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miércoles, 14 de abril de 2021

Santos Valeriano, Tiburcio y Máximo.

Santos Valeriano, Tiburcio y Máximo. 14 de abril. 

Estos santos, de los que nada se sabe, consta su historicidad a partir de que sus tumbas se conservan en las catacumbas de San Calixto (14 de octubre). Además, aparecen mencionados en la “Depositio Martyrum” del siglo IV. En el siglo VI sus tumbas serían meta de peregrinos y tuvieron una iglesia dedicada en la Via Appia. En 821 el papa San Pascual I (11 de febrero) trasladó sus reliquias, junto a las de Santa Cecilia (22 de noviembre) a la iglesia de Santa Cecilia “in Trastevere”, edificada, según la tradición, sobre la casa natal de la santa. 

Esta traslación unió para siempre a estos santos en una leyenda muy conocida: Cecilia fue una noble dama romana, del clan Metela, cristiana y muy caritativa. Había hecho un voto de virginidad, pero fue comprometida con Valeriano, al cual ella advirtió que un ángel protegía su castidad, si él osaba tocarla. Valeriano le dijo que quería ver el ángel, ella le replicó que debía ser cristiano antes. Valeriano accedió y fue bautizado por el papa San Urbano (23 de mayo). Y puestos en oración, fueron coronados por ángeles, hecho que contempló Tiburcio, hermano de Valeriano, el cual también se convirtió y bautizó. Una vez que ambos hermanos fueron bautizados, se dedicaron a rescatar los cuerpos de los mártires y enterrarlos, causa por la cual alcanzaron el martirio junto con un cristiano, llamado Máximo, que se hizo presente en el momento del martirio. Cecilia, ya viuda, donó sus bienes a los pobres y se dedicó a la oración y la caridad, llevando a muchos a conocer a Cristo y ser bautizados por Urbano. Ella también sería mártir, siempre según la leyenda. 

Para los historiadores serios, entre ellos el Bollandista Delehaye, el origen de la figura de Santa Cecilia está en una matrona romana que habría venerado a los mártires Tiburcio y Valeriano, junto a los cuales quiso ser sepultada, en tiempos del papa Urbano. De hecho, en tiempos de San Urbano no hubo persecuciones a los cristianos. Lo más probable es que la relación entre Urbano y los mártires Valeriano y Tiburcio, sea únicamente la veneración a su sepulcro en tiempos de paz, probablemente sería Urbano quien edificó el primer lugar de culto en las catacumbas, con la ayuda de Santa Cecilia.  

Esto es más que frecuente en miembros prominentes de la Iglesia romana: manifestaban devoción a algún mártir, convertían sus casas en iglesias y se hacían enterrar junto a los mártires de su devoción. Tenemos, por ejemplo, los casos de Santa Constanza (18 de febrero), unida a los mártires Juan y Pablo (26 de junio), y el de San Eusebio de Roma (14 de agosto), un cristiano que edificó una iglesia en el monte Esquilino, que terminaría llamándose “de San Eusebio” y que le dotaría de una leyenda martirial. 


A 14 de abril además se celebra a

lunes, 13 de agosto de 2018

De Santos Reyes (XXIV): San Suindbald.

San Suindbald de Lorena, rey y mártir. 13 de agosto.

Suindbald (o Zwentibold) nació en 871, y fue hijo bastardo de Arnolf de Carintia, el último emperador carolingio. En 895 su padre creó el reino de Lorena para él, para nombrándolo rey. Esto fue en contra de la opinión y voluntad de la Iglesia, nobles y consejeros del rey, por lo cual traería problemas al joven rey. Solo cuatro años le duró el reinar al santo, pues en 899, cuando murió Arnulf su hijo mayor, Luis, asumió el trono, anulando el reino de Lorena.

El 13 de agosto de 900 Suindbald fue muerto en un ataque contra sus hombres. A pesar de no conocérsele piedad más allá de la común de su época, sus seguidores le consideraron mártir de la fe. El que sus tres hijas Benedicta, Cecilia y Reinildis sean veneradas como santas, ayudaría a consolidar la idea de que el padre también era santo.


A 13 de agosto además se celebra a:


Ss. Centola y Elena,
mártires.
B. Gertrudis de Altenberg,
abadesa premonstratense
.
Santa Radegundis,
reina y abadesa
.






domingo, 11 de marzo de 2018

Vislumbró su premio y hacia él caminó.

Santa Áurea, virgen. 11 de marzo.

Nació Áurea (u Oria) en Villavelayo, en 1043, luego de las fervientes oraciones de sus padres García y Amuna, quienes luego de muchos años de matrimonio no lograban concebir. Al fin Dios les regaló a Áurea quien, desde niña, mostró grandes cualidades y un gran apego a las cosas de Dios. En 1052, siendo una niña, renunció a toda vanidad y adorno, en aras a preservar su alma pura. Ayunaba, oraba y se disciplinaba siempre que podía. Era muy dadivosa con los pobres y muy poco dada a complacerse a sí misma. Vestía un sencillo vestido y bajo este una túnica áspera para macerar sus carnes.

