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viernes, 18 de junio de 2021

Del crimen más terrible del santoral.

Santa María Dolorosa de Brabante, “la Miserable”, virgen y mártir. 18 de junio. 

Fue María una piadosa joven que vivía en Woluwe-Saint-Lambert, un pueblo cerca de Bruselas, a finales del siglo XIII. Su devoción y profunda vida espiritual la llevaron a ser eremita junto a la iglesia de Stockel, dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, por la cual María tomaría el apellido religioso de “Dolorosa”. Vivía en oración, trabajo, pedía limosna para ella y para los pobres, y daba consejos espirituales o de cualquier índole a los lugareños. Y esto a pesar de ser muy joven se le daba bien. Era muy querida y tenida por santa por los habitantes de la región. 

En 1290 se encaprichó de ella un joven, que comenzó a acosarla, llevado de sus bajas pasiones. La seguía, le hacía ofrecimientos de riquezas, la amenazaba, le hacía proposiciones indecentes... y nada hacía doblegar a la pobre ermitaña. Entonces, cegado de ira por no ser aceptado, tomó una valiosa copa de plata que le pertenecía y la escondió en la bolsa de las limosnas de la muchacha. Acto seguido, fue al magistrado de la ciudad y la acusó de haberle robado la copa. Además, la acusó de haberle recitado un hechizo para que no pudiera dejar de pensar en ella de día o de noche. 

María pidió a sus padres la defendieran, pero estos eran solo pobres campesinos y nada pudieron hacer. Fue arrestada y llevada ante el juez, y al ser preguntada por la copa hallada en su bolsa, respondió que no la había puesto ella, ni sabía cómo había llegado ahí. El juez, quien sabe si sobornado por el joven malvado, no le creyó y la condenó a muerte por robo y hechicería. Además, de un modo tremendamente cruel, como veremos.  

Antes de su muerte, tuvo María permiso para visitar la iglesia en la que había vivido, y allí rezó por su alma y por sus perseguidores. Acto seguido la sacaron fuera del poblado, cavaron una fosa en su presencia, la arrojaron viva allí, y acto seguido el verdugo clavó una estaca en su pecho al tiempo que decía tristemente "¡Reza por mí, María!". Luego, estando aún viva, cubrió la fosa con tierra. Os podéis maginar el dolor de los padres, allí presentes, y la agonía de la inocente joven. Ciertamente parece demasiada pena para tales delitos, más aún sin prueba alguna. Este tormento ciertamente se empleó al menos hasta el siglo XVIII, pero para criminales confesos, y no en toda Europa. Por su parte, la estaca remite al temor de que el fallecido volviera a la vida para atormentar a los vivos. En ciertas partes de Europa se realizaba aún en el siglo XIX. Pero esta acción siempre estaba relacionada con brujería o vampirismo, no se le hacía a simples ladrones como, según sus enemigos, habría sido la santa. Creo que la historia que nos ha llegado le faltan detalles que expliquen (no que justifiquen) esta horrenda muerte.

En cuanto al malvado joven, al pasar unos cuantos años y vivir atormentado por la culpa, confesó que lo había inventado todo, quedando limpia la memoria de la inocente María. Ella fue sacada de su fosa y trasladada a su iglesia parroquial. Este crimen le valió ser tenida como una santa mártir y ser venerada por toda la comarca y más allá. En 1363 se construyó una iglesia en su memoria, aún existente, llamada “de Santa María la Miserable”. El papa Urbano V concedió numerosas indulgencias a quienes veneraran sus reliquias, lo cual habla de una aceptación del culto popular tributado desde antiguo. 

Fuente:
-Vidas de los Santos. Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 18 de junio además se celebra a:






 


 

viernes, 28 de mayo de 2021

“Veni Sponsa Christi”

Santa Ubaldesca Taccini, virgen de la Orden de Malta. 28 de mayo y 31 de julio (traslación de las reliquias). 

Nació en una familia de labradores de Calcinaia, Pisa, en 1136. Como nos cuenta su “vita”, fue una niña piadosa y dada a la religión y la penitencia. A los 14 años se le apareció su ángel de la guarda y le dijo: “Ubaldesca, siempre has rogado, y suplicado con rendimiento a mi Dios y tuyo, te manifieste su voluntad para que tomes el estado más conveniente para tu salvación, y más proporcionado a tu vida espiritual; y por tanto, habiendo oído con piedad tus peticiones, me envía desde la Eternidad a decirte, vayas luego a la Ciudad de Pisa, al monasterio de San Juan del Templo, y allí tomes el hábito de la ínclita, y Sagrada religión de San Juan de Jerusalén, y vivas en compañía de aquellas religiosas, para desposarte con Dios por medio de la virtud en que allí te has de ejercitar”. Puso algunos reparos la santa niña, sobre si podría soportar la austeridad del claustro o vivir con santas religiosas. El ángel le confortó diciendole que Dios la sostendría todo el tiempo, además de revelarle que la ciudad la necesitaría, pues por su intercesión se alcanzarían grandes beneficios.

