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sábado, 24 de abril de 2021

Santa Nicolosa Bursa, abadesa.

Santa Nicolosa Bursa, abadesa. 24 de abril.

Nació a inicios del siglo XV en Koper, Eslovenia. Durante su juventud su familia se estableció en Venecia, por razones desconocidas. Tomó el hábito religioso en el monasterio benedictino de San Sérvulo de Venecia. Fue una religiosa fiel a la Regla, la cual hizo cumplir fielmente a las demás monjas desde que fue elegida abadesa en 1465. Su reforma de las costumbres y renovación material y espiritual del monasterio, hizo que en 1505 fuese trasladada al monasterio de San Juan de Letrán, también en Venecia, para revitalizarlo. A la par, inauguró una escuela para niñas y jóvenes, que tendría gran prestigio.

Subió al cielo el 24 de abril de 1512. Y poco más podemos decir de su vida. Mas lo interesante viene ahora. En 1524 el monasterio se trasladó a un viejo convento de Santa Ana, y las monjas desenterraron a Nicolosa, quien tenía ya fama de santa, para llevarse las reliquias al nuevo recinto. El cuerpo fue hallado incorrupto y emanando un agradable y penetrante olor. Se hizo un reconocimiento de los restos, documentando el hecho. En 1689 volvió a abrirse el sepulcro y nuevamente se comprobó la incorrupción, constatando además la elasticidad de la piel, cosa nada común en los incorruptos. Y no solo eso, sino que su cuerpo aún hoy emana bioenergías. En 1700, tras una nueva inspección, el cuerpo se colocó al culto público en una urna con vistas a la iglesia del monasterio.

En el siglo XIX, tras la disolución de la vida monástica en Venecia, las monjas se llevaron el cuerpo a Vodnjan, Croacia, donde se venera. También se llevaron otras numerosas y estrafalarias reliquias, como una lengua de Santa María la Egipcíaca o la tráquea de San Sebastián. Además, se veneran los cuerpos incorruptos de San León Bembo, San Pablo de Constantinopla y San Juan Olini. Ni estos ni Nicolosa han sido canonizados nunca, pero su culto está permitido por la iglesia local y se les llama santos, popularmente.

Fuentes:
-https://www.heiligenlexikon.de
-
http://zupavodnjan.com

A 24 de abril además se celebra a









 

domingo, 15 de diciembre de 2019

Sierva de María y no reina en el mundo.

Venerable Ana Catalina de Austria, duquesa y religiosa. 15 de diciembre.

Nació el 17 de enero de 1566 en Mantua. Sus padres fueron el Duque Guillermo de Mantua y Montferrato y la princesa Leonor de Hasburgo. Fue una niña muy piadosa y devotísima de la Santísima Virgen luego de que esta la librara milagrosamente de morir enferma.

Aunque su deseo era consagrarse al servicio de Nuestra Señora, la cual alguna vez se le habría aparecido, en 1582 fue prometida al archiduque Fernando II de Austria, tío suyo. Ana Catalina aceptó obedientemente y se resignó a cumplir la voluntad de su padre. A cambio, solo pidió que su padre liberara a 15 presos, donara bienes a 15 iglesias y diera cuantiosa limosna a 15 mendigos en honor de la Santa Virgen. El numero 15 habla de su devoción al santo rosario.

La boda ocurrió el 14 de mayo de 1582. Tuvieron cuatro hijas, todas enfermizas, tanto que para ellas Ana tenía un libro de recetas especial, con una dieta estricta, para evitar enfermedades y alergias. La ausencia de un hijo varón que asegurara el linaje y la sucesión enrareció la relación del matrimonio, y Fernando tendría numerosos ataques de ira por ello, como si su mujer fuera la culpable. Ella solo rezaba y sufría en silencio. El hijo varón nunca llegó y Fernando finalmente se resignó a ello y en 1595 murió luego de pedir perdón a nuestra beata por sus injustificados malos tratos y humillaciones.

Ya viuda, Ana Catalina se concentró en la educación de sus hijas y en la vida piadosa. A las niñas las preparó para el claustro o para alcanzar excelentes matrimonios. Fueron mujeres muy cultas y piadosas, dotadas para la música y el arte. Ella misma dejó todas sus galas, se enfundó en una túnica negra y una toca blanca, portando solamente un rosario al cuello, sin volver a usar nunca más una joya, y todas las que tenía las dio a los pobres. Convirtió su habitación en una especie de celda monacal, totalmente desnuda y con solo un jergón de paja. Camas, muebles, cortinas, todo fue vendido para los pobres. Toda la corte fue sumiéndose en aquella piedad, fuera por convicción o por no perder privilegios, y llegó a tener el aspecto de un monasterio.

Además de la piedad constante, la caridad se hizo presente más aún. Ella misma alimentaba a los pobres cada día, atendía a los enfermos que venían por limosna o los visitaba en los suburbios. Se hacía acompañar de algunas de sus hijas, a las cuales enseñaba como debían servir siempre a Jesucristo en los pobres. Donó numerosas propiedades y dinero a las iglesias de Innsbruck, y con ello promovió el arte barroco, propio del momento. Entre todas estas obras sobresale construyó el convento de las servitas de Innsbruck, el cual le fue solicitado por la Madre de Dios en una visión. Para ello reformó uno de sus castillos, dotándolo con una bella iglesia. Esto lo hizo no sin grande oposición de los nobles, quienes veían en ello un gasto demasiado grande e innecesario.

Tanta guerra le enfermó y postrada en cama supervisó los trabajos de construcción. Pero su perseverancia tuvo su fruto: la Virgen se le apareció y la curó instantáneamente, mandándole que tomara el hábito de religiosa servita. Y no fue el único portento relacionado con el convento. Un día hubo un deslizamiento de tierra y un obrero quedó sepultado por el lodo. Solo al otor día se puso excavar y el hombre fue hallado con vida y ni siquiera estaba herido. Una vez terminado el monasterio de las terciarias servitas, la otrora archiduquesa se convirtió en religiosa tomando el nombre de Ana Juliana, abandonando para siempre el mundo. Su hija María, viuda, le seguiría al poco tiempo.

Vivió en el convento como había vivido sus últimos años: orando y trabajando por los demás, sin jamás hacer prevalecer algún privilegio por sus títulos, familia o ser la fundadora del convento. Fueron años de varias gracias místicas y vida de intensa oración. Finalmente Ana Catalina entró al cielo el 14 de diciembre de 1621. En 1693 se inció el proceso de canonización con la elevación de las reliquias a un altar por parte del obispo Johann Franz, caso insólito en el siglo XVII, donde ya las normas eran muy estrictas con respecto esto. Nunca fue canonizada, pero las monjas servitas de su convento celebraron su memoria siempre y promovieron su culto.


Fuente:
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.

A 15 de diciembre además se celebra a:

San Mesmin, fundador.
Beata Hadewych, mística.


domingo, 9 de octubre de 2016

San Luis Bertrán, protector de los desvalidos.

