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jueves, 10 de junio de 2021

“Quiero disolverme en Cristo”

Venerable Isabel de Santa María, virgen mercedaria. 


Isabel Guillén fue una noble del principado de Cataluña, quien sobre 1290 renunció a un ventajoso matrimonio para tomar el hábito de la Merced en el recién fundado monasterio de Barcelona, obra de Santa María de Cervelló (19 de septiembre). Su nombre religioso fue Isabel de Santa María. Allí llevó una vida de gran penitencia y oración, y era venerada por el pueblo, quien acudía a ella en busca de consejo y oraciones.  


A los 30 años cayó presa de unas fiebres que la fueron consumiendo. Sus últimas palabras fueron “Quiero disolverme en Cristo”. Subió al cielo el 10 de junio de 1300, quedando su rostro muy radiante al momento de la muerte. Fue sepultada en la iglesia de los caballeros mercedarios, y desde allí realizó numerosos milagros. 


Nunca ha sido beatificada oficialmente, pero se le llama Beata e incluso Santa. 


Fuente:  
-Anales del Orden de Descalzos de Nuestra Señora de la Merced. FR. PEDRO DE SAN CECILIO OM. 1669 


A 10 de junio además se celebra a:


Beato Juan Domingo
cardenal dominico.
San Landeric
de París, obispo.
Beato Bardo de
Maguncia, obispo.
Santos Getulio y
compañeros mártires
.














miércoles, 25 de julio de 2018

Destripado, asado y degollado.

San Cucufate, mártir. 25 y 27 de julio, 16 de febrero, traslación de las reliquias, y 29 de abril, invención de las reliquias.

Leyenda.
Su "passio" cuenta que Cucufate, o Cugat, como se le conoce en Barcelona, nació en Scillitana, África, y junto a San Félix (1 de agosto) estudió en Cesarea de Mauritania. Allí ambos jóvenes se dedicaron al transporte de mercancías. Ambos eran cristianos en secreto y creían que por ser mercaderes de prestigio escaparían de la persecución. Sin embargo, en Barcelona (Barcino en aquel momento) el celo por la fe les ganó y predicaron el Evangelio de Cristo.

La tradición visigoda dice que ambos santos reafirmaron su predicación con estupendos milagros, y que expulsaron a muchos demonios. Hasta entonces los habitantes de Barcelona habían sido reacios a la fe cristiana, pero los testimonios de ambos santos les convencieron. Era Galerio el procónsul en aquel momento, y, ambicionando las mercancías y riquezas de los dos jóvenes, los mandó apresar en Barcelona. Félix fue conducido a Gerona, donde fue torturado y martirizado. Cucufate fue sometido a varios tormentos, como la flagelación con hierros, mediante la cual le sacaron las tripas. Y dicen las Actas que el santo las recogió del suelo, las puso en su sitio y quedó sano y sin herida alguna. Después de este terrible tormento (la flagelación sí pudo padecerla) fue encarcelado. En la prisión Cucufate se empleó en salmodiar constantemente.

Por segunda vez fue interrogado y conminado a sacrificar, y como se negó, fue puesto en una parrilla ardiendo, sin que nada le pasara. Luego fue metido en aceite hirviendo, saliendo igualmente ileso. Una tercera vez fue sometido al fuego, en este caso puesto en una estaca. Pero ya sabéis, como si nada. Finalmente terminó decapitado en las "VIII calendas augusti" de 303, siendo gobernador Rufino.

Culto.
El primer testimonio del culto al santo en Barcelona data del siglo IV, y es el poema "Peri Stephanoon" de Prudencio, quien cantó las glorias de los mártires. También le menciona el Martirologio Pseudo-jeronimiano. En 777 San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) se llevó las reliquias de Cucufate y las entregó a San Fulbrad (16 de julio), quien las llevó a su monasterio de Lebraw. El 16 de febrero de 835 Ludovico Pío las trasladó a la abadía de St-Denis, en París. Sus Actas, que recogían primorosamente el Breviario Mozárabe, datan de esta época, y ciertamente no pretenden hacerse pasar por antiguas, pues cuentan esta traslación.

En año 1023 se erigió una iglesia en honor al santo en el tradicional sitio de su martirio, llamado San Cugat del Forn. Los barceloneses intentaron, durante casi 300 años, recuperar las reliquias de su santo mártir. Hasta que recurrieron a una frecuente treta en estos asuntos: publicar que las reliquias llevadas por Carlomagno eran falsas y que el santo aún permanecía con ellos. Cuéntase que un monje de Barcelona, llamado Lázaro fue poseído por dos demonios llamados Zenab e Ynt, y para expulsarlos, el abad colocó sobre él el cuerpo de un "mártir desconocido" que veneraban en la iglesia monástica. Los demonios chillaron aterrorizados y antes de salir del monje, proclamaron que aquel mártir poderoso era nuestro San Cucufate. Esto fue el 29 de abril de 1079, celebrándose desde entonces dicha invención en la Iglesia barcelonesa. Hoy ya no se celebra.

Se le invoca contra los dolores intestinales y para hallar las cosas perdidas. 


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-http://heiligen-3s.nl


A 25 de julio además se celebra a:


Santos Thea, Valentina
y Pablo, mártires.
Santa Glodsindis
de Metz, abadesa.
B. Rodolfo Acquaviva
y comp. mártires.






lunes, 14 de mayo de 2018

Convertido por un Salmo.

San Poncio de Cimiez, mártir. 14 de mayo.

