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domingo, 10 de enero de 2021

"no hay cosa más indigna de un obispo que atesorar dinero"

San Guillermo de Bourges, obispo cisterciense. 10 de enero y 7 de mayo, traslación de las reliquias.

Nació sobre 1150, en la Casa de los Condes de Nivers. Fue niño piadoso y muy inteligente y, según su leyenda, pasaba noches enteras en oración. Se educó con su tío, el Arcediano de Soissons, que hizo de él un joven sabio y virtuoso. Llegado a los 21 años fue ordenado presbítero y se le otorgó una canonjía en la catedral de Soissons, donde era respetado y querido. También por sus relaciones familiares obtuvo una canonjía en París, con muchas rentas aparejadas, que Guillermo destinaba íntegras a los pobres.

Pero el mundo, ni aún el eclesiástico, le satisfacía, por lo cual se unió a los austeros monjes de San Esteban de Grandmont (8 y 13 de febrero), luego de dar a los pobres y necesitados todo lo que por herencia le correspondía. Fue Guillermo un monje ejemplar, el más humilde, penitente y caritativo entre todos. Esteban le tuvo gran afecto y le hizo conocido de prelados, cardenales y del mismo papa Inocencio III. Tanto reconocimiento le turbó y decidió buscar una vida más escondida, si se podía, yéndose por ello a la Orden del Císter. Durante algunos años pudo gozar de la soledad que buscaba, siendo un monje observante y callado, hábil para los trabajos y para el canto. Pero he aquí que los monjes de Font-Joan, habiendo muerto su abad, le eligieron para que les hiciera de padre abad. Accedió Guillermo solo por obediencia y amor a sus hermanos, pero poco tiempo estuvo allí, pues le eligieron por abad los monjes de Chalis.

Y como "no hay dos sin tres", ocurrió que quedó vacante la sede de Bourges, y hubo una gran división entre los canónigos, que finalmente recurrieron al arzobispo de París, hermano del obispo difunto, para que les nombrase un obispo. Este les recomendó eligieran a alguno de los abades del Císter, Orden de prestigio, que encumbraba varones santos. Así lo hicieron los canónigos, escribiendo varios candidatos en papeletas que pusieron bajo el ara del altar principal de la catedral. Cantada la misa, el arzobispo parisino sacó la cédula que tenía el nombre de nuestro Guillermo. Repitió el prelado el gesto dos veces más y volvió a salir Guillermo el elegido en cada una. El pueblo y clero que se agolpaba a las puertas de la iglesia entró en tromba reclamando saber el nombre.

Una vez sabido el nombre, se le envió el resultado a Guillermo y al papa. Cuando este lo supo, confirmó la elección, haciendo que Guillermo aceptara por obediencia. Ese mismo año fue entronizado en la sede de Bourges con júbilo popular. Fue Guillermo un prelado excelente: caritativo, celoso del culto, preocupado por los pobres, evangelizador y reformador de costumbres. Siempre llevó su hábito monacal y jamás usó manto de pieles por más frío que hiciera. 

Nunca dejó de asistir personalmente cuando era requerido al lecho de un moribundo, un enfermo o algún desvalido. Sus rentas las donaba íntegramente para los pobres o para el culto, pues su máxima era: "no hay cosa más indigna de un obispo que atesorar dinero". Y para ello no dudaba en denunciar las injusticias de los poderosos, rechazando sobornos cuando estos querían comprar su silencio. Incluso fue acusado ante el rey Felipe Augusto de promover que no se recogieran impuestos, pero el monarca, una vez se entrevistó con Guillermo, vio que todo era calumnia y si antes le estimaba, desde entonces le tomó gran afecto.

En1201 fue Legado Ponticifio de Inocencio III para hacer la paz entre Francia e Inglaterra, consiguiendo pacificar ambos reinos, no sin esfuerzo y desvelo. En 1203 presidió, por legacía papal, el Sínodo de Clertmont, para zanjar las divisiones entre el obispo y el clero, que amenazaba cisma. En 1207 realizó la traslación de San Benito (11 de julio) y a finales de 1208 el papa le encomendó participar en la Cruzada contra los albigenses. En esta tarea no duró mucho tiempo, pues el día 1 de enero de 1209 supo por revelación que no le quedaba mucho tiempo en la tierra. El día de la Epifanía predicó al pueblo un sentido sermón, que provocó muchas conversiones de herejes. Luego de esto, se retiró a su humilde habitación, y pidió los Sacramentos. Recibió el Sacramento de rodillas, a pesar de sentirse morir. El día 10 de enero aún pudo rezar Maitines en su lecho, y luego de esto, pidió le tendieran en el suelo, sobre cenizas, y así murió santamente.

