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miércoles, 14 de abril de 2021

Santos Valeriano, Tiburcio y Máximo.

Santos Valeriano, Tiburcio y Máximo. 14 de abril. 

Estos santos, de los que nada se sabe, consta su historicidad a partir de que sus tumbas se conservan en las catacumbas de San Calixto (14 de octubre). Además, aparecen mencionados en la “Depositio Martyrum” del siglo IV. En el siglo VI sus tumbas serían meta de peregrinos y tuvieron una iglesia dedicada en la Via Appia. En 821 el papa San Pascual I (11 de febrero) trasladó sus reliquias, junto a las de Santa Cecilia (22 de noviembre) a la iglesia de Santa Cecilia “in Trastevere”, edificada, según la tradición, sobre la casa natal de la santa. 

Esta traslación unió para siempre a estos santos en una leyenda muy conocida: Cecilia fue una noble dama romana, del clan Metela, cristiana y muy caritativa. Había hecho un voto de virginidad, pero fue comprometida con Valeriano, al cual ella advirtió que un ángel protegía su castidad, si él osaba tocarla. Valeriano le dijo que quería ver el ángel, ella le replicó que debía ser cristiano antes. Valeriano accedió y fue bautizado por el papa San Urbano (23 de mayo). Y puestos en oración, fueron coronados por ángeles, hecho que contempló Tiburcio, hermano de Valeriano, el cual también se convirtió y bautizó. Una vez que ambos hermanos fueron bautizados, se dedicaron a rescatar los cuerpos de los mártires y enterrarlos, causa por la cual alcanzaron el martirio junto con un cristiano, llamado Máximo, que se hizo presente en el momento del martirio. Cecilia, ya viuda, donó sus bienes a los pobres y se dedicó a la oración y la caridad, llevando a muchos a conocer a Cristo y ser bautizados por Urbano. Ella también sería mártir, siempre según la leyenda. 

Para los historiadores serios, entre ellos el Bollandista Delehaye, el origen de la figura de Santa Cecilia está en una matrona romana que habría venerado a los mártires Tiburcio y Valeriano, junto a los cuales quiso ser sepultada, en tiempos del papa Urbano. De hecho, en tiempos de San Urbano no hubo persecuciones a los cristianos. Lo más probable es que la relación entre Urbano y los mártires Valeriano y Tiburcio, sea únicamente la veneración a su sepulcro en tiempos de paz, probablemente sería Urbano quien edificó el primer lugar de culto en las catacumbas, con la ayuda de Santa Cecilia.  

Esto es más que frecuente en miembros prominentes de la Iglesia romana: manifestaban devoción a algún mártir, convertían sus casas en iglesias y se hacían enterrar junto a los mártires de su devoción. Tenemos, por ejemplo, los casos de Santa Constanza (18 de febrero), unida a los mártires Juan y Pablo (26 de junio), y el de San Eusebio de Roma (14 de agosto), un cristiano que edificó una iglesia en el monte Esquilino, que terminaría llamándose “de San Eusebio” y que le dotaría de una leyenda martirial. 


A 14 de abril además se celebra a

martes, 9 de febrero de 2021

El martirio redime, el rencor condena.

San Nicéforo de Antioquía, mártir. 9 de febrero.

Esta leyenda se conoce por Juan, el obispo de Sardis, quien dice tomarla de Actas antiguas. Según estas, vivían en Antoquía de Siria un seglar llamado Nicéforo, quien era amigo de un presbítero llamado Sapricio. Por alguna causa que no nos cuentan, ambos se enemistaron a muerte, odiándose como mismo antes se habían amado. Durante años duró la enemistad, siendo escándalo para muchos cristianos.

Al fin, un día, luego de piadosas consideraciones, Nicéforo decidió pedir perdón a Sapricio delegó a algunos amigos para que fueran adonde Sapricio a pedirle perdón en su nombre, prometiéndole toda la satisfacción que fuera necesaria. Pero Sapricio se negó a perdonarle. Así dos veces más, y siempre con el mismo resultado: la negativa del presbítero a reconciliarse. Entonces Nicéforo, viendo que sus amigos comunes nada habían podido hacer fue en persona a casa de Sapricio, y echándose a sus pies, le pidió perdón en nombre de Cristo. Mas en vano.

He aquí que estalló la persecución de Valeriano y Galerio y en 258 Sapricio fue aprendido por cristiano. Le llevaron ante el gobernador y Sapricio confesó valientemente a Cristo diciendo: "Los cristianos reconocemos a un solo Señor y Maestro, Jesucristo, que es Dios; el único y verdadero Dios, que creó el cielo y la tierra. En cuanto a los dioses de los paganos, sabemos que no son más que demonios". Fue condenado al potro, pero allí también dio gala de su fe cristiana. Entonces fue condenado a la decapitación.