Cuenta la leyenda que sus adres recibieron su decisión con gran alegría e, inmediatamente, dejaron unos panes que estaban cociendo y se pusieron en camino a Pisa para entregarla a Dios. Los vecinos le salían al paso y la saludaban con alegría, le pedían oraciones y se encomendaban a ella, pues sabían de su gran santidad. Igualmente la recibieron entre cánticos las 40 religiosas del monasterio de San Juan, de la Orden Hospitalaria de Malta, el elegido por Dios para Ubaldesca. La noche anterior las monjas habían tenido una aparición de un ángel, que las preparó para recibir a un dechado de virtudes y santidad. La abadesa la tomó de la mano y llevándola al templo, le dio el hábito monástico. Los padres regresaron a su casa, gozosos, pero con alguna tristeza. Pero Dios les confirmó con un portento que habían hecho bien dándole a su hija: al llegar a su casa hallaron que aquellos panes que habían dejado cociendo en el horno no solo no se habían quemado, sino que, además, estaban en su perfecto punto de cocción, como nunca habían estado. Eso dice la leyenda, no yo. 


Mientras, en el monasterio, Ubaldesca crecía en virtudes. Elegía los trabajos más bajos de la casa, estaba pronta a la caridad con las hermanas, sobre todo con las enfermas y mayores, soportando sus impaciencias y quejas. A todas amaba y perdonaba sus faltas, y por todas hacía penitencias, para que crecieran en santidad, olvidándose de pedir por ella misma. Por los pecados del mundo se disciplinaba constantemente, usando un cilicio muy punzante, ayunando y no comiendo más que pan y agua todos los días de su vida, y eso cada tres días, pues los demás, los vivía en ayuno permanente. 


Ejerció el oficio de limosnera del convento, oficio que ella aprovechó para predicar sobre las bondades de seguir a Cristo radicalmente. A muchísimos movió a mejor vida, y a otros inclinó al estado religioso. Muchos maridos trataron mejor a sus mujeres luego de tratar con Ubaldesca y su palabra firme, pero llena de caridad. De las limosnas que conseguía, pareciéndole muchas para unas monjas, daba parte a los pobres, a los que igualmente predicaba de Cristo, y entre quienes se hallaba a gusto, como una pobre más.  


En una de sus salidas, ocurrió este milagro: pasaba por el puente de la Espina, cuando una gran piedra se desprendió de un edificio y le golpeó duramente en la cabeza. Todos pensaron la habría matado, mas Ubaldesca se levantó y continuó camino a su monasterio como si nada. Allí no dejó que la curaran, considerando que, si Cristo no rehuyó de las llagas, ella tampoco debía hacerlo. La llaga fue a más, se llenó de pus y gusanos, oliendo pestilentemente, mas para ella aquello era perfume celestial. Ni los terribles dolores de cabeza que siempre padeció por ello le hizo cambiar de parecer. Solamente la obediencia le habría hecho aceptar ser curada, mas como nunca se lo mandaron, vivió toda su vida con la cabeza abierta y purulenta. 


Otro portento, que ha configurado su iconografía, cuenta que en un Viernes Santo en que volvía al monasterio llevando un cántaro de agua, encontró a unas mujeres que visitaban las iglesias, haciendo las Estaciones. Las piadosas mujeres le pidieron agua, y Ubaldesca se las dio, mas las señoras insistieron en que bendijera el líquido. La santa lo hizo y, al punto, el agua se convirtió en vino. 


Setenta años vivió Ubaldesca, siendo muy conocida y amada en Pisa, por sus milagros y su palabra santificante. Su última enfermedad, de las muchas que padeció, la llevó con harta virtud. Poco antes de su muerte la visitó Dotto, un presbítero de la Orden, quien, admirado por sus virtudes y milagros, pidió a las religiosas le avisasen cuando la santa estuviera en agonía, para presenciar lo que creería sería un momento glorioso. Ubaldesca le respondió: “Padre, no os preocupéis de estar presente a mi muerte, porque no me habéis de ver morir”. Y así fue, ido el padre, Ubaldesca quiso dormir un poco, y las religiosas la dejaron para que descansara. Y del plácido sueño pasó a la muerte, y por esta a la Vida, en soledad y silencio. Fue el 28 de mayo de 1206, Domingo de Trinidad.


Las monjas supieron de su muerte al tener todas ellas una visión en la que una legión angélica descendía del cielo cantando el “Veni Sponsa Christi”, y llevaban consigo al empíreo el alma de Ubaldesca. El cuerpo permaneció expuesto una semana para los funerales, y durante ese tiempo los fieles la veneraron incesantemente, arrancándole numerosos milagros a la que llamaban santa, y con razón. Al cabo de ese tiempo fue sepultada en la iglesia monástica. Entre los milagros que se cuentan está una aparición al padre Dotto, quien lamentaba no haber estado presente en la muerte de la santa. Ubaldesca se le apareció mostrando toda la gloria que Dios le había concedido. Este mismo padre mandó hacer un bello sepulcro para la santa, adonde él mismo trasladó las reliquias, aumentando con ello la devoción del pueblo. En el siglo XVII parte de su cuerpo fue trasladado a Zaragoza, quedando la cabeza en el convento de los Caballeros, en Pisa, y el otro resto en el convento de las monjas, dentro de una imagen relicario. El 31 de julio de 1587 otras reliquias fueron trasladadas a Malta.