Busto relicario
Villeneuve-lès-Avignon.
Nació en Roma, donde su padre era senador, a inicios del siglo III. Cuando era pequeño, pasó junto a una casa, desde la cual salía este cántico: "…tienen boca, pero no pueden hablar; tienen ojos, pero no pueden ver", (salmo 115). Entonces Poncio llamó a la puerta, pero tardaron en abrir, pues los cristianos temían abrir a desconocidos, por miedo a las delaciones. Sin embargo, cuando vieron que era un niño, le dejaron pasar. Poncio le preguntó a los cristianos que significaba aquel canto, que creía acertado, pues siempre veía cómo las estatuas de los dioses estaban ancladas en su lugar para evitar que se volcaran o fueran robadas. El presbítero que se hallaba en la celebración, admiró la sabiduría del niño Poncio, le explicó las verdades de la fe y le admitió entre los catecúmenos.

Cuando volvió a casa, el niño contó a su padre lo que había aprendido y quienes eran los cristianos. El hombre sintió curiosidad, conoció a Cristo, y pidió ser admitido como cristiano. Al fin, ambos fueron bautizados. Años más tarde, imperando Valeriano, Poncio debió huir a Cemenelum, actual Cimiez, a causa de la persecución. Pero allí fue capturado, torturado y martirizado por Cristo, en 258. Su culto data del siglo VIII, cuando sus reliquias fueron inventadas y se fundó un monasterio en aquel lugar. No hay que confundirle, como suele pasar, con San Poncio, obispo venerado en Barcelona.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 14 de mayo además se celebra a:


San Bonifacio, mártir.
San Matías Apóstol.
San Gil, dominico.
San Tutto, obispo






martes, 29 de marzo de 2016

Para los informáticos: Beato Raimundo Llull.

Pregunta: Solo por curiosidad y los informaticos tendremos algún santo, habra algún santo tecnologico?. Saludos excelente esta tu blog.

Respuesta: Gracias por el elogio, entre los que preguntan, comentan y escribo, intentamos hacerlo bien.
El patrono de los informáticos es:

Beato Raimundo Llull, terciario franciscano y mártir. 29 de marzo.

Raimundo nació en Mallorca en 1232 o 1233, de joven fue paje en la corte del Beato Jaime I de Aragón (23 de julio), que lo hizo preceptor de su hijo. Durante estos años en la corte, llevó una vida mundana, y de gran ostentación, teniendo varios amoríos con doncellas y alguna casada. En esta época compuso canciones de amor, picarescas y divertidas. Sobre los 30 años su espíritu comenzó a cambiar, tuvo varias revelaciones de Cristo, que le impulsaron a cambiar de vida, desposeerse de todos sus bienes y dejar a su familia, para ser predicador de la misericordia divina. Aprendió árabe para predicar a los moros, luego se retiró a una cueva, donde vivió entregado a la maditación y la penitencia. En el monasterio cisterciense de La Real, aprendió latín y filosofía.

Construyó un monasterio para adiestrar misioneros y cristianizar a los árabes. Intentó convencer al papa Nicolás IV para emprender una nueva Cruzada, pero este se negó, por lo que Raimundo comenzó su predicación por Alemania, Francia, Italia, Tierra Santa, el Magreb, buscando convertir a los musulmanes y judíos, por lo que no dudaba en predicar en las puertas de las mezquitas y sinagogas. Esto provocó que en el norte de África estuvo a punto de ser lapidado. Viajó a Roma a presentar su proyecto de reforma de la Iglesia, que pasaba por una Cruzada definitiva de conversión de musulmanes y judíos, pero de nuevo fue rechazado. Ante esto, decide ingresar en la Tercera Orden Franciscana.

Participó en el concilio de Vienne, y se supone que defendió la inocencia de los Templarios, que serían disueltos allí, pero no se tiene constancia de ello. Se estima que fue así por su proyecto de la Gran Cruzada y porque conocía del valor de los Templarios. Allí se aceptó su propuesta de crear colegios para enseñar a los misioneros las lenguas orientales fue aceptada, mientras que la de marchar a una nueva Cruzada fue rechazada (que insistente, no?). Luego viajó a Túnez para continuar su misión. Murió el 29 de junio de 1325, martirizado por unos musulmanes. Su cuerpo se venera en el convento de San Francisco de Mallorca. Fue beatificado en Toledo, en el siglo XVI, como mártir, pero su canonización quedó truncada, por sospechas sobre la ortodoxia de su obra. aún así Juan Pablo II confirmó su beatificación, junto a la de otros beatificados por equivalencia, como el Beato Fra Angélico (18 de febrero) o el ya santo San Junípero Serra (28 de agosto).

Escribió sobre filosofía, teología, alquimia, lógica, física, arte, cábalas, ciencias; baste decir que habló de la gravedad 301 años antes que Newton. Su obra está casi toda en catalán, árabe y latín, aunque conocía el griego y el hebreo también. Es considerado un gran pensador en los campos espiritual y literario de la Edad Media. Es conocido con los apodos de "El Árabe Cristiano", "Doctor Inspirado" o "Doctor Iluminado". 

En el año 2001 fue proclamado patrono de los informáticos. Fue elegido por su método lógico aplicado a la filosofía y la alquimia. Además, trabajó, desarrolló el cálculo mecánico, la inteligencia artificial, los sistemas generativos, los grafos, las redes semánticas y los diagramas de Venn. Su memoria es el 29 de marzo. Un detalle, se lee que la patrona es Santa Tecla (23 de septiembre), por una alusión al nombre, pero esto no es así, ella lo es de las secretarias y mecanógrafas.


