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viernes, 18 de junio de 2021

Del crimen más terrible del santoral.

Santa María Dolorosa de Brabante, “la Miserable”, virgen y mártir. 18 de junio. 

Fue María una piadosa joven que vivía en Woluwe-Saint-Lambert, un pueblo cerca de Bruselas, a finales del siglo XIII. Su devoción y profunda vida espiritual la llevaron a ser eremita junto a la iglesia de Stockel, dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, por la cual María tomaría el apellido religioso de “Dolorosa”. Vivía en oración, trabajo, pedía limosna para ella y para los pobres, y daba consejos espirituales o de cualquier índole a los lugareños. Y esto a pesar de ser muy joven se le daba bien. Era muy querida y tenida por santa por los habitantes de la región. 

En 1290 se encaprichó de ella un joven, que comenzó a acosarla, llevado de sus bajas pasiones. La seguía, le hacía ofrecimientos de riquezas, la amenazaba, le hacía proposiciones indecentes... y nada hacía doblegar a la pobre ermitaña. Entonces, cegado de ira por no ser aceptado, tomó una valiosa copa de plata que le pertenecía y la escondió en la bolsa de las limosnas de la muchacha. Acto seguido, fue al magistrado de la ciudad y la acusó de haberle robado la copa. Además, la acusó de haberle recitado un hechizo para que no pudiera dejar de pensar en ella de día o de noche. 

María pidió a sus padres la defendieran, pero estos eran solo pobres campesinos y nada pudieron hacer. Fue arrestada y llevada ante el juez, y al ser preguntada por la copa hallada en su bolsa, respondió que no la había puesto ella, ni sabía cómo había llegado ahí. El juez, quien sabe si sobornado por el joven malvado, no le creyó y la condenó a muerte por robo y hechicería. Además, de un modo tremendamente cruel, como veremos.  

Antes de su muerte, tuvo María permiso para visitar la iglesia en la que había vivido, y allí rezó por su alma y por sus perseguidores. Acto seguido la sacaron fuera del poblado, cavaron una fosa en su presencia, la arrojaron viva allí, y acto seguido el verdugo clavó una estaca en su pecho al tiempo que decía tristemente "¡Reza por mí, María!". Luego, estando aún viva, cubrió la fosa con tierra. Os podéis maginar el dolor de los padres, allí presentes, y la agonía de la inocente joven. Ciertamente parece demasiada pena para tales delitos, más aún sin prueba alguna. Este tormento ciertamente se empleó al menos hasta el siglo XVIII, pero para criminales confesos, y no en toda Europa. Por su parte, la estaca remite al temor de que el fallecido volviera a la vida para atormentar a los vivos. En ciertas partes de Europa se realizaba aún en el siglo XIX. Pero esta acción siempre estaba relacionada con brujería o vampirismo, no se le hacía a simples ladrones como, según sus enemigos, habría sido la santa. Creo que la historia que nos ha llegado le faltan detalles que expliquen (no que justifiquen) esta horrenda muerte.

En cuanto al malvado joven, al pasar unos cuantos años y vivir atormentado por la culpa, confesó que lo había inventado todo, quedando limpia la memoria de la inocente María. Ella fue sacada de su fosa y trasladada a su iglesia parroquial. Este crimen le valió ser tenida como una santa mártir y ser venerada por toda la comarca y más allá. En 1363 se construyó una iglesia en su memoria, aún existente, llamada “de Santa María la Miserable”. El papa Urbano V concedió numerosas indulgencias a quienes veneraran sus reliquias, lo cual habla de una aceptación del culto popular tributado desde antiguo. 

Fuente:
-Vidas de los Santos. Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 18 de junio además se celebra a:






 


 

martes, 18 de septiembre de 2018

Por los Dolores de María, los niños y el martirio.

Beato Ambrosio María de Torrent, presbítero Terciario Capuchino de la Virgen de los Dolores y compañeros mártires. 18 de septiembre.


Beato Ambrosio María.
El Beato Ambrosio María, quien encabeza esta lista nació en Torrent, Valencia, el 16 de abril de 1866, y fue bautizado como Salvador Chuliá. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de Valencia, pero apenas recibió el diaconado, tomó el hábito de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores. Esta Congregación fue fundada por el obispo Venerable Luis Amigó y Ferrer, para dedicarse a la educación de niños y jóvenes, y a la reeducación de los menores con problemas sociales y peligro de exclusión. Comúnmente se les llama "amigonianos".

Fue ordenado presbítero el 4 de abril de 1892 y profesó solemnemente el 5 de julio de 1898. Fue un presbítero culto, gran confesor y director espiritual de religiosos y alumnos. Devoto de la Eucaristía, humilde, paciente y muy obediente, fueron las características recordadas por quienes le conocieron.