Cuando llegó a la edad de matrimonio, sobre los 15 años, Áurea decidió renunciar al mundo y tomar el velo monástico en un monasterio que estaba muy cerca del monasterio masculino de San Millan de la Cogolla, el cual ella había visitado muchas veces con sus padres. Los monjes dirigían aquel recinto de vírgenes, por ello fue su abad quien aceptó a Áurea a pesar de su corta edad. En el claustro la jovencita se mostró como una monja avanzada. Era obediente, humilde, callada y atenta a las necesidades de las hermanas. Incluso se dice que obró algunos milagros al orar o tocar a algún enfermo.

Tuvo una oración altísima, gustando por ello de numerosos consuelos celestiales. En una Octava de Navidad, siendo la memoria de Santa Eugenia (25 y 27 de diciembre), se le aparecieron Santa Águeda (5 de febrero), Santa Cecilia (22 de noviembre) y Santa Eulalia (10 de febrero), quienes le revelaron la gloria que Cristo le tenía preparada en el cielo como a una de sus más amadas esposas. Le mostraron una escala por donde se veían las almas que subían al cielo, y a ella misma la llevaron a la gloria, donde Áurea vio los coros angélicos y una radiante luz, que era Dios mismo. Al terminar la visión Áurea redobló sus penitencias y privaciones, para ser digna de aquello que Jesús le tenía dispuesta. El poema escrito sobre la santa por Berceo hace una hermosa alusión a la presencia de las vírgenes como palomas, por lo que la paloma ha pasado a ser un atributo iconográfico de Áurea.

En octubre de 1069 se le apareció la Santísima Virgen, para revelarle que ya era llegado el tiempo en que fuera a gozar del premio de sus virtudes, aunque antes debía padecer una enfermedad para acrisolar su alma. Áurea se mostró dispuesta, y de hecho, tuvo una larga dolencia durante meses, la cual soportó con gran entereza hasta el día de su subida al cielo, el 11 de marzo de 1070. Fue sepultada en el monasterio de San Millán, junto a la puerta de la iglesia.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los dias del año". Marzo. P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.


A 11 de marzo además se celebra a

jueves, 1 de febrero de 2018

Del santo receptor del escapulario dominico.

Beato Reginaldo de Orleáns, presbítero dominico. 1, 12 y 17 de febrero.

Sobre este pilar de la Orden de Predicadores se desconoce todo acerca de su origen e infancia, salvo que nació en la ciudad francesa de Orleáns. Se graduó con honores de Derecho en la Universidad, y en la misma Universidad ganó una oposición para profesor. En 1212 fue nombrado canónigo de Saint-Aignan y nombrado Decano del mismo cabildo. Era este un puesto codiciado, por los pingües beneficios que reportaba a su poseedor, y solo nobles o incluso reyes franceses accedían a él. Esta circunstancia nos aclara que Reginaldo o bien era noble o estaba muy bien emparentado con algún noble o poderoso arzobispo. 

Fue Reginaldo acogido con frialdad por los otros canónigos, acostumbrados ya a que sus Decanos estuvieran ahí por privilegios y no por devoción ni rectitud de vida. Sin embargo, al poco tiempo comprobaron la piedad, caridad, mansedumbre y sencillez del Decano. Su obispo Manasés de Seignelay, vio los cielos abiertos con tal santo Decano y entabló una fuerte amistad con Reginaldo. Juntos planearon visitar los Santos Lugares para vivir más cerca a Cristo, siendo que en el caso de nuestro Beato, lo que buscaba era luz a su inquietud: como hacer una vida más estrecha, mortificada y apostólica al mismo tiempo. Llegados a Roma, ocurrió que Reginaldo contó a un cardenal su inquietud y este le habló del glorioso Santo Domingo de Guzmán (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre "in Soriano"), quien estaba fundado una Orden de varones apostólicos y quien se hallaba, precisamente, en Roma. Entrevistáronse ambos y Reginaldo quedó contentísimo del proyecto evangelizador del santo Patriarca, y le pidió le admitiera en la Orden. Domingo vio grandes prendas en Reginaldo y aceptó, aunque dejando para más tarde la admisión formal.

Pensaba Reginaldo continuar viaje a Tierra Santa, cuando cayó enfermo de unas fiebres malignas. Entonces Santo Domingo oró a Dios para que le sanara, y ocurrió este milagro: Estando Reginaldo postrado, se le apareció la Santísima Virgen María acompañada de Santa Cecilia (22 de noviembre) y Santa Catalina (25 de noviembre). La Madre de Dios ungió a Reginaldo con un ungüento que portaba Santa Cecilia, y le dijo al ungirle los pies: "Unjo tus pies para que corran predicando el evangelio de la paz". Luego, tomando un escapulario blanco que Santa Catalina traía en sus manos, le dijo Nuestra Señora: "He aquí el hábito de tu Orden". La visión desapareció, y Reginaldo quedó sano, y jamás enfermó sino hasta su muerte. Esta visión también había sido recibida por Santo Domingo, quien a los tres días impuso a sus religiosos el escapulario blanco sobre la túnica canonical que todos vestían, quitándoles el roquete. Entre estos religiosos estaban San Jacinto de Polonia (17 de agosto) y su hermano San Ceslao (15 de julio). Esta leyenda hizo que la Santísima Virgen fuera graciosamente llamada "la Ropera de la Orden".

