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domingo, 15 de diciembre de 2019

Sierva de María y no reina en el mundo.

Venerable Ana Catalina de Austria, duquesa y religiosa. 15 de diciembre.

Nació el 17 de enero de 1566 en Mantua. Sus padres fueron el Duque Guillermo de Mantua y Montferrato y la princesa Leonor de Hasburgo. Fue una niña muy piadosa y devotísima de la Santísima Virgen luego de que esta la librara milagrosamente de morir enferma.

Aunque su deseo era consagrarse al servicio de Nuestra Señora, la cual alguna vez se le habría aparecido, en 1582 fue prometida al archiduque Fernando II de Austria, tío suyo. Ana Catalina aceptó obedientemente y se resignó a cumplir la voluntad de su padre. A cambio, solo pidió que su padre liberara a 15 presos, donara bienes a 15 iglesias y diera cuantiosa limosna a 15 mendigos en honor de la Santa Virgen. El numero 15 habla de su devoción al santo rosario.

La boda ocurrió el 14 de mayo de 1582. Tuvieron cuatro hijas, todas enfermizas, tanto que para ellas Ana tenía un libro de recetas especial, con una dieta estricta, para evitar enfermedades y alergias. La ausencia de un hijo varón que asegurara el linaje y la sucesión enrareció la relación del matrimonio, y Fernando tendría numerosos ataques de ira por ello, como si su mujer fuera la culpable. Ella solo rezaba y sufría en silencio. El hijo varón nunca llegó y Fernando finalmente se resignó a ello y en 1595 murió luego de pedir perdón a nuestra beata por sus injustificados malos tratos y humillaciones.

Ya viuda, Ana Catalina se concentró en la educación de sus hijas y en la vida piadosa. A las niñas las preparó para el claustro o para alcanzar excelentes matrimonios. Fueron mujeres muy cultas y piadosas, dotadas para la música y el arte. Ella misma dejó todas sus galas, se enfundó en una túnica negra y una toca blanca, portando solamente un rosario al cuello, sin volver a usar nunca más una joya, y todas las que tenía las dio a los pobres. Convirtió su habitación en una especie de celda monacal, totalmente desnuda y con solo un jergón de paja. Camas, muebles, cortinas, todo fue vendido para los pobres. Toda la corte fue sumiéndose en aquella piedad, fuera por convicción o por no perder privilegios, y llegó a tener el aspecto de un monasterio.

Además de la piedad constante, la caridad se hizo presente más aún. Ella misma alimentaba a los pobres cada día, atendía a los enfermos que venían por limosna o los visitaba en los suburbios. Se hacía acompañar de algunas de sus hijas, a las cuales enseñaba como debían servir siempre a Jesucristo en los pobres. Donó numerosas propiedades y dinero a las iglesias de Innsbruck, y con ello promovió el arte barroco, propio del momento. Entre todas estas obras sobresale construyó el convento de las servitas de Innsbruck, el cual le fue solicitado por la Madre de Dios en una visión. Para ello reformó uno de sus castillos, dotándolo con una bella iglesia. Esto lo hizo no sin grande oposición de los nobles, quienes veían en ello un gasto demasiado grande e innecesario.

Tanta guerra le enfermó y postrada en cama supervisó los trabajos de construcción. Pero su perseverancia tuvo su fruto: la Virgen se le apareció y la curó instantáneamente, mandándole que tomara el hábito de religiosa servita. Y no fue el único portento relacionado con el convento. Un día hubo un deslizamiento de tierra y un obrero quedó sepultado por el lodo. Solo al otor día se puso excavar y el hombre fue hallado con vida y ni siquiera estaba herido. Una vez terminado el monasterio de las terciarias servitas, la otrora archiduquesa se convirtió en religiosa tomando el nombre de Ana Juliana, abandonando para siempre el mundo. Su hija María, viuda, le seguiría al poco tiempo.

Vivió en el convento como había vivido sus últimos años: orando y trabajando por los demás, sin jamás hacer prevalecer algún privilegio por sus títulos, familia o ser la fundadora del convento. Fueron años de varias gracias místicas y vida de intensa oración. Finalmente Ana Catalina entró al cielo el 14 de diciembre de 1621. En 1693 se inció el proceso de canonización con la elevación de las reliquias a un altar por parte del obispo Johann Franz, caso insólito en el siglo XVII, donde ya las normas eran muy estrictas con respecto esto. Nunca fue canonizada, pero las monjas servitas de su convento celebraron su memoria siempre y promovieron su culto.


Fuente:
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.

A 15 de diciembre además se celebra a:

San Mesmin, fundador.
Beata Hadewych, mística.


miércoles, 21 de mayo de 2014

San Miguel, en Gargano y otros sitios

Si el día 7 de mayo recordábamos la Aparición de San Rafael Arcángel,  traigo el recuerdo de la fiesta "doble mayor" que el 8 de mayo, celebraba la Iglesia hasta la reforma conciliar: "In Apparitione S. Michaelis Archangeli", esto es, la aparición del santo Arcángel en Gargano, Italia. 