Iniciado en España el Alzamiento en julio de 1936, toda la zona Valenciana quedó bajo el control de los comunistas, quienes se dedicaron a una pensada masacre del clero y los católicos. Los religiosos Terciarios fueron desalojados de su convento-colegio el 20 de julio del mismo año. Ambrosio fue apresado el 21 de agosto y conducido a la prisión "La Torre", de su natal Torrent. Allí, junto a 9 terciarios capuchinos más, llevó vida de religioso. Oraban, cantaban y se predicaban y alentaban unos a otros. Los días 15 y 17 de septiembre especialmente animosos cantaron el Oficio Divino, pues eran los días de su Madre Dolorosa y la Estigmatización del Padre San Francisco. El 18 de septiembre Ambrosio fue sacado de la cárcel y llevado a "La Mantellina", donde fue asesinado por los comunistas, junto a otros sacerdotes y religiosos. Sus reliquias se veneran en la Capilla de los Mártires, en la iglesia conventual de Santa María de Monte Sión, Torrent.

El Beato Modesto María, nació como Vicente Gay, el 19 de enero de 1885. Desde niño fue terciario franciscano como sus padres. Con los Terciarios Capuchinos estudia y con ellos toma le hábito el 6 de enero de 1903, emitiendo los votos perpetuos en 1911. Siempre quiso ser sacerdote, pero los superiores prefirieron fuera Hermano Coadjutor, dedicado a la formación laboral de los jóvenes extraviados y reeducados. En 1916 fue destinado a Torrent, donde fue educador y ecónomo de la casa religiosa. Fue hombre recto, escrupuloso en su trabajo, sencillo y humilde. Estallada la guerra, los comunistas le apresaron el 8 de septiembre de 1936, de donde fue sacado el 18 del mismo mes para ser asesinado. Sus reliquias también se veneran en Santa María de Monte Sión, Torrent.

El Beato Valentín María fue bautizado como Vicente Jaunzarás Gómez, habiendo nacido en Torrent, el 6 de marzo de 1896. También fue educado Terciarios Capuchinos, tomando su hábito el 15 de octubre de 1911 y profesando perpetuamente en 1920. Fue un excelente educador, verdadero padre de los muchachos necesitados de un buen ejemplo que seguir. Era recto, pero comprensivo, alegre, optmista y muy piadoso. Su gran voz fue oída en medio pueblo cuando cantaba durante su reclusión, desde el 28 de agosto de 1936 hasta el 18 de septiembre, cuando con los demás fue sacado de la prisión y asesinado a causa de su fe católica y condición de sacerdote.


Beato Francisco María
El Beato Francisco María se llamó Justo Lerma Martínez, y nació en Torrent el 12 de noviembre de 1886, siendo hijo de terciarios franciscanos. Vistió el hábito "amigoniano" el 14 de abril de 1905, y en 1907 profesó sus primeros votos. Fue destinado a Yuste, Cáceres, donde se desempeñó como religioso coadjutor. En 1912 fue trasladado al Colegio Fundación Caldeiro, Madrid, donde vivió 25 años como profesor, siéndolo además, notable. Además, era parco, serio y muy esforzado en la educación. Cuando arreció la persecución religiosa en 1936, los religiosos y los alumnos fueron expulsados de su Colegio, que fue transformado en Checa, o sea, en un sitio de terror, torturas y crímenes de los socialistas y comunistas. Fray Francisco María se fue a su casa natal, junto a sus padres, donde fue detenido por orden del Comité, a finales de agosto. El 18 de septiembre sería asesinado con sus hermanos de hábito y otros presbíteros.

Beato Recaredo María, religioso profeso de los Terciarios Capuchinos, nació en Torrent el 22 de agosto de 1874, siendo nombrado José María López Mora. Ingresó con los religiosos el 21 de junio de 1889, profesando el 8 de diciembre de 1896 en la Escuela de Reforma de Santa Rita, en Madrid, donde había sido trasladado. Nunca quiso ser sacerdote, sino religioso entregado a la educación. Fue muy caritativo y paciente con los jóvenes peligrosos que educaba. Era piadoso, observante e incansable en su labor educativa. Luego de años en Madrid, le destinaron a su pueblo natal, convento y colegio de Ntra. Sra. de Monte Sión, donde se empeñó en la fundación de las escuelas nocturnas para los jóvenes trabajadores. También organizó el catecismo parroquial.
Luego del Alzamiento fue expulsado del convento de Torrent, como todos los religiosos. El Hermano Recaredo quedó en casa de una sobrina hasta el 4 de agosto, cuando fue recluido con sus hermanos. Al amanecer del 18 de septiembre, juntamente con el P. Ambrosio y el P. Valentín, Fr. Modesto y Fr. Francisco, fue asesinado vilmente por "odium fidei".

Estos cinco atletas de la fe fueron beatificados por San Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.

Fuente:
"Héroes de Ayer y Siempre".

