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lunes, 21 de junio de 2021

Sin manos o golpeado, pero fiel a la fe católica.

San Eusebio de Samosata, obispo. 21 y 22 de junio. 

Era Eusebio obispo de la sede samosatense en 361, tiempos convulsos para la fe católica, atacada por las herejías, sobre todo en Oriente. Pero hay que resumir algo la situación imperante para contar algo de su vida.  

En 361 los obispos reunidos en Antioquía se reunieron para elegir patriarca de tan importante sede, y tanto los católicos como los arrianos comenzaron a maquinar para entronizar a un obispo que les fuera adepto. Unos y otros se fijaron en San Melecio (12 de febrero). Era un hombre bueno y conciliador, que podría contentar a todos. Por ello le apreciaban los más eminentes prelados del momento como el futuro San Basilio Magno (2 de enero y 14 de junio) o San Eusebio de Vercelli (2 de agosto). El emperador Constancio dio su visto bueno a la elección y Melecio tomó posesión de su sede. En un principio fue ambiguo, según parece, y su afán conciliador con los herejes (no con la herejía) hizo recelar a los católicos y esto comenzó a pasarle factura. Constancio II, emperador arriano, le hizo comparecer ante él para que aclarase su fe y proclamase su preferencia teológica. Él extendió tres dedos hacia la gente, luego cerró dos y dijo "Tres Personas se conciben en la mente pero es como si nos dirigiéramos a una sola". Enseñanza plenamente católica. 

Los arrianos montaron en cólera y comenzaron a buscar su deposición. Le acusaron de sabelianismo, una herejía que erraba en la fe trinitaria y en el mismo 361 el emperador le depuso y le desterró a Melitine. Pero aún era obispo legítimo, pues nadie le había declarado hereje, y los arrianos intentaron revocar su decreto de nombramiento. Y aquí entra nuestro Eusebio. 

El santo obispo de Samosata tenía en sus manos el Decreto de la designación de Melecio como Patriarca de Antioquía, y lo custodiaba como cosa sagrada. El emperador, a petición de los arrianos, envió un mensaje a Eusebio para que lo entregara. El obispo respondió: "No puedo entregar lo que públicamente se me entregó sin el consentimiento de todos los que me lo confiaron". Constancio insistió, amenazándole que, de no entregar la resolución del Sínodo, le cortarían la mano derecha. Eusebio extendió las manos al oficial mensajero y respondió tranquilamente: "Córtalas y llévaselas al emperador. No entregaré el documento". Constancio quedó impresionado al saberlo y no insistió en el asunto. 

En 370 falleció San Eusebio de Cesarea (21 de junio), a quien no hay que confundir con el célebre obispo de igual nombre y sede, fallecido en 339. El clero de la ciudad pidió ayuda a los obispos de la provincia imperial para elegir un sucesor digno de la sede y no sospechoso de herejía. El obispo Gregorio de Nacianzo, padre del gran San Gregorio Nacianceno (2 de enero, 9 de mayo y 11 de junio, traslación de las reliquias) imploró la ayuda a Eusebio, aunque Samosata no formaba parte de la provincia. Eusebio viajó a Cesarea y luego de negociaciones y súplicas públicas, decidió dieran la sede al eminente presbítero San Basilio. Él mismo le consagró obispo el 14 de junio del mismo año. 

Cuando estalló la persecución de Valente, Eusebio confirmó en la fe a sus fieles, y además, viajó a las sufridas iglesias de Palestina, Siria y Fenicia. Iba disfrazado de oficial, celebrando la eucaristía y consolando a los que enterraban a los mártires, sus viudas e hijos. Ordenaba nuevos obispos para que las comunidades no quedaran sin pastor. En 374 Valente, enfurecido con él, le desterró, pues no se atrevió a matarle como pedían los arrianos. El santo decidió partir mansamente, e incluso ayudó a irse en la noche al oficial que le trajo la noticia, para que el pueblo no se amotinara y la tomara con él.  

Partió al destierro sin nada, tan pobre como vivía, y solo permitió le acompañara un siervo fiel. Le alcanzaron en el camino algunos cristianos, que le pedían peleara y se enfrentara al emperador, pero Eusebio, sabiendo que esto solo traería más muerte y destrucción, arengó a los suyos a obedecer a las autoridades. Además, les exhortó en la caridad de unos con otros y a permanecer fieles a la verdad custodiada y enseñada por la Iglesia. El nuevo obispo, arriano, era un buen hombre y no se atrevió a mancillar la memoria de Eusebio, y al poco tiempo renunció a la sede. El siguiente era un feroz hereje y llegó a destruir un baño público solo porque Eusebio lo había usado, considerando impuras las aguas. Y así, más de un exabrupto tuvo, como azotar a unos niños que jugaban con una pelota, porque esta se metió entre las patas de su burro, el animal tropezó y le hizo caer al suelo. 

Sepultura del santo. Doliche
En 378 murió Valente y le sucedió el emperador Graciano, católico, que se propuso la restauración de la paz y la unidad en la Iglesia. A finales de 378 aquel Melecio del que hablamos antes volvió a su sede y nuestro Eusebio volvió a su querida Samosata. En 379 se convocó un Concilio para proclamar la fe trinitaria de la Iglesia, sin ambages ni concesiones teológicas. Se arrojaron a los arrianos de sus sedes, los católicos volvieron a poseer sus iglesias y se ordenaron obispos que habían sido probados en su ortodoxia mediante la persecución.  

