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domingo, 30 de abril de 2017

"La caridad de Cristo nos anima"

San José Benito Cottolengo, presbítero fundador. 30 de abril.

El 3 de mayo de 1786 vino al mundo en la pequeña población de Bra, provincia de Cuneo, José Benito Cottolengo, el primero de los doce hijos de un comerciante de lanas y de una devota y piadosa dama piamontesa de quien aprendió los principios de la Fe cristiana. La infancia y adolescencia del muchacho estuvieron marcadas por los avatares trágicos de la Revolución Francesa, que estremeció al Piamonte casi tanto como a la misma Francia, y por la posterior invasión napoleónica que sujetó toda Europa a su dominio. Encontrándose su tierra sometida al imperio francés, José Benito debió cursar sus estudios sacerdotales en la clandestinidad y como no le resultaron fáciles se encomendó a Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias). ¡Su intercesión ante Dios fue tan eficaz que aprobó con éxito todos los exámenes!

El 8 de junio de 1811 fue ordenado sacerdote en la capilla del seminario de Turín y al poco tiempo se lo designó vicepárroco de Corneliano d’Alba. Doctorado en Teología en 1816, fue convocado a integrar la Congregación de los Canónicos de la iglesia de Corpus Domini en Turín, pero rápidamente comenzó a sentir una profunda insatisfacción por lo que suponía era una suerte de inacción de su parte. En esas circunstancias comenzó a profundizar y meditar sobre las grandezasde la vida y las enseñanzas de San Vicente de Paul, actitud que, según sus biógrafos lo condujo a una madurez espiritual sin precedentes.

Fue entonces que ocurrió un hecho que habría de marcarlo para toda la vida. El 2 de septiembre de 1827: una humilde mujer de origen francés que viajaba desde Milán a Lyon con su esposo y sus tres hijos, llamó a las puertas de su parroquia en busca de auxilio. La mujer, gravemente enferma, se hallaba en el sexto mes de embarazo y necesitaba urgente atención. Benito al verla en ese estado la condujo en su carruaje hasta el cercano hospital de tuberculosos con la intención de que la atendiesen lo más rápidamente posible pero, grande fue su sorpresa cuando sus autoridades le manifestaron que no estaban en condiciones de hacerlo por tratarse de una extranjera que no reunía los requisitos legales para ser internada. Además, dada su extrema pobreza, no podía costearse ningún tratamiento. De inmediato, partió Benito rumbo a otro nosocomio, el Hospicio de Maternidad, donde obtuvo los mismos resultados. Afligido, hizo nuevos intentos en otras instituciones sanitarias pero todo fue en vano: la pobre mujer expiró en sus brazos tras una larga agonía y mucho sufrimiento. Grande fue su desconsuelo, tremendo su dolor; dolor que se tornó insoportable al ver los rostros desolados del marido y los tres niños, ahora huérfanos "Esto no puede volver a ocurrir. Debo hacer algo para que la gente desamparada tenga un sitio al que acudir", pensó Benito, atormentado por el recuerdo de la mujer muerta en sus brazos.

El 17 de enero de 1828 José Benito Cottolengo alquiló a un particular una sencilla habitación frente a la iglesia parroquialy en ella instaló cuatro camas, abriendo de esa manera un pequeño hospital llamado la Valle Rossa. Lo asistían el médico Lorenzo Granetti y el farmacéutico Pablo Anglesio, bajo la atenta dirección de doña Mariana Nasi Pullini, rica viuda de la región que efectuó los primeros aportes a la naciente obra, llamada en un primer momento Damas de la Caridad. La institución fue creciendo y al cabo de tres años contaba con 210 internados y 170 asistentes. Necesitado de más colaboración, el P. Benito fundó una congregación dedicada exclusivamente a prestar asistencia al nosocomio recientemente fundado y designó superiora a Mariana Nasi. En 1831 estalló una epidemia de cólera que azotó ferozmente a Turín. Las autoridades, temerosas de que el hospital se convirtiese en un centro de propagación del temible flagelo, ordenaron clausurarlo y dejaron una vez más a los pobres enfermos totalmente desamparados.

