preciso para María Dolorosa, sino que igualmente vestía de los colores típicos, rojo, azul, verde. Desde el XVI comienza a utilizarse el negro riguroso, copiando el modelo social del luto, y en la imaginería vestida se imita la forma de vestir de las mujeres del momento. Os recomiendo el libro "La Virgen de Luto", completísimo estudio sobre el tema. Hoy en día, a la par que el concepto social del luto desaparece, resurge el morado, en consonancia con Jesús Nazareno o la Cuaresma, apuntan maneras el blanco, azul y el rojo, aunque el negro sigue siendo el color predominante y casi irremplazable.

No faltan en la Dolorosa ciertos patetismos, propios del barroco y que tímidamente retomó el siglo XIX, en el que aparece la Madre a veces tumbada por los suelos, o desmayada entre las mujeres, en un arrebato de dolor, tal vez muy humano y que mueve a compasión, pero que en realidad contraviene a los escritos de los clásicos, que siempre han visto a la Madre de pie, con todo lo que esta expresión comporta. Es decir, traspasada de dolor, pero firme y fiel. Como suelen ser las madres. Ya clamaba contra estas representaciones el mercedario Fray Juan de Ayala en su delicioso (aunque demasiado estricto) "El Pintor Christiano y Erudito o Tratado de los Errores que suelen cometerse frecuentemente en pintar y esculpir las Imágenes Sagradas", una especie de norma para los artistas, de acuerdo a espiritualidad, la moral y la visión teológica tradicional de la Iglesia. 

Dolorosa. Mirskofen, Alemania.
Siglo XVIII
Esta obra, en dos tomos y ocho libros va desgranando algunos santos del santoral y, claro, los momentos principales de la vida de María. Os dejo un resumen del texto sobre como ha de verse la Virgen al pie de la Cruz. No tiene desperdicio por el lenguaje usado y porque se puede comprender lo que vemos hoy en la iconografía comúnmente presentado. Os dejo con él:
"Mas extrañeza causaría el ver la Imagen de la Virgen Santísima, que estaba en pie junto a la Cruz de Jesu-Christo su Hijo, como nos lo dice el Evangelio de S. Juan; si de antemano hombres gravísimos, y doctísimos con mucho peso de razon, y autoridades de los Santos Padres, no hubieran destruido la vana opinion de algunos, que pintaban a la Sacratísíma Virgen (como yo he observado mas de una vez en pinturas antiguas) no estando en pie junto á la Cruz, como convenía, sino postrada en el suelo, padeciendo delíquios y desmayos, y casi sin sentidos: midiendo el hecho por su antojo, y segun su propia debilidad, y flaqueza; no por el valor y constancia de tan gran Virgen. Confieso que ya rara vez vemos esto en las imágenes y pinturas de Cristo crucificado: pero lo que acaso es peor, se oyen algunas veces Predicadores, los quales teniendo celo, pero un celo, que como dice el Apostol, no es arreglado a la ciencia, predican ígnorantemente al pueblo estas u otras cosas semejantes: sin embargo de que todo lo dicho, por no decir otra cosa peor, son boberías y hablillas de viejas que antiguamente habían cundido tanto (...)
Ya mucho antes habían reprehendido este modo de pensar o de errar los Santos Padres. San Ambrosio dice: 'Pero María, portándose con no menor fortaleza que la que correspondía a la Madre de Jesucristo, por mas que huyeron los Apóstoles, ella estaba en pie ante la Cruz, mirando con piadosos ojos las llagas de su Hijo'. (...) No puedo menos de poner aquí las palabras de un erudito escritor [Mateo Callen], que dice así: '¿Quién podrá sufrir la, casi diría, impiedad de los pintores o de algunos hombres mal intencionados, que nos representan haberse arrancado la Virgen los cabellos, afeado el semblante, golpeado el pecbo, haber caído en tierra, y padecido deliquio; de suerte que faltándole solo el expirar nos la pintan sostenida en brazos ajenos, como otra qualquiera madre del vulgo?' (...)
Hase, pues, de pintar a la Virgen Santísima, triste sí, pero con mucha modestia, y estando constantemente en pie junto a la Cruz, como con expresas palabras lo dice el Evangelio: mas, sobre si derramó, o no , algunas lágrimas, es cosa que se puede dudar, en especial por negarlo abiertamente un Autor gravísimo, como es San Ambrosio, con aquellas palabras tan sabidas: "Stantem lego, flentem non lego" ('De pie' leo; 'llorar' no leo). A mí me parece que no hay inconveniente en afirmar, ni tampoco en pintar a la Santísima Virgen saltándole piadosas lágrimas de sus ojos. (...) Por lo que respeta a San Ambrosio, se puede responder que este tan gran Santo no aprobó el que se dijera de la Virgen ejemplar, y modelo de valor, de constancia, y de modestia , que rompió en desmedidos lloros, y aullidos mujeriles; pero que no le negó el que derramase quietas y piadosas lágrimas. 