En esto último destacó Eusebio, quien recorrió varias ciudades, eligiendo a los candidatos. Y en esta labor, le llamó el Señor de una manera un tanto curiosa: estando de labor pastoral en una pequeña ciudad de Siria, una mujer le lanzó una teja desde el tejado de su casa, con tan mala fortuna, que le dio en plena cabeza al santo. Eusebio padeció varios días por la herida, y finalmente entregó su alma al Creador, luego de perdonar a todos los que le habían hecho mal y haciendo prometer a sus amigos que no buscarían a la agresora. Por esta razón en ocasiones se le llama mártir.

Su sepulcro aún se conserva en Doliche, Turquía.

Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Historia General de la Iglesia". Tomo I. D. J. DARRAS. París, 1862.

 A 21 de junio además se celebra a:

San Albano de Colonia
mártir.
San Luis Gonzaga,
religioso jesuita.
San Méen de Rennes
monje.
San Ramón de Roda,
obispo.









 
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miércoles, 14 de abril de 2021

Santos Valeriano, Tiburcio y Máximo.

Santos Valeriano, Tiburcio y Máximo. 14 de abril. 

Estos santos, de los que nada se sabe, consta su historicidad a partir de que sus tumbas se conservan en las catacumbas de San Calixto (14 de octubre). Además, aparecen mencionados en la “Depositio Martyrum” del siglo IV. En el siglo VI sus tumbas serían meta de peregrinos y tuvieron una iglesia dedicada en la Via Appia. En 821 el papa San Pascual I (11 de febrero) trasladó sus reliquias, junto a las de Santa Cecilia (22 de noviembre) a la iglesia de Santa Cecilia “in Trastevere”, edificada, según la tradición, sobre la casa natal de la santa. 

Esta traslación unió para siempre a estos santos en una leyenda muy conocida: Cecilia fue una noble dama romana, del clan Metela, cristiana y muy caritativa. Había hecho un voto de virginidad, pero fue comprometida con Valeriano, al cual ella advirtió que un ángel protegía su castidad, si él osaba tocarla. Valeriano le dijo que quería ver el ángel, ella le replicó que debía ser cristiano antes. Valeriano accedió y fue bautizado por el papa San Urbano (23 de mayo). Y puestos en oración, fueron coronados por ángeles, hecho que contempló Tiburcio, hermano de Valeriano, el cual también se convirtió y bautizó. Una vez que ambos hermanos fueron bautizados, se dedicaron a rescatar los cuerpos de los mártires y enterrarlos, causa por la cual alcanzaron el martirio junto con un cristiano, llamado Máximo, que se hizo presente en el momento del martirio. Cecilia, ya viuda, donó sus bienes a los pobres y se dedicó a la oración y la caridad, llevando a muchos a conocer a Cristo y ser bautizados por Urbano. Ella también sería mártir, siempre según la leyenda. 

Para los historiadores serios, entre ellos el Bollandista Delehaye, el origen de la figura de Santa Cecilia está en una matrona romana que habría venerado a los mártires Tiburcio y Valeriano, junto a los cuales quiso ser sepultada, en tiempos del papa Urbano. De hecho, en tiempos de San Urbano no hubo persecuciones a los cristianos. Lo más probable es que la relación entre Urbano y los mártires Valeriano y Tiburcio, sea únicamente la veneración a su sepulcro en tiempos de paz, probablemente sería Urbano quien edificó el primer lugar de culto en las catacumbas, con la ayuda de Santa Cecilia.  

Esto es más que frecuente en miembros prominentes de la Iglesia romana: manifestaban devoción a algún mártir, convertían sus casas en iglesias y se hacían enterrar junto a los mártires de su devoción. Tenemos, por ejemplo, los casos de Santa Constanza (18 de febrero), unida a los mártires Juan y Pablo (26 de junio), y el de San Eusebio de Roma (14 de agosto), un cristiano que edificó una iglesia en el monte Esquilino, que terminaría llamándose “de San Eusebio” y que le dotaría de una leyenda martirial. 


A 14 de abril además se celebra a

domingo, 7 de marzo de 2021

Por devoción a los mártires, al martirio.

Santos Eubulo y Adriano de Cesarea, mártires. 7 de marzo. 

Su martirio lo recoge Eusebio en su “Historia Eclesiástica” al relatar la persecución en Palestina llevada a cabo por Diocleciano y Maximiano entre los años 303 y 310. En esta persecución padecieron numerosos mártires, uno más esforzado que el otro. Eusebio detalla bastante la persecución y da algunos nombres y como padecieron, y con el relato de nuestros dos mártires, los únicos cuyo culto trascendió, cierra su narración. 

No sabemos de donde eran Eubulo y Adriano, naturales de Mangana, aparecieron en Cesarea de Palestina luego de unos días intensos para los cristianos, pues doce de ellos habían sido martirizados. Al llegar a la ciudad hallaron que los santos cuerpos de los mártires yacían a las afueras de la ciudad, a las expensas de las fieras. Allí debían permanecer hasta cuatro días, luego se permitía fueran enterrados. Si algún cristiano lo hacía antes (como solía ocurrir por la devoción que hacia los mártires se tenía) era inmediatamente arrestado. 