A 18 de septiembre se celebra además a:


San José de Cupertino,
franciscano conventual.
San Ferreol de
Vienne, m
ártir.
San Lantpert de
Friesing, obispo
.




viernes, 22 de marzo de 2013

El Viernes de Dolor en México

Altar de Dolores.
Nótese el dosel de papel picado
La devoción a Nuestra Señora de los Dolores se difundió especialmente a las visiones de Santa Brígida de Suecia (23 de julio y 7 de octubre) y posteriormente gracias a la Orden de los Siervos de María fundados en el siglo XIII, pero no es hasta 1413 que el Sínodo de Obispos reunidos en Colonia, Alemania, deciden dedicar el sexto viernes de cuaresma a recordar los dolores de la Virgen María. Durante el siglo XVII la Compañía de Jesús y en especial el padre José Vidal promueven la devoción a los Dolores de la Virgen María. Hacia 1960 con S.S. Pablo VI se suprime esta fiesta del sexto viernes de cuaresma y se traslada la conmemoración de la Virgen Dolorosa para el 15 de septiembre, fecha cercana a la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), a pesar de este traslado se permite en los lugares que la conmemoración del Viernes de Dolores sigue teniendo mucha devoción se realice una única misa con la liturgia de la Virgen de los Dolores del 15 de septiembre.

Los siete dolores de la Virgen que tradicionalmente se recuerdan se relacionan con episodios de la vida de Cristo y son:


1.- La profecía de Simeón en el Templo
2.-La huída a Egipto
3.-El niño Jesús perdido y hallado en el templo
4.-El encuentro de María y Jesús en el camino del Calvario
5.-María al pie de la Cruz de Cristo en el Calvario
6.-María recibe a Cristo muerto en su regazo
7.- La sepultura de Cristo.


Es común ver que iconográficamente a la Virgen de los Dolores se le represente con uno o con siete puñales o espadas atravesando su pecho en recuerdo de estos siete dolores.


Durante la época colonial mexicana se popularizó la costumbre de poner en los templos y posteriormente en las casas un altar dedicado a la Virgen de los Dolores; para el siglo XIX nos narra García Cubas que el Viernes de Dolor era un gran acontecimiento que comenzaba en las primeras horas del día con el toque de diana a lo que la gente se levantaba para ir a diversos mercados a comprar las flores que utilizarían en la elaboración y adorno del altar a la Virgen las festividades de la Dolorosa se difundieron especialmente en esta época por considerarla patrona del hogar, abogada de las aflicciones domésticas y defensora de la honra familiar.

La festividad del Viernes de Dolor se comienza a preparar mucho antes de que inicie la cuaresma, pues el día 2 de febrero, festividad de la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen se llevan a bendecir al templo junto con las imágenes del Niño Jesús diversas semillas recordando la profecía de Simeón en el Templo a María, las cuales se pondrán en macetas o recipientes de barro con diversas formas en especial de pino con hendiduras que servirán de adorno en el altar y se cuidaran durante el tiempo que dura la cuaresma hasta el Viernes de Dolor a que retoñen las semillas, algunas serán guardadas en la oscuridad para que las plantas por la ausencia del sol se tornen de un color amarillo y al ser expuestas en el altar y reciban los rayos del sol poco a poco tomen su color verde haciendo alusión a la resurrección de Cristo, los recipientes como ya mencione eran en forma de pino para que al retoñar las semillas tomaran una forma de un ciprés que es un símbolo de la Virgen María.


Altar de Dolores.
Iglesia del Carmen.
Con algunos días de anticipo también se comienzan a preparar diversas aguas de sabores con colores muy distintivos también preparados algunos con semillas como la chía o con flor de Jamaica, también de horchata, el agua de limón. Estas aguas se pondrán en el altar recordando las lágrimas de la Virgen y se endulzan porque, aun siendo lágrimas de dolor, son dulces por venir de la Virgen María. Se ponen en siete vasos recordando sus siete dolores y los diversos colores evocan varios significados de este modo: 
El rojo, recuerda la sangre de Cristo; el purpura, la cuaresma y la penitencia; la blanca horchata, la pureza de la Virgen; el agua de tamarindo de color café, recordaba el vinagre que le dieron a beber a Cristo en la cruz. También había otros colores que se lograban con algunas reacciones químicas, como el azul que recuerda a la Inmaculada Concepción de María; o el verde, que recuerda la esperanza. Estas aguas preparadas también se ofrecerán a los invitados que visiten el altar de la Virgen en este día. Al llegar un visitante este debe preguntar “¿Ya lloró la Virgen?” para que le den un vaso de agua y al momento de entregárselo el anfitrión debe decirle “Aquí lloró la Virgen”.

Para montar el altar se utilizan mesas y cajones, pues tradicionalmente se debe elaborar en tres niveles recordando las tres caídas de Cristo en el Vía Crucis, aunque esto puede variar dependiendo la región o la posibilidad de la familia pueden ser menos escalones o más: en algunos lugares los ponen de siete niveles recordando los dolores de María. Se pone una cortina blanca, o de algún otro color en referencia con la cuaresma, el luto, la sangre de Cristo, o la pureza de María. 


En el nivel más alto del altar se pone el cuadro o la imagen de la Virgen de los Dolores y sobre ella un crucifijo. 

