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martes, 15 de diciembre de 2015

Hadewych, o el furor de Amor.

Beata Hadewych de Flandes, mística. 15 de diciembre.

Hadewych nació en el siglo XIII, en un lugar indeterminado de Flandes entre Bélgica y Holanda, y por su cultura y piedad temprana puede afirmarse que creció en una familia acomodada, culta y cristiana de veras. Unos dicen que en Amberes, pero no se puede demostrar. Pocos datos fiables de su vida se conocen, a lo mucho, de su época. Y, claro, de su obra escrita. Se sabe fue una escritora prolífica, aunque no se conserven muchas de sus obras, y casi ninguna original, sino a través de copistas que las distribuían. Conocía latín, griego, francés, música, teología, Escrituras, Santos Padres, etc. Entre las posturas extremas del racionalismo en Pedro Abelardo y la intuición empírica de San Bernardo (20 de agosto), Hadewych se sitúa en medio, reuniendo razón y amor en un punto: la caridad efectiva, la práctica del amor de Cristo, que sana al alma propia y la ajena. Esta caridad galopante a la par manifiesta al mundo ese amor en obras reales, que elevan a la persona que ama y al que recibe el amor:
...mi razón iluminada me ha hecho ver, desde que Dios se manifestó en ella, todo lo que faltaba a mi perfección y también a la de los demás, y en cuanto se despertó su mirada, ella me indicó y guió al lugar donde yo gozaría de mi amado y alcanzaría la unidad, después de una superación digna de él. Este lugar del amor que mi razón iluminada me enseñaba estaba tan lejos y por encima del humano sentir que - de eso tuve la certeza - ya no debía alegrarme o sentir pena por cosa alguna, grande o pequeña. Mi única satidfacción sería pensar que siendo yo humana experimentaba el amor en un corazón amante y que, siendo Dios tan grande, yo con abstenerme de toda satisfacción podía con mi humanidad alcanzar la divinidad. (...) He convivido, sin embargo, con los hombres en toda clase de servicios y obras. En todas sus necesidades me encontraron a su lado y comprobaron mi disponibilidad".

Sus obras se suscriben a sus experiencias místicas, las cuales explica descriptivamente, o pone en canciones o poemas. También se conservan treinta y una cartas, casi todas dirigidas a otras mujeres espirituales que buscaban la perfección en Cristo, a las que, sin embargo, no nombra y que han pasado al olvido. Da consejos para la vida espiritual, anima, reprocha, pero sobre todo se nota que ama a sus destinatarias, y todos los textos rezuman a Jesucristo. Algunas de estas cartas son también rimadas, las más íntimas. Esquematizan la doctrina, consejos, experiencias místicas en estrofas sencillas. Es un trabajo didáctico, pues la intención es que el destinatario se quede con el verso que resume la carta. Algunos tal vez ni podrían leer, otros podrían memorizar y copiar. Es un método muy personal y seguido por místicos de gran valía, como San Juan de la Cruz (14 de diciembre y 24 de noviembre), por ejemplo, el cual compone canciones llenas de símbolos, imágenes y de fácil memorización, que apoyan su enseñanza espiritual.

Por otro lado, sus poemas tienen una tendencia igualmente seguida por almas espirituales y pedagogas de lo divino: asimilar los versos espirituales con melodías populares y muy conocidas de la época. Es un medio sencillo y efectivo de que lleguen a calar en los destinatarios. Lo harían también, entre otros, Santa Teresa (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación) y Santa Teresita (1 de octubre). En el caso de nuestra beata incluso han sido interpretados en épocas actuales actualmente con instrumentos musicales semejantes a los medievales. Además, Hadewych se sirve de representaciones del amor “mundano”, la naturaleza, la alegría del amor esponsal, siempre referidos a Cristo. Y un tema es recurrente: Cristo languidece por amor y anhela al alma, mientras que el alma, que suspira por el Amado, no le halla hasta que se purga de otros afectos y distracciones, aunque esta espera es ya amor, según Hadewych. Una vez unidos, nada los separa ya. Sus visiones igualmente están cargadas de símbolos e imágenes impactantes, que recuerdan al Apocalipsis, el bíblico y otros semejantes. Algunas aluden a la gloria de los santos, locuciones de estos y sobre todo de Jesús.

Esta obra mística está principalmente dirigidas a religiosas, por lo que en cierta época se pensó había sido monja, incluso abadesa de alguno de los prestigiosos monasterios de Brabante. Pero los mejores historiadores concluyen que, si acaso, fue una beguina en Bruselas. Su espíritu libre, forma de escribir y trato íntimo con Cristo, sugieren más la espiritualidad beguina, más propia y femenina que las de los monasterios, donde los prelados metían de vez en cuando las narices. Sus vivencias, datos, comparaciones y alusiones místicas sugieren que viajaba y que no vivía en un sitio fijo y encerrado como un monasterio. Además, su papel defensor del beguinato frente a la Inquisición, que las consideraba herejes, la revela como defensora de este movimiento que, si bien no profesó (no sabemos), al menos sí lo conoció y protegió con sus escritos. Incluso si no hubiera sido una de ellas, fue una de sus líderes en cuanto a la defensa de tan peculiar status en la Iglesia. Con respecto a su vida, en una carta dice:
"Yo por mi parte he compartido muy poco del modo de los hombres en el comer, el beber y el dormir. No he querido ataviarme con sus vestidos, sus colores y sus adornos. Tampoco he buscado para satisfacción mía cosa alguna de las que alegran el corazón humano, ni de ellas recibí contento; solamente en cortos momentos, ha sido mi felicidad la experiencia del amor que todo lo supera”.

No se sabe cuando entró en la gloria, pero los más, señalan el 1 de junio de 1248. Nunca fue beatificada ni canonizada, pero la iglesia holandesa la veneraba y la incluyó en su martirologio, a 15 de diciembre. Y cosa curiosa, a causa de la persecución protestante, a pesar de ser una mística tan interesante no fue hasta el siglo XX en que fue redescubierta y puesta en valor su figura y obra. En la iglesia de San Bavón de Haarlem aparece en una curiosa iconografía: con un árbol del revés, simbolizando su alma, que tiene sus raíces (punto de nutrición de los árboles) vueltas hacia Dios. Es en Él donde se halla todo el origen y sentido de su vida.

Y para terminar, un fragmento de su “Poema estrófico” número 28.


Detalle de su lápida sepulcral.
"El furor de amor
es rico feudo;
el que lo reconoce
no pedirá nada más a Amor:
puede unir opuestos,
invertir el sentido.
Estoy diciendo la verdad
El furor de amor hace amargo lo dulce,
extraño al pariente,
y del menor hace el mayor.

El furor de amor hace lo fuerte débil
y sana al enfermo,
hace de cojear al firme
y cura al que está herido,
instruye al ignorante.
Acerca del ancho camino
en el que muchos se pierden.
Enseña todo
cuando puede aprenderse
en la alta escuela de Amor.

En la alta escuela de Amor
se aprende el furor de amor."


Fuente:
-“La mirada interior: Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media”. VICTORIA CIRLOT y BLANCA GARÍ. Ediciones Siruela. Madrid, 2008.

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