Aunque el santo había dejado escrito que quería ser sepultado como un monje más en su monasterio de Chalis, la ciudad, clero y pueblo de Bourges no consintieron le llevaran el preciado tesoro del cuerpo del santo. Llegaron a aponer guardias para impedir los monjes se lo llevaran, así que estos decidieron dejarlo en Bourges, en cuya catedral fue enterrado. Pronto comenzaron los milagros en su tumba, siendo cientos los sanados por intercesión del santo obispo. La leyenda dice que el mismo año de su muerte los cruzados sitiaron Bourges y cuando parecían rendirse, el santo apareció en el cielo, sobre un caballo blanco y blandiendo una espada. Los soldados se animaron y tomaron la ciudad, matando a los 7000 herejes que tenían tomada Bourges.

En 1217 se inició el proceso de canonización, la cual celebró Honorio III el 2 de Julio de 1218. El 7 de mayo de ese mismo año se elevaron las reliquias al altar mayor de la catedral de Bourges, donde estuvieron hasta 1562, cuando los herejes hugonotes las quemaron y arrojaron las cenizas al viento.


Fuente:
-"Médula Histórica Cisterciense". Volumen 3. ROBERTO MUÑIZ O.Cist. Valladolid, 1780.
-https://artsandculture.google.com/entity/william-of-donjeon/m03hk9yc


A 10 de enero además se celebra a:

San Agatón, papa.
San Gonzalo,
religioso dominico.
Beato Gregorio X,
papa
.











lunes, 17 de julio de 2017

Punzado día y noche.

San Andrés Zoerard, eremita. 17 de julio, 13 de junio (en Polonia) y 1 de mayo.

Nació sobre 980 en Opatowice, Polonia. Sobre el año 1000, cuando tenía 20 años se retiró como ermitaño a Małopolskie, no lejos de la frontera con Eslovaquia. Vivió un tiempo allí hasta que tuvo que exiliarse debido a la política religiosa del Duque Boleslao I, interesado en la romanización del país para acercarse a los francos y lograr su apoyo contra los musulmanes. Boleslao ordenó que la Iglesia abandonara el rito eslavo, aprobado hacía más de 100 años por el papa Adriano II, y los que se negaron a ello tuvieron que huir o padecer cárcel. Nuestro santo cruzó la frontera y se fue a las montañas de Zabor, donde tomó el hábito en el monasterio de San Hipólito. 

Vivió un tiempo en el monasterio hasta que, con el monje San Benito (17 de julio, 13 de junio y 1 de mayo) se retiró como ermitaño. Andrés tomó como ermita un estrecho agujero en un árbol, que aún se conserva y venera como una minúscula capilla. Por ello forma parte de los santos dendritas. Vivió una vida austerísima, alimentándose solo de hojas y hierbas, y toda su vida usó un áspero cilicio, y rodeó su poco espacio de clavos punzantes, de modo que su cuerpo siempre estuviera expuesto a la penitencia. En una ocasión se desmayó por agotamiento mientras estaba en el bosque, y los ángeles lo llevaron por los aires a su ermita.

Andrés murió alrededor 1030, y fue sepultado por Benito, que vivió tres años más como ermitaño en el mismo sitio hasta ser asesinado por unos ladrones. El culto a ambos santos monjes fue extendido muy pronto por los eslovenos. Los milagros en la sepultura y en la santa "cueva" no cesaban, y todos se hacían lenguas de ellos. El más representado en la iconografía es aquel que ocurrió cuando unos ladrones asesinaron a un compinche y para esconderlo de los demás, arrojaron el cuerpo al agujero que habúa ocupado el santo, y he aquí que el hombre resucitó al acto. Se arrepintió de su vida malvada y entró en religión. En 1064 se escribió una "vita". En 1083 el papa San Gregorio VII (25 de mayo) les canonizó a ambos, aunque ya desde antes el rey Geza había proclamado a Andrés como patrón de Hungría. Sus reliquias se veneran en la catedral de Nitra, Eslovaquia, donde fueron trasladadas por el rey San Ladislao I de Hungría (30 de junio).


