martes, 11 de julio de 2017

Unidos por el amor y la misión.

Santos Leoncio, obispo, y Placidina, diaconisa, esposos. 11 de julio.

Leoncio nació en Saintes, sobre 510, en una familia de senadores romanos. Leoncio fue destinado a la carrera militar, en la que obtuvo numerosas victorias contra los visigodos, bajo las órdenes del rey Childeberto. Sobre los 25 años se casó con Santa Placidina, una hija del senador de Burdeos, Arcadio, nieto del célebre San Sidonio Apolinar (21 de agosto). Era Placidina una joven piadosa, bellísima y amada por todos por sus virtudes, su caridad y bondad. Les casó San Leoncio I de Burdeos "el Viejo" (21 de agosto), tío de nuestro santo, quien además le ordenó presbítero.

En 541 murió el obispo y Leoncio, y el clero y el pueblo eligieron a nuestro Leoncio como sucesor. Entonces Placidina fue consagrada diaconisa y quedó al servicio de la Iglesia, y como fiel colaboradora de su marido y obispo, siendo ambos padres de los pobres. Leoncio vendió sus posesiones para sostener la caridad a los pobres, la construcción de iglesias y hospitales. Reconstruyó el palacio episcopal, la iglesia catedral y construyó una nueva iglesia dedicada a la memoria de San Eutropio (30 de marzo), y una dedicada a la Santísima Virgen, en la que se dice había tantas lámparas que al estar dentro no se sabía si era de día o de noche. Por su parte Placidina fundó un taller de bordado y ornamentos en los que, además de enseñar a las jóvenes a trabajar, les instruía en la fe y proveían las iglesias de ornamentos y paramentos litúrgicos. Y no solo en Burdeos, sino en Bourg o Lormont fundaría centros de este tipo, entre catequéticos y laborales. Ambos fueron amantes de la música, la poesía y el arte sacro. No hay que extrañarse de esto, pues no será el primer ni el último obispo casado, aún en el siglo XIII hallaremos al obispo San Pablo de Skálholt (19 de noviembre), cuya mujer, Herdisa administraba su iglesia local. O el caso de San Juan de Holar (23 de abril), casado dos veces.

Leoncio participó en los Sínodos de París en 551 y 557, y en 563 destacó en el Sínodo de Saintes, deponiendo al obispo de esta ciudad, Emerio, que había sido nombrado por el rey Clotario, exiliando al obispo legítimo, sin el consentimiento de la Iglesia, ni de Leoncio, que como metropolitano debía elegir. Leoncio envió a un presbítero a París, a quejarse al rey Cariberto, hijo de Clotario. El presbítero le saludó diciendo: "Su Majestad, la sede apostólica le da sys saludos." El rey, sorprendido, respondió "¿has venido desde Roma para darme cumplidos de parte del papa?" "No, Majestad" – replicó el presbítero - "es el santo padre Leoncio quien le envía sus saludos, junto con los obispos de su archidiócesis". La causa de estas palabras está en que la sede de Burdeos fue fundada por San Marcial, discípulo de Cristo. Y continuó el presbítero "Ellos le hacen saber que Emerio privó de su sede al obispo de Saintes, en contra de todas las reglas eclesiásticas, y le hacen saber que han nombrado a otro en su lugar con la intención de recibir vuestra autorización para castigar al prelado delincuente". El rey se enfureció, pues no se atrevió a contradecir a su padre, y para mostrar su furia, envió al presbítero de vuelta en un carro lleno espinas y cardos, como castigo. Además, mandó que dieran a Emerio una compensación económica, mientras prometía vengarse de Leoncio.

Leoncio y Placidina tuvieron que huir disfrazados de campesinos, remontando río arriba y ocultándose en el bosque. Llegó a Burdeos el rumor de que ambos esposos no habían podido huir, sino que habían sido capturados y asesinados, por lo que el pueblo se echó a las calles a llorar y a maldecir al rey. En poco tiempo Cariberto llegó a la ciudad con un obispo de su conveniencia en Burdeos, al que pretendía entronizar con gran pompa. Sin embargo, antes de que la ceremonia se llevara a cabo, Leoncio y Placidina irrumpieron en la ciudad para impedirlo. Cuando se fue extendiendo la voz del suceso, el pueblo tomó a Leoncio en andas y lo entronizó en la catedral, montando guardia por si el rey se atrevía a hacer algo contra él. Viendo esta muestra de afecto, Cariberto no osó tocar a Leoncio y se fue de la ciudad. Ambos esposos pudieron continuar sus trabajos de apostolado, en la evangelización y la caridad.

Leoncio murió el 15 de noviembre de 565, llorado por su mujer, el pueblo de Burdeos, y toda la iglesia franca. Su epitafio fue escrito por San Venancio Fortunato (14 de diciembre): "Bajo esta piedra descansan los restos de Leoncio, el venerable prelado cuya fama llega hasta el cielo. (…) Muy apreciado por los reyes, él era la cabeza del país, apoyo de las familias, guardián de sus amigos, gloria de la gente y el honor de su ciudad. Respetuoso hacia los templos sagrados, dispendió su enorme fortuna entre los pobres (…) Fue de espíritu clarividente y humilde de corazón y de rostro sereno. Este magnífico obispo que no tuvo precedentes en toda la Galia yace con toda su gloria bajo estas piedras austeras. Calmó reyes, dio sus bienes a sus conciudadanos, y fue una fuente de alegría para muchas personas y ¡ay! en un instante nos fue quitado. Vivió feliz durante cincuenta y cuatro años; en la madrugada falleció. Dad sus últimos respetos a estos exiguos restos, que es el único consuelo que queda ahora al el tierno amor de Placidina". 


Fuente:
"Vies des pères, des martyrs, et des autres principaux saints". Tomo XI. ABBÉ GODESCARD. Toulouse, 1808.


A 11 de julio además se celebra a
San Berthevin de Sur-Vicoin, mártir.
Santos Sigeberto y Plácido, mártires.

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