San Luis Bertrán, presbítero dominico. 9 de octubre.


Pila bautismal de los santos.
La tradición dice que los ahí bautizados
no morirán por accidente.
Infancia y juventud.
Nació en Valencia el 1 de enero de 1576, en una casa junto a la iglesia de San Esteban, en la que fue bautizado a los pocos días, y en la misma pila bautismal en la que lo fue San Vicente Ferrer (5 de abril y segundo Lunes de Pascua), pariente suyo por parte de madre. Cuando pequeño y lloraba, solo tenía consuelo cuando le llevaban a las iglesias y veía las imágenes y sobre todo a Nuestra Señora. A los 15 años eligió por confesor a Fray Ambrosio de Jesús, un religioso mínimo, que le encaminó en la oración, la penitencia sin descuidar el estudio. Sobre esta edad recibió la primera comunión. A los 16 años se escapó de su casa para peregrinar a Santiago, pero su familia le alcanzó en Bunyol, obligándole a regresar. Su padre le permitió ser clérigo, y Luis se dedicó a servir en el Hospital de la Ciudad, sirviendo a los pobres día y noche. Para poder comulgar frecuentemente ideó la estratagema de ir a diferentes iglesias y así comulgar sin llamar la atención por la frecuencia. Pero su confesor le regañó por actuar con doblez y no lo hizo más.

Religioso dominico.
A los 17 años determinó tomar el hábito dominico, pero sus padres se opusieron por su débil salud. Entristeció el joven que, de vez en cuando, se escondía en una capilla del claustro para ver a los religiosos, oír sus cantos y en ocasiones escuchar las pláticas del maestro de novicios. Finalmente, viendo sus padres la melancolía de Luis, le dieron su bendición para ser fraile. Tomó el hábito el 26 de agosto de 1544, pero aún así tuvo que defender su vocación dominica ante su padre, que le quería pasar a la Orden Jerónima, mucho menos austera. Luego ocurrió que el demonio tentó a un seglar prominente que soltó un chismorreo acerca de Luis, por lo que el prior determinó quitarle el hábito y mandarlo a su casa, pero Luis clamó al cielo y el mentiroso se desdijo y Luis pudo profesar el 27 de agosto de 1545.

Fue ejemplar religioso, muy penitente, austerísimo aún en el trato y las conversaciones, pues jamás dijo alguna palabra para provocar risa o gracia. Se disciplinaba siempre que le permitían, y tanto que la sangre salpicaba las paredes, y llevaba varios cilicios. Siempre llevaba los ojos bajos, las manos recogidas y el pensamiento puesto en Dios, quiso dejar el estudio y ser solo un Hermano Lego porque decía que el estudio le distraía de la contemplación, pero no se lo permitieron y con los años confesó que eso era tentación del demonio. E hizo bien, porque fue un docto religioso, muy versado en la Escritura y la doctrina de Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias). Fue ordenado presbítero en 1547 por Santo Tomás de Villanueva (22 de septiembre y 10 de octubre) y fue destinado al convento de Santa Cruz de Lombay. Allí tuvo una revelación de que su padre moría, y partió a Valencia antes que llegara el mensajero con la noticia y ayudó a bien morir a su padre. Sufrió purgatorio muy doloroso, según supo Luis por gracia de Dios, viendo los tormentos que padecía: era arrojado de una torre, le molían los huesos, le apuñalaban, etc., así durante ocho años durante los cuales el santo ofreció la misa, se disciplinó duramente hasta que le vio subir a la gloria.

Maestro de novicios.
En 1549, con 23 años de edad fue nombrado Maestro de novicios, oficio que ejerció con gran ejemplo para sus religiosos, aunque conocida es su severidad y aspereza para con los nuevos religiosos. Pero si les disciplinaba, luego lo hacía él el doble. Conocido es que aunque les animaba a perseverar, al mismo tiempo les quitaba el hábito a la primera que no mostraban juicio u observancia religiosa. Siempre que echaba a uno preguntaba a los demás quien quería volver al mundo. Con solo mirarles, atinaba si tenían devoción o la fingían, y les echaba. No soportaba a los mentirosos, los holgazanes o los escrupulosos, a todos les echaba. Quería novicios y religiosos santos y sabios, por lo que insistía en la claridad de mente, la inteligencia y la perseverancia en el estudio para ser un buen hijo de Santo Domingo; eso para los que serían presbíteros, a la par que a los novicios que iban para Legos, les daba algún libro piadoso o las Constituciones de la Orden, diciendo que con eso les bastaba, para preservarles su sencillez y simpleza. Quiso estudiar en el célebre convento salmantino de San Esteban de los dominicos, para tener título universitario, pero su prior, Fray Micón le hizo desestimar aquello como algo no necesario para formar novicios. Insistió, pero un fraile de la Orden le dijo no era la voluntad de Dios, sino que se complacía en que formase a los novicios.

En 1557 se destacó como predicador y auxilio de los pobres durante una epidemia en Valencia. Se prodigó socorriendo, enterrando difuntos, repartiendo pan y limosnas, predicando y celebrando devociones y haciendo penitencia pública. En su mismo convento murieron 22 frailes, entre ellos el prior, Fray Miguel de Santo Domingo, que no se había reservado en los actos de caridad. Dios le reveló a Luis que había entrado en el cielo por su gran caridad. A una mujer cuyo hijo le pidió el demonio en forma de fraile para "hacerle santo", Luis le contó la verdad: era un diablo que le quería arrebatar a su hijo. En 1560, terminada la peste, atracó en Valencia una flota de moros para tratar el rescate de los cautivos cristianos que poseían. San Luis dijo a sus novicios: "¿Cómo se puede sufrir que los enemigos de Jesucristo, se paseen por esta ciudad, y se gloríen de pasar entre cristianos? A nosotros toca, hermanos, terminar este negocio. Arrodillémonos todos y vueltos hacía la mar digamos con devoción contra los moros el salmo que compuso el santo rey David contra los enemigos del pueblo de Dios". Y una vez que se hizo el cambio, y los moros emprendieron viaje una tormenta los echó a fondo.

Ese mismo año al parecer recibe una carta de la Madre Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación) en la que, la santa le consulta su intención de fundar un convento más austero y sencillo, donde servir a Dios. Y digo “al parecer”, porque dicha carta no se conserva, pero sí que se conoce la respuesta que habría dirigido a la Santa: "Madre Teresa, recibí vuestra carta, y porque el negocio sobre que pedís mi parecer, es tan en servicio del Señor, he querido primero encomendárselo en mis pobres oraciones y sacrificios, y esto ha sido la causa de haber tardado en responderos. Ahora os digo en nombre del mismo Señor, que os animéis para tan grande empresa, que Él os ayudará y favorecerá: y de su parte os certifico que no pasarán cincuenta años que vuestra Religión no sea una de las más ilustres en la Iglesia de Dios". Personalmente tengo dudas sobre su autenticidad, sobre todo porque en 1560, la Santa Madre no pensaba ni por asomo ni reformar la Orden del Carmen, ni mucho menos fundar una Orden nueva.


