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jueves, 25 de marzo de 2021

De un crimen y una manipulación.

San Guillermo de Norwich, niño mártir. 25 de marzo y 15 de abril, Invención de las reliquias. 

El 25 de marzo de 1144, Sábado Santo, mientras un monje paseaba por el bosque de Thorpe, notó un saco que colgaba de un árbol, lo bajó y al abrirlo, descubrió dentro el cadáver violentado de un niño. Fue sepultado en el mismo sitio sin más ceremonia que una simple cruz. Sin embargo, a la semana comenzaron los rumores de que aquello habría sido un asesinato ritual a manos de judíos, debido a que había ocurrido en la Semana Santa. El Lunes de Pascua un cortejo civil y eclesiástico se dirigió al bosque y, abriendo la improvisada tumba, se sacó el cadáver. Unos jóvenes identificaron el cuerpo como el de Guillermo, de 12 años, aprendiz de curtidor. 

A pesar que la acusación contra los judíos se hizo en firme, estos eran protegidos del rey, y por la escasez de pruebas no se pudo actuar contra ellos. La Iglesia permitió el culto que los monjes dieron al niño en su propio cementerio, y poco más. Sin embargo, en 1149 ocurrió un hecho que cambiaría todo: un judío llamado Eleazar fue asesinado por hombres de Sir Simón de Novers, pariente cercano de Turbe, obispo de Norwich. Cuando los judíos pidieron justicia por este crimen el obispo esgrimió el crimen del Guillermo como contraataque. Los judíos, para evitar ser culpados de este asesinato, con las consecuencias que les traería, decidieron no exigir castigo y a su vez, pagaron una fuerte multa al rey, quien se había desplazado a Norwich para el caso. 

Tomás de Monmouth, monje testigo de todo aquello contó la historia y, además, propició el culto del niño mediante fabulaciones, con la ayuda del obispo Turbeville y el prior de su monasterio. En 1150 él mismo habría tenido unas apariciones en las que se le ordenaba trasladase el cuerpo de Guillermo desde el cementerio a la Sala Capitular del monasterio. Así se hizo, y en 1151 se trasladó a la catedral, comenzando el culto público. El 5 de abril de 1154 se trasladaría solemnemente a una nueva urna relicario en el ábside de la misma catedral, un sitio importantísimo. También hubo una capilla en el bosque, en el sitio del hallazgo del cuerpo, que sería demolida en tiempos de la persecución de Enrique VIII. 

La leyenda fue acompañada de la publicación de estupendos milagros y una leyenda que caló enseguida: sus padres se llamaron Wenstan y Elwinay, que el niño hacía milagros desde que tenía tres años, que sabía los salmos de memoria, que ayunaba tres días a la semana, o que se infligía duras penitencias en consideración a la Pasión de Cristo. El lunes de Semana Santa de 1144 la madre del niño fue sacada del pueblo diciéndole que le daban empleo en la cocina de un canónigo. Esta fue y el niño quedó solo. Entonces los judíos lo llevaron con engaños a casa de uno de ellos, para no ser visto más con vida. El Miércoles Santo fue llevado ocultamente a la Sinagoga y luego de unas oraciones blasfemas, le coronaron de espinas, lo crucificaron y le atravesaron el costado con una lanza. Según el falsario Tomás de Monmouth, esto lo supo de primera mano, al contárselo una mujer testigo de los hechos y que habría visto el martirio estando oculta. El Viernes Santo el cuerpo habría sido metido en el saco y llevado al bosque de Thorpe, donde ya sabemos fue hallado. Todo esto estaría confirmado por Teobaldo, un monje converso del judaísmo, quien detalla los crímenes (inventados) que cometían los judíos con niños cristianos. Añade Tomás otros detalles “probatorios”, como la comprobación de las llagas provocadas por las espinas, los clavos y la lanza. Esta comprobación, según él, se habría llevado a cabo al examinar el cuerpo en cada traslación. 

Además, nos dicen que un hombre llamado Aelward, estando para morir en 1149 confesó que él habría visto a los judíos entrando en el bosque con el cadáver en el saco. Al descubrir a Aelward, los judíos habrían huido y sobornaron al Magistrado del Norwich con 100 marcos de plata para que se callase. Y este mismo Magistrado hizo, a su vez, que Aelward se callara bajo pena de matarle. Está claro que de este Aelward no hay rastro ni prueba alguna, pues que se nos aclara que para 1154, cuando se escribe la “historia”, ya estaba muerto. 

