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martes, 9 de enero de 2018

Librado de ser obispo, por un pelo.

San Adrián de Canterbury, abad. 9 de enero.

Fue Adrián africano de nacimiento, y en el norte de África tomó hábito monástico. Era versado en las Escrituras y en la recta doctrina católica. No se sabe las causas del porqué pasó a la península itálica, donde entró al monasterio de Niridian, en Nápoles. Allí era abad en 670 cuando estuvo a punto de ocupar Canterbury, la sede primada de Britania. La cosa fue así, según la cuenta San Beda (25 de mayo): En 665 murió San Deusdedit (14 de julio), el arzobispo de Canterbury, y la sede quedó vacante durante un tiempo considerable, hasta que el rey Egbert de Kent eligió a Wighard, un piadoso y letrado presbítero inglés. Luego le envió a Roma para que el papa San Vitaliano (27 de enero) confirmara la elección y le ordenara obispo. Pero ocurrió que Wighard y su comitiva llegaron a Roma en medio de una epidemia de peste y enfermaron y murieron.

Entonces el papa, queriendo dotar a la iglesia inglesa de un buen prelado, eligió a nuestro santo abad, un hombre dotado de virtudes y sabiduría. El Papa le ordenó que aceptara el obispado, pero Adrián respondió que no era digno de una dignidad tan grande, aduciendo que él podría buscar a uno que sería mejor que él mismo. Eligió a un monje piadoso y culto, llamado Andrés, de un monasterio vecino. Pero Dios quería otra cosa, pues este Andrés enfermó de gravedad y aunque sobrevivió quedó imposibilitado de asumir el episcopado. Entonces Adrián se vio obligado a aceptar ser consagrado obispo, aunque pidió al papa un tiempo para ver si podía encontrar otro en su lugar antes de la ordenación.

Y halló a San Teodoro (19 de septiembre), un sacerdote griego, instruido y aunque no era joven, tenía vitalidad y celo por la causa de Dios. Adrián lo presentó al papa y este aceptó la sustitución, aunque encomendó a Adrián que le acompañase a Canterbury, y fuera su colaborador en el pastoreo de la sede. Y así, Teodoro fue ordenado presbítero en 668 y ese mismo año ambos partieron a Britania. Pasaron por Francia, donde fueron recibidos por varios prelados, como San Faro de Meaux (28 de octubre), con quienes se quedaron durante todo el invierno. En marzo de 669 embarcaron en Quentavic rumbo a su destino inglés. 

En mayo de 669 Teodoro fue consagrado obispo, y a Adrián le fue entregada la abadía de San Pedro de Canterbury, desde donde contribuyó a la reforma de la iglesia inglesa, introduciendo la romanización de la liturgia. Abrió una escuela monástica en la abadía, donde se formaba a los jóvenes en ciencias, artes, Escrituras, Teología. Durante casi 40 años estuvo Adrián al frente de la abadía, y además fundó otros monasterios para la predicación y la enseñanza de los ingleses.

Adrián falleció en 709 y, según Beda, su sepulcro fue honrado con milagros.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 9 de enero además se celebra a
San Andrés Corsini, obispo carmelita.
Beato Antonio Fatati, obispo.

jueves, 3 de agosto de 2017

Beato Pedro de Cesis, General de la Orden.

Beato Pedro de Cesis, obispo y General carmelita. 3 de agosto.


Nació Pedro en Limoges, Francia, en la noble familia de los Cesis, que dieron hombres ilustres a la Iglesia y al mundo. No se conoce cuando nació, ni pormenores de su infancia, salvo que desde pequeño fue muy bien educado y tenía una preclara inteligencia. Antes de los 20 años tomó el hábito carmelita en Limoges, donde destacó por ser un novicio fervoroso. Siendo profeso, le enviaron a la Universidad de París a estudiar, y allí se doctoró en Teología. 