La primera procesión a Monte Gargano
Es el "Liber Pontificalis", una obra para leer con pinzas y alguna dosis de escepticismo, quien narra lo sucedido: Monte Gargano, año 490, el dueño de la cima del monte, ocupada por maleza y bosques, perdió un toro. A los tres días, se decidió a subir, con algunos sirvientes, a lo alto de la montaña en su búsqueda. Al llegar a lo alto, hallaron al toro postrado de rodillas ante la entrada de un caverna desconocida. Pensando que el toro se había accidentado y no podía moverse, se decidió a matarlo disparándole una flecha, que retornó hacia él, hiriéndolo de muerte. Los sirvientes lo vendaron y, olvidando al animal, llevaron a su amo de prisa a Siponto, donde vivía. Contaron a todos lo sucedido, y llegó a oídos del obispo, San Lorenzo Maiorano (7 de febrero). Este, ante la creciente curiosidad y temor del pueblo, ordenó tres días de oración, ayunos y penitencias, paraque Dios tuviera a bien manifestar su voluntad.

Al cabo de los tres días, el 8 de mayo, se le apareció al santo el arcángel San Miguel, diciéndole:

"Soy el Arcángel Miguel, aquel que continuamente está en la presencia de Dios. Deseo que este lugar sea conocido y venerado en toda la tierra y sea privilegiado. Quise probar con ese acontecimiento maravilloso [el de la flecha], que todo lo que se obra en este lugar, sucede por voluntad de Dios. Él es quien me ha constituido protector y defensor de este lugar".

A la mañana siguiente el obispo contó la aparición, y organizó una procesión hacia el monte Gargano, para entrar a la caverna y venerar el santo sitio elegido por Dios para ser santuario de San Miguel. Al volver, hallaron al herido bueno y sano, y además, orgulloso de que sus tierras hubiesen sido consagradas al culto de San Miguel. Así comenzaron la devoción y las peregrinaciones a la "casa de San Miguel". Allí le veneró Santa Brígida (23 de julio y 7 de octubre), y muchos santos y pecadores, nobles y reyes, y más de un papa, como Juan Pablo II. 

Aunque esta del 8 de mayo, es la aparición celebrada y "oficial", no fue la única ocurrida en monte Gargano. En 492, el rey godo Odoacrio se determinó conquistar Siponto, por su prosperidad. El 19 de septiembre de ese año, San Miguel volvió a aparecerse a San Lorenzo Maiorano en la catedral de Santa María de Siponto, ordenándole que los capitanes atacaran a los godos antes que estos lo hicieran, y tendrían su protección. Así se hizo, y los godos quedaron cegados por rayos y relámpagos, que no les permitían ver a los sipontinos. Esta intervención milagrosa fue celebrada con júbilo, y la fervientes visitas al monte de San Miguel.


Imagen venerada en Gargano
Y hubo más. Al año siguiente San Lorenzo, el clero y fieles subieron procesionalmente a la santa cueva, a la que no se atrevían a entrar, por reverencia. Lorenzo consultó al papa San Gelasio (20 de noviembre) sobre el uso de la cueva y este ordenó que siete obispos se unieran en oración ante la caverna y suplicaran a Dios les mostrase su voluntad. A los tres días, el 29 de septiembre, otra vez apareció San Miguel al obispo Lorenzo diciéndole:
"No es necesario que consagren esta caverna, pues yo mismo la he consagrado eligiéndola como morada y palacio. La he consagrado con mi asistencia y milagros. Yo he consagrado este lugar, con oraciones y sacrificios".

Así que San Lorenzo reunió a los obispos, les contó la visión y estos junto al pueblo, subieron todos al monte, sucediendo que se vieron cuatro enormes águilas protegiendo del sol abrasador a los obispos ancianos y venerables. Al entrar a la cueva, por primera vez, vieron el prodigio de la huella de San Miguel impresa en una piedra. Había un altar cubierto con un baldaquino de púrpura y presidido por una cruz de cristal. Allí San Lorenzo celebró la misa, sin necesidad de consagrar el sitio al culto, por haberlo hecho ya el mismo arcángel.

Durante siglos la devoción continuó sin intervenciones directas de San Miguel, hasta el 22 de septiembre de 1655, cuando el obispo Giovanni Alfonso Puccinelli organizó una rogativa a San Miguel para que alejara la peste de la ciudad. Ese día se le apareció San Miguel diciéndole: 

San Miguel se revela
a San Lorenzo Maiorano
“Sabe, oh pastor de este rebaño, que he obtenido de la Santísima Trinidad que cualquiera que lleve con verdadera devoción las piedras de mi santa cueva, alejará de su casa, de la ciudad y de cualquier lugar la peste.  Tú bendice las piedras, esculpiendo sobre ellas la señal de la cruz con mi nombre".

Así lo hizo el obispo, y todos aquellos que llevaban estas piedrecillas devotamente, fueron librados de la enfermedad y muerte. Y es esta devoción secular, la que hizo que la Iglesia reconociera como verdaderas la aparición e introdujera su celebración en el calendario universal, hasta 1969, aunque ya antes, con Juan XXIII, había sufrido "recortes" de categoría, quedando como una misa "pro aliquibus locis". 

A la misma Santa Brígida, le reveló el arcángel como la falta de devoción a su ángelica figura vendría a la par del caos en la Iglesia y el mundo. Entristecida Brígida con esa revelación, tuvo una visión del Señor, que le dijo: 
“Los desgraciados se darán cuenta, en la hora de la prueba, de la gran pérdida hay en olvidarse de los ángeles".