En los diversos niveles del altar se ponen siete naranjas agrias recordando el dolor de la Virgen por la muerte de Cristo y en estas naranjas se ponen banderitas en oro o plata que simbolizan al sol y la luna: Cristo y María respectivamente. 

En algunos lugares se acostumbra que sean 14 banderas haciendo alusión a las estaciones del Vía Crucis.

También se suele poner algunas otras frutas como recuerdo de los frutos de la redención. 

Como ya se mencionó se ponen semillas y los sembrados que se han cuidado durante todo este tiempo, y esto es en relación a cierta costumbre prehispánica hacia la fertilidad de la tierra de ofrecer los frutos de estas a sus antiguos dioses queriendo con esto pedirle buenas cosechas a Dios por intercesión de María. 

Se ponen semillas o espigas de trigo recordando a la Eucaristía y doce velas o cirios al pie del altar o dispersos en el altar recordando a los doce apóstoles. 

Se ponen lámparas de aceite que se encienden recordando que Cristo es la luz. Estas lámparas se suelen poner detrás de las aguas de colores para que al encenderse creen un bello efecto de luz de colores. Esta iluminación le ganó a los altares de dolores ser conocidos en el siglo XIX como “incendios” por la luminosidad que despedían. 


En algunos hogares se acostumbraba exhibir en el altar toda la vajilla o cubiertos de plata como símbolo de que María es tan pura como la plata fina, y en las familias de escasos recursos y que no tenían objetos de plata se comenzó a acostumbrar poner, simbolizando lo mismo, esferas de azogue de enorme tamaño en diversos colores sobre jarrones muy similares a la esferas que se cuelgan en el árbol navideño.

En la parte de abajo del altar se acostumbra hacer un tapeque con semillas y serrín pintado, por lo general con el monograma de la Virgen, o con el corazón traspasado con los siete puñales, o algún dibujo en alusión a la pasión.
Se acostumbra poner diversas flores como las rosas, por ser María la rosa mística; las azucenas o flores blancas por la pureza de la Virgen; flores rojas que recuerdan la sangre de Cristo; flores moradas que recuerdan la cuaresma y el luto de la Virgen. 

En algunos lugares también se pone un espejo, símbolo de María, Espejo de Justicia. Del mismo modo se ponen otros elementos de acuerdo a la imaginación recordando los símbolos de la pasión, de la redención o de la Virgen María, como manzanas, o las figuras de Adán y Eva por el pecado original y por la redención que vino por María; la Santa Faz recordando el calvario; la lanza, etc. 

Es común ver adornados los altares con papel picado en diversas formas, en especial simbolizando los Dolores de María, y por lo general el papel es de color blanco, morado o negro por el luto de la Virgen. 

Por las tardes durante el siglo XIX era común tener invitados con los cuales hacer el rezo del rosario y posteriormente las familias de más dinero realizaban una misa en sus casas a la cual asistían hombres y mujeres de riguroso negro y se entonaban cantos dedicados a la dolorosa, las familias de menos recursos acostumbraban ir a los diversos templos donde se montaba el altar a escuchar la misa del día dedicada a la Virgen de los Dolores, también se acostumbraban devociones como el rezo de la coronilla de los siete dolores o la meditación de estos.

"Tendida" de un Cristo.
En algunos estados del país se acostumbra después del Viernes de Dolor no se quita el altar y se realiza otra curiosa tradición conocida como “la tendida o acostada de los Cristos” la cual consiste que en una mesa en la que se uso para el altar de dolor muchas veces, sobre flores y otras hierbas se recuesta un crucifijo recordando el Santo Entierro y simulando una especie de velorio a Cristo muerto esperando su resurrección con esto se repite la tradición de la gente que pasa a venerar la imagen del Cristo muerto como antes lo hicieran con la Virgen Dolorosa.

Tanto los elementos del altar, como el significado de los mismos pueden variar, esta tradición del altar de dolor actualmente en México se celebra únicamente en el centro del país y en algunos estados del norte y desgraciadamente cada vez son menos los hogares y templos que los instalan, esta disminución en la tradición puede deberse en primer lugar a la supresión hecha de la memoria del Viernes de Dolor para darle más énfasis a la del 15 de septiembre lo que propició que en muchos templos esta tradición quedara en el olvido y que ya no se hable en absoluto de ella, así como el aumento de religiones protestantes y la misma antipatía de los creyentes, sumado a que además la devoción a la Virgen Dolorosa siempre tuvo más devotos en estas regiones del país donde existen diversos templos y santuarios dedicados a ella, a diferencia del sureste mexicano donde es una advocación poco venerada.

Por: Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Historia del culto de los Dolores de María

Dolorosa. Munich, Alemania.
Siglo XVIII
 15 de septiembre, y celebramos una de las advocaciones más populares de la Madre de Dios, La Dolorosa. Voy a prescindir de todo el aspecto devocional y teológico de la devoción a los Dolores de María, ya muchos han hablado del tema y esa no es la finalidad de este blog. Así tampoco numeraré cuales son los Siete Dolores, que ya otros lo hacen y mejor que yo. Me centraré en el culto y las expresiones de este.