Profesó Reginaldo en la Orden de Predicadores y continuó su viaje a Tierra Santa con el obispo Manasés, donde veneraron todas las Reliquias Santas. Tres años permaneció allí Reginaldo, predicando la Palabra de Cristo. Cuando regresó a Europa, lo hizo por Sicilia, donde fundó un convento dominico en en Agosta, Siracusa. Dícese que teniendo los religiosos poca sombra en el patio, el beato plantó el bastón que Domingo le había dado y al otro día había allí un ciprés. Que tampoco es que diera mucha sombra, todo sea dicho.

En 1218 ya está de nuevo en Roma Reginaldo, y el santo fundador lo envió de prior a Bolonia, donde llegó el mismo año. El convento de Bolonia era pobre y muy austero. Un día en el que los religiosos no tenían que comer, Reginaldo hizo una oración y aparecieron dos ángeles con cestos de pan para los pobres frailes. El Beato Jordán de Sajonia (13 de febrero), que conoció a Reginaldo, habla de él con gran admiración: "Desde que llegó comenzó a darse a la predicación, y su elocuencia era como llama de fuego, que inflamaba los corazones, hasta el punto de no hallar uno que, oyéndole, no quedara cautivo. Toda Bolonia hervía, cual si un nuevo Elías se hubiera levantado". Y ciertamente, el don de oratoria de Reginaldo hizo que muchos se convirtieran, dejando la vida de pecado o molicie para servir a Cristo con firmeza. Entre ellos un catedrático apellidado Moneta, quien se vanagloriaba de no caer bajo el "embrujo" de la predicación de Reginaldo. Hasta un día en que no tuvo más remedio que acompañar a sus alumnos a uno de los concurridos sermones del beato en la catedral. Apenas oyó las primeras palabras, Moneta cayó arrepentido de sus pecados, y no solo eso, sino que hizo voto de ser fraile predicador. El mismo Reginaldo le daría el hábito al año siguiente. En Bolonia también conoció a quien sería la primera monja dominica, la Beata Diana de Andallo (9 y 10 de junio).

Tuvo, además, Reginaldo, don de conciencias, lo cual aprovechó para encaminar a algunos religiosos tibios o que caían en pecados. Igualmente tuvo poder sobre el demonio, liberando a más de un fraile de sus insidias y tentaciones contra los votos religiosos.

La "vestición".
En 1219 le envió Santo Domingo a París, para que allí también diera fruto su palabra encendida. Solo vivió allí 6 meses, durante los cuales predicó incansablemente, convirtiendo a muchos. A inicios de 1220 Reginaldo se sintió morir y al ofrecerle los Sacramentos dijo: "No temo la muerte; antes bien la espero con alegría. María, la Madre de misericordia, vendrá a salvarme. Aunque ella se dignó ungirme en Roma con óleo del cielo, no me niego a recibir la santa unción de la Iglesia: la quiero y la pido". Le tendieron en el suelo, sobre ceniza, según la piadosa costumbre monástica, y allí expiró dulcemente, a inicios de febrero de 1220. Ese mismo día un viejo y santo religioso tuvo una visión que no entendió sino a los años: vio una fuente que se secaba y como del mismo sitio brotaban dos fuentes. Y es que el día 12 del mismo mes de febrero profesaban los Beatos Jordán de Sajonia y Enrique de Colonia (15 de febrero).

Fue sepultado Reginaldo en el priorato de Nuestra Señora de los Campos, pues no tenían los frailes cementerio en su convento, y nunca se le trasladó de allí. Numerosos milagros ocurrieron en su sepultura, lo cual hizo que su culto se extendiera. En el siglo XVII la Beata María de la Encarnación (18 de abril) establece allí a las carmelitas descalzas, quienes continuaron el culto del beato. Por esas mismas fechas se abrió el sepulcro y se halló incorrupto al Beato Reginaldo. El cuerpo fue trasladado a un lugar más digno y expuesto. Allí estuvo hasta 1790, cuando fue profanado y destruido el santo cuerpo, en la vorágine de la Revolución Francesa. 

El Beato Pío IX (7 de febrero) beatificó a Reginaldo en 1875. Su memoria se estableció a 17 de febrero, pasando luego al 12 de febrero y finalmente al 1 del mismo mes.


Fuente:
-"Santos, Bienaventurados, Venerables de la Orden de los Predicadores". Volumen Primero. FR. PAULINO ALVAREZ. O.P. Almería, 1919.


A 1 de febrero además se celebra a






miércoles, 22 de noviembre de 2017

"Soy ministro de Jesucristo y nunca negaré mi fe"

Beato Salvador Lilli, franciscano, y compañeros mártires. 22 de noviembre.

Infancia y vocación.
Nació Salvador en Capadocia, pueblo de L’Aquila, en Italia, el 19 de junio de 1853, en una familia trabajadora y cristiana, siendo el sexto y más pequeño de los hijos. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento. Desde pequeño hubo de trabajar junto a su padre para ayudar a mantener a la familia, que se trasladaba durante meses a otros sitios, para hacer carbón y luego venderlo. Una de sus hermanas se consagró a Dios en el monasterio de las trinitarias de Capadocia, y Salvador quiso seguir su ejemplo.