Otras apariciones de San Miguel son: en Roma (25 de abril), en Honaz (6 de septiembre), en Colosas, (19 de septiembre), en Tlaxcala, México (25 de abril), en Mont Saint-Michel, Francia (16 de octubre) y en Aralar, España.

Ver otras memorias suprimidas del calendario.


Fuente:

-“La leyenda de oro”. Tomo Segundo. R.P. SAYOL Y ECHEVARRÍA. Madrid, 1853.

A 8 de mayo además se celebra a
Beato Luis Rabatá, carmelita mártir.
San Gibrián de Reims, presbítero.
Nuestra Señora de las Escuelas Pías.
Nuestra Señora de la Estrella.

martes, 7 de mayo de 2013

La aparición de San Rafael Arcángel

Pregunta: Soy devoto del Arcángel san Rafael y quisiera saber si conoces (además del Libro de Tobías) alguna manifestación de este Arcángel en la historia de la Iglesia o en la historia de algún santo. Leí en este blog que san Juan de Dios le era muy devoto, pero no había nada más. Muchas gracias desde ya. Bendiciones desde Argentina.

San Rafael Arcángel. 
Respuesta: Hola padre. Luego de buscar por varios sitios, he hallado dos manifestaciones de San Rafael, vinculadas a Córdoba, España. Si fueran los otros arcángeles, tendríamos más que hablar, pues de San Miguel se celebran hasta siete apariciones: En Monte Gargano (8 de mayo), en Roma (25 de abril), en Honaz (6 de septiembre), en Colosas (19 de septiembre), en Tlaxcala, México (25 de abril), en Mont Saint-Michel (16 de octubre) y en Aralar, España. Y de San Gabriel, lo mismo: la aparición en el Monte Athos (11 de junio). Pero como le decía, no todo está perdido, y vamos a Rafael:

Según el libro "Triunfo Angélico del Celeste Príncipe y Glorioso Protector de la Ciudad de Córdoba, San Rafael", de Jerónimo de Vilches O.S.Bas:

"El suceso de mas antigüedad en que se ha dado a conocer San Rafael, y que consta de los autores, según lo que alcanza la memoria , y escritos, dejando a Dios otros más antiguos, y que nosotros no alcanzamos, es la aparición del Sagrado Arcángel al Venerable P. Fr. Simón de Sousa, Comendador del Convento de Redentores Mercedarios de esta Ciudad, (...) Cuando el Señor Obispo D. Pascual de buena memoria gobernaba la Silla de Córdoba [1239], era el P. F. Simón Comendador del enunciado Convento Mercedarios de esta Ciudad; la que por entonces padeció la epidemia contagiosa de una tan devastadora peste que faltó poco para despoblar todo su vecindario. Concurrieron [los religiosos de la ciudad] con su Ilma., y para subvenir a tan grave necesidad, se ofrecieron todos a ayudar a los fieles, por si y por los religiosos de sus Comunidades, a cuanto pudiesen sufragar en beneficio espiritual y corporal de los enfermos. (…) El que mas señaló en todo fue el P. Comendador Fray Simón, abandonándose, por si y por sus Religiosos con tanta resolución al cuidado de los enfermos, que se les pego el contagio, así a muchos de sus súbditos, como al P. comendador y llegando todos casi a los umbrales de la muerte.
(…) los Venerables Prelados, añadiendo a las obras de sus manos las lágrimas de sus ojos, y juntando con el desvelo de su cuidadosa asistencia a los enfermos las vigilantes, y fervorosas oraciones al Señor; pedían el remedio en tan urgente, y lastimosa calamidad. Todos imploraban el patrocinio de la Reina del Cielo, en cuya mano ha puesto el Señor las llaves de su misericordia; pero el Venerable Fray Simón, que ya se hallaba convaleciente de su enfermedad, retirado en el Coro de su Convento, al mismo tiempo que rendía al Señor gracias por su mejoría, derramaba su corazón a sus pies, rogándole se compadeciese del afligido pueblo, y por su infinita clemencia retirase ya el azote del contagio.

Apareción a Simón de Sousa. 
Y para dar más valor a sus humildes súplicas, llamaba a las puertas de la Reina del cielo y a las del glorioso Arcangel San Rafael, a quien veneraba con especialísima devoción, poniéndoles por intercesores para aplacar los enojos del Altísimo. Asi rogaba cuando en lo mas profundo de su oración, se le apareció el Sagrado Arcangel San Rafael; y consolándole con la vista de su celestial belleza, le dijo estas palabras: 'Dirás al Obispo Pascual que esta Dios muy satisfecho de su vigilancia, y cuidado; y que por sus oraciones y de otras personas, por la intercesión de su Santa Madre se ha compadecido de este Pueblo: que ponga mi Imagen en lo alto de la Torre de la Iglesia Catedral, y exorte a todos sus feligreses a que me sean devotos y celebren mi fiesta todos los años. Y que si así se hace, este contagio cesará de todo en punto'.
Con esto desapareció el Santo Arcángel; mas como el caso era de tanta importancia, pasó el Venerable Comendador a comunicarlo con el Señor Obispo, significándole de parte del Soberano Espíritu el contenido de la revelación y lo que era voluntad de Dios para el remedio de aquella gravísima, y extrema necesidad: y como era tanta la piedad del Venerable Obispo D. Pascual; asintiendo con docilidad a la insinuación del Cielo, mandó luego hacer una Imagen del Sagrado Arcángel San Rafael, y ponerla sobre la Torre de la Iglesia en tal disposición que pudiese mover la cara a todos vientos para purificarlos de la infestación del contagio; en la misma forma, que el Celestial Espíritu lo determinó. Mandó asimismo el devoto Prelado, que se celebrase al Santo Arcángel el día de su fiesta, exhortando a todos sus súbditos a su más tierna, y fervorosa devoción; con cuyas diligencias se apagó enteramente la llama del contagio".

