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lunes, 1 de marzo de 2021

Prelado humilde, padre providente y taumaturgo

San Albino de Angers, obispo. 1 y 2 de marzo. 

Albino, o Aubin, nació en 469 en Vannes, Bretaña, en una familia de ascendencia anglosajona. Fue educado en el monasterio de Cincillac, en la ciudad de Angers. Fue un monje virtuoso, aplicado al estudio y la oración. En 505 fue elegido abad de la comunidad, y lo fue durante 35 años, siendo un ejemplo para todos. Fundó varios monasterios y dio comienzo a la biblioteca monástica. 

En 529 la ciudad de Angers le eligió como obispo, pero Albino se negó rotundamente. Solo aceptó luego de la reconvención de su buen amigo San Melanio de Rennes (6 de noviembre) y de los obispos otros San Lô de Coutances (22 de septiembre) y San Marcos de Nantes (25 de diciembre), quienes además fueron quienes le ordenaron obispo. Fue un padre para todos sus fieles, especialmente para los presos, a quienes demostró gran caridad, convirtiendo a muchos a la buena vida y logrando para ellos el perdón. Para obtener la palabra de enmienda de los prisioneros amnistiados Albino creó una ceremonia en la que estos juraban sobre el sepulcro San Maurilio (13 de septiembre), el obispo taumaturgo de Angers. Esta ceremonia duró durante siglos, hasta la Revolución Francesa. 

Realizó Albino numerosos milagros, según cuenta su leyenda. Dícese que el rey Childebert se empeció de una mujer llamada Etheria y para lograr hacerla suya, la raptó. Al saberlo Albino se presentó en la prisión y pidió que la mujer fuera liberada. Se lo negó el carcelero. Así tres veces, y a la última Albino tocó al guardia y este cayó muerto. Al saberlo Childebert dejó libre a la joven, aunque pidió una recompensa por ello, pensando que Albino no pagaría. Mas este hizo una oración y cavando el suelo con su báculo halló unas monedas de oro que el rey tomó sorprendido. Otro milagro que se cuenta es que resucitó a un niño llamado Alabaudo, al que llevaban a enterrar. 

Fue Albino uno de los prelados más radicales en el Concilio de Orleans, en 541, denunciando sobre todo el pecado de incesto, que entre los nobles era demasiado frecuente, incluso entre padres e hijos, solo por el hecho de no dividir posesiones. Ante esto la mayoría de los obispos callaba, traicionando los cánones eclesiásticos que prohibían los matrimonios incestuosos. Y tanto se esforzó, que logró que el Concilio determinara que quien pecaba de incesto era excomulgado “latae sententiae”. 

Albino subió a los cielos el 1 de marzo de 550 y su cadáver fue sepultado en su catedral. En 557 se terminó una basílica para honrar su memoria y allí fueron depositadas sus reliquias definitivamente el 2 de marzo de ese mismo año. Luego se construiría una hermosa abadía. 

Aparición en Guérande
San Venancio Fortunato
(14 de diciembre) escribió una biografía de San Albino, en la cual hace mención de numerosos milagros ocurridos en la tumba del santo. Sobre todo se extiende en uno, que también recoge San Gregorio de Tours (17 de noviembre): un hombre cojo permaneció toda la noche esperando abrieran la iglesia para pedir por su salud al santo. Allí se durmió y soñó que un hombre que radiaba luz le decía que justo a las 9 de la mañana, al empezar la Tercia, fuera al sepulcro de Albino, quien junto con San Martín de Tours (11 de noviembre) bendecía y sanaba a muchos mientras duraba el Oficio Divino. Así lo hizo el cojo, y apenas sonó la campana de Tercia y los monjes comenzaron a cantar el Oficio, sanó milagrosamente. Y con él, también fue sanada una ciega que allí se hallaba. 

Una leyenda popular cuenta que, en el siglo IX, cuando la ciudad de Guérande fue amenazada por los vikingos, se vio al santo aparecer en el cielo montando a caballo y dispersando a los paganos. Desde entonces, como no, es el patrón de la ciudad. 


Fuentes:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 1 de marzo además se recuerda a:





martes, 11 de julio de 2017

Unidos por el amor y la misión.

Santos Leoncio, obispo, y Placidina, diaconisa, esposos. 11 de julio.