Hasta 1870 ayudó a su familia, pero en este año se dispuso a seguir su vocación y con 17 años tomó el hábito franciscano en Nazzano, Roma. Allí profesó el 6 de agosto de 1871. De ahí pasó a Castel Gandolfo, donde comenzó a estudiar la filosofía. En 1872 le envían a Palestina para que pueda seguir estudiando, ante la notificación de que le llevaría el servicio militar. En 1873 le hallamos en Jerusalén, luego en Belén, donde reanuda la filosofía y aprende árabe, turco y armenio. Termina la filosofía y estudiando teología, el 19 de septiembre de 1876 recibe el subdiaconado. El 18 de septiembre del año siguiente es ordenado diácono y el 6 de abril de 1878 es ordenado presbítero. Con ocasión de esta última fecha escribe a su hermana María Pía, la trinitaria: "le notifico que el 6 de abril voy a tener la suerte de ser contado entre los ministros el Señor, seré solemnemente ordenado sacerdote, y ¿qué más puedo desear que, si por ahora he perseverado a mis votos? ¡Siento un consuelo abrumadora que se multiplica por más razones. En primer lugar, la gracia singular de ser elevado a esta dignidad, y en segundo lugar, porque ofreceré el Santo Sacrificio en el mismo lugar en que se hizo por primera vez. Que juzgue el corazón, si podría haber circunstancia más propicia". 

Misionero y prisionero.
Y efectivamente, el 7 de abril cantaba su primera misa en el altar del Monte Calvario, donde el Salvador derramó su sangre por nosotros. Una vez ordenado, fue enviado como misionero a Turquía con el título de ''Misionero Apostólico". En la misión desarrolló su labor con alegría y entrega. Celebraba misas, confesaba, instruía, trabajaba con los turcos, escribía opúsculos y celebraba devociones populares. En 1880 manda pedir de Italia un precioso belén con muchas figuras, para catequizar y celebrar la Navidad, algo típicamente franciscano.

En 1885 pudo ir a Italia y cumplir un sueño: celebrar la santa misa en su querida iglesia de su pueblo natal, el día de la Asunción. Pasó días de paz con su familia, pero el día 18 le fueron a buscar por orden del juez de Avezzano para que justificara su ausencia cuando le convocó el servicio militar. el padre Salvador se defendió: "sé que no soy un desertor, sino un misionero de Cristo, que he llevado a un país extranjero a la luz del Evangelio y de la civilización. Además, he sido un propagador del espíritu italiano en el levante de la Tierra, y puede testificar por mí el cónsul de Alepo, Enrico Vitto. Usted, por lo tanto, podría estar castigando a alguien que ha mostrado el nombre de Italia, en el Oriente". 

El juez le puso una pena ejemplarizante: tres años sin salir de Capadocia. En este tiempo, Salvador aprendió los oficios de sastre, albañil y zapatero, juzgando que le servirían para cuando volviera a la misión, como era su vocación. Además, aprendió técnicas de agricultura, regadío y todo aquello que sirviera para la mejora de la vida de sus misionados. La condena se interrumpió cuando se le concedió la remisión de la pena el 17 de junio de 1886.

Martirio del P. Salvador.
Libre y de nuevo misionero.
En julio de 1886 volvió a Roma, de allí pasó a Nápoles, donde abordó rumbo a Jaffa. Tuvo un viaje terrible, durante el cual una tormenta casi hace naufragar el barco. Finalmente llegó sano y salvo y el 6 de agosto ya estaba en el convento franciscano de Belén. Su segunda etapa de misionero arranca en la Navidad de ese año, durante la cual predicó incansablemente por toda la región de Armenia Menor. A caballo, a pie, solo o con compañía, siempre predicando y predicando. Allí donde le llamaran, allí estaba el P. Salvador. En 1890 se enfrentó a una epidemia de cólera, durante la cual su caridad se mostró heroica cuidando, confortando, asistiendo a los enfermos, consolando a los que perdían familiares, enterrando a los muertos. Estaba en tantos lados que algunos llegaron a creer que gozaba del don de la bilocación. 

En 1894 bendijo la nueva capilla de Marasc, dedicada a San Antonio de Padua (13 de junio), cuya construcción, y la de la granja anexa, le había traído ojeriza por parte de algunos frailes timoratos que no veían con buenos ojos una actividad misionera tan febril. Por ello, en el Capítulo de Jerusalén de ese mismo año, se le depuso de sus cargos y se le envió de misionero a Mugiuk-Deresi, un pueblo remoto, misión que aceptó con resignación y obediencia, aunque sin dejar de alegar por su inocencia, reclamando que si algún mal había hecho, pues podían habérselo avisado antes. 

En su nueva misión el P. Salvador se mostró como el hombre de fe y acción que era. En un año había una nueva iglesia, granjas para el trabajo y una escuela para las niñas. Había llevado agua, comprado maquinaria y mejorado mucho la vida de sus misionados, sin hablar del fervor católico que sembró en ellos, que no fue poco.

Martirio.
Pero justo cuando aquella obra evangelizadora estaba en su apogeo estalló la persecución contra los católicos por parte de los turcos. A finales de 1895 toda la misión fue saqueada y los pobladores que pudieron tuvieron que huir a las montañas. Nuestro Beato lo tenía todo listo para huir también cuando los que habían quedado en el pueblo le pidieron no los abandonara, y se quedó con ellos. "No puedo abandonar a mis ovejas" – escribiría en una de sus últimas cartas – "prefiero morir con ellos si es necesario". 

