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sábado, 12 de junio de 2021

Beata Antonia Maria Verna

Beata Antonia Maria Verna, virgen fundadora. 12 de junio. 

Nació el 12 de junio de 1773, en Pasquaro, cerca de Turín. Su familia era campesina y sus padres, Guillermo y Domenica eran muy piadosos y a pesar de su propia pobreza, siempre socorrían a los necesitados todo lo que podían. Antonia tomó gran devoción a San José, como su misma madre lo era. A los 12 años aprendió a leer y al mismo tiempo, comenzó a impartir el catecismo a los niños.  

En 1798 su padre murió y tuvo que trabajar duramente para ayudar a la familia. Rechazó el matrimonio para dedicarse a la cumplir la voluntad de Cristo, fuera la que fuera. Incluso dejó su casa durante un tiempo para evitar el tema de los pretendientes. En 1806 funda un grupo de jóvenes para impartir el catecismo a los niños y visitar a los enfermos en sus casas. Este grupo sería el germen de las Hermanas de la Caridad de la Inmaculada Concepción. Su primera casa se abrió en 1819 en Rivarolo Canavese. En 1828 recibieron la aprobación diocesana por orden del rey Carlos Félix. 

Antonia María murió el 25 de diciembre de 1838, después de una corta enfermedad. Fue sepultada en la cripta de la iglesia parroquial de Rivarolo Canavese. El Cardenal Tarcisio Bertone la beatificó el 2 de octubre de 2011.

Fuente:
-heiligenlexikon.de

A 12 de junio además se recuerda a:

Nuestra Señora
Santa María de Jessé.
San Odulf,
presbítero.
San Onofre,
Penitente.
Santa Cunera,
virgen y mártir.







miércoles, 17 de febrero de 2021

Padre de los presos, enfermos y leprosos.

San Silvino de Thérouanne, obispo. 17 de febrero. 

Nació hacia el año 650 y fue pariente de la reina Santa Plectrude (10 de agosto), esposa de Pipino de Herstal. Sirvió como funcionario en la corte al servicio del rey Childerico II. En un viaje a Roma el papa San Agatón (10 de enero), lo ordenó obispo, dándole la encomienda de evangelizar la zona de Thérouanne. Como no se le menciona en el episcopologio de Thérouanne, del siglo XI, se cree en realidad fue uno de los tantos obispos misioneros itinerantes, sin sede fija. 

Fue el santo un gran apóstol en la región, convirtiendo a muchos del paganismo, liberando esclavos y construyendo numerosas iglesias. Fue un gran protector de los pobres y desamparados. Peregrinó a Tierra Santa en una ocasión, trayendo muchas reliquias para su iglesia local. Tuvo muchas manifestaciones de su ángel de la guarda, quien le libró en varias ocasiones de los peligros. 

Su "vita" dice: "Consiguió liberar a prisioneros de todo el mundo: los hacía aceptar el amor de Cristo y les dejaba a donde quisieran, después de haberlos impregnado con la verdadera doctrina y firmado con una cruz santa en la frente. Cuando los enfermos llegaban a él con alguna enfermedad, primero comenzaba a pedir la inconmensurable gracia de Dios en su corazón; luego su cuidado se dirigía primero al alma del necesitado; luego los bañaba o los untaba con aceite y les daba la gracia de la Sagrada Comunión. Si no estaban impedidos por otra enfermedad, los mandaba ir a casa con excelente salud (…) Cuidó a los leprosos, sanó a los cojos, volvió a poner las extremidades en sus pies e hizo que los ciegos vieran. Quienquiera que acudiera a él, con cualquier enfermedad o incomodidad, lo devolvía a la Santa Iglesia, sano y salvo”. 

Después de años de misión fundó un monasterio bajo la Regla benedictina en Auchy-lès-Hesdin, al norte de Amiens, y allí se retiró como un simple monje. Así vivió muchos años, alimentándose solamente de la Sagrada Comunión, hasta que subió al cielo el 17 de febrero de 720. 

La "vita" antes mencionada fue escrita en el siglo IX, más o menos 100 años luego de su muerte, cuando la abadía ya había pasado a ser femenina. La monja que la escribió dice remitirse a las declaraciones de un obispo que conoció a Silvino.


A 17 de febrero además se celebra a:

jueves, 18 de enero de 2018

"El fuego de la caridad ardía en su corazón"

Beata Regina Protmann, virgen fundadora. 18 de enero.

Nació en 1552 en Braunsberg, Prusia Oriental, en una familia de mercaderes. Su familia había permanecido fiel a la fe católica en medio de la revolución desatada por la herejía luterana, reciente en el tiempo. Católica creció Regina, dando muestras firmes de piedad y caridad. En 1571 se dio más intensamente a la oración, y junto a dos amigas se retiró a una casa vieja de su ciudad. Las tres iniciaron la obra de las "Hermanas de Santa Catalina de Alejandría", conocidas como "las Catarinas". Su espiritualidad se nutrió principalmente de la máxima benedictina "Ora et Labora", y de la divisa ignaciana de "Ad Maiorem Dei Gloriam". Pronto tuvo más discípulas y entre todas organizaron su vida para dedicar horas a la oración, al trabajo y a la caridad. 

En este tiempo de la Contrarreforma católica, y en siglo XVII también, numerosas mujeres dieron un paso al frente inspiradas por Dios para liderar la causa del Evangelio. Como Santa Ángela de Merici (27 de enero), Santa Juana de Lestonnac (15 de mayo y 28 de diciembre, traslación de las reliquias), o Mary Ward. Detrás de muchas de ellas estaba la espiritualidad jesuítica de misión, educación y cultura como medios para detener la herejía y mantener fieles a los católicos. Lamentablemente, la Iglesia no estaba preparada para aquello y las directrices del Concilio de Trento sobre la clausura de las monjas hicieron imposible que muchas obras fructificasen. Otras resistieron, acomodándose a la clausura o semiclausura, y otras lograron su cometido. Regina hubo de padecer muchísimo por esta mentalidad. Para los clérigos (jesuitas incluidos) era impensable que hubiera mujeres consagradas visitando las casas de los pobres, catequizando, cuidando enfermos en sus propios hogares ¡incluso por las noches! Como Mary Ward, Regina luchó por no tener clausura ni semiclausura, pero al mismo tiempo ser religiosas y no solo seglares. En realidad no era algo nuevo en la Iglesia, pero si algo ya olvidado.

En 1583 las Hermanas fueron oficialmente reconocidas por su obispo, y el papa Clemente VIII les dio su aprobación en 1602. Sobre ella el mejor dato que poseemos es lo que escribe el jesuita Engelbert Keilert, cercano a ella: 
"El fuego de la caridad cristiana ardía en su corazón. ¡Los pobres y los necesitados pueden hablar de esto! Cuántas veces no lavaba los pies de los pobres en la casa anfitriona, cuántas veces no limpiaba las heridas de los pacientes. ¿Tenía alguien fiebre, dolor de muelas, hinchazón, una enfermedad ocular o lo que fuera?, pues ella sabía un medio para ello. Si se enteraba que alguien estaba enfermo, aunque fuera una persona completamente desconocida enviaba allí a una hermana con una sopa confortante y una comida sólida para fortalecerle.