Leoncio nació en Saintes, sobre 510, en una familia de senadores romanos. Leoncio fue destinado a la carrera militar, en la que obtuvo numerosas victorias contra los visigodos, bajo las órdenes del rey Childeberto. Sobre los 25 años se casó con Santa Placidina, una hija del senador de Burdeos, Arcadio, nieto del célebre San Sidonio Apolinar (21 de agosto). Era Placidina una joven piadosa, bellísima y amada por todos por sus virtudes, su caridad y bondad. Les casó San Leoncio I de Burdeos "el Viejo" (21 de agosto), tío de nuestro santo, quien además le ordenó presbítero.

En 541 murió el obispo y Leoncio, y el clero y el pueblo eligieron a nuestro Leoncio como sucesor. Entonces Placidina fue consagrada diaconisa y quedó al servicio de la Iglesia, y como fiel colaboradora de su marido y obispo, siendo ambos padres de los pobres. Leoncio vendió sus posesiones para sostener la caridad a los pobres, la construcción de iglesias y hospitales. Reconstruyó el palacio episcopal, la iglesia catedral y construyó una nueva iglesia dedicada a la memoria de San Eutropio (30 de marzo), y una dedicada a la Santísima Virgen, en la que se dice había tantas lámparas que al estar dentro no se sabía si era de día o de noche. Por su parte Placidina fundó un taller de bordado y ornamentos en los que, además de enseñar a las jóvenes a trabajar, les instruía en la fe y proveían las iglesias de ornamentos y paramentos litúrgicos. Y no solo en Burdeos, sino en Bourg o Lormont fundaría centros de este tipo, entre catequéticos y laborales. Ambos fueron amantes de la música, la poesía y el arte sacro. No hay que extrañarse de esto, pues no será el primer ni el último obispo casado, aún en el siglo XIII hallaremos al obispo San Pablo de Skálholt (19 de noviembre), cuya mujer, Herdisa administraba su iglesia local. O el caso de San Juan de Holar (23 de abril), casado dos veces.

Leoncio participó en los Sínodos de París en 551 y 557, y en 563 destacó en el Sínodo de Saintes, deponiendo al obispo de esta ciudad, Emerio, que había sido nombrado por el rey Clotario, exiliando al obispo legítimo, sin el consentimiento de la Iglesia, ni de Leoncio, que como metropolitano debía elegir. Leoncio envió a un presbítero a París, a quejarse al rey Cariberto, hijo de Clotario. El presbítero le saludó diciendo: "Su Majestad, la sede apostólica le da sys saludos." El rey, sorprendido, respondió "¿has venido desde Roma para darme cumplidos de parte del papa?" "No, Majestad" – replicó el presbítero - "es el santo padre Leoncio quien le envía sus saludos, junto con los obispos de su archidiócesis". La causa de estas palabras está en que la sede de Burdeos fue fundada por San Marcial, discípulo de Cristo. Y continuó el presbítero "Ellos le hacen saber que Emerio privó de su sede al obispo de Saintes, en contra de todas las reglas eclesiásticas, y le hacen saber que han nombrado a otro en su lugar con la intención de recibir vuestra autorización para castigar al prelado delincuente". El rey se enfureció, pues no se atrevió a contradecir a su padre, y para mostrar su furia, envió al presbítero de vuelta en un carro lleno espinas y cardos, como castigo. Además, mandó que dieran a Emerio una compensación económica, mientras prometía vengarse de Leoncio.

Leoncio y Placidina tuvieron que huir disfrazados de campesinos, remontando río arriba y ocultándose en el bosque. Llegó a Burdeos el rumor de que ambos esposos no habían podido huir, sino que habían sido capturados y asesinados, por lo que el pueblo se echó a las calles a llorar y a maldecir al rey. En poco tiempo Cariberto llegó a la ciudad con un obispo de su conveniencia en Burdeos, al que pretendía entronizar con gran pompa. Sin embargo, antes de que la ceremonia se llevara a cabo, Leoncio y Placidina irrumpieron en la ciudad para impedirlo. Cuando se fue extendiendo la voz del suceso, el pueblo tomó a Leoncio en andas y lo entronizó en la catedral, montando guardia por si el rey se atrevía a hacer algo contra él. Viendo esta muestra de afecto, Cariberto no osó tocar a Leoncio y se fue de la ciudad. Ambos esposos pudieron continuar sus trabajos de apostolado, en la evangelización y la caridad.