Al mes más o menos después llegaron los soldados, y Salvador les recibió pacíficamente, sin embargo, recibió un bayonetazo en una pierna. Aún así, sonrió e invitó a los soldados a quedarse en el convento para que las casas sobrevivientes no fueran tocadas. Les dio de comer y viendo que los turcos no comían ni bebían porque pensaban todo estaba envenenado, él mismo comió y bebió el primero. Su amigo Dykran intentó arreglar que le fuera dada la libertad al P. Salvador, pero este estaba sentenciado. Regresó al poblado pero no pudo decir nada al Beato y se fue a las montañas. 

El 22 de noviembre los soldados turcos incendiaron y destruyeron el monasterio y la iglesia y apresaron siete cristianos armenios llamado Juan, K’adir, Cerun, Vardavar, Pablo, David y Teodoro, y al P. Salvador, llevándoselos de allí. Al llegar a la orilla del río Zihun, luego de dos horas de camino, pararon para descansar. El coronel al mando propuso a los ocho prisioneros renegar de Cristo y hacerse musulmanes a cambio de perdonarles la vida, pero ellos se negaron firmemente. El P. Salvador dijo: "Soy un sacerdote católico, un seguidor y ministro de Jesucristo y nunca negaré mi fe. ¡Dios nos libre de esta tentación, nunca aceptaré ser musulmán!" Y le golpearon salvajemente y le cosieron a bayonetazos. 

Rosario del B. Salvador.
Luego la emprendieron con los demás, acuchillándoles salvajemente. Para terminar, y con algunos de lo mártires aún vivos, les rociaron con petróleo y les quemaron. Finalmente les sepultaron en una fosa y se fueron, luego de hacer que los soldados prometieran no contarían nada. Pero el testimonio del martirio pronto se hizo conocido y en menos de una semana ya era conocido y denunciado en todo el país. Una niña que lo había visto todo llevó a los frailes franciscanos al lugar de la sepultura, se excavó y se recogieron los huesos y ropas quemadas que se hallaron, como preciosas reliquias.

Culto.
En 1930 se abrió el proceso de canonización de los ocho mártires de Cristo, llegando a Roma en 1959. En 1962 se renovó el proceso, con investigaciones en Alepo y Beirut. El 3 de octubre de 1982, Juan Pablo II los beatificó en Roma.


Fuente:
- http://cappadociawebmarsica.blogspot.com/2015/08/nato-il-19-giugno-1853-missionario-in.html


A 22 de noviembre además se celebra a
Santa Cecilia de Roma, virgen y mártir.

martes, 21 de noviembre de 2017

Pureza, sabiduría y firmeza.

San Gelasio I, papa. 21 de noviembre.

Fue natural Roma, aunque sus padres eran de África. Fue un cristiano devoto, versado en la Escritura y con don de oratoria. Según Dionisio el Exiguo, Gelasio fue de "gran pureza de vida, extraordinaria humildad, templanza, austeridad y liberalidad con el pobre, por cuyo amor lo fue él siempre". Facundo de Hermione dirá: "Fue famoso en todo el mundo por su sabiduría y santidad de vida".

Sobre 492 sucedió al papa San Félix III (1 de marzo), y uno de sus principales intereses fue restablecer la paz con las iglesias de Oriente. Fue firme con el asunto de los "Dípticos" (registro de obispos difuntos para hacer conmemoración de ellos en el altar), conminando a Eufemio, patriarca de Constantinopla, a que borrara de dicha lista a Acacio y a Flavitas, Patriarcas anteriores, extremadamente condescendientes con los herejes eutiquianos. Eufemio, fiel a la verdad católica que sería desterrado por su ortodoxia, no quitaba el nombre por considerar una intromisión de Gelasio en su autoridad episcopal, y, por otro lado, Acacio no había rechazado nunca al Concilio de Calcedonia ni a la fe católica. Este asunto no se resolvió hasta el pontificado de San Hormisdas (6 de agosto), cuando en 518, Juan, patriarca de Constantinopla, quitó el nombre de Acacio por orden del emperador Justino. 

El papa San Gelasio fue igualmente constante en afirmar la primacía de la Cátedra de Roma frente a otras Iglesias. Fue firme contra las herejías pelagiana y maniquea. Para detectar a estos últimos mandó que la Comunión siempre se diera bajo las dos especies, como odiaban recibirla los maniqueos, que consideraban el vino como algo impuro e indigno de llegar a ser verdadera Sangre del Señor. También fue combativo contra la simonía, prohibiendo a los clérigos que tuvieran comercios o negocios propios, para que no se mezclara la venta de asuntos profanos sellados con promesas espirituales o el Sacrificio del Altar. 

Se enfrentó a Andrómaco, senador que intentó rescatar los Lupercales en honor del dios Pan. El emperador Anastasio también supo de la severidad de Gelasio por su tolerancia con los vándalos y otros herejes. Y también excomulgó a Thrasimund, rey de los vándalos, por la persecución contra la Iglesia en África, pero como este era arriano recibió la sentencia con indiferencia.

Dedicó varias iglesias en Roma, como la de Santa Eufemia, la basílica de Santos Nicandro y Eleuterio en la Vía Lavicana, y la basílica de Santa María en la Vía Laurentina. 