Desde hace más de cuarenta años dirige a las Hermanas Catarinas. Ella es un ejemplo para todas sus hermanas. Se impone a sí misma las mortificaciones más estrictas, que prohíbe a sus hermanas. A menudo ella regala su ropa o ropa de cama, duerme en el piso desnudo o pasa la noche rezando ante el Sacramento por la conversión de los pecadores. Cuando escucha que la guerra o un conflicto armado estalla en algún lugar comienza una oración de cuarenta horas con su comunidad, como si sólo ellas fueran capaces de evitar la calamidad. Insistentemente va hacia su meta a pesar de las decepciones y contratiempos, inspirada por su lema de vida 'Como Dios quiera'".

Regina subió al encuentro con el Esposo Cristo el 18 de enero de 1613, luego de pasar toda la Navidad enferma. Su culto siempre fue reducido, pero su ejemplo animó a muchos a hacer el bien y trabajar por Cristo. Sus reliquias se veneran en Grottaferrata desde el siglo XX. Fue beatificada por San Juan Pablo II el 13 de junio de 1999.


A 18 de enero además se celebra a
San Máximo de Serbia, rey y obispo.
Santa Margarita de Hungría, princesa, virgen dominica.

domingo, 9 de julio de 2017

"Confiad en Dios y en María Inmaculada"

Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús, virgen fundadora. 9 de julio.

Nació el 16 de diciembre de 1865, en Vígolo Vattaro, y fue llamada Amabile Lucia. Al sufrir la dominación austríaca, muchos tridentinos emigraron rumbo a Brasil. La familia de nuestra santa lo hizo en 1875, fundando la ciudad de Nueva Trento, en el estado de Santa Catarina. Amabile recibió la primera comunión a los doce años, y desde entonces comenzó a participar en su parroquia impartiendo el catecismo, visitando enfermos, ayudando en la caridad o limpiando la capilla, lo que le pidieran. Según crecía en edad, crecía en gracia y su caridad se iba haciendo más heroica. 

En 1890 junto a su amiga, Virginia Rosa Nicolodi acoge a una enferma terminal y desahuciada, iniciando su obra fundacional de la Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción. En 1895, luego de tener la aprobación diocesana, ella y dos amigas más reciben el hábito y pronuncian sus votos, tomando el nombre con el que la conocemos: Paulina del Corazón Agonizante de Jesús. Pronto tuvieron muchas vocaciones para consagrarse a la obra de los pobres y los enfermos. En 1903 funda en Ipiranga, Sao Paulo, donde las religiosas comienzan a ocuparse de los huérfanos y de los ex-esclavos que nadie atendía y habían quedado sin protección alguna, siendo muy mayores para trabajar. Aunque había sido nombrada Superiora para siempre, en 1909 el arzobispo de San Pablo, Don Duarte Leopoldo e Silva la destituye de su cargo, por incomprensiones y calumnias, tan típicas de la vida religiosa. La Madre, se va a Bragança Paulista, donde atiende a los enfermos y ancianos del asilo San Vicente de Paul, como una religiosa más, sin hablar más de cargos o puestos. Ora, trabaja y sacrifica por todos, siendo su divisa "que Nuestro Señor sea conocido, amado y adorado por todos en todo el mundo".

En 1918 fue llamada por la superiora general, la Madre Vicencia Teodora, a la Casa Madre en Ipiranga, encomendándosele la asistencia de las Hermanas enfermas. Allí continúa una vida de piedad y penitencia, teniendo grandes ratos de oración sin descuidar sus labores. En 1933 el Vaticano conceció a la Congregación un "Decreto de Honor", por los 30 años de la fundación de su Casa Madre en Ipiranga. Ese decreto la llama "Veneranda Madre Fundadora". En 1938 su salud se resiente muchísimo a causa de la diabetes aguda que padece. Hubo de sufrir la amputación de un dedo, luego un brazo, para finalmente terminar sus días ciega. En 1940 la Madre Paulina redacta el testamento espiritual que quiere legar a sus hijas, en el que escribe: "Sed muy humildes. Confiad siempre y mucho en la Divina Providencia; nunca, jamás, os desaniméis, aunque vengan vientos contrarios. Nuevamente os digo: Confiad en Dios y en María Inmaculada; manteneos firmes y !adelante!".

 Entró al cielo la santa fundadora el 9 de julio de 1942, luego de exclamar "Hágase la voluntad de Dios". fue beatificada por el papa Juan Pablo II en 1991. La canonizó el mismo papa en mayo de 2002.


A 9 de julio además se celebra a
San Juan de Colonia, dominico mártir.
Santos Patermucio, Copretes y Alejandro, mártires.

domingo, 30 de abril de 2017

"La caridad de Cristo nos anima"

San José Benito Cottolengo, presbítero fundador. 30 de abril.

El 3 de mayo de 1786 vino al mundo en la pequeña población de Bra, provincia de Cuneo, José Benito Cottolengo, el primero de los doce hijos de un comerciante de lanas y de una devota y piadosa dama piamontesa de quien aprendió los principios de la Fe cristiana. La infancia y adolescencia del muchacho estuvieron marcadas por los avatares trágicos de la Revolución Francesa, que estremeció al Piamonte casi tanto como a la misma Francia, y por la posterior invasión napoleónica que sujetó toda Europa a su dominio. Encontrándose su tierra sometida al imperio francés, José Benito debió cursar sus estudios sacerdotales en la clandestinidad y como no le resultaron fáciles se encomendó a Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias). ¡Su intercesión ante Dios fue tan eficaz que aprobó con éxito todos los exámenes!

El 8 de junio de 1811 fue ordenado sacerdote en la capilla del seminario de Turín y al poco tiempo se lo designó vicepárroco de Corneliano d’Alba. Doctorado en Teología en 1816, fue convocado a integrar la Congregación de los Canónicos de la iglesia de Corpus Domini en Turín, pero rápidamente comenzó a sentir una profunda insatisfacción por lo que suponía era una suerte de inacción de su parte. En esas circunstancias comenzó a profundizar y meditar sobre las grandezasde la vida y las enseñanzas de San Vicente de Paul, actitud que, según sus biógrafos lo condujo a una madurez espiritual sin precedentes.

