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miércoles, 2 de junio de 2021

Madre de un doble sacerdote.

Santa Mundana de Sarlat, viuda y mártir. 2 de junio, 5 y 31 de mayo.

Se nos dice que vivió en el siglo V y fue la madre del obispo San Sacerdote de Limoges (5 de mayo). Su marido se llamaba Labán, quien era un alto magistrado en Burdeos. Luego de arduas oraciones, obtuvieron la gracia de tener un hijo, a quien, para que quedara claro su destino, llamaron “Sacerdote”. Fue bautizado teniendo como padrino al el rey de Aquitania. Cuando Sacerdote fue ordenado presbítero y comenzó su fama de virtudes y milagros, Mundana y Labán abandonaron la vida matrimonial, dedicándose a vivir en castidad y haciendo caridad. Repartieron sus numerosos bienes, dando una mitad a los pobres y otra a la Iglesia. Además, dieron la libertad a sus esclavos, algunos de los cuales les siguieron sirviendo por amor, pues buenos amos eran. Ambos formaron parte de los discípulos de su hijo, ayudándole en su acción misionera.

Labán murió poco tiempo después, y Mundana tomó el velo monástico, sin dejar de seguir a su hijo, a la sazón elegido obispo de Limoges. A pesar de perder la vista, ella, como madre y discípula fiel, siempre le acompañaba. Sacerdote murió en 534, aún joven, con dolor de su madre. Cuando el cuerpo del santo descendía por el río Dordogne rumbo al monasterio de Calviat, donde sería sepultado, Mundana tuvo una inspiración divina y pidió la llevaran a “ver” el cuerpo de su hijo, a pesar de estar ciega. Dos mujeres la llevaron, y apenas tocó el cuerpo del amado hijo y maestro, recuperó la vista milagrosamente.

La tumba del santo en Calviat fue pronto una meta de peregrinos, quienes siempre podían encontrar allí a la santa viuda, a la vera del sepulcro de su hijo, rezándole e intercediendo ante él por los que le pedían oraciones. Ni siquiera se apartó de allí cuando los vándalos, de fe arriana, invadieron la zona. El 31 de mayo de 548, mientras se dirigía a su acostumbrada cita con su hijo, fue apresada por los vándalos arrianos. Estos, al saber quién era y adonde iba, la asesinaron sin piedad junto a sus acompañantes. En aquel sitio donde cayó su sangre martirial brotó una fuente, donde los aquejados de dolores de cabeza y de los males de la vista.

Las reliquias de Mundana, Sacerdote y sus compañeros mártires se veneraban en Sarlat hasta 1575, cuando los herejes hugonotes las profanaron. Alguna reliquia del santo dicen se conserva en Sigüenza, pero serían las de San Martín, obispo cisterciense.

Fuente:
-"Les vies des Saints". Tome Second. ADRIEN BAILLET. 1704.

miércoles, 5 de mayo de 2021

Monje ejemplar, fundador y prelado humilde.

San Martín de Sigüenza, obispo cisterciense. 5 de mayo y 16 de septiembre. 

Nació sobre 1140, en la familia noble castellana de los Finojosa (o Hinojosa), emparentada con los reyes navarros. Sus padres fueron Miguel Muñoz de Finojosa, y Sancha Fernández. Fue un niño despierto para las letras, por lo que pronto comenzó a estudiar, a la par que acrecentaba sus virtudes. Siendo aún jovencito murió su padre, el cual fue enterrado en Silos. El día de los funerales, el ver la solemnidad de los monjes, su dedicación a la alabanza divina y su compostura, le decidieron a ser monje. Somo era el segundo de los hermanos, al decirle a su madre, esta no opuso reparos, pues la sucesión era toda del hermano mayor, Nuño.  

Sin embargo, Martín no se decidió por los benedictinos de Silos, sino por los cistercienses de Cántavos (primer monasterio de la comunidad que luego pasaría a Huerta), fundado en 1151. La vida ascética del Císter y su sencillez le atrajo mucho más que la benedictina. Junto con el hijo, la madre entregó al monasterio el pueblo de Boñizes, que le pertenecía al hijo. A pesar de su origen noble, Martín no desdeñó tareas impuestas: siempre callado, humilde y obediente, sus delicias eran la oración y el trabajo manual. Al poco tiempo de hacer sus votos ya era muy considerado por los monjes como un digno hijo de San Benito y San Bernardo. 

En 1162 la comunidad se trasladó al hermoso monasterio de Huerta, y Martín fue elegido como abad, habiendo fallecido el abad Dom Blas. Sólo tenía 26 años. Aparte de sus prendas, influyó, como no, su familia y su origen nobiliario. Su tiempo como abad hizo florecer Huerta, convirtiéndolo en un verdadero huerto de virtudes y erudición. El monasterio tiene una biblioteca estupenda que fue iniciada en tiempos de Martín, al que Huerta llama, con justicia, “nuestro Padre”.  