A 17 de julio además se celebra a
Beata Teresa de San Agustín y compañeras mártires.
San Alejo, confesor.

domingo, 30 de abril de 2017

"La caridad de Cristo nos anima"

San José Benito Cottolengo, presbítero fundador. 30 de abril.

El 3 de mayo de 1786 vino al mundo en la pequeña población de Bra, provincia de Cuneo, José Benito Cottolengo, el primero de los doce hijos de un comerciante de lanas y de una devota y piadosa dama piamontesa de quien aprendió los principios de la Fe cristiana. La infancia y adolescencia del muchacho estuvieron marcadas por los avatares trágicos de la Revolución Francesa, que estremeció al Piamonte casi tanto como a la misma Francia, y por la posterior invasión napoleónica que sujetó toda Europa a su dominio. Encontrándose su tierra sometida al imperio francés, José Benito debió cursar sus estudios sacerdotales en la clandestinidad y como no le resultaron fáciles se encomendó a Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias). ¡Su intercesión ante Dios fue tan eficaz que aprobó con éxito todos los exámenes!

El 8 de junio de 1811 fue ordenado sacerdote en la capilla del seminario de Turín y al poco tiempo se lo designó vicepárroco de Corneliano d’Alba. Doctorado en Teología en 1816, fue convocado a integrar la Congregación de los Canónicos de la iglesia de Corpus Domini en Turín, pero rápidamente comenzó a sentir una profunda insatisfacción por lo que suponía era una suerte de inacción de su parte. En esas circunstancias comenzó a profundizar y meditar sobre las grandezasde la vida y las enseñanzas de San Vicente de Paul, actitud que, según sus biógrafos lo condujo a una madurez espiritual sin precedentes.

Fue entonces que ocurrió un hecho que habría de marcarlo para toda la vida. El 2 de septiembre de 1827: una humilde mujer de origen francés que viajaba desde Milán a Lyon con su esposo y sus tres hijos, llamó a las puertas de su parroquia en busca de auxilio. La mujer, gravemente enferma, se hallaba en el sexto mes de embarazo y necesitaba urgente atención. Benito al verla en ese estado la condujo en su carruaje hasta el cercano hospital de tuberculosos con la intención de que la atendiesen lo más rápidamente posible pero, grande fue su sorpresa cuando sus autoridades le manifestaron que no estaban en condiciones de hacerlo por tratarse de una extranjera que no reunía los requisitos legales para ser internada. Además, dada su extrema pobreza, no podía costearse ningún tratamiento. De inmediato, partió Benito rumbo a otro nosocomio, el Hospicio de Maternidad, donde obtuvo los mismos resultados. Afligido, hizo nuevos intentos en otras instituciones sanitarias pero todo fue en vano: la pobre mujer expiró en sus brazos tras una larga agonía y mucho sufrimiento. Grande fue su desconsuelo, tremendo su dolor; dolor que se tornó insoportable al ver los rostros desolados del marido y los tres niños, ahora huérfanos "Esto no puede volver a ocurrir. Debo hacer algo para que la gente desamparada tenga un sitio al que acudir", pensó Benito, atormentado por el recuerdo de la mujer muerta en sus brazos.

El 17 de enero de 1828 José Benito Cottolengo alquiló a un particular una sencilla habitación frente a la iglesia parroquialy en ella instaló cuatro camas, abriendo de esa manera un pequeño hospital llamado la Valle Rossa. Lo asistían el médico Lorenzo Granetti y el farmacéutico Pablo Anglesio, bajo la atenta dirección de doña Mariana Nasi Pullini, rica viuda de la región que efectuó los primeros aportes a la naciente obra, llamada en un primer momento Damas de la Caridad. La institución fue creciendo y al cabo de tres años contaba con 210 internados y 170 asistentes. Necesitado de más colaboración, el P. Benito fundó una congregación dedicada exclusivamente a prestar asistencia al nosocomio recientemente fundado y designó superiora a Mariana Nasi. En 1831 estalló una epidemia de cólera que azotó ferozmente a Turín. Las autoridades, temerosas de que el hospital se convirtiese en un centro de propagación del temible flagelo, ordenaron clausurarlo y dejaron una vez más a los pobres enfermos totalmente desamparados.

