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martes, 25 de julio de 2017

"No hemos venido a combatir"

Beato Rodolfo Acquaviva y compañeros, jesuitas mártires. 25 de julio y 4 de febrero (Todos los Mártires Jesuitas).

El Beato Rodolfo ante Akbar.
Rodolfo Acquaviva nació el 2 de octubre de 1550, y con 17 años tomó el hábito jesuita. Fue ordenado presbítero en 1577 y al año siguiente fue enviado por los superiores a Goa, colonia portuguesa en la India. Allí comenzó a dar clases de filosofía a los estudiantes y a las incipientes vocaciones nativas, destacando por su erudición y oratoria. Junto a otros cuatro sacerdotes jesuitas comenzó una serie de encuentros con el Gran Mogol Akbar, en Fatehpur. Este personaje musulmán tenía gran influencia entre los hindúes y los musulmanes, por su poder, riqueza y cultura. Nuestro Beato sabía que, como los misioneros de antaño, si lograba convertir a un personaje importante, detrás de él se convertirían muchos, llevados por su ejemplo. Todos los sábados se reunían y hablaban en un clima fraterno sobre Dios, el mundo, Cristo, las religiones del mundo, etc. Rodolfo regaló una bellísima edición de la Biblia a Akbar, el cual siempre la tuvo en gran aprecio. Y efectivamente, llegó el momento en que Akbar tuvo que reconocer que en Cristo estaba la verdad, y que Mahoma era inferior a él. Pero a pesar de su reconocimiento de la fe cristiana era verdadera, no tuvo fuerzas para abandonar su estilo de vida y cultura musulmanas, pues poseía cuatro esposas, numerosas riquezas y algunos esclavos. Ante esto nuestro jesuita solo pudo retirarse, y sintiéndolo mucho regresó a Goa, luego de tres años de constante prédica y buenos ejemplos en Fatehpur.

En 1583, el padre Acquaviva fue nombrado como Superior de las Misiones en India. Comenzó una serie de visitas para comprender el estado de las misiones, los logros y los fracasos en la conversión de los misionados. Con esta intención llegó a la península de Salsette para tratar con los demás el asunto de la conversión de los habitantes de dicho lugar, los más reacios al mensaje de Cristo. Rodolfo Acquaviva visitó cada misión, donde mandaba levantar una capilla y una cruz bien visible, en torno a la cual predicar el Evangelio. Los que le acompañaban en esta misión por más de 60 pueblos eran:

Beato Alonso Pacheco.
Alonso Pacheco: Nació en 1551 en Minaya, Albacete. Había profesado con los jesuitas de Belmonte en 1567. Siempre quiso ir a las misiones de Japón, pero los Superiores le querían en Europa. En una ocasión se reclutaron a doce jesuitas para las misiones en Goa, pero él no fue elegido. Sin embargo, uno de los seleccionados enfermó a última hora y le era imposible partir, por lo que Alonso suplicó a los Superiores y estos le dejaron ir a misiones. Allí fue ordenado presbítero en 1574, y nombrado secretario del Provincial. En 1578 volvió a Europa para buscar a nuevos misioneros, regresando con 13 religiosos jóvenes. Era el responsable de las misiones en Salsette, cuando el P. Acquaviva le relevó en su cargo.

Antonio Francisco: Nació en 1553, en Coimbra, en cuya universidad estudiaba y tenía un brillante futuro, hasta que un hecho ejemplar marcó su vida. En 1570 fueron martirizados por los herejes el Beato Ignacio Azevedo y 39 compañeros jesuitas misioneros. Antonio Francisco quedó tan impresionado por este testimonio de fe, que decidió hacerse jesuita, abandonando el mundo. En 1571, recién profeso, pidió ir a misiones, lo que le fue concedido en 1578, pues fue uno de el P. Alonso Pacheco llevó consigo a Goa. En 1583 recibió la ordenación sacerdotal y le destinaron a las misiones en las Molucas, pero su barco naufragó apenas salió del puerto, y para no demorar en misionar, pues no habría otra salida en meses, se le envió a Salsette, donde había llegado apenas tres meses antes que nuestro Beato, el Rodolfo Acquaviva.