Aunque desde por lo menos la Edad Media las representaciones marianas al pie de la Cruz (y por tanto, el dolor de María) son constantes, pero nunca se separa de este contexto. O sea, no existe una devoción ni fiesta específicamente a los Dolores de María por separado hasta el siglo XV, y eso de manera local (por ejemplo, Colonia y Erfurt). Algunos libros y Doctores tocan el tema en los siglos XII y XIII. El primer decreto oficial sobre el tema lo emite la Iglesia en 1668, permitiendo a los Servitas la misa votiva de los “Dolores de María”, por petición de los mismos Servitas (estos llevaban meditando y propagando esta devoción desde el siglo XIII), pero sin decretar día fijo. En 1692, Inocencio XII instituyó la fiesta por primera vez: se celebraría el tercer domingo de septiembre. En 1714 se aprueba una conmemoración de los dolores de María el viernes anterior al Domingo de Ramos, popularmente llamado el “Viernes de Dolores”. Aunque fue abolida con la reforma litúrgica post-conciliar, en muchas iglesias o cofradías mantienen esta memoria, como preámbulo a la Semana Santa.



No es hasta 1814 en que Pío VII incluye la memoria en el calendario oficial de la Iglesia, extendiéndola a toda ella con un éxito tremendo, pues basta ver cuantos altares, cofradías, congregaciones religiosas hay bajo el título de la Dolorosa. Ciudades, pueblos y parroquias la toman como patrona. En parte tuvo tanto éxito por la espiritualidad un tanto “ñoña” del siglo XIX, en que nacieron y se multiplicaron devociones, novenas, triduos, advocaciones marianas… en esta época la devoción estaba enfilada en la compasión a la Madre, en las lágrimas y dolores, llegando a considerarse los dolores físicos. Por eso San Pío X (21 de agosto) reformó la fiesta, fijando la fecha el 15 de septiembre, y obviando lo de los “siete dolores”, comenzando a hacer énfasis en la Maternidad espiritual adquirida por María al pie de la Cruz, así como la tan discutida corredención mariana.


Y modernamente hay que mencionar el “Vía Matris”, que traza los sufrimientos de María, paralelos a la Pasión de Cristo. La Orden de los Servitas y la Congregación Pasionista tienen a la Dolorosa como Madre y Patrona de sus institutos.
 

Iconografía de la Dolorosa.
Probablemente sea la advocación o momento de la vida de María más representado, junto a la Natividad de Cristo. Esculturas, grabados, pinturas, miniaturas... en cualquier apartado de las Bellas Artes encontramos la imagen de la Madre de Dios. Si bien, como apuntaba antes, en origen siempre unida a Cristo, es muy frecuente hallar lienzos e imágenes de bulto que reciben culto fuera del contexto del Calvario. Esta difusión ha hecho que los cánones para representar los dolores de María sean escasos, pues encontramos a la Dolorosa de muchísimas maneras. Si bien, hay puntos que nunca debemos olvidar, para una correcta representación: Por ejemplo, Las Dolorosas miran hacia arriba, el rostro es tenso y llevan, si acaso un pañuelo en las manos (no tienen sentido las espinas ni nada más). En el pecho llevará un puñal, uno solo (el Dolor por excelencia, la espada de la muerte del Hijo). 


Otras representaciones (aunque sean llamadas "la Dolorosa" o Nuestra Señora de los Dolores"), que expresan más calma, son sentadas o miran hacia abajo, sostienen espinas o clavos, aluden más a la Soledad de María, donde el dolor es meditado, es sereno y esperanzado. Generalmente aparecen con la cruz vacía, sea al lado, o al fondo, en caso de la pintura. Aparece el corazón con los siete puñales, culmen de todos los dolores de María, y no suelen faltar los instrumentos de la Pasión, contemplados por la Madre. En la pintura puede aparecer acompañada de Juan, la Magdalena, o las mujeres, aunque se prefiere sola. No suele derraar lágrimas. Lo dicho, el dolor es sereno y callado.

No hubo en las épocas románica o gótica un color preciso para María Dolorosa, sino que igualmente vestía de los colores típicos, rojo, azul, verde. Desde el XVI comienza a utilizarse el negro riguroso, copiando el modelo social del luto, y en la imaginería vestida se imita la forma de vestir de las mujeres del momento. Os recomiendo el libro "La Virgen de Luto", completísimo estudio sobre el tema. Hoy en día, a la par que el concepto social del luto desaparece, resurge el morado, en consonancia con Jesús Nazareno o la Cuaresma, apuntan maneras el blanco, azul y el rojo, aunque el negro sigue siendo el color predominante y casi irremplazable.