Fue entonces que ocurrió un hecho que habría de marcarlo para toda la vida. El 2 de septiembre de 1827: una humilde mujer de origen francés que viajaba desde Milán a Lyon con su esposo y sus tres hijos, llamó a las puertas de su parroquia en busca de auxilio. La mujer, gravemente enferma, se hallaba en el sexto mes de embarazo y necesitaba urgente atención. Benito al verla en ese estado la condujo en su carruaje hasta el cercano hospital de tuberculosos con la intención de que la atendiesen lo más rápidamente posible pero, grande fue su sorpresa cuando sus autoridades le manifestaron que no estaban en condiciones de hacerlo por tratarse de una extranjera que no reunía los requisitos legales para ser internada. Además, dada su extrema pobreza, no podía costearse ningún tratamiento. De inmediato, partió Benito rumbo a otro nosocomio, el Hospicio de Maternidad, donde obtuvo los mismos resultados. Afligido, hizo nuevos intentos en otras instituciones sanitarias pero todo fue en vano: la pobre mujer expiró en sus brazos tras una larga agonía y mucho sufrimiento. Grande fue su desconsuelo, tremendo su dolor; dolor que se tornó insoportable al ver los rostros desolados del marido y los tres niños, ahora huérfanos "Esto no puede volver a ocurrir. Debo hacer algo para que la gente desamparada tenga un sitio al que acudir", pensó Benito, atormentado por el recuerdo de la mujer muerta en sus brazos.

El 17 de enero de 1828 José Benito Cottolengo alquiló a un particular una sencilla habitación frente a la iglesia parroquialy en ella instaló cuatro camas, abriendo de esa manera un pequeño hospital llamado la Valle Rossa. Lo asistían el médico Lorenzo Granetti y el farmacéutico Pablo Anglesio, bajo la atenta dirección de doña Mariana Nasi Pullini, rica viuda de la región que efectuó los primeros aportes a la naciente obra, llamada en un primer momento Damas de la Caridad. La institución fue creciendo y al cabo de tres años contaba con 210 internados y 170 asistentes. Necesitado de más colaboración, el P. Benito fundó una congregación dedicada exclusivamente a prestar asistencia al nosocomio recientemente fundado y designó superiora a Mariana Nasi. En 1831 estalló una epidemia de cólera que azotó ferozmente a Turín. Las autoridades, temerosas de que el hospital se convirtiese en un centro de propagación del temible flagelo, ordenaron clausurarlo y dejaron una vez más a los pobres enfermos totalmente desamparados.

Lejos de amilanarse, Cottolengo se encaminó al barrio de Valdocco, por entonces en las afueras de la ciudad, y allí fundó la Pequeña Casa de la Divina Providencia que, andando el tiempo, habría de convertirse en un magnífico hospital con capacidad para 10.000 pacientes. Y sobre sus puertas mandó esculpir las palabras de San Pablo: "La caridad de Cristo nos anima". Su fuerza de espíritu y la ayuda de almas caritativas le permitieron inaugurar nuevos pabellones que engrandecieron considerablemente el establecimiento. Así vieron la luz la Casa de la Esperanza, la Casa de la Fe, la Casa de Nuestra Señora y el Arca de Noé, donde fueron internados pacientes de extrema pobreza. El pabellón denominado Amigos Queridos fue destinado a los enfermos mentales, siguiéndole el de los huérfanos, los inválidos, los desamparados y los sordomudos. Tal fue la grandeza y amplitud de la obra que un escritor francés de visita en Turín en aquellos días manifestó asombrado: "Esto es la universidad de la caridad cristiana".

El Padre Cottolengo jamás llevó cuentas ni hizo inversiones. Solía gastar todo en su obra sin guardar nada para el día siguiente. En cierta oportunidad uno de sus asistentes le dijo que no había alimento para los enfermos y que la situación era apremiante. El padre Benito reunió a la comunidad y preguntó si alguno de los presentes tenía dinero. Cuando alguien le dio un par de billetes los alzó a la vista de todos y los arrojó por la ventana. Poco después llegó desde la ciudad todo lo necesario para los internados. Otro día, a la misma hora, ocurrió un hecho similar. No había nada para los pacientes. En vista de ello el santo se retiró con sus religiosas y algunos enfermos a rezar. Y enfrascado se hallaba en sus oraciones cuando cerca del medio día se detuvieron frente al hospicio ¡varios carros del ejército con el almuerzo que los regimientos no iban a utilizar por encontrarse en maniobras a mucha distancia! Tanto trabajo y tanta vocación, minaron la salud de Cottolengo. Intuyendo que su fin estaba cerca, escribió al conde Castegnetto manifestándole, entre otras cosas, que temía llegar a la siguiente Pascua sin ver extendida la mano de Dios sobre la Pequeña Casa. Hacía alusión a un importante crédito que se debía cubrir y que lo tenía sumamente angustiado. Y una vez más el Señor respondió a su pedido ya que a los pocos días el rey Víctor Manuel le envió sorpresivamente 5.000 liras, seguidas de otras 36.000 que le dejaba en herencia el canónico Valletti. Para la Pascua, ¡el crédito estaba cubierto! 

En 1842 la peste de tifus se abatió sobre Turín. San José Benito enfermó y el 30 de abril falleció, a los 56 años de edad, después de recibir la Unción de los Enfermos en Chieri, el día anterior. Esa misma tarde se casaba el rey Víctor Manuel y para no amargar tan fastuoso acontecimiento, su cuerpo fue trasladado en el más absoluto silencio a la capilla de la Pequeña Casa donde fue velado sin pompa y con sencillez. El 29 de abril de 1917 el Papa Benedicto XIV lo declaró beato y el 19 de marzo de 1934 Pío XI lo proclamó santo.

San José Benito Cottolengo conoció y trabó amistad con otro hombre de Dios, San Juan Bosco (31 de enero), a través del cual un discípulo de este último, el joven estudiante San Luis Orione (12 de marzo y 16 de mayo), supo de sus obras, su grandeza y su fortaleza espiritual. Y tanto fue lo que Cottolengo influenció en el futuro seminarista, que cuando varios años después él mismo inició su camino de santidad, bautizó a su naciente congregación con el nombre de Pequeña Obra de la Divina Providencia, en recuerdo de la fundada por el gran apóstol de Valdocco.


Fuente:
-Jhonatan Alarcón.


A 30 de abril además se celebra a
San Eutropio de Saintes, obispo y mártir.
Santa María de la Encarnación Guyart, ursulina.
San Quirino de Neuss, tribuno mártir.

viernes, 20 de enero de 2017

Dios está en los pobres.

Beato Angelo Paoli, presbítero carmelita. 20 de enero.