Y prosigue este libro con la manifestación más conocida, compuesta de varias apariciones, y celebrada a 7 de mayo, en Córdoba. Intento resumir por lo complicado del lenguaje de la época:
"La mas célebre de estas apariciones y en la que con mayor claridad y certeza ha manifestado el Sagrado Arcángel el ministerio de custodio de esta Ciudad, encomendado por Dios, fue en la que se dejó ver del Venerable Sacerdote Andres de Roelas".

Unos antecedentes de dicha manifestación: El 26 de noviembre de 1575 habíase descubierto en la iglesia de San Pedro de Córdoba, un sepulcro con las numerosas reliquias de los muchos mártires de Córdoba, que había sido ocultado durante siglos, por miedo a la presencia mora. Se tenía conocimiento de dicho sepulcro, pues se conservaba lo que había sido su tapa, con los nombres de los santos patronos de Córdoba grabados: Fausto, Januario, Marcial, Zoilo y Acisclo (Fausto, Januario y Marcial, 13 de octubre; Zoilo, 27 de junio; Acisclo, 17 de noviembre). El obispo Bernardo de Fresneda mandó reunir los huesos, decretando que, aunque parecían reliquias de mártires, por el cuidado con que habían sido depositadas, permanecieran en ocultas a la veneración pública, hasta que, presentado el caso al papa Gregorio XIII, este determinara. Pero el papa pasó la respuesta al Concilio de Toledo, que no se determinó. Y pasaron los años:

Aparición de los cinco caballeros al Padre Roelas. Capilla de los Santos Mártires. 
"...por el mes de Octubre del (…) año de setenta y siete cayó el Venerable P. Roelas en una gravísima enfermedad, de la que [casi se sanaría] después de una larga curación (…) la víspera de Pascua de Resurrección del siguiente año de 1578. Entre tanto, y con el deseo de su salud (…) se encomendó afectuosamente a los Santos Mártires, pidiéndoles le alcanzasen de Dios la salud, si le convenía. (...) los Santos Mártires parece no cerraron las puertas de sus piadosos oídos a los clamores del Venerable Presbítero. Por cinco veces, y en diferentes noches oía una voz de persona , que aunque no se dejaba ver, le decía: 'Salte al campo, y tendrás salud'. (…) [el] Sábado Santo del enunciado tiempo, se esforzó como pudo a salir de su casa [y estando en el campo descansando] se le presentaron ante los ojos (…) cinco bizarros personajes a caballo, los que habiéndole saludado, sin darse a conocer, le dijeron: 'por vuestra vida Señor, pues sois Sacerdote, vais al Prelado, o a quien está en su lugar, y le digáis: aquel Sepulcro que se halló en S. Pedro , y huesos de los Santos, que los tengan en mucha veneración, porque vendrán a esta Ciudad muchos trabajos, enfermedades, y flujos de sangre en las mujeres, y mediante ellos serán libres'. Con esto se apartaron, siguiendo su camino; y cuando el Venerable Sacerdote quiso seguirlos para averiguar quien fuesen, ni los volvió a ver más, ni hallo quien le diese de ellos razón".
Y se halló perfectamente sano el P. Roelas, quien, aunque impresionado, decidió no contar nada hasta que la ciudad tuviera nuevo obispo, pues a la sazón, había sido trasladado D. Bernardo. Así que la noche del 30 de abril de ese mismo año se le apareció un personaje bellísimo, que le dijo: "¿Por qué no habéis querido hacer lo que os encomendaron aquellos cinco Caballeros? Porque tiempo ha de venir, que ha de usar Dios de misericordia con este Pueblo por intercesión de los huesos de estos Santos Mártires; porque han de suceder graves enfermedades , y pestes, y sobre las mujeres flujos de sangre".

Manifestó el buen padre que temía no ser creído, a lo que el misterioso ser le replicó que, a pesar de ese temor, el provisor (administrador eclesiástico) debía fabricar un relicario de buen tamaño, llevarlo en procesión con las santas reliquias, de modo que todo aquel que venerase dichas reliquias quedaría sanado o sería inmune a las plagas anunciadas. Cinco veces se repitió la aparición celestial y la petición, mientras el padre dudaba y conjuraba al espíritu, por si era aparición del diablo. Decidió consultar con teólogos, el cabildo y el mismo Provisor, y entre todos determinaron le hiciera algunas preguntas al ser, sobre quienes eran los mártires, que tipo de martirio habían padecido y si algún hueso de infiel estaba mezclado con las reliquias. Y llegó el 7 de mayo, que sería el día definitivo. Se presentó el luminoso ser y le dijo al P. Roelas:
"Tú me conjuraste la última noche que vine aquí; y no te dije quien era por tu inobediencia. Yo te juro por Jesucristo Crucificado, que soy Rafael Angel, a quien tiene Dios puesto por Guarda de esta Ciudad". 