Sus ejemplos, escritos y la labor de los monjes hicieron al recinto y a Martín ganar la admiración del rey Alfonso VIII y de los nobles castellanos y leoneses. En 1179 comenzó la edificación de la nueva iglesia monástica, poniendo la primera piedra el rey y su mujer, la reina Leonor. Este rey, además, le concedió varios pueblos, salinas y no pocos beneficios de impuestos para que la obra no se detuviese. Los reyes de Aragón también fueron espléndidos con el monasterio, dotándolos con alhajas, exenciones, ricas telas y vasallos, a cambio de las constantes oraciones de los monjes por los monarcas y sitio de enterramiento. Incluso había una ceremonia para esto, en la cual, dicha la misa de la Santísima Trinidad, se acudía procesionalmente al claustro y allí el abad señalaba el lugar de la sepultura del noble o monarca protagonista de la ceremonia. Todavía hay allí una comunidad monástica masculina.

Martín tuvo gran estima a las monjas de Las Huelgas de Burgos, a las que donó tierras y beneficios que él recibía. Las visitaba con frecuencia y ellas lo agradecían con sus oraciones y primorosos trabajos de costura para su catedral. A las abadesas de Las Huelgas dio la sujeción de todos los monasterios de monjas de los reinos de Castilla y León, creando una especie de abadesa general. Decretó que todos los años se celebrase allí un Capítulo de monasterios femeninos, asistiendo él al primero, en 1189. 

Martín fue elegido obispo de Sigüenza por los canónigos de esta catedral en 1191, siendo confirmada su elección por el rey Alfonso y del papa Clemente III. Aunque Martín se negó, finalmente aceptó humildemente. Fue atento a la vida moral del clero, del cabildo catedralicio y de los monasterios. Dictó cánones para proteger a los presbíteros en los juicios, algunos de ellos hoy diríamos que injustos en cuanto bastaba la palabra de los sacerdotes para ser creídos. Ganó los viejos pleitos que el obispado tenía con los obispados de Osma y Tarazona, a cuenta de los límites territoriales, los pueblos que les pertenecían, con sus respectivos diezmos e impuestos. Fue padre providente de los pobres, desamparados y cautivos cristianos que estaban prisioneros de los musulmanes en otras partes de la península ibérica. 

Solo dos años fue obispo titular nuestro santo, el cual anhelaba tanto el claustro, que en 1193 pidió al papa Celestino III le permitiera renunciar, para volver al monasterio. Una vez obtenida la licencia papal y el permiso real, se despojó de todas sus insignias episcopales en una solemne ceremonia en la catedral, y vestido solamente con su usado hábito del Císter, emprendió el camino a pie a Huerta. Allí fue recibido por sus monjes con gran alegría, y el mismo lloró lágrimas de gozo al abrírsele las puertas. No está claro si siendo aún obispo titular o habiendo vuelto al monasterio, murió su madre, la cual quiso ser sepultada en Huerta, en una simple tumba detrás de la capilla mayor, sin reconocimiento alguno. Así lo hizo el santo, quien hubiera deseado una hermosa sepultura para su madre, pero prefirió cumplir su voluntad. 

En el monasterio vivió aún 20 años más entre rigores, oración, silencio y vida escondida. Tenía oración muy subida, y su carne era presa de grandes penitencias. Ejercía los más oficios humildes y obedecía prontamente como si de un novicio se tratase. En 1213, estando visitando a los monjes de Oliva, supo por revelación que moriría pronto. Emprendió camino de vuelta para morir en su amado Huerta, más pasando por el monasterio de Socota de Tajo, tuvo que detenerse para rendir su alma al Creador, el 16 de septiembre del mismo año, con 75 años de edad. 

El santo cuerpo fue trasladado a Huerta con tristeza, pero con alegría al mismo tiempo, como si de la traslación de las reliquias de un santo canonizado se tratase. Y no pocos favores dispensó a los que le rendían homenaje en el camino. Fue sepultado en la iglesia del monasterio en una sencilla sepultura en la tierra. En 1558 hubo una inundación en la zona y las sepulturas se hundieron, dejando ver la osamenta del santo, mas no la cabeza. Se identificó por las vestimentas episcopales que vestía y por el intenso perfume que brotó del sepulcro. Las reliquias se colocaron en el altar mayor. En 1662 se trasladaron a una bella urna de jaspe y bronce, que fue colocada en el retablo mayor. En 1776, concluido el hermoso retablo barroco de la iglesia, la urna fue puesta en este. 

Sobre la cabeza perdida, una leyenda dice que un ángel, vestido de peregrino la tomó y la entregó al Capítulo de Sigüenza, los cuales la colocaron en el retablo mayor. Sin embargo, otra leyenda dice que es la de San Sacerdote de Limoges (5 de mayo). 