Nació nuestro beato en Argigliano, el 1 de septiembre de 1642, y fue llamado Francisco en su bautismo. Desde niño aprendió la virtud de la caridad, pues su padre era un hombre virtuoso y gran valedor de los pobres, y de él aprendió. Siempre que podía iba corriendo a la iglesia a rezar, ayudar a misa o enseñar a otros niños el catecismo. Fue educado por su tío materno, un ejemplar sacerdote, el cual le dio los rudimentos de la enseñanza del tiempo.
A los 18 años, sin decir nada a nadie, se presentó él solo ante el obispo Luni-Sarzana para que le permitiera ser sacerdote. El prelado le examinó y viendo su virtud y conocimientos, le admitió para la formación sacerdotal, vistiéndole la sotana de clérigo. Y así volvió a su casa, con susto de sus padres. Comenzó la formación, desde su casa, pues los seminarios serían cosa posterior, pero necesitado de la vida comunitaria y de la asidua formación religiosa, decidió, junto a su hermano menor, Tomás, pedir el hábito carmelita en el convento de Cerignano. 

Hizo el noviciado en Siena, en 1660, tomando el nombre de Ángelo, en honor a San Ángelo (5 de mayo), protomártir carmelita. Luego de emitir sus votos le enviaron al convento de Pisa, a estudiar la filosofía. Ya aquí como estudiante comenzó a despuntar lo que sería luego: un ángel de caridad. Fue ordenado presbítero en Florencia, en la festividad de San Andrés Corsini, el 7 de enero de 1667, donde también cantó su primera misa. Permaneció aquí 7 años como organista, enfermero y sacristán. Ya ordenado, se negó a seguir la Teología (otra costumbre de los tiempos, la Teología se estudiaba después), para dedicarse a los más desfavorecidos, alejado del ministerio de la enseñanza o la predicación. El 15 de agosto de 1674 ocurrió un milagro que se le atribuyó: repartía pan a los pobres, cuando constataron que por más pobres que acudían, las cestas no disminuían, alcanzando para todos y sobrando. 

En la enfermería se tomó muy a pecho sus obligaciones con los demás, descuidando su propia salud, por lo que ese año de 1674 el médico recomendó le enviaran a su casa a descansar un poco. Pero descansar no entraba en la mente de Ángelo, pues una vez le permitieron, o le ordenaron más bien, ir a casa, allí lo que hizo fue recorrer montes y campos buscando a los pastores, los campesinos, los alejados de Dios, para predicarles y enseñar el catecismo. Su plan era alojarse con los pastores un tiempo, enseñarles y seguir camino a otro grupo. Se hizo una ermita en las montañas, donde oraba, se disciplinaba y trabajaba para no ser gravoso a los pobres del campo. Pero esta vida de esfuerzo también le minó la salud y su padre le envió a Pistoia, con un pariente farmacéutico, que debía cuidarle, mas volvió el santo fraile a lo mismo: buscar a los pobres, mendigar para ellos, auxiliarles y llevarles a Cristo.

Finalmente tuvo que volver al convento de Florencia. Y no solo aquí estuvo, sino además, en Pisa Siena y Montecatini, ciudades donde abrirá un comedor para pobres. En 1677 fue párroco de Empoli, sin dejar de visitar a sus pobres de Pistoia. Por donde pasaba siempre tenía una recua de pobres tras de sí, esperando su auxilio, su consejo y sus bendiciones. En 1678 fue nombrado maestro de novicios en Florencia y lo primero que hace es llevar a los jóvenes religiosos a servir en los hospitales, para que aprendan el valor de la humildad, el sufrimiento y a servir a Cristo en los pobres. En 1682 fue asignado a Cerignano, donde vive un tiempo de eremitismo compartido con la vida comunitaria. Conjuga la oración y la penitencia con el servicio d sacristán, organista y sobre todo: caridad, caridad y caridad. 

En 1687 fue destinado al convento de San Martín “ai Monti”, Roma, como maestro de novicios, pero allí igualmente todos sus esfuerzos se van a los pobres. A tanto llega su caridad y trabajo con los necesitados, que el General le dispensa de los oficios comunitarios para que pueda dedicarse a su vocación: los pobres. Esta dispensa, la continua presencia de pobres que alteran la paz conventual y su fiebre asistencial le traen críticas y calumnias por parte de algunos carmelitas y de algunas asociaciones caritativas de la Ciudad Eterna. Le llaman loco, de usar la caridad para envanecerse y ganarse un halo de santo. Pero Ángelo lo toma todo como una cruz, no se desanima y continúa con sus pobres, favoreciéndoles y catequizándoles. 

Un día visita el Hospital de San Juan de Letrán, supuestamente atendido por unos bienhechores, pero el espectáculo que halla es desolador: mal olor, llagas que no se curan nunca, comida en mal estado, camas faltantes, suciedad, desorden, la capilla abandonada, etc. Asume la tarea de cambiar aquello y en solitario comienza a limpiar, ordenar, socorrer a los más enfermos. Pronto tiene algunos ayudantes que le ayudan a lavar a los enfermos, cambiar las sábanas, limpiar heridas, etc. Pero va más allá Ángelo. Además se preocupa del alma de los enfermos, pues les predica y les da sacramentos, se hace confesión general, ayunan los que pueden, se asiste a las ceremonias religiosas y al rosario diario. Además, emprende Ángelo algo hoy muy extendido, la llamada "risoterapia", que consiste en alegrar al que sufre, relajarle con música, humor, etc. Contrata clowns, músicos e ilusionistas para elevar la moral de los pacientes. Y él mismo no dudó en disfrazarse para hacer reír a sus amados pobres. En 1710 extiende el hospital a "clínica de reposo", permitiendo que algunos enfermos leves o ya curados, descansen allí, formando parte además del equipo sanitario y ayudando a los que aún padecen. Se crea así una gran familia de caridad, alegría y santidad. Atrae a los familiares de los convalecientes, que ayudan a sus propios enfermos y a los que están solos. Le llueven las solicitudes para se tratados allí y aunque escasean los recursos, nunca se niega a admitir a nadie. Dirá que “cuantos más pobres acoja, más hará la Providencia por ellos”. 

No olvidó a los presos el santo carmelita, siendo constante en las prisiones de la Via Giulia, donde halló igualmente un panorama desolador, por lo que comenzó a dignificar la vida de los presos y sus parientes, mediante el auxilio material y espiritual. Fue también director espiritual del Conservatorio de la Virgen Santísima, una fundación para niñas pobres, a las que se les daba educación y preparaba para la vida. Fue amigo de los cartujos, cuya vida admiraba y a la que dirigió a muchos jóvenes vocacionables. También tuvo de amigo y protector al cardenal teatino San José Tomasi Caro (3 de enero).

