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sábado, 15 de mayo de 2021

"Dios me ayudará en cualquier tortura"

San Pedro de Lampsaco y compañeros mártires. 15 de mayo. 

El testimonio de estos mártires es muy antiguo y fiable. Padecieron bajo Decio, entre 249 y 251. Cuando este desató su persecusión, el procónsul Óptimo apresó a varios cristianos, entre ellos a Pedro, quien se había destacado en la ciudad de Lampsaco por su denuncia pública del culto impúdico a la diosa Venus. Fue arrestado y conminado a sacrificar a los dioses, mas no accedió y fue martirizado en la rueda. Finalmente alcanzó la victoria mediante la decapitación. 

Otros prisioneros fueron Andrés, Pablo y Nicómaco, quienes fueron torturados. El último de los tres flaqueó y sacrificó a los dioses con tal de salvar su vida y ser liberado. Mas apenas le dejaron libre, se retorció agudamente, cayó al suelo y murió con una mueca atroz.  

Entre los asistentes estaba Dionisia, una piadosa cristiana quien al ver lo ocurrido exclamó: "¿Estás feliz ahora? Por vivir libre esos pocos momentos, ahora vives en eterna tortura”. Y, claro, fue arrestada por ello. Al ser llevada ante el procónsul, se le encaró diciéndole: "Dios es más grande que tú. Y si no tengo miedo de sus amenazas, es porque Dios me ayudará en cualquier tortura que pueda soportar”. Entonces Óptimo la entregó para que fuera violada, pero nadie pudo tocarla. Entretanto Pablo y Andrés fueron azotados y lapidados por la turba.  

Al oír el rugido de la multitud enardecida de odio, Dionisia se soltó de sus cuerdas y se lanzó sobre los cuerpos de los santos mártires mientras clamaba: "Prefiero sufrir este sufrimiento aquí abajo con vosotros para reinar con vosotros en el cielo”, mientras recibía pedradas. Entonces Óptimo mandó la decapitaran, dando para ello su propia espada. 

Algunos menologios añaden a los mártires dichos, estos otros:  Cristina (niña de dieciséis años), Heraclio, Paulino y Benedicto. 


A 15 de mayo además se celebra a 

Santa Dympna,
virgen y mártir
.
S. Juana de Lestonnac,
viuda fundadora
.
San Primaël, ermitaño.
Santa Sofía de Roma
e hijas mártires.

domingo, 4 de abril de 2021

Santos y padres de santos.

Beatos Aleydis y Tescelin, esposos. 4 de abril.

Aleydis fue hija del señor de Montbard, desde niña se inclinó por la vida religiosa, pero a los 15 años fue casada con Tescelin de Fontaine-les-Dijon. Allí nacieron sus hijos San Bernardo de Claraval (20 de agosto), Santa Humbelina (12 de febrero, 21 de agosto y 10 de julio), San Nivardo (7 de febrero), los Beatos Andrés, Bartolomé (ambos a 9 de diciembre), Gerardo (13 de junio) y Guido (11 de mayo).

A pesar de su patrimonio, la familia vivía austeramente, sin lujos innecesarios y en un ambiente piadoso. No son pocos los que señalan que más que castillo, la vivienda era un monasterio, donde las ceremonias religiosas, la oración, penitencia y caridad eran constantes en los padres y los hijos. La entrada de todos sus hijos en la vida monástica fue para ellos una gran alegría, y una vez que quedaron solos y sin tener que heredar a sus hijos, Aleydis y Tescelin se volcaron en la asistencia a los pobres.

Era Aleydis muy devota de San Ambrosiano (4 de abril), cuya fiesta mandaba celebrar con actos piadosos y de caridad. La última que celebró, sobre 1120, lo hizo con la certeza de que sería su último día de vida, según Dios le había revelado. Por ello reunió a sus hijos, se despidió de ellos con toda tranquilidad. Nada parecía darle la razón, pero el mismo día 4 de abril se sintió desfallecer, le dieron los últimos sacramentos y piadosamente entró en el cielo al momento en que hacía la señal de la cruz, quedando el cuerpo con la mano en alto. Sus reliquias se veneran en Longchamp-sur-Aujon.

Luego de enviiudar, Tescelin pidió el hábito del Císter a su hijo Bernardo. Vivió muchos años más y fue un ejemplar monje. San Bernardo le atendió en su última agonía.

A 4 de abril además se celebra a

San Tigernach,
abad y obispo
.
San Meryn,
ermitaño
.
San Emebert,
abad y mártir
.
San Zósimo, abad.










miércoles, 26 de septiembre de 2018

La Traslación de la Cabeza de San Andrés.

La Traslación de la cabeza de San Andrés Apóstol. 26 de septiembre.


Relicario de la cabeza de San Andrés.
Según la tradición multisecular San Andrés Apóstol (30 de noviembre) fue martirizado en un ecúleo (conocido cruz aspada) en Patras sobre el año 69. 

La primera referencia a sus reliquias es una traslación a Constantinopla realizada por Constante, hijo de San Constantino el Grande (21 de mayo). Fueron depositadas en un altar dedicado al santo apóstol el 3 de mayo de 357. En 1210 los cruzados tomaron Constantinopla y en un acto despreciable contra la Iglesia de Oriente robaron los huesos del santo y los trasladaron a Amalfi, Italia. No sería la única reliquia expoliada, tenemos también las de San Nicolás de Bari (6 de diciembre) y otras. De estas reliquias, un pequeño trozo de la escápula sería donada a la sufrida Iglesia católica escocesa en 1879, año en que los católicos de Escocia fueron libres del yugo de los anglicanos, pudiendo organizarse libremente como Iglesia. Fue todo un detalle, pues San Andrés es su patrón, y tenían sus propias reliquias, rodeadas de leyenda, que habría que contar en otro artículo.