San Luis bautiza a un indito.
Apóstol de Indias.
Pasaron por Valencia dos frailes, misioneros en Indias, y contaron a los religiosos la falta que hacían apóstoles de Cristo en Nueva Granada (la actual Colombia y Venezuela) y Luis enseguida supo que Dios le quería para ello, aunque fuera para morir comido por los infieles, como muchos creían que pasaba. El deseo de salvar almas creció en él con gran ímpetu, y el primer Sábado de Cuaresma de 1562 salió de Valencia con otros religiosos rumbo al Nuevo Mundo. Llegaron el 28 de septiembre del mismo año y apenas desembarcar, un indio corrió hacia él para que bautizase a su hijo que se moría y quería que se salvase. Habitó en el convento de San José que los dominicos habían fundado en Cartagena de Indias y desde allí misionó en Cipacoa, Sierra de Santa Marta, Tubara, Tuneara, Tenerife, Mompoix y Pelvato. Predicaba constantemente y tuvo Dios de lenguas, pues los indios le entendían en su propia lengua, obrando muchas conversiones. A pesar del clima, los trabajos, el hambre…, nunca abandonó sus penitencias, ayunos y horas de contemplación. Amansaba a las fieras que se cruzaba en la selva solo con hacer la señal de la cruz. Famosas fueron sus predicaciones de Cuaresma y Semana Santa en Cartagena, donde convertía, reconciliaba y denunciaba a los que maltrataban a los indios.

En Tubara convirtió a los indios y desterró a un demonio que les asustaba para que no se adhirieran a Cristo. Un indio polígamo que reprendió le lanzó una saeta, que cayó a los pies del santo como detenida por un escudo invisible. A otro que había sido sacerdote de los dioses, le libró del demonio y le ayudó a bien morir luego que la Virgen del Rosario le advirtiera del peligro al que estaba sometido el indio. Los indios, testigos de su éxtasis, le veneraban en vida y escuchaban hasta sus más sencillas palabras como si vinieran del cielo. Y es que a su ejemplo sumaba los portentos: atraer o alejar la lluvia, cruzar rezando el rosario él y sus compañeros el río Cinoga, que estaba crecido y salir ilesos. Se le vio predicando y a su lado asistiéndole aparecían San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal) y Santo Tomás de Aquino. Otro día mientras se disciplinaba abrazó un árbol y al separarse dejó impresa la huella de una cruz, que convirtió a muchos. Por la conversión de los indios ofrecía la penitencia de quitarse la camisa por las noches, dejando que le picaran los mosquitos, a los que decía: "Hermanos mosquitos, ya habéis comido suficiente, dejad sitio a vuestros compañeros".

También tuvo enemigos, como aquel indio que le dio a beber un veneno y que el santo lo tragó sin sucederle nada, salvo que al cabo de cinco días vomitó algunas culebras pequeñas. También, por su protección a los indios, un español apuntó su arcabuz para dispararle y el cañón de este se transformó en un crucifijo. Y a su iconografía han pasado estos milagros.

De nuevo España.
Su pelea con los encomenderos y su defensa por los indios (en ocasiones se los sacaban de la iglesia para que fueran a trabajar) melló su firmeza y en 1569 regresó a España. Volvió a Valencia como un fraile más y de allí le destinaron en 1570 al convento de San Onofre como prior. En 1575 regresó a Valencia como prior, continuando dando ejemplo a los religiosos. En una ocasión, se fue a la celda que había sido de San Vicente Ferrer y ante su imagen se desahogó: "Padre San Vicente, me me han hecho prior de esta casa, habiendo en ella personas muy dignas. Yo renuncio el Priorato en vuestras manos. Sed vos el prior, mandad y regid a vuestro modo, que yo seré subprior y gobernaré según vuestras órdenes". Y quiso besar las plantas del santo, cuando la imagen de San Vicente se animó y doblándose, le abrazó.

Fue amigo del franciscano Beato Nicolás Factor (18 de agosto), el cual durante un éxtasis en público exclamó: "Yo no soy santo, pero Fray Luis Bertrán sí". Y aquí que ocurrió que a los pocos días, cuando Luis predicaba en la catedral de Valencia enseñó a los fieles que no todos los arrobamientos eran divinos, algunos entendieron que hablaba mal de Nicolás, juzgándole por falso místico. Ambos amigos pusieron rápidamente fin al malentendido. Se cuenta que el 29 de septiembre de 1579, al salir de maitines se le aparecieron los Santos Padres San Francisco (4 de octubre; 17 de septiembre, la Impresión de las Llagas, y 25 de mayo, traslación de las reliquias) y Santo Domingo (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre "in Soriano"), que le bendijeron y le consolaron en sus pesares, enfermedades y tentaciones del demonio. Porque mucho le atacó el maligno, apareciéndosele en forma de perro que le impedía llegarse al agua bendita a persignarse.

En 1581 los achaques se le arreciaron, perdió visión, agudeza, oído, teniendo que suspender algunas predicaciones que ya tenía concertadas. A finales de verano tuvo que guardar cama, y le administraron el viático, estando presente el Arzobispo de Valencia, San Juan de Ribera (14 de enero). Profesó su fe católica, pidió el auxilio de la Virgen del Rosario y sus santos dominicos y franciscanos. Comulgó con ardor y luego tuvo una leve mejoría. Gustaba de las visitas de los demás religiosos, a los que pedía perdón y besaba las manos, a la par que impedía besaran las suyas, huyendo de reverencia alguna. Un religioso que pretendió tomarle las manos, le quitó las sábanas y vio que tenía bajo la espalda un ladrillo. Le preguntó que era aquello, estando tan mal de salud. "Hermano mío, ya se acerca la jornada y es menester mucho para ir al cielo. Mas, mire que le conjuro que no de parte de esto a persona del mundo", fue la respuesta.

San Juan de Ribera le llevó consigo a Godella, donde tenía una casa de descanso, y allí le servía de su mano, le complacía y entretenía. Volvió a Valencia cuando agravó y fue hospitalizado en el Hospital de los Clérigos, y luego a su convento, al ser previsible su muerte. El 6 de octubre reveló que moriría en cuatro días. El día 9 un franciscano que no alcanzó a conocerle, le vio por revelación siendo protegido por Santo Domingo, Santo Tomás de Aquino y San Pedro Mártir (6, 29 y 30, en Canarias, de abril, y 4 de junio, traslación de las reliquias). A las 10 de la mañana del 9 de octubre dijo al arzobispo: "Despídame, que ya me muero", pidió a los religiosos rezasen por él las típicas oraciones de la Orden por sus difuntos y expiró suavemente, al tiempo que se vio una luz sobrenatural sobre él, y un olor suavísimo emanó de su cuerpo. 9 de octubre de 1581. Varios días duraron los funerales, durante los cuales el pueblo acudió en masa para venerarle y llevarse, como no, reliquias de su hábito o tocar objetos a su cuerpo. Llegó la histeria a tanto que al ir a enterrarle, fue necesario apartar con antorchas a la multitud que le arrancaba el hábito. Y aún así algunos prefirieron les quemaran las manos, quedando el cuerpo casi desnudo. Esa noche cuatro religiosos bajaron a la cripta y le vistieron decentemente, hallándole flexible y emanando un leve resplandor.