Eubulo y Adriano no se detuvieron ante aquel sacrilegio y, tomando las preciosas reliquias de los santos mártires, las enterraron piadosamente y al ser inquiridos por ello, confesaron que habían ido a la ciudad precisamente para ello, para socorrer a los cristianos. Fueron aprehendidos y llevados ante el gobernador Firmiliano. Este, hecho ya a los interrogatorios y los tormentos les hizo padecer el castigo de los garfios de hierro, que les desgarraron las pieles a nuestros santos. Así, hechos un guiñapo, arrojó a un león a Adriano en el marco de unas fiestas que se celebraban. El león no tocó al santo, que terminó siendo degollado. 

Por su parte, a Eubulo le intentó salvar el portaestandartes del gobernador. Tal vez le conocía, quien sabe. Intentó convencer a Eubulo para que sacrificara a los dioses y así salvara su vida. Eubulo, claro está, lo rechazó, y por ello, el 7 de marzo de 308 fue arrojado a las fieras en el anfiteatro, las cuales lo despedazaron y devoraron. 

Fuente:
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo III. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776. 


A 7 de marzo además se celebra a:








jueves, 18 de febrero de 2021

San Simón Cleofás de Jerusalén

San Simón Cleofás de Jerusalén, obispo y mártir. 18 de febrero, 27 de abril y 18 de septiembre. 

Fue Simón, o Simeón, hijo de San Cleofás (24 de abril) y de Santa María (9 de abril; 11, en Reims; y 25 de mayo, en Arlés). Sus hermanos fueron San Judas, Santiago el Menor y José. Por lo tanto, era pariente cercano de Nuestro Señor Jesucristo (Mc. 6, 3. Mt 13, 55). Fue su hermano Santiago el Menor (3 de mayo) el primer obispo de Jerusalén, quien fue martirizado poco antes de la caída de la ciudad. 

Eusebio, el escritor eclesiástico, recogiendo la tradición de la iglesia jerosolimitana y los escritos de Hegesipo, historiador eclesiástico del siglo II, nos dice que después del martirio de Santiago, los apóstoles de Cristo y algunos discípulos prominentes se reunieron en Jerusalén para elegir un sucesor, y hallaron a Simón, hermano del Señor, como digno para ser obispo. También dice Eusebio que en tiempos del emperador Trajano, siendo Ático procónsul, los gnósticos hicieron graves acusaciones contra Simón, un celoso pastor y defensor de la verdadera fe católica, quien fue apresado y torturado a pesar de su avanzada edad, 120 años. Finalmente alcanzó la gloria del martirio siendo crucificado como su hermano y Señor Jesús, entre el año 107 y 120. 

Algunas reliquias suyas, dudosas, se veneran en Bolonia, Bruselas (la cabeza) y en Wefstalia.


sábado, 25 de agosto de 2018

"Nos regocijamos en nuestro Señor Jesucristo".

Santos Eusebio, Ponciano, Vicente y Peregrino, mártires. 25 de agosto y 1 de octubre (traslación de las reliquias de Eusebio).

Las "Actas" que nos han llegado de estos mártires son curiosas, por la forma de su redacción. Evidentemente se trata de un texto litúrgico, pues consta de 9 lecciones, como se acostumbraba hacer en el Oficio de Maitines, hoy simplificado como Oficio de Lecturas. Este Oficio tenía 9 nocturnos con lecturas bíblicas, patrísticas o leyendas de santos. En este caso incluso conservan las conocidas palabras de "En aquel tiempo…" utilizadas aún hoy en la liturgia para introducir la lectura evangélica en la misa. Incluso la última de estas lecciones termina con un "por Cristo Nuestro Señor". Esta es la estructura de todos los Oficios de Maitines que recogían vidas de santos, que eran casi todos. Aquí la novedad es que esta estructura pretende pasar por Actas auténticas del martirio y no por una reconstrucción, cuando evidentemente lo es. Se han datado alrededor del siglo VIII, aunque provienen de un texto más antiguo. Y vamos a la historia:

Primera Lección.
Imperando Commodo este impuso la costumbre de celebrar su natalicio con fastuosos sacrificios a Zeus y a Hércules que, por supuesto, eran en realidad sacrificios al mismo emperador, pues sabido es que Commodo llegó a considerarse a sí mismo hijo de Zeus y semidios. En ese tiempo vivían en el distrito de Lannarius unos cristianos llamados Eusebio, Vicente, Peregrino y Ponciano (o Potenciano), quienes habían dados todas sus riquezas para servir a los pobres. El día del magno sacrificio, estos cuatro santos predicaron públicamente diciendo: "Honren a nuestro Señor Jesucristo; dejen estas deidades diabólicas; crean en el Dios del cielo, el Padre todopoderoso, y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; arrepiéntanse y bautícense en su nombre para el perdón de tus pecados. Porque así no se perderán con el emperador Commodo".