Lejos de amilanarse, Cottolengo se encaminó al barrio de Valdocco, por entonces en las afueras de la ciudad, y allí fundó la Pequeña Casa de la Divina Providencia que, andando el tiempo, habría de convertirse en un magnífico hospital con capacidad para 10.000 pacientes. Y sobre sus puertas mandó esculpir las palabras de San Pablo: "La caridad de Cristo nos anima". Su fuerza de espíritu y la ayuda de almas caritativas le permitieron inaugurar nuevos pabellones que engrandecieron considerablemente el establecimiento. Así vieron la luz la Casa de la Esperanza, la Casa de la Fe, la Casa de Nuestra Señora y el Arca de Noé, donde fueron internados pacientes de extrema pobreza. El pabellón denominado Amigos Queridos fue destinado a los enfermos mentales, siguiéndole el de los huérfanos, los inválidos, los desamparados y los sordomudos. Tal fue la grandeza y amplitud de la obra que un escritor francés de visita en Turín en aquellos días manifestó asombrado: "Esto es la universidad de la caridad cristiana".

El Padre Cottolengo jamás llevó cuentas ni hizo inversiones. Solía gastar todo en su obra sin guardar nada para el día siguiente. En cierta oportunidad uno de sus asistentes le dijo que no había alimento para los enfermos y que la situación era apremiante. El padre Benito reunió a la comunidad y preguntó si alguno de los presentes tenía dinero. Cuando alguien le dio un par de billetes los alzó a la vista de todos y los arrojó por la ventana. Poco después llegó desde la ciudad todo lo necesario para los internados. Otro día, a la misma hora, ocurrió un hecho similar. No había nada para los pacientes. En vista de ello el santo se retiró con sus religiosas y algunos enfermos a rezar. Y enfrascado se hallaba en sus oraciones cuando cerca del medio día se detuvieron frente al hospicio ¡varios carros del ejército con el almuerzo que los regimientos no iban a utilizar por encontrarse en maniobras a mucha distancia! Tanto trabajo y tanta vocación, minaron la salud de Cottolengo. Intuyendo que su fin estaba cerca, escribió al conde Castegnetto manifestándole, entre otras cosas, que temía llegar a la siguiente Pascua sin ver extendida la mano de Dios sobre la Pequeña Casa. Hacía alusión a un importante crédito que se debía cubrir y que lo tenía sumamente angustiado. Y una vez más el Señor respondió a su pedido ya que a los pocos días el rey Víctor Manuel le envió sorpresivamente 5.000 liras, seguidas de otras 36.000 que le dejaba en herencia el canónico Valletti. Para la Pascua, ¡el crédito estaba cubierto! 

En 1842 la peste de tifus se abatió sobre Turín. San José Benito enfermó y el 30 de abril falleció, a los 56 años de edad, después de recibir la Unción de los Enfermos en Chieri, el día anterior. Esa misma tarde se casaba el rey Víctor Manuel y para no amargar tan fastuoso acontecimiento, su cuerpo fue trasladado en el más absoluto silencio a la capilla de la Pequeña Casa donde fue velado sin pompa y con sencillez. El 29 de abril de 1917 el Papa Benedicto XIV lo declaró beato y el 19 de marzo de 1934 Pío XI lo proclamó santo.

San José Benito Cottolengo conoció y trabó amistad con otro hombre de Dios, San Juan Bosco (31 de enero), a través del cual un discípulo de este último, el joven estudiante San Luis Orione (12 de marzo y 16 de mayo), supo de sus obras, su grandeza y su fortaleza espiritual. Y tanto fue lo que Cottolengo influenció en el futuro seminarista, que cuando varios años después él mismo inició su camino de santidad, bautizó a su naciente congregación con el nombre de Pequeña Obra de la Divina Providencia, en recuerdo de la fundada por el gran apóstol de Valdocco.


Fuente:
-Jhonatan Alarcón.


A 30 de abril además se celebra a
San Eutropio de Saintes, obispo y mártir.
Santa María de la Encarnación Guyart, ursulina.
San Quirino de Neuss, tribuno mártir.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Dos monasterios, un centro: Cristo.