A 29 de marzo además se celebra a






miércoles, 23 de marzo de 2016

El Taumaturgo de Barcelona

San José Oriol, presbítero. 23 de marzo.

El niño José.
El joven José Oriol
demuestra su inocencia.
Nació José en la ciudad de Barcelona el 23 de noviembre de 1650, hijo de Juan y Josefa (o Gertrudis), gente humilde y buena. En 1651, cuando José tenía solamente 6 meses de nacido, su padre falleció a causa de la peste, y su madre se casó con Domingo Pujolar, que trató a José como a su propio hijo. Cuando el niño tenía seis años, Josefa lo llevó a Santa María, la "Catedral del Mar", donde funcionaba una escuela gratuita, a cambio de que los niños sirvieran como acólitos en las funciones religiosas. 
José pronto destacó por su carácter, su aplicación a los estudios y la piedad con la que ayudaba la santa misa. Cuando llegó a la adolescencia, los sacerdotes de Santa María le propusieron estudiase latín y teología, con vistas a ser ordenado sacerdote. Así que en 1664 se trasladó José a casa de su nodriza, Catalina Brugera y se matriculó en la Universidad de Barcelona, terminando la Filosofía en 1671 y la Teología en 1673. En 1674 se graduó de Doctor en Teología, con premio y felicitaciones de todos los profesores. Y a pesar de sus dolencias y enfermedades, entre ellas un hueso descoyuntado que le hacía sufrir mucho, aunque siempre sin quejarse. 

A la par de los estudios, forjaba su alma en el seguimiento de Cristo, era muy penitente, amante de la pobreza y la pureza de costumbres. Ayunaba siempre que podía para templar el cuerpo, nunca estaba ocioso y siempre que podía hacía oración. De esta etapa en la casa de Catalina Bruguera se cuenta que un día, llegó Antonio, marido de Catalina, y halló a José, mozo de 20 años, ayudando a su mujer en la cocina. Le asaltaron unos terribles celos, pero no dijo nada. Mas José, que supo la infamia que pasaba por la cabeza del hombre, puso sus manos en los carbones y le dijo: "soy tan inocente de lo que usted piensa, que no temo poner a prueba de mi inocencia las manos en el fuego". Y así lo hizo, quedando Antonio pasmado.

El Padre Oriol.
Como era la costumbre, para acceder al sacerdocio era necesario poder mantenerse. En 1676 el obispo de Gerona le concedió un beneficio eclesiástico y gracias a esto pudo ordenarse el 30 de mayo de ese mismo año en la iglesia de las dominicas de Vich, por manos del obispo Jaime Mas. Cantó la primera misa el 29 de junio del mismo año en Canet de Mar, en las fiestas de San Pedro. Una vez ordenado, Don Tomás Garnien le contrató como preceptor de sus hijos, y aunque vivía con ellos, gente de clase alta, José no abandonó su estilo sencillo de vida. No se permitía manjares ni faltar a los ejercicios piadosos. No alternaba jamás en fiestas ni reuiniones. Le apodaban "doctor pan y agua", debido a esta austeridad de vida. 


José prefería la predicación y el apostolado, que llevaba a cabo en la iglesia de San Felipe Neri, aunque solo parcialmente. Pero necesitaba el salario para mantener a su anciana y enferma madre. Cuando esta falleció en 1686, José Oriol se vio libre para dejar la preceptoría y dedicarse a su misión sacerdotal. Pero su ideal chocaba con la realidad, tenía que garantizar su sustento. Así que se fue a Roma, donde el Beato Inocencio XI (12 de agosto) le recibió, leyó las recomendaciones que llevaba y animado por su celo pastoral, le concedió ser cura beneficiado de la antigua iglesia de Santa María del Pi, en Barcelona, con los beneficios de San Clemente y San Lorenzo. Esta iglesia estaba atendida por un grupo de presbíteros que sin ser religiosos ni canónigos vivían en comunidad, pagando un alquiler, y repartiéndose los servicios religiosos de la parroquia. 

Imagen que se venera
en la Catedral de Barcelona.
Los sacerdotes acogieron bien a José, del que solo cosas buenas se decían. Este al llegar, eligió como habitación un estrecho habitáculo, donde dormía con suma austeridad. No permitía le lavaran o cosieran sus ropas, ni limpiaran su habitación, haciéndolo todo por él mismo, sin ser gravoso a los demás. Por su exquisita caridad, los presbíteros le eligieron enfermero, labor en la que destacó por su paciencia y caridad para con sus hermanos presbíteros. En la iglesia dedicaba largas horas al confesionario, consciente de la necesidad de arrepentimiento y purificación que el alma cristiana necesita. En breve se convirtió en director de almas de muchísimas personas que le elegían como confesor y director, entre ellas la Venerable Jerónima Llobet, alma piadosa de la Barcelona del siglo XVII. Y no le elegían por ser condescendiente ni laxo, sino por ser justo en sus decisiones, animarles a la perfección sin dejarse llevar por la tentación de la mediocridad espiritual. Alentaba a la piedad sincera, sin boato exterior, desterraba los escrúpulos y las falsas humildades, haciendo de las almas verdaderas discípulas de Cristo. No tenía las reticencias de otros sacerdotes, que dudaban si los seglares podían ser místicos y adentrarse en la profundidad de la oración mental; José les daba pautas y puntos de meditación, ayudas, y les animaba a ello.