El culto al niño Guillermo fue muy popular, aunque nunca como el de San Simón de Trento (24 de marzo) o San Cristóbal de La Guardia (25 de septiembre). Mucho menos fue canonizado, aunque el culto popular le llamara santo. En el siglo XVI el culto había disminuido bastante. Sin embargo, a pesar del poco culto católico, la historia de Guillermo ha hallado gran interés entre los historiadores hasta recientemente, quienes han dado varias explicaciones del hecho. Desde el crimen sexual, el ritual, la venganza, un asalto que salió mal, etc. Más de uno considera que el verdadero criminal fue el judío converso Teobaldo. Otros apuntan a que pudo haber ocurrido algo parecido a lo que cuenta Socratés Eclesiástico en el siglo V que pasó en Inmestar: "los judíos, mientras se divertían en su forma habitual con una variedad de deportes, algunos impulsados por la embriaguez, fueron culpables de muchos desmanes. Comenzaron a burlarse de los cristianos, e incluso de Cristo mismo; y en la burla a la cruz y a los que ponen su confianza en el Crucificado, agarraron a un muchacho cristiano, y habiéndolo atado a una cruz, comenzaron a reírse y a burlarse de él. Pero en poco tiempo se comportaron con tanta furia que azotaron al niño hasta que murió bajo sus manos." 

Hay que decir que de este hecho no se produjo persecución o matanza de judíos en la zona, pues aunque en 1190 hubo una revuelta contra los judíos en Norwich, no fue resultado directo del asesinato de Guillermo. Pero esta historia sí que sirvió de base para que otros crímenes contra niños en esos siglos fueran achacados a los judíos, quienes en otros casos no corrieron con la misma suerte.  


Fuentes:
-Vidas de los Santos. Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.


Otros "niños mártires de los judíos" son:

San Simón de Trento. 24 de marzo.
Beato Andrés de Rinn. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).
San Werner de Oberwesel. 19 de abril.
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.


A 25 de marzo además se celebra a

 




lunes, 25 de septiembre de 2017

Niño mártir "de los judíos", un caso diferente.

San Cristóbal de La Guardia, niño mártir. 25 de septiembre.

El Santo Niño de la Guardia, era un inocente chiquillo de tres a cuatro años, de nombre Cristóbal, hijo de Alonso de Pasamontes o Alonso Martín de Quintanar y de Juana la Guindera, quien, según algunos era ciega. Entre febrero y marzo de 1489, atrayéndolo con engaños, varios judíos lo raptaron y escondieron en la Hoz de La Guardia, dehesa próxima a la ribera del Algodor. Los raptores, como se acercaba la semana en que los cristianos conmemoraban la crucifixión de Jesús, pensaron que era buena ocasión para repetir en aquélla indefensa criatura la pasión de Cristo. Se trasladaron, en efecto, los verdugos a una de las cuevas que se abren en el accidentado terreno del término de La Guardia, en carreocaña o carrocaña (e. d. carrera o camino de Ocaña), amparados en el secreto de la noche del Viernes Santo de 1489, a la luz de una candela, y tapada la boca de la caverna con una manta o una capa, realizaron en el niño toda clase de perfidias.

La sentencia inquisitorial condenatoria de uno de los cómplices, el mozo judío Yucé Franco, zapatero de Tembleque, nos describe que extendieron los brazos y piernas del niño en dos palos puestos a manera de cruz, le azotaron, escupieron y abofetearon, poniéndole una corona de hierbas espinosas en la cabeza, que también le colocaron las espaldas y plantas de los pies. Finalmente, le vaciaron toda la sangre del cuerpo, y, abriéndole el pecho, le sacaron el corazón guardándolo en salmuera. Durante el crimen ritual, usaron una hostia consagrada, que, rescatada del equipaje de Yuce en el momento de su detención, se conserva aún en el Convento de Santo Tomás, en España, dentro de un envase a modo de relicario. Todos los participantes confesaron por separado la misma historia, con los mismos detalles y la misma narración de los hechos. Si la historia de Yuce fuese falsa, esta sincronía "telepática" no hubiera podido conseguirse ni con la más larga y dolorosa jornada de tortura y dolor. Los relatos coincidía también con los registros que se tenían del estado del cuerpo del niño y la disposición de sus espantosas heridas.

Este crimen dio pie al inicio de un espectacular juicio del Santo Oficio, cuyo jurado sería integrado por altísimos representantes de la cultura y la intelectualidad española, hombres nobles y de carácter intachable, todos ellos miembros de la Universidad de Salamanca. Ávila se convirtió en el epicentro de las crónicas de entonces. Las muchedumbres siguieron atentamente el desarrollo del caso y al saberse sus escalofriantes detalles, hubo varios intentos de revueltas antijudías que, afortunadamente para ellos, lograron ser detenidas por dictados reales. El crimen, como bien lo señaló el sabio judío I. Loeb, no es uno de tantos crímenes rituales que durante la Edad Media se atribuyó a los judíos, a quienes se acusaba de muerte de niños cristianos. El caso del Santo Niño es muy distinto.