En 1582 se exhumó el cuerpo y fue hallado incorrupto, fue sepultado de nuevo y junto a él se pusieron los huesos de sus padres, enterrados en la iglesia de San Juan del Mercado. En esta ocasión Felipe II se procuró un escapulario hecho con el escapulario del santo fraile, para protección de su hijo mayor. En 1585 se inició el proceso de canonización, impulsado por el arzobispo Ribera. El papa Pablo V le beatificó el 19 de julio de 1608, y el 18 de noviembre del mismo año la Ciudad de Valencia le nombró patrono de la misma. Alejandro VII le nombró santo patrono del Nuevo Reino de Granada. Clemente X le canonizó el 12 de abril de 1671. Su cuerpo fue profanado y desapareció durante la persecusión religiosa en España luego de 1936, aunque algunas reliquias se conservan en la catedral valenciana. 

En Cuba se le considera protector de los niños, especialmente contra "el mal de ojos", siendo costumbre que su oración sea puesta bajo las sábanas de los infantes.


Fuentes:
-"Santos, Bienaventurados, Venerables de la Orden de los Predicadores". Volumen Primero. FR. PAULINO ALVAREZ. O.P. Almería, 1919.
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.
-"Compendio histórico de las vidas de los Santos canonizados y beatificados del Sagrado Orden de Predicadores". FR. MANUEL AMADO. O.P. Madrid, 1829.


A 9 de octubre además se celebra a 
Santa Publia, abadesa. 
Santos Andrónico y Anastasia, esposos y monjes.

miércoles, 15 de junio de 2016

San Pedro “Compadre”

San Pedro "Compadre", franciscano. 15 de junio.

Celebraba la ciudad de Oviedo, España, la memoria de “san” Pedro, llamado "Compadre", que fue uno de los primeros hijos de San Francisco (4 de octubre; 17 de septiembre, Impresión de las llagas, y 25 de mayo, traslación de las reliquias) y al que el mismo santo envió desde Italia a fundar un convento de la Orden en Oviedo. La relación del Santo Padre con Oviedo era anterior, pues allí había estado en su peregrinación a Compostela. Sobre 1214 fundó el eremita Pedro dicho convento. De su vida nada se sabe, pero virtuosa debió ser cuando desde tiempos inmemoriales le tributó culto la ciudad.

Su sepulcro, veneradísimo en otros tiempos, estuvo en la iglesia conventual y hoy está en el Museo Arqueológico de Oviedo. En él una inscripción dice: "Yo, hermano Pedro, llamado Compater, antes carne, ahora hueso, mi Salvador me llamó en el año de 1214, en el mes de octubre". Las reliquias fueron veneradas en su lugar hasta 1487, cuando Alfonso Balderrábano, gobernador de Asturias, mandó colocarlas sobre la puerta principal del templo, como fundador que era. Pero de allí fueron trasladadas de nuevo al interior en 1594 por Fray Luis de Quirós, Guardián del convento, y el gobernador Luis Carrillo de Mendoza, a causa del estado ruinoso de la portada. Cuando la invasión de los franceses, fue violentada la urna y los huesos profanados y desaparecidos. 


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.
-http://elblogdeacebedo.blogspot.com.es


A 15 de junio además se celebra a Santa Germana de Cousin, virgen.

sábado, 9 de enero de 2016

De uno de los Corsini, el santo.

San Andrés Corsini, obispo carmelita. 9 de enero, 4 de febrero (traslación de las reliquias) y segundo domingo de junio (en Florencia).

Del Carmen de Querétaro.
México.
La historia y la leyenda carmelitana han sido generosas con Andrés, el célebre y santo miembro de la no menos célebre, y mucho menos santa, familia Corsini, un clan puntal en la historia de Italia y de media Europa. Sus padres se llamaron Nicolás y Peregrina, y aunque llevaban años de casados no tenían hijos. Fue Nuestra Señora del Populo (22 de abril), cuya imagen se veneraba en el convento del Carmen de Florencia, la encargada de acoger el voto que el matrimonio le hizo: Si concebían un hijo, se lo dedicarían a Ella en la Orden del Carmen. Y cumplió la Santísima Virgen, pues al poco tiempo se supo que Peregrina esperaba un hijo. La noche anterior al parto, víspera de San Andrés Apóstol, tuvo la madre un sueño extraño: veía a su hijo en apariencia de fiero lobo entrar en una iglesia, y salir de esta en forma de manso cordero. Y nació el niño, el 30 de noviembre del año 1301, y le llamaron Andrés en honor al santo del día.

Fue un niño inteligente, despierto y cariñoso, y apenas despertó la inteligencia, le pusieron un preceptor para que adelantara en las letras y la virtud. Y en las primeras iba creciendo, pero en la segunda… Sin ser un niño malo, era malcriado y exigente. Sus padres le consentían, como a hijo único y aunque el maestro intentaba corregirle, los caprichos y desaires fueron a más. Envanecido de sí mismo llegó a la adolescencia y la juventud, donde se sumaron las malas compañías. Abandonó la práctica religiosa, comenzó a frecuentar tabernas, juegos, cacerías. Aunque la leyenda se apresura en añadir que jamás perdió la virginidad, por protección especialísima de la Santísima Virgen. Y con tantas malas acciones, a los quince años llegó a una de las peores que hay: levantó la voz a su madre, además de proferirle insultos y darle la espalda mientras esta le reconvenía. Ante este desaire, Peregina clamó: "¡Ah, mal hijo! Verdaderamente tú eres aquel lobo infame y carnicero que en sueños vi salir de mis entrañas. Y no me ha engañado el pronóstico". Ante aquellas palabras, Andrés se calmó y preguntó a su madre sobre el sueño. Esta le contó lo que había visto y añadió: "Quien hayas sido hasta ahora, bien lo sabes, y te lo han dicho mis lágrimas. Cual has de ser en adelante, no lo sé, pues tus desconciertos no me aseguran tu enmienda. Abre ya los ojos y advierte que aunque por la generación eres hijo de Nicolás y Peregrina, por el voto que hicimos lo eres de la Virgen del Carmen".