Sapricio recibió la noticia con alegría y se encaminó al lugar del martirio. Mientras, Nicéforo salió corriendo a su encuentro y, arrojándose a sus pies, dijo: "Mártir de Jesucristo, perdona mi pecado". Pero Sapricio ni le miró, ocupado en sus oraciones. Nicéforo corrió y le salió al encuentro otra vez suplicándole le perdonara antes de morir por Cristo, más Sapricio continuó con su corazón endurecido, camino del suplicio. Los soldados se rieron de Nicéforo, diciendo: "Nunca se ha visto a nadie más tonto que tú, que vas pidiendo el perdón de un hombre que está a punto de ser ejecutado". Al llegar al sitio de la ejecución Nicéforo redobló sus súplicas por tercera vez, pero Sapricio continuó con su obstinación en no perdonarle.

Y he aquí que al momento en el que los soldados le obligaron a poner rodilla en tierra y doblar el cuello, el Espíritu Santo que le había animado a confesar a Cristo, le abandonó por su obstinación en el pecado, y Sapricio cayó víctima del terror, diciendo: "Deténganse, amigos míos, no me maten. Haré lo que desean: estoy dispuesto a sacrificar a los dioses". Nicéforo, consternado por su apostasía, le gritó en voz alta: "Hermano, ¿qué haces? No pierdas una corona que ya has ganado por la tortura y el sufrimiento." Pero Sapricio no le escuchó y sacrificó a los dioses, renegando de Cristo. 

Entonces Nicéforo, con lágrimas de amarga amargura por la caída de Sapricio, dijo a los verdugos: "Yo soy cristiano, y creo en Jesucristo, a quien este desgraciado ha traicionado; miradme aquí, dispuesto a morir en su lugar". Los soldados quedaron impresionados y mandaron preguntar al gobernador que debían hacer. Este, al oír la noticia, declaró "Si este hombre persiste en negarse a sacrificar a los dioses inmortales, que muera por la espada". Y así ocurrió, alcanzando el santo Nicéforo las tres coronas inmortales de la fe, la humildad y la caridad, triunfos de los que Sapricio se hizo indigno.


A 9 de febrero además se recuerda a:






martes, 1 de mayo de 2018

De un error salvífico y santificante.

San Amador de Auxerre, obispo. 1 y 11 de mayo.

Amador pasa su báculo a Germán.
Su vida fue escrita por el presbítero Esteban, a petición de San Aunar de Auxerre (25 de septiembre) y, según esta, Amador nació a inicios del siglo V, en una noble familia galo-romana de Auxerre.

Cuando llegó a la juventud, sus padres le arreglaron un ventajoso matrimonio con una noble muchacha llamada Marta. Pero he aquí lo que ocurrió: El día del desposorio, el obispo de Auxerre, San Valeriano (13 de mayo) llegó a la casa para dar la bendición nupcial, como era costumbre en aquellos tiempos en los que aún no existía el "casarse por la Iglesia". San Valeriano era un anciano obispo y resultó que se equivocó de libro y en lugar de recitar el ritual del matrimonio, recitó las oraciones del ritual de la consagración de vírgenes. 

Terminada la ceremonia, Amador preguntó a su novia: "¿Sabes lo que el obispo leyó de su libro?" "Sí" - contestó ella - "él bendijo nuestra unión". "No" - dijo el joven - "el obispo nos consagró al Señor. Y ahora, aunque lo hizo sin querer, no lo hizo sin la voluntad de Dios, y puede ser su propósito que le sirvamos en más alto y santo estado". Marta le respondió: "Lo que tú quieras, yo también lo haré". Entonces ambos se arrodillaron y se ofrecieron, ya voluntariamente, a servir a Dios. En ese momento se sintió en la habitación un perfume de rosas y Marta preguntó a Amador: "¿De dónde viene esta fragancia, hermano mío?" y Amador le respondió: "Es el olor del paraíso, donde nadie se casa ni se dan en matrimonio, sino que son como los ángeles de Dios". Y acto seguido, al apagar la luz, Amador vio un ángel que sostenía dos coronas de lirios y rosas, las cuales ponía sobre sus cabezas.