Fuentes:
-"Médula Histórica Cisterciense". Volumen 3. ROBERTO MUÑIZ O.Cist. Valladolid, 1780.
-
La leyenda de Oro. Tomo 2. Madrid 1853


A 5 de mayo además se recuerda a:

Santa Ferbuta,
virgen y mártir
.
San Ángelo,
protomártir carmelita
.
Santa Jutta,
viuda y eremita
.
San Maroncio, abad.






martes, 23 de enero de 2018

Los Santos Desposorios.

Los Desposorios de la Santísima Virgen y San José. 23 de enero.

Los Desposorios.
Cristóbal de Villalpando.
Esta festividad, hoy eliminada del Calendario Universal de la Iglesia, nació en el siglo XV cuando un canónigo de Chartres, devotísimo de San José, logró se incluyera en el propio de su iglesia local. En 1537 los franciscanos obtuvieron la facultad de celebrarla como fiesta propia y la propagaron durante los siglos XVII y XVIII, principalmente. Las iglesias locales la fueron asumiendo, aunque en diversas fechas, para no interferir en sus calendarios particulares. Por ejemplo, en Flandes era a 6 de febrero, o en Alemania a 22 de diciembre. Los carmelitas, devotos josefinos, también la tomaron como fiesta. Como no podía ser menos, cuando la devoción se extendió, aparecieron las reliquias, y en algunos sitios se veneraba "el anillo de compromiso" que San José habría dado a María. En 1725 Benedicto XIII extendió la Fiesta de los Desposorios de Nuestra Señora a toda la Iglesia. En el misal de 1962, reformado por San Juan XXIII (11 de octubre) ya no aparece.

Pero, ¿de dónde se tomó material devocional y litúrgico para establecer esta festividad? Pues de los Evangelios Apócrifos, puesto que las Sagradas Escrituras no dicen nada sobre este misterio de la vida de la Madre de Dios. Existen varias versiones del tema en libros antiquísimos que, si bien no son canónicos, esto no es óbice para conocerlos, puesto que su antigüedad los hace venerables. Y, ciertamente, muestran lo que los cristianos primitivos tomaron como tradiciones y creyeron.

Primera Versión:
La más antigua es del "Proto Evangelio de Santiago", un escrito a finales del siglo II, aunque hay que recordar que está mezclado con una obra de igual nombre mucho más tardía, de los siglos VII u VIII. Según este, cuando la Santísima Virgen llegó a los 12 años, los sacerdotes del Templo se dijeron: "María ha cumplido doce años y aún sirve en el templo del Señor. ¿Qué debemos hacer para evitar que ella contamine el Santuario del Señor?" (se referían a que aún no menstruaba, sabemos que la sangre era algo contaminante para los judíos). El Sumo Sacerdote, que era San Zacarías (5 de noviembre) en ese momento, entonces oró por ello, y estando en el Templo, se le apareció un ángel que le dijo: "Zacarías, sal fuera y llama a los viudos del pueblo, y que cada uno de ellos lleve consigo un cayado Aquel a quien el Señor dará una señal, será su marido". 

Se avisó a todos los viudos, y se acercaron todos al Templo de Jerusalén. Entre ellos estaba San José, quien también entregó su bastón a Zacarías. Entonces apareció una paloma blanca que voló sobre la cabeza de San José. Zacarías le dijo: "Tú has sido designado por el destino para tomar a la Virgen del Señor bajo tu cuidado". José protestó diciendo que era anciano y con varios hijos, mientras que María era joven. Pero Zacarías le recodó que debía obedecer a la elección divina. Entonces San José tomó a María y la desposó.

Los Desposorios. Giotto.
Se ve la paloma saliendo de la vara.
Segunda versión:
Es tomada de "Historia de José el Carpintero", una leyenda de origen egipcio, del siglo IV, relata que San José, además de carpintero, era sacerdote del Templo del Señor. Tenía varios hijos llamados Justo, Santiago y Simón, y dos hijas llamadas Asia y Lidia. Cuando enviudó, dejó el Templo para trabajar de carpintero y mantener a sus hijos. Llegó el momento antes descrito de los doce años de la Virgen, y entonces los sacerdotes echaron suertes entre los hombres viudos, uno de cada una de las tribus de Israel. Fue José, de la tribu de Judá, el elegido. Entonces los sacerdotes dijeron a María: "Únete a José y quédate con él hasta el tiempo de tu matrimonio". San José la tomó, la dejó en su casa y volvió a su taller de carpintería.