Sin embargo, hay noticias de la veneración a la cabeza en santo en Patras en el siglo IX, separada de los huesos antes dichos. Una tradición dice que la cabeza no fue trasladada por Constante y otra dice que habría sido devuelta a Patras en ese mismo siglo IX por el emperador Basilio I el Macedonio. Nada está claro. En cuanto a la cabeza en Patras, se veneró allí hasta 1462, cuando el gobernador de la ciudad de Patras, Tomás Paleólogo, último Gobernador de Patras y hermano del último Emperador de Oriente, Constantino Paleólogo, abandonó la ciudad, tomada por los musulmanes en 1460. Tomás se estableció en Roma, donde "donó" la cabeza de San Andrés la Iglesia Romana. Y entrecomillo el término donar porque a cambio recibió la "Rosa de Oro", un palacio romano y una renta anual de 6.000 ducados. Pareciera mucho, pero todo es poco lo que valdría una reliquia tan preciada. Además, abjuró de la fe ortodoxa para abrazar el catolicismo romano. Luego se dedicaría a hacer campaña para la reconquista, reclamando para sí el trono imperial de Constantinopla, pero ese es otro asunto. Sigamos con la cabeza del santo.

El papa Pío II recibió la santa cabeza personalmente en el Puente Milvio, famoso sitio de la historia, y fue trasladada con gran pompa y devoción a la basílica de San Pedro, donde se le había preparado un lugar de honor, en una de los pilares de la cúpula de la basílica (hablamos de la constantiniana, no de la actual) y cerca de las reliquias de San Pedro. El mismo papa le tendría mucha devoción a la cabeza del santo, pues dotó con numerosas indulgencias a quienes le rezaran las devociones prescritas.


Traslado de la cabeza a Patras.
26 de septiembre de 1964.
Durante 500 años se veneró la cabeza de San André en Roma, siendo trasladadas a la nueva y actual Basílica en el siglo XVI. En 1962 el Arzobispo Metropolitano Constantino de Patras y el Alcalde de la misma ciudad pidieron al papa Beato Pablo VI (26 de septiembre) les devolviera la cabeza del santo al lugar del martirio. El papa accedió y se efectuó la Traslación que se conmemora a día de hoy, pues el 26 de septiembre de 1964, llegaron a Patras, siendo recibida con gran júbilo por parte del clero católico, en comunión o no, por el pueblo y los gobernantes griegos. Desde entonces se veneran allí con gran devoción.


Fuente:
http://www.johnsanidopoulos.com/2010/09/translation-of-precious-skull-of-first.html

Y además podéis leer sobre:

lunes, 28 de mayo de 2018

De otro corposanto en Francia.

San Valentín de Rostrenen, niño mártir. 28 de mayo.

Sobre este santo, un corposanto extraído de las catacumbas, solo puede saberse sobre su culto moderno. El domingo 28 de mayo de 1865 la iglesia de Nuestra Señora de Roncier, Rostrenen, recibió con júbilo las reliquias del pequeño mártir, donadas por el Beato Pío IX (7 de febrero) al obispo Saint-Brieuc y Tréguier. El mismo prelado recibió las reliquias, celebrando un solemne pontifical.

Los huesos venían dentro de una típica imagen de cera de mediana factura, que pronto cautivó a los fieles quienes crearon la leyenda de un niño mártir asesinado por su propio padre por convertirse a la fe cristiana en la Roma pagana. Pero eso nadie lo sabe. Al parecer tuvo mucha devoción, hoy venida a menos. No hay que olvidar que es la época del auge del traslado de cuerpos de las catacumbas a casi todo el mundo. Tenemos el caso de la polémica Santa Filomena (11 de agosto y 24 de mayo), con una fuerte devoción basada en casi nada sólido.

Además podéis leer estos artículos sobre el tema:

De catacumbas y corposantos (I).
De catacumbas y corposantos (II).


A 28 de mayo además se celebra a:


San Teódulo de Edesa,
estilita.
San Jorand de
Bretaña, ermitaño.
San Andrés,
"loco por Cristo".





lunes, 1 de enero de 2018

El Taumaturgo de Condat.

San Oyend de Condat, abad. 1 de enero.

Su "vita" fue escrita por un monje de Condat en el siglo VI, y aunque el autor casi fue contemporáneo del santo, tiene más de leyenda que de historia. Gran parte de esta "vita" pretende explicar los ritos del "Óleo de San Oyend", un aceite bendecido que el monasterio ofertó durante siglos a los devotos del santo. Igualmente explica la presencia de algunas reliquias en el monasterio, para darles autenticidad.

Según este escrito, Oyend (Eugend, Agend, Yan, Eugendo) nació en Franconia, a finales del siglo V y fue hijo de un presbítero. Siendo aún un niño pequeño tuvo una visión en la cual veía a dos religiosos que le tomaban y le llevaban consigo a una alta montaña, desde la cual oyó una voz, como el Patriarca Abraham, que le decía "Tu descendencia será tanta como estas estrellas". Y aparecían cientos, miles de monjes que confirmaban aquellas palabras. Además, se vio el niño Oyend en el cielo, donde los ángeles entonaban salmos y cánticos ante el trono del Altísimo. Cuando terminó la visión, la refirió a su padre, el cual lo confió a los Santos abades Román y Lupicinio (28 y 29 de febrero), que recién habían fundado un monasterio en Condat.

Así, a los siete años entró al monasterio. Pronto aprendió a leer, escribir y cantar. Apenas tuvo la edad requerida, tomó el hábito monástico allí mismo. Fue penitente y orante como pocos, y se dice siempre llevó una áspera camisa de pelo bajo el hábito y unos zapatos de madera, toscos y sin refinar por dentro. Dormía sobre un saco de paja, sumamente incómodo. Su oración era prolongada, y salía de ella transfigurado, con una luz sobrenatural emanando de su rostro. No comía sino una sola vez al día, a la hora de Sexta, y solo comía otra vez si la obediencia se lo imponía.