Estas palabras, y otras, fueron suficientes para que Andrés dejara su mala conducta y esforzándose y con la ayuda de Dios, se convirtiera en un jovencito modelo. Al otro día pidió a la Virgen María le diese la gracia de la conversión, para pasar de lobo a cordero. Y aún más, pidió la entrada en la Orden del Carmen al provincial, Fr. Jerónimo Meliorato. Este le envió a la iglesia a pedir luz a Dios para ganar tiempo, y envió a dos religiosos a avisar a sus padres (no era cosa de enemistarse con los Corsini) de que su único hijo quería ser religioso. Estos corrieron a la iglesia del Carmen y ellos mismos ofrecieron al hijo amado, quedando los religiosos contentos y le admitieron al noviciado. Tomó el hábito el 5 de enero de 1317, a los quince años. Para probarle y cortar sus aires de noble, le encomendaron trabajar con los animales, limpiar los suelos, y servir en la cocina. Todo lo hacía con alegría, puntualidad y exactitud. Estando en la portería lo vio un pariente suyo y le animó a dejar aquel hábito pobre, que reconsiderara su puesto en la familia y se viese como heredero de su padre. Incluso le dijo que si quería hacer carrera en la Iglesia, ya podría la familia lograrle una abadía, un obispado o incluso el papado si se lo proponían. Pero Andrés respondió solamente enseñando un crucifijo a su pariente y cerrando la ventanilla de la portería con firmeza.

Aparición de la Virgen
en la primera misa.
El 7 de enero de 1318 profesó los votos, y luego le mandaron a perfeccionar su latín y gramática, para pasar luego a la teología. Además, aumentó su oración, penitencia, humildad y caridad para con los demás. Comenzó a usar un cilicio que no dejó nunca más, oraba durante horas por las noches, ayunaba siempre que lo mandaba la regla, y más si podía. Para ejercitar su humildad, fue encargado de pedir limosnas por la ciudad. Su celo apostólico lo mostraba siempre que podía, en especial cuando convirtió a un pariente enfermo, cuya casa se había convertido en un lugar de pecado por parte de amigos desalmados que se aprovechaban de su debilidad. No solo le convirtió, sino que le sanó milagrosamente. En 1325 le dieron la ordenación sacerdotal, y sabiendo que su familia y ciudad preparaban un banquete mundano para después, recibió las órdenes y se fue al célebre convento de Las Selvas donde cantó su primera misa en soledad. En ella se le apareció la Santísima Virgen y le dijo: "Siervo mío eres, y en ti seré glorificada". Y lo confirmó la Virgen con varios milagros que realizó el santo en su nombre. Como sanar a una niña hética, que no podía tragar bocado, la cual aseguraba que si se lo daba el "padre Andrés", sanaría. Y así fue, rogó Andrés a la Virgen y la niña sanó. Sería luego religiosa carmelita y dirigida suya. 

En 1329 recibió una herencia y construyó un convento de la Orden en Segna. Este mismo años el Capítulo lo envió a estudiar a la Universidad de París (esto no está claro, pues el apellido Corsini no aparece acompañando a ningún Andrés, aunque sí aparece un Andrés con su apellido materno). En París se ganó el mote de "ciego, sordo y mudo”, por lo abstraído que vivía en Dios y los estudios, sin prestar atención al bullicio estudiantil, en el que algunos frailes entraban. En 1335 se doctoró con grandes felicitaciones de sus maestros. Regresó a París, pasando por Avignon, donde sanó a un ciego que pedía limosna a las puertas de una iglesia. Llegado a Florencia comenzó la labor del confesionario y la predicación, donde destacaba por su elocuencia y caridad, siendo alabado por el General de la Orden, el Beato Pedro de Cesis (3 de agosto). En 1337 fue elegido prior del convento florentino, y si bien había sabido obedecer, bien sabía mandar. Fue paciente, caritativo y justo en los castigos. Acompañaba a sus religiosos en sus males, entretenía a los enfermos, aconsejaba y amonestaba cuando era necesario. Incluso algunos milagros realizó para sanar algún religioso enfermo. En 1345 regresó a París a estudiar Sagrada Escritura y al año siguiente pasó a Avignon, donde conoció al Procurador General de la Orden, San Pedro Tomás (8 de enero), al cual sustituyó tres años mientras este viajaba a París para doctorarse en Sagrada Escritura. En 1347 Andrés fue elegido Provincial de Toscana y en 1348 presidió el Capítulo de Metz. En estos años Europa fue asolada por la peste, y el santo demostró su caridad heroica, atendiendo personalmente a los religiosos y a cuantos necesitaban su caridad. Una vez pasada la peste, reorganizó la provincia, reunió comunidades, reparó conventos devastados por la precariedad y los saqueos, y logró aumentar las vocaciones carmelitanas. En 1349 presidió un capítulo provincial en el convento de las Selvas donde se dio fuerza a la vida religiosa carmelita, reforzando la disciplina monástica y el apostolado.

Uno de los que falleció por la epidemia fue Fulgino Carbone, obispo de Fiésole, y nuestro santo fue elegido por el capítulo catedralicio para ocupar la sede. Súpolo el santo por revelación y huyó a la Cartuja de Florencia, para esconderse y pedir a Dios no le cargase con el peso de la mitra. El capítulo de Fiésole fue a buscarle, pero no le hallaron, así que se volvieron para celebrar nueva elección. Estando en ella, apareció en medio de los capitulares y el cabildo un pequeño niño que clamó: "Dios escogió a Andrés para su sacerdote, id al monasterio de la Cartuja, que allí le encontraréis orando". Y desapareció, mientras que al instante daba a Andrés el mismo mensaje. Salió de la Cartuja y vio el cortejo que le venía a buscar, y humildemente aceptó la mitra fesulana. Por su parte, el papa Clemente VI confirmó la elección el 13 de octubre de 1349. Como obispo redobló los alcances de su caridad y su celo apostólico, reformando al clero, los monasterios, dando ejemplo a los fieles. Y tanto molestó esto al demonio que en una ocasión en que se dirigía a una iglesia que le daba devoción, a cantar los maitines, el diablo levantó un muro en plena calle, impidiendo su paso. Pero el santo, sabiendo era cosa del maligno, trazó la señal de la cruz y la pared se desvaneció. Restauró la catedral y el culto a San Rómulo (6 de julio). Fundó la Asociación de la Santísima Trinidad, para fomentar la formación y espiritualidad de los sacerdotes y promover su celo apostólico. Siempre vestía su pobre hábito carmelita, el cual siempre llevaba bajo los más pomposos ornamentos litúrgicos, sin admitir se lo cambiasen salvo cuando ya se le caía a jirones. Y aun así, se procuró le enviasen un hábito de algún religioso fallecido. Predicaba al pueblo siempre que podía y en su mesa, aun siendo tan frugal, los pobres y miserables siempre tenían un sitio. Cada jueves sentaba a doce a su mesa, les lavaba y atendía personalmente, como Cristo. Imitó a San Gregorio Magno (3 de septiembre y 12 de marzo), haciendo un censo de los pobres de Fiésole, para atenderles personalmente o por medio de sus presbíteros. Y tanta era su caridad que en un reparto de pan, lo multiplicó milagrosamente, sin que faltara alguno en ser atendido y sobró. No se permitía faltar al coro de la catedral a las horas canónicas, y hacerlo por asuntos de gobierno o recibir visitas, le era una gran mortificación. Gustaba de oír los sermones de los religiosos, y siempre que podía visitar Florencia, acompañaba a sus hermanos de hábito en el convento del Carmen, a los que servía como un religioso más. Aunque estos al principio protestaron viéndole humillándose, le dejaban hacer por darle placer de ser el último de todos.