Su culto comenzó muy temprano, pues ya en las visitas eclesiásticas a partir de 1501 hallamos referencias a los santuarios constituidos en los lugares donde el tierno niño padeció o fue enterrado y La Guardia le tomó por Patrón, celebrando fiesta solemne así en el día de los Santos Inocentes como el 25 de marzo o en la semana de quasimodo (primera de Pascua); sólo desde 1580 se votó para que su fiesta se celebrase en adelante el 25 de septiembre de cada año. También las autoridades religiosas dieron reiteradas pruebas de devoción hacia el mártir; así el cardenal Siliceo, que en 1547 alegaba en abono de su Estatuto de limpieza la crucifixión de aquél, y el cabildo de la Iglesia primada, que en 1613 pedía a varios cardenales y a la Congregación de Ritos licencia para rezar al inocente mártir a lo menos en todo el arzobispado toledano. Al arzobispo Alonso de Fonseca se debe el encargo del antiguo retablo que se puso en la cueva de la crucifixión, así como a Lorenzana el haber mandado pintar, de la diestra mano de Bayéu, el martirio del niño en los claustros de la iglesia capitular. Consta asimismo de la admiración que le profesaron monarcas como Fernando V, Carlos I y Felipe II. 

El Papa Pío VII canonizó al niño asesinado como San Cristofor, autorizando su culto a la Iglesia de Toledo. Existe un altar en su honor y el pueblo de La Guardia guarda su memoria hasta nuestros días. Su tragedia y su alma se recuerdan como la del "Santo Niño de La Guardia". Se le atribuyen muchísimos milagros, como la devolución de la vista a su madre ciega, las cuatro curaciones obradas con ciertas personas de Alcázar de Consuegra al comenzar el 1492; un tullido, una mujer con la boca torcida hacía más de dieciocho años, un sordo total y una pobre ciega, aparte de otros mil prodigios referentes a niños quebrados y enfermos de todas clases cuya curación detallan los rótulos que sobre cada caso penden del santuario de La Guardia. La obra "Crónica de la Provincia de Castilla de la Orden de la SS. Trinidad" recopila nada menos que casi 600 milagros.


El milagro de la hostia resplandeciente.
El mundo de la literatura ha dejado constancia de este terrible suceso del siglo XV en los alrededores de Toledo. Lope escribió "El Niño Inocente" y Quevedo se ocupó de él, proponiendo en carta escrita al rey se dignase disponer las cosas para que el santo Niño compartiera el patronato de España con Santiago; afirmaba que "puede interceder a Dios, como no puede otro alguno, por la pasión que Cristo pasó por él y por la que él pasó por Cristo". Ya en el año 1501 hay referencias a los lugares de culto en los que se le venera que son los mismos en los que sufrió y fue enterrado. La Guardia lo tomó por Patrón y señala el día de su fiesta. El cardenal Siliceo apoya en 1547 su estatuto de limpieza en la devoción que se presta al Santo Niño. Consta la veneración que los reyes Fernando V, Carlos I y Felipe II le tuvieron. Y se sabe que el papa Pío VII confirmó su culto en 1805.

La Orden Trinitaria propagó su culto e incluso llegó a vestirle con el hábito de la Orden, pues el niño Cristóbal habría vestido el hábito trinitario por devoción de sus padres, cosa bastante frecuente en su momento.

Fuente:
http://www.catolicosalerta.com.ar/santoral/09-25santo-nino-de-la-guardia.html

Otros "niños mártires de los judíos" son:

San Simón de Trento. 24 de marzo.
Beato Andrés de Rinn. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).
San Werner de Oberwesel. 19 de abril. 
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.
San Guillermo de Norwich. 25 de marzo


A 25 de septiembre además se celebra a
San Ceolfrid de Wearmouth, abad.
San Gerulf de Drongen, mártir.

martes, 12 de julio de 2016

Beato Andrés, niño no mártir.

Beato Andresito de Rinn, niño mártir. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).

Andrés nació en Rinn, un pueblecito en el valle del Inn, Sonnenburg, el 16 de noviembre de 1459, de Simón y María, unos pobres campesinos tiroleses, muy piadosos. Cuando el niño tenía tres años Simon murió, y la viuda, para poder trabajar, envió al niño con su padrino, un próspero posadero, apellidado Mayer. La posada estaba en un camino muy transitado, por donde pasaban viajantes, comerciantes y gente de todo tipo. Entre los que más frecuentaban la posada había un grupo de judíos, que pusieron los ojos en el hermoso niño Andrés. El 12 de julio de 1462 estos ofrecieron una bolsa de monedas de oro a Mayer para que les vendiera el chico, a lo que él aceptó, por librarse de la carga que le suponía cuidar del niño.