Estudió las Escrituras y los Padres de la Iglesia, destacando por su recta comprensión de la doctrina católica. Su obispo quiso ordenarle presbítero para que pudiera predicar el Evangelio, pero Oyend nunca quiso, sino que prefería ser un simple monje sin honores. Fue un gran auxilio para su abad, el cual descargaba con confianza numerosos encargos y acciones de gobierno, teniéndole por vicario fiel. Destacó sobre todo como director de la escuela del monasterio, en la que él mismo se había formado. Poco tiempo después tuvo una visión en la cual los santos fundadores Román y Lupicinio le cedían su cayado y su cíngulo, en signo de que le elegían para que fuera abad del monasterio cuando los monjes lo decidieran.

Y efectivamente, al poco tiempo, en 490, murió su abad y Oyend fue elegido por unanimidad como abad de Condat. Fue prelado piadoso, noble y recto al mismo tiempo. Aun así, a veces recibía críticas de sus monjes, a las cuales respondía con humildad y redoblando sus penitencias para ser mejor. Tuvo el don de milagros, y los dones de conciencias y de sanación. Incluso por medio de sus cartas hacía milagros, lo cual fue aprovechado, según la leyenda, por varios prelados y presbíteros, para escribirle y obtener respuesta suya, y así, por medio de estas cartas "milagrosas", aliviar las penas de los enfermos. Otro sacramental muy usado por el santo fue el aceite bendito, que sus visitantes se llevaban del monasterio para ungir a enfermos, obrándose portentos.

También eran efectivas su acción y oración contra el demonio. Cuéntase que una joven de Secundiac cayó bajo el dominio de un demonio, que llegó a enloquecerla hasta el punto de tener que ser atada con cadenas. Conjurado el demonio a que dejara a la muchacha en paz, el diablo dijo que sólo podría contra él sino el Oyend, el abad de Condat. Fueron a rogarle al santo que viajara a exorcizar a la joven, mas Oyend se negó a salir del monasterio, aunque firmó una nota en la cual ordenaba al diablo, en el Nombre de Cristo, a salir de la joven. Todavía no habían llegado a la mitad del camino cuando el diablo, sintiendo cerca la presencia del santo abad, salió del cuerpo de la poseída.

Nuestro santo tuvo, por iluminación divina, el conocimiento previo de las cosas, como la pronta muerte de algunos de sus monjes, a los cuales avisaba para que se prepararan para el encuentro definitivo con Cristo. También predecía la llegada de los prelados o personajes ilustres, esmerándose en que todo estuviera listo. También tuvo el especial don de conocer las virtudes o vicios de los que rodeaban sintiendo un agradable perfume o espantoso hedor, según el caso. Algo que también leemos de Santa Cristina la Admirable (24 de julio).

Uno de los "hechos" más conocidos y representados en la iconografía de San Oyend es una visión que tuvo: Se le aparecieron los apóstoles San Pedro, San Pablo y San Andrés un día que descansaba bajo un árbol. Luego de saludarles y preguntarles de donde venían, los tres santos le revelaron quienes eran. Oyend, luego de besar sus pies inquirió que hacían los santos por aquellos parajes, siendo que sus cuerpos se veneraban en Roma y de Patras. Entonces San Pedro le contestó: – "Eso es verdad, nosotros estamos donde tú aseguras, mas hemos venido aquí, que es donde debemos habitar ahora". Y desaparecieron. En ese momento vio el santo abad se acercaban dos monjes que años atrás habían salido en peregrinación, quienes traían un arca con reliquias los santos Pedro, Pablo y Andrés. Las reliquias fueron llevadas al monasterio solemnemente y veneradas durante siglos en el altar.

También gozó nuestro santo de la protección del gran San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), el cual socorrió a varios de sus monjes en una ocasión en que Oyend les había enviado a comerciar con sal. Sucedió que a los dos meses aún no habían regresado los monjes y Oyend entristeció sobremanera, pensando no les habría enviado a la muerte. Entonces, estando en oración en su lecho, se le apareció San Martín, quien le aseguró que estaba a salvo por su protección, aunciándole el día y hora en que llegarían al monasterio. Oyend lo comunicó a sus monjes al día siguiente, y así mismo ocurrió, pues el día y hora anunciados aparecieron los monjes. Además experimentó la protección de San Martín cuando el monasterio de Condat sufrió un incendio y milagrosamente se salvaron numerosos bienes, pudiendo reconstruirse el monasterio en poco tiempo. Además, el aceite bendito, siendo lo más inflamable, quedó intacto en medio de las cenizas el recinto.

Luego de la Navidad de 509, Oyend se sintió desfallecer y pidió le fuera impartido el sacramento de la Extremaunción, pues sabía no le quedaban sino pocos días de vida. Consoló a sus monjes, que estaban tristes por perderle, y les animó a elegir un abad mejor que él mismo. Tuvo una visión en la cual los santos Román y Lupicinio entraban con un ataúd y alegres le mostraban el cielo. Pidió a sus monjes no retrasaran su muerte con oraciones, sino que pidieran mejor para que alcanzara pronto el cielo. Y así, el primer día de año de 510, teniendo 60 años, el santo abad entró a la gloria eterna. 

Fuentes: 
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo V. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1864.

A 1 de enero además se celebra a
San Demet de Plozevet, eremita.
San Concordio, presbítero y mártir.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Niño mártir "de los judíos", un caso diferente.

San Cristóbal de La Guardia, niño mártir. 25 de septiembre.

El Santo Niño de la Guardia, era un inocente chiquillo de tres a cuatro años, de nombre Cristóbal, hijo de Alonso de Pasamontes o Alonso Martín de Quintanar y de Juana la Guindera, quien, según algunos era ciega. Entre febrero y marzo de 1489, atrayéndolo con engaños, varios judíos lo raptaron y escondieron en la Hoz de La Guardia, dehesa próxima a la ribera del Algodor. Los raptores, como se acercaba la semana en que los cristianos conmemoraban la crucifixión de Jesús, pensaron que era buena ocasión para repetir en aquélla indefensa criatura la pasión de Cristo. Se trasladaron, en efecto, los verdugos a una de las cuevas que se abren en el accidentado terreno del término de La Guardia, en carreocaña o carrocaña (e. d. carrera o camino de Ocaña), amparados en el secreto de la noche del Viernes Santo de 1489, a la luz de una candela, y tapada la boca de la caverna con una manta o una capa, realizaron en el niño toda clase de perfidias.