Fue un artífice de la paz entre las distintas familias enemigas de Florencia, entre ellas la suya propia. Predicaba constantemente por la paz y las buenas costumbres. Se cuenta que en una ocasión en que le prepararon un púlpito a las puertas de la catedral (se llenaba hasta los topes) para que predicase a más gente. Sabiendo que había entre los oyentes algunos enemigos entre sí, predicó y levantando los ojos al cielo invitó a todos viesen quienes les animaban a la lucha. Y todos vieron bandadas de cuervos enfrentándose a bandadas de milanos, desgarrándose, con lo que todos entendieron que las pugnas eran cosa del diablo. E hicieron las paces, alabando el pueblo al santo obispo por su intervención. Además, fue intercesor ante el emperador Carlos IV para que perdonase a los levantiscos florentinos. Por esta acción le nombró legado pontificio suyo el papa Urbano V, para que pusiese paz en Bolonia, donde antes lo había logrado efímeramente San Pedro Tomás. En Bolonia fue apresado por una facción que no quería la paz, pero los que lo hicieron enfermaron y padecían tantos dolores, que le dejaron libre, y el santo les visitó, sanándoles milagrosamente uno a uno. Y, claro, después de esto, hicieron la paz.

En 1372, teniendo el santo 71 años gastados en el servicio de Dios, quiso este darle el premio merecido por su labor, y antes quiso avisarle. Estando el día de Navidad del mismo año, listo para cantar la primera misa del día, como era su devoción, se le apareció la Madre de Dios y le dijo: "Llegado es el tiempo de tu deseado tránsito, Andrés, hijo mío. El día de la Epifanía vendré por ti y en mi compañía y la de los ángeles irás al cielo". Quedó Andrés muy contento con semejante anuncio, que comunico a Guidon, canónigo de su confianza. Celebró y predicó con singular júbilo. Pasó toda la mañana en éxtasis y luego de comer, se recostó aunque no se sentía mal, pero no volvió a levantarse del lecho. Desde allí se extendió la noticia y Fiésole en pleno, y media Florencia se fue a las puertas del palacio episcopal para acompañar al santo en su muerte. El santo gastó el tiempo que le quedaba en pedir perdón, repartir sus pocos bienes y en rezar los salmos y el santo rosario de la Virgen. En la mañana de la Epifanía, se iluminó su rostro de repente, cantó el “Nunc Dimitis”, y expiró dulcemente.

Los funerales duraron varios días, durante los cuales Dios obró varios milagros por parte de su siervo, y el cadáver permaneció flexible, oloroso y resplandeciente. El cuerpo fue enterrado en la catedral de Fiésole, aunque el santo quería ser enterrado en su convento de Florencia. A los quince días del entierro, los carmelitas lograron su traslado al Carmen de Florencia, donde lo introdujeron en la capilla de Santa Úrsula. No le enterraron, sino le sentaron en una sede, ricamente vestido, para que le venerasen los florentinos, mientras preparaban un lugar para sepultarle. Otros milagros ocurrieron al contacto con sus reliquias, fuera su cuerpo u objetos que utilizó, como su mitra o el báculo. En 1439 se rigió otro altar de más calidad y las reliquias fueron trasladas, verificándose varios milagros. En 1440 mostró su santidad y protección sobre los florentinos en la batalla de Anghiari, en la que se le vio en el cielo montado sobre un caballo blanco, alentando a las tropas florentinas contra las tropas de Piccinino. Fue tanto el fervor del pueblo, que al ir el clero a darle gracias a la iglesia del Carmen, estando mostrando sus reliquias, la gente clamaba “sancte Andrea, ora pro nobis”, dándole título de santo sin más trámites. Su culto fue promovido, mucho antes de ser beato, por el Beato Ángel Agustín Mazinghi (17 de agosto). En 1464 se presentó la súplica de canonización, pero no fue beatificado hasta 1629 y canonizado hasta el 22 de abril de 1724, por Benedicto XIII. El martirologio recoge su memoria a 6 de enero, pero su festividad fue puesta por Alejandro VII para la Orden y toda la Iglesia a 4 de febrero. Actualmente es a 9 de enero.


Fuente:
-“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678. 


A 9 de enero además se celebra a
San Adrián de Canterbury, abad. 
Beato Antonio Fatati, obispo.

martes, 9 de junio de 2015

Beata Diana de Andallo

Santo Domingo recibe la profesión
de la Beata Diana.
Pregunta: Espero que te encuentres muy bien, mi nombre es diana aguilar. soy de mexico, y me gustaria que me ayudaras a saber sobre Santa Diana de Andalo... de que es santa patrona  y si aqui en Mexico hay una iglesia en la que pueda encontrar su imagen,  me atre mucho su vida me gustaria propagar su devocion... te escribi en diciembre a tu pagina pero no obtuve respuesta . un saludo. gracias.

Respuesta: Hola, me encuentro bien, gracias. Espero que tú lo mismo.  

Beata Diana de Andallo, virgen dominica. 9 y 10 de junio. 
La Beata (que no santa) Diana de Andallo (por cierto, este apellido es una rara contracción del nombre y apellido de su padre: Andrea Lovello) nació en Bolonia, Italia, en 1200. Desde 1218 los dominicos ya estaban en la ciudad, en una iglesia situada en un terreno propiedad de la familia de Diana, propiamente de su hermano Lodering, que en un principio se había opuesto a la fundación de los frailes en "su" iglesia. Diana, que vivía una vida de cristiana tibia, sin mucha afición a las cosas de la religión, se hizo oyente de los sermones del Beato dominico Reginaldo de Orleans (1 de febrero) y así maduró su fe cristiana y su vocación religiosa. Fue recibida en la orden en 1221, por el mismo Santo Domingo de Guzmán (8 de agosto, 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre "in Soriano") de paso por Bolonia; este obtuvo sus votos en secreto, por la posición contraria de su familia. Al no existir aún convento femenino de la orden, comenzó su experiencia monástica en el monasterio de la Santísima Trinidad de las agustinas (seguirían la misma regla de todas formas). Su familia la saca a rastras, llegando incluso a fracturarle alguna costilla, pero ella continuó firme en su propósito de vivir una vida unida en Cristo. Regresa a casa, pero bajo las ropas usa cilicio, se disciplina, aumenta los ayunos y las horas de oración y lectura espiritual. Este estilo de vida, cilicio incluido, lo llevaría el resto de su vida.