En 1324 participó en el Capítulo General de Barcelona, donde fue elegido Provincial de Aquitania, y en 1327 fue reelegido para el mismo cargo. Su celo por la extensión y observancia de la Orden fue proverbial, y tanto, que en 1330 fue elegido General de la Orden en el Capítulo General de Valenciennes. Fue General durante 11 años, en los que promovió la disciplina, el culto mariano, la formación recta de los novicios. Fue el General que bajo el que comenzaron a florecer los insignes carmelitas San Pedro Tomás (8 de enero) y San Andrés Corsini (9 de enero, 4 de febrero, traslación de las reliquias, y segundo domingo de junio, en Florencia).

En 1341, apenas dejó el Generalato, el papa Benedicto XII le nombró obispo de Vasio. Apenas encauzaba esta sede cuando Clemente VI le eligió como Patriarca Latino de Jerusalén, al mismo tiempo que administraría su sede de Vasio. En realidad parece tratarse de un título honorífico más que de un pastoreo efectivo por parte de nuestro Beato. 

Falleció el 3 de agosto de 1348. Su lápida en la catedral de Vasio pone "Miraculis Claruit".


Fuente:
-"Flos Sanctorum del Carmelo". P. SIMEÓN MARÍA BESALDUCH, O.Carm. Barcelona 1951.


A 3 de agosto además se celebra a:
La Invención de San Esteban.
Santas Marana y Cira de Berea, reclusas.

lunes, 9 de enero de 2017

Fatati, el obispo fiel.

Beato Antonio Fatati, obispo. 9 de enero y 2 de septiembre (en Ancona y Siena).

Nació Antonio en Ancona, Italia, sobre 1410, hijo de Simon y Buzia, nobles originarios de Teramo. Estudió en la Universidad de Bolonia junto a sus hermanos Marino y Santiago. Siguió la carrera sacerdotal y fue un piadoso sacerdote, más que los que le rodeaban, a los que daba verdadero ejemplo. En 1431 fue nombrado canónigo de la catedral de Ancona, diferenciándose de los demás por repartir sus rentas entre los pobres y vivir austeramente. En 1440 fue vicario general de Dubrovnik, sustituyendo a su tío político, el arzobispo Antonio Venieri en la administración de la diócesis. En 1440 volvió a Ancona, cuando Eugenio IV le puso como abad comendador del monasterio “San Pietro al Conero”, con beneficios eclesiásticos que usaba para el culto o el socorro de los pobres. En 1444 fue elegido Decano de la catedral de Ancona y fue nombrado vicario auxiliar de Siena. Hizo bien su trabajo y en 1446 pasó a formar parte de la "familia" papal de Eugenio IV. Este papa también le nombró Limosnero y Tesorero Papal para las regiones Siena, Lucca y Piombino.

En 1447 subió al trono de San Pedro el papa Nicolás V, que le nombró capellán mayor y al mismo tiempo canónigo del Capítulo de la Basílica de San Pedro, un cargo con numerosos beneficios eclesiásticos que no solía reservarse para si. En 1449 el papa le nombró clérigo de la Cámara Apostólica y el 20 de noviembre de 1450, fue elegido como obispo de Teramo, a la par que tenía todos los demás cargos. En dicha sede redujo los beneficios de las canonjías, limitando los seglares que accedían a ellas y vigilando no se concedieran como premios o favores. Y por si fuera poco, en 1454, Nicolás V le nombró Gobernador y Vicario General de las Marcas de Ancona y Massa Trabaria, y Tesorero Papal en Bolonia. Los archivos que quedan de su época de Tesorero muestran un interés por el apertrechamiento militar del papado, expansión de la agricultura, saneamiento económico y ejercicio de la caridad. En 1456 Alfonso de Aragón, rey de Nápoles, le nombró Asesor Perpetuo y Comisario. En 1459 celebró un sínodo diocesano para la reforma de la iglesia local, y ese mismo año acompañó al papa a Mantua, a un parlamento convocado con vistas a convocar una nueva cruzada contra los turcos; y de aquí salió nombrado recolector de diezmos en el territorio de Siena para tal fin. En 1460 se le encomendó nuevamente la vicaría de Siena, sede ocupada por Francisco Todeschini, sobrino del mismo papa, y al que el pontífice quería dar una ayuda y un buen ejemplo con Antonio, ya que era inexperto en asuntos de gobierno a sus 25 años.