Los judíos se llevaron a Andresito y no muy lejos del pueblo, le ataron, le extendieron sobre una roca y le abrieron las venas hasta desangrarle. Luego le abrieron en canal, le colgaron de un árbol y huyeron. A esa misma hora, su madre que estaba segando heno en Ambrass, al cortar una gavilla, de esta brotaron tres gotas de sangre, que alarmaron a la pobre mujer. Corrió María a casa de Mayer y pidió ver al niño, pero halló al posadero trastornado, pues había abierto la bolsa de monedas de oro y solo halló hojas amarillas de sauce. María continuó su búsqueda y halló al pequeño Andrés, como ya sabemos. El cadáver del niño fue descolgado y enterrado en el cementerio de Rinn, y a los pocos días un lirio floreció sobre su tumba.

Pero la realidad fue diferente. Hasta 1478, tres años del famoso caso de San Simón de Trento (24 de marzo), la historia de la venta y el sacrificio por parte de los judíos no entra en el caso de Andrés. Tan sonado fue el caso de Trento, que los de Rinn, tierra antisemita como tantas, se hicieron eco de ello, comenzando a circular la idea de si Andrés no habría sido asesinado igualmente por lo judíos en un sacrificio ritual. Mayer, que había enloquecido y terminó sus días atado en una lóbrega cárcel y perdidamente loco, no ayudaba a esclarecer nada. Pero aún así, en 1600 ya hallamos un culto establecido en torno a la tumba del pequeño "mártir" Andrés. Es este un caso atípico en los famosos casos de "libelo de sangre", porque no se condenó a nadie, ni los judíos de la zona fueron condenados o desterrados. Les cayó la mancha de la sospecha, pero siempre indicando que eran judíos de paso. Es evidente que esta atribución fue tardía y promovida por el caso Trento, una prueba es que en los procesos de Trento no se menciona para nada el caso de Rinn entre los "ejemplos" de los supuestos asesinatos rituales de los judíos. Y es que no fue considerado así en origen.


Culto y reliquias. Altibajos.
En 1620 se redacta la primera "vita et martirii" del niño Andrés, con algunas investigaciones del médico Hipólito Guarinoni, que exhumó el cuerpo de Andrés y contó más de 20 cortes de cuchillo, además de contabilizar numerosas fracturas en los huecesillos. Es él quien compara los "ritos" practicados a los niños Simón de Trento y Andrés de Rinn, añadiendo algunos de su propia cosecha. Los predicadores jesuitas Adriano Kembter y Benedicto Cavallesio, aportarían más "datos" y ampliarían la historia, que tuvo varias ediciones. En 1621 incluso se escribió una pieza dramática que era representada todos los años en el colegio jesuita de Haller.

Grupo escultórico del martirio.
Retirado del culto en 1961.
En 1670 el culto ya era tan consistente que se erigió una capilla en honor del santo niño en el sitio del martirio, aún conocido como "Judenstein", adonde se trasladaron las reliquias el 21 de septiembre de 1671. En 1743 el cuerpo fue exhumado, vestido, y colocado visiblemente en una urna de cristal sobre la misma roca del martirio, localizada dentro de la iglesia. En 1755 el papa Benedicto XIV aprobó el culto que desde ya más de 200 años tenía el niño Andrés. Sin embargo, negó la canonización por "no constar certeza moral sobre el martirio". En 1866 los hermanos Grimm añaden la historia del niño Andrés en su recopilación de leyendas y cuentos alemanes, pero en pocos años cuando estas leyendas van dirigiéndose a un público más infantil, es quitada de la recopilación.

El culto se mantuvo sin problemas hasta 1953, cuando surgen las primeras dudas y voces que hablan contra semejante culto, sobre el que no hay pruebas de martirio por la fe. Ese mismo año el obispo de Innsbruck elimina la fiesta como obligatoria para la diócesis. En 1961 se retira de la iglesia el grupo escultórico sobre la roca "del martirio", colocando otro grupo de la Oración del Huerto. Ese mismo año San Juan XXIII (11 de octubre) manda suprimir todo vestigio del culto en la iglesia. Sin embargo, no es hasta 1985 que las reliquias son sacadas de la iglesia y enterradas en otro sitio. 