Entre los patronatos de Santa Ubaldesca está el de la protección del pan y el vino. Ya contamos dos milagros realizados en vida sobre estos elementos, pero otros muchos se cuenta que ocurrieron al decir sus devotos las palabras “Santa Ubaldesca te guarde”. Como el restablecer el sabor de una cosecha de vino que estaba agrio, convertir un campo de cebada en trigo, preservar viñas del ataque de las plagas, o convertir vino tinto en vino blanco. Además se le invoca contra los rayos, el granizo y las plagas de insectos.



Fuente:
-"Vida milagrosa de la esclarecida Virgen Santa Ubaldesca". JUAN RUIZ LUMBIER. S.O.S.J.J.

A 28 de mayo además se recuerda a:

miércoles, 19 de septiembre de 2018

"El Santo del pueblo".

San Francisco María de Camporosso, religioso capuchino. 19 de septiembre.

Nació el 27 de diciembre de 1804 en una aldea de la Liguria. Se llamaba Juan, y sus padres se llamaron Anselmo Croese y María Antonia Gazzo. Fue el tercer y último hijo del matrimonio. De niño fue pastor, y muy joven conoció a un fraile conventual que con sus consejos le enamoró de Cristo. Así, muy joven se hizo terciario franciscano y a los 18 años entró como Hermano Donado al convento de los franciscanos conventuales, a cambio de algo de educación y comida. Le costó mucho que su padre accediera a su vocación religiosa, pues necesitaba sus brazos para sostener la economía familiar. Pero las constantes oraciones y penitencias del joven lograron ablandar algo el corazón del padre.

Fue un humilde religioso, penitente y abnegado. Obedientísimo y siempre dispuesto a ayudar. Pero la vida de los conventuales no le parecía lo suficientemente austera, por lo cual en 1825 pasó a los franciscanos capuchinos, a los que conocía en su conventito de Sestri. Tomó el hábito en Righi, llamándose desde entonces Francisco María de Camporosso, pues era habitual en los capuchinos añadir el Dulce Nombre de María y el lugar de procedencia como nombre y apellido religioso.
Como a sus 20 años apenas tiene estudios los superiores deciden quede como Hermano, lo cual agrada al humilde Francisco, que no se ve como presbítero. Terminado el noviciado, le envían al convento de la Concepción de Génova, como limosnero. Primero fue ayudante de un anciano fraile experimentado en la colección de limosnas, sufriendo muchas humillaciones y desplantes del mismo. No por maldad, sino solamente para "templarle en la virtud", como era estilado en la vida religiosa de antaño. Varios años recorrieron juntos el valle del Bisagno. Sobre 1830 su superior le nombre limosnero de Génova, dándole la posibilidad, sin pretenderlo, de hacer una grandísima obra de apostolado que aún se recuerda.

Francisco se desvive en su labor. Pide limosna, pero también la da a los más pobres que él. Con gran caridad, amonesta, previene, da ejemplos. A los ricos les hace ser más caritativos, a los pobres ayuda empleándoles. Visita todas las iglesias que puede, donde ora largamente. Lleva a los niños al Sagrario y a la Madre de Dios, les regala estampas y les enseña el camino del cielo. Atiende a enfermos y paralíticos. Hace milagros y reparte amor, siempre. Su consejo será muy preciado por todos, pues tiene los dones de conciencias, consejo y profecía. Le llaman "el santo del pueblo". Evangeliza en los puertos, saca a prostitutas de la mala vida, bendice los lugares con solo su presencia, reconcilia enemigos, hace que se perdonen deudas. Y siempre lleva los nombres de Jesús y María en los labios.


Cuerpo incorrupto del santo.
En 1859 le ataca una epidemia que le deja las piernas llenas de llagas, pero el santo fraile no se detiene por ello. Sigue su labor de evangelización y caridad. La fama no le gana y su humildad no se resiente. Ni aplausos ni premios le envanecen, sino que sigue sintiéndose el último de los hijos de San Francisco. En 1866 una epidemia de cólera asola Génova, muchos huyen, frailes incluidos, mas Francisco María permanece junto a los enfermos. Se hace presente en el Lazareto de la ciudad, consolando, curando, socorriendo. Allí cae enfermo del mismo mal, se prepara piadosamente al encuentro con Cristo y fallece santamente el 17 de septiembre de 1866, fiesta de la Impresión de las Llagas de su Padre San Francisco, como un auténtico mártir de la caridad. 

Fue beatificado por Pío XI el 30 de junio de 1929 y canonizado por San Juan XXIII el 9 de diciembre de 1962, luego de verificarse numerosos y estupendos milagros. Su cuerpo se venera incorrupto.

A 19 de septiembre además se celebra a:


Santa María de Cervelló,
virgen mercedaria
.
San Rodrigo
de Silos, abad
.
San José Ma. Yermo,
presbítero fundador
.
Otros muchos santos.