Pedro Berno: Era hijo de una familia de comerciantes de frutas de Ascona, y había nacido en 1553. Estudiaba en el seminario diocesano de Ascona cuando su padre, buscando nuevos negocios, se trasladó a Roma. Entonces Pedro, por no separarse de su familia, pidió el traslado al Colegio Germánico de Roma, donde continuó sus estudios. Sin embargo, poco antes de ser ordenado sacerdote, se sintió llamado a las misiones y en 1577 tomó la sotana jesuita en el noviciado romano de Sant'Andrea al Quirinale. Ese mismo año le llamaron a las misiones de la India, acompañando al P. Rodolfo, aunque antes debía terminar su noviciado en Lisboa, para aprender el portugués y algunas lenguas locales de la India. Llegó a Goa en 1579 y al año siguiente fue ordenado presbítero. Muy pronto aprendió a comunicarse, por lo que le dieron licencias para confesar a los nativos. A fines de ese mismo año le enviaron a la ciudad de Margao, Salsette. Allí misionó tres años, predicando y llevando civilización y progreso a la región. Trabajaba codo con codo con sus misionados, y luego del trabajo les explicaba la doctrina cristiana. Estuvo del lado de los hindúes cuando portugueses violentos asaltaron Cuncolim, destruyendo y robando santuarios de los hindúes, profanando sus tierras y matando una vaca y destruyendo un hormiguero, considerado sagrado por los lugareños, y lo hicieron solo por placer de hacer daño. En esta situación estaban cuando el padre Acquaviva fue designado como el Superior de la misión.

Beato Francisco Aranha.
Francisco Aranha: Era portugués, natural de Braga, donde nació sobre 1551. Su tío fue el gran Gaspar Aranha, primer arzobispo de Goa, al que conoció cuando tenía nueve años, en una visita a Portugal, y quedó Francisco tan impresionado de lo que contaba sobre las misiones, que decidió aún tan pequeño, ser misionero. En 1571 entró como Hermano en la Compañía de Jesús, y ese mismo año fue destinado a misiones. Como la mayoría de Hermanos en Órdenes Religiosas, era muy diestro para la carpintería, la arquitectura y el arte. Fue quien diseñó varias iglesias en Salsette. Sabía del amor de los hindúes por la belleza de lo sagrado, y que esta podía ser un buen instrumento de evangelización. Cuando llegó el P. Acquaviva, proyectaba una gran iglesia en Cuncolim, centro de la península, y donde la oposición contra los cristianos era más fuerte.

Y ya que conocemos a los cinco, y los tenemos juntos, seguimos con la historia: El 25 de julio de 1583, los cinco jesuitas estaban en Cuncolim, donde recientemente los portugueses habían hecho de las suyas, profanando los templos hindúes. Los lugareños estaban enfadados con los misioneros, a los que hacían cómplices de los portugueses. Para colmo, Acquaviva había plantado una cruz donde había habido un minúsculo santuario destruido. Precisamente la había levantado allí porque estaba fuera de la ciudad, para no exacerbar más los ánimos. Sin embargo, los hindúes lo tomaron como otra afrenta colonialista y se fueron contra los religiosos, sin darles tiempo de explicarse siquiera. Un portugués que acompañaba a los religiosos intentó sacar un arma, pero el padre Pacheco se lo impidió y le dijo: "No hemos venido a combatir".

Acquaviva fue el primero en caer de un golpe. El Hermano Aranha fue golpeado con un sable y alanceado en el pecho, aunque no le mataron. Con el Padre Berno, el mismo que había trabajado con ellos y les quería tanto, fueron más crueles aún, pues le culpaban de haber traído a los portugueses destructores: Le introdujeron un hierro en los ojos y le cortaron una oreja, y así le arrastraron por la tierra hasta matarle a golpes. Luego martirizaron al P. Pacheco. No contentos con esto, los paganos asesinaron a una docena de sus conciudadanos que ya eran cristianos, e hirieron a otros, y quemaron las casas de todos. El Hermano Francisco Aranha había logrado escabullirse arrastrándose en medio de la confusión de muertes y heridas, pero al día siguiente fue visto en el bosque por una mujer, que dio el aviso. Fue capturado y le apuñalaron todo el cuerpo, pero aun así no moría. Le llevaron a rastras ante una de sus divinidades y le obligaron a rendirle culto, pero él se negó diciendo: "No soy necio ni cobarde, como para abandonar a mi Dios e inclinarme ante madera o piedra". Y le aplastaron la cabeza de un hachazo. Los Beatos cuerpos fueron abandonados, pero un tiempo más tarde, cuando los ánimos se calmaron, los portugueses los recuperaron y los llevaron a Goa, donde les recibieron solemnemente y pronto recibieron culto. Los dos brazos de Rodolfo se trasladaron a Roma y Nápoles.