La sentencia inquisitorial condenatoria de uno de los cómplices, el mozo judío Yucé Franco, zapatero de Tembleque, nos describe que extendieron los brazos y piernas del niño en dos palos puestos a manera de cruz, le azotaron, escupieron y abofetearon, poniéndole una corona de hierbas espinosas en la cabeza, que también le colocaron las espaldas y plantas de los pies. Finalmente, le vaciaron toda la sangre del cuerpo, y, abriéndole el pecho, le sacaron el corazón guardándolo en salmuera. Durante el crimen ritual, usaron una hostia consagrada, que, rescatada del equipaje de Yuce en el momento de su detención, se conserva aún en el Convento de Santo Tomás, en España, dentro de un envase a modo de relicario. Todos los participantes confesaron por separado la misma historia, con los mismos detalles y la misma narración de los hechos. Si la historia de Yuce fuese falsa, esta sincronía "telepática" no hubiera podido conseguirse ni con la más larga y dolorosa jornada de tortura y dolor. Los relatos coincidía también con los registros que se tenían del estado del cuerpo del niño y la disposición de sus espantosas heridas.

Este crimen dio pie al inicio de un espectacular juicio del Santo Oficio, cuyo jurado sería integrado por altísimos representantes de la cultura y la intelectualidad española, hombres nobles y de carácter intachable, todos ellos miembros de la Universidad de Salamanca. Ávila se convirtió en el epicentro de las crónicas de entonces. Las muchedumbres siguieron atentamente el desarrollo del caso y al saberse sus escalofriantes detalles, hubo varios intentos de revueltas antijudías que, afortunadamente para ellos, lograron ser detenidas por dictados reales. El crimen, como bien lo señaló el sabio judío I. Loeb, no es uno de tantos crímenes rituales que durante la Edad Media se atribuyó a los judíos, a quienes se acusaba de muerte de niños cristianos. El caso del Santo Niño es muy distinto.

Su culto comenzó muy temprano, pues ya en las visitas eclesiásticas a partir de 1501 hallamos referencias a los santuarios constituidos en los lugares donde el tierno niño padeció o fue enterrado y La Guardia le tomó por Patrón, celebrando fiesta solemne así en el día de los Santos Inocentes como el 25 de marzo o en la semana de quasimodo (primera de Pascua); sólo desde 1580 se votó para que su fiesta se celebrase en adelante el 25 de septiembre de cada año. También las autoridades religiosas dieron reiteradas pruebas de devoción hacia el mártir; así el cardenal Siliceo, que en 1547 alegaba en abono de su Estatuto de limpieza la crucifixión de aquél, y el cabildo de la Iglesia primada, que en 1613 pedía a varios cardenales y a la Congregación de Ritos licencia para rezar al inocente mártir a lo menos en todo el arzobispado toledano. Al arzobispo Alonso de Fonseca se debe el encargo del antiguo retablo que se puso en la cueva de la crucifixión, así como a Lorenzana el haber mandado pintar, de la diestra mano de Bayéu, el martirio del niño en los claustros de la iglesia capitular. Consta asimismo de la admiración que le profesaron monarcas como Fernando V, Carlos I y Felipe II. 

El Papa Pío VII canonizó al niño asesinado como San Cristofor, autorizando su culto a la Iglesia de Toledo. Existe un altar en su honor y el pueblo de La Guardia guarda su memoria hasta nuestros días. Su tragedia y su alma se recuerdan como la del "Santo Niño de La Guardia". Se le atribuyen muchísimos milagros, como la devolución de la vista a su madre ciega, las cuatro curaciones obradas con ciertas personas de Alcázar de Consuegra al comenzar el 1492; un tullido, una mujer con la boca torcida hacía más de dieciocho años, un sordo total y una pobre ciega, aparte de otros mil prodigios referentes a niños quebrados y enfermos de todas clases cuya curación detallan los rótulos que sobre cada caso penden del santuario de La Guardia. La obra "Crónica de la Provincia de Castilla de la Orden de la SS. Trinidad" recopila nada menos que casi 600 milagros.


El milagro de la hostia resplandeciente.
El mundo de la literatura ha dejado constancia de este terrible suceso del siglo XV en los alrededores de Toledo. Lope escribió "El Niño Inocente" y Quevedo se ocupó de él, proponiendo en carta escrita al rey se dignase disponer las cosas para que el santo Niño compartiera el patronato de España con Santiago; afirmaba que "puede interceder a Dios, como no puede otro alguno, por la pasión que Cristo pasó por él y por la que él pasó por Cristo". Ya en el año 1501 hay referencias a los lugares de culto en los que se le venera que son los mismos en los que sufrió y fue enterrado. La Guardia lo tomó por Patrón y señala el día de su fiesta. El cardenal Siliceo apoya en 1547 su estatuto de limpieza en la devoción que se presta al Santo Niño. Consta la veneración que los reyes Fernando V, Carlos I y Felipe II le tuvieron. Y se sabe que el papa Pío VII confirmó su culto en 1805.

La Orden Trinitaria propagó su culto e incluso llegó a vestirle con el hábito de la Orden, pues el niño Cristóbal habría vestido el hábito trinitario por devoción de sus padres, cosa bastante frecuente en su momento.

Fuente:
http://www.catolicosalerta.com.ar/santoral/09-25santo-nino-de-la-guardia.html

Otros "niños mártires de los judíos" son:

San Simón de Trento. 24 de marzo.
Beato Andrés de Rinn. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).
San Werner de Oberwesel. 19 de abril. 
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.
San Guillermo de Norwich. 25 de marzo


A 25 de septiembre además se celebra a
San Ceolfrid de Wearmouth, abad.
San Gerulf de Drongen, mártir.

lunes, 17 de julio de 2017

Punzado día y noche.