 

miércoles, 18 de julio de 2018

De la música de la tierra a los coros celestiales.

San Arnold de Arnoldsweiler, trovador y peregrino. 18 de julio.

Todo lo que sabemos sobre Arnold es casi legendario. Su "vita" fue escrita en la segunda mitad del siglo XI, es decir, más de doscientos años después de su muerte, a partir de tradiciones orales que arrancaban desde su culto.

Habría sido el santo natural de Grecia, habiendo nacido en el siglo IX. Peregrinando de aquí a allá llegó a la corte del emperador San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias), quien le contrató como arpista. El monarca le tenía tanto aprecio, y a su arte, que le regaló un valioso anillo, pero el santo lo tiró al río, pidiéndole a Dios que, si algún día le perdonaba sus pecados, hiciera que lo recobrara. También le regaló Carlomagno un bosque en Ginnizwilre, pero Arnold vendió sus derechos de explotación, dando el dinero a los pobres. De esta donación y derechos da testimonio una carta de San Gero de Colonia (29 de junio). Dícese que el santo además, fue nombrado por Carlomagno Conde de Agde y Montpellier, además de hacerle preceptor de su hijo Ludovico Pío.

Luego, cansado de la vida de la corte, emprendió una peregrinación a Santiago de Compostela, repartiendo limosnas a los pobres, sacadas del dinero que le daban por su arte. Peregrinó a Roma y a otros santuarios, y donde quiera que iba, lo hacía alabando a Dios y a su Santísima Madre por medio de la música y la poesía. Cuando ya era un anciano, pasando por Burdeos, un día que pedía limosna, una mujer le convidó a comer un pez que había pescado su marido. Al abrirlo ¡voilá!, hallaron el anillo que el santo arpista había tirado al río. Teniendo la confirmación de que sus pecados eran perdonados, retornó a Ginnizwilre. Esta leyenda del pez se lee de otros santos, pero especialmente del obispo San Arnold de Metz, quien, como no, además también se celebra a 18 de julio.

Sepulcro del santo.
En Ginnizwilre, que luego sería llamado Arnoldsweiler, pasó sus últimos años asistiendo a los pobres. Al morir, sobre el año 800, fue sepultado en la iglesia parroquial, y su sepulcro muy pronto comenzó a ser venerado. En 820 sus reliquias se elevaron, poniéndose en un bello relicario. En 1886 su culto fue confirmado oficialmente, canonizándole, por el papa León XIII.

Es patrón de músicos, organistas y fabricantes de instrumentos musicales. Además se le invoca para obtener una dulce muerte.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-https://www.heiligenlexikon.de

A 18 de julio además se celebra a:

Santa Sinforosa,
e hijos mártires.
Santa Odilia,
virgen y mártir.
B. Roberto Salentino,
eremita celestino.





domingo, 18 de junio de 2017

Ermitaños el padre y los hijos.

Santos Potentino, Felicio y Simplicio de Steinfeld, ermitaños. 18 de junio.


San Potentino.
Altar de las reliquias. Steinfeld.
Su leyenda les hace vivir en el siglo IV, aunque fue escrita en el siglo IX. Potentino era oriundo de Aquitania, había sido soldado y participado en algunas batallas para los emperadores. Luego de enviudar se dedicó a la caridad con sus hijos Felicio y Simplicio. Los tres realizaron varias peregrinaciones, y en una de ellas, pasando por Tréveris, Potentino trabó amistad con San Maximino (29 de mayo), el cual les recomendó a los tres que hicieran vida eremítica.

Partieron los tres hacia el Mosela, donde se unieron a una comunidad que, bajo la dirección de San Castor (13 de febrero) vivían como ermitaños. Una leyenda cuenta que en una ocasión atracó un barco cargado de sal cerca de la ermita de Potentino. Este pidió una limosna por caridad, pero el patrón del barco, pagano aún, se negó a darle ni para comer. Entonces apenas soltaron amarras, una tormenta terrible se desató, amenazando hundir el barco su precioso cargamento de sal en el fondo del Mosela. Pero Potentino hizo una oración y tan pronto como se había formado la tempestad, se deshizo, con lo cual el patrón del barco creyó en Cristo, se bautizó y siempre que pudo socorrió a los ermitaños.

Y poco más se sabe de esta familia de ermitaños. En el siglo X las reliquias fueron trasladadas al monasterio premonstratense de Steinfeld, desde donde se promovió su culto y donde aún se veneran. Se les invoca contra el mal tiempo.


A 18 de junio además se celebra a
Santa Isabel de Shönau, mística cisterciense.
Santos Marco y Marceliano, hermanos mártires.
Beata Hosana Andreasi de Mantua, dominica

lunes, 9 de enero de 2017

Fatati, el obispo fiel.

Beato Antonio Fatati, obispo. 9 de enero y 2 de septiembre (en Ancona y Siena).

