Santa Theodechilde, reina y fundadora. 28 de junio, 16 de octubre (invención de las reliquias), 1 de mayo (traslación de las reliquias a Molesmes) y 10 de octubre (traslación de las reliquias a Mauriac)
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| Vidriera en la iglesia de Mauriac. |
Nacimiento e infancia:
Los orígenes de esta santa no están claros, pero según la “vita”
más conocida, fue hija de los reyes Clodoveo y Santa Clotilde (3 y 4 de junio). Hoy la mayoría de historiadores (Gobry, Prou, etc.) se inclinan por hacerla hija de Thierry, hijo de Clodoveo, pero prefiero dar aquí la versión tradicional con sus leyendas. Fue la quinta,
después de Ingomer, que murió justo después de ser bautizado, y Clodomiro, que
igualmente enfermó, pero sanó gracias a las fervientes oraciones de su madre. Luego
nacieron Childeberto y Clotario. Nació después de la conversión de su
padre, que sería bautizado el 25 de diciembre de 496. Nació Theodechilde, decía, en 498, cuando su madre tenía
24 años. Fue bautizada por San Remigio de Reims (1 de octubre), que le impuso
este nombre que en gaélico antiguo significa “hija de Dios”. Otras “vita” la
llaman Téchilde, que no es más que una contracción del nombre original. Nos
dice la leyenda que Santa Genovena (3 de enero) estuvo presente y más aún, que
fue su madrina. Fue la hija predilecta de Clodoveo por ser su primera niña,
aunque algunas versiones nos dicen que no fue la primera hija, sino la segunda,
pues la Beata Clotilde (3 de junio), la otra hija del matrimonio era
mayor.
Cuando tenía ocho años, vio a San Severino de Agaune (11 de
febrero) sanar milagrosamente a su padre, poniéndole su capa por encima, lo
cual le animó a acercarse al santo y ser instruida por este en la fe y la vida
monástica. Este detalle parece introducido por biógrafos tardíos, pues es de
pensar que a los 8 años ya su madre, muy piadosa, la habría instruido y
encaminado por los senderos de la fe y la caridad. Como fuese, con tan poca
edad hizo un voto de virginidad, con la intención de dedicarse exclusivamente a
Dios. Para poder seguirlo con libertad, se lo comunicó a sus padres, que no
solo la apoyaron, sino que además, la animaron a cumplirlo y le facilitaron su
deseo. Se aplicó a la lectura, la oración y a las obras de caridad, que sus
padres favorecían con largueza. Nada del mundo le satisfacía, dicen, y hallaba
el consuelo en sus pobres, sus oraciones, visitas a las iglesias; alejándose de
pompas, fiestas y torneos.
Primera obra por los necesitados, una conversión:
Su padre mandó edificar una basílica a los Santos Pedro y
Pablo en el Monte Leucotice, en acción de gracias por derrotar y asesinar a
Alarico, hereje de fe arriana “en nombre de Dios”. También conquistó tierras de
Borgoña y Auvernia por mano de sus hijos. En Montselis vivía y gobernaba
Basuolo, un noble galo-romano de fe arriana el cual, cuando se vio acorralado,
prometió lealtad a los francos, y abjurar de su fe arriana, a cambio de que le
dejaran vivir. Clodoveo lo permitió, e incluso le dejó seguir gobernando su
región, pero al ver se seguro, Basuolo les traicionó, ante lo cual fue apresado
y llevado a Sens, donde la niña Theodechilde le sería providencial, y veamos cómo. En 509 Santa Clotilde construye la iglesia de San Pedro-le-Vif en Sens, ciudad a la que Theodechilde acompañó a su madre. Allí veneró la tumba
de San Sabiniano (24 de enero) y las numerosas reliquias que su madre se había
hecho traer de Roma, como pelos de la Virgen, trozos de Lignum Crucis, y varios
huesos de santos. Le tomó tal afecto a esta iglesia, que con tan corta edad, ya
deseó que aquel fuera el sitio donde construir un monasterio para retirarse y
dedicar toda su vida a la oración. En Sens, como en París, Theodechilde practicaba
diariamente sus obras de caridad con los más necesitados. Entre estas obras
estaba visitar las prisiones y consolar a los que allí penaban, con socorro
material y palabras de consuelo. En una de estas prisiones Theodechilde vio a Basuolo,
condenado a muerte por traición. Se interesó en él y comenzó a asistirle
personalmente, a la par que le predicaba sobre la fe de Cristo. Al poco tiempo,
tocó el corazón del hombre, que renegó de la herejía y logró su conversión. Y no solo eso, sino que
este le prometió que él sería el primer monje de su monasterio si el rey le
perdonase.