En el plano litúrgico, Gelasio tiene un papel importante, pues su Sacramentario recoge el rito romano de su época, y establece ritos que actualmente seguimos celebrando, como la adoración a la Cruz el Viernes Santo (que proviene de un rito propio de Jerusalén), la bendición de los óleos para los bautismos, las consagraciones y los enfermos. Igualmente es Gelasio quien instituye la bendición del agua, las imágenes sagradas, las casas, etc. El Sacramentario igualmente recoge los nombres de los mártires que la Iglesia romana celebraba en su tiempo, como San Jorge (23 de abril), Santa Beatriz (29 de julio) o Santa Cecilia (22 de noviembre), evidenciando el antiguo culto a estos. También compuso himnos sagrados a los santos mártires, pero no se conservan. También fijó las cuatro Témporas del año Litúrgico.

En 494 Gelasio convocó un Concilio en Roma en el cual se publicó su "Decreto sobre las Obras Católicas", confirmando libros canónicos de la Sagrada Escritura, las obras de los Padres, y una lista de libros apócrifos, señalando que si bien podían ser buenos para la instrucción y la piedad, no debían ser enseñados como verdad. Por ejemplo, la Leyenda de la Invención de la Santa Cruz (3 de mayo) entró dentro de estas leyendas piadosas, así como los "Hechos de Pablo y Tecla" y, sorprendentemente, la "Historia Eclesiástica" de Eusebio. 

San Gelasio murió el 21 de noviembre de 496, con solo cuatro años de pontificado. Fue sucedido por Anastasio II. Fue sepultado en la primitiva Basílica de San Pedro, y en la actual Basílica está situada en la zona del pórtico.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 11. Editorial Edibesa, 2001.


Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Calixto I. 14 de octubre.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.

San Hormisdas. 6 de agosto.
San Agatón. 10 de enero. 

San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.

viernes, 3 de marzo de 2017

Beato Federico de Hallum

Beato Federico de Hallum, abad premonstratense. 3 de marzo.

Federico Gosling nació en Hallum, Frisia, a inicios del siglo XII. Su padre falleció cuando nuestro santo era muy pequeño, pero su madre se esforzó en educarle en la piedad. Su párroco, el padre Feyko, se fijó en las luces del niño y se ocupó de educarle personalmente y cuando llegó a la adolescencia, le envió a Munich, en cuyo seminario se formó. A los 25 años se ordenó sacerdote y volvió a su ciudad a ayudar a su párroco. Federico era piadoso, buen predicador y sus sermones conmovían a los pecadores a conversión. Uno de ellos fue Wybren, un hombre de mala conducta que vivía en Blija. Pendenciero, jugador, asesino, un día escuchó un sermón de Federico y su corazón estalló en arrepentimiento. Quiso confesarse con nuestro santo y se fue a su casa a esperarle. Cuando Federico le vio, temió por su vida, se dio la vuelta y huyó corriendo. El asesino fue tras él, pidiendo perdón a gritos, pero Federico no se fiaba. Entonces el santo, ya cansado, entró a la iglesia y extenuado se postró ante el altar, confiándose a Dios y que pasara lo que fuera su voluntad. Entonces se sorprendió cuando vio al otrora peligroso Wybren ponerse de rodillas ante él, hacer una confesión general y obtener una penitencia adecuada. Federico le alcanzó el perdón de Dios y la Iglesia, y en señal de su conversión y penitencia, le cortó los cabellos, le puso una túnica burda y le envió a hacer penitencia a una ermita durante toda su vida. Fue devotísimo de Santa Cecilia (22 de noviembre).

Después de la muerte de su madre como ya no tenía que mantenerla, Federico dejó el clero secular y en 1163 fundó el célebre monasterio de Mariengaard, con el carisma premonstratense de San Norberto (6 de junio). En origen fue un monasterio mixto, pero pronto las monjas se trasladaron al monasterio de Belén, siendo igualmente Federico su superior. Igualmente colaboró con la fundación del monasterio premonstratense de Steinfeld. En Maariengard estableció un seminario para la formación de sacerdotes religiosos y seculares. Fue un religioso ejemplar y querido por los demás monjes. Murió con más de 100 años, el 3 de marzo de 1175, con la curiosa circunstancia que nunca se encorvó ni usó bastón, cosa tenida por milagrosa por sus hermanos. Su sepulcro pronto se vio rodeado de peregrinos y numerosos milagros se contabilizaron. En 1614 por los ataques de los herejes luteranos, sus reliquias y las de su sucesor, San Siard (14 de noviembre) fueron trasladadas a la abadía de Tongerlo, Bélgica. Durante la Revolución Francesa fueron llevadas a Vellereille y en 1938 finalmente descansaron en Dinant. En 1728 Benedicto XIII aprobó su culto. 


Fuente:
https://norbertinevocations.wordpress.com


A 3 de marzo además se celebra a





domingo, 22 de noviembre de 2015

Santa Cecilia o un error milenario.

Santa Cecilia de Roma, mártir. 22 de noviembre, 14 de abril (martirologio pseudo-jeronimiano) y 20 de octubre (invención de las reliquias).