El acusado y castigado.
Pero no todo eran agradecimientos. Algunos sacerdotes y fieles veían un exceso en el padre José, creían que la perfección cristiana, la oración mental y la meditación eran imposibles para seglares. También rumoreaban que era muy exigente en el servicio de Cristo, solo porque no dejaba que las almas se acomodaran en tres o cuatro devociones y obras piadosas exteriores. Y es que él quería más: quería autenticidad y vida interior. En fin, que al obispo Benito Ignacio de Salazar llegaron las acusaciones de jansenismo, terrible doctrina rigorista y fatalista, en boga en la Francia del XVII, que muchos prelados commbatieron, como San Francisco de Sales (24 de enero) o San Claudio de la Colombiére (15 de febrero). El obispo, temeroso de una infiltración jansenista en su diócesis, retiró a José Oriol la facultad y licencia de confesar, sin abrir una investigación y ni siquiera hablar con José. El mismo Oriol tuvo que decirlo a sus fieles y dirigidos, que no podía confesarles más. La obediencia era todo para él. Así pues, libre de las horas del confesionario, pudo dedicarse con más atención a la caridad con los pobres, otra de sus ocupaciones. Les visitaba, consolaba, repartía limosnas, incluso en ocasiones todo su beneficio lo daba a los demás. De hecho, los días 6 de cada mes, cuando cobraba sus 200 reales, los pobres se agolpaban en Santa María para recibir su ayuda, y pareciera que multiplicaba las monedas, pues a todos daba algo. Algunos fieles de renombre protestaron ante el obispo, pero este mantuvo su castigo. En 1693 tomó la sede episcopal Don Manuel de Alba, que revisando expedientes de la curia, comprobó que no había acusaciones formales, ni pruebas o fundamentos para condenar a José Oriol como jansenista. Escribió al pobre José, renovándole las licencias para confesar y la respuesta de nuestro santo fue sentarse en el confesionario, como si nada hubiera pasado, sin mostrar orgullo o reticencia. 

El pastor de los enfermos.

San José Oriol
sana al tullido.
En 1697 tuvo el impulso de ser misionero y mártir por Cristo, y el 2 de abril de 1698 se fue a Roma, para ponerse a disposición de la Congregación de Propaganda Fide. Para dormir, se hospedaba en los hospitales y pagaba su estancia con su servicio personal. En este viaje ocurrió que estando con un amigo, luego de comer, vieron que no tenían dinero para pagar. Se afligió el amigo, pero José tomó un rábano, cortó dos rodajas finas, hizo oración y las rodajas se transformaron en dos reales, con los que pudo pagar. Verdaderos ejemplos de caridad dio por todo el camino, aunque no llegó más allá de Marsella, pues en un hospital de esta ciudad enfermó gravemente y tuvo que regresar a Barcelona, donde sus fieles le acogieron calurosamente. En el trayecto de regreso se puso a orar en la cubierta del barco, cuando cayó en éxtasis y se elevó por los aires, y por más que intentaban sujetarlo, seguía subiendo, y por sí solo bajó cuando Dios quiso. 

El fracaso como misionero le sirvió para adentrarse en la voluntad de Dios, que no le quería misionero en la lejanía, sino en la misma Barcelona, entre aquellos con los que le había configurado: los enfermos. Estando el mismo enfermo, había comprobado la soledad, la tristeza y las incomprensiones que invaden a los enfermos. Retomó su apostolado de visitarles, y no solo ello, sino haciendo que los mismos enfermos fueran misioneros unos con otros. Algunos visitaban a los más graves o inválidos, y otros se reunían en la iglesia de Santa María del Pi, donde escuchaban pláticas, oraban y recibían los sacramentos, en una pastoral dedicada especialmente a ellos, verdaderamente revolucionaria en su momento: enfermos evangelizadores de otros enfermos. Sus sermones eran sencillos, pero profundos. Aunque se dirigían a gente sencilla, no por eso era condescendiente en el lenguaje ni en la exigencia de perfección evangélica.

El taumaturgo.
Esta labor apostólica no dejó de ser bendecida por Dios y pronto comenzaron a ocurrir portentos, sobre todo al terminar las oraciones y dar José la bendición con el Santísimo Sacramento. Varios enfermos eran sanados, desde leves hasta algunos aquejados de algunos males durante años. Pronto se corrió la voz por Barcelona, y comenzaron muchos a ir a los sermones y devociones del taumaturgo sacerdote. Sumó a otros sacerdotes a predicar y rezar con los fieles, pero los milagros solo ocurrían cuando era él quien predicaba y daba la bendición con el Sacramento. Y no solo ahí, sino que otros casos se dieron: en una ocasión iba por la calle y una mujer le gritó "dichosa la madre que te parió"; y al oírla un hombre le increpó diciéndole: "¿también crees tú a este embustero?", secándosele los brazos en el acto y teniéndolos inmóviles hasta que, avisado José Oriol, fue, lo bendijo y el hombre sanó y cambió de opinión sobre el santo.

A una mujer sanó de la vista al mandarle se tocara los ojos con agua bendita de la pila del templo de Santa María del Pi. A un religioso carmelita que llevaba siete años baldado, lo sanó igualmente bendiciéndole y animándole a caminar. A sus amigos Llobets, que no tenían pescado un viernes de Cuaresma, mandó el santo que miraran en la despensa, y hallaron un bacalao entero. Una vez que tenía que confesar a las monjas jerónimas y llevaba una semana lloviendo, salió de la iglesia sin cubrirse y llegó al monasterio seco. Advertidas de ello las monjas, le preguntaron como era que había ido bajo esa agua, y no se había mojado, y el santo les dijo "la lluvia cumple su labor, yo cumplo la mía".