Trece años estuvo en Teramo, salvo durante el papado del turbulento Calixto III, hasta que en 1463 Pío II le destinó a la sede de Ancona, próspera y bien situada, donde nuestro beato desarrolló una ingente labor pastoral reformando al clero, organizando la caridad, restaurando iglesias y fundando organizaciones piadosas. Allí construyó la iglesia de Santa María de Canneto. En agosto de 1464 acogió en su palacio episcopal al mismo papa Pío II cuando este quiso embarcarse a la Cruzada. Pero no llegó a hacerlo, sino que murió en los brazos del Beato Antonio. Paulo II y Sixto IV se valieron de su ascendiente moral para encomendarle diversas tareas políticas o religiosas, y aunque siempre le recompensaron con bienes y beneficios, él lo daba todo a los pobres, manteniendo su vida pobre y penitente. Paulo II le nombró tesorero de Bolonia y Sixto IV le consultaba asuntos de gobierno.


Reliquias del Beato Antonio.
El santo obispo murió el 9 de enero de 1484, rodeado del cariño de sus fieles, que era mucho en aquellos tiempos. Su sepulcro, en la cripta de la catedral, pronto ganó fama como fuente de milagros, y su culto comenzó hasta hoy. En 1529 se hizo una invención de las reliquias, hallándose parte del cuerpo incorrupto, y estas fueron puestas en el altar dedicado a las reliquias insignes en la misma catedral. Esto se hizo coincidiendo con una epidemia de peste, que cesó de inmediato, con lo cual aumentó la devoción de los fieles. En 1562 se comenzó el proceso de canonización, y el obispo Lambertini trasladó el cuerpo a una bella urna. Este obispo, que sería el papa Benedicto XIV, en su obra "De Beatificatione servorum Dei" pone de ejemplo el culto de nuestro beato sobre cómo ha de obrar la iglesia con los que gozan de fama de santidad y aún no se les reconoce oficialmente. En 1795 Pío VI confirmó dicho culto, beatificándole por equivalencia, y el cuerpo fue trasladado a la capilla de los santos protectores de Ancona. Esta diócesis y Siena celebran su memoria a 2 de septiembre.


Fuente: 
-"Il beato Antonio Fatati" GIUSEPPE CADES. Edizioni Capitolo Vaticano, 2015.


A 9 de enero además se celebra a  

San Andrés Corsini, obispo carmelita.
San Adrián de Canterbury, abad

miércoles, 17 de agosto de 2016

El Carmelita de las rosas.

Pregunta: ¿Quien es este santo carmelita que suelta rosas por su boca? México.

Respuesta: Gracias por tu pregunta, se trata de un carmelita italiano:

Beato Ángel Agustín Mazinghi, carmelita. 17 de agosto.

Nació en Florencia, sobre 1386, de la ilustre familia de los Mazinghi, que tantas obras piadosas y públicas dejó a la ciudad. fue educado junto a su hermano Bianco por sus propios padres y algunos preceptores piadosos y de recta moral. Era devotísimo de la Santísima Virgen, a la cual desde la adolescencia comenzó a suplicar le mantuviera firme en las tentaciones de la juventud. En 1411, junto a su hermano fue inscrito entre los candidatos a los puestos públicos más importantes de la ciudad. A la Virgen le encomendó su vocación, cuando ya entrados los 20 años, se sintió atraído por la vida religiosa. Y la misma Madre de Dios le inspiró su amada Orden del Carmelo. El demonio le tentó sobre el deber que debía a su familia, a la nación por su nobleza, pero él lo dejó todo a su hermano Bianco y abrazó la vida carmelita, ya con 25 años.