Y he aquí que el banquete de bodas continuó, y antes que terminaran murió el obispo Valeriano. Fue elegido en su lugar San Eladio (8 de mayo), a quien Amador y Marta le revelaron lo sucedido en sus bodas. Entonces Eladio hizo pública la consagración, ordenando diácono a Amador y dando el velo de las vírgenes a Marta. Amador fue un fiel colaborador de Eladio en el pastoreo de la sede de Auxerre y cuando este murió en 387, fue elegido para sucederle. 

En realidad esta leyenda anterior solo pretende dar una explicación posterior a un hecho que al parecer fue común, pero no deseado: el de los obispos casados. Tenemos otros casos, como Santos Leoncio y Placidina (11 de julio), Santos Valente y Cazarie (8 de diciembre), San Juan Ogmunson (23 de abril), San Pablo de Skálholt (19 de noviembre), o el más conocido, San Gregorio de Nisa (9 de marzo, 10 de enero, 14 de octubre y 22 de noviembre), casado con Santa Theosebia (10 de marzo).

En esta época el Dux de Auxerre (cargo que incluía el mando sobre las tropas, sobre asuntos civiles y económicos) se nombraba Germán. Era amante de la caza, y gustaba organizar monterías para luego exponer las cabezas y entrañas de las grandes piezas que se cobraba, colgándolas en un árbol que había en la plaza pública. A muchos repugnaba esta costumbre, sobre todo a los conversos al cristianismo, pues les recordaba las ofrendas públicas que los nobles paganos hacían a los dioses. Pero nadie osaba reconvenir al joven Dux Germán que, ciertamente, lo hacía por diversión solamente. Nadie, salvo nuestro Amador, quien le reconvenía sobre las trazas de idolatría que yacían en su gesto, pero Germán no le hacía caso alguno. Así que, en un viaje que Germán tuvo que hacer, Amador mandó cortar el árbol, lo cual provocó la ira del Dux, llegando a amenazar de muerte al santo obispo.


Amador y Marta son coronados por el ángel.
La leyenda dice que Amador se retiró prudentemente a Autun, y allí tuvo la revelación de que Dios quería que su sucesor al frente del pueblo fuera ¡el Dux Germán! Lo sufrió Amador, que no entendió aquella voluntad divina, pero a pesar de su incomprensión, se dispuso a cumplirla presto. Ocurría que, según la ley romana, ningún oficial o funcionario del imperio podía dejar su puesto sin permiso del mismo emperador o, en su lugar, de sus Prefectos. El Prefecto de la Galia era Julio, y a este se fue a ver Amador para confiarle la voluntad de Dios. Julio, cristiano devoto, dio el permiso y Amador regresó a Auxerre y dio orden secreta de que cuando el Dux entrase a la catedral, se cerraran las puertas y no le dejasen salir. Así se hizo y cuando Germán entró al templo a los oficios, San Amador se acercó a él, le confió la voluntad de Dios y le ordenó de diácono, nombrándole sucesor. Germán, que era cristiano piadoso, quedó sorprendido, pero no osó contradecir la voluntad de Dios. 

Eso dice la leyenda, pero en realidad, esto no ocurrió así, sino que el 1 de mayo de 418, cuando murió nuestro Amador el Imperio quien eligió como a Germán como obispo, eso sí, en contra de su voluntad. Fue consagrado el 7 de julio del mismo año. Le veneramos en la Iglesia como San Germán de Auxerre (31 de julio).


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 1 de mayo además se celebra a:


San José Obrero.
Santa Bertha, viuda y mártir.
Santa Isidora, virgen.





martes, 13 de febrero de 2018

La muerte les separó, la gloria los unió para siempre.

San Polyeucto, mártir. 13 y 14 de febrero, 7 y 9 de enero.

Sobre ese santo tenemos dos "Actas", unas antiguas y escuetas, y otras más tardías y que pretenden completar a las otras.

Hubo dos soldados que eran grandes amigos, llamados Nearco y Polyeucto, siendo el primero cristiano y el segundo pagano aún. En 259 ambos amigos fueron destinados a Melitene de Armenia, donde les llegó el Edicto de persecución contra los cristianos emitido por Decio y Valeriano. Nearco, quien siempre lamentaba que Polyeucto no aceptara la fe cristiana, se llegó adonde su amigo para decirle que su amistad terminaría en breve. Este le protestó diciéndole que solo la muerte podría separarles. – "Dices bien" – le respondió Nearco – "estamos a punto de ser separados por la muerte", y le mostró el edicto imperial. Entonces (esta es una de las adiciones) Polyeucto contó a su amigo que había tenido una visión en la cual veía a Cristo quitarle sus vestiduras de militar, ponerle una túnica blanquísima, para luego subirle a lo alto en un caballo alado. Oyendo esto, Nearco se alegró, pues su amigo estaba más cerca del Señor que antes. Entonces le instruyó en la fe, Polieucto creyó en Jesucristo y comenzó a desear el martirio.