Lejos de amilanarse, Cottolengo se encaminó al barrio de Valdocco, por entonces en las afueras de la ciudad, y allí fundó la Pequeña Casa de la Divina Providencia que, andando el tiempo, habría de convertirse en un magnífico hospital con capacidad para 10.000 pacientes. Y sobre sus puertas mandó esculpir las palabras de San Pablo: "La caridad de Cristo nos anima". Su fuerza de espíritu y la ayuda de almas caritativas le permitieron inaugurar nuevos pabellones que engrandecieron considerablemente el establecimiento. Así vieron la luz la Casa de la Esperanza, la Casa de la Fe, la Casa de Nuestra Señora y el Arca de Noé, donde fueron internados pacientes de extrema pobreza. El pabellón denominado Amigos Queridos fue destinado a los enfermos mentales, siguiéndole el de los huérfanos, los inválidos, los desamparados y los sordomudos. Tal fue la grandeza y amplitud de la obra que un escritor francés de visita en Turín en aquellos días manifestó asombrado: "Esto es la universidad de la caridad cristiana".

El Padre Cottolengo jamás llevó cuentas ni hizo inversiones. Solía gastar todo en su obra sin guardar nada para el día siguiente. En cierta oportunidad uno de sus asistentes le dijo que no había alimento para los enfermos y que la situación era apremiante. El padre Benito reunió a la comunidad y preguntó si alguno de los presentes tenía dinero. Cuando alguien le dio un par de billetes los alzó a la vista de todos y los arrojó por la ventana. Poco después llegó desde la ciudad todo lo necesario para los internados. Otro día, a la misma hora, ocurrió un hecho similar. No había nada para los pacientes. En vista de ello el santo se retiró con sus religiosas y algunos enfermos a rezar. Y enfrascado se hallaba en sus oraciones cuando cerca del medio día se detuvieron frente al hospicio ¡varios carros del ejército con el almuerzo que los regimientos no iban a utilizar por encontrarse en maniobras a mucha distancia! Tanto trabajo y tanta vocación, minaron la salud de Cottolengo. Intuyendo que su fin estaba cerca, escribió al conde Castegnetto manifestándole, entre otras cosas, que temía llegar a la siguiente Pascua sin ver extendida la mano de Dios sobre la Pequeña Casa. Hacía alusión a un importante crédito que se debía cubrir y que lo tenía sumamente angustiado. Y una vez más el Señor respondió a su pedido ya que a los pocos días el rey Víctor Manuel le envió sorpresivamente 5.000 liras, seguidas de otras 36.000 que le dejaba en herencia el canónico Valletti. Para la Pascua, ¡el crédito estaba cubierto! 

En 1842 la peste de tifus se abatió sobre Turín. San José Benito enfermó y el 30 de abril falleció, a los 56 años de edad, después de recibir la Unción de los Enfermos en Chieri, el día anterior. Esa misma tarde se casaba el rey Víctor Manuel y para no amargar tan fastuoso acontecimiento, su cuerpo fue trasladado en el más absoluto silencio a la capilla de la Pequeña Casa donde fue velado sin pompa y con sencillez. El 29 de abril de 1917 el Papa Benedicto XIV lo declaró beato y el 19 de marzo de 1934 Pío XI lo proclamó santo.

San José Benito Cottolengo conoció y trabó amistad con otro hombre de Dios, San Juan Bosco (31 de enero), a través del cual un discípulo de este último, el joven estudiante San Luis Orione (12 de marzo y 16 de mayo), supo de sus obras, su grandeza y su fortaleza espiritual. Y tanto fue lo que Cottolengo influenció en el futuro seminarista, que cuando varios años después él mismo inició su camino de santidad, bautizó a su naciente congregación con el nombre de Pequeña Obra de la Divina Providencia, en recuerdo de la fundada por el gran apóstol de Valdocco.


Fuente:
-Jhonatan Alarcón.


A 30 de abril además se celebra a
San Eutropio de Saintes, obispo y mártir.
Santa María de la Encarnación Guyart, ursulina.
San Quirino de Neuss, tribuno mártir.

jueves, 8 de octubre de 2015

San Juan Calabria, apóstol providencial.

Pregunta: Buenos días, antes que nada, gracias por responder siempre mis preguntas. Tiene alguna información sobre los beatos Juan Calabria y Sor María de Jesús Crucificado?

Respuesta: Gracias a ti por visitar la página, de veras. Te daré primero respuesta sobre San Juan Calabria, y en otro momento y artículo sobre la Beata carmelita María de Jesús Crucificado.


San Juan Calabria, presbítero fundador. 4 de diciembre y 8 de octubre (en Verona).