Tomó el hábito en 1412, en el Carmen de Florencia, profesando un año más tarde en la recién iniciada "Observancia de Las Selvas", una reforma que buscaba vivir la regla de San Alberto en toda su pureza, dejando de lado la mitigación, que finalmente sería absorbida por la Reforma Mantuana, también promovida por el Beato Juan Soreth (24 y 28 de julio). En 1415 el nombre de Ángel Agustín comienza a sonar en la Orden, y de varios sitios le piden como predicador, y su prestigio acentuó la solidez de la reforma. En 1419 fue nombrado prior del monasterio de Las Selvas, que era el convento "piloto" de la obra reformadora. En 1430 regresa a Florencia y funda algunas asociaciones para la santificación de los laicos, inspiradas en el carisma mariano de la Orden. El Capítulo provincial de Florencia de 1431 le nombra predicador oficial de la Cuaresma en el Carmen de Florencia, labor apostólica que realizó durante varios años, destacando por su piedad, erudición y sobre todo por su poder de enfervorizar a los fieles, provocando numerosas conversiones de pecadores, reconciliación de enemigos y el abandono del mundo hacia la vida monástica de más de un potentado. De esta época se cuenta el milagro iconográfico al que alude la pregunta: En varias ocasiones se vio caer de su boca rosas de una penetrante fragancia que embriagaba al público. Y así lo representaba su primera iconografía, expeliendo rosas que los ángeles recogían para trenzar una corona que colocaban al santo. Y a sus pies un cordero, simbolizando su pureza.

Fue elegido Definidor Provincial en varios Capítulos provinciales, y además fue ante estos el principal valedor de la experiencia de vida austera de Las Selvas. Construyó una capilla dedicada a San Bernardo de Claraval en la iglesia del Carmen de Florencia. Promovió la devoción a San Andrés Corsini (9 de enero; 4 de febrero, traslación de las reliquias, y segundo domingo de junio en Florencia), que aún no era ni beato. En 1434 le dieron título de Lector de Teología, que le permitía enseñar. En 1437 volvió al convento de Las Selvas como prior, y además, fue nombrado confesor de las monjas agustinas, cargo en el fue confirmado explícitamente por el papa Eugenio IV en 1438. Ese mismo año pasó al convento de Santa Lucía de Florencia como prior, y allí falleció el 17 de agosto de 1438.

Su epitafio, en la primera tumba en Santa Lucía, y que se puede ver en el Carmen de Florencia dice: "vir venerabilis, maxime virtuosus, optime doctrine, magister consilii, alte fame sanctissimeque vite et predicator famosissimus, qui primis fuit filius in inceptione observantie Silvarum. Et sepultus in capsa Florentie in conventu sancte Lucie MCCCCXXXVIII". El 1575 las reliquias fueron elevadas y puestas en un altar de la iglesia de Santa Lucía. En 1739, con el culto ya avanzado, se trasladaron solemnemente al convento del Carmen. En 1771 la iglesia del Carmen se incendió y los restos se quemaron, aunque se pudieron salvar algunos huesos que fueron colocados en una urna de mármol, que desde 1930 está en bajo el altar mayor.

En 1758 se inició el proceso de canonización, y el culto fue autorizado por Clemente III en 1761. En este interín, se cuenta que en una iglesia de la Orden, un lego pintaba una "apoteosis del Carmelo", y aunque conocía de la santidad de Fr. Ángel Agustín, no se atrevió a pintarle con aureola dorada, por no adelantarse al juicio de la iglesia. En su lugar, le puso una tenue aureola gris plateada. A la mañana siguiente, al entrar a la iglesia, vio que la aureola estaba dorada y resplandeciente, con lo cual el santo religioso le confirmaba que estaba en el cielo.