Tuvo el don de bilocación, o al menos el de sutileza, que es atributo de los ángeles, los cuales pueden trasladarse de un sitio a otro en un segundo, sin llegar a estar dos veces en el mismo lugar. Lo corroboraron testigos que en un viaje de Barcelona a Mataró le ofrecieron viajar en su carruaje, pero el santo se negó (siempre viajaba a pie). Al llegar allí los amigos, hallaron al santo sentado a las puertas de la ciudad y rezando su breviario. En otra ocasión visitaba el convento de Santa María de Gracia, a media hora de Barcelona, cuando dieron las doce del día. Siendo la última hora para cantar misa, antes de terminar las campanadas, ya estaba cantando misa en Santa María del Pi. Con estas noticias, normal es que la fama de santidad traspasara Barcelona, Cataluña y llegase a otras partes de España.

El fin y el principio.

Imagen relicario que
se venera en San Jaime
de Barcelona.
El 8 de marzo de 1702 se sintió mal, y como estaba muy cansado quiso recostarse. Pero sucedió que su habitación estaba ocupada, por lo que fue a casa de la familia Llobet, el cual por caridad le prestó un sitio donde descansar. Poco pudo hacerlo, pues pronto se agravó y hubo que llamar al médico, el cual confirmó la gravedad del santo. Le visitaron todos sus compañeros de Santa María, ya que no era conveniente trasladarle. Allí mismo le administraron el Viático. El 20 de marzo recibió los sacramentos y suplicó que la escolanía de su iglesia del Pi fuera a cantarle el "Stabat Mater", lo cual le provocó una gran emoción y paz. El 23 de marzo falleció serenamente, fue reverstido con sus ornamentos sacerdotales y tendido sobre una mesa; cuatro velas se pusieron a su alrededor, dándose el milagro que ardieron más de 24 horas sin consumirse y al ser apagadas, pesaban lo mismo que al ser encendidas. Fue tanta la gente que acudió a casa de los Llobet, que las escaleras de madera crujían, y se hizo tal nudo de personas, que se tuvo que tirar un tabique para que la gente saliera por otro sitio distinto de donde habían entrado.

Los funerales fueron concurridísimos, duraron varios días y se celebraron con gran solemnidad. Durante ellos, los devotos no cesaron, y ocurrieron muchos portentos, como la sanación de un niño tullido, que en los 7 años que tenía, jamás había caminado. Y eran tantos los devotos, e iban a más, que temían les enterraran a su santo, que aquello se hacía interminable. Por ello, los sacerdotes de Santa María anunciaron que lo sepultarían al día siguiente, y habiendo vaciado la iglesia, lo enterraron en la capilla de la Santa Espina, poniendo una pesada losa de piedra encima. Fue sepultado en Santa María del Pi, para seguir derramando gracias sobre los devotos, como había hecho en vida.

En 1759 se abrió el proceso de canonización, en cuyas fases declararon más de 60 personas que habían conocido a José Oriol. Pío VII lo beatificó a 21 de septiembre de 1806, y fijó su memoria para la diócesis de Barcelona. Ese año se había exhumado el cuerpo y se hallaron algunas partes conservadas. Una parte se envió a Roma, otra se repartió por toda Cataluña y –España, pero la mayor parte de las reliquias fueron puestas en el altar que se le dedicó en Santa María del Pi. Finalmente San Pío X (21 de agosto), lo canonizó a 20 de mayo de 1909.


Fuente:
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 3. Editorial Edibesa, 2001.
-“Mes consagrado al Beato José Oriol”. Barcelona, 1858.



A 23 de marzo además se celebra a 
Santos Victoriano, Liberato y compañeros mártires de Cartago.
San Nicon y compañeros mártires de Sicilia. 
Santos Fingar y Piala, mártires.

domingo, 6 de marzo de 2016

San Olegario, apóstol y diplomático.

San Olegario de Tarragona, obispo. 6 de marzo.

Imagen que se venera
en la Catedral de Tarragona.
Nació en Barcelona, en 1060, y fue hijo de Olaguer y Julia, caballero él y de ascendencia goda ella. Su padre lo introdujo en la corte de Ramón Berenguer I, conde de Barcelona, donde se educó junto a los hijos del conde. Se formó en filosofía, latín, música, artes, teología y ciencias, con vistas dedicarle a la carrera eclesiástica. A los 10 años de edad fue admitido entre los canónigos de Santa Cruz de Barcelona, a cambio de las rentas de las viñas y otras heredades que la familia poseía en Vich. 

En aquel ambiente eclesial de piedad y letras, celebrando el culto divino y formándose, llegó a los 30 años, edad a la que fue ordenado presbítero por Beltrán de Barcelona. Una edad tardía, teniendo en cuenta su temprana consagración al servicio de Dios. Además, el obispo le nombró preboste del cabildo catedralicio. Pero poco duró en el oficio, pues buscando la perfección evangélica, decidió pasar a los canónigos regulares de San Agustín que vivían en el monasterio de San Adrián, y que eran fundación del mismo obispo Beltrán. Así que tomó el hábito con ellos, aun contrariando a su familia, al obispo y al mismo conde de Barcelona. Fue un canónigo ejemplar y tanto, que en 1096 le hallamos como prior de la comunidad. Pero el mandato no le gustaba, así que se fue a la Provenza, donde estaba el monasterio de San Rufo, de la misma regla. Entró como simple canónigo, pero en breve igualmente fue elegido preboste a la muerte del anciano abad.