Juan fue hijo de un zapatero y una sirvienta y nació en Verona en 1873, siendo el séptimo hijo. Fue una familia muy pobre y, para colmo, el padre murió cuando Juan tenía 13 años, por lo que tuvo que dejar el colegio para trabajar. Afortunadamente, el párroco de su iglesia, Pedro Scapini, vio sus aptitudes y su talento y lo continuó educando gratuitamente, con vistas a prepararlo para el seminario, mientras crecía en las virtudes de la caridad, humildad y en la práctica de los sacramentos.


Logró entrar al seminario, pero a los 3 años tuvo que dejarlo para entrar al servicio militar, donde continuó siendo ejemplo de buen cristiano. Al terminar, volvió a los estudios del seminario y es en este momento, 1897, cuando tiene su experiencia fundante (al decir de los místicos y teólogos), que le marca toda su vida: una noche, después de visitar unos enfermos, halla un niño acurrucado junto a su puerta. Le atendió y eso le hizo comprender su vocación: atender al desvalido. Ese mismo año funda la "Pía Unión" para la asistencia de los enfermos pobres y sin recursos, aglutinando a laicos y seminaristas deseosos de ayudar a los más débiles.

En 1901 fue ordenado sacerdote, nombrado confesor del seminario y vicario de San Esteban de Verona. En 1907 pasó a ser párroco de San Benito del Monte y capellán militar. Cultivó el ministerio de la predicación, la catequesis (por aquellos tiempos tarea de los sacerdotes exclusivamente), y dedicaba horas enteras al confesionario. Allí fundó la Casa de la “Buena Infancia", para atender a los niños. Fundó para los hermanos consagrados la "Congregación de los Pobres Siervos de la Divina Providencia" (fue aprobada por el obispo en 1932 y por el papa en 1949), dedicada a los abandonados, marginados, ancianos y enfermos. Su corazón apostólico le hizo fundar en Vijayavada, India, en 1934. Esta fundación no prosperó a causa de la guerra y los recelos hacia los italianos, por parte de los ingleses, colonos de India. Antes, en 1910 había fundado a las Hermanas, dedicadas a las niñas y las mujeres (esta rama femenina fue aprobada por el obispo y por el papa, en 1952 y 1981, respectivamente). En 1944 fundó una rama para laicos, sin votos religiosos: la "Familia de los Hermanos Externos". Toda esta familia religiosa mostraría al mundo la idea y espiritualidad de Juan Calabria: “La Providencia existe, Dios es Padre y piensa en nosotros, siempre que nosotros pensemos en él”. Por ello se fundaron casa de acogida, hospitales, centros de formación humana y espiritual. Se ayudó seminaristas pobres, obreras, y a todo tipo de necesitado.

Fue amigo de protestantes y ortodoxos, cultivando el verdadero ecumenismo: trabajar en la verdad, sin concesiones, pero respetando y escuchando las ideas de los otros. Tan es así, que uno de los que pidió oficialmente su canonización fue el pastor luterano suizo Sune Wiman. En este tema del diálogo con otras confesiones cristianas fue precursor de algunos lineamientos pastorales del Concilio Vaticano II. En la Segunda Guerra Mundial ayudó escondiendo a judíos, como la doctora que vivió entre sus religiosas, como una hermana más. También se preocupó por la buena prensa y las lecturas, por ello escribió “Apostólica vivendi forma", un libro donde habló de los males de su tiempo, de la necesidad de volver a Dios, la Providencia Divina, la actitud que debían tener los sacerdotes y laicos ante los descreídos o alejados de la Iglesia. Finalmente, después de toda una vida al servicio de los demás, el 4 de diciembre de 1954, Juan Calabria entró en la gloria. En su agonía, ofreció su vida por Pío XII, agonizante también. El padre Calabria murió, pero Pío XII se restableció en el acto, y continuó al servicio de la Iglesia. El Cardenal Schuster mandó grabar en su tumba las palabras: "Resplandeció como faro luminoso en la Iglesia de Dios". Fue beatificado por Juan Pablo II en 1988 y canonizado en 1999, por el mismo papa.
 


Fuente:
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI y G. ZIARRI. Madrid, 2000. 


A 8 de octubre además se celebra a:

San Artaldo de Belley,
obispo cartujo
.
Nuestra Señora
del Buen Remedio
.
San Artemón,
presbítero y mártir.





Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...