Vuelta a París, Theodechilde pidió a su padre la parte de la
herencia real que le correspondía para edificar su monasterio, que sería dedicado
a la Santísima Virgen junto a la nueva iglesia de San Pedro. Clodoveo aceptó y
no solo le dio su parte, sino que le donó varios terrenos y algunas villas con
sus siervos para que pudiera emprender su obra. Viendo su buena disposición,
además, solicitó Theodechilde a Clodoveo la libertad de Basuolo, detallándole
su conversión y arrepentimiento. Aunque en principio se irritó y se negó, las
súplicas de la niña pudieron más y accedió a perdonarle a condición de que solo
saliera de la cárcel para profesar en el monasterio, de donde no saldría nunca
más. Y para asegurarse, más tarde despojó a los parientes de Basuolo de sus
tierras en Auvernia, para donarlas al monasterio de su hija.
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| Nuestra Señora de los Milagros. |
Nuestra Señora de los Milagros:
Antes de iniciar la construcción del monasterio, Theodechilde
quiso visitar la tierra de Auvernia que su padre le había concedido. San
Remigio la convenció, además, de que llevase algunos presbíteros para que predicara
a los sarracenos y herejes que aún había en lo que habían sido las posesiones
de Bausolo. Así hizo, y ella misma salía por los campos para visitar a los más
abandonados y alejados de la fe, para alentarles, socorrerles y atraerles a
Cristo. Se estableció en la zona de Mauriac, en el “Castrum Vetum”, un castillo
de la época romana, adaptado a las necesidades de su momento. Era una torre
alejada de la ciudad, en medio del bosque, donde la reina hallaba gusto en la
soledad, en los ratos que no dedicaba a los asuntos del mundo que aún la
retenían. Una tarde en que salió de paseo, vio una luz muy brillante que
descendía del cielo sobre el bosque, sin moverse. No se atrevió a averiguar que
era, sin antes pasar una noche en oración, pidiendo a Dios. Por la mañana se
adentró en el bosque, camino del punto donde caía la luz, y al llegar vio una
leona con tres leoncillos. Trazó la señal de la cruz, y las cuatro fieras se
postraron ante ella y desaparecieron. Esa noche tuvo una visión en la que
aparecían la Santísima Virgen con el Niño, y precediéndola San Pedro, que daba
una vela encendida a la Madre de Dios. Luego de presentarse ante Theodechilde,
tomaron camino del bosque, hasta el sitio donde antes había visto la leona y
sus cachorros. Allí, en medio de ángeles, la Señora señaló al suelo y
desapareció.
Al otro día, Theodechilde se encaminó al sitio y halló de
nuevo a las fieras, que le cedieron su sitio, alejándose en el bosque. Llegó Theodechilde
al punto exacto que había señalado la Virgen María y halló una piedra de mármol
con una vela encendida, la misma que San Pedro había dado a Nuestra Señora.