Actualmente existe en el templo una lápida aclaratoria y en reparación por la ofensa a los judíos. Pero en 1987, varios católicos protestan por haberles sido suprimido el culto, que particularmente seguían tributando a su Beato Andrés. En 1994 se abolió oficialmente la peregrinación del domingo posterior al 12 de julio, se cubrió el fresco que representaba el martirio y la iglesia fue re-dedicada a la Visitación de la Santísima Virgen. En 2015 se reiteró la prohibición oficial de cualquier culto público, pero sin embargo, cada año el domingo posterior al 12 de julio, acuden en peregrinación cientos de devotos, y algunos sacerdotes, al sepulcro de Andrés, donde rezan oraciones y se encomiendan a su intercesión, con la esperanza de que algún día puedan volver a venerarle públicamente. 


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
https://www.heiligenlexikon.de/Literatur/Bilder_Rinn.html


Otros "niños mártires de los judíos" son:
San Simón de Trento. 24 de marzo.
San Cristóbal de la Guardia. 25 de septiembre.
San Werner de Oberwesel. 19 de abril. 
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.
 

martes, 19 de abril de 2016

San Werner de Oberwesel.

Pregunta: buscando mi nombre, Werner, encontré tu blog y me pareció increíble lo que dices de mi “santo”. Veo que no compartes la idea del asesinato ritual de los judíos. Mis preguntas son: 1. podrías darme más datos del “santo”. 2. De verdad crees que fuera del todo imposible que los judíos lo mataran? Gracias. Es impresionante tu blog.

Respuesta: Gracias por el elogio, se intenta hacer bien.
Me haces una pregunta algo complicada de responder, porque la gente lee lo que quiere leer y no lo que se escribe.


A ver, creo que los seres humanos no tenemos límites en bondad o maldad. Cualquier grupo humano es capaz de hacer cualquier atrocidad, pero una cosa es que lo hagan y otra cosa es que lo hagan por pertenecer a ese grupo, o sea, porque ese grupo humano tenga normas o creencias que impulsen a semejantes crímenes. Los ejemplos, sencillos: un grupo de judíos pudo matar a este niño, pero si lo hicieron no fue porque el judaísmo lo ordene. Hay unos curas pederastas, pero no porque la Iglesia lo ordene, como musulmanes terroristas, o protestantes del KKK. Muchos historiadores han demostrado que el "libelo de sangre" es una calumnia sobre los judíos, que expliqué más detenidamente en el artículo sobre San Simón de Trento (24 de marzo). Pero que la acusación global sea infundada, eso no hace del todo imposible que alguno lo hiciera verdaderamente. También han demostrado otros cuanto colaboraron algunos judíos con el régimen de Hitler o con el antisemitismo de la Unión Soviética, a cuenta propia. Y pasando a Werner y lo que sabe de él:

San Werner de Oberwesel, niño mártir. 19 de abril.
Werner fue un adolescente, jornalero de unas viñas pertenecientes a unos judíos, que el Jueves Santo de 1287, fue encontrado asesinado (abierto en canal, desangrado y colgado cabeza abajo en un árbol) en un campo cerca de Bacharach, Alemania. No se halló el autor, por lo que se creyó que tendría el crimen tenía motivos ocultos y rituales, y de ahí a pensar que habían sido los judíos no hubo más que un paso. Era una época propicia a esto, los casos de San Guillermo de Norwich (25 de marzo), o San Rodolfo de Berna (17 de abril) eran conocidos y se concluyó que era el mismo caso: asesinato ritual por manos judías. Lamentablemente, esto se tradujo en una persecución popular contra los judíos (que, dicho todo, continuó durante la reforma y el establecimiento del protestantismo) mientras que Werner fue considerado mártir y santo, puesto que habría padecido como Jesús.


Se desató una persecución que alcanzó a varios judíos, que fueron asesinados.  El rey Rodolfo I, convencido de la falsedad de la acusación, puso una multa a los asesinos de los judíos y ordenó quemar y desaparecer el cuerpo de Werner para evitar una veneración. Las reales instrucciones no fueron seguidas, y por el contrario se inició el culto a Werner como mártir. El cadáver del niño fue enterrado solemnemente en la capilla de San Cuniberto de la catedral de Bacharach, que cambió la advocación capilla de San Werner. Asimismo se construyó una pequeña capillita conmemorativa en el sitio del hallazgo del cuerpo. 