Tercera versión:
La hallamos en el "Evangelio de la Natividad de María", datado a finales del siglo V. Este texto dice que María, llegando a la pubertad, fue enviada a su casa, como las otras niñas del Templo. Pero si bien las otras tenían a sus padres para recibirlas, María no, así que dijo que no podía hacerlo, pues sus padres vivían dedicados al Señor y que, además, ella había prometido vivir eternamente como virgen del Señor. ¿Acaso quería el Sacerdote que ella rompiera un voto a Dios? El Sumo Sacerdote, ante esta novedad (el autor admite que un voto de virginidad es algo inaudito en la cultura judía), consultó a los otros sacerdotes y todos acordaron pedir un oráculo al Señor. Se postraron todos en oración y cuando el Sumo Sacerdote entró al "Sancta Sanctorum" se escuchó una voz que clamó el texto de Isaías: "Y saldrá una vara del tronco de Jessé, y un renuevo retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu del Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo, y de fortaleza, Espíritu de conocimiento y de temor del Señor" (Isaías 11, 1-2).

Entonces los sacerdotes convocaron a todos los hombres solteros de la Casa de David a que trajeran una rama seca para ponerla en el altar del Señor. Aquel cuya vara floreciera sería el elegido. Entre ellos estaba San José, un anciano viudo, quien dejó que todos los otros pusieran su propia vara en el altar. Al no haber portento, José fue conminado a poner su propio bastón en el altar. Así lo hizo y enseguida floreció, con lo que todos supieron era el elegido. Además, aquí también se repite la presencia de la paloma. Después del Desposorio, José regresó a su casa para preparar todo para la próxima boda. La Virgen del Señor, María, volvió a la casa de sus padres en Galilea, acompañada por otras siete vírgenes a esperar el matrimonio. 

Esta es la versión que más ha influido en la iconografía josefina en Occidente, pues la vara florecida ha pasado a ser el atributo típico de San José.

Los Desposorios. Fra Angelico.
Se ve a un pretendiente disgustado romper su vara.


Cuarta versión:
La hallamos en el "Evangelio de Pseudo-Mateo", igualmente tardío y nacido entre cristianos provenientes de ambientes judíos. Llegada María a los 12 años, el sacerdote Abiatar quiso casarla con su hijo. Pero María objetó: "No puede ser que un hombre me posea". Pero los sumos sacerdotes y la familia de la Virgen le replicaron: "Dios es servido por los hijos y honrado por los descendientes; así ha sido siempre entre los hijos de Israel". A esto María contestó: "Dios es sobre todo servido y alabado por la castidad. Mirad si no a Abel. Antes de él no había justos entre los hombres. Complacía a Dios a través de los sacrificios y fue asesinado despiadadamente por el hombre que no agradaba a Dios. Recibió así dos coronas al mismo tiempo: la corona del sacrificio y la corona de la virginidad, porque hasta entonces todavía no había manchado su carne. Como Elías está vivo y en carne del cielo, pues hasta ser arrebatado había logrado conservar su carne en estado virgen. Desde temprana edad aprendí en el templo de Dios que la virginidad agrada a Dios en particular. Precisamente por esta razón quiero ofrecer a Dios lo que le agrada particularmente, por eso estoy decidida a no ofrecerme nunca a un hombre".

Entonces Abiatar convocó a todo el pueblo y clamó: "Hijos de Israel, escuchadme y abrid bien los oídos. Desde el momento en que Salomón construyó este templo, vivieron allí vírgenes, hijas de reyes, profetas, y sacerdotes. Pero cuando alcanzaban la mayoría de edad, se les daba a un hombre en matrimonio para que siguiera nuestro estilo de vida habitual. Así agradaban a Dios. Pero María ha inventado una nueva forma de vida. Ella ha prometido a Dios que siempre querrá permanecer virgen. Es por eso que ahora debemos pedir consejo a Dios y Él tendrá que responder a nuestra pregunta, sobre a quién podremos confiársela de manera segura".

Entonces, como en las anteriores versiones, se convocó a los varones de Israel, quienes pusieron sus bastones junto al altar. Pero el Sumo Sacerdote olvidó el de San José fuera, por lo cual, ninguna vara floreció. Entonces apareció un ángel y le avisó que no había tomado la vara de José. El sacerdote salió fuera, tomó la vara y la entregó a San José, y en ese momento, una paloma salió del bastón y se perdió en el cielo. Todo el pueblo felicitó a San José, aunque este protestó por ser viejo y tener hijos, incluso mayores que la esposa que se le daba. José admitió llevarla consigo, pero "hasta que Dios me aclare con quién de mis hijos debe casarse". El sacerdote dio a María 5 vírgenes para que la acompañaran hasta el matrimonio, advirtiendo a José que María sólo se casaría con él.

Los Desposorios.
Grabado flamenco.
Como vemos, las versiones del hecho varían en numerosos detalles, como nombres o diálogos, pero coinciden en el aspecto fundamental: Aquella que Dios había elegido como Madre del Redentor debía ser protegida y casada con un hombre excepcional. Siendo María el Arca de la Nueva Alianza, correspondía que un Nuevo Patriarca la custodiase.