San Ceolfrid de Wearmouth, abad. 25 de septiembre y 8 de octubre (traslación de las reliquias).

Ceolfrid (latinizado Geofredus) Nació en Northumbria, sobre 647. En 674 fue el gran amigo y colaborador de San Benito Biscop (12 de enero) en la fundación de la abadía de Wearmouth. Con Benito se fue a Roma, a venerar las santas reliquias de los apóstoles y entrevistarse con el papa San Agatón (10 de enero y 20 de febrero, Iglesias Orientales), el cual les concedió privilegios litúrgicos y acerca de la Regla, así como la bendición para la implantación de la liturgia y modos romanos en la vida monástica británica.

En 681 sucedió a Benito como abad de Wearmouth y desplegó sus dotes de hombre culto y formado para embellecer y ampliar la iglesia abacial, la biblioteca. Obtuvo generosas donaciones de tierras y bosques por parte del rey Altfrid. Fundó el monasterio de Yarrow, del que fungió además como abad, siéndolo de ambos monasterios, con gran acierto, y siempre muy preocupado por la formación espiritual y científica de sus monjes. En 688 mandó una legación de monjes a Roma para que el papa San Sergio I (8 de septiembre), confirmase y aumentase los privilegios y exenciones del monasterio. En Wearmouth fundó una escuela monástica para formar jóvenes, que tuvo gran fama de sabiduría y virtud, a decir de San Beda (25 de mayo). En 701 el recién elegido papa Juan VI le envió unos legados pontificios para pedir consejo acerca del gobierno de la Iglesia y sus tumultuosas relaciones con el Imperio bizantino. En 710 acudió en ayuda del rey de los pictos, Naitan, que quería implantar la liturgia romana y algunos cambios importantes en su país. Esto provocó ciertos conflictos con las iglesias locales a cambio del cálculo de la Pascua, pues el cómputo celta difería del romano, así como la tonsura monástica que combinaba el rapado con el cabello largo tras los hombros.

En 716 Ceolfrid sintió que estaba en su última enfermedad y, cosa rara en la vida monástica, deseó morir en Roma. Aunque los monjes intentaron disuadirle, temiendo que muriese en el camino, Ceolfrid lo dispuso todo. Arengó a sus monjes en la iglesia, instándoles a permanecer fieles a la Regla, obedientes, caritativos y castos, y al día siguiente, 4 de junio de 716 partió. Los monjes le acompañaron procesionalmente hasta la orilla del río Tyne, donde embarcó hacia el continente luego de bendecir a todos los presentes. Cruzó el río y aún tuvo tiempo de confirmar la elección de su sucesor que los monjes habían hecho, siendo el monje Hwetbert el elegido. Como los monjes habían temido, la salud precaria de Ceolfrid no le permitió llegar a Roma, y llegando a la ciudad francesa de Langrés, desfalleció. La comitiva se detuvo, estuvieron unos días y al cabo, el 25 de septiembre de 716, el santo abad subió al cielo, teniendo 74 años de edad y 35 de abad.

Fue enterrado temporalmente en el monasterio de los Santos Gemelos Mártires (Eleusipo, Espeusipo y Meleusipo, 17 de enero). Al año las reliquias se trasladaron a Wearmouth y en el siglo IX, por temor a los bárbaros daneses fueron depositados junto a los de Santa Hilda (17 de noviembre) en Glastonbury.


Fuente: 
-"Biographia Britannica Literaria". Volumen I. R.P THOMAS WRIGTH. Londres, 1842.


A 25 de septiembre además se celebra a  
San Gerulf de Drongen, mártir.
San Cristóbal de La Guardia, niño mártir

miércoles, 4 de julio de 2012

El milagro de las rosas

Santa Isabel de Portugal.
Pregunta: Hola, quisiera saber si el milagro es de santa Isabel de Hungría con unas rosas, o es de santa Isabel de Portugal, tenemos alguna confusión con esto.

Respuesta: En realidad este un artículo ya viejo, pero que he querido actualizar, añadiendo otros santos agraciados con este "milagro", puesto que estoy preparando otro artículo sobre la rosa como atributo iconográfico.