Nació Antonio en Ancona, Italia, sobre 1410, hijo de Simon y Buzia, nobles originarios de Teramo. Estudió en la Universidad de Bolonia junto a sus hermanos Marino y Santiago. Siguió la carrera sacerdotal y fue un piadoso sacerdote, más que los que le rodeaban, a los que daba verdadero ejemplo. En 1431 fue nombrado canónigo de la catedral de Ancona, diferenciándose de los demás por repartir sus rentas entre los pobres y vivir austeramente. En 1440 fue vicario general de Dubrovnik, sustituyendo a su tío político, el arzobispo Antonio Venieri en la administración de la diócesis. En 1440 volvió a Ancona, cuando Eugenio IV le puso como abad comendador del monasterio “San Pietro al Conero”, con beneficios eclesiásticos que usaba para el culto o el socorro de los pobres. En 1444 fue elegido Decano de la catedral de Ancona y fue nombrado vicario auxiliar de Siena. Hizo bien su trabajo y en 1446 pasó a formar parte de la "familia" papal de Eugenio IV. Este papa también le nombró Limosnero y Tesorero Papal para las regiones Siena, Lucca y Piombino.

En 1447 subió al trono de San Pedro el papa Nicolás V, que le nombró capellán mayor y al mismo tiempo canónigo del Capítulo de la Basílica de San Pedro, un cargo con numerosos beneficios eclesiásticos que no solía reservarse para si. En 1449 el papa le nombró clérigo de la Cámara Apostólica y el 20 de noviembre de 1450, fue elegido como obispo de Teramo, a la par que tenía todos los demás cargos. En dicha sede redujo los beneficios de las canonjías, limitando los seglares que accedían a ellas y vigilando no se concedieran como premios o favores. Y por si fuera poco, en 1454, Nicolás V le nombró Gobernador y Vicario General de las Marcas de Ancona y Massa Trabaria, y Tesorero Papal en Bolonia. Los archivos que quedan de su época de Tesorero muestran un interés por el apertrechamiento militar del papado, expansión de la agricultura, saneamiento económico y ejercicio de la caridad. En 1456 Alfonso de Aragón, rey de Nápoles, le nombró Asesor Perpetuo y Comisario. En 1459 celebró un sínodo diocesano para la reforma de la iglesia local, y ese mismo año acompañó al papa a Mantua, a un parlamento convocado con vistas a convocar una nueva cruzada contra los turcos; y de aquí salió nombrado recolector de diezmos en el territorio de Siena para tal fin. En 1460 se le encomendó nuevamente la vicaría de Siena, sede ocupada por Francisco Todeschini, sobrino del mismo papa, y al que el pontífice quería dar una ayuda y un buen ejemplo con Antonio, ya que era inexperto en asuntos de gobierno a sus 25 años.


Trece años estuvo en Teramo, salvo durante el papado del turbulento Calixto III, hasta que en 1463 Pío II le destinó a la sede de Ancona, próspera y bien situada, donde nuestro beato desarrolló una ingente labor pastoral reformando al clero, organizando la caridad, restaurando iglesias y fundando organizaciones piadosas. Allí construyó la iglesia de Santa María de Canneto. En agosto de 1464 acogió en su palacio episcopal al mismo papa Pío II cuando este quiso embarcarse a la Cruzada. Pero no llegó a hacerlo, sino que murió en los brazos del Beato Antonio. Paulo II y Sixto IV se valieron de su ascendiente moral para encomendarle diversas tareas políticas o religiosas, y aunque siempre le recompensaron con bienes y beneficios, él lo daba todo a los pobres, manteniendo su vida pobre y penitente. Paulo II le nombró tesorero de Bolonia y Sixto IV le consultaba asuntos de gobierno.


Reliquias del Beato Antonio.
El santo obispo murió el 9 de enero de 1484, rodeado del cariño de sus fieles, que era mucho en aquellos tiempos. Su sepulcro, en la cripta de la catedral, pronto ganó fama como fuente de milagros, y su culto comenzó hasta hoy. En 1529 se hizo una invención de las reliquias, hallándose parte del cuerpo incorrupto, y estas fueron puestas en el altar dedicado a las reliquias insignes en la misma catedral. Esto se hizo coincidiendo con una epidemia de peste, que cesó de inmediato, con lo cual aumentó la devoción de los fieles. En 1562 se comenzó el proceso de canonización, y el obispo Lambertini trasladó el cuerpo a una bella urna. Este obispo, que sería el papa Benedicto XIV, en su obra "De Beatificatione servorum Dei" pone de ejemplo el culto de nuestro beato sobre cómo ha de obrar la iglesia con los que gozan de fama de santidad y aún no se les reconoce oficialmente. En 1795 Pío VI confirmó dicho culto, beatificándole por equivalencia, y el cuerpo fue trasladado a la capilla de los santos protectores de Ancona. Esta diócesis y Siena celebran su memoria a 2 de septiembre.


Fuente: 
-"Il beato Antonio Fatati" GIUSEPPE CADES. Edizioni Capitolo Vaticano, 2015.


A 9 de enero además se celebra a  

San Andrés Corsini, obispo carmelita.
San Adrián de Canterbury, abad

jueves, 30 de junio de 2016

San Adolfo, el tercero ya.