San Andrés Zoerard, eremita. 17 de julio, 13 de junio (en Polonia) y 1 de mayo.

Nació sobre 980 en Opatowice, Polonia. Sobre el año 1000, cuando tenía 20 años se retiró como ermitaño a Małopolskie, no lejos de la frontera con Eslovaquia. Vivió un tiempo allí hasta que tuvo que exiliarse debido a la política religiosa del Duque Boleslao I, interesado en la romanización del país para acercarse a los francos y lograr su apoyo contra los musulmanes. Boleslao ordenó que la Iglesia abandonara el rito eslavo, aprobado hacía más de 100 años por el papa Adriano II, y los que se negaron a ello tuvieron que huir o padecer cárcel. Nuestro santo cruzó la frontera y se fue a las montañas de Zabor, donde tomó el hábito en el monasterio de San Hipólito. 

Vivió un tiempo en el monasterio hasta que, con el monje San Benito (17 de julio, 13 de junio y 1 de mayo) se retiró como ermitaño. Andrés tomó como ermita un estrecho agujero en un árbol, que aún se conserva y venera como una minúscula capilla. Por ello forma parte de los santos dendritas. Vivió una vida austerísima, alimentándose solo de hojas y hierbas, y toda su vida usó un áspero cilicio, y rodeó su poco espacio de clavos punzantes, de modo que su cuerpo siempre estuviera expuesto a la penitencia. En una ocasión se desmayó por agotamiento mientras estaba en el bosque, y los ángeles lo llevaron por los aires a su ermita.

Andrés murió alrededor 1030, y fue sepultado por Benito, que vivió tres años más como ermitaño en el mismo sitio hasta ser asesinado por unos ladrones. El culto a ambos santos monjes fue extendido muy pronto por los eslovenos. Los milagros en la sepultura y en la santa "cueva" no cesaban, y todos se hacían lenguas de ellos. El más representado en la iconografía es aquel que ocurrió cuando unos ladrones asesinaron a un compinche y para esconderlo de los demás, arrojaron el cuerpo al agujero que habúa ocupado el santo, y he aquí que el hombre resucitó al acto. Se arrepintió de su vida malvada y entró en religión. En 1064 se escribió una "vita". En 1083 el papa San Gregorio VII (25 de mayo) les canonizó a ambos, aunque ya desde antes el rey Geza había proclamado a Andrés como patrón de Hungría. Sus reliquias se veneran en la catedral de Nitra, Eslovaquia, donde fueron trasladadas por el rey San Ladislao I de Hungría (30 de junio).


A 17 de julio además se celebra a
Beata Teresa de San Agustín y compañeras mártires.
San Alejo, confesor.

martes, 12 de julio de 2016

Beato Andrés, niño no mártir.

Beato Andresito de Rinn, niño mártir. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).

Andrés nació en Rinn, un pueblecito en el valle del Inn, Sonnenburg, el 16 de noviembre de 1459, de Simón y María, unos pobres campesinos tiroleses, muy piadosos. Cuando el niño tenía tres años Simon murió, y la viuda, para poder trabajar, envió al niño con su padrino, un próspero posadero, apellidado Mayer. La posada estaba en un camino muy transitado, por donde pasaban viajantes, comerciantes y gente de todo tipo. Entre los que más frecuentaban la posada había un grupo de judíos, que pusieron los ojos en el hermoso niño Andrés. El 12 de julio de 1462 estos ofrecieron una bolsa de monedas de oro a Mayer para que les vendiera el chico, a lo que él aceptó, por librarse de la carga que le suponía cuidar del niño.

Los judíos se llevaron a Andresito y no muy lejos del pueblo, le ataron, le extendieron sobre una roca y le abrieron las venas hasta desangrarle. Luego le abrieron en canal, le colgaron de un árbol y huyeron. A esa misma hora, su madre que estaba segando heno en Ambrass, al cortar una gavilla, de esta brotaron tres gotas de sangre, que alarmaron a la pobre mujer. Corrió María a casa de Mayer y pidió ver al niño, pero halló al posadero trastornado, pues había abierto la bolsa de monedas de oro y solo halló hojas amarillas de sauce. María continuó su búsqueda y halló al pequeño Andrés, como ya sabemos. El cadáver del niño fue descolgado y enterrado en el cementerio de Rinn, y a los pocos días un lirio floreció sobre su tumba.

Pero la realidad fue diferente. Hasta 1478, tres años del famoso caso de San Simón de Trento (24 de marzo), la historia de la venta y el sacrificio por parte de los judíos no entra en el caso de Andrés. Tan sonado fue el caso de Trento, que los de Rinn, tierra antisemita como tantas, se hicieron eco de ello, comenzando a circular la idea de si Andrés no habría sido asesinado igualmente por lo judíos en un sacrificio ritual. Mayer, que había enloquecido y terminó sus días atado en una lóbrega cárcel y perdidamente loco, no ayudaba a esclarecer nada. Pero aún así, en 1600 ya hallamos un culto establecido en torno a la tumba del pequeño "mártir" Andrés. Es este un caso atípico en los famosos casos de "libelo de sangre", porque no se condenó a nadie, ni los judíos de la zona fueron condenados o desterrados. Les cayó la mancha de la sospecha, pero siempre indicando que eran judíos de paso. Es evidente que esta atribución fue tardía y promovida por el caso Trento, una prueba es que en los procesos de Trento no se menciona para nada el caso de Rinn entre los "ejemplos" de los supuestos asesinatos rituales de los judíos. Y es que no fue considerado así en origen.