Algunos han tratado sobre el lugar donde debía colocarse á la Virgen en la tabla o pintura de Cristo crucificado; ni faltaron quienes han dicho que se le debía poner á la izquierda del Señor: yo juzgo lo contrario, siguiendo la costumbre común y recibida de pintarla a la derecha, en medio de Cristo y del Ladrón convertido: a que se agrega una razón y pía conjetura; a saber, porque era justo que entre Jesús, y el pecador convertido, y ya hecho justo, estuviera de por medio la Inmaculada Virgen y mediadora entre los hombres".


A 15 de septiembre además se celebra a
Santo Domingo "in Soriano".
San Rolando de Parma, ermitaño.
Beato Camilo Constanzo, jesuita, y compañeros mártires.

sábado, 30 de junio de 2012

La Preciosísima Sangre


Los Santos beben
de la Sangre de Cristo
En el Calendario Litúrgico anterior a la reforma conciliar, el 1 de julio se celebraba la Festividad de la Preciosísima Sangre de Cristo.

Es interesante ver cómo mientras la sangre es algo que repugna, prácticamente la totalidad de las religiones primitivas hacían uso del derramamiento de sangre como símbolo expiatorio. Ya fuera sangre de animales o de personas, este caudal de vida era un “aplacador de deidades”. Aún en las religiones de origen africano se sacrifican animales para atraer el bien o alejar el mal. El judaísmo no fue ajeno a estas prácticas, aunque, en una evolución de la conciencia religiosa, comprendió que la vida humana era demasiado importante como para derramar su sangre (haciendo la vista gorda en el caso de las guerras, tanto como los cristianos), por lo que comienza a utilizar animales, y haciendo gratos estos sacrificios a Dios, a la par que sacraliza la sangre humana en sentido negativo (tocarla es incurrir en una gran impureza). Pero esto es el judaísmo primitivo, según evoluciona, y se acerca en el tiempo, los profetas anunciarán el cambio de los sacrificios por la misericordia; de la sangre de los corderos, por la Definitiva Sangre del Definitivo Cordero.

La consideración y devoción católica por la sangre de Cristo nace en las mismas palabras bíblicas “por su Sangre nos ha redimido”. Como dije, en el contexto judío, el derramamiento de sangre era algo de mal signo, y quien moría de muerte violenta y desangrado, al ser enterrado, los deudos que habían tocado el cadáver debían purificarse. Y he aquí que el cristianismo rompe drásticamente con esto, aún en el ambiente judío: la sangre ya no es signo y sustento de la vida, sino que hay una vida superior, un alma, comprada a precio de Sangre, de la única Sangre Justa, que clama al cielo más aún que la de Abel. Y una sangre que, ¡escándalo!, se bebe y degusta como prenda salvífica. No en balde, la inspiración bíblica de la Sangre Salvadora nos viene del Profeta Isaías:
"¿Quién es ése que viene de Edom, de Bosrá, con ropaje teñido de rojo? ¿Ese del vestido esplendoroso, y de andar tan esforzado? - Soy yo que hablo con justicia, un gran libertador. - Y ¿por qué está de rojo tu vestido, y tu ropaje como el de un lagarero? - El lagar he pisado yo solo; de mi pueblo no hubo nadie conmigo. Los pisé con ira, los pateé con furia, y salpicó su sangre mis vestidos, y toda mi vestimenta he manchado." (Isaías 63, 1-3)

Cristo, Fons Salutis.
El arte ha sido generoso con la Sangre de Cristo: El barroco se explayó en crucifijos ensangrentados, imágenes de la flagelación que dejan ver hasta los tendones. Bellísimos lienzos de Cristo, Varón de Dolores, en que el Señor aparece en un lagar y pisando uvas, que destilan su propia sangre, de la que, cual fuente de salud, beben las almas. A la vista y la sensibilidad modernas todo esto parece a los hombres de hoy un baño de sangre y morbo innecesarios, pero no es la vista de la sangre y el dolor lo que les horroriza (el mundo se deleita en películas o escenas más sangrientas aún), sino que es la vista de ESA sangre y ESE dolor, los que los interpela. Es ese fue por ti lo que aún hoy escuece.

El siglo XIX, tiempo de gran expansión de la devoción, centró la iconografía en torno al cáliz, recordando el Sacrificio Redentor y su renovación en la misa de cada día. Se populariza la imagen de Jesús portando un cáliz, o la conocida Nuestra Señora de la Preciosa Sangre (sábado anterior al 1 de julio), en la que el Niño ofrece el cáliz con su sangre. Es la invitación a participar del misterio redentor, en suma, a “beber su cáliz”.