Para esto Polyeucto se declaró abiertamente cristiano, reprendiendo a los que le rodeaban por continuar el culto a unos falsos dioses y a los emperadores, como si fueran divinos. Fue sometido a la flagelación con varas de espinos, pero él no cejó. Le ofrecieron puestos de honor y riquezas, pero él solo se burlaba de ellos. Entonces le trajeron a su mujer y a su hijo pequeño, para que a la vista de estos, se ablandara. Ella lloró y suplicó por el amor que se tenían y por su hijito, pero Polyeucto respondió a su esposa predicándole de Cristo, de quien ya no podía apartarse nunca más. Luego de esto, los jueces le condenaron a muerte y le llevaron a las afueras. Mientras le sacaban de la ciudad, se encontró con su amigo, quien le dijo que pronto se verían en el cielo. Con esta alegría, Polyeucto alcanzó jubilosamente el martirio.

Por su parte Nearco, según las adiciones, le enterraría y luego sería él mismo mártir.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 13 de febrero además se celebra a
San Agabo, profeta y carmelita.
Beato Jordán de Sajonia, dominico.

martes, 2 de agosto de 2016

Esteban, contra todos y con Cristo.

San Esteban I, papa y mártir. 2 de agosto, 30 de agosto y 7 de septiembre (Iglesias Griegas).

Fue natural de Roma, y su padre , llamado Julio, era un funcionario de la ciudad. No se puede afirmar si su familia era cristiana, aunque los testimonios antiguos, como Eusebio, habla de que "pronto se dedicó al estudio de las letras humanas y divinas", así que si no era de familia cristiana, se convirtió muy joven a la fe de Cristo. Por otro lado, antes de los 20 años ya formaba parte del clero del papa San Cornelio (16 de septiembre), que le ordenó de diácono. Por su parte el papa San Lucio I (4 de marzo), le ordenó presbítero y le nombró arcediano, es decir, encargado de los bienes y la caridad.

Esteban contra los novacianos.
En 254 murió el papa Lucio y Esteban fue elegido su sucesor. Su elección tiene la particularidad de ser probablemente el primer antecedente los actuales cónclaves: Encerrados en las catacumbas los presbíteros y diáconos romanos, o sea, los colaboradores más cercanos al elegido, y solo ellos, eligieron a Esteban. Hasta entonces, y en siguientes elecciones, el pueblo y otros obispos circundantes participaban en la elección. 


Eran tiempos convulsos para la Iglesia, no por persecuciones externas, sino por las herejías internas que no cesaban de proliferar. Los novacianos eran los herejes del momento. Estos enseñaban que las segundas nupcias eran pecado, que el cristiano que pecaba mortalmente tenía que ser rebautizado, y, principalmente, propugnaban que aquellos que habían flaqueado y apostatado en tiempos de persecución, no debían ser admitidos de nuevo en la Iglesia. San Cipriano (16 de septiembre) y San Dionisio de Alejandría (8 de abril y 17 de noviembre) se opusieron a estas herejías, ya fuera por cartas, sermones o intervenciones en Concilios. San Esteban heredó todos estos conflictos y se enfrentó a ellos con decisión, aunque con caridad. Confirmó la deposición de los obispos Basílides de Astorga y Marcial de Mérida, a los que los demás obispos ibéricos habían depuesto por "libelatti" (se llamaban así a los cristianos que aunque no habían cometido idolatría habían comprado un libelo de haber sacrificado a los dioses para salvar su vida). Esteban los recibió con caridad, pero avisado de los obispos ibéricos y de Cipriano, sentenció como justa su expulsión, despidiéndoles.

Esteban contra Cipriano.
Tuvo Esteban que enfrentarse a su querido Cipriano cuando este, a la cabeza de otros obispos de Oriente, enseñaba que eran nulos los bautismos realizados por herejes y por tanto, fuera de la verdad católica, por lo que se les debía "rebautizar". Poco a poco esta doctrina comenzó a extenderse por África y proclamada por el Sínodo de Iconio, pero San Esteban alzó la voz desde Roma e impidió que se siguiera enseñando esa novedad. Los herejes, fueran de la secta que fuesen, solo debían profesar la fe católica y hacer penitencia públicamente, se les impondrían las manos y punto. Sin "rebautizo" alguno. San Cipriano no lo aceptó de primera instancia y luego de oír el parecer de muchos obispos de su misma opinión escribió a Esteban argumentando su enseñanza. Pero Esteban, sin amilanarse ante el enorme prestigio de Cipriano le respondió, y a los obispos de Capadocia, Cilicia y Galacia, que aquella postura les separaría de la comunión con toda la Iglesia, representada en la sede de San Pedro. 