En esto del milagro de materias varias convertidas en rosas, aunque Isabel de Hungría (17 de noviembre) es anterior en el tiempo a Isabel de Portugal (4 de julio), la anécdota de los panes convertidos en rosas es más antigua en la de Portugal que en la de Hungría. Y para más inri, ellas no son las únicas santas en las que se cuenta este hecho, ya que se repite con distintas variaciones en otras leyendas de santos . Aún así, hay aspectos que coinciden y muestran que son un "copy-paste" hagiográfico:

1. Siempre será un ascendiente familiar (esposo, padre...) o de autoridad (superior, patrón...) quien cuestione al santo por su carga.
2. La carga siempre será por un bien benéfico, moralmente superior a alguna norma, mandato o costumbre.
3. El santo o santa, piadosa mentira mediante, convierte la carga en rosas, probando la veracidad de su engaño. Se lee raro, porque la verdad, pareciera más cristiano decir la verdad, ya que por la caridad se hace lo que se tenga que hacer.
4. Por regla general, el santo luego de esto puede obrar libremente, ya sea porque ha engañado a quien le preguntó o porque este se da cuenta de su virtud.

Y, pasando a la lista, además de las dos Isabel (de Hungría y de Portugal), lo mismo se dice también, al menos de:

Santa Casilda ante su padre.

Santa Casilda de Toledo, virgen. 9 de abril.
Santa Eulalia de Barcelona, virgen y mártir. 12 de febrero.
Santa Augusta de Serravalle, virgen y mártir. 27 de marzo.
Santa Rosalina de Villenueve, abadesa cartuja. 6 de julio y 20 de octubre.
Santa Germana Cousin, virgen. 15 de junio.
Santa Verena de Zurchard, virgen. 1 de septiembre.

San Pedro Pascual, obispo mercedario. 6 de diciembre
Santa Rosa de Viterbo, virgen. 4 de septiembre.
Santa Zita, sirvienta. 27 de abril.
San Nicolás de Tolentino, agustino. 10 de septiembre.
San Diego de Alcalá, religioso franciscano. 13 de noviembre.
San Benito de Palermo, religioso franciscano. 4 de abril.
San Luis de Tolosa, obispo franciscano. 19 de agosto.
Beato Bernardo de Rivo, religioso dominico. 2 de mayo.

Beato Bernardo de Offida, religioso capuchino. 22 de agosto.
Beato Eelko de Lidlum, abad pemonstratense mártir. 22 de marzo. (en este caso fue una bota de vino, en lugar de panes)
Beato Pedro de Luxemburgo, obispo. 2 de julio. (en este caso es más "fuerte" de creer, puesto que el padre del niño murió cuando este tenía 2 años de edad y el que se inventó el milagro lo pone con 11 años).

San Launomer de Corbion, abad. 19 de enero.

Y aún hay otros casos parecidos en la forma, aunque el resultado es distinto porque los panes se convierten en astillas, madera o leña:

Santa Notburga.
Santa Notburga de Rattemberg, virgen. 14 de septiembre.
San Elimiliano de Vannes, monje. 16 de noviembre.
San Pablo de Verdun, obispo. 8 de febrero.
Santa Áurea de París, virgen. 4 y 21 de octubre.
Santa Austreberta de Pavilly, abadesa. 10 de febrero.
San Guillermo de Celloni, monje. 18 de marzo y 24 de noviembre.

San Veremundo, abad. 22 de diciembre.
  • Y este otro, que también termina en rosas, pero la "materia prima" es piedra:
Santas Herlindis y Redlindis: Deseosas de culminar el monasterio que su padre les hacía, ellas mismas acarreaban piedras a escondidas. Su padre las vio, las recriminó y ellas dijeron que llevaban rosas, y eso mismo pasó: las piedras se convirtieron en rosas. 13 de febrero (en Hasselt), 12 de marzo, 22 de mayo y 12 de octubre.
  • Y este, interesante donde los haya:
Santas Herlindis
y Redlindis.
Santa Marta (o Mathie)  de Troyes, virgen y mártir: su patrón, molesto por su piedad, llenó el delantal de la chica de carbones encendidos que se convirtieron, como no, en rosas. 6 de mayo. 