No faltan en la Dolorosa ciertos patetismos, propios del barroco y que tímidamente retomó el siglo XIX, en el que aparece la Madre a veces tumbada por los suelos, o desmayada entre las mujeres, en un arrebato de dolor, tal vez muy humano y que mueve a compasión, pero que en realidad contraviene a los escritos de los clásicos, que siempre han visto a la Madre de pie, con todo lo que esta expresión comporta. Es decir, traspasada de dolor, pero firme y fiel. Como suelen ser las madres. Ya clamaba contra estas representaciones el mercedario Fray Juan de Ayala en su delicioso (aunque demasiado estricto) "El Pintor Christiano y Erudito o Tratado de los Errores que suelen cometerse frecuentemente en pintar y esculpir las Imágenes Sagradas", una especie de norma para los artistas, de acuerdo a espiritualidad, la moral y la visión teológica tradicional de la Iglesia. 

Dolorosa. Mirskofen, Alemania.
Siglo XVIII
Esta obra, en dos tomos y ocho libros va desgranando algunos santos del santoral y, claro, los momentos principales de la vida de María. Os dejo un resumen del texto sobre como ha de verse la Virgen al pie de la Cruz. No tiene desperdicio por el lenguaje usado y porque se puede comprender lo que vemos hoy en la iconografía comúnmente presentado. Os dejo con él:
"Mas extrañeza causaría el ver la Imagen de la Virgen Santísima, que estaba en pie junto a la Cruz de Jesu-Christo su Hijo, como nos lo dice el Evangelio de S. Juan; si de antemano hombres gravísimos, y doctísimos con mucho peso de razon, y autoridades de los Santos Padres, no hubieran destruido la vana opinion de algunos, que pintaban a la Sacratísíma Virgen (como yo he observado mas de una vez en pinturas antiguas) no estando en pie junto á la Cruz, como convenía, sino postrada en el suelo, padeciendo delíquios y desmayos, y casi sin sentidos: midiendo el hecho por su antojo, y segun su propia debilidad, y flaqueza; no por el valor y constancia de tan gran Virgen. Confieso que ya rara vez vemos esto en las imágenes y pinturas de Cristo crucificado: pero lo que acaso es peor, se oyen algunas veces Predicadores, los quales teniendo celo, pero un celo, que como dice el Apostol, no es arreglado a la ciencia, predican ígnorantemente al pueblo estas u otras cosas semejantes: sin embargo de que todo lo dicho, por no decir otra cosa peor, son boberías y hablillas de viejas que antiguamente habían cundido tanto (...)
Ya mucho antes habían reprehendido este modo de pensar o de errar los Santos Padres. San Ambrosio dice: 'Pero María, portándose con no menor fortaleza que la que correspondía a la Madre de Jesucristo, por mas que huyeron los Apóstoles, ella estaba en pie ante la Cruz, mirando con piadosos ojos las llagas de su Hijo'. (...) No puedo menos de poner aquí las palabras de un erudito escritor [Mateo Callen], que dice así: '¿Quién podrá sufrir la, casi diría, impiedad de los pintores o de algunos hombres mal intencionados, que nos representan haberse arrancado la Virgen los cabellos, afeado el semblante, golpeado el pecbo, haber caído en tierra, y padecido deliquio; de suerte que faltándole solo el expirar nos la pintan sostenida en brazos ajenos, como otra qualquiera madre del vulgo?' (...)
Hase, pues, de pintar a la Virgen Santísima, triste sí, pero con mucha modestia, y estando constantemente en pie junto a la Cruz, como con expresas palabras lo dice el Evangelio: mas, sobre si derramó, o no , algunas lágrimas, es cosa que se puede dudar, en especial por negarlo abiertamente un Autor gravísimo, como es San Ambrosio, con aquellas palabras tan sabidas: "Stantem lego, flentem non lego" ('De pie' leo; 'llorar' no leo). A mí me parece que no hay inconveniente en afirmar, ni tampoco en pintar a la Santísima Virgen saltándole piadosas lágrimas de sus ojos. (...) Por lo que respeta a San Ambrosio, se puede responder que este tan gran Santo no aprobó el que se dijera de la Virgen ejemplar, y modelo de valor, de constancia, y de modestia , que rompió en desmedidos lloros, y aullidos mujeriles; pero que no le negó el que derramase quietas y piadosas lágrimas. 

Algunos han tratado sobre el lugar donde debía colocarse á la Virgen en la tabla o pintura de Cristo crucificado; ni faltaron quienes han dicho que se le debía poner á la izquierda del Señor: yo juzgo lo contrario, siguiendo la costumbre común y recibida de pintarla a la derecha, en medio de Cristo y del Ladrón convertido: a que se agrega una razón y pía conjetura; a saber, porque era justo que entre Jesús, y el pecador convertido, y ya hecho justo, estuviera de por medio la Inmaculada Virgen y mediadora entre los hombres".


A 15 de septiembre además se celebra a
Santo Domingo "in Soriano".
San Rolando de Parma, ermitaño.
Beato Camilo Constanzo, jesuita, y compañeros mártires.

domingo, 17 de junio de 2012

La Dolorosa de Izucar, la Virgen que lloró.