Martirio de los cinco jesuitas.
Para ser mártires, tuvieron un proceso complicado, pues no se veía claro si la causa del asesinato era la justa indignación de los hindúes, o el odio a la fe cristiana como tal. Tampoco ayudaron ciertos relatos apócrifos del siglo XVIII, en los cuales los mártires clamaban haber destruido ellos los templos y gritarlo ante los paganos, para ser martirizados. Eran añadidos que buscaban hacerlos héroes, pero añadidos en fin. En 1741 Benedicto XIV decretó que puesto que los misioneros no eran culpables de la acción de los portugueses, y que habían sido asesinados también cristianos locales, había "odium fidei" presente. Sin embargo, estos cristianos de Salsette, dos niños incluso, no fueron incluidos en la causa de canonización. Finalmente, los cinco mártires jesuitas fueron beatificados por León XIII el 30 de abril 1893, a los 310 años de su martirio.



A 25 de julio además se celebra
Santa Glodsindis de Metz, abadesa.
Thea, Valentina y Pablo, mártires.

domingo, 9 de octubre de 2016

San Luis Bertrán, protector de los desvalidos.

San Luis Bertrán, presbítero dominico. 9 de octubre.


Pila bautismal de los santos.
La tradición dice que los ahí bautizados
no morirán por accidente.
Infancia y juventud.
Nació en Valencia el 1 de enero de 1576, en una casa junto a la iglesia de San Esteban, en la que fue bautizado a los pocos días, y en la misma pila bautismal en la que lo fue San Vicente Ferrer (5 de abril y segundo Lunes de Pascua), pariente suyo por parte de madre. Cuando pequeño y lloraba, solo tenía consuelo cuando le llevaban a las iglesias y veía las imágenes y sobre todo a Nuestra Señora. A los 15 años eligió por confesor a Fray Ambrosio de Jesús, un religioso mínimo, que le encaminó en la oración, la penitencia sin descuidar el estudio. Sobre esta edad recibió la primera comunión. A los 16 años se escapó de su casa para peregrinar a Santiago, pero su familia le alcanzó en Bunyol, obligándole a regresar. Su padre le permitió ser clérigo, y Luis se dedicó a servir en el Hospital de la Ciudad, sirviendo a los pobres día y noche. Para poder comulgar frecuentemente ideó la estratagema de ir a diferentes iglesias y así comulgar sin llamar la atención por la frecuencia. Pero su confesor le regañó por actuar con doblez y no lo hizo más.

Religioso dominico.
A los 17 años determinó tomar el hábito dominico, pero sus padres se opusieron por su débil salud. Entristeció el joven que, de vez en cuando, se escondía en una capilla del claustro para ver a los religiosos, oír sus cantos y en ocasiones escuchar las pláticas del maestro de novicios. Finalmente, viendo sus padres la melancolía de Luis, le dieron su bendición para ser fraile. Tomó el hábito el 26 de agosto de 1544, pero aún así tuvo que defender su vocación dominica ante su padre, que le quería pasar a la Orden Jerónima, mucho menos austera. Luego ocurrió que el demonio tentó a un seglar prominente que soltó un chismorreo acerca de Luis, por lo que el prior determinó quitarle el hábito y mandarlo a su casa, pero Luis clamó al cielo y el mentiroso se desdijo y Luis pudo profesar el 27 de agosto de 1545.

Fue ejemplar religioso, muy penitente, austerísimo aún en el trato y las conversaciones, pues jamás dijo alguna palabra para provocar risa o gracia. Se disciplinaba siempre que le permitían, y tanto que la sangre salpicaba las paredes, y llevaba varios cilicios. Siempre llevaba los ojos bajos, las manos recogidas y el pensamiento puesto en Dios, quiso dejar el estudio y ser solo un Hermano Lego porque decía que el estudio le distraía de la contemplación, pero no se lo permitieron y con los años confesó que eso era tentación del demonio. E hizo bien, porque fue un docto religioso, muy versado en la Escritura y la doctrina de Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias). Fue ordenado presbítero en 1547 por Santo Tomás de Villanueva (22 de septiembre y 10 de octubre) y fue destinado al convento de Santa Cruz de Lombay. Allí tuvo una revelación de que su padre moría, y partió a Valencia antes que llegara el mensajero con la noticia y ayudó a bien morir a su padre. Sufrió purgatorio muy doloroso, según supo Luis por gracia de Dios, viendo los tormentos que padecía: era arrojado de una torre, le molían los huesos, le apuñalaban, etc., así durante ocho años durante los cuales el santo ofreció la misa, se disciplinó duramente hasta que le vio subir a la gloria.