Todos los que visitan el Coliseo romano han de saber que, en gran parte, que este se conserve, sea visitable y haya sido restaurado se debe a nuestro santo carmelita Ángelo Paoli: en sus tiempos, siglo XVII, el venerable edificio se hallaba en ruinas y era nido de la peor gente. En sus rincones pululaban el vicio, la bajeza, la enfermedad y la muerte. Fue Ángelo, luego de una visita para venerar el sitio donde (tradicionalmente) habían alcanzado el premio tantos mártires de Cristo, quien clamó al papa Clemente XI, que le quería mucho, para que restaurase el edificio, cerrara las entradas peligrosas y sanease el lugar. Además, el mismo Ángelo puso tres cruces y celebró el primer Via Crucis que se hizo allí. El mismo Clemente XI le ofreció el capelo cardenalicio, como ya había hecho Inocencio XII, pero Ángelo reaccionó las dos veces con humildad, pero negándose firmemente a aceptarlo. Solo aceptó como cargo eclesiástico, entre 1713 y 1716 el cargo de la Lipsanoteca, certificando la autenticidad de las reliquias, aunque sin abandonar su trabajo con los pobres. Y es que su máxima fue siempre: "Quien busca a Dios, lo hallará en los pobres".

En 1720, el 14 de enero, cayó con fiebres muy altas, sintiéndose mal mientras tocaba el órgano, pero no dejó su función litúrgica. La humildad no pudo faltar ni en sus últimos días: pide que le confiese y de la extremaunción al carmelita que más le criticaba, el cual cayó arrepentido a sus pies. Murió nuestro carmelita el 20 de enero de 1720, con tiempo para escribir una especie de Constituciones para el hospital, dando instrucciones a sus colaboradores. Sus funerales fueron apoteósicos, estando presentes muchos prelados y una multitud de pobres y enfermos, casi a rastras. Fue sepultado en la iglesia carmelita de San Martín y en su tumba el papa Clemente XI hizo grabar las palabras "venerable padre de los pobres". Fue beatificado el 25 de abril de 2010, aunque su culto es más antiguo, pues en 1781 el papa Pío VI reconoció oficialmente sus virtudes heroicas. 


Fuente:
-"Un apostolo sociale. Padre Angiolo Paoli". GIORGIO PAPASOGLI y G. VERRIENTI. Roma, 1962.
-http://www.angelopaoli.org/


A 20 de enero además se celebra a  
San Fechin de Fore, abad
San Sebastián, mártir.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Pedro, de las chimeneas a la caridad.

Beato Pedro Friedhofen, religioso fundador. 21 de diciembre.

Nació en 1819, en Weitersburg, un pueblecito de Alemania. No conoció a su padre, pues murió cuando el niño Pedro tenía poco más de un año. Su madre viuda trabajó muchísimo para sacar adelante a sus dos hijos. A los 7 años comenzó Pedro los estudios primarios, pero los tuvo que abandonar dos años después, luego de la muerte de su madre. Tuvo que acompañar a su hermano mayor, que ejercía el oficio de deshollinador itinerante. Toda su juventud la pasó así, de un sitio a otro trabajando, pero siempre asistiendo a misa y a los ejercicios piadosos siempre que podía. Además, leía las Escrituras y rezaba el rosario diariamente. El oficio de estar metido en chimeneas le causó una afección de pulmón para toda la vida, pero nunca se quejaba.

Cuando Pedro tenía 20 años murió su hermano, y nuestro beato tuvo que hacerse cargo de la viuda y sus 10 hijos. Nada tenía para sí sino para su familia y aún le quedaba algo para socorrer a los pobres y enfermos que hallaba por sus caminos. Este trato con pobres y gentes ajenas al Evangelio le llevó a fundar la Hermandad de San Luis PARA VER. Y además, le llevó a madurar su vocación de servicio y fundar una congregación religiosa: los Hermanos de la Misericordia de María Auxiliadora, de laicos consagrados, PARA VER. No le fueron fáciles los inicios, en la Alemania del siglo XIX, nada favorable a la Iglesia ni las órdenes religiosas, pero su fe y dedicación fueron haciendo lo suyo. Una experiencia parecida a la suya, los Hermanos de San Alejo se había puesto en marcha y Pedro vivió con ellos un tiempo en el convento, pero quedó decepcionado: no había votos estables, y eran dominados en lo económico y más allá de eso, por el Secretario Civil de Finanzas de la ciudad, que daba un salario a cada hermano, que poseían bienes privados.

En 1850 Pedro dejó a estos Hermanos y se fue en total pobreza a Koblenz, donde comenzó a trabajar por los enfermos en el hospital de la ciudad y a servir en un convento. En 1852 pudo hacer votos religiosos en compañía de un amigo. Durante los años que le quedaban de vida, que no fueron muchos, se dedicó enteramente a sus enfermos. Falleció santamente el 21 de diciembre de 1860 en Koblenz. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 23 de junio de 1985. 


A 21 de diciembre además se celebra a 
San Hincmar de Reims, obispo.
San Anastasio II de Antioquía, obispo y mártir


Y se canta la quinta de las Antífonas Mayores de Adviento: O Oriens.


jueves, 5 de mayo de 2016

Evangelizando al enfermo por el enfermo.

Santa Jutta de Sangerhausen, viuda, eremita y mística. 5 y 12 de mayo.

Nació en Sangerhausen, Turingia, alrededor de 1220. En 1235 se casó con un cortesano del Landgrave de Turingia. De casada continuó la vida piadosa y caritativa que había tenido hasta entonces. Su marido murió en una peregrinación a Tierra Santa, y entonces la dedicación a Dios fue plena: Tenía grandes ratos de oración y penitencias. Hacía numerosas obras de caridad, visitaba enfermos y pobres. Fundó un hospital para el que escribió un importante reglamento sobre horarios, costumbres, higiene, normas de salubridad. La regla tiene un par de curiosidades: El hospital sería dirigido por un enfermo menos grave, elegido entre todos los enfermos. Y los enfermos menos aquejados debían atender a los más graves y moribundos. También fundó un grupo de beatas seglares para atender el hospital. Este modelo de Jutta lo tomó Santa Isabel de Hungría (17 y 19 de noviembre, y 2 de mayo, traslación de las reliquias) para sus hospitales y obras de caridad. Luego promovió la canonización de Jutta y estuvo presente en la elevación y traslación de las reliquias.

En 1256 se fue a Prusia, junto a un pariente de su marido, Hanno de Sangerhausen. Allí deseó una vida más retirada y el obispo Heidenreich de Kulm le dio el velo religioso y la dejó como ermitaña en Kulmsee, donde redobló su vida de oración, ayuno y caridad. Es una de las pioneras, aunque nunca se mencione, de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Murió el 5 de mayo de 1260. Desde apenas murió, tuvo gran devoción entre el pueblo, hasta hoy día. No faltan las leyendas en torno a su vida: En una ocasión regresaba con una compañera de visitar a una enferma, cuando se hizo de noche y se perdieron. Jutta exclamó "Oh Dios, tú eres el Creador de la luz. Ilumina nuestro camino, para que podamos encontrar nuestro destino". E inmediatamente, el sol envió un rayo de luz, que les indicó el camino a seguir. Se le llama "peregrina de Dios", "hermana de los pobres y de los enfermos", "mendiga de amor". Es patrona de Prusia y de Kulmerland.