Culto y reliquias. Altibajos.
En 1620 se redacta la primera "vita et martirii" del niño Andrés, con algunas investigaciones del médico Hipólito Guarinoni, que exhumó el cuerpo de Andrés y contó más de 20 cortes de cuchillo, además de contabilizar numerosas fracturas en los huecesillos. Es él quien compara los "ritos" practicados a los niños Simón de Trento y Andrés de Rinn, añadiendo algunos de su propia cosecha. Los predicadores jesuitas Adriano Kembter y Benedicto Cavallesio, aportarían más "datos" y ampliarían la historia, que tuvo varias ediciones. En 1621 incluso se escribió una pieza dramática que era representada todos los años en el colegio jesuita de Haller.

Grupo escultórico del martirio.
Retirado del culto en 1961.
En 1670 el culto ya era tan consistente que se erigió una capilla en honor del santo niño en el sitio del martirio, aún conocido como "Judenstein", adonde se trasladaron las reliquias el 21 de septiembre de 1671. En 1743 el cuerpo fue exhumado, vestido, y colocado visiblemente en una urna de cristal sobre la misma roca del martirio, localizada dentro de la iglesia. En 1755 el papa Benedicto XIV aprobó el culto que desde ya más de 200 años tenía el niño Andrés. Sin embargo, negó la canonización por "no constar certeza moral sobre el martirio". En 1866 los hermanos Grimm añaden la historia del niño Andrés en su recopilación de leyendas y cuentos alemanes, pero en pocos años cuando estas leyendas van dirigiéndose a un público más infantil, es quitada de la recopilación.

El culto se mantuvo sin problemas hasta 1953, cuando surgen las primeras dudas y voces que hablan contra semejante culto, sobre el que no hay pruebas de martirio por la fe. Ese mismo año el obispo de Innsbruck elimina la fiesta como obligatoria para la diócesis. En 1961 se retira de la iglesia el grupo escultórico sobre la roca "del martirio", colocando otro grupo de la Oración del Huerto. Ese mismo año San Juan XXIII (11 de octubre) manda suprimir todo vestigio del culto en la iglesia. Sin embargo, no es hasta 1985 que las reliquias son sacadas de la iglesia y enterradas en otro sitio. 

Actualmente existe en el templo una lápida aclaratoria y en reparación por la ofensa a los judíos. Pero en 1987, varios católicos protestan por haberles sido suprimido el culto, que particularmente seguían tributando a su Beato Andrés. En 1994 se abolió oficialmente la peregrinación del domingo posterior al 12 de julio, se cubrió el fresco que representaba el martirio y la iglesia fue re-dedicada a la Visitación de la Santísima Virgen. En 2015 se reiteró la prohibición oficial de cualquier culto público, pero sin embargo, cada año el domingo posterior al 12 de julio, acuden en peregrinación cientos de devotos, y algunos sacerdotes, al sepulcro de Andrés, donde rezan oraciones y se encomiendan a su intercesión, con la esperanza de que algún día puedan volver a venerarle públicamente. 


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
https://www.heiligenlexikon.de/Literatur/Bilder_Rinn.html


Otros "niños mártires de los judíos" son:
San Simón de Trento. 24 de marzo.
San Cristóbal de la Guardia. 25 de septiembre.
San Werner de Oberwesel. 19 de abril. 
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.
 

sábado, 9 de enero de 2016

De uno de los Corsini, el santo.

San Andrés Corsini, obispo carmelita. 9 de enero, 4 de febrero (traslación de las reliquias) y segundo domingo de junio (en Florencia).

Del Carmen de Querétaro.
México.
La historia y la leyenda carmelitana han sido generosas con Andrés, el célebre y santo miembro de la no menos célebre, y mucho menos santa, familia Corsini, un clan puntal en la historia de Italia y de media Europa. Sus padres se llamaron Nicolás y Peregrina, y aunque llevaban años de casados no tenían hijos. Fue Nuestra Señora del Populo (22 de abril), cuya imagen se veneraba en el convento del Carmen de Florencia, la encargada de acoger el voto que el matrimonio le hizo: Si concebían un hijo, se lo dedicarían a Ella en la Orden del Carmen. Y cumplió la Santísima Virgen, pues al poco tiempo se supo que Peregrina esperaba un hijo. La noche anterior al parto, víspera de San Andrés Apóstol, tuvo la madre un sueño extraño: veía a su hijo en apariencia de fiero lobo entrar en una iglesia, y salir de esta en forma de manso cordero. Y nació el niño, el 30 de noviembre del año 1301, y le llamaron Andrés en honor al santo del día.

Fue un niño inteligente, despierto y cariñoso, y apenas despertó la inteligencia, le pusieron un preceptor para que adelantara en las letras y la virtud. Y en las primeras iba creciendo, pero en la segunda… Sin ser un niño malo, era malcriado y exigente. Sus padres le consentían, como a hijo único y aunque el maestro intentaba corregirle, los caprichos y desaires fueron a más. Envanecido de sí mismo llegó a la adolescencia y la juventud, donde se sumaron las malas compañías. Abandonó la práctica religiosa, comenzó a frecuentar tabernas, juegos, cacerías. Aunque la leyenda se apresura en añadir que jamás perdió la virginidad, por protección especialísima de la Santísima Virgen. Y con tantas malas acciones, a los quince años llegó a una de las peores que hay: levantó la voz a su madre, además de proferirle insultos y darle la espalda mientras esta le reconvenía. Ante este desaire, Peregina clamó: "¡Ah, mal hijo! Verdaderamente tú eres aquel lobo infame y carnicero que en sueños vi salir de mis entrañas. Y no me ha engañado el pronóstico". Ante aquellas palabras, Andrés se calmó y preguntó a su madre sobre el sueño. Esta le contó lo que había visto y añadió: "Quien hayas sido hasta ahora, bien lo sabes, y te lo han dicho mis lágrimas. Cual has de ser en adelante, no lo sé, pues tus desconciertos no me aseguran tu enmienda. Abre ya los ojos y advierte que aunque por la generación eres hijo de Nicolás y Peregrina, por el voto que hicimos lo eres de la Virgen del Carmen".