La primera "vita" fue escrita en 1560, pero no fue publicada hasta 1683. Otra biografía fue escrita en 1739, con motivo de la traslación de las reliquias al Carmen de Florencia. Y una reseña popular se publicó en 1771, con motivo de la beatificación.


Fuente:
-"Dizionario biográfico Treccani".
-"Vita in ristretto del Beato Angelo Agostino Mazzinghi". CARMELO DE FLORENCIA. 1771.


A 17 de agosto además se celebra a 
San Mamés, mártir
San Jacinto de Polonia, presbítero dominico.

sábado, 9 de enero de 2016

De uno de los Corsini, el santo.

San Andrés Corsini, obispo carmelita. 9 de enero, 4 de febrero (traslación de las reliquias) y segundo domingo de junio (en Florencia).

Del Carmen de Querétaro.
México.
La historia y la leyenda carmelitana han sido generosas con Andrés, el célebre y santo miembro de la no menos célebre, y mucho menos santa, familia Corsini, un clan puntal en la historia de Italia y de media Europa. Sus padres se llamaron Nicolás y Peregrina, y aunque llevaban años de casados no tenían hijos. Fue Nuestra Señora del Populo (22 de abril), cuya imagen se veneraba en el convento del Carmen de Florencia, la encargada de acoger el voto que el matrimonio le hizo: Si concebían un hijo, se lo dedicarían a Ella en la Orden del Carmen. Y cumplió la Santísima Virgen, pues al poco tiempo se supo que Peregrina esperaba un hijo. La noche anterior al parto, víspera de San Andrés Apóstol, tuvo la madre un sueño extraño: veía a su hijo en apariencia de fiero lobo entrar en una iglesia, y salir de esta en forma de manso cordero. Y nació el niño, el 30 de noviembre del año 1301, y le llamaron Andrés en honor al santo del día.

Fue un niño inteligente, despierto y cariñoso, y apenas despertó la inteligencia, le pusieron un preceptor para que adelantara en las letras y la virtud. Y en las primeras iba creciendo, pero en la segunda… Sin ser un niño malo, era malcriado y exigente. Sus padres le consentían, como a hijo único y aunque el maestro intentaba corregirle, los caprichos y desaires fueron a más. Envanecido de sí mismo llegó a la adolescencia y la juventud, donde se sumaron las malas compañías. Abandonó la práctica religiosa, comenzó a frecuentar tabernas, juegos, cacerías. Aunque la leyenda se apresura en añadir que jamás perdió la virginidad, por protección especialísima de la Santísima Virgen. Y con tantas malas acciones, a los quince años llegó a una de las peores que hay: levantó la voz a su madre, además de proferirle insultos y darle la espalda mientras esta le reconvenía. Ante este desaire, Peregina clamó: "¡Ah, mal hijo! Verdaderamente tú eres aquel lobo infame y carnicero que en sueños vi salir de mis entrañas. Y no me ha engañado el pronóstico". Ante aquellas palabras, Andrés se calmó y preguntó a su madre sobre el sueño. Esta le contó lo que había visto y añadió: "Quien hayas sido hasta ahora, bien lo sabes, y te lo han dicho mis lágrimas. Cual has de ser en adelante, no lo sé, pues tus desconciertos no me aseguran tu enmienda. Abre ya los ojos y advierte que aunque por la generación eres hijo de Nicolás y Peregrina, por el voto que hicimos lo eres de la Virgen del Carmen".