Hay, además, otro tipo de milagro con rosas: Una persona piadosa recuesta a un pobre o un herido en su cama, su cónyuge sospecha y al entrar a la habitación, ve sobre la cama un crucifijo rodeado de rosas:

Santa Zdislava de Lemberk, madre de familia. 1 y 3 de enero (orden dominica), 30 de mayo (en Bohemia y Mahr).
Santa Isabel de Hungría, reina. 17 de noviembre.
Para terminar, estos casos distintos de los anteriores porque no hay rosas, pero forma parte del hecho de cosas convertidas en otras:
San Juan de Bridlington, canónigo regular: los panes se convierten en piedras. 10 de octubre.
Beato Venturino de Bérgamo, dominico: los panes se convierten en manzanas. 28 de marzo.

Y, al final, ¿quien sería el agraciado en realidad con este milagro? O el primero en el tiempo (Eulalia), o todos, o tal vez ninguno... A saber.



MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

sábado, 21 de abril de 2012

El Arte Cisterciense

Pregunta: Hola, magnífico tu nuevo blog. Quería reiterar una pregunta, que tal vez no recibiste. En el post sobre el santoral cistersiense, mensionabas el arte cistersiense y te preguntaba que tipo de arte era y como se podría reconocer. Gracias. Adelante y que Dios te bendiga.

Respuesta: Que Dios te bendiga tambien, amigo. De seguro recibí la pregunta, pero no puedo responder todo lo que recibo, lamentablemente, por falta de tiempo o de bibliografía. En este caso, saco tiempo y te respondo, tomando de “Els cistercens, historia, espiritualitat” del monje Luis M. Llorent, de Montserrat; y de “Los Cistercienses”, libro que compré en mi visita a Santa María de las Huelgas de Burgos, y de algunos apuntes que tengo de cuando estudié.

Cister, origen:
Para entender el arte cisterciense, hay que acercarse, someramente a Císter.
La Orden nace del deseo de regresar al origen de la Regla de San Benito, inspirada en el monacato oriental, con la soledad, la oración y el trabajo como pilares de la vida monástica y, en definitiva, de la entrada en la vida divina, que es lo que ya inicia el monje en esta vida: adelanta el paraíso, viviendo en continua contemplación de Dios. Para esto se fundan las abadías pequeñas, pobres y alejadas de las vías principales de comercio. Originada de la anterior reforma de Cluny, decaída en su fervor original y ha sido una Orden, muy rica en personas, abadías y santidad.

Santos Roberto, Alberico y Esteban
Fue clave en la reforma de la Iglesia en pleno siglo XI. Sufrió mucho y perdió personas, abadías y posesiones con las guerras de religión, la persecusión de Enrique VIII, la Revolución Francesa y la Desamortización, en toda Europa. Aunque fue fundada por los Santos Alberico de Citeaux , Roberto de Molesmes y Esteban Harding (los tres el 26 de enero y, además, Roberto el 29 de abril y Esteban el 28 de marzo), pero el impulso y conformación se las dio San Bernardo de Claraval (20 de agosto), eminente predicador, escritor y santo, amante de María, Doctor de la Iglesia.

Císter, arte y liturgia:
Para lograr este regreso a la simplicidad de los orígenes, el monje necesitaba librarse de todo aquello que, durante siglos, había ido adhiriéndose a su vida, y la ampulosidad del culto y la riqueza, incuidas las destinadas al servicio Divino. De ahí que el arte propio de Císter se caracterizó por la asuteridad, desnudez y eliminación de todo lo accesorio, tenido como elemento de distracción y superficialidad. San Bernardo y los primeros monjes destierran el oro y las piedras preciosas de sus iglesias, no simbolizan para nada “los destellos de la luz divina” (Suger). 
Oh, vanidad de vanidades, pero más insensata incluso que vana: la Iglesia resplandece en sus murallas y carece de todo en sus pobres”. San Bernardo. Apología a Guillermo.
Císter, arte y arquitectura:
De las iglesias cistercienses, desarrolladas entre el románico y el gótico, lo primero que destacaba es la ausencia de campanario, considerado fútil y signo de ostentación. Una simple espadaña para la campana era suficiente (1)


