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jueves, 22 de diciembre de 2016

San Veremundo el Taumaturgo.

San Veremundo de Hirache, abad. 22 de diciembre.

Nació el santo en un lugar incierto de Navarra, sobre 1020, en familia ilustre. Dos pueblos, Arellano y Villafuerte se disputan el sitio del nacimiento de nuestro santo, dando pie a una costumbre que luego veremos. Siendo niño fue a educarse al monasterio de Santa María de Hirache, de donde no salió, pues allí mismo tomó el hábito monástico. Era el abad su primo Munio, que luego sería obispo de Calahorra y que defendería ante el papa Alejandro II el rito propio ibérico.

Fue un monje penitente y amante de la sencillez y la pobreza. No se permitía ni la más mínima falta a la Regla, era asiduo lector de la Escritura, devotísimo de la Virgen María, amante de la oración y muy caritativo, cosa que pudo verificarse el tiempo en el que estuvo en la portería, al inicio de su vida monástica. Hasta con milagros, si era necesario: En una ocasión llevaba panes envueltos en el escapulario, cuando el abad le preguntó que llevaba. "Unas astillas para el fuego", dijo. Le mandó el abad que las enseñase, dejó caer su carga y efectivamente ¡eran maderas! Entre 1043 y 1045 fue elegido abad del monasterio. Fue un padre providente para sus monjes, reforzó la disciplina monástica, el esplendor del culto y la santidad de sus monjes. Ello hizo que en 1087 el rey Sancho Ramírez dio al monasterio un extraño privilegio: la palabra de cualquier monje de Hirache bastaba como prueba ante cualquier juicio. Su esmero por la liturgia y los libros sagrados le llevó a introducir en el monasterio la reforma de Cluny, y cuando, como dije, Munio presentó la liturgia navarra al papa, llevó libros de Hirache, que fueron bendecidos por el papa, aprobando el rezo propio. En sus tiempos Hirache se convirtió en una espléndida abadía, con 25 monasterios bajo su cayado, a los cuales irradió la santidad del recinto. 

También tuvo el don de milagros; en una ocasión salvó a un hombre que se ahogaba en el río Ega, y en otro momento cesó con su oración el fuego que unos desalmados habían encendido en las mieses del monasterio. Y no solo eso, sino que los pirómanos quedaron paralizados hasta que reconocieron su culpa y pidieron perdón al santo. Otro milagro, bastante raro, cuenta que en una ocasión en que la hambruna se hizo presente en Navarra, el pueblo acudía en masa a Hirache a saciar su hambre. Llegó a tanto, que un día se reunieron hasta 3000 almas en la iglesia y los terrenos del monasterio, clamando socorro. Veremundo, conmovido, se postró ante el altar y suplicó socorro al cielo. En ese momento se vio descender del cielo una hermosa paloma blanca que revoloteando sobre los hambrientos, los dejó milagrosamente saciados, para luego volver a los cielos. Además, tuvo los dones de expulsar demonios, de conciencias y de lágrimas. 

Relicario del santo que se traslada cada 5 años.
Murió el santo abad a 8 de marzo de 1092 (o 1099, según algunos). Fue sepultado bajo el altar mayor, e inmediatamente recibió culto autorizado por el obispo. En 1163, con la reforma del papa Alejandro III, este autorizó formalmente el culto, con lo cual quedó canonizado por equivalencia. En 1583 el abad Antonio de Comontes prometió al santo que si le sanaba de una peligrosa enfermedad le colocaría en una mejor arca. Sanó y trasladó las reliquias a una bellísima arca dorada y estofada, colocando la cabeza aparte, en un relicario de plata, y ambos relicarios en la nave del Evangelio de la iglesia abacial. Del relicario de la cabeza, que además se sacaba en procesión regularmente, se decía manaba un fragante olor, que se hacía más intenso si se obraba algún prodigio por intercesión del santo. El 22 de diciembre de 1657 se hizo una segunda traslación, y en 1701 se dedicó un altar de plata para colocar el relicario. Cada cinco años Arellano y Villafuerte comparten las reliquias del santo, puesto que ambas se consideran la cuna del santo.

Fuentes:
-"Vida del glorioso San Veremundo". FR. MIGUEL DE SOTO. OSB. Pamplona, 1764.
-http://www.villatuerta.org

A 22 de diciembre además se celebra a San Hunger de Utrecht, obispo.

Y se canta la sexta de las Antífonas Mayores de Adviento: O Rex Gentium.

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