Segunda Lección.
Les oyó predicar el senador Julio, quien les llamó a su casa y luego de hacerles ciertas preguntas sobre Cristo, aceptó la fe cristiana y comenzó a vivir una vida piadosa. Julio dio todas sus riquezas para beneficio de los pobres y se hizo bautizar junto a su familia por el presbítero Rufino. Cuando Commodo supo aquello le mandó llamar y le dijo "¿Es que te has vuelto loco por haber dejado a tu dios, Zeus, y a Hércules y haber ido detrás de tan estúpida locura?" A lo que Julio respondió: "Espera y verás, tú te perderás con esos dioses".

Tercera Lección.
Julio fue entregado al comandante Vitelio, con la orden de confiscar todas sus posesiones y mantenerlas en custodia hasta que Julio sacrificara a Hércules. Pero como ya no había nada que confiscar, Vitelio llevó a Julio a una prisión inmunda durante tres días, mientras preparaba el sacrificio. Al cabo, llevó a Julio ante su presencia y le habló así: "¿Reconoces las leyes de los monarcas que prescriben que abandones tu terquedad y hagas sacrificios a nuestros dioses Hércules y Zeus?" Julio respondió con audacia: "Tú también te perderás con tu rey". Vitelio le dijo: "Ahora que ya has sido condenado, ¿en quién puedes confiar?" "En Jesucristo" – respondió Julio – "Él os condena a ti y a tu príncipe a la destrucción eterna". Cuando Vitelio oyó esto, ordenó que Julio fuera apaleado y luego lanzado a las fieras en anfiteatro. Así se hizo, el santo mártir subió al cielo, y esa misma noche nuestros biografiados, Eusebio, Ponciano, Peregrino y Vicente, tomaron las reliquias y las sepultaron con piedad en las catacumbas de Calepodio, en la Via Aurelia. Su memoria litúrgica es a 19 de agosto.

Cuarta Lección.
Al saber Vitelio que nuestros santos habían recuperado el cadáver del mártir Julio, ordenó su arresto y comparecencia ante él. Cuando los tuvo delante les dijo: "Habéis tomado las posesiones de Julio y, además, es cierto que habéis salvado su cuerpo". Eusebio respondió: "Hicimos eso porque teníamos derecho a hacerlo". Vitelio dijo: "Por supuesto que no tenías derecho a enajenar los bienes de otra persona y a ocultar la propiedad que nadie te había dado. Devuelve las posesiones de Julio, si no, ¡podrías terminar como él!" Eusebio respondió: "Eso es lo que queremos". Vitelio dijo: "Entregad ahora las posesiones de Julio y sacrificad a los dioses". Le replicó Vicente: "Estos no son dioses, son demonios que morirán con vosotros para siempre".


San Ponciano
Quinta Lección.
Entonces Vitelio ordenó que fueran colocados uno frente al otro en el potro. Mientras se les estiraban los miembros y eran azotados, Vitelio les conminaba a sacrificar, pero viendo que los cuatro mártires no le hacían caso, dijo: "No podéis ridiculizar a nuestros dioses y a nuestros príncipes". Entonces ordenó que se acabara la tortura, y dijo: "Sálvaos vosotros mismos, y sacrificad a los dioses". Eusebio le respondió: "Haz lo que quieras y continúa con los tormentos con tranquilidad. Porque si esperas a que nos apartemos del camino marcado por nuestro hermano Julio, estas perdiendo el tiempo". Vitelio dijo a los presentes: "Estos practican la magia, por ello se regocijan siendo torturados". Mas Vicente le respondió: "Solo nos regocijamos en nuestro Señor Jesucristo". Entonces Vitelio ordenó les fueran quemados los costados.

De pronto, uno de los verdugos dijo ver a Cristo (un ángel en otras versiones) confortando a los mártires, y además, clamó: "El verdadero Dios es el Cristo que anuncian". Vitelio acusó a los mártires de haber engañado con magia al joven. Este, llamado Antonio, abandonó el lugar y fue en busca de Rufino, quien le bautizó.

Sexta Lección.
Entonces Vitelio pretendió ser conciliador y dijo a los santos: "¿Por qué cometéis tanta violencia y por qué no dejáis esta locura? Si, después de todo, pagáis tributo a los dioses con sacrificios, al menos viviréis". Vicente le respondió: "Si alguien aquí utiliza la violencia, eres tú, ¿te muestras a ti mismo y nos llamas violentos?". Vitelio dijo: "Porque odian a los dioses y parecen querer la muerte, estáis aquí ante mí. Di: ¿dejarás que más torturas vengan sobre vosotros?" Eusebio le contestó: "Sí, seremos torturados y terminaremos en la gloria de Dios; pero tú serás ejecutado y condenado por tu príncipe, el diablo. Tendrás que pasar la eternidad en el infierno con él". Y Vitelio mandó le cortaran la lengua a Eusebio.

En ese momento volvió Antonio y gritó: "Vitelio, ¿qué haces con esos hombres santos?" Y Eusebio, aún sin lengua, clamaba a Cristo en voz alta: "Gloria a ti, Señor Jesucristo, porque me has juzgado dignamente para ser contado entre tus siervos en tu gloria", al punto que a Vitelio se le llenaba la boca de sangre, que escupía constantemente. Un cristiano llamado Fausto tomó la lengua de Eusebio, la escondió entre los pliegues de su manto y la llevó a los cristianos, que la guardaron como venerada reliquia. Mientras, Vitelio sentenció a Antonio a muerte, siendo decapitado en la Via Aurelia el 22 de agosto.