Estas palabras, y otras, fueron suficientes para que Andrés dejara su mala conducta y esforzándose y con la ayuda de Dios, se convirtiera en un jovencito modelo. Al otro día pidió a la Virgen María le diese la gracia de la conversión, para pasar de lobo a cordero. Y aún más, pidió la entrada en la Orden del Carmen al provincial, Fr. Jerónimo Meliorato. Este le envió a la iglesia a pedir luz a Dios para ganar tiempo, y envió a dos religiosos a avisar a sus padres (no era cosa de enemistarse con los Corsini) de que su único hijo quería ser religioso. Estos corrieron a la iglesia del Carmen y ellos mismos ofrecieron al hijo amado, quedando los religiosos contentos y le admitieron al noviciado. Tomó el hábito el 5 de enero de 1317, a los quince años. Para probarle y cortar sus aires de noble, le encomendaron trabajar con los animales, limpiar los suelos, y servir en la cocina. Todo lo hacía con alegría, puntualidad y exactitud. Estando en la portería lo vio un pariente suyo y le animó a dejar aquel hábito pobre, que reconsiderara su puesto en la familia y se viese como heredero de su padre. Incluso le dijo que si quería hacer carrera en la Iglesia, ya podría la familia lograrle una abadía, un obispado o incluso el papado si se lo proponían. Pero Andrés respondió solamente enseñando un crucifijo a su pariente y cerrando la ventanilla de la portería con firmeza.

Aparición de la Virgen
en la primera misa.
El 7 de enero de 1318 profesó los votos, y luego le mandaron a perfeccionar su latín y gramática, para pasar luego a la teología. Además, aumentó su oración, penitencia, humildad y caridad para con los demás. Comenzó a usar un cilicio que no dejó nunca más, oraba durante horas por las noches, ayunaba siempre que lo mandaba la regla, y más si podía. Para ejercitar su humildad, fue encargado de pedir limosnas por la ciudad. Su celo apostólico lo mostraba siempre que podía, en especial cuando convirtió a un pariente enfermo, cuya casa se había convertido en un lugar de pecado por parte de amigos desalmados que se aprovechaban de su debilidad. No solo le convirtió, sino que le sanó milagrosamente. En 1325 le dieron la ordenación sacerdotal, y sabiendo que su familia y ciudad preparaban un banquete mundano para después, recibió las órdenes y se fue al célebre convento de Las Selvas donde cantó su primera misa en soledad. En ella se le apareció la Santísima Virgen y le dijo: "Siervo mío eres, y en ti seré glorificada". Y lo confirmó la Virgen con varios milagros que realizó el santo en su nombre. Como sanar a una niña hética, que no podía tragar bocado, la cual aseguraba que si se lo daba el "padre Andrés", sanaría. Y así fue, rogó Andrés a la Virgen y la niña sanó. Sería luego religiosa carmelita y dirigida suya. 

En 1329 recibió una herencia y construyó un convento de la Orden en Segna. Este mismo años el Capítulo lo envió a estudiar a la Universidad de París (esto no está claro, pues el apellido Corsini no aparece acompañando a ningún Andrés, aunque sí aparece un Andrés con su apellido materno). En París se ganó el mote de "ciego, sordo y mudo”, por lo abstraído que vivía en Dios y los estudios, sin prestar atención al bullicio estudiantil, en el que algunos frailes entraban. En 1335 se doctoró con grandes felicitaciones de sus maestros. Regresó a París, pasando por Avignon, donde sanó a un ciego que pedía limosna a las puertas de una iglesia. Llegado a Florencia comenzó la labor del confesionario y la predicación, donde destacaba por su elocuencia y caridad, siendo alabado por el General de la Orden, el Beato Pedro de Cesis (3 de agosto). En 1337 fue elegido prior del convento florentino, y si bien había sabido obedecer, bien sabía mandar. Fue paciente, caritativo y justo en los castigos. Acompañaba a sus religiosos en sus males, entretenía a los enfermos, aconsejaba y amonestaba cuando era necesario. Incluso algunos milagros realizó para sanar algún religioso enfermo. En 1345 regresó a París a estudiar Sagrada Escritura y al año siguiente pasó a Avignon, donde conoció al Procurador General de la Orden, San Pedro Tomás (8 de enero), al cual sustituyó tres años mientras este viajaba a París para doctorarse en Sagrada Escritura. En 1347 Andrés fue elegido Provincial de Toscana y en 1348 presidió el Capítulo de Metz. En estos años Europa fue asolada por la peste, y el santo demostró su caridad heroica, atendiendo personalmente a los religiosos y a cuantos necesitaban su caridad. Una vez pasada la peste, reorganizó la provincia, reunió comunidades, reparó conventos devastados por la precariedad y los saqueos, y logró aumentar las vocaciones carmelitanas. En 1349 presidió un capítulo provincial en el convento de las Selvas donde se dio fuerza a la vida religiosa carmelita, reforzando la disciplina monástica y el apostolado.