La contemplación de la sangre de Cristo alentó a santos, teólogos, poetas y místicos en su comprensión del misterio de la Redención. Algún ejemplo: la contemplación de un Cristo “muy llagado, que bien mostraba lo que por nosotros padeció”, convierte a Santa Teresa, sacándola de su vida triste y gris:
"¿Por qué hemos de querer tantos bienes y deleites y gloria para sin fin, todos a costa del buen Jesús? ¿No lloraremos siquiera con las hijas de Jerusalén, ya que no le ayudemos a llevar la cruz con el Cirineo? ¿Que con placeres y pasatiempos hemos de gozar lo que El nos ganó a costa de tanta sangre? -Es imposible. ¿Y con honras vanas pensamos remedar un desprecio como El sufrió para que nosotros reinemos para siempre?-No lleva camino, errado, errado va el camino. Nunca llegaremos allá." (Vida 27, 13)
San Juan de la Cruz (14 de diciembre) entrando un día al monasterio de las carmelitas de Segovia vio un lienzo representando a Cristo, Varón de Dolores, según Isaías: Racimo divino, que se desangra en el lagar, bajo el pero de la Cruz, con aspecto de lagar. contemplándolo, se echa a llorar, e inspiradísimo, compone unas coplillas devotas. (Vida de San Juan de la Cruz. P. Crisógono de Jesús)

"¡Sangre y fuego, inestimable amor!", escribió Santa Catalina de Siena (1, Impresión de las llagas, y 29 de abril). Y San Buenaventura: "La flor preciosa del cielo, al llegar la plenitud de los tiempos, se abrió del todo y en todo el cuerpo, bañada por rayos de un amor ardentísimo. La llamarada roja del amor refulgió en el rojo vivo de la Sangre".

Las Almas se sumergen
en la Sangre de Cristo
Es por ello que, en la liturgia de la Iglesia, la referencia a la Sangre Redentora es constante, incluso junto a los acaramelamientos navideños, en que un recordatorio de la sangre de Cristo parece (solo parece) fuera de lugar, la Iglesia canta: “Nosotros los redimidos por tu sangre, en el día de tu nacimiento te cantamos un himno nuevo”. Así también, el Viernes Santo, día en que la Sangre redentora cobra especial vigencia, la liturgia de la Adoración de la Cruz clama: “Traspasado el cuerpo manso, de donde brotó la sangre que lavaron la tierra, el mar y los astros”.

Es por eso, y por mucho más que no cabría explicar en un artículo, que se comprende la necesidad de la festividad de la Sangre de Cristo. Esta festividad litúrgica fue instituida en 1849 por Pío IX, y confiada a los Misioneros de la Preciosa Sangre, congregación misionera fundada a principios del siglo XIX por San Gaspar de Buffalo (28 de diciembre), gran devoto de la Preciosa Sangre. Benedicto XIV mandó componer la misa y el oficio propios definitivos. Pío XI la elevó a Solemnidad y la extendió a toda la Iglesia en 1933, con motivo del  jubileo por el XIX centenario de la Redención.

La Sangre de Cristo,
remedio de todos los males.
El 30 de junio de 1959 Juan XXIII publicó la carta apostólica “Inde a primis” donde recalcaba la importancia de dicha festividad, insertada en el marco litúrgico de las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y la fiesta del Corpus Christi (1). Pero, finalmente, la reforma del Vaticano II la suprimió (2), entendiendo que ya en el Corpus estaban intrínsecamente expuestos la adoración, importancia y significado de la Sangre de Cristo. Sí, pero no, la experiencia demuestra que ni en la piedad, las representaciones, ni en las homilías queda clara la importancia de la Sangre Redentora de Cristo. 

Y termino con una frase de la anterior citada Carta Encíclica:
"Así, pues, al acercarse la fiesta y el mes
consagrado al culto de la Sangre de Cristo, precio de nuestro rescate, prenda de salvación y de vida eterna, que los fieles la hagan objeto de sus más devotas meditaciones y más frecuentes comuniones sacramentales. Que reflexionen, iluminados por las saludables enseñanzas que dimanan de los Libros Sagrados y de la doctrina de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia en el valor sobreabundante, infinito, de esta Sangre verdaderamente preciosísima, cuius una stilla salvum facere totum mundum quit ab omni scelere (de la cual una sola gota puede salvar al mundo de todo pecado)".
 (1) También ordenó que a las alabanzas al Santísimo, en el momento de la Reserva se añadiera la exclamación “Bendita sea su Preciosísima Sangre”, para que así como se alababa su Cuerpo y su Corazón, se alabase su Sangre.
(2) Los Misioneros de la Preciosa Sangre y las Adoratrices de la Preciosísima Sangre la celebran aún a 1 de julio. Y también, como me anotan en los comentarios, la Archidiócesis de Valencia, España, y los Pasionistas.




A 1 de julio además se celebra a
San Cybar, abad.
San Lunaire de Bretaña, abad.
San Simeón el Salo, loco por Cristo.


MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...