Séptima lección.
Vitelio hizo encarcelar a Eusebio, Vicente, Peregrino y Ponciano, quienes estaban cubiertos de heridas. En la cárcel cantaban alabanzas día y noche para dar gracias al Señor, siendo admirados por los soldados y por otros cristianos. Al tercer día de cárcel se les apareció el mártir Julio quien les dijo: "Salvad al oficial de la prisión". Sanaron a muchos que allí estaban encerrados y convirtieron a Lúpulo, un sacerdote de los ídolos, quien era ciego.

Octava Lección.
Fue a visitarles el presbítero Rufino, quien entró en la cárcel y preguntó al ciego Lúpulo: "¿Crees de todo corazón?" Y él gritó: "Creo en el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios Padre". Y Rufino le bautizó, quedando el ciego sanado. Vio aquello el oficial de la prisión, llamado Simplicio, y sabiendo que Lúpulo, había sido ciego durante al menos cuatro años, se arrojó delante de los pies de los santos, pidiendo ser bautizado también. Y así lo hizo Rufino. Después de su bautismo, Simplicio dijo a los cristianos donde estaba el cuerpo de Antonio, los cristianos excavaron y aunque habían pasado 6 días del martirio, le hallaron intacto, sin mancha de corrupción y aún fresca la sangre. Rufino tomó el cuerpo consigo y lo enterró en una colina, cerca de la catacumba de Calepodio.

Novena Lección.
Vitelio contó todo esto al emperador Commodo, especialmente como había sido testigo de que Eusebio había podido hablar sin lengua. La respuesta de Commodo fue que los ejecutara sin más dilación. Ese mismo día había una sesión judicial y Eusebio, Vicente, Peregrino y Ponciano fueron llevados de nuevo a juicio. Al tenerlos delante, una vez más Vitelio mandó trajeran un trípode para que los cuatro santos sacrificaran, mas estos escupieron al suelo y se rieron de él. Eusebio además dijo: "El diablo se ha apoderado de tu corazón". Fueron llevados al anfiteatro, donde les azotaron con látigos de plomo hasta que les desgarraron del todo, muriendo por desangramiento, el 25 de agosto de 188. Rufino retiró los santos cuerpos, enterrándoles en el sexto hito entre la Via Aurelia y el Arco de Triunfo.


Reliquias de San Eusebio.
Arnhem 
Culto y reliquias.
La crónica de Sigebert, de 865, cuenta que las reliquias de Eusebio y de Ponciano fueron donadas por el papa Nicolás I al monasterio es el de Verzelliacum, situado en la diócesis de Langrés, aunque crónicas propias de este recinto no mencionan para nada dichas reliquias. Por su parte, el monasterio femenino de Puellemontier veneraba las reliquias de un mártir llamado Eusebio, pero bien puede ser otro. Y, por otro lado, el monasterio de Prüm tiene documentos del siglo IX, en los cuales se menciona la donación del papa Sergio II al emperador San Lotario (29 de septiembre) de reliquias de 46 santos, que fueron llevadas a este monasterio. Entre tales reliquias se mencionan los cuerpos de Eusebio, Ponciano, Vicente y Peregrino, a los que curiosamente se data en épocas diferentes.

El 1 de octubre de 1451 las reliquias de este Eusebio fueron trasladadas a Arnhem con el mandato del Duque Arnolfo de Geldria y el permiso del papa Nicolás V, y puestas en un bello relicario de plata. Fueron muy veneradas hasta la reforma protestante, aunque se salvaron de las profanaciones calvinistas. Actualmente las reliquias se conservan en Deventer, con escaso culto. Sobre los demás, en Lucca dicen tener las reliquias de Ponciano, mientras que las de Vicente estarían en España. Es difícil saberlo, pues fácilmente pueden ser otros santos mártires.


Fuente:
http://heiligen-3s.nl/
https://www.heiligenlexikon.de/
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 25 de agosto además se celebra a:


B. José Cecilio,
carmelita mártir
.
San Luis IX
de Francia, rey
.
San Ginés de Arlés,
escribano mártir
.
Otros muchos
santos y santas
.






jueves, 2 de agosto de 2018

Por Cristo y su Iglesia, cualquier sufrimiento.

San Eusebio de Vercelli, obispo. 2 de agosto, 15 y 16 de diciembre.

Eusebio, uno de los prelados más ilustres de su siglo y cuyo ejemplo de apego a la verdadera fe aún es actual. Nació en Cerdeña a finales del siglo III, y su padre fue llevado a Roma como prisionero en 310 durante las persecuciones, muriendo en el camino a causa de los trabajos. La madre se mudó a Roma, llevando consigo al pequeño, quien se dice fue bautizado por el papa San Eusebio (17 de agosto) y ordenado lector tal vez por este mismo papa. Luego fue presbítero en Vercelli, así que su actividad eclesial comenzó ya imperando la paz de San Constantino (21 de mayo), aunque no viviría en paz precisamente, pues su tiempo sería el de la defensa de la fe frente a la herejía.