Estas palabras, y otras, fueron suficientes para que Andrés dejara su mala conducta y esforzándose y con la ayuda de Dios, se convirtiera en un jovencito modelo. Al otro día pidió a la Virgen María le diese la gracia de la conversión, para pasar de lobo a cordero. Y aún más, pidió la entrada en la Orden del Carmen al provincial, Fr. Jerónimo Meliorato. Este le envió a la iglesia a pedir luz a Dios para ganar tiempo, y envió a dos religiosos a avisar a sus padres (no era cosa de enemistarse con los Corsini) de que su único hijo quería ser religioso. Estos corrieron a la iglesia del Carmen y ellos mismos ofrecieron al hijo amado, quedando los religiosos contentos y le admitieron al noviciado. Tomó el hábito el 5 de enero de 1317, a los quince años. Para probarle y cortar sus aires de noble, le encomendaron trabajar con los animales, limpiar los suelos, y servir en la cocina. Todo lo hacía con alegría, puntualidad y exactitud. Estando en la portería lo vio un pariente suyo y le animó a dejar aquel hábito pobre, que reconsiderara su puesto en la familia y se viese como heredero de su padre. Incluso le dijo que si quería hacer carrera en la Iglesia, ya podría la familia lograrle una abadía, un obispado o incluso el papado si se lo proponían. Pero Andrés respondió solamente enseñando un crucifijo a su pariente y cerrando la ventanilla de la portería con firmeza.

Aparición de la Virgen
en la primera misa.
El 7 de enero de 1318 profesó los votos, y luego le mandaron a perfeccionar su latín y gramática, para pasar luego a la teología. Además, aumentó su oración, penitencia, humildad y caridad para con los demás. Comenzó a usar un cilicio que no dejó nunca más, oraba durante horas por las noches, ayunaba siempre que lo mandaba la regla, y más si podía. Para ejercitar su humildad, fue encargado de pedir limosnas por la ciudad. Su celo apostólico lo mostraba siempre que podía, en especial cuando convirtió a un pariente enfermo, cuya casa se había convertido en un lugar de pecado por parte de amigos desalmados que se aprovechaban de su debilidad. No solo le convirtió, sino que le sanó milagrosamente. En 1325 le dieron la ordenación sacerdotal, y sabiendo que su familia y ciudad preparaban un banquete mundano para después, recibió las órdenes y se fue al célebre convento de Las Selvas donde cantó su primera misa en soledad. En ella se le apareció la Santísima Virgen y le dijo: "Siervo mío eres, y en ti seré glorificada". Y lo confirmó la Virgen con varios milagros que realizó el santo en su nombre. Como sanar a una niña hética, que no podía tragar bocado, la cual aseguraba que si se lo daba el "padre Andrés", sanaría. Y así fue, rogó Andrés a la Virgen y la niña sanó. Sería luego religiosa carmelita y dirigida suya. 

En 1329 recibió una herencia y construyó un convento de la Orden en Segna. Este mismo años el Capítulo lo envió a estudiar a la Universidad de París (esto no está claro, pues el apellido Corsini no aparece acompañando a ningún Andrés, aunque sí aparece un Andrés con su apellido materno). En París se ganó el mote de "ciego, sordo y mudo”, por lo abstraído que vivía en Dios y los estudios, sin prestar atención al bullicio estudiantil, en el que algunos frailes entraban. En 1335 se doctoró con grandes felicitaciones de sus maestros. Regresó a París, pasando por Avignon, donde sanó a un ciego que pedía limosna a las puertas de una iglesia. Llegado a Florencia comenzó la labor del confesionario y la predicación, donde destacaba por su elocuencia y caridad, siendo alabado por el General de la Orden, el Beato Pedro de Cesis (3 de agosto). En 1337 fue elegido prior del convento florentino, y si bien había sabido obedecer, bien sabía mandar. Fue paciente, caritativo y justo en los castigos. Acompañaba a sus religiosos en sus males, entretenía a los enfermos, aconsejaba y amonestaba cuando era necesario. Incluso algunos milagros realizó para sanar algún religioso enfermo. En 1345 regresó a París a estudiar Sagrada Escritura y al año siguiente pasó a Avignon, donde conoció al Procurador General de la Orden, San Pedro Tomás (8 de enero), al cual sustituyó tres años mientras este viajaba a París para doctorarse en Sagrada Escritura. En 1347 Andrés fue elegido Provincial de Toscana y en 1348 presidió el Capítulo de Metz. En estos años Europa fue asolada por la peste, y el santo demostró su caridad heroica, atendiendo personalmente a los religiosos y a cuantos necesitaban su caridad. Una vez pasada la peste, reorganizó la provincia, reunió comunidades, reparó conventos devastados por la precariedad y los saqueos, y logró aumentar las vocaciones carmelitanas. En 1349 presidió un capítulo provincial en el convento de las Selvas donde se dio fuerza a la vida religiosa carmelita, reforzando la disciplina monástica y el apostolado.