Salve Reina hermosa, Salve triste Madre.
Salve Mar de pena, Fuente de piedades
(Canto popular)
El lienzo original.
En la Mixteca Poblana, México, al sur del estado se encuentra la ciudad de Izúcar de Matamoros, rica en tradiciones, costumbres y de un gran fervor religioso. La zona fue evangelizada en el siglo XVI por la Orden de Predicadores o dominicos. Entre los habitantes existe una profunda piedad mariana, manifestada en la devoción a distintas advocaciones y festividades en honor a la Madre de Cristo; entre ellas la Asunción, que es titular de la Parroquia y dos de sus barrios; del Rosario, patrona y devoción extendida por los dominicos, la Guadalupana y muchas más. Destaca la imagen milagrosa de la Dolorosa del Convento Dominico, cuya imagen es objeto de tierna veneración entre los fieles izucareños. 

La imagen.
Es una imagen al óleo que representa en un busto a la Virgen en su título de los Dolores, en una actitud devota y conmovedora. Sobre un fondo claroscuro se destaca la imagen de la Virgen, que lleva un vestido en tenue violeta y manto azul oscuro. La daga perforando el lado del corazón hace a la Virgen volver su rostro hacia el lado opuesto con una angustiosa convulsión. Tres serafines entrecruzando sus alas contemplan a María, y pareciera que participan a su modo de los Dolores de Nuestra Señora. Junto a la figura de la Virgen, aparece una peña que sobre la cual está el pensamiento de la Madre: los tres clavos tintos aún en la sangre de Cristo. Apenas una tenue ráfaga de luz que hace distinguir el bello rostro de María abatido, pero radiante. Tal parece que aquella luz viene como del cielo para alumbrar un poco las tinieblas del dolor por la soledad. La imagen es un cuadro pequeño posiblemente de finales del siglo XVIII o principios del XIX de autor anónimo, pero seguro éste emanaba gran piedad y conocimiento en el arte y distribución de los colores, sabiéndolo plasmar en esta bella imagen mariana. 

El milagro.
En la Ciudad de Izúcar de Matamoros en la última década de la paz porfiriana, vivía una existencia impregnada de hospitalidad y sencillez, en este ambiente donde aconteció el hecho verdaderamente milagroso del cual se dio testimonio los supervivientes que tuvieron la dicha de presenciarlo. En la calle que antiguamente se llamaba “de la Acequia Chiquita” vivían en unos aposentos adjuntos a la casa de Dn. Néstor Torres, una familia pobre de tejedores: Rafael Soriano, su esposa Nazaria Flores, y su hija adolecente, Ana María. En dichos aposentos, dada la pobreza de la familia que no se permitía lujos, todo era muy humilde, había un cuadro de pequeñas dimensiones, que les había obsequiado un tío de Nazaria cuando estaban en Guerrero (posiblemente Tlapa), su tierra natal. 

Reproducción del lienzo milagroso
El cuadro estaba en completo abandono sobre una mesa de rincón sin más adorno que un marco sencillo y deteriorado. Aquel óleo que representaba a María en sus Dolores, y por la inclemencia del tiempo y el descuido de sus dueños estaba un tanto ennegrecido. Pero el cielo tomó cartas en el asunto el 24 de septiembre de 1900, este cuadro de tanta inspiración debía salir del rincón en que se hallaba. Serían las ocho de la mañana, cuando la joven Ana María, se disponía a barrer el aposento donde se encontraba la pintura, mientras su madre se ocupada en otras tareas domésticas cuando repentinamente se oyó un grito de sorpresa que resonó en el humilde hogar: - “Mamá, mamá, ¡la Virgen esta llorando!”. Apresuradamente entró y preguntó su madre: -“¿donde hija mía?". Ana María respondió señalando la imagen de la Dolorosa. Un temor piadoso las embargó. Fuera de sí, salió Nazaria a dar cuenta de ello a Dn. Agustín Verdín vecino suyo y Dña. Luisa Cuevas, quien salió de inmediato acompañada de su pequeña hija de 7 años María, siendo estas las primeras en presenciar el portento después de los dueños.