Dionisio de Alejandría fue el primero en acatar la resolución de Esteban, y con él otros obispos africanos. Y finalmente, Cipriano, siempre amante de la verdad católica, acató y se retractó de su enseñanza errada. Esta firmeza de Esteban también sirvió para reducir a los novacianos, que finalmente abjuraron de su herejía y aceptaron la integridad de la fe de Cristo. Y esta norma permanece actualmente, pues enseña la Iglesia que el bautismo de los herejes, siempre que sea en el nombre de la santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es válido, y solo habría que realizar las ceremonias faltantes.

Esteban contra el Imperio.
Y cuando las persecuciones internas cejaron, regresaron las externas. Si bien el imperio de Valeriano había comenzado sin especial inquina contra los cristianos, Marciano, primer ministro del emperador, y enemigo declarado de Cristo, mudó la voluntad de Valeriano, y le indujo a declarar la guerra a la Iglesia. Publicó el emperador un edicto por el cual confiscaba los bienes de los cristianos, y para asegurarse de que no escaparía ninguno, añadió a su edicto que concedería los bienes incautados a un cristiano a quien los denunciase. Esteban comenzó una gran labor alentando a los cristianos, socorriendo a los que quedaban pobres, a las viudas y huérfanos de mártires. Visitaba las catacumbas, llevaba la comunión, etc. Se daba todo para todos. Se dice que en un día llegó a bautizar y confirmar por su propia mano a 180 catecúmenos, los cuales a los pocos días padecieron martirio, pero esta cifra puede ser exagerada. Se hizo rodear de fieles presbíteros y diáconos con los que organizó la atención a los fieles y la custodia de los libros y vasos sagrados de la Iglesia.

Bautismo de Santa Lucilla.
Sus actas incluyen aquí una cuña para contar la vida y martirio de Santa Lucilla (31 de octubre, traslación de las reliquias y 25 de agosto). Resulta que Nemesio, un Tribuno, pidió al papa que sanase con un milagro a su hija única, ciega de nacimiento. Esteban le respondió: "Haré lo que me pides, pero a condición de que has de creer en Jesucristo, en cuyo nombra y virtud solo puedo obrar el milagro". Nemesio aceptó y junto a su hija fueron bautizados. Esteban dio luz a los ojos de la joven y la llamó "Lucilla". Este milagro obró la conversión de 63 paganos que igualmente fueron bautizados. 

Posteriormente Lucilla, San Nemesio (25 de agosto) y su mayordomo Sempronio serían mártires. Pero antes bautizó Esteban a Olimpio, el juez que interrogó a los tres, y se convirtió al ver como Sempronio redujo a polvo un ídolo con solo invocar el Nombre de Cristo. A todos estos mártires les enterraría el mismo santo papa. Para terminar esta "cuña": En 1642 un cuerpo titulado "Lucilla" fue sacado de un nicho de las catacumbas de San Calixto, para ser venerado en la basílica de San Próspero y, a continuación, en la Capilla de Nuestra Señora de Gracia de Reggio, donde se venera. Aunque se le aplicó la leyenda de esta Lucilla, no hay garantías de que realmente lo sea.

Por su parte, la leyenda de San Mello de Rouen (22 de octubre), escrita en el siglo IX, le pone enviado a la Galia por nuestro santo papa, pero no hay constancia de ello. Ni la más mínima.

Esteban por Cristo.
Las Actas, ficticias, del martirio de San Esteban, dicen que tanta labor del papa hizo que el emperador, enfadado con Esteban, quisiera conocerlo y mandó llevarlo a su presencia. Le preguntó: "¿Eres tú el sedicioso que turba al Estado, desviando al pueblo del culto debido a los dioses del imperio?". "Señor" – respondió el Santo – "yo no turbo al Estado; solo exhorto al pueblo a que no rinda culto a los demonios, y a que adore al verdadero Dios, a quien únicamente se le debe adorar". Replicó Valeriano: "Impío, esa blasfemia que acabas de proferir la vengará tu muerte" – y volviéndose a los soldados les mandó – "quiero que sea conducido al templo del dios Marte, y que allí sea degollado y ofrecido en sacrificio". (Esto último es imposible, pues sabido es que los romanos no ofrecían sacrificios humanos a los dioses). Tomaron los soldados a Esteban y apenas llegaron frente al templo del dios, rompió el cielo en una espectacular tormenta y un rayo violentísimo destruyó el templo.