Uno de los que falleció por la epidemia fue Fulgino Carbone, obispo de Fiésole, y nuestro santo fue elegido por el capítulo catedralicio para ocupar la sede. Súpolo el santo por revelación y huyó a la Cartuja de Florencia, para esconderse y pedir a Dios no le cargase con el peso de la mitra. El capítulo de Fiésole fue a buscarle, pero no le hallaron, así que se volvieron para celebrar nueva elección. Estando en ella, apareció en medio de los capitulares y el cabildo un pequeño niño que clamó: "Dios escogió a Andrés para su sacerdote, id al monasterio de la Cartuja, que allí le encontraréis orando". Y desapareció, mientras que al instante daba a Andrés el mismo mensaje. Salió de la Cartuja y vio el cortejo que le venía a buscar, y humildemente aceptó la mitra fesulana. Por su parte, el papa Clemente VI confirmó la elección el 13 de octubre de 1349. Como obispo redobló los alcances de su caridad y su celo apostólico, reformando al clero, los monasterios, dando ejemplo a los fieles. Y tanto molestó esto al demonio que en una ocasión en que se dirigía a una iglesia que le daba devoción, a cantar los maitines, el diablo levantó un muro en plena calle, impidiendo su paso. Pero el santo, sabiendo era cosa del maligno, trazó la señal de la cruz y la pared se desvaneció. Restauró la catedral y el culto a San Rómulo (6 de julio). Fundó la Asociación de la Santísima Trinidad, para fomentar la formación y espiritualidad de los sacerdotes y promover su celo apostólico. Siempre vestía su pobre hábito carmelita, el cual siempre llevaba bajo los más pomposos ornamentos litúrgicos, sin admitir se lo cambiasen salvo cuando ya se le caía a jirones. Y aun así, se procuró le enviasen un hábito de algún religioso fallecido. Predicaba al pueblo siempre que podía y en su mesa, aun siendo tan frugal, los pobres y miserables siempre tenían un sitio. Cada jueves sentaba a doce a su mesa, les lavaba y atendía personalmente, como Cristo. Imitó a San Gregorio Magno (3 de septiembre y 12 de marzo), haciendo un censo de los pobres de Fiésole, para atenderles personalmente o por medio de sus presbíteros. Y tanta era su caridad que en un reparto de pan, lo multiplicó milagrosamente, sin que faltara alguno en ser atendido y sobró. No se permitía faltar al coro de la catedral a las horas canónicas, y hacerlo por asuntos de gobierno o recibir visitas, le era una gran mortificación. Gustaba de oír los sermones de los religiosos, y siempre que podía visitar Florencia, acompañaba a sus hermanos de hábito en el convento del Carmen, a los que servía como un religioso más. Aunque estos al principio protestaron viéndole humillándose, le dejaban hacer por darle placer de ser el último de todos.