Uno de los que falleció por la epidemia fue Fulgino Carbone, obispo de Fiésole, y nuestro santo fue elegido por el capítulo catedralicio para ocupar la sede. Súpolo el santo por revelación y huyó a la Cartuja de Florencia, para esconderse y pedir a Dios no le cargase con el peso de la mitra. El capítulo de Fiésole fue a buscarle, pero no le hallaron, así que se volvieron para celebrar nueva elección. Estando en ella, apareció en medio de los capitulares y el cabildo un pequeño niño que clamó: "Dios escogió a Andrés para su sacerdote, id al monasterio de la Cartuja, que allí le encontraréis orando". Y desapareció, mientras que al instante daba a Andrés el mismo mensaje. Salió de la Cartuja y vio el cortejo que le venía a buscar, y humildemente aceptó la mitra fesulana. Por su parte, el papa Clemente VI confirmó la elección el 13 de octubre de 1349. Como obispo redobló los alcances de su caridad y su celo apostólico, reformando al clero, los monasterios, dando ejemplo a los fieles. Y tanto molestó esto al demonio que en una ocasión en que se dirigía a una iglesia que le daba devoción, a cantar los maitines, el diablo levantó un muro en plena calle, impidiendo su paso. Pero el santo, sabiendo era cosa del maligno, trazó la señal de la cruz y la pared se desvaneció. Restauró la catedral y el culto a San Rómulo (6 de julio). Fundó la Asociación de la Santísima Trinidad, para fomentar la formación y espiritualidad de los sacerdotes y promover su celo apostólico. Siempre vestía su pobre hábito carmelita, el cual siempre llevaba bajo los más pomposos ornamentos litúrgicos, sin admitir se lo cambiasen salvo cuando ya se le caía a jirones. Y aun así, se procuró le enviasen un hábito de algún religioso fallecido. Predicaba al pueblo siempre que podía y en su mesa, aun siendo tan frugal, los pobres y miserables siempre tenían un sitio. Cada jueves sentaba a doce a su mesa, les lavaba y atendía personalmente, como Cristo. Imitó a San Gregorio Magno (3 de septiembre y 12 de marzo), haciendo un censo de los pobres de Fiésole, para atenderles personalmente o por medio de sus presbíteros. Y tanta era su caridad que en un reparto de pan, lo multiplicó milagrosamente, sin que faltara alguno en ser atendido y sobró. No se permitía faltar al coro de la catedral a las horas canónicas, y hacerlo por asuntos de gobierno o recibir visitas, le era una gran mortificación. Gustaba de oír los sermones de los religiosos, y siempre que podía visitar Florencia, acompañaba a sus hermanos de hábito en el convento del Carmen, a los que servía como un religioso más. Aunque estos al principio protestaron viéndole humillándose, le dejaban hacer por darle placer de ser el último de todos.

Fue un artífice de la paz entre las distintas familias enemigas de Florencia, entre ellas la suya propia. Predicaba constantemente por la paz y las buenas costumbres. Se cuenta que en una ocasión en que le prepararon un púlpito a las puertas de la catedral (se llenaba hasta los topes) para que predicase a más gente. Sabiendo que había entre los oyentes algunos enemigos entre sí, predicó y levantando los ojos al cielo invitó a todos viesen quienes les animaban a la lucha. Y todos vieron bandadas de cuervos enfrentándose a bandadas de milanos, desgarrándose, con lo que todos entendieron que las pugnas eran cosa del diablo. E hicieron las paces, alabando el pueblo al santo obispo por su intervención. Además, fue intercesor ante el emperador Carlos IV para que perdonase a los levantiscos florentinos. Por esta acción le nombró legado pontificio suyo el papa Urbano V, para que pusiese paz en Bolonia, donde antes lo había logrado efímeramente San Pedro Tomás. En Bolonia fue apresado por una facción que no quería la paz, pero los que lo hicieron enfermaron y padecían tantos dolores, que le dejaron libre, y el santo les visitó, sanándoles milagrosamente uno a uno. Y, claro, después de esto, hicieron la paz.

En 1372, teniendo el santo 71 años gastados en el servicio de Dios, quiso este darle el premio merecido por su labor, y antes quiso avisarle. Estando el día de Navidad del mismo año, listo para cantar la primera misa del día, como era su devoción, se le apareció la Madre de Dios y le dijo: "Llegado es el tiempo de tu deseado tránsito, Andrés, hijo mío. El día de la Epifanía vendré por ti y en mi compañía y la de los ángeles irás al cielo". Quedó Andrés muy contento con semejante anuncio, que comunico a Guidon, canónigo de su confianza. Celebró y predicó con singular júbilo. Pasó toda la mañana en éxtasis y luego de comer, se recostó aunque no se sentía mal, pero no volvió a levantarse del lecho. Desde allí se extendió la noticia y Fiésole en pleno, y media Florencia se fue a las puertas del palacio episcopal para acompañar al santo en su muerte. El santo gastó el tiempo que le quedaba en pedir perdón, repartir sus pocos bienes y en rezar los salmos y el santo rosario de la Virgen. En la mañana de la Epifanía, se iluminó su rostro de repente, cantó el “Nunc Dimitis”, y expiró dulcemente.

Los funerales duraron varios días, durante los cuales Dios obró varios milagros por parte de su siervo, y el cadáver permaneció flexible, oloroso y resplandeciente. El cuerpo fue enterrado en la catedral de Fiésole, aunque el santo quería ser enterrado en su convento de Florencia. A los quince días del entierro, los carmelitas lograron su traslado al Carmen de Florencia, donde lo introdujeron en la capilla de Santa Úrsula. No le enterraron, sino le sentaron en una sede, ricamente vestido, para que le venerasen los florentinos, mientras preparaban un lugar para sepultarle. Otros milagros ocurrieron al contacto con sus reliquias, fuera su cuerpo u objetos que utilizó, como su mitra o el báculo. En 1439 se rigió otro altar de más calidad y las reliquias fueron trasladas, verificándose varios milagros. En 1440 mostró su santidad y protección sobre los florentinos en la batalla de Anghiari, en la que se le vio en el cielo montado sobre un caballo blanco, alentando a las tropas florentinas contra las tropas de Piccinino. Fue tanto el fervor del pueblo, que al ir el clero a darle gracias a la iglesia del Carmen, estando mostrando sus reliquias, la gente clamaba “sancte Andrea, ora pro nobis”, dándole título de santo sin más trámites. Su culto fue promovido, mucho antes de ser beato, por el Beato Ángel Agustín Mazinghi (17 de agosto). En 1464 se presentó la súplica de canonización, pero no fue beatificado hasta 1629 y canonizado hasta el 22 de abril de 1724, por Benedicto XIII. El martirologio recoge su memoria a 6 de enero, pero su festividad fue puesta por Alejandro VII para la Orden y toda la Iglesia a 4 de febrero. Actualmente es a 9 de enero.


Fuente:
-“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678. 


A 9 de enero además se celebra a
San Adrián de Canterbury, abad
Beato Antonio Fatati, obispo.

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