Al verse libres, Esteban y los demás cristianos que iban a ser "sacrificados" se fueron a las catacumbas, donde el papa celebró la eucaristía y cuando estaba predicando en su sede, entró una turba de soldados y allí mismo le degollaron, el 2 de agosto de 257. Fue sepultado, con algunas reliquias de su silla, en las catacumbas de San Calixto. Su cabeza se venera en la catedral de Colonia.


Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Julio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1865.
-"El papa ha muerto. ¡Viva el Papa! JOSÉ-APELES SANTOLARIA. Barcelona, 1999.



Otros santos papas son:

San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.  

San Calixto I. 14 de octubre. 
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 de enero.  
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.

San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.

lunes, 28 de marzo de 2016

Santos Mártires Prisco, Malco, y Alejandro

Santos Prisco, Malco, y Alejandro, monjes mártires. 28 de marzo. 

Eusebio nos narra en su “Historia Eclesiástica” el testimonio de estos tres mártires. En 260, imperando Valeriano, los tres vivían en la soledad del desierto de Cesarea de Palestina. Desatada la persecución, y sabiendo que los cristianos morían gustosamente por Cristo, los tres ermitaños se llamaron la atención entre ellos. Reconocieron que como soldados de Cristo, no podían permitirse una vida retirada a la oración, mientras “sus hermanos y compañeros de batalla” se enfrentaban al tirano en primera línea. Dijo Prisco a sus hermanos: "Qué, ¿mientras que la puerta del cielo está abierta, vamos a cerrárnosla nosotros mismos? ¿Vamos a ser tan pusilánimes como para no sufrir por el nombre de Cristo, que murió por nosotros?" Y dijo Alejandro: "Nuestros hermanos nos invitan con su ejemplo: su sangre es un grito que nos impone pisar sobre sus pasos. ¿Vamos a permanecer sordos a un grito que nos llama al combate, y con el que conseguiremos una victoria gloriosa?".

Así, animados unos a otros, salieron de su soledad, partieron hacia Cesarea, donde se presentaron como cristianos ante el gobernador. Fueron interrogados y castigados por no abjurar de Cristo. Empleó varias torturas para ello, pero nada, los tres monjes permanecían firmes y, además, causaban admiración a los demás cristianos, lo que enfurecía aún más al juez. Finalmente, y pretendiendo humillarles, mandó fueran arrojados a las bestias, y los tres murieron despedazados y cantando salmos.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916 


A 28 de marzo además se celebra a 



 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Santa Cecilia o un error milenario.

Santa Cecilia de Roma, mártir. 22 de noviembre, 14 de abril (martirologio pseudo-jeronimiano) y 20 de octubre (invención de las reliquias).



La figura de Santa Cecilia pasó la criba realizada en la revisión del calendario universal de la Iglesia, posterior al Concilio Vaticano II. Sobre esta reforma ya escribí en su momento, pero el caso de Cecilia es un buen ejemplo de como la devoción multisecular se impuso a la revisión historicista. Su culto era lo suficiente firme y antiguo como para mantener su memoria y algunos textos propios del oficio litúrgico, sin que esto implique que la Iglesia avale su leyenda, que es eso lo que nos ha llegado de ella.

La leyenda, que ya circulaba en el siglo V, todos la conocemos: Era Cecilia una noble dama romana, del clan Metela, cristiana y muy caritativa. Había hecho un voto de virginidad, pero fue comprometida con Valeriano (14 de abril), al cual ella advirtió que un ángel protegía su castidad, si él osaba tocarla. Valeriano le dijo que quería ver el ángel, ella le replicó que debía ser cristiano antes. Valeriano accedió y fue bautizado por el papa San Urbano (23 de mayo). Y puestos en oración, fueron coronados por ángeles, hecho que contempló Tiburcio, hermano de Valeriano, el cual se convirtió y bautizó. Una vez que ambos hermanos fueron bautizados, se dedicaron a rescatar los cuerpos de los mártires y enterrarlos, causa por la cual alcanzaron el martirio. Cecilia donó sus bienes a los pobres y se dedicó a la oración y la caridad, llevando a muchos a conocer a Cristo y ser bautizados por Urbano. Esta mudanza de vida la delató como cristiana, fue apresada y luego de varios tormentos fue condenada a morir en un baño de vapor. Todo un día estuvo allí, pero el calor no hacía mella en ella ("nulla pars omnino ejus membris vel minimo sudoris signo fuit humectata"). Al saberlo Almaquio, el gobernador, mandó le decapitaran. Tanto escrúpulo tuvo el verdugo que necesitó tres golpes, y ni aun así logró separar la cabeza del cuerpo. Tres días más estuvo agonizando la santa; días en que muchos cristianos mojaban paños en su sangre para guardarlos como reliquias. Finalmente falleció y fue enterrada por Urbano en el cementerio de San Calixto. Y toda esta leyenda anterior, sazonada con belleza simpar, dotes morales, linajes nobles, riquezas, etc.