En la iconografía, el tema de los Desposorios ha sido recurrente desde el siglo XVI en adelante, normalmente en deliciosos anacronismos. Suelen aparecer ambos contrayentes entregándose anillos. Los símbolos de la vara florecida y la paloma igualmente son frecuentes. Como detalle curioso, en el siglo XVII los carmelitas recrearon la leyenda de San Agabo (13 de febrero), un supuesto pretendiente de María, que habría roto su vara al no ser elegido para esposo de la Virgen Santísima. Ante esto, para consolarse, subió al Carmelo, donde levantó un templo para venerar a la Madre del Mesías.


Fuentes:
-E-book "Evangelios Apócrifos". VARIOS.
-"Evangelios Apócrifos". EDMUNDO GONZÁLEZ BLANCO, Ed. Valladolid, 2015.
-"Los Evangelios Apócrifos". Tomo 2. JUAN BAUTISTA BERGUA. 1934.


A 23 de enero además se celebra a
Santa Mariana de Molokai, virgen.
Santa Eusebia-Hospedes de Milasa, virgen.

miércoles, 23 de marzo de 2016

El Taumaturgo de Barcelona

San José Oriol, presbítero. 23 de marzo.

El niño José.
El joven José Oriol
demuestra su inocencia.
Nació José en la ciudad de Barcelona el 23 de noviembre de 1650, hijo de Juan y Josefa (o Gertrudis), gente humilde y buena. En 1651, cuando José tenía solamente 6 meses de nacido, su padre falleció a causa de la peste, y su madre se casó con Domingo Pujolar, que trató a José como a su propio hijo. Cuando el niño tenía seis años, Josefa lo llevó a Santa María, la "Catedral del Mar", donde funcionaba una escuela gratuita, a cambio de que los niños sirvieran como acólitos en las funciones religiosas. 
José pronto destacó por su carácter, su aplicación a los estudios y la piedad con la que ayudaba la santa misa. Cuando llegó a la adolescencia, los sacerdotes de Santa María le propusieron estudiase latín y teología, con vistas a ser ordenado sacerdote. Así que en 1664 se trasladó José a casa de su nodriza, Catalina Brugera y se matriculó en la Universidad de Barcelona, terminando la Filosofía en 1671 y la Teología en 1673. En 1674 se graduó de Doctor en Teología, con premio y felicitaciones de todos los profesores. Y a pesar de sus dolencias y enfermedades, entre ellas un hueso descoyuntado que le hacía sufrir mucho, aunque siempre sin quejarse. 

A la par de los estudios, forjaba su alma en el seguimiento de Cristo, era muy penitente, amante de la pobreza y la pureza de costumbres. Ayunaba siempre que podía para templar el cuerpo, nunca estaba ocioso y siempre que podía hacía oración. De esta etapa en la casa de Catalina Bruguera se cuenta que un día, llegó Antonio, marido de Catalina, y halló a José, mozo de 20 años, ayudando a su mujer en la cocina. Le asaltaron unos terribles celos, pero no dijo nada. Mas José, que supo la infamia que pasaba por la cabeza del hombre, puso sus manos en los carbones y le dijo: "soy tan inocente de lo que usted piensa, que no temo poner a prueba de mi inocencia las manos en el fuego". Y así lo hizo, quedando Antonio pasmado.

El Padre Oriol.
Como era la costumbre, para acceder al sacerdocio era necesario poder mantenerse. En 1676 el obispo de Gerona le concedió un beneficio eclesiástico y gracias a esto pudo ordenarse el 30 de mayo de ese mismo año en la iglesia de las dominicas de Vich, por manos del obispo Jaime Mas. Cantó la primera misa el 29 de junio del mismo año en Canet de Mar, en las fiestas de San Pedro. Una vez ordenado, Don Tomás Garnien le contrató como preceptor de sus hijos, y aunque vivía con ellos, gente de clase alta, José no abandonó su estilo sencillo de vida. No se permitía manjares ni faltar a los ejercicios piadosos. No alternaba jamás en fiestas ni reuiniones. Le apodaban "doctor pan y agua", debido a esta austeridad de vida. 


José prefería la predicación y el apostolado, que llevaba a cabo en la iglesia de San Felipe Neri, aunque solo parcialmente. Pero necesitaba el salario para mantener a su anciana y enferma madre. Cuando esta falleció en 1686, José Oriol se vio libre para dejar la preceptoría y dedicarse a su misión sacerdotal. Pero su ideal chocaba con la realidad, tenía que garantizar su sustento. Así que se fue a Roma, donde el Beato Inocencio XI (12 de agosto) le recibió, leyó las recomendaciones que llevaba y animado por su celo pastoral, le concedió ser cura beneficiado de la antigua iglesia de Santa María del Pi, en Barcelona, con los beneficios de San Clemente y San Lorenzo. Esta iglesia estaba atendida por un grupo de presbíteros que sin ser religiosos ni canónigos vivían en comunidad, pagando un alquiler, y repartiéndose los servicios religiosos de la parroquia. 