San Rafael aparece a Roelas.
Manifestada la persona del mensajero, pasó el arcángel a responder lo que se le preguntaba. Una hora y media duró la aparición, dando por satisfecho al P. Roelas. Le confirmó San Rafael lo que la piedra que sellaba el sepulcro decía: que allí dentro estaban las reliquias de Santos Patronos de la ciudad: Fausto, Januario, Marcial, Zoilo y Acisclo. Y que las otras eran las reliquias de los Santos Perfecto, presbítero (18 de abril); Argimiro, monje (28 de junio); Leovigildo y Cristóbal, monjes (19 de agosto); Victoria, virgen (17 de noviembre); Flora y María, vírgenes (24 de noviembre), Elías, presbítero (17 de abril), y Jeremías, monje (7 de junio). Le confirmó que aquellos cinco caballeros no eran otros que Fausto, Januario, Marcial, Zoilo y Acisclo. Detalló martirios y manera de reconocer algunas reliquias, como las de Fausto, Januario y Marcial, que estarían requemadas, o las cabezas de las mujeres, que serían más pequeñas. No estaban contaminadas con huesos alguno de infiel, ni siquiera de cristiano no santo. También confirmó San Rafael la aparición a Simón de Sousa.

Esto bastó al Cabildo para aceptar que aquellas eran las reliquias de los santos mártires, ponerlas a la veneración pública, como había pedido San Rafael. En 1601 (muerto ya en 1587 el P. Roelas) una peste sin precedentes asoló la ciudad, lo que movió al clero y pueblo a invocar a San Rafael y a los santos mártires, quedando muchos sanos y otros muchos recuperaron la salud. Solo entonces El Provisor, Fernando Mohedano, autorizó como ciertas las revelaciones del P. Roelas, el 6 de agosto de 1603. Finalmente, en 1650, Inocencio X las confirmaba, a la par que autorizaba a la ciudad de Córdoba celebrar la festividad del arcángel San Rafael a 7 de mayo.


A 7 de mayo además se celebra a:


La Traslación de
San Juan de Mata
.
Beata Gisela de Hungría,
reina y abadesa
.
San Domiciano de
Maastricht, obispo
.


NOVEDAD

MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

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lunes, 11 de febrero de 2013

Contradicciones. Sí, gracias.

N. S de Lourdes
Pregunta: Muy interesante, y muy raro ya que siempre las "demostraciones" [de las apariciones marianas] son limitadas, algunos creen, otros dudan, o sea que quedamos igual que siempre. Eso es lo que quiere la Virgen? (esta pregunta está motivada por el artículo "Nuestra Señora de las Rosas")

Respuesta: Normalmente las personas deseamos tenerlo todo claro, entendido y sin cabos sueltos. Si algo no entendemos, o se sale de los esquemas establecidos, ya nos desconcierta y lo vemos sospechoso. Sin hablar de si algo se contradice, o aparentemente lo hace. Las apariciones marianas no son una excepción a esto y, precisamente, yo creo que es ahí donde se muestra su autenticidad. Intentaré explicarme, y todo es opinión mía malamente expresada, espero me entiendan:

En toda la Revelación Cristiana hay una constante contradicción entre la voluntad Divina y lo que los humanos pensamos que “sería lo mejor”. Si no, miremos el Evangelio: Más de una vez Cristo pide a los apóstoles que no contasen algún milagro realizado, cuando “lo mejor” habría sido que fuera contado y más gente lo supiera. Y cuantas veces no hemos pensado nosotros como los que le gritaban en la Cruz “baja de la cruz y demuestra que eres el Hijo de Dios”. Y no es un insulto, ni un grito de burla, aunque sea irónico; más de uno de nosotros ya querría que así hubiese sido: Cristo, en medio de resplandores, ángeles y alguna que otra parafernalia (más urdida por mentes fantasiosas que por Dios), bajando de la cruz y confundiendo a sus verdugos, y luego convirtiéndolos. ¡que bien, que ejemplar! pero que poco “divino”. Es el constante tironeo del Evangelio, de la historia de la Iglesia, de la historia personal de cada uno entre fuerzas encontradas de lo que es y lo que “yo querría que hubiera sido”, o lo que “así habría estado mejor”.

Con las apariciones marianas pasa lo mismo: afortunadamente y como dices “quedamos igual que siempre”. ¡Claro que es así, quedamos a merced de la fe! La fe cristiana es un riesgo, es una aventura y las certezas son mínimas; por no decir una sola: Cristo nos ha salvado, las demás “certezas” son consecuentes de esta. Cuanto habríamos querido que en Fátima (13 de mayo), María hubiera sido vista por todos y cada uno de los milagros pedidos, hubieran sido concedidos. O que el milagro del sol hubiera sido más patente (más aún!). ¿Es que así habrían creído más? ¿O habría actuado Dios con más claridad?

La Medalla Milagrosa.
Voz silenciada por la Palabra:
Las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa (27 de noviembre), muchas veces no tenidas suficientemente en cuenta, entran también en esta dinámica de “contrarios”. Se hicieron famosas las apariciones, las medallas se repartieron a miles, las historias sobre la vidente se hacían famosas y las mismas hermanas de hábito de Santa Catalina Labouré (28 de noviembre) nunca supieron que era ella quien había recibido las apariciones, incluso las hubo decepcionadas por ser aquella hermana tan "simplona” la receptora de los mensajes. ¿Por qué? ¿Como pretende Dios propagar un mensaje acallando expresamente al mensajero?