El Beato Jordán de Sajonia (13 de febrero) funda, ayudado por el padre de Diana, ya convencido de la vocación de su hija, el convento de Santa Inés, adonde se traslada en 1223, tomando el hábito el día de San Pedro y San Pablo. Entre ella y Jordán habría un lazo cariñoso y espiritual muy interesante, manifestado en las cartas que se cruzaron entre ambos y en frases elogiosas uno del otro.

Reliquias de las Beatas Diana, Cecilia y Amada.
Vivió con la Beata Cecilia Cesarini (10 de junio y 4 de agosto) y la Beata Amada de Bolonia (10 de junio). Sería superiora de este monasterio hasta su muerte, apenas 3 años más tarde, en 1236, a los 36 años. Nunca ha sido beatificada oficialmente, pero si celebrada en el calendario de la orden dominica. Su primera "vita" la escribió Fr. Hernando del Castillo, muy cercana la muerte de la beata.

Sólo fue confirmado su culto el 24 de diciembre de 1888, por León XIII. Aparece celebrada a 8, 9 o 10 de junio, pero lo más común es este último día, junto a Cecilia y Amada, por venerarse juntas. Y es que en 1510 se hallaron tres cuerpos juntos, en la iglesia del convento y se dio por seguro que eran Diana, Cecilia y Amada, pero en esta identificación pudo más las ganas de tener sus tres cuerpos, que las evidencias. La leyenda nos dice que, puestas las tres cabezas en el altar, se dedicaron las monjas a pedir a Dios le señalase cual era la de su querida "madre" Diana, y ocurrió que de uno de los cráneos manó un unguento muy oloroso, con lo que fue identificado y separado. En 1584, cuando ya varios milagros habían ocurrido, se hizo otra traslación de las reliquias, para ponerlas en lugar más apropiado a la veneración de los fieles, sucediendo algunos portentos más. Las reliquias de las tres juntas se veneran en una urna de plata. Es invocada para los dolores de costado, problemas en costillas y demás, por lo de la costilla rota. 

En cuanto a donde la puedes hallar en México, pues te diría buscases alguna iglesia de dominicos o de monjas dominicas, aunque no suele ser una santa frecuente en sus templos, la verdad. Para extender su devoción, pues podrías, lo primero, hacer estampas con una oración y repartirlas, mandar a decir algunas misas en acción de gracias, etc. Y perdona el que antes no te haya respondido... se me van pasando las consultas... la vida real, que tiene sus cosas.

Fuentes:
-http://opwest.org/Directory/calendardominican.htm.
-"Caminaron fieles al amor inicial. Santas y Beatas O.P." SOR IRENE BENAVENTE
-"Cartas a Diana y a otras religiosas". BEATO JORDÁN DE SAJONIA. Editorial OPE.
-"Anales de la Sagrada Religión de Santo Domingo". Tomo I. FR. JOSÉ DE SARAVIA. Madrid, 1701. 


A 9 de junio además se celebra a  
Santos Primo y Feliciano, mártires. 
Santa Pelagia, virgen y mártir.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Beato Bartolomé Fanti, carmelita

Beato Bartolomé Fanti, presbítero carmelita. 5 de diciembre.

Bartolomé Fanti instruye
a Bautista Mantuano.
Según el carmelita Giuseppe Fanucchi en su "Della vita del Beato P. Bartolomeo Fanti", nació Bartolomé en Mantua, sobre 1410, aunque otros le hacen más joven al morir, poniendo su nacimiento en 1428. No se sabe mucho de su juventud, entrada a la Orden y profesión. Según algunos datos, ya aparece como presbítero en 1452. Su vocación carmelita se desarrolló en un momento de esplendor de reforma de la Orden, la Congregación Mantuana, que había sido aprobada por el papa Eugenio IV en 1442, aunque había nacido como movimiento reformador más de 20 años antes. Era una congregación de conventos en los que se vivía la Regla de Inocencio IV, el culto era muy solemne y meticuloso, vivían estricta pobreza y se propiciaba la oración mental. Eran dependientes directamente del P. General, en esta congregación profesó, y luego promovió el Beato Juan Soreth (24 de julio), que llegaría a ser General.
Bartolomé, ya sacerdote, fue encargado el 1 de enero de 1460 de ser el director espiritual de la Cofradía del Carmen del convento carmelita de la ciudad. Para esta Cofradía escribió una regla, unas constituciones y las "crónicas". La Regla se inspiró claramente en la primitiva Regla del Carmelo, adaptada para seglares. la Cofradía fue muy importante, con miles de cofrades y de una intensa vida espiritual y apostólica en Mantua, y en gran parte, su extensión se debió a nuestro beato, que la dirigió por 35 años. Fue un religioso penitente, muy humilde y amante de la pobreza. Tuvo el cargo de maestro de novicios y formador de religiosos recién profesos, entre los que estuvo el Beato Bautista Mantuano (17 de abril), que sería Vicario General de la Congregación Mantuana y luego General de la Orden. Destacó como religioso amante de la Eucaristía, fuera celebrándola o en la adoración silenciosa del Sacramento. Su amor por la Eucaristía le llevó a la costumbre de ungir a los fieles con el aceite de la lámpara del Santísimo, con lo que se dice logró sonadas curaciones y conversiones. Y, claro, como buen carmelita, fue un apasionado hijo de la Virgen María, a la que dedicó varios escritos, sermones, plegarias y varias devociones.

Muerte de Bartolomé Fanti.

A finales de 1495 Bartolomé enfermó de algo que no podemos precisar, y murió el 5 de diciembre del mismo año. Fue enterrado en la cripta con los religiosos, pero al aumentar la devoción de los cofrades y fieles hacia Bartolomé, en 1516 se desenterró para trasladarle a la capilla de la Virgen del Carmen, descubriéndose que estaba incorrupto, lo que, como suele suceder, aumentó la devoción y logró que la Orden comenzara a darle culto público. En 1783, Pío VI suprimió la Congregación mantuana, que tenía 6 provincias y 53 conventos entre frailes y monjas, por el peligro de crear otra división en la Orden (además de los descalzos en el siglo XVI), y porque el rigor primitivo había decaído hacía mucho. Pues en este año, los religiosos fueron despojados por el papa de su convento mantuano y dispersos por varios conventos. El cuerpo del beato Bartolomé, fue trasladado a la catedral de San Marcos y nuevamente fue trasladado en 1793 a la capilla de Santa María Incoronata, dentro de la misma catedral, donde permanece aún. En ambas traslaciones se volvió a constatar la incorruptibilidad del cuerpo.

A principios del siglo XX, con la reforma de los calendarios propios, los carmelitas pudieron demostrar más de 100 años initerrumpidos de culto y en 1909 lograron la confirmación, por parte de San Pío X (21 de agosto) y Bartolomé Fanti fue tenido oficialmente como beato, confirmando su memoria el 5 de diciembre.