Imagen que se venera
en la Catedral de Barcelona.
Los sacerdotes acogieron bien a José, del que solo cosas buenas se decían. Este al llegar, eligió como habitación un estrecho habitáculo, donde dormía con suma austeridad. No permitía le lavaran o cosieran sus ropas, ni limpiaran su habitación, haciéndolo todo por él mismo, sin ser gravoso a los demás. Por su exquisita caridad, los presbíteros le eligieron enfermero, labor en la que destacó por su paciencia y caridad para con sus hermanos presbíteros. En la iglesia dedicaba largas horas al confesionario, consciente de la necesidad de arrepentimiento y purificación que el alma cristiana necesita. En breve se convirtió en director de almas de muchísimas personas que le elegían como confesor y director, entre ellas la Venerable Jerónima Llobet, alma piadosa de la Barcelona del siglo XVII. Y no le elegían por ser condescendiente ni laxo, sino por ser justo en sus decisiones, animarles a la perfección sin dejarse llevar por la tentación de la mediocridad espiritual. Alentaba a la piedad sincera, sin boato exterior, desterraba los escrúpulos y las falsas humildades, haciendo de las almas verdaderas discípulas de Cristo. No tenía las reticencias de otros sacerdotes, que dudaban si los seglares podían ser místicos y adentrarse en la profundidad de la oración mental; José les daba pautas y puntos de meditación, ayudas, y les animaba a ello.

El acusado y castigado.
Pero no todo eran agradecimientos. Algunos sacerdotes y fieles veían un exceso en el padre José, creían que la perfección cristiana, la oración mental y la meditación eran imposibles para seglares. También rumoreaban que era muy exigente en el servicio de Cristo, solo porque no dejaba que las almas se acomodaran en tres o cuatro devociones y obras piadosas exteriores. Y es que él quería más: quería autenticidad y vida interior. En fin, que al obispo Benito Ignacio de Salazar llegaron las acusaciones de jansenismo, terrible doctrina rigorista y fatalista, en boga en la Francia del XVII, que muchos prelados commbatieron, como San Francisco de Sales (24 de enero) o San Claudio de la Colombiére (15 de febrero). El obispo, temeroso de una infiltración jansenista en su diócesis, retiró a José Oriol la facultad y licencia de confesar, sin abrir una investigación y ni siquiera hablar con José. El mismo Oriol tuvo que decirlo a sus fieles y dirigidos, que no podía confesarles más. La obediencia era todo para él. Así pues, libre de las horas del confesionario, pudo dedicarse con más atención a la caridad con los pobres, otra de sus ocupaciones. Les visitaba, consolaba, repartía limosnas, incluso en ocasiones todo su beneficio lo daba a los demás. De hecho, los días 6 de cada mes, cuando cobraba sus 200 reales, los pobres se agolpaban en Santa María para recibir su ayuda, y pareciera que multiplicaba las monedas, pues a todos daba algo. Algunos fieles de renombre protestaron ante el obispo, pero este mantuvo su castigo. En 1693 tomó la sede episcopal Don Manuel de Alba, que revisando expedientes de la curia, comprobó que no había acusaciones formales, ni pruebas o fundamentos para condenar a José Oriol como jansenista. Escribió al pobre José, renovándole las licencias para confesar y la respuesta de nuestro santo fue sentarse en el confesionario, como si nada hubiera pasado, sin mostrar orgullo o reticencia. 

El pastor de los enfermos.

San José Oriol
sana al tullido.
En 1697 tuvo el impulso de ser misionero y mártir por Cristo, y el 2 de abril de 1698 se fue a Roma, para ponerse a disposición de la Congregación de Propaganda Fide. Para dormir, se hospedaba en los hospitales y pagaba su estancia con su servicio personal. En este viaje ocurrió que estando con un amigo, luego de comer, vieron que no tenían dinero para pagar. Se afligió el amigo, pero José tomó un rábano, cortó dos rodajas finas, hizo oración y las rodajas se transformaron en dos reales, con los que pudo pagar. Verdaderos ejemplos de caridad dio por todo el camino, aunque no llegó más allá de Marsella, pues en un hospital de esta ciudad enfermó gravemente y tuvo que regresar a Barcelona, donde sus fieles le acogieron calurosamente. En el trayecto de regreso se puso a orar en la cubierta del barco, cuando cayó en éxtasis y se elevó por los aires, y por más que intentaban sujetarlo, seguía subiendo, y por sí solo bajó cuando Dios quiso. 