Ruinas de la iglesia
de Bacharach
Pronto surgió la idea de dedicarle una iglesia propia, comenzaron las peregrinaciones y se comenzó una bella iglesia gótica, que aún no terminada comenzó a abandonarse. El culto fue efímero y pronto cayó en el olvido durante casi dos siglos, hasta que apareció el sacerdote Winand de Steeg. Era hombre culto, catedrático, capellán de la catedral de Bacharach, director espiritual de varios monasterios y el clero, participó en el Concilio de Constanza, fue secretario privado del rey Segismundo. En 1426, apoyado por  Luis III, comenzó su trabajo para relanzar el culto y terminar la capilla iniciada. Lo primero que hizo fue exhumar el cuerpo, lo trasladó a una urna abierta, y puso la mano derecha en una custodia de oro, sobre la misma urna. También mandó se recogieran en un libro los testimonios de gracias y milagros concedidos a los fieles que rezaban al niño mártir. Winand también se implicó en la canonización del niño, para dar estabilidad al culto, las peregrinaciones y demás. En 1428 Luis III logró un débil reconocimiento local, pues Roma no accedió a canonizar a Werner, aunque para el pueblo era “san” Werner. Los papas especialmente Martín V, no veían con buenos ojos aquello, no les parecía claro, sobre todo porque no había constancia de que esa muerte violenta se debiera a martirio. La iglesia fue finalmente completada y embellecida. Winand murió en 1454, con la tristeza de no lograr la canonización de Werner. En 1548 una parte de las reliquias se trasladaron a Besancon, extendiendo el culto a Francia. 

Aunque la iglesia de Bacharach fue destruida y las reliquias desaparecidas en 1689 por los franceses, la fiesta de Werner se celebró en la Diócesis de Trier hasta 1963, cuando la diócesis eliminó la fiesta de su calendario propio. Sin embargo, todavía aparece "San Werner de Oberwesel" en el santoral alemán y la capilla consagrada él junto al Rihn fue restaurada en el año 2001. En las bellas ruinas góticas de la iglesia de Bacharach se colocó una placa con una oración de Juan XXIII y un texto aclaratorio y de reconciliación que zanjara el asunto. Aún así las imágenes de San Werner abundan y su veneración por parte de gremios y asociaciones continúa. Se le representa con aperos de labranza, racimos de uva y una daga, arma del “martirio”. Es patrono de bodegueros y de los viticultores en Reno, Alvernia y Borgoña.



Fuente:
-“Martyrdom, Murder, and Magic: Child Saints and Their Cults in Medieval Europe. PATRICIA HEALY WASYLIW. New York. 2008.
 


Otros "niños mártires de los judíos" son:

San Simón de Trento. 24 de marzo.
Beato Andrés de Rinn. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.
San Cristóbal de La Guardia. 25 de septiembre.

domingo, 17 de abril de 2016

Rodolfo de Berna y el "libelo de sangre"

San Rodolfo de Berna, niño mártir. 17 de abril.

En 1294 el niño Rodolfo, de 4 años, fue secuestrado y llevado a unas canteras cerca de Berna y allí, parodiando la crucifixión de Cristo, fue torturado y crucificado. El crimen se mantuvo oculto, pero fue descubierto a los días. Pronto corrió el rumor de que habían sido los judíos y en motín el pueblo de Berna invadió la judería y muchos judíos fueron apaleados y alguno resultó muerto. Aunque las autoridades no tenían pruebas de la culpabilidad de los judíos, vieron en la ira de la gente una oportunidad para quitarse de encima a los judíos. Podrían quedarse con sus posesiones y además, no tendrían que pagar sus deudas, razones por las que se decretó la expulsión de los judíos. Estos apelaron al rey Adolfo de Nassau, pero este dictaminó a favor de la ciudad y los judíos tuvieron que irse con lo puesto.

Por su parte, el niño Rodolfo fue considerado un mártir y fue enterrado con grandes honores en la catedral de Berna, en el altar de la Santa Cruz, que pasó a llamarse "de San Rodolfo". En 1485 se construyó una hermosa iglesia y el cuerpo fue expuesto en una urna riquísima. En 1528, los calvinistas profanaron la iglesia y las reliquias (aun siendo no santo, todos los restos merecen respeto), el cuerpo fue enterrado o despedazado, y nunca más se encontró. El culto al niño Rodolfo no recibió nunca aprobación oficial, ni fue incluido en el martirologio romano, aunque tenía un oficio propio local, que fue derogado en 1908. 


Fuente:
-"Martyrdom, Murder, and Magic: Child Saints and Their Cults in Medieval Europe". PATRICIA HEALY WASYLIW. New York. 2008.



Otros "niños mártires de los judíos" son:

San Simón de Trento. 24 de marzo.
Beato Andrés de Rinn. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).
San Cristóbal de La Guardia. 25 de septiembre.

San Werner de Oberwesel. 19 de abril.  
San Guillermo de Norwich. 25 de marzo


A 17 de abril además se celebra a






jueves, 24 de marzo de 2016

De un santo mártir, ni mártir ni santo.