A 5 de mayo además se celebra a
San Ángelo, protomártir carmelita.
San Maroncio, abad.
Santa Ferbuta de Persia, mártir.

miércoles, 23 de marzo de 2016

El Taumaturgo de Barcelona

San José Oriol, presbítero. 23 de marzo.

El niño José.
El joven José Oriol
demuestra su inocencia.
Nació José en la ciudad de Barcelona el 23 de noviembre de 1650, hijo de Juan y Josefa (o Gertrudis), gente humilde y buena. En 1651, cuando José tenía solamente 6 meses de nacido, su padre falleció a causa de la peste, y su madre se casó con Domingo Pujolar, que trató a José como a su propio hijo. Cuando el niño tenía seis años, Josefa lo llevó a Santa María, la "Catedral del Mar", donde funcionaba una escuela gratuita, a cambio de que los niños sirvieran como acólitos en las funciones religiosas. 
José pronto destacó por su carácter, su aplicación a los estudios y la piedad con la que ayudaba la santa misa. Cuando llegó a la adolescencia, los sacerdotes de Santa María le propusieron estudiase latín y teología, con vistas a ser ordenado sacerdote. Así que en 1664 se trasladó José a casa de su nodriza, Catalina Brugera y se matriculó en la Universidad de Barcelona, terminando la Filosofía en 1671 y la Teología en 1673. En 1674 se graduó de Doctor en Teología, con premio y felicitaciones de todos los profesores. Y a pesar de sus dolencias y enfermedades, entre ellas un hueso descoyuntado que le hacía sufrir mucho, aunque siempre sin quejarse. 

A la par de los estudios, forjaba su alma en el seguimiento de Cristo, era muy penitente, amante de la pobreza y la pureza de costumbres. Ayunaba siempre que podía para templar el cuerpo, nunca estaba ocioso y siempre que podía hacía oración. De esta etapa en la casa de Catalina Bruguera se cuenta que un día, llegó Antonio, marido de Catalina, y halló a José, mozo de 20 años, ayudando a su mujer en la cocina. Le asaltaron unos terribles celos, pero no dijo nada. Mas José, que supo la infamia que pasaba por la cabeza del hombre, puso sus manos en los carbones y le dijo: "soy tan inocente de lo que usted piensa, que no temo poner a prueba de mi inocencia las manos en el fuego". Y así lo hizo, quedando Antonio pasmado.

El Padre Oriol.
Como era la costumbre, para acceder al sacerdocio era necesario poder mantenerse. En 1676 el obispo de Gerona le concedió un beneficio eclesiástico y gracias a esto pudo ordenarse el 30 de mayo de ese mismo año en la iglesia de las dominicas de Vich, por manos del obispo Jaime Mas. Cantó la primera misa el 29 de junio del mismo año en Canet de Mar, en las fiestas de San Pedro. Una vez ordenado, Don Tomás Garnien le contrató como preceptor de sus hijos, y aunque vivía con ellos, gente de clase alta, José no abandonó su estilo sencillo de vida. No se permitía manjares ni faltar a los ejercicios piadosos. No alternaba jamás en fiestas ni reuiniones. Le apodaban "doctor pan y agua", debido a esta austeridad de vida. 


José prefería la predicación y el apostolado, que llevaba a cabo en la iglesia de San Felipe Neri, aunque solo parcialmente. Pero necesitaba el salario para mantener a su anciana y enferma madre. Cuando esta falleció en 1686, José Oriol se vio libre para dejar la preceptoría y dedicarse a su misión sacerdotal. Pero su ideal chocaba con la realidad, tenía que garantizar su sustento. Así que se fue a Roma, donde el Beato Inocencio XI (12 de agosto) le recibió, leyó las recomendaciones que llevaba y animado por su celo pastoral, le concedió ser cura beneficiado de la antigua iglesia de Santa María del Pi, en Barcelona, con los beneficios de San Clemente y San Lorenzo. Esta iglesia estaba atendida por un grupo de presbíteros que sin ser religiosos ni canónigos vivían en comunidad, pagando un alquiler, y repartiéndose los servicios religiosos de la parroquia. 

Imagen que se venera
en la Catedral de Barcelona.
Los sacerdotes acogieron bien a José, del que solo cosas buenas se decían. Este al llegar, eligió como habitación un estrecho habitáculo, donde dormía con suma austeridad. No permitía le lavaran o cosieran sus ropas, ni limpiaran su habitación, haciéndolo todo por él mismo, sin ser gravoso a los demás. Por su exquisita caridad, los presbíteros le eligieron enfermero, labor en la que destacó por su paciencia y caridad para con sus hermanos presbíteros. En la iglesia dedicaba largas horas al confesionario, consciente de la necesidad de arrepentimiento y purificación que el alma cristiana necesita. En breve se convirtió en director de almas de muchísimas personas que le elegían como confesor y director, entre ellas la Venerable Jerónima Llobet, alma piadosa de la Barcelona del siglo XVII. Y no le elegían por ser condescendiente ni laxo, sino por ser justo en sus decisiones, animarles a la perfección sin dejarse llevar por la tentación de la mediocridad espiritual. Alentaba a la piedad sincera, sin boato exterior, desterraba los escrúpulos y las falsas humildades, haciendo de las almas verdaderas discípulas de Cristo. No tenía las reticencias de otros sacerdotes, que dudaban si los seglares podían ser místicos y adentrarse en la profundidad de la oración mental; José les daba pautas y puntos de meditación, ayudas, y les animaba a ello.

El acusado y castigado.
Pero no todo eran agradecimientos. Algunos sacerdotes y fieles veían un exceso en el padre José, creían que la perfección cristiana, la oración mental y la meditación eran imposibles para seglares. También rumoreaban que era muy exigente en el servicio de Cristo, solo porque no dejaba que las almas se acomodaran en tres o cuatro devociones y obras piadosas exteriores. Y es que él quería más: quería autenticidad y vida interior. En fin, que al obispo Benito Ignacio de Salazar llegaron las acusaciones de jansenismo, terrible doctrina rigorista y fatalista, en boga en la Francia del XVII, que muchos prelados commbatieron, como San Francisco de Sales (24 de enero) o San Claudio de la Colombiére (15 de febrero). El obispo, temeroso de una infiltración jansenista en su diócesis, retiró a José Oriol la facultad y licencia de confesar, sin abrir una investigación y ni siquiera hablar con José. El mismo Oriol tuvo que decirlo a sus fieles y dirigidos, que no podía confesarles más. La obediencia era todo para él. Así pues, libre de las horas del confesionario, pudo dedicarse con más atención a la caridad con los pobres, otra de sus ocupaciones. Les visitaba, consolaba, repartía limosnas, incluso en ocasiones todo su beneficio lo daba a los demás. De hecho, los días 6 de cada mes, cuando cobraba sus 200 reales, los pobres se agolpaban en Santa María para recibir su ayuda, y pareciera que multiplicaba las monedas, pues a todos daba algo. Algunos fieles de renombre protestaron ante el obispo, pero este mantuvo su castigo. En 1693 tomó la sede episcopal Don Manuel de Alba, que revisando expedientes de la curia, comprobó que no había acusaciones formales, ni pruebas o fundamentos para condenar a José Oriol como jansenista. Escribió al pobre José, renovándole las licencias para confesar y la respuesta de nuestro santo fue sentarse en el confesionario, como si nada hubiera pasado, sin mostrar orgullo o reticencia. 