Sin embargo, la historia de la “santa de la música” hay que comenzarla en el siglo IV, época en la que se puede probar que su culto ya es conocido entre los cristianos, pero no los romanos, sino los griegos. Si bien el martirologio pseudo-jeronimiano del siglo IV la trae a 14 de abril, asociada a los mártires Tiburcio, Valeriano y Máximo, ni la "Depositio martyrum" romana del siglo IV, ni el martirologio cartaginés de principios del siglo V, conocen la memoria de Santa Cecilia. Sí que la incluye el misal del papa San Gelasio (20 de noviembre), con lo cual se puede decir que ya era venerada. En Roma llegó a tener tres iglesias dedicadas, una en Monte Iordano, otra en Campo Marzio, que la tradición identificaba como la casa natal de Valeriano, y la que queda hoy en día la del Trastévere, que se dice está edificada sobre su casa natal. En 821 el papa San Pascual I (11 de febrero) habría tenido una visión en la que la santa le decía que estaba enterrada en el cementerio de San Calixto, junto con Valeriano. Excavaron en el sitio "señalado", y hallaron los tres sepulcros de Cecilia, Valeriano y Tiburcio. El cuerpo de ella estaba envuelto en una rica tela, cubierto el rostro por un velo y las señales de los antes mencionados tres golpes en el cuello. Trasladaron el cuerpo a esta iglesia y monasterio benedictino dedicados a la memoria de Santa Cecilia. En el siglo XIII las monjas camaldulenses sustituyeron a los monjes.

Esta traslación y enterramiento del siglo IX evidenció una veneración temprana, aunque con el tiempo, las reformas y las destrucciones, haya quedado olvidado el cuerpo hasta ser descubierto el 20 de octubre de 1599, por el cardenal Sfondrati, sobrino del Gregorio XIV, “párroco” de esta iglesia. Estaban en obras, cuando descubrieron una cripta y en ella las reliquias, que fueron puestas en un arca de plata. Además, se descubrieron mosaicos en los cuales aparece la santa, Valeriano y el papa Pascual I. Con esta invención la iglesia ganó indulgencias y beneficios eclesiásticos, y se hacía estación penitencial el tercer miércoles de Cuaresma. Luego de este descubrimiento, las reliquias se pusieron a la veneración pública bajo el altar, donde también se puso una escultura que reproduciría el cuerpo incorrupto que el cardenal Baronio habría visto dentro de la sepultura. Yo sinceramente lo dudo, pues ¿quién se cree que en el siglo XVI, con el auge de las reliquias y el culto a estas como bastión de la contrarreforma, no se iba a exponer el cuerpo incorrupto de una de las mártires más insignes de la Iglesia, al menos en cuanto a devoción? No casa con otros casos y menos aún con Baronio, entusiasta del culto a los santos y sus reliquias. 

Este descubrimiento trajo una ola de devoción, más artística que piadosa. En 1594 Gregorio XIII la canonizó formalmente y la nombró patrona de la música. Numerosos pintores, músicos, escultores, pusieron su arte al servicio de la santa, componiendo o pintando magistrales escenas de su vida. Su día se convirtió en el “Día de la música”, siendo tradicionales los conciertos, los estrenos de óperas y otros certámenes musicales.