Leoncio murió el 15 de noviembre de 565, llorado por su mujer, el pueblo de Burdeos, y toda la iglesia franca. Su epitafio fue escrito por San Venancio Fortunato (14 de diciembre): "Bajo esta piedra descansan los restos de Leoncio, el venerable prelado cuya fama llega hasta el cielo. (…) Muy apreciado por los reyes, él era la cabeza del país, apoyo de las familias, guardián de sus amigos, gloria de la gente y el honor de su ciudad. Respetuoso hacia los templos sagrados, dispendió su enorme fortuna entre los pobres (…) Fue de espíritu clarividente y humilde de corazón y de rostro sereno. Este magnífico obispo que no tuvo precedentes en toda la Galia yace con toda su gloria bajo estas piedras austeras. Calmó reyes, dio sus bienes a sus conciudadanos, y fue una fuente de alegría para muchas personas y ¡ay! en un instante nos fue quitado. Vivió feliz durante cincuenta y cuatro años; en la madrugada falleció. Dad sus últimos respetos a estos exiguos restos, que es el único consuelo que queda ahora al el tierno amor de Placidina". 


Fuente:
"Vies des pères, des martyrs, et des autres principaux saints". Tomo XI. ABBÉ GODESCARD. Toulouse, 1808.


A 11 de julio además se celebra a
San Berthevin de Sur-Vicoin, mártir.
Santos Sigeberto y Plácido, mártires.

sábado, 4 de julio de 2015

San Calais, el halla tesoros.

San Calais y el tesoro.
San Calais de Anille, abad. 4 de julio. 

La leyenda de San Calais surge en torno a sus reliquias, más de 100 años después de su muerte, cuando el culto ya estaba consolidado. Según esta, Calais, o Carileffus (nombre latinizado), nació en una familia noble y virtuosa. Siendo niño le enviaron sus padres al monasterio de Menat, Clermont, para que desde se instruyese en las letras y la devoción. Allí, luego de una infancia y primera juventud ejercitándose en las virtudes, mediante la disciplina, la oración, la penitencia y la caridad, maduró su vocación monástica. Pero su corazón quería una vida más estrecha y penitente, por lo que, junto a San Avito (17 de junio), y santos Daumer y Gall (4 de mayo) se retiraron a una vida oculta en la región de Micy, cerca de Orleáns. La leyenda propia de San Avito dice que este era abad en ese momento y solo meciona a Calais como compañero. Allí construyeron un monasterio pequeño y pobre, dedicándose a la oración y al trabajo, para mantenerse y ocupar el resto del día. Otra leyenda le hace discípulo de San Mesmin (15 de diciembre) en Micy.

Poco a poco su fama fue creciendo y el pueblo comenzó a hablar de aquellos piadosos ermitaños, lo que hizo que el obispo Máximo quisiera conocerles. Aprovechando una visita al a ciudad, el obispo gozó de la presencia de los santos unos días y edificado por su vida, decidió ordenar presbíteros a Avito y Calais, para que añadiesen a su vida el poder celebrar el sacrificio de la misa, además de servirles de apóstoles entre los lugareños. Obedecieron, pero su vocación era al eremitismo y no al apostolado, así que luego de ser ordenados se retiraron de la zona, yéndose a Pitiacus, donde levantaron una ermita, que luego sería la iglesia y abadía de San Avito, y donde Calais hallaría una fuente de agua milagrosa, actualmente llamada “Font Sant-Calais”. Pero nada, que aquí tampoco tenían paz y en breve ya tenían discípulos, gente buscando consejo, nobles locales interesados, etc., así que Calais se despidió de Avito y acompañado de Daumer y Gall se alejó, en dirección a Le Mans.