Junto a esta, había un pergamino escrito en hebreo, que la reina envió a San
Remigio, el cual lo envió al papa, que lo entregó a Boecio para que lo
interpretara. Según este, el texto decía: "Este lugar será el sitio de Temor
del Señor, y será una fuente de consuelo para los vivientes." Así que Theodechilde
entendió que San Pedro quería que, además del monasterio a su nombre, se
edificase un santuario a la Santísima Virgen. Por lo que la reina mandó
construir una capilla en honor de Nuestra Señora, poniendo como altar la piedra
de mármol y sobre este la vela inconsumible. En solo tres meses, los obreros
construyeron la iglesia, dándose el milagro que no se cansaban por más que
trabajasen, y cada uno rendía por cuatro. Fue bendecida por un legado del papa,
el 25 de diciembre de 507, y llamada Nuestra Señora de los Milagros. Para
presidirla, el rey Clodoveo envió desde Roma una imagen revestida en plata, que
habría sido tallada por San Marcos Evangelista (11 de enero, Iglesia griega; y 31
de enero, traslación de las reliquias a Venecia; 9, Iglesia copta, y 25 de
abril; 25 de junio, aparición en Venecia; 23 de septiembre, 3 de octubre, 8 y
30 de octubre, Iglesias Orientales). Esta fiesta de Nuestra Señora de los
Milagros se celebra aún en Mauriac el 9 de mayo, y el domingo siguiente a este
día. En 1631, por los 900 años de la fundación del monasterio
anexo a la iglesia de Nuestra Señora de los Milagros de Mauriac, se dedica una de las
capillas de la iglesia a la memoria de su fundadora, la reina Santa
Theodechilde. El 13 de mayo de 1855 la imagen de Nuestra Señora sería coronada canónicamente.
En otra ocasión halló Theodechilde un templo pagano dedicado
al dios Mercurio, donde se veneraba un ídolo de plata de este dios, que decidió
dedicar a la memoria del apóstol San Pedro, para cuya dotación, el papa Símaco
entregó a Clodoveo numerosas reliquias, como un dedo de San Pedro, algunos
cálices, y lo mejor, un grupo de monjes de San Benito para que fundasen
monasterio y evangelizasen la región. Pero Clodoveo no pudo hacer su entrega,
pues murió el 27 de noviembre de 511 en París, siendo enterrado en la basílica
de los Apóstoles de París, la que luego sería la abadía de Santa Genoveva, pues la santa parisiense sería enterrada allí cuatro meses más tarde que Clodoveo. Clotilde
le sobreviviría 40 años más, para sufrir inconmensurablemente desgracias y
tragedias familiares, que sobrellevó con entereza cristiana.
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La santa, vestida de religiosa, según su urna relicario. |
El monasterio:
Vuelta a Sens, Theodechilde comenzó la construcción de su monasterio, luego
de la muerte de su padre y el matrimonio de su hermana la Beata Clotilde se
casara con el feroz príncipe español Amalarico. Lo dotó con todas las tierras,
villas y siervos que su padre le había dejado, con todos los privilegios,
pontazgos, rentas e impuestos que de estas propiedades se derivaran. El papa San Félix
IV (30 de enero y 22 de septiembre), años más tarde, le otorgaría numerosos
privilegios eclesiásticos y regalaría numerosas reliquias.
El monasterio fue bendecido por San Heracles, obispo de Sens (8 de junio y 9
de julio en Sens), y Theodechilde puso como abad a San Amalhert (7 de junio). El
primer monje en profesar, como había determinado Clodoveo, fue Basuolo, que fue
sacado de la cárcel directo al monasterio. Algunos, como los Bollandistas,
suponen que entró en calidad de hermano lego, pero algunos “historiadores” le
ponen como segundo abad. Una leyenda, que se lee de otras iglesias monásticas,
nos dice que el día antes de la consagración de la iglesia, San Heracles y
muchos obispos permanecieron toda la noche cantando alabanzas e impetrando las
bendiciones divinas, acompañados del pueblo, oyéndose desde medianoche melodías
celestiales, sin que se supiera desde donde venían. A la mañana, al comenzar la
consagración, los obispos advirtieron que el altar aparecían grabadas las
prescriptivas cinco cruces de las esquinas y el centro, y que manaban aceite.
Fue de común asentimiento que los mismos ángeles habían consagrado el altar y
la iglesia.