En 1115 fue elegido obispo de Barcelona por los obispos de la provincia eclesiástica barcelonesa. Doña Dulce, esposa del conde Ramón Berenguer III influyó notablemente en este nombramiento. Ella misma le pidió la acompañara a Barcelona desde la Provenza, sin decirle para qué. Cuando Olegario llegó a Barcelona halló que le habían elegido obispo y se negó rotundamente a aceptar. Además, huyó, esperando refugiarse en su abadía provenzal, pero le alcanzaron en Perpiñan, donde le comunicaron que el papa Pascual II confirmaba su nombramiento y le obligaba aceptarlo bajo obediencia. Así fue que le consagraron obispo en Magalone, Provenza. Ya consagrado, se dedicó al ministerio de la predicación de la palabra de Dios, la asistencia a los pobres y enfermos, el gobierno justo, la observancia de los monasterios y del clero. Fue llamado a Roma en 1117 por el papa Gelasio II, pero debido a la huida de este por la persecución de Enrique V, el encuentro tuvo lugar en Gaeta, aunque Olegario primero visitó Roma y veneró las tumbas de los Santos Apóstoles. En Gatea Gelasio quedó prendado de las virtudes de sencillez, mansedumbre y caridad de Olegario, así como de sus luces para el gobierno.  

Luego de 1117, “reconquistada” por los cristianos la ciudad de Tarragona, Ramón Bererguer pidió al papa que esta sede volviera a tener su merecida categoría de metropolitana, por su antigüedad. Gelasio II accedió y, además, el 21 de marzo de 1118, nombró a Olegario como obispo, dándole el palio personalmente. En 1119 participó en el Sínodo de Tolouse, presidido por Calixto III. Luego participó en el Sínodo de Reims, donde tuvo el encargo de predicar a los sinodales. En 1123 estuvo en el I Concilio Ecuménico de Letrán, que fijó definitivamente la norma del celibato sacerdotal, de la que Olegario fue acendrado defensor. Volvió a España como legado papal para las campañas contra los moros del conde Ramón Berenguer. Terminadas estas, se fue a Tarragona, donde trabajó para el pueblo de Dios, predicando, consolando, impartiendo justicia. A su obra se debe la restauración de la bellísima catedral de Tarragona. En 1129 convirtió Tarragona en un principado dependiente del conde de Barcelona, y el primer príncipe, vasallo de Berenguer, fue Robert Bordet, un caballero normando. 

Luego de dejar en orden Tarragona, decidió peregrinar a Tierra Santa. Visitó Palestina, Jerusalén, Nazaret y las demás ciudades sagradas cristianas. De regreso desembarcó en Francia para saludar a sus queridos hermanos canónigos de San Rufo. Cuando llegó a Barcelona, era ya de noche, pero fue de incógnito a la catedral y hallándola cerrada, se postró ante sus puertas a orar. Algunos le reconocieron y doblaron las campanas, avisando al pueblo y clero, que le recibieron con alegría. En 1130 murió el papa Honorio II, y tras esto hubo una doble elección: Los Pierleoni y su facción de cardenales, eligieron a uno de los suyos, Anacleto II, y los Frangipani eligieron a Inocencio II. Este era conocido de Olegario desde los tiempos del destierro de Gelasio II en Gaeta, y a él reconoció como papa Olegario. Además, se reunió con él en el Sínodo de Clermont, que excomulgó a Anacleto II como antipapa. Fue Olegario el únivo obispo español presente en el Sínodo. Allí conoció a San Bernardo de Claraval (20 de agosto). Vuelto a la sede, se dedicó al gobierno pastoral, la defensa de la Iglesia y, además, su prestigio le llevó a mediar entre Ramiro II de Aragón y Alfonso VII de Castilla, que hicieron la paz en Zaragoza, estando presente Olegario.

A pesar de toda esta actividad apostólica y diplomática, Olegario tenía una profunda vida interior, que alimentaba con la penitencia y la oración. El 12 de febrero de 1136, con 76 años, cayó enfermo y sintiendo cerca su fin, se deshizo de sus propiedades en favor de la Iglesia y los pobres. Pidió a todos sus diocesanos oraran por él y se dispuso a la muerte. Recibió el viático, y pasó sus últimos días en oración y arrepentimiento. La tarde del 6 de marzo del mismo año falleció tranquilamente. Sus reliquias se veneran en la catedral de Tarragona. En 1675 el papa Clemente X confirmó su culto inmemorial. Es uno de los patronos de la diócesis tarraconense.


Fuente:
-"Nuevo Año Cristiano". Tomo 3. Editorial Edibesa, 2001.



A 6 de marzo además se celebra a 




sábado, 19 de septiembre de 2015

Santa María de Cervelló, la de los navegantes.

Los prodigios y hechos sobrenaturales se entremezclan demasiado con la vida de esta santa, que transcurrió en un monasterio, el primero femenino de la Orden de la Merced. Una vida entregada a la redención de los cautivos desde la oración y la penitencia. Una vida inmolada al sostenimiento de su Orden y la labor redentora de esta:

Escultura de Romero Zafra.
Santa María de Cervelló, virgen mercedaria. 19 de septiembre.

Familia e infancia.