Maestro de novicios.
En 1549, con 23 años de edad fue nombrado Maestro de novicios, oficio que ejerció con gran ejemplo para sus religiosos, aunque conocida es su severidad y aspereza para con los nuevos religiosos. Pero si les disciplinaba, luego lo hacía él el doble. Conocido es que aunque les animaba a perseverar, al mismo tiempo les quitaba el hábito a la primera que no mostraban juicio u observancia religiosa. Siempre que echaba a uno preguntaba a los demás quien quería volver al mundo. Con solo mirarles, atinaba si tenían devoción o la fingían, y les echaba. No soportaba a los mentirosos, los holgazanes o los escrupulosos, a todos les echaba. Quería novicios y religiosos santos y sabios, por lo que insistía en la claridad de mente, la inteligencia y la perseverancia en el estudio para ser un buen hijo de Santo Domingo; eso para los que serían presbíteros, a la par que a los novicios que iban para Legos, les daba algún libro piadoso o las Constituciones de la Orden, diciendo que con eso les bastaba, para preservarles su sencillez y simpleza. Quiso estudiar en el célebre convento salmantino de San Esteban de los dominicos, para tener título universitario, pero su prior, Fray Micón le hizo desestimar aquello como algo no necesario para formar novicios. Insistió, pero un fraile de la Orden le dijo no era la voluntad de Dios, sino que se complacía en que formase a los novicios.

En 1557 se destacó como predicador y auxilio de los pobres durante una epidemia en Valencia. Se prodigó socorriendo, enterrando difuntos, repartiendo pan y limosnas, predicando y celebrando devociones y haciendo penitencia pública. En su mismo convento murieron 22 frailes, entre ellos el prior, Fray Miguel de Santo Domingo, que no se había reservado en los actos de caridad. Dios le reveló a Luis que había entrado en el cielo por su gran caridad. A una mujer cuyo hijo le pidió el demonio en forma de fraile para "hacerle santo", Luis le contó la verdad: era un diablo que le quería arrebatar a su hijo. En 1560, terminada la peste, atracó en Valencia una flota de moros para tratar el rescate de los cautivos cristianos que poseían. San Luis dijo a sus novicios: "¿Cómo se puede sufrir que los enemigos de Jesucristo, se paseen por esta ciudad, y se gloríen de pasar entre cristianos? A nosotros toca, hermanos, terminar este negocio. Arrodillémonos todos y vueltos hacía la mar digamos con devoción contra los moros el salmo que compuso el santo rey David contra los enemigos del pueblo de Dios". Y una vez que se hizo el cambio, y los moros emprendieron viaje una tormenta los echó a fondo.

Ese mismo año al parecer recibe una carta de la Madre Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación) en la que, la santa le consulta su intención de fundar un convento más austero y sencillo, donde servir a Dios. Y digo “al parecer”, porque dicha carta no se conserva, pero sí que se conoce la respuesta que habría dirigido a la Santa: "Madre Teresa, recibí vuestra carta, y porque el negocio sobre que pedís mi parecer, es tan en servicio del Señor, he querido primero encomendárselo en mis pobres oraciones y sacrificios, y esto ha sido la causa de haber tardado en responderos. Ahora os digo en nombre del mismo Señor, que os animéis para tan grande empresa, que Él os ayudará y favorecerá: y de su parte os certifico que no pasarán cincuenta años que vuestra Religión no sea una de las más ilustres en la Iglesia de Dios". Personalmente tengo dudas sobre su autenticidad, sobre todo porque en 1560, la Santa Madre no pensaba ni por asomo ni reformar la Orden del Carmen, ni mucho menos fundar una Orden nueva.


