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sábado, 21 de noviembre de 2015

De tres andaluces que eran de más lejos.

Santos Honorio, Eutiquio y Esteban, mártires. 21 y 24 (en Jerez de la Frontera) de noviembre.


San Honorio. Retablo de San Dionisio.
Jerez de la Frontera.
A estos tres mártires la devoción les creó una layenda, y la historia los colocó “en su sitio”. Es un buen ejemplo de lo serios que pueden llegar a ser un error, una coma, una insinuación, o una sugerencia. Vamos por partes, primero la leyenda y luego la historia y las aclaraciones:

La leyenda:
Santos Honorio, Eutiquio y Esteban, patronos de Jerez de la Frontera, España, nacieron y fueron martirizados en Asta, colonia romana de la provincia Bética (la actual Andalucía) y de la que aún se ven ruinas cerca Jerez de la Frontera. Los tres llegaron a la fe de Cristo por medio de alguno de los Siete Santos Varones Apostólicos, aquellos discípulos de los Apóstoles que misionaron en España: Tesifonte, Torcuato, Segundo, Indalecio, Eufrasio, Hesiquio y Cecilio. Una leyenda que también merecería su artículo. Pues eso, que una vez que se convirtieron al Dios verdadero, no se guardaban su fe, sino que la predicaban en público, por calles y plazas. Llegó a la ciudad un edicto imperial que mandaba hacer un sacrificio público a los dioses (eran frecuentes, para impetrar bienes, conjurar males, pedir protección al Imperio, etc). Los tres santos se negaron y fueron apresados, llevados ante el juez, el cual los mandó torturar hasta que consintieran en sacrificar.

Pero ellos aprovecharon su presencia entre los magistrados para enseñarles las tinieblas de su superstición, y llevarlos a la luz de Cristo. Manifestaron el error que era sacrificar a dioses falsos, y cuyas historias los hacían más viles que los hombres. A todas las amenazas de más tormentos respondían que solo esperaban padecer más por Cristo, y que sea era su felicidad. “Bienvenidos sean los martirios si nos llevan al cielo”, decían. Cansado el juez, viendo que ni los azotes, ni el fuego, ni el potro lograban algo, mandó les decapitasen, el 21 de noviembre, imperando Trajano. Otros cristianos recogieron los cuerpos y los enterraron para venerarlos como mártires. Sus reliquias y veneración se mantuvieron llegada la paz de Constantino, pero se perdieron con la dominación musulmana.

La historia:
Hasta el siglo XVI, Jerez de la Frontera no supo que había tenido tres ilustres mártires entre sus vecinos. No había culto, ni reliquias, ni documento alguno que lo avalase. En 1597, los jesuitas de Jerez de la Frontera emprenden una cruzada para revitalizar la veneración de unos mártires españoles que habrían padecido en Asta, según el calendario editado en Ronda en 1538. Clemente VIII manda investigar aquello y, efectivamente, consta ese martirio en la ciudad llamada Asta, que los jesuitas, insignes hombres y letrados del momento, identifican con la Asta bética. Rodrigo de Castro, arzobispo de Sevilla era ferviente promotor de la idea, pero murió antes de terminar, y la conclusión del caso lo llevó a cabo Fernando Ñuño de Guevara, cardenal presbítero. Este aceptó gratamente las investigaciones de los jesuitas y las presentó en Roma. En 1603 se aprueba el culto y comienza una espiral de devoción: patronato sobre la ciudad, retablo en la iglesia jesuita, procesiones y votos por parte del Ayuntamiento y pueblo, etc. Para día de la memoria se eligió el mismo del martirio, el 21 de noviembre, pero chocando con la Presentación de la Santísima Virgen, se movió al 24 del mismo mes, porque el 22 y el 23 ya estaban ocupados por las memorias de Santa Cecilia y San Clemente, respectivamente. En 1605 la festividad se enriquece con algunas indulgencias, con vistas a promover la devoción a los santos. La primera “vita” se escribe en 1617, que es más un panegírico que otra cosa. A falta de datos se sacan conclusiones, se narran tormentos leídos en otros santos. En 1624 la diócesis de Sevilla los introdujo en su santoral propio. En 1714 San Dionisio obispo (9 de octubre) fue proclamado patrón de Jerez, en los actos conmemorativos de los 500 años de la reconquista de la ciudad por parte de los cristianos. Este patronato compartido mermó un poco la devoción a los tres mártires patronos.

Las conclusiones.
La primera estocada contra la leyenda y el culto la dio el agustino Enrique Flórez en su “España Sagrada”, una monumental obra del siglo XVIII que desgrana la geografía española según sus santuarios, reliquias veneradas y sus santos. El P. Flórez prueba que el martirologio romano dice que los tres santos fueron martirizados en Asti, Italia, y no Asta. Y el pseudo-jeronimiano pone a Honorio padeciendo en Antioquía, mientras que Eutiquio y Esteban padecen en Austis (la actual Ostia). Además, añade que el martirologio Auterpiense llama “Honorato” a Honorio, y que añade algunos compañeros. El de Aquitania los pone padeciendo en “civitate Ostia”.

Pone Flórez otros ejemplos, como algunos mártires de Cartago de África llegaron a ser considerados de Cartago Nova, la española, o de Valence de Francia, pasaron a Valencia de España. El P. Flores prueba también que ningún martirologio español, ni breviario de las iglesias béticas o de otra parte de España (ni los anteriores a la conquista) trae dicha memoria de los tres santos “andaluces”. Santos de los que vemos que su recorrido fue corto.


Fuentes:
-“Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los dias del año”. Noviembre. P. JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863.
-“España sagrada, teatro geográfico histórico de la Iglesia de España”. Volumen X. P. ENRIQUE FLÓREZ. O.S.A. Madrid, 1792.
-http://elbarrocojerezano.blogspot.com.es

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