Abadía de Beaulieu. 1144
Císter introduce el concepto de la luz, anticipándose al gótico, mediante las líneas rectas, los ábsides planos, la ausencia de las naves laterales, y los capiteles sin adornos Y son ejemplos, Léoncel, Silvacane, o Noirlac, las tres en Francia. No hay resquicios para sombras y oscuridades. Las iglesias eliminan las tribunas para seglares y nobles, al ser exclusivamente para los monjes. Esto es al principio, pues ya en el siglo XII, en plena expansión, las iglesias vuelven a ser de culto público, retornan los sitiales, rejas separatorias, y el coro en medio de la nave. Tambien se aumentan las naves laterales a 3 o 5, se retoma el ábside semicircular, con capillas radiales y deambulatorio. Se destinan las capillas a advocaciones marianas o santos titulares de donantes, que suelen ser abades, obispos o nobles. Las columnas y capiteles, verdaderas historias en escenas lineales en el románico, se desnudan en Císter. Son lisos o, a lo sumo, adornados con hojas de caña (recordando el origen: “Cistels”, o sea, “juncos”, en francés), pero nunca deberán tener figuras de personas o animales, mucho menos mitológicos. 

Santa María de Gradefes.
Siglo XII

Císter, arte e imagen:
Para Císter, la imagen religiosa sobra. Solo se admitían las imágenes del Crucificado y la de la Virgen María, Madre de la Orden. La imagen es considerada motivo de curiosidad, imaginación y distracción a la hora de la oración y la contemplación. Más que mediación, son estorbo. Bernardo incluso llega a decir que la imagen es un recurso para ignorantes, así que sus iglesias serán sin pinturas o esculturas. Las capillas laterales, en caso de haberlas, serán desnudas de todo, solamente tendrán un altar de piedra (2).


Císter, arte y vidrieras
Vidriera moderna en Pontigny
retomando el ideal austero.
Las vidrieras no escapan a esta desnudez: Deben ser “blancas y sin imágenes” (I Capítulo General de Císter). Y es que la vidriera juega en Císter, como en la Iglesia entera, un papel fundamental en la trasmisión del mensaje: La luz que entra por ellas, luego de su practicidad, espresa la comunicación divina, la gloria celestial y esplendor de Dios. Es en las vidrieras donde algo de imaginación se ve en Císter, expresada en formas geométricas simétricas. En el siglo XII se introducen el rojo y el azul, y luego ya toda la gama de colores normal en las vidrieras.

Císter, arte y manuscritos:
La iluminación de manuscritos no escapa a esta austeridad, aunque no faltan bestias mitológicas o escenas cotidianas, se rechaza el uso de colorido. En 1152 el Capítulo General decreta que las iniciales de los libros sagrados, aunque destacadas, deben ser de un solo color y sin decorar.

Aclaro que no siempre se siguieron los cánones mandados, sino que muy pronto Císter comenzó a tener posesiones, recibir donaciones, impuestos y prebendas, que terminaron por traducirse en iglesias más fastuosas, abandonando la pureza y simplicidad de las líneas. Y lo muestran las abadías de Rueda, Aragón, con su torre mudéjar del siglo XIV; la abadía de Alcobaça, Portugal, donde campean el románico, el gótico y el plateresco; Poblet, España, con un fantástico retablo de alabastro; o, Royamount, fundada por San Luis de Francia (25 de agosto) y cuyas ruinas dejan entrever su fastuosidad y altivez góticas. Aunque hoy Císter haya retomado aquellos orígenes de austeridad y sencillez, los amantes del arte finalmente agradecemos, por el aporte que supuso a los estilos gótico y barroco, donde Císter incursionó ampliamente, a costa de sacrificar su ideal de sencillez.

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(1) Esta idea la recogerá el Carmelo Descalzo, propagando la clásica espadaña, simple o triple en sus monasterios.

(2) Esta visión de las imágenes, que puede parecer brusca, e incluso con ecos protestantes, halla eco en otros místicos, tal vez no de manera tan drástica, pero sí que se palpa. Los santos, mientras más adentrados en Dios y la vida mística, menos necesitan de las mediaciones visuales que tal vez un día le sirvieron para acercarse a Dios. Tampoco nos descubren nada nuevo: para la Iglesia, la imagen es medio, no fin en si mismo, pues eso sería idolatría. Por eso no es de extrañar que, mientras menos fe y vida interior, más imágenes, reliquias, devociones y cosas exteriores se necesitan. Y lo dice uno a quien le gustan las imágenes, pero que no le sirven para orar, sin ser místico ni nada, sino un simple cristiano.

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