Pregunta: quisiera saber San Adolfo su historia y quie fue. por favor.

Respuesta: Varios santos con este nombre recogen los santorales. Es un nombre “complicado” porque en ocasiones aparece con diferentes variantes. Así veremos que el mismo santo es llamado Adolph, Adulph, Odulph, Adolfo, Odulfo, etc. Así que me decantaré por tres, omitiendo los Odulph u Odulfo que nunca aparecen como Adolfo, y con los que no hay equivocación posible. Y de los primeros elijo a tres:

-San Adolfo (Adulfo) de Córdoba, mártir. 27 y 28 de septiembre.
-San Adolfo (Adulfus, Adolf o Adulph) de Torney, monje y obispo. 17 de junio.


San Adolfo (Adulph, Odulph) de Osnabrück, obispo. 30 de junio y 14 de febrero (en Osnabrück).

La tradición le hace descendiente de la importante familia de los condes de Tecklenburg, los cuales mediante sus influencias lograron que siendo adolescente fuera nombrado canónigo de la catedral de Colonia, con vistas a ser presbítero y obispo. Pero el joven Adolfo, ansiando una vida religiosa auténtica y no por privilegios, marchó al monasterio de Altenkamp, de la Orden del Císter. Entre 1215 y 1217 el obispo San Gerardo de Osnabrück (3 de abril) es trasladado a la diócesis de Bremen y el joven Adolfo fue elegido para ocupar su sitio en la sede de Osnabrück. Habían triunfado las influencias familiares igualmente, pero hay que decir que para bien, pues el joven obispo se ganó prontamente a sus fieles, por s intensa actividad apostólica, su celo por el culto, su devoción y caridad. Austero para sí mismo y esplendoroso para el culto. Con mano estrecha para sí mismo y ancha para socorrer a los necesitados.

Especialmente fue solícito con los leprosos a los que nadie socorría, ni los mismos cristianos. El santo obispo dio ejemplo atendiéndoles personalmente dándoles auxilio material y espiritual. Incluso su iconografía recoge este hecho, representándole rodeado de leprosos. Y de entre todos aquellos desamparados hizo hasta un amigo personal, al que visitaba y socorría en su cueva. Era un leproso conocido por sus pecados públicos, su odio contra Dios, al que consideraba su castigador. La leyenda piadosa dice que unos canónigos, escandalizados con este peligro al que se sometía el obispo, planearon llevarse al leproso bien lejos para que Adolfo no lo encontrase. Y así lo hicieron, pero esa misma noche, los ángeles le trasladaron a su primera cueva, donde Adolfo siguió visitándole hasta que el enfermo murió reconciliado con Dios. 


Adolfo falleció lleno de virtudes y del amor de su pueblo el 30 de junio de 1224. En 1632 se le dedica un altar en la catedral de Osnabrück, y en 1651 se elevaron las reliquias, lo cual equivale a una beatificación. Nunca ha sido canonizado, pero ni lo ha necesitado, pues la devoción a su memoria ha sido constante.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916. 



A 30 de junio además se celebra a 
San León de Patara, mártir.
San Ladislao I de Hungría, rey.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Santa María de Cervelló, la de los navegantes.

Los prodigios y hechos sobrenaturales se entremezclan demasiado con la vida de esta santa, que transcurrió en un monasterio, el primero femenino de la Orden de la Merced. Una vida entregada a la redención de los cautivos desde la oración y la penitencia. Una vida inmolada al sostenimiento de su Orden y la labor redentora de esta:

Escultura de Romero Zafra.
Santa María de Cervelló, virgen mercedaria. 19 de septiembre.

Familia e infancia.

Fue María de la noble estirpe de los Cervelló, una familia antiquísima que había participado en la reconquista de Cataluña y Valencia. Agraciada por reyes, poderosa en bienes y en influencias. Su padre, de nombre Guillem, de joven quiso ser religioso, pero sus padres se lo impidieron, considerando que al tener poca descendencia ellos, toda su fortuna, títulos y prebendas, pasarían a otros parientes. Así que obligado, casó con Ana María Ferrer y Sors, igualmente pertenecía a la nobleza más aguerrida del condado, y era piadosa y muy caritativa. Durante tiempo no tuvieron hijos, hasta que la madre acudió a San Pedro Nolasco (29 de enero y 6 de mayo) para que rogase a Dios por ellos y pudieran concebir. Le prometió el santo que así lo haría, y efectivamente, el 1 de diciembre de 1230 les nacía una niña a la que llamaron María, en honor a la Santísima Virgen. Fue bautizada el 8 de diciembre, día de la Concepción, en la parroquia de Santa María del Mar, que les correspondía, en el primitivo sepulcro de Santa Eulalia, que fungía como pila bautismal. Educaron a la niña en la piedad, la caridad, lamodestia y la hmildad, siendo admiración de los familiares y de toda la ciudad (!) los progresos que hacía la pequeña, floreciendo en ella todas las virtudes. Baste decir que a los siete años sus únicos gustos eran la caridad y la piedad. Solo quería saber de las cosas de Dios. No salía de casa sino era para ir a la iglesia o socorrer a los pobres, vivía en encerramiento, solo se acompañaba de niñas que fueran piadosas como ella, para jugar a las monjas. Y nos saltaremos toda esta infancia legendaria, la verdad. 