San Luis bautiza a un indito.
Apóstol de Indias.
Pasaron por Valencia dos frailes, misioneros en Indias, y contaron a los religiosos la falta que hacían apóstoles de Cristo en Nueva Granada (la actual Colombia y Venezuela) y Luis enseguida supo que Dios le quería para ello, aunque fuera para morir comido por los infieles, como muchos creían que pasaba. El deseo de salvar almas creció en él con gran ímpetu, y el primer Sábado de Cuaresma de 1562 salió de Valencia con otros religiosos rumbo al Nuevo Mundo. Llegaron el 28 de septiembre del mismo año y apenas desembarcar, un indio corrió hacia él para que bautizase a su hijo que se moría y quería que se salvase. Habitó en el convento de San José que los dominicos habían fundado en Cartagena de Indias y desde allí misionó en Cipacoa, Sierra de Santa Marta, Tubara, Tuneara, Tenerife, Mompoix y Pelvato. Predicaba constantemente y tuvo Dios de lenguas, pues los indios le entendían en su propia lengua, obrando muchas conversiones. A pesar del clima, los trabajos, el hambre…, nunca abandonó sus penitencias, ayunos y horas de contemplación. Amansaba a las fieras que se cruzaba en la selva solo con hacer la señal de la cruz. Famosas fueron sus predicaciones de Cuaresma y Semana Santa en Cartagena, donde convertía, reconciliaba y denunciaba a los que maltrataban a los indios.

En Tubara convirtió a los indios y desterró a un demonio que les asustaba para que no se adhirieran a Cristo. Un indio polígamo que reprendió le lanzó una saeta, que cayó a los pies del santo como detenida por un escudo invisible. A otro que había sido sacerdote de los dioses, le libró del demonio y le ayudó a bien morir luego que la Virgen del Rosario le advirtiera del peligro al que estaba sometido el indio. Los indios, testigos de su éxtasis, le veneraban en vida y escuchaban hasta sus más sencillas palabras como si vinieran del cielo. Y es que a su ejemplo sumaba los portentos: atraer o alejar la lluvia, cruzar rezando el rosario él y sus compañeros el río Cinoga, que estaba crecido y salir ilesos. Se le vio predicando y a su lado asistiéndole aparecían San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal) y Santo Tomás de Aquino. Otro día mientras se disciplinaba abrazó un árbol y al separarse dejó impresa la huella de una cruz, que convirtió a muchos. Por la conversión de los indios ofrecía la penitencia de quitarse la camisa por las noches, dejando que le picaran los mosquitos, a los que decía: "Hermanos mosquitos, ya habéis comido suficiente, dejad sitio a vuestros compañeros".

También tuvo enemigos, como aquel indio que le dio a beber un veneno y que el santo lo tragó sin sucederle nada, salvo que al cabo de cinco días vomitó algunas culebras pequeñas. También, por su protección a los indios, un español apuntó su arcabuz para dispararle y el cañón de este se transformó en un crucifijo. Y a su iconografía han pasado estos milagros.

De nuevo España.
Su pelea con los encomenderos y su defensa por los indios (en ocasiones se los sacaban de la iglesia para que fueran a trabajar) melló su firmeza y en 1569 regresó a España. Volvió a Valencia como un fraile más y de allí le destinaron en 1570 al convento de San Onofre como prior. En 1575 regresó a Valencia como prior, continuando dando ejemplo a los religiosos. En una ocasión, se fue a la celda que había sido de San Vicente Ferrer y ante su imagen se desahogó: "Padre San Vicente, me me han hecho prior de esta casa, habiendo en ella personas muy dignas. Yo renuncio el Priorato en vuestras manos. Sed vos el prior, mandad y regid a vuestro modo, que yo seré subprior y gobernaré según vuestras órdenes". Y quiso besar las plantas del santo, cuando la imagen de San Vicente se animó y doblándose, le abrazó.

Fue amigo del franciscano Beato Nicolás Factor (18 de agosto), el cual durante un éxtasis en público exclamó: "Yo no soy santo, pero Fray Luis Bertrán sí". Y aquí que ocurrió que a los pocos días, cuando Luis predicaba en la catedral de Valencia enseñó a los fieles que no todos los arrobamientos eran divinos, algunos entendieron que hablaba mal de Nicolás, juzgándole por falso místico. Ambos amigos pusieron rápidamente fin al malentendido. Se cuenta que el 29 de septiembre de 1579, al salir de maitines se le aparecieron los Santos Padres San Francisco (4 de octubre; 17 de septiembre, la Impresión de las Llagas, y 25 de mayo, traslación de las reliquias) y Santo Domingo (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre "in Soriano"), que le bendijeron y le consolaron en sus pesares, enfermedades y tentaciones del demonio. Porque mucho le atacó el maligno, apareciéndosele en forma de perro que le impedía llegarse al agua bendita a persignarse.