Las monjas llegaron al monasterio de manos de San Heracles, que les dejó
medio edificio, para que compartieran la iglesia con los monjes. Los
monasterios mixtos fueron frecuentes en la Edad Media. Ambas comunidades
compartían la iglesia y vivían separados, cada una gobernada por un prior y una
abadesa, respectivamente, y por un abad que mandaba sobre todos. Los monjes no
podían pisar el suelo de las monjas, y viceversa. Incluso los obispos podían
ser vetados a entrar. Las monjas atendían la iglesia, para lo cual, los monjes
primero salían de la iglesia y cerraban las puertas que daban a su parte del
monasterio. Sin embargo, en los hospitales u hospederías, ambos compartían el
trabajo y la atención a los necesitados y peregrinos.
Se dividen los estudiosos con respecto a la consagración religiosa, o no, de
Theodechilde. Los más píos dicen que tomó el velo, igualmente de manos de San
Heracles, en atención al voto de virginidad, que la leyenda pone en su corazón pero
la mayoría sostiene que su papel en realidad se ciñó al de fundadora. El oficio
litúrgico en su honor, compuesto en 1658 la llama fundadora, pero no aclara si
fue religiosa igualmente. Como fuese, en el coro de las monjas, aún en 1671 se
veneraba la “sede” de Santa Theodechilde en el coro de monjas. Pero bien puede
ser que la reina tuviese privilegio de rezar con las monjas en el coro. La
iconografía no es que ayude mucho, pues igualmente se le representa como reina,
que como monja, incluso como abadesa, siendo que no lo fue.
Sufrimientos familiares:
Varias muertes de cercanos tuvo que soportar Theodechilde. En 521 murió San
Heracles, siendo sucedido por su hermano San Pablo, obispo (6 de enero).
También pasó por el ajusticiamiento de su primo San Segismundo de Borgoña (1 de
mayo), en 524, a manos de Clodomiro, el hermano de Theodechilde. Sufrió la muerte de su hermana, la Beata Clotilde, a la que su
marido arriano trataba peor que una esclava, martirizándola constantemente a
causa de su fe católica. Cansado de estas vejaciones, su hermano Childeberto se
fue a España con un ejército, y mató a Alarico II, llevándose a su hermana y robándole,
además, un buen tesoro con el que Alarico pretendía huir. Clotilde no llegó
a París, murió de sufrimientos en el camino. Pero las muertes más horrorosas que
padeció fue en 529, y fueron las de sus sobrinos, Theodebard, y Gonther, hijos
de Clodomiro, a manos de sus tíos Childeberto y Clotario, que los sacaron de la
protección de la reina Santa Clotilde, para según ellos, educarlos. Clotilde
quería que heredaran la parte del reino que había sido del padre de los niños,
pero sus tíos prefirieron asesinarlos. Solo pudo salvarse Clodoaldo, el tercer
hijo, que fue salvado por guardias leales a Clodomiro. Siendo un jovencito
entró en religión, alejado de los líos de la corte. Santa Clotilde enterró a sus
nietos en la basílica de los Apóstoles en París, junto a Clodoveo. Clotario se
casaría, por cuarta vez, con Santa Radegunda (13 de agosto). Murió en 561, pero
antes de eso estrangularía a su hijo Cramne, y quemaría vivos a su nuera y sus
tres nietos. Finalmente, el 12 de enero de 533, murió San Remigio, dejando un recuerdo
inmortal en Theodechilde y en todos los territorios francos. En 544 murió su
madre, la santa y sufrida reina Santa Clotilde, en Tours, mientras visitaba la
tumba de San Martín de Tours. Childeberto, a quien la Iglesia francesa puso en
los altares con el título de Beato, murió en 558 y su memoria se celebra a 29 de noviembre.
Muerte y culto:
Todos los que elogian a Santa Theodechilde insisten en sus
virtudes, especialmente su amor a la pureza y a la oración. Además, resaltan
sus penitencias, austeridad personal, pues a pesar de vivir en el mundo y ser
reina, o princesa, desechó todo lo que fuera innecesario y lujoso. Así, luego
de una vida entregada a Dios y a la Iglesia, el 28 de junio de 560, vísperas de
la solemnidad de su amado San Pedro, este se le apareció por última vez y la
preparó a morir. Esa misma tarde, expiró dulcemente. Fue enterrada con gran solemnidad
y asistencia de clero y pueblo, en la iglesia monástica de San Pedro de Sens, a
la izquierda del altar mayor.