Efectivamente, dice María Montaño siendo ya una persona adulta: “Yo la vi llorar y estuve ahí desde la primeras horas hasta las seis de la tarde en que me fui a comer. Durante diez minutos que la estuve contemplando, brotaban de sus ojos lágrimas de que se deslizaban lentamente, una lágrima más grueso rodó hasta la parte inferior del marco de la Virgen”. Tanto este testigo, como las demás que la vieron, aseguran -“que no se podía ver este fenómeno sin sentirse movidos a llorar". La piedad transformó en un momento aquel recinto pequeño en santuario de María, escuchándose y recitándose ante ella el santo rosario dirigido por una piadosa profesora llamada Flora Martínez. Después de terminado el rezo siguieron llegando las multitudes trayendo flores y lágrimas de emoción. Los testigos nos dicen que se realizó otra maravilla en la imagen de Nuestra Señora: "los ojos que parecían más verdaderos que dibujados, estaban enrojecidos y como escaldados por el llanto, pero lo que admiró fue que también simultáneamente sudaba la santa imagen. Bañaba su frente un tenue sudor como rocío y en forma de diadema y sobre el labio superior el mismo sudor, semejante al que brota en las personas que han llorado mucho”-Con todo esto, según los testimonios de los presentes, se desvanecía la duda sobre la realidad de las lágrimas del cuadro de la Virgen.
Las lágrimas no se secaron hasta que llegara alguna autoridad eclesiástica que debía juzgar el hecho. Ello hizo que Dn. Agustín Verdín buscara al Sr. Cura Delfino González, que por el momento no se encontraba en la población. En tanto, a nadie se le permitía tocar el venerable cuadro hasta que llegaron los Padres Vicarios Gilberto Roldán y José María López, quienes al principio atribuyeron primero a una alucinación colectiva cuando les referían el hecho de las “lacrimaciones “de la imagen. Cambií su opinión cuando, cerciorándose ellos mismos, vienron lo que pasaba. El Padre Roldán pidió algodones y con el mayor respeto limpio el rostro de la Virgen. La gente lloraba, gritaba y pedía perdón a María Santísima. Algo debía de suceder para que llorara la Madre de Jesús. Salieron los sacerdotes hondamente conmovidos. La noticia eléctricamente se había difundido. Toda la ciudad de Izúcar de Matamoros desfiló hacer guardia de honor a la Virgen Milagrosa.
Siendo las once de la mañana, el prodigio se repitió por segunda vez. La Virgen volvió a sudar y a llorar. “No era compatible que manos pecadoras tocaran el cuadro”, decían las gentes; fue la niña Carmen Ibarra quien respetuosamente enjugó por segunda vez el rostro de la Santa Imagen. Todos los testigos aseguran que el cuadro de la Virgen Dolorosa, hasta entonces ennegrecido, quedó renovado milagrosamente desde aquel día. María Montaño que junto con la joven Ana María Soriano repartían flores a cuantos se acercaban, confiesan que “era imposible describir la gran multitud, sus gemidos y el esfuerzo que hacían por entrar a ver a la Virgen. A las cuatro de la tarde aquello era una verdadera feria, el recinto estaba perfumado con flores y las plegarias que brotaban de los corazones de los fieles”.

El lienzo en su lugar habitual,
la predela del altar del Sagrado Corazón
Al caer la tarde de ese mismo día, llego el Señor Cura de la Parroquia, el Padre Delfino González y seguramente experimentaría los que sentían cuantos entraban: un santo temor y luego una honda conmoción. Lo mismo sintió uno de los que ponían en duda el portento: “y cuando entré –dice- sentí que se erizaban mis cabellos, no acerté a hablar, solo pude rezar”. Como era natural, profunda fue la pena de Rafael y Nazaria al saber que se iban a llevarse su único tesoro. Al fin consintieron no sin dolor y mediante una venta simbólica (esto según algunas versiones) y fuese trasladada la venerada imagen al Templo de Santo Domingo, lo que se hizo por orden del Sr. Cura González a las ocho de la noche. Él mismo llevó personalmente el bendito cuadro y aunque no hizo la procesión con toda la pompa indicada, fue sin embargo muy devota.
Bajo un dosel colocaron a la imagen donde al día siguiente se le honró de un modo especial prometiendo no ofenderla jamás. Aquél día no se habló de otra cosa si no de la “virgen que lloró”. Ffue un día tan especial que recordará siempre la Ciudad de Izúcar de Matamoros. Para honrar tan gloriosa fecha comenzaron a celebrarse los días 21 al 23 de septiembre un solemne triduo y el día 24, se hacía procesión con la imagen de María, y se exponía a la veneración pública en un lugar accesible para que los fieles tuvieran la oportunidad de besar tan preciosa y milagrosa reliquia.

En el Templo del Ex convento de Santo Domingo de Guzmán, ha quedado hasta la fecha el cuadro Milagroso, derramando gracias y beneficios a cuantos la invocan. Los devotos de esta piadosa imagen adornaron su cuadro y altar con multitud de exvotos como símbolos de su gratitud y de los favores que han recibido de Ella, lamentablemente hoy esas muestras visibles de devoción ya no existe o no se exhiben. La Imagen prodigiosa de Nuestra Señora de los Dolores se encuentra ubicada en el altar dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, un tanto abandonada actualmente, aunque es elemento invaluable de la Historia de la Ciudad de Izúcar.
 
"¿Qué hombre no lloraría,
si viese a la Madre de Cristo
en atroz suplicio?
"
(Stabat Mater)

Tacho de Santa María. 

Fuentes:
-Relato Histórico de Nuestra Señora de los Dolores. Párroco Arturo Márquez Aguilar, Izúcar de Matamoros.
- Colaboración del Lic. Noé López García, Miembro de la Guardia de la HH. De Nuestra Señora de la Soledad del Templo de Sto. Domingo, de Izúcar de Matamoros, Puebla. 



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