El fracaso como misionero le sirvió para adentrarse en la voluntad de Dios, que no le quería misionero en la lejanía, sino en la misma Barcelona, entre aquellos con los que le había configurado: los enfermos. Estando el mismo enfermo, había comprobado la soledad, la tristeza y las incomprensiones que invaden a los enfermos. Retomó su apostolado de visitarles, y no solo ello, sino haciendo que los mismos enfermos fueran misioneros unos con otros. Algunos visitaban a los más graves o inválidos, y otros se reunían en la iglesia de Santa María del Pi, donde escuchaban pláticas, oraban y recibían los sacramentos, en una pastoral dedicada especialmente a ellos, verdaderamente revolucionaria en su momento: enfermos evangelizadores de otros enfermos. Sus sermones eran sencillos, pero profundos. Aunque se dirigían a gente sencilla, no por eso era condescendiente en el lenguaje ni en la exigencia de perfección evangélica.

El taumaturgo.
Esta labor apostólica no dejó de ser bendecida por Dios y pronto comenzaron a ocurrir portentos, sobre todo al terminar las oraciones y dar José la bendición con el Santísimo Sacramento. Varios enfermos eran sanados, desde leves hasta algunos aquejados de algunos males durante años. Pronto se corrió la voz por Barcelona, y comenzaron muchos a ir a los sermones y devociones del taumaturgo sacerdote. Sumó a otros sacerdotes a predicar y rezar con los fieles, pero los milagros solo ocurrían cuando era él quien predicaba y daba la bendición con el Sacramento. Y no solo ahí, sino que otros casos se dieron: en una ocasión iba por la calle y una mujer le gritó "dichosa la madre que te parió"; y al oírla un hombre le increpó diciéndole: "¿también crees tú a este embustero?", secándosele los brazos en el acto y teniéndolos inmóviles hasta que, avisado José Oriol, fue, lo bendijo y el hombre sanó y cambió de opinión sobre el santo.

A una mujer sanó de la vista al mandarle se tocara los ojos con agua bendita de la pila del templo de Santa María del Pi. A un religioso carmelita que llevaba siete años baldado, lo sanó igualmente bendiciéndole y animándole a caminar. A sus amigos Llobets, que no tenían pescado un viernes de Cuaresma, mandó el santo que miraran en la despensa, y hallaron un bacalao entero. Una vez que tenía que confesar a las monjas jerónimas y llevaba una semana lloviendo, salió de la iglesia sin cubrirse y llegó al monasterio seco. Advertidas de ello las monjas, le preguntaron como era que había ido bajo esa agua, y no se había mojado, y el santo les dijo "la lluvia cumple su labor, yo cumplo la mía".

Tuvo el don de bilocación, o al menos el de sutileza, que es atributo de los ángeles, los cuales pueden trasladarse de un sitio a otro en un segundo, sin llegar a estar dos veces en el mismo lugar. Lo corroboraron testigos que en un viaje de Barcelona a Mataró le ofrecieron viajar en su carruaje, pero el santo se negó (siempre viajaba a pie). Al llegar allí los amigos, hallaron al santo sentado a las puertas de la ciudad y rezando su breviario. En otra ocasión visitaba el convento de Santa María de Gracia, a media hora de Barcelona, cuando dieron las doce del día. Siendo la última hora para cantar misa, antes de terminar las campanadas, ya estaba cantando misa en Santa María del Pi. Con estas noticias, normal es que la fama de santidad traspasara Barcelona, Cataluña y llegase a otras partes de España.

El fin y el principio.

Imagen relicario que
se venera en San Jaime
de Barcelona.
El 8 de marzo de 1702 se sintió mal, y como estaba muy cansado quiso recostarse. Pero sucedió que su habitación estaba ocupada, por lo que fue a casa de la familia Llobet, el cual por caridad le prestó un sitio donde descansar. Poco pudo hacerlo, pues pronto se agravó y hubo que llamar al médico, el cual confirmó la gravedad del santo. Le visitaron todos sus compañeros de Santa María, ya que no era conveniente trasladarle. Allí mismo le administraron el Viático. El 20 de marzo recibió los sacramentos y suplicó que la escolanía de su iglesia del Pi fuera a cantarle el "Stabat Mater", lo cual le provocó una gran emoción y paz. El 23 de marzo falleció serenamente, fue reverstido con sus ornamentos sacerdotales y tendido sobre una mesa; cuatro velas se pusieron a su alrededor, dándose el milagro que ardieron más de 24 horas sin consumirse y al ser apagadas, pesaban lo mismo que al ser encendidas. Fue tanta la gente que acudió a casa de los Llobet, que las escaleras de madera crujían, y se hizo tal nudo de personas, que se tuvo que tirar un tabique para que la gente saliera por otro sitio distinto de donde habían entrado.