A 5 de diciembre además se celebra a
San Gerbold de Bayeux, obispo. 
San Sabas, abad.

viernes, 30 de noviembre de 2012

San Andrés Apóstol, fundador de Alba de Tormes


Sí, como leéis, si el palomarcico teresiano de Alba de Tormes fue organizado por la Santa Madre, su fundador y bienhechor fue el mismo San Andrés (30 de noviembre; y 20 de junio, traslación de las reliquias), santo al que dicho Carmelo guarda especial devoción. Fundóse este monasterio que se llamó Nuestra Señora de la Anunciación, a 25 de enero de 1571, apenas fundado el de Salamanca, y no las tenía mucho consigo Santa Teresa, porque Alba era una villa pequeña y las monjas necesiarían renta de algún notable para mantenerse; idea que no gustaba a nuestra Madre. La promotora fue Teresa Layz, cuya historia cuenta la Santa Madre en su libro “Fundaciones” Historia que es de leerse, pues parece una pequeña novela de aventuras. Y es que los comienzos de la descalcez carmelita no fueron aburridos, no. Esta Teresa, que habló a los tres días de nacida, se había casado con Francisco Velásquez, más por obedecer, que por amarle. Pero mal no vivía no, salvo que tenían el dolor de no tener hijos, cosa que deseaba muchísimo, y no cejaba de pedírselo a Dios constantemente. Estando en Salamanca, sucedió que… pero mejor que lo cuente la santa Madre Teresa:
“Pues andando muchos años con este deseo, y encomendándolo a San Andrés, que le dijeron era abogado para esto, después de otras muchas devociones que había hecho, dijéronle una noche, estando acostada: «No quieras tener hijos, que te condenarás». Ella quedó muy espantada y temerosa, mas no por eso se le quitó el deseo, pareciéndole que pues su fin era tan bueno, que por qué se había de condenar. Y así, iba adelante con pedirlo a nuestro Señor, en especial hacía particular oración a San Andrés. Una vez, estando con este mismo deseo, ni sabe si despierta o dormida (de cualquier manera que sea, se ve fue visión buena por lo que sucedió), parecióle que se hallaba en una casa, adonde en el patio, debajo del corredor, estaba un pozo; y vio en aquel lugar un prado y verdura, con unas flores blancas por él de tanta hermosura que no sabe ella encarecer de la manera que lo vio. Cerca del pozo se le apareció San Andrés de forma de una persona muy venerable y hermosa, que le dio gran recreación mirarle, y díjole: «otros hijos son éstos que los que tú quieres». Ella no quisiera que se acabara el consuelo grande que tenía en aquel lugar; mas no duró más. Y ella entendió claro que era aquel santo San Andrés, sin decírselo nadie; y también que era la voluntad de nuestro Señor que hiciese monasterio”. (Fundaciones 20, 7).


Aparición de San Andrés a Teresa Laiz
Pues quedó Teresa Layz muy confundida con aquello, lo dijo a su marido, como Dios y San Andrés les cambiaban los hijos naturales, por hijas encerradas en un monasterio hecho por ellos. Consintió su marido que “como es tan bueno y la quería tanto, holgó de ello”. Ocurrió que llamó la Duquesa de Alba a Francisco Velásquez para ocupar un cargo en dicha villa. Allá se fueron, sin olvidar Teresa su encomienda. Llegó Teresa Layz a Alba, con disgusto, a la casa que su marido había comprado, se instaló de noche y…
“[al] otro día en la mañana, como entró en el patio, vio al mismo lado el pozo, adonde había visto a San Andrés, y todo, ni más ni menos que lo había visto, se le representó; digo el lugar, que no el Santo, ni prado, ni flores, aunque ella lo tenía y tiene bien en la imaginación. Ella, como vio aquello, quedó turbada y determinada a hacer allí el monasterio y con gran consuelo y sosiego ya para no querer ir a otra parte. Y comenzaron a comprar más casas juntas, hasta que tuvieron sitio muy bastante”. (Fundaciones 20, 10.11).


Así que ya tenían el lugar, el mismo que el santo apóstol le había indicado en sueños, entonces vino el problema “¿a que orden religiosa donamos la fundación?”, se preguntaron los esposos. Y viendo el panorama del momento en las órdenes femeninas, y oyendo a varias personas, decidieron dejarlo, y entendiendo que esos «otros hijos son éstos que los que tú quieres» que San Andrés le había dicho, podrían ser parientes con alguna necesidad, decidieron juntar a sus sobrinos y darles aquella casa., pero entonces…



 “Mas como nuestro Señor tenía ordenada otra cosa, aprovechó poco su concierto, que antes de quince días le dio un mal tan recio [el sobrino mencionado] que en muy pocos días le llevó consigo nuestro Señor. A ella se le asentó en tanto extremo que había sido la causa de su muerte la determinación que tenían de dejar lo que Dios quería que hiciese por dárselo a él, que hubo gran temor. (…)Desde este día se determinó de no dejar por ninguna cosa de hacer el monasterio, y su marido lo mismo, aunque no sabían cómo ponerlo por obra. Porque a ella parece la ponía Dios en el corazón lo que ahora está hecho, y a los que ella lo decía y les figuraba cómo quería el monasterio, reíanse de ello, pareciéndoles no hallaría las cosas que ella pedía, en especial un confesor que tenía, fraile de San Francisco, hombre de letras y calidad. Ella se desconsolaba mucho”. (Fundaciones 20, 12).

Convento de Alba de Tormes.
Allí descansa el cuerpo de la Santa Madre
Pero como Dios manda, y da los medios para cumplir lo mandado, resulta que este mismo confesor que se oponía a dicha fundación fue el vínculo para que Teresa Layz conociera la reforma del Carmen y a la Santa Madre. Pero no se dejó llevar la santa por el impulso ni por visiones de santo (por más San Andrés y más apóstol que fuese), sino que negoció muy bien las condiciones de la renta, pues tenía la experiencia de Pastrana. Así que, ya que daban renta, exigió de todas las maneras, que ya que daban renta, la diesen bien, que tuvieran fondos necesarios, pues no quería ver a sus monjas abandonadas o enfermas, sin nada que comer. Que no necesitaran mendigar a sus parientes, ni les faltara de lo necesario. Finalmente aceptaron las condiciones de la santa y, como ella misma dice:


“En fin, vinieron a ponerse en razón y dar bastante renta para el número; y lo que les tuve en mucho, que dejaron su propia casa para darnos y se fueron a otra harto ruin. Púsose el Santísimo Sacramento e hízose la fundación día de la Conversión de San Pablo, año de 1571, para gloria y honra de Dios, adonde, a mi parecer, es Su Majestad muy servido. Plega a El lo lleve siempre adelante”. (Fundaciones 20, 14).


Así que, bendito sea Dios, y bendito sea San Andrés.


A 30 de noviembre además se celebra a 
San Tugdual de Bretaña, abad.
San José Marchand, presbítero y mártir.  
San Wachtang I de Georgia, rey.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...