Y el rosal no floreció:
Relacionada con N. S de Lourdes (11 de febrero) es conocidísima la anécdota en la cual el párroco de Lourdes pide a Santa Bernardette (16 de abril), que la Señora de la gruta de Massabielle hiciera florecer el rosal de la gruta, como signo de milagro. ¡Que bien hubiera sido, que bonito! Pero no pasó. Este suceso llevó a dudar hasta el final de su vida a la superiora del convento de Nevers, donde Bernardette pasó casi toda su vida. Preguntada sobre las evidencias de milagros, testimonios de primera mano, santidad de Bernardette, esta monja contestaba siempre: “pero el rosal no floreció”. Y así somos todos, incluso los que callan esta anécdota molestos con que no haya habido tal prueba. Sin embargo, esta buena mujer, pasó por alto siempre que ese mismo día sucedió algo más grande aún que lo efímero de un rosal: de la tierra reseca brotó el manantial cuyas aguas han sanado a miles de personas durante más de 150 años. 


Yo, realmente, prefiero quedarme “igual que siempre”. Por lo que conozco y lo que he comprobado, mientras una realidad divina o un simple hecho religioso tiene más necesidad de ser explicado, o es mas “claro” y evidente, tiene más posibilidad de ser más falso y tener su origen en elucubraciones de sesudos. No deseo sean tan claras las apariciones marianas, ni las aprobadas ni las otras, porque así se parecerían más a las falsas; esas llenas de mensajes apocalípticos, de castigos y amenazas, donde todo aparece probado, constatado, cronometrado.

Dejemos que el rosal florezca, pero solo si Dios quiere…

domingo, 7 de octubre de 2012

Nuestra Señora, la Virgen del Rosario

Pregunta: Mi madre se llama Rosario y me gustaria saber si hay alguna Santa con su nombre y saber su historia.
Respuesta: Además de que alguna santa lleve el nombre de Rosario, que veremos al final, es la advocación mariana de Nuestra Señora del Rosario, la que es celebrada por las mujeres llamadas así, el 7 de octubre, y de la que te hablaré escuetamente porque mucho y mejor se ha dicho sobre el tema:

Nuestra Señora del Rosario. 7 de octubre.

Sobre el Rosario mucho se ha dicho, y es poco aún, siendo una oración tan importante en la vida de la Iglesia. Comúnmente, y con cierta simpleza, se dice que Nuestra Señora se le apareció a Santo Domingo de Guzmán (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias, y 15 de septiembre "santo Domingo in Soriano") y le dio el rosario, enseñándole como rezarlo. 

Pero la historia nos demuestra otra cosa: Brevemente, el origen del rosario está en la costumbre monacal de rezar los 150 salmos cada día; los monjes legos, que no sabían leer, o se aprendían los salmos de memoria, o los sustituían por 150 padrenuestros. Hay que notar que este orar repetitivo entronca perfectamente con la tradición judía de repetir palabras insistentemente (lo que hoy se llama "mantra", como si se hubiera inventado ahora), como haría el mismo Cristo en su vida. En el siglo IX encontramos en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar, los Padrenuestros o las Ave María. Esta costumbre se uniría a la de ofrendar las coronas de flores o rosas a las imágenes marianas, tradición proveniente de cultos pre-cristianos. Así que es totalmente cierto decir que en el siglo X ya se conocía esta devoción, por más que se conformara con el tiempo. Eso en Occidente, porque en el cristianismo oriental, en el Islam o el Budismo, igualmente existe la costumbre de orar repetitivamente usando cuentas. 

Ciertamente, cuando Santo Domingo de Guzmán comienza su obra evangelizadora y apologética ante la herejía albigense, descubrió la importancia de la devoción mariana como elemento fortalecedor de la fe cristiana y lo aprovechó en su labor misionera con excelentes frutos. Esa necesidad devocional, sumada a la facilidad del rezo, incluso para los que no sabían leer, dieron como fruto que la Orden Dominica se lanzara de lleno a la propagación de esta devoción, a la que surgirían, con el tiempo, algunas parecidas, como la corona de Santa Brígida, el rosario de las Llagas de Cristo... etc., etc. Un hito importantísimo sería la división en "misterios" del Evangelio, hecha por el cartujo Egher de Kalgar. La primera meditación de pasajes evangélicos unidos al rosario es del benedictino inglés Dominique Hélion (he aquí el origen de la leyenda sobre santo Domingo y el rosario: en otro Domingo). Ambos aportes datan de inicios del siglo XV, cuando viene al mundo otro apóstol del rosario: el Beato Alain de la Roche (8 de septiembre).

Con él la devoción tuvo un nuevo empuje. Predicando, disciplinándose, organizando procesiones y devociones públicas, poco a poco el Beato Alain hizo del rosario la oración mariana predilecta del pueblo y de la Iglesia. su obra piadosa principal fue la fundación de la Cofradía del Rosario, llamada en origen "Cofradía del Salterio de Jesús y María", recogiendo el origen monástico del rosario, fundada en 1470 en Douai, y en apenas un año ya tenía 50.000 miembros. Fue este el origen de la "Hermandad del Rosario", establecida hasta hoy en casi todas las iglesias dominicas. La leyenda, que no falta, nos dice que la Virgen se le apareció muchas veces, alentándole a perseverar, y que le profetizó el nacimiento de la herejía luterana, siendo el Rosario un eficaz remedio contra dicho mal. También le mostró los males que atraería para toda la Iglesia el abandonar su rezo, que ella lo tenía como preferido por sobre todos. Apariciones marianas como Lourdes o Fátima corroborarían este amor de la Santísima Virgen al Santo Rosario.