Fue María de la noble estirpe de los Cervelló, una familia antiquísima que había participado en la reconquista de Cataluña y Valencia. Agraciada por reyes, poderosa en bienes y en influencias. Su padre, de nombre Guillem, de joven quiso ser religioso, pero sus padres se lo impidieron, considerando que al tener poca descendencia ellos, toda su fortuna, títulos y prebendas, pasarían a otros parientes. Así que obligado, casó con Ana María Ferrer y Sors, igualmente pertenecía a la nobleza más aguerrida del condado, y era piadosa y muy caritativa. Durante tiempo no tuvieron hijos, hasta que la madre acudió a San Pedro Nolasco (29 de enero y 6 de mayo) para que rogase a Dios por ellos y pudieran concebir. Le prometió el santo que así lo haría, y efectivamente, el 1 de diciembre de 1230 les nacía una niña a la que llamaron María, en honor a la Santísima Virgen. Fue bautizada el 8 de diciembre, día de la Concepción, en la parroquia de Santa María del Mar, que les correspondía, en el primitivo sepulcro de Santa Eulalia, que fungía como pila bautismal. Educaron a la niña en la piedad, la caridad, lamodestia y la hmildad, siendo admiración de los familiares y de toda la ciudad (!) los progresos que hacía la pequeña, floreciendo en ella todas las virtudes. Baste decir que a los siete años sus únicos gustos eran la caridad y la piedad. Solo quería saber de las cosas de Dios. No salía de casa sino era para ir a la iglesia o socorrer a los pobres, vivía en encerramiento, solo se acompañaba de niñas que fueran piadosas como ella, para jugar a las monjas. Y nos saltaremos toda esta infancia legendaria, la verdad. 

María, virgen consagrada.
Ya hecha una joven, dejó de querer que la atendieran esclavos o criados, visitaba los hospitales tres veces a la semana, además de visitar los barrios pobres, dando socorro a todos cuanto podía, implicando también a algunos familiares en esta obra apostólica. Jamás miró hombre alguno, considerando que la pureza virginal era el regalo más valioso que Dios le había hecho. Por ello, cuando sus padres intentaron casarla con un joven virtuoso y noble, también de la casa de los Cervelló, ella se negó rotundamente. Su tío Guerao intentó convencerla aludiendo a la tristeza de sus padres por no tener descendencia, con que el matrimonio también puede servir para llegar a Dios, que si una ama de casa también puede ser santa, etc. Pero nada, María miraba por su salvación, por lo cual suplicó y suplicó, hasta que sus padres accedieron a que se hiciera la voluntad de Dios, que veían en su bendita hija. Libre María para elegir estado, tomó de confesor a piadoso y docto San Bernardo de Corbara (2 de febrero), religioso mercedario del convento de la Merced de Barcelona. Este le dirigió, moderando sus penitencias, encaminándolas a su verdadero fin: la purificación y el desapego de lo material, incluidas las mismas penitencias, las cuales llegan a no necesitarse cuando el alma se adentra en Dios y ya es una con Él. Refrenó también sus horas de oración y caridad, para que dedicara más tiempo a su familia y amigos. En fin, que la templaba en el mundo, que le conociese, para que amara más el claustro. Y tanto, que de nuevo sus familiares intentaron casarla, pero aquí tuvo María la ayuda de su confesor, que la defendió e hizo ver mediante un sermón a la familia, que aquella joven estaba “predestinada” para Dios. Sintiéndose libre para Dios, María entró a su aposento, y luego de encomendarse a la Madre de Dios, se cortó los cabellos y se puso un sayal áspero, confesando a sus padres su definitiva intención dedicarse a Dios. Con 18 años, en 1248, redactó un voto de virginidad, que entregó a su confesor y que durante siglos se conservó en la basílica-convento de la Virgen de la Merced de Barcelona. 

El beaterio.
Encerrada en su aposento vivió hasta los 30 años, cuando muere su padre en 1260. Junto a su madre vendieron joyas, posesiones, donaron casi todo a los pobres o para la redención de los cautivos, y se retiraron a una pequeña casita que poseían junto al hospital de Santa Eulalia. Allí, como dos beatas vivían en recogimiento, oración y penitencia. Solo salían para servir a los pobres, asistir a los oficios con los religiosos mercedarios o atender a los enfermos en el hospital. En 1265 murió la madre, quedando desolada María de Cervelló, aunque confiada en Dios. Poco tiempo le duró la soledad, pues asociada con los padres mercedarios, dio cabida en su beaterio, a dos mujeres piadosas: la Beata Eulalia Pinós (5 de febrero) y la Beata Isabel Berti (19 de enero). Eran viudas de caballeros que trabajaban caritativamente en el hospital de Santa Eulalia, habían donado posesiones y ofrecían sus oraciones y trabajos por la obra redentora de los frailes. Acogidas allí, se redactó una norma de vida, y bajo el gobierno de María, nacieron las beatas mercedarias, origen de la rama femenina mercedaria. Ese mismo año de 1265, el capítulo General de Tarragona admitió la erección del Beaterio femenino, bajo la obediencia del prior de Barcelona, a la sazón Fray Bernardo de Corbara, el principal valedor de las tres beatas. El 25 de marzo tomaron el hábito mercedario, semejante al de los religiosos, con toca y velo, por supuesto. Profesaron el 8 de julio del mismo año y María fue nombrada superiora de la pequeña comunidad. La vida de las tres religiosas continuó encaminada a la redención de los cautivos, mediante la oración y el auxilio a los enfermos de su hospital (en principio no tenían clausura papal, que llegaría mucho más tarde). Aprendieron el Oficio Divino, para unirse a la liturgia de la Iglesia. Vivían pobremente y hacían penitencia, todo por los pobres cautivos cristianos y sus frailes redentores en las tierras de África y el sur de España. Al poco tiempo tuvieron otras compañeras, entre ellas Santa Colagia (21 de junio).