San Simón de Trento, niño mártir. 24 de marzo.

El 23 de marzo de 1475, Jueves Santo, el niño Simón, de dos años y medio de edad (había nacido a fines de noviembre de 1472), hijo de un curtidor de nombre Andrés, desapareció. Se inició su búsqueda, y fue hallado muerto el Domingo de Pascua, día 26. El cuerpecito apareció en una zanja que pasaba por debajo de la casa del chico, y que atravesaba la judería (y media ciudad). Fue hallado por Buenaventura, un judío cocinero de Samuel, uno de los judíos más influyentes de la ciudad. El primer médico que reconoció al niño fue un judío llamado Tobías, el cual firmó que la muerte había sido por ahogamiento, y los golpes observados eran a causa de los choques que habría sufrido el cuerpo con piedras y pilares de madera que sujetaban las casas y estaban a lo largo de la zanja. Además, detalló que una herida observada en el pene del niño se debía a un desgarramiento tal vez por algún hierro sumergido en las aguas de la zanja, que era un vertedero de todas las casas. Se avisó al alcalde, Juan Salis de Brescia, el cual llamó a médicos que certificaron la muerte violenta, no por ahogamiento, pues no había casi agua en los pulmones, además, notaron que los golpes eran semejantes todos, como dados con el mismo instrumento. Pero, además, la herida de su miembro la sellaron como una circuncisión. Esto último, sobre todo, desató que el pueblo culpara a los judíos de la ciudad de la muerte violenta del niño, viendo un crimen ritual en la muerte de Simón.

Varios judíos fueron apresados e investigados por orden del príncipe-obispo de Trento, Juan de Hinderbach. Se llamó como testigo a Juan de Feltre, judío converso, que narró con pelos y señales, los tormentos "a los que los judíos sometían a los niños cristianos en Pascua, para burlarse de Cristo". Dijo que él mismo los había cometido cuando era judío, y que por ello había pagado, siendo condenado por la Inquisición a siete años de galeras. Así que entre delaciones, falsos testigos y torturas, los implicados fueron “confesando” cosas como que con la sangre de niños cristianos amasaban panes para sus rituales de Pascua, que la vendían a otros judíos a altos precios por ser sangre de inocente cristiano. Israel, hijo del rabino Samuel, dio detalles (como que cortaron la mandíbula, un trozo de pierna derecha y del brazo izquierdo al niño y que por esos sitios le sacaron la sangre), algunos nombres, acusando a varios judíos prominentes de la ciudad, los cuales fueron apresados. Treinta en total. El papa Sixto IV y el archiduque de Tirol, Sigmund, invocaron misericordia para los “culpables”, pues dudaban de la legalidad de las acusaciones, pero el príncipe-obispo no les escuchó. Luego de varios meses, quince de los apresados fueron condenados a muerte, luego de serles confiscados los bienes y convertidas forzosamente sus familias.

Reproducción del "martirio" del niño Simón.
Para entender algo de este tema complejo, hay que recordar que el “libelo de sangre” fue una acusación popular que corría de un lado a otro, sobre crímenes de infantes que se sucedían en la Europa medieval, causados por los judíos. Así, todo asesinato cruel contra los niños era achacado a los judíos, por motivos religiosos, pero lo cierto es que crímenes execrables ha habido siempre, y los culpables han sido de todo tipo de condición: cristianos, judíos, ateos o musulmanes. En el caso de Trento, hay que decir que un factor determinante en la aversión a los judíos fue la predicación del Beato Bernardino de Feltre (28 de septiembre). Este religioso era muy duro con la usura judía, contra la cual luchó fundando el “Monte de Piedad”, para prestar dinero a bajísimo o escaso interés. Conocemos un sermón que predicó contra estos en Trento, que podemos leer en el Acta Sanctorum, y del que extraigo:
…de los judíos, voy a decir aquí lo que digo en todas las demás ciudades: es decir, que nadie, por lo aprecie su alma, puede dañar a los judíos en persona, o en las posesiones, o de otra manera. Ya que incluso con los judíos tiene que utilizar la justicia y la caridad cristiana, siendo ellos de nuestra naturaleza humana (...) Pero también es cierto que las leyes canónicas prohíben expresamente la familiaridad con los pérfidos judíos; no utilizarlos como médicos; no ir a sus fiestas. Y, sin embargo; he aquí que en [la ciudad de] Crema el judío León dio un banquete durante ocho días por la boda de su hijo y muchos [cristianos] se precipitaron a su mesa, su baile y sus juegos. E incluso ahora todos los enfermos se apresuran a buscar el tratamiento de los médicos judíos. ¿Cómo puedo predicar la verdad y encubrir estos delitos contra Dios y el derecho canónico? (…) La usura de los judíos (…) es indignante, hace a los ricos, pobres, y a los pobres, mendigos.