En 325 el importantísimo Concilio de Nicea estableció el Credo de la Iglesia, condenó la herejía arriana, según la cual Cristo no era Hijo de Dios por consubstancialidad, sino por adopción, siendo su más perfecta criatura, divinizada, pero no Dios. Aun así el arrianismo siguió su andadura y se hizo más fuerte, llegando a triunfar en el Sínodo de Arlés de 353. Hay que decir que su auge se debió en gran parte por la decisión imperial de Constancio de adoptar esta herejía, y no la recta fe, como norma para el Imperio. Quien más padeció por esta causa fue el gran San Atanasio (2 de mayo), quien padeció destierro varias veces.

En este ínterin Eusebio fue nombrado obispo de Vercelli, siendo el primer obispo de la sede y consagrado el 15 de diciembre de 340. Fue el primer obispo de Occidente que unió la vida monástica con la clerical, haciendo que el clero adoptara las reglas y estilos de oración de los monjes del desierto, un ejemplo que luego seguiría San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental). Él mismo Eusebio viviría como monje, según cuenta San Ambrosio de Milán (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal). Lamentablemente es una faceta obviada en su labor pastoral a causa de lo agitado del momento que le tocó vivir, pero daría para mucho estudio el como la vida monástica del desierto influyó en la Iglesia urbanita.

Volviendo al tema del arrianismo: Constancio convocó un concilio en Aquileya, en 354. Propuso a los conciliares un decreto de condena contra Atanasio, que acataron todos los obispos y legados de papa. Todos menos San Paulino de Tréveris (31 de agosto), amigo personal de Atanasio, quien fue desterrado de su sede. El papa Liberio convocó un nuevo concilio en Milán, en 355. Eusebio, al parecer, había pensado no asistir al concilio, pero los prelados le enviaron una carta en la que solicitaban su presencia como garante de la unidad, y, al mismo tiempo, contenía la amenaza velada de ser juzgado. También le escribió el emperador, intentando ganarle para su causa, pero Eusebio no se dejó vencer. Finalmente Eusebio fue a Milán, pero durante diez días se le negó la entrada a las sesiones del concilio, siendo admitido sólo cuando los obispos arrianos pensaron que le tenían ganado para su causa. En el concilio Constancio obligó a los obispos a condenar a Atanasio, a quien se catalogó como hereje y sacrílego.

Eusebio declaró que solo firmaría aquello si los prelados antes firmaban una adhesión al Credo de Nicea. Por supuesto, fue una jugada maestra, pues ello dejó claro que todo el partido que condenaba a Atanasio era arriano y, por tanto, hereje y no podía juzgar a Atanasio. La cosa se puso fea, hubo un motín que llegó hasta el palacio imperial, donde Constancio tomó la palabra y dijo "Yo soy el acusador de Atanasio", dando a entender que estaba por encima de la misma Iglesia para juzgar asuntos de fe. Eusebio y Lucifer protestaron valientemente, defendiendo a Atanasio y recordando que no podía ser juzgado sin poder defenderse. Constancio remitió al juicio de los obispos, pero Eusebio le recordó que eran herejes y no estaban legitimados para juzgar. "Eso va contra el gobierno de la Iglesia", fueron sus palabras. "Mi voluntad es la regla", replicó dijo Constancio, dejando claras su obcecación.

Eusebio es desterrado.
Una vez más Eusebio, junto a San Lucifer de Cagliari (20 de mayo) y San Dionisio de Milán (25 de mayo), declaró al monarca que el imperio no le pertenecía a él sino a Dios, quien podía privarlo de él cuando Él quisiera. Le instaron que no corrompiera la disciplina de la Iglesia introduciendo el elemento de la fuerza secular en sus decisiones. Entonces Constancio desenvainó su espada sobre los audaces prelados, un gesto simbólico que significaba la pena de muerte, aunque era eso, simbólico, pues en el mismo momento la conmutó por el destierro. Si que sufrió un castigo más severo el diácono Hilario, legado del papa Liberio, quien fue azotado en público. Finalmente, todos los obispos acataron la orden imperial, menos San Osio de Córdoba (27 de agosto), San Exuperancio de Tortona (29 de mayo), San Máximo de Nápoles (11 de junio), nuestro Eusebio, Lucifer y Dionisio, y los tres fueron igualmente desterrados. El papa Liberio se negó a aquella injusticia, por lo que también fue perseguido y castigado con el destierro. Y al año siguiente lo padecieron también San Hilario de Poitiers (13 de enero) y San Rodanio de Tolosa (10 de abril).

Eusebio fue enviado a Escitópolis, donde el obispo era Patrofilo, un viejo defensor del arrianismo, quien lo vigilaba constantemente. Allí Eusebio fue bien tratado por algunos monjes y diáconos orientales, quienes le mantenían en comunicación con su iglesia de Vercelli. Esto enfureció a Patrofilo, quien mandó le metieran en una cárcel inmunda, dejándole cuatro días sin comer ni beber, luego le envió a casa de un presbítero arriano, donde estaba encerrado con otros sacerdotes y diáconos sospechosos de no ser arrianos, como era obligatorio. Sin embargo, al tiempo tuvo cierta libertad y visitó los Santos Lugares, siendo hospedado por San José (22 de julio), un judío convertido a la fe cristiana y encomendado por Constantino para la edificación de iglesias en Palestina. Allí Eusebio fue visitado y ayudado por San Epifanio (12 de mayo). De allí Eusebio fue llevado a Capadocia y luego a la Tebaida, al desierto, donde vivió como monje y conoció personalmente a Atanasio, quien también padecía uno de sus muchos destierros. ¡Cuánta alegría debió sentir el santo viejo Atanasio al conocer a su mayor valedor!