La Protección de María
en la batalla de Lepanto.
Pero el definitivo impulso vendría en el siglo XVI, cuando en 1571 el papa San Pío V (30 de abril) pediría a la cristiandad que rezara el rosario para alcanzar el triunfo contra los moros que asediaban Europa como nunca. En la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de ese mismo año, las tropas cristianas, sin esperarlo ya, ganaron a los musulmanes. El papa estableció la memoria de Nuestra Señora de las Victorias, unida indisolublemente a la devoción del rosario. Además, y por el mismo motivo agregó a las Letanías Lauretanas el título de "Auxilium Christianorum". Fue Gregorio XVI quien cambió el nombre de la fiesta por Nuestra Señora del Rosario, aunque en muchos sitios tomó el nombre de "Nuestra Señora del Rosario y de las Victorias" (como en mi parroquia, según descubrí en una estampa antigua).

Otro momento decisivo fue el triunfo sobre los turcos en Viena el 12 de septiembre de 1683, fiesta del Dulce Nombre de María. Nuevo impulso, sin duda, le han dado a la devoción, las apariciones marianas, singularmente Lourdes, Fátima, Beaureaing y Banneaux, entre los siglos XIX y XX. Numerosas son las parroquias, congregaciones religiosas, cofradías, imágenes dedicadas a la Virgen del Rosario, que ha traspasado ampliamente las fronteras de la Orden Dominica. Todos los papas se han referido al rosario con hermosas palabras, lo han rezado y portado siempre, colmándolo de indulgencias. Igualmente todos los santos, desde el siglo XVI sobre todo, le han tenido gran afecto y ha sido su oración mariana predilecta.

Y santa, o sea, mujer elevada a los altares con ese nombre, tenemos a la Beata Rosario de Soano, (22 de septiembre) Terciaria Capuchina, virgen y mártir de Valencia .


A 7 de octubre además se celebra a:

Santos Sergio y Baco,
soldados mártires
.
San Marcos,
papa
.
San Martín Cid,
abad
. 










MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

sábado, 14 de abril de 2012

¿Apareció el Resucitado a su Madre, sí o no?

Pregunta: La piedad popular le ha dado un lugar protagònico a la Virgen María, sobre todo en eventos trascendentales de la vida de Cristo, la Resurrección no es la excepciòn. En muchos lugares para la procesion de Resurrecciòn se lleva a cabo un "encuentro" de imàgenes del Resucitado y la Virgen María, se deja por un lado el hecho de que en el Evangelio se menciona que si hubo una mujer que se encuentra con Cristo Resucitado, esta no fue otra sino María Magdalena. ¿Fue realmente la Virgen María una testigo de la Resurrección?

Respuesta:
Antes de contestarte, quiero dar gracias a P. Ángel Luis Estecha por ayudarme a redactar este artículo. Como bien dices, la única mujer, según los evangelios, testigo del Resucitado es Santa María Magdalena (5 de mayo, Iglesia Oriental; 22 de julio; y Domingo de las Miróforas). Y, sin embargo, la piedad popular y muchos místicos han querido una supuesta aparición privada del Señor a su Madre, pero fuera de suposiciones y deseos de que haya sucedido, nada lo afirma. Yo no afirmo ni niego que haya sucedido, no estuve ahí, y me atengo a lo que los evangelios trasmiten.


Jesús Resucitado.
Retablo de iglesia bretona
Las apariciones del Resucitado son claras y pocas: A Santa María Magdalena, a Santo Tomás, a los de Emaús, y a los apóstoles en diversas ocasiones, en interiores o exteriores y, finalmente, la del día de la Ascensión. Aunque, todo sea dicho, las cartas apostólicas hablan de apariciones que no narran los evangelios: "se apareció a Cefas (...) a más de quinientos hermanos (...), se apareció a Santiago, luego a todos los apóstoles (Cfr 1 Cor. 15, 5-7). Es decir, que apariciones además de las narradas por los evangelistas hubo, pero no fueron narradas con precisión por no considerarlas necesarias, a pesar de que serían conocidas, puesto que los evangelios se escribieron ya comenzada la predicación evangélica. Si estas apariciones no fueron tenidas como importantes, es porque no aportarían nada a dicha predicación. Lo mismo podríamos decir de una supuesta aparición a María: no era, ni es, relevante para la fe. Y es que las apariciones del Resucitado contienen un profundo mensaje teológico y pastoral para las comunidades a las que se escribe para corfirmarlas en la fe mediante el encuentro del Señor con aquellos que antes dudaban, negaron o traicionaron.