Los funerales fueron concurridísimos, duraron varios días y se celebraron con gran solemnidad. Durante ellos, los devotos no cesaron, y ocurrieron muchos portentos, como la sanación de un niño tullido, que en los 7 años que tenía, jamás había caminado. Y eran tantos los devotos, e iban a más, que temían les enterraran a su santo, que aquello se hacía interminable. Por ello, los sacerdotes de Santa María anunciaron que lo sepultarían al día siguiente, y habiendo vaciado la iglesia, lo enterraron en la capilla de la Santa Espina, poniendo una pesada losa de piedra encima. Fue sepultado en Santa María del Pi, para seguir derramando gracias sobre los devotos, como había hecho en vida.

En 1759 se abrió el proceso de canonización, en cuyas fases declararon más de 60 personas que habían conocido a José Oriol. Pío VII lo beatificó a 21 de septiembre de 1806, y fijó su memoria para la diócesis de Barcelona. Ese año se había exhumado el cuerpo y se hallaron algunas partes conservadas. Una parte se envió a Roma, otra se repartió por toda Cataluña y –España, pero la mayor parte de las reliquias fueron puestas en el altar que se le dedicó en Santa María del Pi. Finalmente San Pío X (21 de agosto), lo canonizó a 20 de mayo de 1909.


Fuente:
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 3. Editorial Edibesa, 2001.
-“Mes consagrado al Beato José Oriol”. Barcelona, 1858.



A 23 de marzo además se celebra a 
Santos Victoriano, Liberato y compañeros mártires de Cartago.
San Nicon y compañeros mártires de Sicilia. 
Santos Fingar y Piala, mártires.

jueves, 16 de julio de 2015

La virgen sacerdote.

Pregunta: Hola, una vez oí hablar de una santa a la que le decían la “virgen sacerdote” porque en una guerra hacía de sacerdote. Siempre me ha llamado la curiosidad si eso pudo ser y quien sería esta santa. Gracias. México. 

Respuesta: Hola, la santa por la que me preguntas es:

Santa María Magdalena Postel, virgen fundadora. 16 de julio.
Hija de agricultores acomodados, nació en Barfleur, Cherburgo, en 1756, y su nombre de pila fue Julia Francisca Catalina. Desde niña quiso ser religiosa, y ya joven hizo voto de virginidad, fundando a su vez una escuela caritativa para niñas pobres, aunque desde mucho antes se había dedicado a impartir el catecismo a niños pobres. En plena persecución de la Revolución Francesa no tuvo miedo del terror impuesto por los revolucionarios y se alistó en la Tercera Orden Franciscana, donde comenzó a llamarse María Magdalena. Comienza toda una actividad muy peligrosa, ocultando sacerdotes y ayudándoles a huir, sobre todo a Inglaterra; organiza grupos de catequesis, custodia ornamentos y paramentos litúrgicos. Es en este marco donde se le comienza a llamar así “la virgen sacerdote”, porque llevaba la comunión a presos, enfermos y cristianos escondidos. Hoy no sería algo tan llamativo, pero en pleno siglo XVIII, que una mujer llevase la comunión e impartiese bendiciones era impensable. Pero persecución por medio, no hubo escrúpulos: fue necesario y así se hizo. Así que no le llamaban así porque cantase misa o hiciera otras funciones litúrgicas propias del sacerdote.

Pasada esta época dura, funda en 1805 en Cherburgo una escuela con algunas compañeras y en 1807 funda la Congregación de las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Merced, más conocidas como Hermanas Pobres de la Misericordia, en la antigua abadía de San Salvador de Vicomte, cercana a Monteburgo. Basa su Congregación en la Regla, Constituciones y métodos educativos de los Hermanos de La Salle, pero dedicadas a la educación de las niñas. En 1842 el P. Delamare funda la rama masculina de esta congregación y se instalan en la derribada Monteburgo, donde recuperan la devoción a Nuestra Señora de la Estrella (8 de mayo). Aunque originalmente las religiosas estarían dedicadas solamente a la enseñanza, Roma le planteó que sus religiosas fueran también enfermeras, a lo que accedió. Magdalena llegó a ver 37 casas de sus religiosas, pues murió en Saint-Sauveur con 90 años, el 14 de julio de 1846 y sus reliquias se custodian allí mismo. Le sucedió en el cargo de superiora la Beata Plácida Viel (4 de marzo). Fue canonizada por Pío XI en 1925.

Fuente:
-"La Casa de Los Santos: Un Santo para cada día del Año". CARLOS PUJOL.


A 16 de julio además se celebra a  
San Heller de Jersey, mártir.
Beatos Claudio Beguignot y Lázaro Tiersot, cartujos mártires.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...