Nuestra María ayunaba tres días a la semana, y los demás solo tomaba unas verduras, sin permitirse el vino o el queso. Tanta fue su caridad, que comenzaron a llamarla “María del Socorro”, cumpliendo el cuarto voto mercedario, de ofrecerse uno mismo por los cautivos, si fuera necesario. Ellas, las religiosas, lo hacían con la caridad, las penitencias y las oraciones. Una entrega total. Cualquier regalo que sus familiares le llevaban, lo derivaba al hospital, para los enfermos. Usaba permanentemente un cilicio sobre las carnes, dormía en el suelo aunque tenía cama, y un madero era su almohada. Su oración y presencia de Dios eran permanentes, y cosa rara, tenía licencia para comulgar todos los domingos y fiestas importantes de la Iglesia. Varias veces fue vista en éxtasis ante el Sacramento, o ante un Cristo muy devoto que poseía desde su infancia y le acompañaba siempre. Sabida es de su intercesión constante por los frailes que iban a tierras de moros, y tan ardiente era, que más de una vez salvó con su oración a los navíos de tormentas, ataques de piratas, fuegos. Las leyendas hablan de que gozó del donde la bilocación: habérsele visto sobrevolando los barcos, o caminando sobre las aguas protegiéndoles trazando la señal de la cruz, mientras que a la misma hora estaba absorta en la oración, en su monasterio. Leyendas exactas se leen de Santa Catalina Thomàs (5 de abril y 31 de agosto, traslación de las reliquias) y de San Pedro González "Telmo" (14 de abril y 27 de abril, traslación de las reliquias). Además, sanó a varios enfermos, tenía don de conciencias, predijo en más de una ocasión el fruto de expediciones mercedarias, etc. Fue amante de las Sagradas Escrituras, leyéndolas constantemente, así como otras obras espirituales. Escribió a varios prelados, religiosos, y alguna obrita espiritual perdida. Se le atribuyen muchas frases y enseñanzas a nuestra santa. Recojo algunas:
Hombres sin letras, más se deben llamar estatuas que hombres”.
La alegría quieta y sosegada es don de Dios, que pocos la conocen. Y sólo los pobres de espíritu la alcanzan”.
Armas contra el demonio: fe y Escrituras Sagradas”.
Hacienda propia se ha de ofrecer a Dios, y no la ajena”.
La oración enternece a Dios, pero las lágrimas le fuerzan”.
No han de durar más los reinos, de lo que dura la justicia en ellos”.

Muerte y gloria. 
A mediados de 1290, con sesenta años, tuvo la revelación de que su vida estaba a término y pronto se reuniría con el Esposo Cristo. Redobló sus oraciones, penitencias y obras piadosas. A inicios de septiembre tuvo un desvanecimiento y fue llevada a la enfermería. Allí se encomendaba todos los días a la Santísima Virgen, hacía profesión de fe y renovaba sus votos. Aconsejaba a las religiosas, les daba ejemplos y ejercitaba su obediencia y paciencia para con todas. El día 19 pidió le leyeran la Pasión y Muerte del Señor, consolándose en ella. Mientras, la gente se arremolinaba en torno al convento y en las iglesias se ofrecían oraciones por la santa madre María del Socorro. Al término de la Pasión, expiró dulcemente y un silencio triste se extendió por toda la ciudad, roto por el júbilo de las campanas, que solas repicaron, anunciando la entrada gozosa en el cielo de María y confirmando lo que todos creían ya: que era una santa. Los frailes llevaron el santo cuerpo a la iglesia del hospital de Santa Eulalia, donde durante tres días fue venerado por el pueblo, se ofrecían sufragios y ocurrían curaciones y portentos. Fue enterrada en la capilla de Santa Marina de la misma iglesia, cerca del altar mayor. Después de muerta (o viva plenamente), su protección sobre los navegantes y expediciones mercedarias no fue a menos, sino que ya en la gloria, se multiplicó, a tenor de los numerosos testimonios de religiosos, comerciantes y cautivos.

En 1380 Pedro IV de Aragón “el Ceremonioso”, hizo trasladar el cuerpo de María de Cervellón, a un sepulcro más digno, acorde a la devoción que el pueblo y él mismo le profesaban. El 16 de agosto se abrió la sepultura, hallándola incorrupta y se hizo la traslación, a una caja dorada y hermosísima. Y ocurrió el milagro de que siendo la nueva más grande que la anterior, el santo cuerpo no cabía de manera alguna. Sacaron en conclusión que María prefería su antiguo y sencillo ataúd, por lo que fue puesto en el mismo, que sellaron y depositaron en la capilla de Santa Catalina. En vano, pues al otro día apareció el cuerpo en la sacristía del templo, queriendo manifestar María que no quería otro sitio que su humilde enterramiento primitivo. En 1402 se escribe la primera crónica de vida, muerte y milagros de la santa, para presentarla en el Capítulo General de Lérida. En 1420 fue trasladada a la basílica y convento de la Merced, y donde parece estaba a gusto, pues allí está todavía, recibiendo la veneración de los fieles, entre ellos un servidor, que la ha podido venerar. Aunque siempre fue tenida como santa, en 1692 Inocencio XII confirmó el culto inmemorial que la Orden Mercedaria y Barcelona rinden a Santa María de Cervelló.


Fuente:  
"Vida y hechos maravillosos de Doña María de Cervellon". ESTEBAN DE CORBARA. Barcelona.


A 19 de septiembre además se celebra a 
San Rodrigo de Silos, abad.
San José María Yermo y Parrés, presbítero fundador. 

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