La figura de Santa Cecilia pasó la criba realizada en la revisión del calendario universal de la Iglesia, posterior al Concilio Vaticano II. Sobre esta reforma ya escribí en su momento, pero el caso de Cecilia es un buen ejemplo de como la devoción multisecular se impuso a la revisión historicista. Su culto era lo suficiente firme y antiguo como para mantener su memoria y algunos textos propios del oficio litúrgico, sin que esto implique que la Iglesia avale su leyenda, que es eso lo que nos ha llegado de ella.

La leyenda, que ya circulaba en el siglo V, todos la conocemos: Era Cecilia una noble dama romana, del clan Metela, cristiana y muy caritativa. Había hecho un voto de virginidad, pero fue comprometida con Valeriano (14 de abril), al cual ella advirtió que un ángel protegía su castidad, si él osaba tocarla. Valeriano le dijo que quería ver el ángel, ella le replicó que debía ser cristiano antes. Valeriano accedió y fue bautizado por el papa San Urbano (23 de mayo). Y puestos en oración, fueron coronados por ángeles, hecho que contempló Tiburcio, hermano de Valeriano, el cual se convirtió y bautizó. Una vez que ambos hermanos fueron bautizados, se dedicaron a rescatar los cuerpos de los mártires y enterrarlos, causa por la cual alcanzaron el martirio. Cecilia donó sus bienes a los pobres y se dedicó a la oración y la caridad, llevando a muchos a conocer a Cristo y ser bautizados por Urbano. Esta mudanza de vida la delató como cristiana, fue apresada y luego de varios tormentos fue condenada a morir en un baño de vapor. Todo un día estuvo allí, pero el calor no hacía mella en ella ("nulla pars omnino ejus membris vel minimo sudoris signo fuit humectata"). Al saberlo Almaquio, el gobernador, mandó le decapitaran. Tanto escrúpulo tuvo el verdugo que necesitó tres golpes, y ni aun así logró separar la cabeza del cuerpo. Tres días más estuvo agonizando la santa; días en que muchos cristianos mojaban paños en su sangre para guardarlos como reliquias. Finalmente falleció y fue enterrada por Urbano en el cementerio de San Calixto. Y toda esta leyenda anterior, sazonada con belleza simpar, dotes morales, linajes nobles, riquezas, etc.

Sin embargo, la historia de la “santa de la música” hay que comenzarla en el siglo IV, época en la que se puede probar que su culto ya es conocido entre los cristianos, pero no los romanos, sino los griegos. Si bien el martirologio pseudo-jeronimiano del siglo IV la trae a 14 de abril, asociada a los mártires Tiburcio, Valeriano y Máximo, ni la "Depositio martyrum" romana del siglo IV, ni el martirologio cartaginés de principios del siglo V, conocen la memoria de Santa Cecilia. Sí que la incluye el misal del papa San Gelasio (20 de noviembre), con lo cual se puede decir que ya era venerada. En Roma llegó a tener tres iglesias dedicadas, una en Monte Iordano, otra en Campo Marzio, que la tradición identificaba como la casa natal de Valeriano, y la que queda hoy en día la del Trastévere, que se dice está edificada sobre su casa natal. En 821 el papa San Pascual I (11 de febrero) habría tenido una visión en la que la santa le decía que estaba enterrada en el cementerio de San Calixto, junto con Valeriano. Excavaron en el sitio "señalado", y hallaron los tres sepulcros de Cecilia, Valeriano y Tiburcio. El cuerpo de ella estaba envuelto en una rica tela, cubierto el rostro por un velo y las señales de los antes mencionados tres golpes en el cuello. Trasladaron el cuerpo a esta iglesia y monasterio benedictino dedicados a la memoria de Santa Cecilia. En el siglo XIII las monjas camaldulenses sustituyeron a los monjes.

Esta traslación y enterramiento del siglo IX evidenció una veneración temprana, aunque con el tiempo, las reformas y las destrucciones, haya quedado olvidado el cuerpo hasta ser descubierto el 20 de octubre de 1599, por el cardenal Sfondrati, sobrino del Gregorio XIV, “párroco” de esta iglesia. Estaban en obras, cuando descubrieron una cripta y en ella las reliquias, que fueron puestas en un arca de plata. Además, se descubrieron mosaicos en los cuales aparece la santa, Valeriano y el papa Pascual I. Con esta invención la iglesia ganó indulgencias y beneficios eclesiásticos, y se hacía estación penitencial el tercer miércoles de Cuaresma. Luego de este descubrimiento, las reliquias se pusieron a la veneración pública bajo el altar, donde también se puso una escultura que reproduciría el cuerpo incorrupto que el cardenal Baronio habría visto dentro de la sepultura. Yo sinceramente lo dudo, pues ¿quién se cree que en el siglo XVI, con el auge de las reliquias y el culto a estas como bastión de la contrarreforma, no se iba a exponer el cuerpo incorrupto de una de las mártires más insignes de la Iglesia, al menos en cuanto a devoción? No casa con otros casos y menos aún con Baronio, entusiasta del culto a los santos y sus reliquias. 

Este descubrimiento trajo una ola de devoción, más artística que piadosa. En 1594 Gregorio XIII la canonizó formalmente y la nombró patrona de la música. Numerosos pintores, músicos, escultores, pusieron su arte al servicio de la santa, componiendo o pintando magistrales escenas de su vida. Su día se convirtió en el “Día de la música”, siendo tradicionales los conciertos, los estrenos de óperas y otros certámenes musicales.