El culto a Santa Theodechilde está bien documentado, siempre en torno a su sepulcro, ante el cual los monjes y monjas veneraban a su fundadora. La primera “vita” parece ser obra del abad Agnilenio, quien también introdujera la Regla de San Benito en el monasterio. En 939 los húngaros devastaron parte de los reinos francos, y llegaron hasta Sens. Los monjes de San Pedro huyeron llevándose todos sus tesoros y reliquias sagradas, excepto el cuerpo de San Sérotin (31 de diciembre), y el de Theodechilde, que no fueron descubiertos. En 957 un desalmado llamado Arquembaud se autoproclamó obispo de Sens, y sobornó al papa Juan XII para que este confirmase su mandato. En contubernio con otro sinvergüenza, el abad Notrannio, vendieron el monasterio, sus terrenos, fincas y villas, y se apropiaron de todo el dinero, las reliquias y tesoros del monasterio, expulsando a los monjes, salvo a cinco que Arquembaud dejó como siervos suyos. Instaló su dormitorio en el bello refectorio de los monjes, y sus caballos y halcones en la iglesia. Y lo que no hizo el papa, lo hizo Dios, a decir los cronistas: la primera noche de esta profanación del templo, todos los animales de Arquembaud murieron. No le importó al personaje, y siguió ocupando el monasterio, ni se le apareció San Sabiniano y le exhortó a reconocer su falta. Así pues, una noche, todos los tunantes que le hacían la corte a Arquembaud oyeron unas voces del cielo que decían “no sufriremos más la desolación de este santo lugar, que santificamos con nuestro martirio”, entendiéndose que eran las voces de Sabiniano, Sérotin, Altin, Eodaldo, Victorino, Félix, Auberto y Potenciano (31 de diciembre), protomártires de Sens. Acto seguido se oyó un gran trueno, que mató en el acto a Arquembaud, con la cuirosidad que le arrancó hasta la ropa. Descalabro total: huyeron los maleantes y regresaron los monjes.
En el siglo X comienza el interés de los monjes por dar a conocer a su fundadora, logrando reconocimiento de su culto, para lo cual se escriben varias “vitae”. El monje Odorano, artista y filósofo, escribe la primera “Historia del Monasterio de San Pedro-Le-Vif”, en la que dedica varios capítulos a la vida y virtudes de Theodechilde. En el siglo XII aparece la primera crónica que llama “santa” a nuestra reina, destacando su voto de virginidad y su entrega a la obra del monasterio y de la Iglesia en general. Entre los siglos XI y XIII, el monasterio gana en prestigio y en privilegios. Varios reyes y papas dan o confirman posesiones, prebendas, e indulgencias. Algunos incluso visitan las santas reliquias y veneran la sepultura de su fundadora. Incluso Alejandro III vivió en Sens durante dos años, y gustaba de celebrar las solemnidades y recepciones en el monasterio. A inicios del siglo XIII la iglesia se incendia dos veces, y en ambos casos las reliquias de Santa Theodechilde se salvan del incendio.
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| Lápida de la primitiva sepultura de la santa. |
Primer culto público a las reliquias:
En 1240 se reforma la iglesia y el monasterio, al gusto gótico del momento. Con esta reforma, el abad Geofredo de Montigny abre la sepultura de Santa Theodechilde, reconoce las reliquias, sella la tumba y coloca una lápida nueva, con un elogio a la reina. Deja fuera la cabeza, que coloca en un busto relicario de plata para que fuera venerado por los monjes. Este puede considerarse el primer gesto de culto público a Santa Theodechilde y por tanto, tenerse como su beatificación. También traslada los restos de Basuolo y los pone en una sepultura en la pared, junto a los de Theodechilde, con una inscripción en la cual le llama “beato”, aunque bien pudiera ser en calidad de “bendito”, “bienaventurado”.