Numerosos místicos han hablado de esta aparición, sea por revelaciones privadas o porque les parecía que así había tenido que ser. Una pequeña muestra:
  
"apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho, en decir que apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento, como está escrito: ‘¿También vosotros estáis sin entendimiento?'". San Ignacio de Loyola.
"Ve el cuerpo del Hijo resucitado y glorioso, despedidas ya todas las fealdades pasadas, vuelta la gracia de aquellos ojos divinos y resucitada y acrecentada su primera hermosura. (...) al que tuvo muerto en sus brazos, verle ahora resucitado ante sus ojos. Tiénele, no le deja, abrázale y pídele que no se le vaya, entonces, enmudecida de dolor, no sabía qué decir, ahora, enmudecida de alegría, no puede hablar" Fray Luis de Granada.
"Estando así prevenida María Santísima, entró Cristo nuestro Salvador resucitado y glorioso, acompañado de todos los Santos y Patriarcas. Postróse en tierra la siempre humilde Reina, y adoro á su Hijo santisimo; y su Majestad la levantó y llegó á si mismo..." Madre Ágreda.
"díjome entre otras cosas (Cristo) que en resucitando había visto a nuestra Señora, porque estaba ya con gran necesidad, que la pena la tenía tan absorta y traspasada, que aún no tornaba luego en sí para gozar de aquel gozo (por aquí entendí esotro mi traspasamiento, bien diferente; mas ¡cuál debía ser el de la Virgen!); y que había estado mucho con ella; porque había sido menester hasta consolarla.". Santa Teresa de Jesús.

Los defensores modernos de una supuesta aparición del Señor a su Madre la tienen complicada a la hora de justificar dicha aparición. Afirman que no están en los evangelios porque la finalidad de estos relatos de las apariciones del Señor Resucitado, es apologética y solo están las apariciones importantes. Habría que contestar a esto que si ni siquiera está de pasada no era entonces una revelación importante. Ni necesaria para la fe de la Iglesia, ni el alma de María en particular. Entonces no sucedió, Dios no hace cosas que no redunden en su gloria y honor o el bien de las almas.


Para justificar dicha aparición, concluyen que sería por consolarla, o por premiar su fe y permanencia... pero sólo el sentimiento de haya sido así ("ay, es tan bonito pensarlo") sostienen estos argumentos. 

Jesús aparece a su Madre.
"Es cosa comúnmente admitida que Jesús se apareció después de la Resurrección. en primer término y por separado, a su Madre. En primer término, porque ella lo merecía en una medida especial,por haber permanecido al pie de la cruz martirizadora; por separado, puesto que esta aparición tenía una razón de ser muy distinta de la de las otras mujeres y discípulos. A los discípulos había que volverlos a ganar para la fe. María en cambio había de ser recompensada por ella". F.M Willam.


Muy bonito, pero si leemos en el Evangelio, constataremos que este tipo de consuelos no existe y que las apariciones del Resucitado son para premiar nada. Se aparece el Señor a gente que se lamenta (María Magdalena), que no cree (Tomás), que tiene cerrado el corazón (los de Emaús), o que persigue cristianos (Pablo). O sea, que son experiencias trastocadoras, inesperadas y transformantes. Nada que ver con una aparición sentimental; diríamos que Dios no gasta en vano sus revelaciones.

En cuanto a los sustentos históricos, nos dicen algunos que, como no narran los evangelios que la Virgen no estaba en la sepultura de Cristo, ni con las mujeres, el domingo por la mañana, hay que suponer que es porque sabía que iba a resucitar. Primero, por este mismo conocer, se podría haber quedado en casita, en lugar de padecer junto a la Cruz. Segundo, suponiendo que lo haya sabido, tampoco prueba que el Señor se le haya aparecido; todo lo contrario, teniendo en cuenta que las apariciones son a gente sin fe.

Luego nos dicen que otra razón por la que esta aparición (recuerdo, supuesta aparición) no fue consignada es porque el testimonio de María no habría sido válido por ser alguien cercano y parte comprometida con el "caso Jesús" y por tanto, un testigo de quien dudar. 

"... si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe". S. Juan Pablo II.
Pero olvidan los que conjeturan esto que todos los testigos de las apariciones son gente implicada directamente con Jesús, precisamente a los que convendría falsear apariciones y cuyo testimonio no sería tampoco válido entre los detractores de la Resurrección. Si se admiten estos testimonios, ¿que mejor que narrar un testimonio de su madre? Los evangelistas narran lo que sucedió, ni más ni menos. Lo más sano de pensar es que, si no cuentan ni por asomo esta aparición a María, es que no pasó.

Jesús aparece a su Madre.
Los argumentos teológicos dicen que, estando la Madre de Dios íntimamente asociada a su Hijo en la Encarnación, Pasión y Muerte, lo estaría también en la Resurrección. No dudo yo de esa asociación, pero... ¿prueba esto que haya habido una aparición? No, por cierto. Podemos rebatirlo con que la plena asociación de María a la Resurrección de Cristo, se da en su Asunción gloriosa. Es ahí donde se da el verdadero encuentro entre dos almas glorificadas, donde María muestra lo que seremos nosotros mismos en Cristo, donde María representa a la Iglesia glorificada en Cristo y en ella misma.

Salvo que los que apoyan esta aparición quieran que así haya sido, no hay más apoyo que darle. Yo prefiero la opinión del gran José Luis Martín Descalzo:


"He de confesar que me parece más coherente con el Evangelio que no existiera tal aparición especial. Jesús ya había resucitado en María sin necesidad de aparición alguna, y ella no tuvo nunca ni necesitó otro consuelo que la fe. (...) En realidad, el verdadero premio para María era demostrarle que ella no necesitaba apariciones para creer".

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