San Calais y San Avito huyen.
Llegados a Anille, descubrieron un sitio apartado, pedregoso junto a un río, donde los hombres no se aventuraban,  y allí levantaron sus chozas y la ermita. Su primera visita fue un búfalo salvaje, que a instancias del santo se dejó acariciar por los tres religiosos. El santo les dijo: “Esta fiereza que veis vuelta mansedumbre es una señal de Dios. Un día vendrá a este lugar un hombre poderoso que en principio se mostrará áspero y riguroso con nosotros, pero a quien Dios ha de amansar”. Y así fue, estando en Le Mans Chideberto, supo de un hermoso búfalo que andaba por los montes cercanos y pretendió cazarlo. Le persiguió y el animal corrió a la celda del santo, refugiándose tras de este. El rey se enfadó sobremanera de que aquel monje se le encarase y no le permitiese matar al animal, por lo que les echó de aquellas tierras, bajo pena de azotarles hasta la muerte (para uno que asesinó a sus propios sobrinos, esto es nada). Calais le pidió con humildad les dejase vivir allí tranquilamente, y aún le convidó a tomar un vaso de vino en su ermita. Childeberto se enojó aún más ante el descaro de aquel monje y pretendió irse. Pretendió digo, pues al intentar mover su caballo, este quedó fijado al suelo como una estatua. Por más que intentaba, el caballo estaba impasible. Rendido el rey ante este portento, pidió disculpas al santo, el cual se las dio, con lo que el rey pudo desmontar y se echó a los pies de Calais, pidiéndole su bendición. Calais le reconvino acerca de su poco ejemplar vida y aún hizo otro portento: tenían sed el rey y sus monteros, por lo que el santo sacó el vaso de vino y de este bebieron todos, sin que menguase ni una gota. En agradecimiento, Childeberto le otorgo tierras para que edificase un monasterio. Así pues, puestos a edificar el monasterio, Calais cavó en la tierra y halló un gran tesoro, que le sirvió para hacer la construcción y la iglesia. Es, además, su motivo iconográfico más conocido.

Ya resignado a ser abad, vivió Calais como un simple monje más, “siempre crucificado con Cristo”, dice San Siviardo, su biógrafo. Siempre iba descalzo y con un vestido muy áspero, además de un cilicio en las carnes. Dormía en el suelo y en ocasiones sobre ceniza. Solo comía pan y bebía agua, y algunas legumbres y yerbas del campo cuando sus monjes le insistían en cuidarle. Su fama de santo llegó a oídos de la mujer de Chideberto, Ultrogoda, que quiso conocerle, así como su estilo de vida monástica. A pesar que sabía que las mujeres tenían prohibida la entrada, no solo al monasterio, sino acercarse a sus muros, la reina envió un criado a decirle a Calais que con tal de recibir su bendición personalmente, en una visita, le donaría grandes riquezas al monasterio. Calais le respondió por medio del mensajero: “Decid a vuestra señora, que ni los monjes necesitamos riquezas, ni ella necesita de mi bendición. La bendición de Dios la hallará estándose en su casa. Y le hago saber que mis monjes y yo tenemos determinación que jamás en este monasterio entre mujer alguna”.

Reliquias del santo,
iglesia de
San Calais de Sarthe.
Finalmente, luego de una vida entregada a Cristo, Calais murió el 1 de julio de 536, día en que le recogía el martirologio romano. Fue enterrado en la iglesia y pronto su sepulcro se convirtió en meta de peregrinos, verificándose portentos que aumentaron la devoción del pueblo. Y las mujeres sin poder entrar, según un milagro que se dice de una que, interesada en conocer como vivían los monjes, se cortó los cabellos, se vistió de hombre y entró al monasterio. Allí dentro le asaltaron violentos dolores y espasmos hasta que reconoció su trama y el santo la sanó, aunque cuando la sacaron fuera del recinto. El sepulcro, además, servía de testigo de los juramentos, con terribles castigos para los que perjuraban y mentían. En el siglo IX las reliquias fueron a parar a Blois, ante el miedo por los normandos. En el siglo XVII regresaron a Saint-Calais, a la iglesia que lleva su nombre en Sarthe.

La primera “vita” fue escrita por San Siviardo (1 de marzo), quinto abad de Anille, en el siglo VII ampliada posteriormente con detalles sobre el culto y milagros en el siglo IX. Los historiadores creen que en realidad Calais fue un eremita con fama de santo que vivió en los alrededores del monasterio y que su devoción forjó la leyenda de Childeberto, el búfalo y la donación de tierras, de la que existen copias del Acta de Donación, fechada a 515, pero que se consideran tardías. Demostrar un origen milagroso, era un recurso de los monasterios ante las pretensiones de nobles, reyes u obispos, de suprimirles privilegios o tierras. 


Fuentes: 
-“Crónica general de la Orden de San Benito, Patriarca de Religiosos”. Volumen 1. FR. ANTONIO DE YEPES OSB. 1609. 
-“Hagiography and the Cult of Saints: The Diocese of Orléans, 800-1200”. THOMAS HEAD. Cambridge, 1990.


A 4 de julio además se celebra a  
Santa Bertha de Blangy, reclusa
San Odo de Canterbury, obispo.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...