El pastor de los enfermos.

San José Oriol
sana al tullido.
En 1697 tuvo el impulso de ser misionero y mártir por Cristo, y el 2 de abril de 1698 se fue a Roma, para ponerse a disposición de la Congregación de Propaganda Fide. Para dormir, se hospedaba en los hospitales y pagaba su estancia con su servicio personal. En este viaje ocurrió que estando con un amigo, luego de comer, vieron que no tenían dinero para pagar. Se afligió el amigo, pero José tomó un rábano, cortó dos rodajas finas, hizo oración y las rodajas se transformaron en dos reales, con los que pudo pagar. Verdaderos ejemplos de caridad dio por todo el camino, aunque no llegó más allá de Marsella, pues en un hospital de esta ciudad enfermó gravemente y tuvo que regresar a Barcelona, donde sus fieles le acogieron calurosamente. En el trayecto de regreso se puso a orar en la cubierta del barco, cuando cayó en éxtasis y se elevó por los aires, y por más que intentaban sujetarlo, seguía subiendo, y por sí solo bajó cuando Dios quiso. 

El fracaso como misionero le sirvió para adentrarse en la voluntad de Dios, que no le quería misionero en la lejanía, sino en la misma Barcelona, entre aquellos con los que le había configurado: los enfermos. Estando el mismo enfermo, había comprobado la soledad, la tristeza y las incomprensiones que invaden a los enfermos. Retomó su apostolado de visitarles, y no solo ello, sino haciendo que los mismos enfermos fueran misioneros unos con otros. Algunos visitaban a los más graves o inválidos, y otros se reunían en la iglesia de Santa María del Pi, donde escuchaban pláticas, oraban y recibían los sacramentos, en una pastoral dedicada especialmente a ellos, verdaderamente revolucionaria en su momento: enfermos evangelizadores de otros enfermos. Sus sermones eran sencillos, pero profundos. Aunque se dirigían a gente sencilla, no por eso era condescendiente en el lenguaje ni en la exigencia de perfección evangélica.

El taumaturgo.
Esta labor apostólica no dejó de ser bendecida por Dios y pronto comenzaron a ocurrir portentos, sobre todo al terminar las oraciones y dar José la bendición con el Santísimo Sacramento. Varios enfermos eran sanados, desde leves hasta algunos aquejados de algunos males durante años. Pronto se corrió la voz por Barcelona, y comenzaron muchos a ir a los sermones y devociones del taumaturgo sacerdote. Sumó a otros sacerdotes a predicar y rezar con los fieles, pero los milagros solo ocurrían cuando era él quien predicaba y daba la bendición con el Sacramento. Y no solo ahí, sino que otros casos se dieron: en una ocasión iba por la calle y una mujer le gritó "dichosa la madre que te parió"; y al oírla un hombre le increpó diciéndole: "¿también crees tú a este embustero?", secándosele los brazos en el acto y teniéndolos inmóviles hasta que, avisado José Oriol, fue, lo bendijo y el hombre sanó y cambió de opinión sobre el santo.

A una mujer sanó de la vista al mandarle se tocara los ojos con agua bendita de la pila del templo de Santa María del Pi. A un religioso carmelita que llevaba siete años baldado, lo sanó igualmente bendiciéndole y animándole a caminar. A sus amigos Llobets, que no tenían pescado un viernes de Cuaresma, mandó el santo que miraran en la despensa, y hallaron un bacalao entero. Una vez que tenía que confesar a las monjas jerónimas y llevaba una semana lloviendo, salió de la iglesia sin cubrirse y llegó al monasterio seco. Advertidas de ello las monjas, le preguntaron como era que había ido bajo esa agua, y no se había mojado, y el santo les dijo "la lluvia cumple su labor, yo cumplo la mía".

Tuvo el don de bilocación, o al menos el de sutileza, que es atributo de los ángeles, los cuales pueden trasladarse de un sitio a otro en un segundo, sin llegar a estar dos veces en el mismo lugar. Lo corroboraron testigos que en un viaje de Barcelona a Mataró le ofrecieron viajar en su carruaje, pero el santo se negó (siempre viajaba a pie). Al llegar allí los amigos, hallaron al santo sentado a las puertas de la ciudad y rezando su breviario. En otra ocasión visitaba el convento de Santa María de Gracia, a media hora de Barcelona, cuando dieron las doce del día. Siendo la última hora para cantar misa, antes de terminar las campanadas, ya estaba cantando misa en Santa María del Pi. Con estas noticias, normal es que la fama de santidad traspasara Barcelona, Cataluña y llegase a otras partes de España.

El fin y el principio.

Imagen relicario que
se venera en San Jaime
de Barcelona.
El 8 de marzo de 1702 se sintió mal, y como estaba muy cansado quiso recostarse. Pero sucedió que su habitación estaba ocupada, por lo que fue a casa de la familia Llobet, el cual por caridad le prestó un sitio donde descansar. Poco pudo hacerlo, pues pronto se agravó y hubo que llamar al médico, el cual confirmó la gravedad del santo. Le visitaron todos sus compañeros de Santa María, ya que no era conveniente trasladarle. Allí mismo le administraron el Viático. El 20 de marzo recibió los sacramentos y suplicó que la escolanía de su iglesia del Pi fuera a cantarle el "Stabat Mater", lo cual le provocó una gran emoción y paz. El 23 de marzo falleció serenamente, fue reverstido con sus ornamentos sacerdotales y tendido sobre una mesa; cuatro velas se pusieron a su alrededor, dándose el milagro que ardieron más de 24 horas sin consumirse y al ser apagadas, pesaban lo mismo que al ser encendidas. Fue tanta la gente que acudió a casa de los Llobet, que las escaleras de madera crujían, y se hizo tal nudo de personas, que se tuvo que tirar un tabique para que la gente saliera por otro sitio distinto de donde habían entrado.

Los funerales fueron concurridísimos, duraron varios días y se celebraron con gran solemnidad. Durante ellos, los devotos no cesaron, y ocurrieron muchos portentos, como la sanación de un niño tullido, que en los 7 años que tenía, jamás había caminado. Y eran tantos los devotos, e iban a más, que temían les enterraran a su santo, que aquello se hacía interminable. Por ello, los sacerdotes de Santa María anunciaron que lo sepultarían al día siguiente, y habiendo vaciado la iglesia, lo enterraron en la capilla de la Santa Espina, poniendo una pesada losa de piedra encima. Fue sepultado en Santa María del Pi, para seguir derramando gracias sobre los devotos, como había hecho en vida.