Como fuese, puesto que de Cecilia solo conocemos el sitio de su sepultura, ¿de dónde salió su relación con la música? Pues sale de un error de traducción de la “passio”, cuyo origen está en San Simeón Metafrastes (27 de septiembre): Esta passio dice, literalmente “venit díes in quo thálamus collacatus est, et, cantátibus órganis, illa in corde suo soli Domino decantábat: Fiat Dómine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confundar”. Lo que significa “llegó el día en que subió al tálamo, y, mientras los instrumentos, ella en su corazón a su único Señor cantaba: Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados, y no sea yo defraudada”. Entendamos "tálamo", no como el lecho nupcial, al que no llegó a subir según la misma leyenda y "passio", sino como el momento cumbre del desposorio con Cristo. Y entendamos el “mientras” como un “a la par”, o “al mismo tiempo”. Con lo que la frase lo que quiere decir es que Cecilia cantaba en su corazón a la par de los instrumentos. El error de la traducción estuvo en traducir “órganis” como instrumento musical, cuando solo se refiere a instrumentos (en este caso los martiriales) y “cantátibus” como “cantar” o “sonar”. De ahí a creer que el órgano emitía música y Cecilia cantaba no hubo más que un paso que la iconografía completó añadiéndole como atributo un pajarito cantor, que luego el renacimiento y el barroco cambiarían en un órgano tubular. Aunque el órgano como instrumento musical es antiguo y ya era conocido por los romanos, su uso era escaso y en la Iglesia, solo en algunas, no entró hasta el siglo VIII, no antes. Últimamente, según avanza la decadencia de la música litúrgica, la vemos representada con guitarras y hasta maracas.

Diferentes leyendas cambiarían esta frase de contexto, pues si se refiere a instrumento musical no pintaría nada en medio del tormento, que es donde realmente hay que ubicarla. Así que la leyenda, para reafirmarse a sí misma, contó que mientras sonaban los órganos en el banquete de su boda, Cecilia cantaba melodías celestiales en su corazón. Y esta es toda la asociación con la música: un error. Un error aumentado por la iconografía, la piedad y la espiritualidad devota. Solo un ejemplo, tomado de un sermón en honor a la santa: "...esta Virgen no se emplea en otra cosa que en alabar a su Esposo, en bendecir su bondad, en implorar su misericordia, en aplacar su justicia, y en hacerle favorable a todos los hombres (...) Mas como sabia muy bien que la música no puede menos de ser grata a aquel que todo lo hizo con harmonía, (...) acompaña al órgano su delicada voz, y dando vida a aquel instrumento inanimado, enseña a las criaturas insensibles a cantar las alabanzas de su Esposo. 'Cantantibus organis decantabat Cecilia'". Aquí incluso con las palabras cambiadas. Aunque algo sí que la salva, es cierto que, según la “passio”, al menos en su corazón, Cecilia cantaba u oraba con el salmo 70.

Pero es que no es tan sencillo, pues hay, al menos, dos contradicciones entre la “passio”, la leyenda y la historia:

1. La “passio” dice que la martirizaron con varios tormentos, pero incurre en una contradicción, pues si Cecilia era una matrona romana de linaje, no habría sido martirizada, pues la ley lo prohibía. Solo podían ser ajusticiados mediante la pena "capital", o sea, la decapitación. Así que, o Santa Cecilia era una dama noble y no fue martirizada, o fue una mártir sin ascendencia noble.

2. San Urbano no vivió en tiempos de persecución, sino en tiempos de Alejandro Severo, el cual no persiguió cristianos por las razones dadas en la leyenda: enterrar cristianos. Algunos cristianos serían juzgados, nadie lo duda, pero como cualquier ciudadano y no por el hecho de practicar la fe de Cristo. Así que, o Tiburcio Valeriano y Cecilia no fueron mártires, o lo son de otro momento. Como la mayoría de martirologios los hacen mártires, incluso Usuardo pone a Santa Cecilia padeciendo bajo Comodo, y Molano la pone imperando Marco Aurelio lo más probable es que la relación entre Urbano y los mártires, sea únicamente la veneración a su sepulcro en tiempos de paz, probablemente sería Urbano quien edificó el primer lugar de culto en las catacumbas.

Para los historiadores serios, entre ellos el Bollandista Delehaye, el origen de la figura de Santa Cecilia está en una matrona romana que habría venerado a los mártires Tiburcio y Valeriano, junto a los cuales quiso ser sepultada, en tiempos del papa Urbano, como sí ocurrió. Lo demás, como vimos, pues errores, alusiones, iconografía y devoción.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-“Grandezas y maravillas de la Ciudad de Roma. S.E. GABRIEL DÍAZ VARA CALDERÓN Y CORONADO. Madrid, 1673.
-"Santa Cecília, l'evangeli al cor". JOSEP. M. DOMINGO. Barcelona, 2001.
-“Sermones panegíricos de los Santos más celebrados en la Iglesia”. Tomo VI. P. JEAN FRANÇOIS SENAULT. Madrid, 1786.
-"Martirologio Romano". Madrid, 1791. 


A 22 de noviembre además se celebra a
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