A partir de esta renovación de la sepultura, el culto a Santa Theodechilde se hace cada vez más público y fuerte. Se le dedica el 28 de junio, víspera de la fiesta del monasterio, que pasa poco a poco de ser una conmemoración a ser una fiesta más del monasterio. El busto relicario pasa a presidir un altar, junto a las reliquias de San Potenciano. En el siglo XIV un ritual propio de Sens ya nombra a 28 de junio a “santa Theodechilde, reina, que fundó el monasterio de San Pedro, apóstol". Su nombre pasa a las letanías por los agonizantes y necesidades públicas de la diócesis. En el siglo XV ya se veneran extentas del cuerpo otras reliquias, como el brazo o una costilla. Estas reliquias se perderían en 1567, cuando los herejes hugonotes saquean e incendian la iglesia del monasterio. Solo se pudo salvar la cabeza de la santa, en su relicario.
Invención y traslaciones de las reliquias:
El
16 de octubre de 1643, se saca el cuerpo de la primitiva tumba y se
coloca en uno de los altares laterales, y el obispo permite de modo
oficial se celebre su fiesta en el monasterio y la diócesis a 28 de
junio. Este hecho hizo que Santa Theodechilde gozara de pleno culto
público, lo que contribuyó a la extensión de su devoción. Con este motivo se trasladan reliquias a Mauriac
desde Sens. Estas reliquias de Mauriac serían profanadas y quemadas junto a otras en 1793.
En 1851 una asociación de fieles restauraría la iglesia, el culto a Santa
Theodechilde y en 1877 se volverían a venerar otras reliquias. En 1881 se
inaugura una nueva capilla en honor a la reina fundadora. Otras reliquias fueron dadas a la reina Ana de
Austria, que las dio a la princesa Luisa María de Francia, que las donó
posteriormente a las carmelitas de Autún.
En
1646, se llevan unas reliquias a la iglesia de San Román de Sens. En
1647, otras reliquias se donaron a la colegiata de Andelys, y fueron
puestas junto a unas de su madre Santa Clotilde, que ya se veneraban
allí. En 1648 el abad Severino de Lanchy bendice una nueva arqueta de
madera y oro para contener las reliquias. En 1667 el monasterio de
Molesmes adopta la reforma benedictina de la Congregación de San Mauro,
por la influencia del monasterio de San Pedro de Sens, de esta misma
congregación benedictina, y el 1 de mayo de 1713 recibieron solemnemente
unas reliquias de Santa Theodechilde y de algunos mártires, enviadas
desde Sens. En 1791, cuando el monasterio fue incanutado y la iglesia
convertida en parroquia, las reliquias pasaron a la iglesia, donde aún
se veneran.
En 1709 los Bollandistas la incluyen por primera vez en el
Acta Sanctorum. En 1794 Lomenie de Brienne, arzobispo de Sens y adepto a la
causa de la Revolución Francesa, demolió la iglesia de San-Pedro-le-Vif por ser
un “foco de ideas refractarias”. Las reliquias de Santa Theodechilde se
salvaron de semejante barbaridad porque en 1791, habían sido escondidas en el
tesoro de la catedral, por miedo a la Revolución. De allí las sacó, junto a
otras reliquias, un orfebre en Sens, católico fiel, de nombre Tomás, que las escondió
en su casa. En 1835 fueron llevadas a la iglesia de San Pedro le Rond, la cual
había comprado el mismo orfebre a sus expensas para preservarla de la
demolición y el saqueo. En 1878, cuando las religiosas del Buen Pastor de
Angers se hacen cargo del deteriorado monasterio de San Pedro, en Sens, las
reliquias de la santa volvieron a su sitio, y fueron puestas en la capilla de
las religiosas, edificada en el sitio martirial de San Sabiniano, que había
sido respetada por los revolucionarios. Y allí se veneran actualmente.
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