En 1759 se abrió el proceso de canonización, en cuyas fases declararon más de 60 personas que habían conocido a José Oriol. Pío VII lo beatificó a 21 de septiembre de 1806, y fijó su memoria para la diócesis de Barcelona. Ese año se había exhumado el cuerpo y se hallaron algunas partes conservadas. Una parte se envió a Roma, otra se repartió por toda Cataluña y –España, pero la mayor parte de las reliquias fueron puestas en el altar que se le dedicó en Santa María del Pi. Finalmente San Pío X (21 de agosto), lo canonizó a 20 de mayo de 1909.


Fuente:
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 3. Editorial Edibesa, 2001.
-“Mes consagrado al Beato José Oriol”. Barcelona, 1858.



A 23 de marzo además se celebra a 
Santos Victoriano, Liberato y compañeros mártires de Cartago.
San Nicon y compañeros mártires de Sicilia. 
Santos Fingar y Piala, mártires.

martes, 30 de abril de 2013

El Santo Niño Doctor de los enfermos

Sor Carmen
con el Divino Niño.
En el estado de Puebla, muy cercano a la capital de México, se encuentra una población de nombre Tepeaca, lugar famoso por haber sido aquí donde Hernán Cortés escribiera su segunda carta de relación al rey de España. Este lugar sigue dando frutos de devoción y amor a Cristo y especialmente en su infancia, como es el caso de la imagen del Santo Niño Doctor de los Enfermos. Se cuenta que una de las religiosas josefinas de la ciudad de México poseía una bella talla del niño Jesús la cual decidió rifar entre las hermanas de la Congregación, saliendo premiada la hermana Carmen Barrios. La imagen fue puesta a veneración primeramente en el hospital "Concepción Béistegui" en el cual ayudaban las religiosas josefinas. En este sitio es donde se la da primeramente el título de “Niño Doctor”. 

La hermana Carmen fue enviada a servir en el hospital recientemente inaugurado de la población de Tepeaca, pues el presidente municipal en persona había solicitado la ayuda a la congregación para que atendieran el recinto. Corría el año 1942 cuando las hermanas llegan a esta localidad, llevando consigo la preciada y venerada imagen que, como había sucedido en su residencia anterior, comenzó a obrar prodigios a quien afligido recurría a su auxilio, por lo que muchos le comenzaron a llamar también el “Santo Niño del Hospital”. 

Tiempo después las religiosas fueron trasladadas al poblado de Tehuacán, Puebla y se llevaron consigo la imagen, pero esta fue reclamada de regreso por los pobladores de Tepeaca, quienes se habían encariñado con ella. En 1961 debido a la gran devoción que el pueblo le prodigaba a la imagen se estableció la festividad del Santo Niño Doctor de los enfermos el 30 de abril, fecha en la que en México se festeja el "Día del Niño”. Debido a la avanzada edad de la hermana Carmen Barrios, esta se mudó a la casa de la señorita Trinidad Torres, donde siguió siendo venerada la imagen por sus devotos en el oratorio particular de dicha casa hasta el 5 de julio de 1963, fecha del fallecimiento de la religiosa josefina. Al poco tiempo, para cumplir con la última voluntad de la hermana Carmen, la imagen del Santo Niño fue llevada a un altar lateral en la parroquia de San Francisco de Asís. En este sitio se encuentran, hasta el día de hoy, la imagen y los restos de la que en vida fuera su dueña.


Niño Doctor. Estampa
tal vez de los años 50
La preciada imagen mide aproximadamente 75 cm de altura, mejillas sonrosadas y viste una blanca bata de doctor que lleva bordada las palabras "Dr. Jesús H.H. J.J". en el bolsillo izquierdo, estas siglas significan el nombre de Jesús (algo similar al JHS o IHS) de la forma en que se acostumbra que los médicos lleven su nombre en la bata y con la duplicidad de las letras por estética, otras bibliografías nos dicen que estas letras son las siglas de la congregación de las Hermanas Josefinas a las que perteneció la hermana Carmen Barrios.

Sus atributos son el maletín de doctor y su estetóscopo. En otras ocasiones es vestido completamente de azul, como cirujano, que bellamente nos recuerda que Cristo es el médico de cuerpos y almas; el único remedio de nuestros males y la medicina del espíritu. Los milagros de este divino infante se cuentan por miles. Según se dice las mejillas de la imagen palidecen cuando está ayudando a algún enfermo grave y se sonrojan cuando el enfermo ha sanado. También se cuenta, como suele suceder en muchas de las imágenes de gran devoción, que se le gastan sus zapatos porque en las noches sale a curar a sus enfermos. Por esto constantemente se le compra un nuevo par de zapatos, que de todos modos no le hace falta pues muchos le son obsequiados a modo de exvotos  por los milagros recibidos. 


Por: André Efrén Ordóñez.


Niño Doctor en la actualidad
Y yo, como muchas veces que me gusta apostillar algo cuando el artículo no es mío, primero le doy las gracias a André por su artículo, y luego a comentar algo sobre la imagen. La verdad es que me llama muchísimo la atención (por desconocimiento de la cultura mexicana, claro está), como a una imagen de reciente devoción (40 o 50 años es nada en devociones) le surgen leyendas típicas de siglos pretéritos. Es normal que leyendas como esas de los paseos nocturnos se creyeran en el pasado, muy pasado, y se arrastren hasta hoy como tradiciones, pero me asombra que nazcan en pleno siglo XX, cuando ya es hora de dar a la imagen si justo valor: imagen inanimada que representa, remite a una realidad superior: Dios presente en sus santos.
El título "Salus Infirmorum" existe desde hace mucho en la Iglesia, aunque referido a la Madre de Dios, y lo llevan varias advocaciones marianas, le corresponde plenamente y con más derecho a Cristo.

Y la imagen en sí, pues hay que decir que tiene su encanto, se nota que es una imagen "de belén" sentada y vestida, se ve ha sido retocada varias veces y, aunque los dedos se notan rehechos sin mucho arte, hay que decir que la policromía actual parece más antigua que en la primera fotografía que mostramos, tal vez una restauración le devolvió a su estado original. Probablemente sea una imagen de finales del XIX o principios del XX y de buena factura, cosa que no tienen ni por asomo los cientos de imágenes que pretenden prepresentar esta devoción. 
Y, por último, es interesante ver como la Hermana Carmen, a pesar de llamarle Doctor, no le vistió tal cual un doctor de su momento, sino como Rey, como suele hacerse habitualmente. La identificación moderna con el típico médico visitador, con el maletín cuasi mágico del que sacaban todas las pócimas necesarias, aquellos médicos de antaño, es un ejempo más de como muchas devociones se van adecuando a nosotros, en lugar de nosotros a ellas.
Ramon Rabre.



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Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...