Fue un artífice de la paz entre las distintas familias enemigas de Florencia, entre ellas la suya propia. Predicaba constantemente por la paz y las buenas costumbres. Se cuenta que en una ocasión en que le prepararon un púlpito a las puertas de la catedral (se llenaba hasta los topes) para que predicase a más gente. Sabiendo que había entre los oyentes algunos enemigos entre sí, predicó y levantando los ojos al cielo invitó a todos viesen quienes les animaban a la lucha. Y todos vieron bandadas de cuervos enfrentándose a bandadas de milanos, desgarrándose, con lo que todos entendieron que las pugnas eran cosa del diablo. E hicieron las paces, alabando el pueblo al santo obispo por su intervención. Además, fue intercesor ante el emperador Carlos IV para que perdonase a los levantiscos florentinos. Por esta acción le nombró legado pontificio suyo el papa Urbano V, para que pusiese paz en Bolonia, donde antes lo había logrado efímeramente San Pedro Tomás. En Bolonia fue apresado por una facción que no quería la paz, pero los que lo hicieron enfermaron y padecían tantos dolores, que le dejaron libre, y el santo les visitó, sanándoles milagrosamente uno a uno. Y, claro, después de esto, hicieron la paz.

En 1372, teniendo el santo 71 años gastados en el servicio de Dios, quiso este darle el premio merecido por su labor, y antes quiso avisarle. Estando el día de Navidad del mismo año, listo para cantar la primera misa del día, como era su devoción, se le apareció la Madre de Dios y le dijo: "Llegado es el tiempo de tu deseado tránsito, Andrés, hijo mío. El día de la Epifanía vendré por ti y en mi compañía y la de los ángeles irás al cielo". Quedó Andrés muy contento con semejante anuncio, que comunico a Guidon, canónigo de su confianza. Celebró y predicó con singular júbilo. Pasó toda la mañana en éxtasis y luego de comer, se recostó aunque no se sentía mal, pero no volvió a levantarse del lecho. Desde allí se extendió la noticia y Fiésole en pleno, y media Florencia se fue a las puertas del palacio episcopal para acompañar al santo en su muerte. El santo gastó el tiempo que le quedaba en pedir perdón, repartir sus pocos bienes y en rezar los salmos y el santo rosario de la Virgen. En la mañana de la Epifanía, se iluminó su rostro de repente, cantó el “Nunc Dimitis”, y expiró dulcemente.

Los funerales duraron varios días, durante los cuales Dios obró varios milagros por parte de su siervo, y el cadáver permaneció flexible, oloroso y resplandeciente. El cuerpo fue enterrado en la catedral de Fiésole, aunque el santo quería ser enterrado en su convento de Florencia. A los quince días del entierro, los carmelitas lograron su traslado al Carmen de Florencia, donde lo introdujeron en la capilla de Santa Úrsula. No le enterraron, sino le sentaron en una sede, ricamente vestido, para que le venerasen los florentinos, mientras preparaban un lugar para sepultarle. Otros milagros ocurrieron al contacto con sus reliquias, fuera su cuerpo u objetos que utilizó, como su mitra o el báculo. En 1439 se rigió otro altar de más calidad y las reliquias fueron trasladas, verificándose varios milagros. En 1440 mostró su santidad y protección sobre los florentinos en la batalla de Anghiari, en la que se le vio en el cielo montado sobre un caballo blanco, alentando a las tropas florentinas contra las tropas de Piccinino. Fue tanto el fervor del pueblo, que al ir el clero a darle gracias a la iglesia del Carmen, estando mostrando sus reliquias, la gente clamaba “sancte Andrea, ora pro nobis”, dándole título de santo sin más trámites. Su culto fue promovido, mucho antes de ser beato, por el Beato Ángel Agustín Mazinghi (17 de agosto). En 1464 se presentó la súplica de canonización, pero no fue beatificado hasta 1629 y canonizado hasta el 22 de abril de 1724, por Benedicto XIII. El martirologio recoge su memoria a 6 de enero, pero su festividad fue puesta por Alejandro VII para la Orden y toda la Iglesia a 4 de febrero. Actualmente es a 9 de enero.


Fuente:
-“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678. 


A 9 de enero además se celebra a
San Adrián de Canterbury, abad
Beato Antonio Fatati, obispo.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...