María, virgen consagrada.
Ya hecha una joven, dejó de querer que la atendieran esclavos o criados, visitaba los hospitales tres veces a la semana, además de visitar los barrios pobres, dando socorro a todos cuanto podía, implicando también a algunos familiares en esta obra apostólica. Jamás miró hombre alguno, considerando que la pureza virginal era el regalo más valioso que Dios le había hecho. Por ello, cuando sus padres intentaron casarla con un joven virtuoso y noble, también de la casa de los Cervelló, ella se negó rotundamente. Su tío Guerao intentó convencerla aludiendo a la tristeza de sus padres por no tener descendencia, con que el matrimonio también puede servir para llegar a Dios, que si una ama de casa también puede ser santa, etc. Pero nada, María miraba por su salvación, por lo cual suplicó y suplicó, hasta que sus padres accedieron a que se hiciera la voluntad de Dios, que veían en su bendita hija. Libre María para elegir estado, tomó de confesor a piadoso y docto San Bernardo de Corbara (2 de febrero), religioso mercedario del convento de la Merced de Barcelona. Este le dirigió, moderando sus penitencias, encaminándolas a su verdadero fin: la purificación y el desapego de lo material, incluidas las mismas penitencias, las cuales llegan a no necesitarse cuando el alma se adentra en Dios y ya es una con Él. Refrenó también sus horas de oración y caridad, para que dedicara más tiempo a su familia y amigos. En fin, que la templaba en el mundo, que le conociese, para que amara más el claustro. Y tanto, que de nuevo sus familiares intentaron casarla, pero aquí tuvo María la ayuda de su confesor, que la defendió e hizo ver mediante un sermón a la familia, que aquella joven estaba “predestinada” para Dios. Sintiéndose libre para Dios, María entró a su aposento, y luego de encomendarse a la Madre de Dios, se cortó los cabellos y se puso un sayal áspero, confesando a sus padres su definitiva intención dedicarse a Dios. Con 18 años, en 1248, redactó un voto de virginidad, que entregó a su confesor y que durante siglos se conservó en la basílica-convento de la Virgen de la Merced de Barcelona. 

El beaterio.
Encerrada en su aposento vivió hasta los 30 años, cuando muere su padre en 1260. Junto a su madre vendieron joyas, posesiones, donaron casi todo a los pobres o para la redención de los cautivos, y se retiraron a una pequeña casita que poseían junto al hospital de Santa Eulalia. Allí, como dos beatas vivían en recogimiento, oración y penitencia. Solo salían para servir a los pobres, asistir a los oficios con los religiosos mercedarios o atender a los enfermos en el hospital. En 1265 murió la madre, quedando desolada María de Cervelló, aunque confiada en Dios. Poco tiempo le duró la soledad, pues asociada con los padres mercedarios, dio cabida en su beaterio, a dos mujeres piadosas: la Beata Eulalia Pinós (5 de febrero) y la Beata Isabel Berti (19 de enero). Eran viudas de caballeros que trabajaban caritativamente en el hospital de Santa Eulalia, habían donado posesiones y ofrecían sus oraciones y trabajos por la obra redentora de los frailes. Acogidas allí, se redactó una norma de vida, y bajo el gobierno de María, nacieron las beatas mercedarias, origen de la rama femenina mercedaria. Ese mismo año de 1265, el capítulo General de Tarragona admitió la erección del Beaterio femenino, bajo la obediencia del prior de Barcelona, a la sazón Fray Bernardo de Corbara, el principal valedor de las tres beatas. El 25 de marzo tomaron el hábito mercedario, semejante al de los religiosos, con toca y velo, por supuesto. Profesaron el 8 de julio del mismo año y María fue nombrada superiora de la pequeña comunidad. La vida de las tres religiosas continuó encaminada a la redención de los cautivos, mediante la oración y el auxilio a los enfermos de su hospital (en principio no tenían clausura papal, que llegaría mucho más tarde). Aprendieron el Oficio Divino, para unirse a la liturgia de la Iglesia. Vivían pobremente y hacían penitencia, todo por los pobres cautivos cristianos y sus frailes redentores en las tierras de África y el sur de España. Al poco tiempo tuvieron otras compañeras, entre ellas Santa Colagia (21 de junio).