En 360 murió Constancio y Juliano subió al trono. Opuesto a las políticas del anterior emperador, decretó que todos los obispos católicos perseguidos y depuestos volvieran a sus sedes. Atanasio entró triunfalmente en Alejandría en 361. Pronto puso manos a la obra: confirmó la fe católica según el Credo de Nicea, convocó una reunión de obispos que habían padecido destierro, y por tanto fieles a la Verdad. Esto no significa que Juliano fuera católico, pues ya sabemos que pretendió volver al paganismo primitivo, y es llamado "El Apóstata", aunque primeramente quiso poner paz en el imperio mediante una política de poner paz en la Iglesia. Así, desterrados los arrianos, Eusebio emprendió el regreso a Vercelli en 362. Aunque primero estuvo en el concilio de Alejandría donde se trató el tema del cisma de Antioquía, causado por una nueva doctrina sobre la Encarnación del Hijo de Dios. San Melecio (12 de febrero), legítimo patriarca, había sido acusado de sabelianismo, una herejía que erraba en su exposición de la fe trinitaria, y desterrado a Melitine. Eusebio zanjó la cuestión afirmando por escrito que "el Hijo de Dios asumió toda nuestra naturaleza, excepto el pecado". 

La cosa podría haberse solucionado, pero se agravó más cuando San Lucifer ordenó obispo a Paulino, el jefe de los eustacianos (partido enfrentado a Melecio), que comenzó a llamarse Patriarca de Antioquía. Para colmo, el emperador Juliano consumó su apostasía y comenzó su persecución a la Iglesia. De los cristianos que padecieron estaban los mártires Santos Bonoso y Maximiano (21 de julio), a quien Melecio acompañó hasta el lugar del martirio. Para no extenderme más en este tema podéis leer este artículoEusebio se lo recriminó públicamente a Lucifer, a pesar de la amistad y los sacrificios en aras de la verdadera fe que les unían. San Lucifer reaccionó mal, enemistándose con Eusebio, rompiendo la comunión con la Iglesia de Alejandría y con todos los que buscaban la paz de la Iglesia. Esta enemistad posteriormente desembocaría en una secta entre el donatismo y el novacianismo, pero no corresponde extenderse sobre ella aquí, sino que ya lo haré cuando escriba de la vida de San Lucifer. 

Las resoluciones del Concilio de Alejandría fueron adoptadas por la gran mayoría de las iglesias, algunas de las cuales visitó Eusebio en persona antes de regresar a Vercelli, para predicar, ejercer diplomacia y abogar por la unidad de toda la Iglesia para poder hacer frente a los desmanes imperiales. En esto tuvo el incondicional y valioso apoyo de San Hilario de Poitiers, un prestigioso prelado al que todos obedecían.

En 364 el nuevo emperador, Valentiniano, llegó a Milán para entrevistarse con Eusebio e Hilario a causa de la condena de estos sobre Auxencio, el obispo, sospechoso de arrianismo. Valentiniano profesaba la recta fe católica, pero ante todo profesaba la "fe" en la estabilidad política, así que cuando Hilario y Eusebio denunciaron sus sospechas sobre que Auxencio no era sincero en su proclamación de fe ortodoxa, este les acusó de ser buscadores de problemas y emperador ordenó a ambos santos abandonar Milán.

Sobre la vuelta de Eusebio a Vercelli solo tenemos el testimonio de San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), quien dice: "A la vuelta de Eusebio, toda Italia secó sus lágrimas". Una tradición dice que Nuestra Señora de Oropa, una bella y milagrosa imagen de la Madre de Dios fue llevada allí por Eusebio, quien la había traído consigo desde Palestina y la depositó en su primer santuario. Esto es muy probable, pues la devoción mariana en Oriente ya era fuerte en esta época.

Y en este punto, cuando Eusebio quedó en paz para dirigir su sede, perdemos la pista de "vita´". Cuando ya no fue necesario, aparentemente, para la vida de la Iglesia, el silencio cubrió su existir. Ciertamente falleció antes de 374, año en el que se menciona por primera vez en el canon de los santos. Fue sepultado en la basílica-catedral, dedicada luego a San Teonesto (30 de octubre). En ocasiones a Eusebio se le llama mártir, y ciertamente lo fue por todos sus padecimientos a causa de la verdadera fe católica. Hay una leyenda de que murió apedreado por los arrianos, pero no es nada fiable.