Como fuese, puesto que de Cecilia solo conocemos el sitio de su sepultura, ¿de dónde salió su relación con la música? Pues sale de un error de traducción de la “passio”, cuyo origen está en San Simeón Metafrastes (27 de septiembre): Esta passio dice, literalmente “venit díes in quo thálamus collacatus est, et, cantátibus órganis, illa in corde suo soli Domino decantábat: Fiat Dómine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confundar”. Lo que significa “llegó el día en que subió al tálamo, y, mientras los instrumentos, ella en su corazón a su único Señor cantaba: Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados, y no sea yo defraudada”. Entendamos "tálamo", no como el lecho nupcial, al que no llegó a subir según la misma leyenda y "passio", sino como el momento cumbre del desposorio con Cristo. Y entendamos el “mientras” como un “a la par”, o “al mismo tiempo”. Con lo que la frase lo que quiere decir es que Cecilia cantaba en su corazón a la par de los instrumentos. El error de la traducción estuvo en traducir “órganis” como instrumento musical, cuando solo se refiere a instrumentos (en este caso los martiriales) y “cantátibus” como “cantar” o “sonar”. De ahí a creer que el órgano emitía música y Cecilia cantaba no hubo más que un paso que la iconografía completó añadiéndole como atributo un pajarito cantor, que luego el renacimiento y el barroco cambiarían en un órgano tubular. Aunque el órgano como instrumento musical es antiguo y ya era conocido por los romanos, su uso era escaso y en la Iglesia, solo en algunas, no entró hasta el siglo VIII, no antes. Últimamente, según avanza la decadencia de la música litúrgica, la vemos representada con guitarras y hasta maracas.

Diferentes leyendas cambiarían esta frase de contexto, pues si se refiere a instrumento musical no pintaría nada en medio del tormento, que es donde realmente hay que ubicarla. Así que la leyenda, para reafirmarse a sí misma, contó que mientras sonaban los órganos en el banquete de su boda, Cecilia cantaba melodías celestiales en su corazón. Y esta es toda la asociación con la música: un error. Un error aumentado por la iconografía, la piedad y la espiritualidad devota. Solo un ejemplo, tomado de un sermón en honor a la santa: "...esta Virgen no se emplea en otra cosa que en alabar a su Esposo, en bendecir su bondad, en implorar su misericordia, en aplacar su justicia, y en hacerle favorable a todos los hombres (...) Mas como sabia muy bien que la música no puede menos de ser grata a aquel que todo lo hizo con harmonía, (...) acompaña al órgano su delicada voz, y dando vida a aquel instrumento inanimado, enseña a las criaturas insensibles a cantar las alabanzas de su Esposo. 'Cantantibus organis decantabat Cecilia'". Aquí incluso con las palabras cambiadas. Aunque algo sí que la salva, es cierto que, según la “passio”, al menos en su corazón, Cecilia cantaba u oraba con el salmo 70.

Pero es que no es tan sencillo, pues hay, al menos, dos contradicciones entre la “passio”, la leyenda y la historia:

1. La “passio” dice que la martirizaron con varios tormentos, pero incurre en una contradicción, pues si Cecilia era una matrona romana de linaje, no habría sido martirizada, pues la ley lo prohibía. Solo podían ser ajusticiados mediante la pena "capital", o sea, la decapitación. Así que, o Santa Cecilia era una dama noble y no fue martirizada, o fue una mártir sin ascendencia noble.

2. San Urbano no vivió en tiempos de persecución, sino en tiempos de Alejandro Severo, el cual no persiguió cristianos por las razones dadas en la leyenda: enterrar cristianos. Algunos cristianos serían juzgados, nadie lo duda, pero como cualquier ciudadano y no por el hecho de practicar la fe de Cristo. Así que, o Tiburcio Valeriano y Cecilia no fueron mártires, o lo son de otro momento. Como la mayoría de martirologios los hacen mártires, incluso Usuardo pone a Santa Cecilia padeciendo bajo Comodo, y Molano la pone imperando Marco Aurelio lo más probable es que la relación entre Urbano y los mártires, sea únicamente la veneración a su sepulcro en tiempos de paz, probablemente sería Urbano quien edificó el primer lugar de culto en las catacumbas.

Para los historiadores serios, entre ellos el Bollandista Delehaye, el origen de la figura de Santa Cecilia está en una matrona romana que habría venerado a los mártires Tiburcio y Valeriano, junto a los cuales quiso ser sepultada, en tiempos del papa Urbano, como sí ocurrió. Lo demás, como vimos, pues errores, alusiones, iconografía y devoción.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-“Grandezas y maravillas de la Ciudad de Roma. S.E. GABRIEL DÍAZ VARA CALDERÓN Y CORONADO. Madrid, 1673.
-"Santa Cecília, l'evangeli al cor". JOSEP. M. DOMINGO. Barcelona, 2001.
-“Sermones panegíricos de los Santos más celebrados en la Iglesia”. Tomo VI. P. JEAN FRANÇOIS SENAULT. Madrid, 1786.
-"Martirologio Romano". Madrid, 1791. 


A 22 de noviembre además se celebra a
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