Y no hay que olvidar que los “humanistas”, que hoy consideramos “padres de Europa” fueron profundamente antisemitas, Erasmo de Rotterdam, entre ellos. Los escritos de estos “avanzados” también tocaron el tema de la “maldad natural en el pueblo deicida”. Tampoco quedaron libres de prejuicios los llamados reformadores protestantes. Los herejes luteranos y calvinistas, aún sin venerar como santos a estos niños, en el siglo XVI removieron y airearon estos casos para promover su antisemitismo, probablemente más furibundo que el existente en el mundo católico. Lo curioso de este caso es el interés particular de un obispo por darle culto, cuando la mayoría son casos sobre los que hubo recelos por parte de la Iglesia, como el caso de San Werner (19 de abril) en cuanto al culto que debía tributárseles. Casos de especial atención son los de España, donde aún hoy se venera a San Cristóbal de la Guardia (31 de marzo) y a Santo Domingo del Val (31 de agosto).


Reproducción de como se veía
el cuerpo expuesto a la veneración,
con los instrumentos de su Pasión.
Volviendo a Simón. Aún en la cárcel los judíos, Juan de Hinderbach comenzó a promover el culto al niño Simón como mártir de la fe: elevó las reliquias del niño a un altar en la iglesia de San Pedro, en la judería donde fue hallado el cuerpo de Simón y que se convirtió en el centro neurálgico del culto al santo niño. Además, Hinderbach predicó sobre las “excelencias” de la devoción al pequeño imitador de Cristo y comenzó a celebrar la memoria litúrgica a 24 de marzo. El papa Sixto IV prohibió el culto, y envió a Juan Bautista Sindici, obispo de Ventimiglia, para que analizara aquello. Este no creía en el crimen ritual ni la culpabilidad de los judíos, y también dudaba de los supuestos milagros que decían ya ocurrían en la tumba de Simón. Juan de Hinderbach comenzó una campaña de difamación contra Sindici, acusándole incluso de ser judío en lo escondido. El pueblo se levantó contra Sindici, y mientras los judíos "culpables" eran condenados y quemados en la hoguera. El papa incluso lanzó excomunión sobre los que venerasen al niño Simón como santo, por no haber indicios de martirio. Convocó una comisión de cardenales que investigase el caso, pero el presidente era amigo del Beato Bernardino de Feltre, y por acallar el escándalo y calmar al pueblo (que sí que acusaba a los judíos), dictaminaron que el caso era real, y el niño había sido martirizado por los judíos. Pío IV no levantó la prohibición del culto, pero aún así, este continuó y se extendió a varias regiones, gracias a la predicación franciscana. 

En el siglo XVI las prohibiciones habían quedado en el olvido, los judíos seguían siendo “culpables” y el culto a Simón de Trento se consolidó. En 1584 el cardenal Baronio incluyó al Beato Simón de Trento en el martirologio romano, y cuatro años más tarde el papa Sixto V concedió a Trento celebrar la misa y oficio litúrgico propios, lo cual es una beatificación equivalente (aunque normalmente se le llama "san"). Durante siglos, el culto continuó y se estableció. Cada diez años, se celebraba una procesión con el cuerpecito del "santito" y algunos de los instrumentos de su martirio. Hasta que el sentido común fue imponiéndose, y ya desde el siglo XIX, y sobre todo a principios del siglo XX el clero y muchos fieles eran reticentes a aquel culto, que se comenzó a considerar impostado y artificial. En 1955 fue la última procesión, y luego de esto el cuerpo fue sepultado. En 1965 la Iglesia pidió perdón por aquello, exoneró a los judíos que habían sido condenados, y suprimió oficialmente el culto a San Simón de Trento, con condenas explícitas a quien lo promoviese. En 2001, la Iglesia de Trento promovió nuevas investigaciones y volvió a pedir perdón por aquello.


Fuentes:
-"La imagen del judío en la España medieval: el conflicto entre cristianismo y judaísmo en las artes visuales góticas". PAULINO RODRÍGUEZ BARRAL. Barcelona, 2009.
-"Acta Sanctorum". Volumen VII. 1657.
-"Ristretto della vita e martirio di S. Simone fanciullo di Trento". R.P FRANCESCO ROVIRA BONET. 1757.

Otros "niños mártires de los judíos" son:
Beato Andrés de Rinn. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.
San Cristóbal de La Guardia. 25 de septiembre.

San Werner de Oberwesel. 19 de abril. 
 


A  24 de marzo además se celebra a 





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