Nuestra María ayunaba tres días a la semana, y los demás solo tomaba unas verduras, sin permitirse el vino o el queso. Tanta fue su caridad, que comenzaron a llamarla “María del Socorro”, cumpliendo el cuarto voto mercedario, de ofrecerse uno mismo por los cautivos, si fuera necesario. Ellas, las religiosas, lo hacían con la caridad, las penitencias y las oraciones. Una entrega total. Cualquier regalo que sus familiares le llevaban, lo derivaba al hospital, para los enfermos. Usaba permanentemente un cilicio sobre las carnes, dormía en el suelo aunque tenía cama, y un madero era su almohada. Su oración y presencia de Dios eran permanentes, y cosa rara, tenía licencia para comulgar todos los domingos y fiestas importantes de la Iglesia. Varias veces fue vista en éxtasis ante el Sacramento, o ante un Cristo muy devoto que poseía desde su infancia y le acompañaba siempre. Sabida es de su intercesión constante por los frailes que iban a tierras de moros, y tan ardiente era, que más de una vez salvó con su oración a los navíos de tormentas, ataques de piratas, fuegos. Las leyendas hablan de que gozó del donde la bilocación: habérsele visto sobrevolando los barcos, o caminando sobre las aguas protegiéndoles trazando la señal de la cruz, mientras que a la misma hora estaba absorta en la oración, en su monasterio. Leyendas exactas se leen de Santa Catalina Thomàs (5 de abril y 31 de agosto, traslación de las reliquias) y de San Pedro González "Telmo" (14 de abril y 27 de abril, traslación de las reliquias). Además, sanó a varios enfermos, tenía don de conciencias, predijo en más de una ocasión el fruto de expediciones mercedarias, etc. Fue amante de las Sagradas Escrituras, leyéndolas constantemente, así como otras obras espirituales. Escribió a varios prelados, religiosos, y alguna obrita espiritual perdida. Se le atribuyen muchas frases y enseñanzas a nuestra santa. Recojo algunas:
Hombres sin letras, más se deben llamar estatuas que hombres”.
La alegría quieta y sosegada es don de Dios, que pocos la conocen. Y sólo los pobres de espíritu la alcanzan”.
Armas contra el demonio: fe y Escrituras Sagradas”.
Hacienda propia se ha de ofrecer a Dios, y no la ajena”.
La oración enternece a Dios, pero las lágrimas le fuerzan”.
No han de durar más los reinos, de lo que dura la justicia en ellos”.

Muerte y gloria. 
A mediados de 1290, con sesenta años, tuvo la revelación de que su vida estaba a término y pronto se reuniría con el Esposo Cristo. Redobló sus oraciones, penitencias y obras piadosas. A inicios de septiembre tuvo un desvanecimiento y fue llevada a la enfermería. Allí se encomendaba todos los días a la Santísima Virgen, hacía profesión de fe y renovaba sus votos. Aconsejaba a las religiosas, les daba ejemplos y ejercitaba su obediencia y paciencia para con todas. El día 19 pidió le leyeran la Pasión y Muerte del Señor, consolándose en ella. Mientras, la gente se arremolinaba en torno al convento y en las iglesias se ofrecían oraciones por la santa madre María del Socorro. Al término de la Pasión, expiró dulcemente y un silencio triste se extendió por toda la ciudad, roto por el júbilo de las campanas, que solas repicaron, anunciando la entrada gozosa en el cielo de María y confirmando lo que todos creían ya: que era una santa. Los frailes llevaron el santo cuerpo a la iglesia del hospital de Santa Eulalia, donde durante tres días fue venerado por el pueblo, se ofrecían sufragios y ocurrían curaciones y portentos. Fue enterrada en la capilla de Santa Marina de la misma iglesia, cerca del altar mayor. Después de muerta (o viva plenamente), su protección sobre los navegantes y expediciones mercedarias no fue a menos, sino que ya en la gloria, se multiplicó, a tenor de los numerosos testimonios de religiosos, comerciantes y cautivos.

En 1380 Pedro IV de Aragón “el Ceremonioso”, hizo trasladar el cuerpo de María de Cervellón, a un sepulcro más digno, acorde a la devoción que el pueblo y él mismo le profesaban. El 16 de agosto se abrió la sepultura, hallándola incorrupta y se hizo la traslación, a una caja dorada y hermosísima. Y ocurrió el milagro de que siendo la nueva más grande que la anterior, el santo cuerpo no cabía de manera alguna. Sacaron en conclusión que María prefería su antiguo y sencillo ataúd, por lo que fue puesto en el mismo, que sellaron y depositaron en la capilla de Santa Catalina. En vano, pues al otro día apareció el cuerpo en la sacristía del templo, queriendo manifestar María que no quería otro sitio que su humilde enterramiento primitivo. En 1402 se escribe la primera crónica de vida, muerte y milagros de la santa, para presentarla en el Capítulo General de Lérida. En 1420 fue trasladada a la basílica y convento de la Merced, y donde parece estaba a gusto, pues allí está todavía, recibiendo la veneración de los fieles, entre ellos un servidor, que la ha podido venerar. Aunque siempre fue tenida como santa, en 1692 Inocencio XII confirmó el culto inmemorial que la Orden Mercedaria y Barcelona rinden a Santa María de Cervelló.


Fuente:  
"Vida y hechos maravillosos de Doña María de Cervellon". ESTEBAN DE CORBARA. Barcelona.


A 19 de septiembre además se celebra a 
San Rodrigo de Silos, abad.
San José María Yermo y Parrés, presbítero fundador. 

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