En 1581 los achaques se le arreciaron, perdió visión, agudeza, oído, teniendo que suspender algunas predicaciones que ya tenía concertadas. A finales de verano tuvo que guardar cama, y le administraron el viático, estando presente el Arzobispo de Valencia, San Juan de Ribera (14 de enero). Profesó su fe católica, pidió el auxilio de la Virgen del Rosario y sus santos dominicos y franciscanos. Comulgó con ardor y luego tuvo una leve mejoría. Gustaba de las visitas de los demás religiosos, a los que pedía perdón y besaba las manos, a la par que impedía besaran las suyas, huyendo de reverencia alguna. Un religioso que pretendió tomarle las manos, le quitó las sábanas y vio que tenía bajo la espalda un ladrillo. Le preguntó que era aquello, estando tan mal de salud. "Hermano mío, ya se acerca la jornada y es menester mucho para ir al cielo. Mas, mire que le conjuro que no de parte de esto a persona del mundo", fue la respuesta.

San Juan de Ribera le llevó consigo a Godella, donde tenía una casa de descanso, y allí le servía de su mano, le complacía y entretenía. Volvió a Valencia cuando agravó y fue hospitalizado en el Hospital de los Clérigos, y luego a su convento, al ser previsible su muerte. El 6 de octubre reveló que moriría en cuatro días. El día 9 un franciscano que no alcanzó a conocerle, le vio por revelación siendo protegido por Santo Domingo, Santo Tomás de Aquino y San Pedro Mártir (6, 29 y 30, en Canarias, de abril, y 4 de junio, traslación de las reliquias). A las 10 de la mañana del 9 de octubre dijo al arzobispo: "Despídame, que ya me muero", pidió a los religiosos rezasen por él las típicas oraciones de la Orden por sus difuntos y expiró suavemente, al tiempo que se vio una luz sobrenatural sobre él, y un olor suavísimo emanó de su cuerpo. 9 de octubre de 1581. Varios días duraron los funerales, durante los cuales el pueblo acudió en masa para venerarle y llevarse, como no, reliquias de su hábito o tocar objetos a su cuerpo. Llegó la histeria a tanto que al ir a enterrarle, fue necesario apartar con antorchas a la multitud que le arrancaba el hábito. Y aún así algunos prefirieron les quemaran las manos, quedando el cuerpo casi desnudo. Esa noche cuatro religiosos bajaron a la cripta y le vistieron decentemente, hallándole flexible y emanando un leve resplandor.

En 1582 se exhumó el cuerpo y fue hallado incorrupto, fue sepultado de nuevo y junto a él se pusieron los huesos de sus padres, enterrados en la iglesia de San Juan del Mercado. En esta ocasión Felipe II se procuró un escapulario hecho con el escapulario del santo fraile, para protección de su hijo mayor. En 1585 se inició el proceso de canonización, impulsado por el arzobispo Ribera. El papa Pablo V le beatificó el 19 de julio de 1608, y el 18 de noviembre del mismo año la Ciudad de Valencia le nombró patrono de la misma. Alejandro VII le nombró santo patrono del Nuevo Reino de Granada. Clemente X le canonizó el 12 de abril de 1671. Su cuerpo fue profanado y desapareció durante la persecusión religiosa en España luego de 1936, aunque algunas reliquias se conservan en la catedral valenciana. 

En Cuba se le considera protector de los niños, especialmente contra "el mal de ojos", siendo costumbre que su oración sea puesta bajo las sábanas de los infantes.


Fuentes:
-"Santos, Bienaventurados, Venerables de la Orden de los Predicadores". Volumen Primero. FR. PAULINO ALVAREZ. O.P. Almería, 1919.
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.
-"Compendio histórico de las vidas de los Santos canonizados y beatificados del Sagrado Orden de Predicadores". FR. MANUEL AMADO. O.P. Madrid, 1829.


A 9 de octubre además se celebra a 
Santa Publia, abadesa. 
Santos Andrónico y Anastasia, esposos y monjes.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...