Su memoria litúrgica en origen era a 1 de agosto, día de su muerte o entierro, tal vez, pues no consta. El Martirologio Romano posteriormente lo recogía a 15 ó 16 de agosto. Benedicto XIII fijó su memoria a 15 de diciembre, aniversario de su ordenación episcopal. La reforma del calendario de 1979 la fijaron a 2 de agosto hasta hoy.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Dos Mil años de Santos". Tomo II, Agosto-Diciembre. FRANCISCO PEREZ GONZALEZ. Ediciones Palabra, 2001.
-www.eltestigofiel.org


A 2 de agosto además se celebra a:


Beata Juana de Aza,
viuda.
San Esteban I,
papa y mártir.
Santa Etheldrith,
virgen y eremita.






domingo, 22 de julio de 2018

"Tus padres me crucificaron. Cree en mí." Y creyó.

San José de Palestina, confesor. 22 de julio.

Es San Epifanio (12 de mayo), quien se refiere a este santo antiguo. Era José oriundo de Tiberíades, y vivió en el siglo IV. Era discípulo del conocido rabí Hilel, el fundador de la escuela bíblica de Tiberíades. Este Hilel se convirtió a la fe cristiana al final de sus días, siendo bautizado por un obispo que le visitó vestido de médico.

José, al ver la conversión de su maestro antes de morir, se replanteó su fe judía y comenzó a estudiar el cristianismo, sintiéndose cada vez más llamado a adorar a Cristo. La conversión definitiva le llegó al ver como las artes mágicas de Judas, hijo de Hilel, no lograban vencer a una joven cristiana a la que Judas quería seducir. Ya dispuesto a recibir el bautismo, se le apareció Cristo y le dijo: "Yo soy Jesús, a quien tus padres crucificaron. Cree en mí." Y José creyó, sin embargo, su miedo a las represalias de sus parientes, calló su fe, e incluso aceptó el cargo de jefe de la sinagoga en Tarso. Allí conocían muy bien las costumbres de los cristianos, por lo que pronto los judíos sospecharon de su rabí, llegando a vigilarle. Un día le sorprendieron leyendo el Evangelio y le dieron de palos y le arrojaron al río Cidno.

Esto podrá haber desalentado a otro, pero, sin embargo, en José produjo el efecto contrario: pidió el bautismo y confesó abiertamente su fe cristiana. El emperador San Constantino (21 de mayo) le designó “conde”, con el propósito de convertir a otros con su ejemplo y autoridad. José construyó varias iglesias en la región de Galilea. Epifanio dice que los judíos siempre le ponían estorbos en la construcción de las iglesias, pero Dios estaba con José. Una vez le apagaron con malas artes el horno de ladrillos, pero el santo trazó la señal de la cruz y mostrando el poder del Nombre de Cristo, arrojó agua al horno, el cual se encendió de nuevo.

Sobre 350 José se mudó a Escitópolis, donde, en 335, acogió a San Eusebio de Vercelli (2 de agosto), desterrado por los arrianos. También hospedó al mismo San Epifanio. José falleció sobre el año 356. Nunca fue considerado santo, ni recibió culto en iglesia alguna. No sería hasta el siglo XVI que Baronio lo incluiría en el Martirologio Romano que sería llamado "santo".

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

A 22 de julio además se celebra a:


Santa M. Magdalena,
discípula de Cristo.
San Platón de Ancyra,
mártir.
San Wandrille , abad.





sábado, 7 de julio de 2018

Del estoicismo a la santidad.

San Panteno de Alejandría, confesor. 7 de julio.


San Panteno predica en la India.
Catedral de Cornwall.
En este santo antiguo tenemos un clarísimo ejemplo de como la filosofía griega, o parte de ella, fue asumida por la incipiente fe cristiana, iluminándose ambas.

Panteno nació en Sicilia, a mediados del siglo II y practicaba la filosofía del estoicismo. Los estoicos creían en la rectitud moral ante todo, buscaban liberarse de toda pasión baja, veían a todos los hombres como iguales en dignidad, más allá de clases sociales o riquezas. En definitiva, creían que vivir rectamente era un arte.

Al conocer Panteno el cristianismo, su alto concepto de la ética se vio iluminado por la Revelación. Ya no solo bastaba con ser bueno sino que, además, había un Dios encarnado que exigía esta rectitud moral y que se había hecho uno con los hombres. Panteno se formó en la Escuela catequética de Alejandría, un centro de estudios bíblicos y patrísticos excepcional que ya tenía la Iglesia en aquellos primeros tiempos. En ella se formarían también el gran Orígenes, San Alejandro de Jerusalén (18 de marzo) y San Clemente de Alejandría (4 de diciembre), quien además la dirigiría antes de Orígenes.

Según Eusebio en su "Historia Eclesiástica", Panteno misionó en La India, donde tenía relaciones comerciales. Allí supo de la existencia de cristianos que se decían evangelizados unos 100 años antes por San Bartolomé (24 de agosto), y de hecho tenían una versión hebrea del Evangelio de San Mateo. Por su parte San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) dice que escribió comentarios a la Biblia, aunque no se conservan.

Panteno falleció entre 190 y 216, en un lugar desconocido, pues unos le ponen misionando y otros de vuelta en Alejandría.

Fuente:
http://heiligen-3s.nl

A 7 de julio además se celebra a:
Beato Ralph Milner,
laico mártir.
San Enoch de Amatin,
carmelita.
San Fermín,
obispo y mártir.







Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...